Capitulo 7: La última lágrima.
Bella
"Una pequeña y delgada gota salió de mis ojos. Una pequeña lágrima indefensa y solitaria deslizándose por mis pálidas mejillas"
Al abrir los ojos podía ver, sentir, escuchar y oler todo en un radio de 500 metros a la redonda. Podía escuchar a las personas conversar en la casa del frente; sentía el aire húmedo y espeso a mí alrededor; olía el aroma de las 3 personas a mí alrededor; veía cada grieta de la pared por más que esté a 5 metros de mí. ¿Por qué no estaba muerta? O mejor dicho… ¿¡Qué diablos hacia aquí!
- Hola – saludó una de las chicas que se encontraban en la misma habitación que yo. Todas eran rubias, con ojos de color ámbar y piel pálida como el hielo mismo. Podía distinguir cada uno de sus gestos; dos de ellas estaban cautelosas y preocupadas, mientras que la otra no podía lograr sacar la sonrisa de su rostro. Todas eran extremadamente hermosas. ¿Acaso ya me había muerto y no me daba cuenta?
- ¿Qué…? – pregunté todavía confundida. Mi vos no se oía igual, era diferente, más melodiosa. Parecida a la de las chicas rubias.
- Si, lo sabemos – contestó la de la gran sonrisa – Seguro tienes millones de preguntas que hacer, te la contestaremos todas.
Se acercó hacia mi tan rápido como una sombra, una cosa físicamente imposible. Me sobresalté al acto, pese a que había notado cada detalle como si hubiera sido normal.
- ¡Tanya! – exclamó una de ellas, por su aspecto, parecía la mayor de todas - ¡La estas asustando!
- Tranquila, Irina – calmó la que respondía al nombre de Tanya – Bella no nos tiene miedo, ¿verdad?
- ¿Cómo saben mi nombre? – era cierto que no les tenía miedo pero estaba confundida… ¿De verdad estaba muerta, no?
- Oh… - exclamo la única que no había hablado aún – Hermanas… se nos ha olvidado presentarnos… Bella, yo soy Kate. Y estas 2 locas de aquí son Tanya "la señora sabelotodo" e Irina "aburrida y amargada" Denali.
- No hagas caso a Kate, Bella… Es una eterna cómica sin remedio – explico Tanya. Se comportaban como hermanas normales, incluso un poco infantiles. Todas emitían buen humor y confianza, las tendría en cuenta para cuando vuelva a mi vida.
- ¡Mis bromas son chistosas!
- Ya quisieras…
Empezaron a discutir verbalmente, como niñas pequeñas, peleándose por una muñeca. Solía ver este comportamiento con mis primas, ambas de 5 años. Resultaba cómica la comparación.
- ¿Qué me paso? – todo rastro de sonrisa o humor desapareció, y el ambiente se puso tenso.
- Bueno… es que te atropellaron y… - no la deje terminar.
- Lo sé. Recuerdo todo lo que paso, no hacen falta explicación alguna… a lo que me refiero es ¿Por qué no tengo heridas, o secuelas, rasguños…? O mejor dicho... ¿Por qué no estoy muerta?
- ¿Recuerdas todo, Bella? – preguntó sorprendida y horrorizada Irina.
- Emmm… si, ¿No debería?
- No todos recordamos nuestra existencia humana… esto es extraño – comentó Kate, bajo creyendo que no la escucharía.
- ¿Qué? – se me estaba haciendo difícil respirar, por lo que deje de hacerlo… con la esperanza de que me desmayara. Pero ese momento nunca llego. No respirar era incómodo, pero no hacia cambio alguno en mí.
- Bella… - dijo Tanya con tono tranquilizador - ¿No te sientes extraña… o siquiera diferente?
- Me siento nueva… por así decirlo… como si fuera a despertar de un sueño hermoso o algo parecido.
- ¿No sientes un ardor en la garganta?
- No.
Esto se estaba volviendo muy extraño e incómodo. ¿Porque tantas preguntas extrañas, caras de sorpresa o incredulidad? Que yo sepa no tenía orejas de burro para que me estén mirando de esa forma… ¿O sí?
- Ok… Bella, sé que soy una cómica eterna, pero no disfruto esta clase de bromas… - dijo un poco molesta Kate.
- ¡Pero no siento nada! – me estaba comenzando a molestar.
Empezaron a gritar todas a la vez…
- ¡Me estas jodiendo!
- ¿¡Que!
- ¿¡Acaso me crees estúpida!
Ok, esto era más extraño que un caracol nadando en sal. Estaba total y absolutamente confundida, horrorizada y fuera de rumbo. ¿Se suponía que me tenía que "arder la garganta"? ¿¡Me habían inyectado un veneno o que!
