Capitulo 9: Estas aquí.
Parte I
Edward
1918
- ¿Hijo, donde has estado? – ni bien crucé la puerta principal de mi casa, mamá empezó a interrogarme. No la culpaba, había olvidado completamente avisarle que iba ir a dejar a Bella en su casa, ya que ésta odiaba viajar en el auto policía de Charlie.
- Fui a dejar a Bella en su casa – expliqué con total normalidad, aunque por dentro los nervios me carcomían. Me aterraba que supieran que Bella se convertiría en mi esposa en tan solo unos meses más… mi esposa…. Qué bien sonaba aquella frase. Mía, seria mía para siempre. Solté un involuntario suspiro.
- ¿Por qué suspiras, Edward?
¿Por qué? ¿Por qué de todas las noches hoy es el día en que me prestan atención? *
- ¿Qué? – pregunté haciéndome el tonto, rogaba al cielo que me creyeran mi patético teatro.
- Suspiraste – me acusó mi padre desde su asiento en la sala – Y…
- Y estás nervioso – completó la frase mi madre, quien me miraba con el ceño fruncido aun con la puerta abierta y la mano en la manija.
Esto es todo, estaba perdido.
- No es cierto – mentí. Usualmente se me daba bien mentir, pero no cuando estaba nervioso… cosa que ahora me estaba sucediendo.
- Si, si lo es, jovencito – mi padre se levantó en ese momento de su asiento y venia con una sonrisa burlona en su rostro hacia mi dirección.
Escuché un portazo detrás de mí. Tragué saliva.
- Lo sabemos, Edward – mi madre también estaba sonriendo. ¿Entonces porque cerró la puerta de ese modo? Ok, mis padres eran extraños, ya debería irme acostumbrando.
- ¿Sa-saben qu-e? - tartamudeé, aunque yo ya suponía la respuesta.
- Bien – comenzó mi padre invitándome a sentarme en la escalera – Cuando vimos que de repente tu y Bella desaparecieron del lugar en donde estaba Alice Cullen y que no estaban bailando…
- Suponíamos que habían entrado a la casa porque Bella no se sentía cómoda - arqueé las cejas ante la suposición de mi madre - ¿Qué? La conocemos mejor de lo que crees, Edward.
- Entonces… - continuo mi padre – Entramos a la casa para buscarlos, y… los vimos en la sala… pensamos que solo estaban hablando hasta que… pues… te pusiste de rodillas y… mmm… ¿amor?
- Y le propusiste ser tu esposa – terminó mi madre con sus ojos relucientes. Ok… ¿ojos relucientes, sonrisas burlonas, voces llenas de felicidad? ¿Ellos de verdad están felices?
- Si, yo, es que… mmm – nunca me trababa en mis propias palabras, pero ahora mi lengua me fallaba. ¿Cómo les explicaría a mis padres que ella lo es todo para mí? ¿Qué no puedo vivir sin ella? ¿Qué quiero estar para siempre con ella y solo con ella? ¿Qué quiero que sea mía para siempre? ¿Qué simplemente la amo? ¡Maldita seas lengua!
- Escucha, cariño – mi madre se puso a mi altura para que no pudiera evitar su sincera mirada – Sabemos que la amas, que ella es todo para ti… y también sabemos que no quisiste decírnoslo por miedo a que te gritáramos o te lo prohibiéramos, ¿me equivoco? – Negué con la cabeza y ella comenzó a reírse - ¿Enserio, Edward? ¡Jamás haríamos una cosa así!
¿Había oído bien o mi mente comenzaba a fantasear?
- Lo siento, ¿Qué? – pregunté tratando de averiguar mis dudas.
Ahora fue mi padre el que empezó a reírse. ¿¡Es que yo soy el único cuerdo aquí!
- Ay, Edward… ¡Ya llevaban como 1 año juntos! … ¡Era obvio que algún día esto pasaría! – exclamó mi padre como si fuera tan obvio.
Sinceramente, jamás me hubiera imaginado esto... esperaba gritos, reclamos, excusas…incluso esperaba que me echaran de la casa… ¿Pero esto? ¡Ni en mis más locos sueños!
- ¿Así que no están molestos? – pregunté aun sin poder creérmelo - ¿Ni siquiera un poquito?
- No… Bella es una chica genial y es todo tu mundo, será un gran honor que se convierta en mi nuera, incluso en mi nueva hija – mi madre me acarició mi cabello cobrizo mientras mi padre ponía una mano en mi hombro.
