Nuestras familias se frecuentaban mucho más que antes, eso por supuesto implicaba que yo debía verte y actuar normal. Hacía lo mejor de mi parte para olvidar igual que tú, actuar fría, continuar lo mejor posible con la vida que mi padre me había construido. Sin embargo me alarmó ver la forma en la que te acercabas a Eiri, eras demasiado bueno, amable y consecuente. No soportaba verte cerca de él, no te permitiría arruinar lo único bello en mi vida. Sin embargo todos mis esfuerzos eran inútiles, le simpatizabas a Eiri y terminaron por hacerse buenos amigos. Mi padre veía esa amistad con beneplácito, después de todo en poco tiempo serían familia también.

Tras tres meses de indecible tortura Eiri me obligó a llevarlo a tu casa, quería enseñarte un premio que había ganado en la escuela por hacer la mejor composición de su grado. Kusakabe nos recibió, se veía más serio de lo habitual. Eiri se quedó jugando en el jardín mientras Kusakabe y yo hablábamos.

--Mika-san, Tohma se fue.

--Ya veo... ¿cuado volverá? Eiri se muere por verlo.

--No volverá, papá y el tuvieron una discusión muy fuerte ayer y Tohma se fue de la casa. Fue todo por aquella chica extraña.

--¿Cómo?

--Sí, vino a buscarlo una tal Noriko... no recuerdo su apellido, se veía bastante alterada, hablaron un rato y en la noche mi hermano subió con mi padre a su despacho. Oí algunos gritos, después Tohma se puso a hacer sus maletas y se fue. Será mejor que se lo expliques a Eiri-chan.

No supe qué pensar...mejor dicho pensaba varias cosas al mismo tiempo y eso me atormentaba. Para empezar ¿Quién era la tal Noriko¿Por qué estaba alterada¿Qué ameritaba que te fueras de casa?...sabía que siempre había tenido deseos de independizarte y dedicarte a tu música pero esto era demasiado repentino.

Al enterarse de tu partida Eiri se puso muy triste, a decir verdad yo también lo estaba. Así que ambos lloramos juntos esa noche, eso me hizo enfadarme aún más contigo, podías hacerme llorar cuanto quisieras pero no a mi Eiri. El día que te fuiste una parte de mí se fue contigo, en el fondo tras toda mi indiferencia y odio, seguía perdidamente enamorada de ti. Al grado que aún creía que todo había sido un mal entendido y pronto volveríamos a estar juntos. Esa esperanza murió dentro de mí tras hablar con Kusakabe. Desde ese momento sé que me volví mucho más seria, sombría. A partir de entonces mi único motivo de verdadera felicidad era hacer feliz a Eiri.