- ¿Qué me paso? – tratando de recordar lo que me había pasado llegaba a un punto nulo. Recordaba que había salido de casa, solo que no sabía para qué. Recordaba que cuando salí de aquel lugar que no recordaba, alguien me empezó a seguir; en la desesperación corrí y en medio de la calle, un auto me atropello… ¡Explíquenme qué demonios paso!
- Bella… ¿Conoces los cuentos de terror? – Tanya parecía tratar de encontrar una forma de explicarme algo… ¿Por qué eligió esas palabras? ¿¡Acaso era un fantasma!
- Si – confundida y desorientada trate de leer la expresión de cada una de ellas… Irina se encontraba preocupada, Kate culpable y Tanya nerviosa.
- Pues… ¿Conoces la historia de los vampiros?
- Mi padre me las solía contar… ¿Pero qué tiene que ver eso en este momento?
Tanya asintió. Irina también y ésta camino normalmente hacia un mueble que permanecía tapado con una sábana blanca, llena de polvo, vieja por su aspecto.
- ¿Estás segura, Tanya? – preguntó culpable Kate – No creo que…
- No, Kate – interrumpió Irina.
Asintió una sola vez sin quejarse. Esto se comenzaba a tornar realmente incómodo.
- Bella… ¿Has notado nuestra piel blanca? ¿O nuestra asombrosa belleza anti-humana? ¿Qué nos movemos increíblemente rápido? ¿Qué tú notas cada detalle como si fuera normal?
- Si…
- Ven – me dijo ofreciéndome la mano. Pensé que necesitaría la ayuda para levantarme de la incómoda cama en donde me encontraba sentada, pero fue innecesaria. Mis acciones parecían menos torpes ahora, incluso un poco ágiles.
Me dirigió hacia la posición de Irina, al frente del extraño mueble cubierto con la sábana. Ahora que me fijaba en realidad, todos los muebles del cuarto, salvo la cama, estaban cubiertos por sábanas llenas de polvo; les daba un aspecto extrañamente tétrico, como de esas casas embrujadas que salían en los teatros, en donde la protagonista entraba discretamente mientras la audiencia murmuraba que no lo haga. La cortina que cubría la ventana justo a un costado del mueble también tenía polvo, igual a las sábanas, salvo que éstas eran de color blanco y las cortinas de un desgastado amarillento.
Irina, en un movimiento ágil, desveló la sábana que cubría el mueble ni bien estuve frete a él. Un precioso espejo, viejo pero bien conservado, se hallaba detrás. El cristal reflejaba la imagen de una hermosa chica, con los labios rojos como la sangre y la piel blanca como el marfil, la ropa, pese a estar manchada y sucia, le quedaba perfectamente bien. Esa no era yo.
No podía hablar, ni sabía que decir de todos modos. Ahora todo llevaba sentido. Porque habían hablado de vampiros, porque veía todo tan claramente, porque me sentía extraña, porque no había muerto.
- Soy un vampiro – dije con la vos apagada, asumiendo todo lo que había pasado. Charlie, como había dicho antes, me contaba estas historias cuando era una niña, para asustarme por las noches. Las describía como criaturas excesivamente hermosas, con los ojos rojos como la sangre misma, piel blanca y alimento de sangre humana. Todas las características, salvo los ojos rojos, encajaban perfectamente con las hermanas Denali. Y ahora, conmigo.
- Te encontramos en la calle llena de sangre – comenzó a explicar Kate – estabas a punto de morir, de hecho parecías ya muerta. Irina insistía en que ya no había remedio, que el veneno no te salvaría, pero Tanya creía que aun había esperanza. Por lo que ella fue la que te convirtió, decía que si te salvabas serias nuestra nueva hermanita y que, por tus facciones, te parecías mucho a Carmen, nuestra madre adoptiva, por lo que no habría problema. Perdónanos si eso no era lo que querías, si no es lo que quieres… entenderemos si quieres irte de aquí…
- No – la contradije de inmediato – desearía quedarme con ustedes, no creo que ahora pueda volver con mi antigua familia…
Dolor; eso fue lo que sentí al recordar a Reneé y Charlie. Me dolía no poder verlos, abrazarlos o siquiera conversar con ellos… por lo que era no debía ni estar a menos de 1 km de ellos sin poder lastimarlos. Un abrazo o una ligera caricia seria mortal para ellos.
-Tenemos que mostrarte algo más - dijo con una sonrisa Kate. Se dirigió a las desgastadas cortinas amarillentas y las abrió de un tirón, dejando entrar la luz del sol a través de pequeños rayos. Se quebraban sobre su piel como si tuviera incrustados millones de diminutos diamantes. Era hermoso.
Kate no era la única, sus hermanas también brillaban igual. Levante mi mano izquierda para alcanzar uno de los rayos; ni bien lo alcanzó brilló inclusive más de lo que brillaban las hermanas Denali. Sonreí ante mi nueva y hermosa piel. Me encantaba ser parte de esta familia y ser como ellas.