- Así es, y si le haces algún daño, ya no será solo Charlie el que se moleste, también seré yo – amenazó mi padre en tono de broma, aunque detrás de ella había una pequeña pizca de seriedad.
Sonreí como nunca antes. Mis miedos ahora me parecían ridículos, pero ahora había uno mucho peor que se acercaba… y ese temor tenía un nombre… Charlie Swan.
Deje de sonreír y ellos se dieron cuenta.
- ¿Qué pasa, Edward? – Mi madre estaba preocupada – Pensé que te alegraría que no nos enojáramos.
- Sí, claro que me alegra… pero… - me trabé al decir eso último, imaginándome las múltiples situaciones en que le decía a Charlie Swan lo de la boda y en cómo me destruía de mil formas diferentes.
- ¿Charlie? – adivinó mi padre.
Asentí.
- Yo trataré de hablarle – me sonrió – Además, ya tienen 18 años, a punto de cumplir 19, son mayores de edad y pueden hacer lo que quieran. Tanto tú como Bella.
Ambos me abrazaron. Y mi madre comenzó a llorar.
- No puedo creer que mi niño está a punto de casarse y formar su propia familia… - dijo entre sollozos – No te olvides de nosotros, queremos más familia…
- Y nietos – sentenció mi padre. Me sonrojé.
- Mañana mismo iremos a visitarlos y tu le dirás todo a Reneé y Charlie, con ella no habrá problema… incluso se ofrecerá a ayudarme en la boda. Porque esta dicho; yo seré la organizadora de todo.
Solté una risa. No podía imaginarme una lugar en donde Elizabeth, Reneé y Bella estén de acuerdo en algo, por más pequeño que sea el detalle, definitivamente era algo en lo que se tenía que pensar seriamente.
:::::::::::
El día siguiente me levante más temprano de lo usual, estaba nervioso por los obvios motivos. El día estaba nublado, al parecer en la tarde caería un gran tormenta, pero no había humedad por lo que no apostaba a la lluvia. Me quede en la cama sin moverme, no quería salir de allí, aunque me moría de ganas de volver a ver a mi prometida... como amaba ese palabra.
- ¿Hijo? - mi madre entró por la puerta de la habitación, me miró con reprobación. - ¿Que haces todavía en la cama? ¡Levántate, jovencito! Hay que ir a la casa delos Swan.
Sonreí. Me encantaba la actitud que tenia mi madre con mi compromiso, también la de mi padre... pero ni quería imaginarme la actitud que tendría el Jefe de Policía...
Me vestí y bajé rápidamente las escaleras. Mis padres me esperaban con una sonrisa al pie de ella, yo solo pude devolverles una falsa, estaba demasiado preocupado como para sonreír. ¿Y si él no lo aceptaba? ¿Que haríamos? ¿Nos escaparíamos? ¿Apelaríamos a su decisión? ¿Bella todavía me amaría?
- Tranquilo, hijo – me calmó mi padre – todo saldrá completamente bien. No tienes porque preocuparte.
Durante el camino no dije nada. Estaba sumido en mis preocupados pensamientos... me aterraba la idea de que el padre de Bella no me aceptara, mucho habíamos luchado para que acepte que sea su novio unos meses atrás... ¿No quieren ver lo que tendremos que hacer para que me deje casarme con ella? Pero yo no me rendiría, lucharía por ella aunque sea lo último que haga.
..."Aunque sea lo último que haga"...- ese fue el último pensamiento del que fui consciente y fui capaz de procesar.
::::::::::::
- Déjame en paz, Alice – grité y fui mi habitación.
Cerré los ojos... esta era la única forma en que lograba descansar; cerrando mi mente y mis sentidos, dejándome llevar por los recuerdos y pensamientos, recordando aquellos días de felicidad y de gozo, aquellos... días humanos, con mis padres, los días en los que estaba con ella. Tal vez recordándola solo me provocaba más y más dolor, pero no podía evitarlo, solo dejando vagar mi mente podía superar estos 100 años de eterna soledad. Recordando todos sus aspectos... su sonrisa, su risa, sus sonrojos, sus ojos chocolate, su rostro... e incluso su torpeza...
Sí, porque habían pasado 100 años desde aquel horrible y maldito accidente, aquel accidente en donde había perdido todo.