- ¡Que felicidad Bella! – Tanya corrió a abrazarme como si nos conociéramos de toda la vida. Le devolví el abrazo como una hermana, porque eso ya era.
- ¡Abrazo Familiar! – gritó Irina. Después de todo, no parecía tan amargada.
Irina se unió a nuestro abrazo. Solo faltaba Kate, que aun estaba a 2 metros de nosotros.
- Kate… en serio no estoy enojada. Irina dijo brazo familiar, eso también te incluye a ti – la animé.
- Preferiría… no hacerlo, Bells. Verás… nunca puedo tocar a alguien sin lastimarlo.
Eso me confundió.
- Kate tiene un poder especial… por así decirlo, incapacita a su oponente con solo tocarlo, pero ahora está fuera de control, ya no puede evitarlo – lamentó su hermana mayor.
- ¿Puedo probar? – pregunté curiosa. El mal humor y el dolor se habían disipado momentáneamente, pero por alguna extraña razón que no lograba descubrir, tenía un vacio en el pecho; no le di mucha importancia.
Me acerque a Kate rápidamente, con mi nueva velocidad solo me tomó un milisegundo llegar a ella. Por su expresión no estaba muy segura, pero le sonreí animándola. Al tocar la palma de su mano no sentí nada, ni un pellizco. Esto no solo me sorprendió a mí, sino también a mis nuevas hermanas. Tanya no aguantó y se acercó a tocarla, pero no tuvo el mismo éxito que tuve yo. Cayó en seguida al suelo, como si le hubiera pasando 100 voltios de electricidad por todo el cuerpo.
- ¿Tanya, estas bien? – pregunté alarmada. Solo había pasado 5 segundos y ella estaba de pie sonriendo de nuevo, como si nada hubiera pasado.
- ¿Cómo lo hiciste, Bella? – pregunto sorprendida Irina. La verdad, ni yo lo sabía.
Antes de que pudiera responder se escuchó el timbre y Tanya sonrió.
- Son Eleazar y Carmen, nuestros padres adoptivos desde hace mucho tiempo – me explicó – Iremos a hablar con ellos, todavía no saben de ti. Y creo que se les hará extraño tu olor, por lo que iremos a calmarlos.
Asentí solo una vez y ellas desaparecieron del cuarto. Me había quedado sola.
Me acerqué de nuevo al hermoso espejo de la habitación y me observé más detenidamente. Mi pelo marrón ahora se notaba mas sedoso y ahora era más liso, no caía en ondas como cuando era humana. Mi piel era mucho más blanca de lo que solía ser, y eso que era muy blanca también antes, y era fría como el hielo. Esto se notaba pese a lo brillante que se veía bajo la tenue luz del sol, que ahora se empezaba a esconder detrás del horizonte. No había más sonrojos en mis mejillas, ni marcas en mis labios por mordérmelos tanto. Todo era simplemente perfecto, demasiado.
Todo cambió completamente cuando examine mis ojos carmesí brillantes. Que pese al intenso color estaban vacíos. Vacios. Vacios. Vacios. Sin absolutamente nada de sentimientos dentro. Todos los recuerdos que antes permanecían en la oscuridad, sin recordarlos, aparecieron con violencia todos juntos. Demasiado rápido y violento.
Felicidad. Promesa. Despedida. Accidente. Dolor. Muerto.
Edward.
Una pequeña y delgada gota salió de mis ojos. Una pequeña lágrima indefensa y solitaria deslizándose por mis pálidas mejillas. Este cristal no era como las tantas otras que había derramado en mis días de humana, era una parte de mi alma, de mí ser. Totalmente diferente. Totalmente especial. Totalmente única. ¿Podría ser de verdad que esta pequeña gota de cristal sea una parte tan importante de mí? La lágrima de tonos celestes y azules recorría con sigilo mi mejilla, sin apuro. ¿Sería esta la última lágrima? ¿La última que me harían derramar mis recuerdos tan grises y amargos? ¿De aquellos días de lluvia? La pequeña gota de agua que había salido de mis ojos borgoña aun no caía por el lado derecho de mi rostro.
Esta sería definitivamente la última lágrima que derrame en toda mi existencia, porque sencillamente yo ya no era una humana, era un vampiro, un monstro, una inmortal.
¡HOLA!
Perdóoooon por no actualizar, pero tengo 3 razones:
1 No tuve internet por 2 semanas
2 Mi madre me castigó
3 Solo uso los fines de semana
:( Razones tristes pero ciertas...
Que les parecio el capi? Es oficialmente, el CAPITULO MAS LARGO QUE HE ESCRITO! hasta ahora...
El preciado maratón se realizara mañana o el domingo PROMETIDO!
Gracias a todas las que leen este preciado fic :)
Kiis
Marii^^
Música inspiradora de la Semana: Leave Out All The Rest / Linkin Park
Dedicación: A mi querido teclado por aguantar tanto :'3
