Hay pequeños particulares de ésta historia que están inspirados en un capitulo de la serie "Entre fantasmas" que lleva el mismo nombre de la fic. Ya saben que Crepúsculo no me pertenece para nada, aunque yo le pertenezca a Edward Cullen. Del resto, todo lo demás es mio.
¿Sueño o recuerdo?
No me gustaba el frío, ni tampoco la lluvia, era incomoda y fastidiosa, echaba mucho de menos Phoenix y el sol, pero también echaba de menos a papi estando en casa, y mami me dijo que no había problemas si pasaba éstas navidades con él en Forks.
Quería mucho a papi, y él era muy bueno conmigo pero no me gustaba que papi no supiera cocinar y teníamos que ir todos los días al restaurante del pueblo, sino en casa tendríamos que cenar leche con cereales. Y en frente del restaurante había un parque donde estaban siempre muchos niños que querían que jugara con ellos, y a mi no me gustaba jugar porque me caía siempre y me hacia daño.
Estaba tomando del té helado que me habían apenas traído, mientras papi me ayudaba a leer el menú, cuando la puerta se abrió y entró un señor que yo conocía. Era el doctor Cullen, el otro día me había hecho daño en la cabeza y papi me había llevado al hospital donde me había tratado el doctor. Era muy bueno y simpático, y cuando me tuvo que pinchar con la aguja no me había hecho ni daño.
El doctor estaba sosteniendo la puerta, mientras primero entró un chico que era bastante alto y grande y tenia el cabello negro y me daba un poco de miedo, después entró una chica bajita y delgada y tenia ella también el cabello negro largo recogido en una coleta. Por ultimo entró una señora muy bonita que me recordaba a Blanca nieves, tenia el cabello largo de color del caramelo y unos brillantes ojos color esmeraldas, igual que la chica del "Jorobado de Notre Dame". Tenia en brazos un niño, que tenia el cabello parecido al de la señora, solo un poco más oscuro. No le podía ver la cara, porque la tenia escondida en el cuello de la señora. Pero si podía ver que el niño tenia una pierna y un brazo enyesados, pobrecito. Yo también tuve una vez el brazo enyesado y sabia que eso dolía mucho.
El doctor Cullen nos vio a mi papi y a mi, y se acercó a nosotros con una gran sonrisa y sus ojos azules brillando. Detrás de ellos venían los otros.
-Jefe Swan – saludó a mi papi, y después me miró a mi – Hola Bella.
La cara se me estaba calentando mientras el doctor me sonreía y los otros se me quedaban viendo.
-Doctor Cullen, ¿cenando en familia?. - saludó papi, el doctor asintió - ¿Qué te pasó Edward?
El niño que estaba en los brazos de la señora levantó la cabeza y miró a papi. Tenia los ojos verdes como la señora y estaban todos mojados y rojitos, creo que estaba llorando.
-Me caí – le dijo el niño a papi, y después se volvió a abrazar otra vez a la señora, creo que era su mami y el doctor Cullen era su papi.
-Edward se cayó ésta tarde por las escaleras, gracias a un patín que alguien dejó por allí abandonado – dijo la señora viendo a la chica al final de la frase.
-Ya dije que lo siento – dijo la chica – no lo hice a propósito.
-Podías haber tenido más cuidado, Alice – le dijo el doctor Cullen.
-¿Y cuánto tiempo tiene que llevar Edward los yesos? - le preguntó papi al doctor.
-Un mes y medio.
-Vaya, te vas a perder las fiestas de navidad – le dijo triste papi.
-Si, por eso hemos venido a cenar aquí, Edward adora el pastel de chocolate que hacen en éste restaurante, haber si así se anima un poco – dijo la señora, le dio un beso en la cabeza al niño, y después se giró para verme - ¿Y ésta niña tan preciosa es Bella, verdad que si? - me dijo con una bonita sonrisa, y sentía más calor en mi cara. Yo solo le asentí – Tu padre no exageraba, eres tan bonita como decía.
Traté de esconderme detrás de mi cabello, sentía mucha vergüenza.
-¿Bella te acuerdas del doctor Cullen? - me preguntó papi.
-Si papi -le susurré
-Bueno, ella es su mujer Esme – me dijo señalando a la señora, - ellos son sus hijos Emmett y Alice – apuntó al grandote y a la chica con la coleta – y el chiquitín es Edward, tiene cuatro años como tú.
-Mucho gusto – dije, recordando que mami me había dicho que tenia que ser siempre educada.
-El gusto es nuestro, preciosa – me dijo la señora Cullen, mientras Emmett y Alice me sonreían. Edward levantó otra vez su cabeza del hombro de su mami y se me quedó mirando.
-Y digo yo, ya que están aquí, ¿Por qué no se sientan a cenar con nosotros? - dijo papi – Hace poco que llegamos y aun no hemos hecho el pedido, así que podríamos cenar juntos.
El doctor Cullen se giró a ver a su esposa, y después de un poco ella asintió. Y todos se sentaron en la mesa con nosotros. Emmett y Alice se sentaron al lado de papi, y al lado de ellos se sentaron el doctor Cullen y su mujer que sentó a Edward en la silla que estaba junto a la mía y lo ayudó a levantar su pierna.
Nos pusimos a comer todos, y los adultos lo pasaron muy bien hablando y Emmett ya no me daba tanto miedo y Alice era muy simpática.
-Vamos Edward cariño, abre la boca – le dijo su mami a Edward, mientras lo ayudaba a comer. La señora Cullen me había dicho que Edward usa siempre su brazo derecho, pero como lo tenia enyesado no lograba cortarse bien la carne y por eso ella le estaba dando de comer.
-No quiero mami, yo puedo solo – le dijo Edward con una vocecilla, trató de alargar la mano que no tenia enyesada para tomar el tenedor que tenia su mami, pero ella se lo apartó.
-Cielo no pasa nada si mami te tiene que dar de comer por unos días – le dijo ella.
-Si Edward, de cualquier manera tú ya eres un bebito – le dijo Emmett con una risita, y a Edward se le puso la cara tan roja como me pasaba a mi.
-Emmett – le dijo el doctor Cullen entre dientes, se había metido en problemas, lo sabia. Así me hablaba mi mami cuando yo hacia algo que no debía. - Edward no hagas caso a lo que dice tu hermano, no pasa nada si mami te tiene que ayudar a comer. A veces todos necesitamos un poco de ayuda.
Edward continuó negando con la cabeza a la comida que le ofrecía su mami, y de vez en cuando miraba a Emmett y se mordía el labio inferior. Hasta que vi que Emmett suspiró fuerte antes de volver a hablar.
-Papá tiene razón Edward, yo me equivocaba. Mira, vamos a hacer una cosa, si te lo comes todo, después Alice y yo firmaremos tus yesos. ¿Te parece?
-¿De verdad? - preguntó Edward emocionado, y comiendo finalmente el trozo de carne que le tendía la señora Cullen.
-Muy bien Emmett, - dijo mi papi – de vez en cuando sabes como ser maduro.
-Tengo que practicar y ganar puntos jefe Swan, si quiero asegurarme un coche dentro de un año y medio. - le contestó Emmett.
-Vamos primero a esperar que pasen esos meses, y después hablamos del tema, ¿No te parece Emmett? - le dijo la señora Cullen, mientras le daba otro bocado a Edward. Para entonces yo ya había terminado con mi plato y estaba esperando el helado que habíamos pedido al inicio.
-A mi madre le da mucho miedo que yo conduzca, teme que pueda tener un accidente o algo por el estilo.
-Y tiene mucho razón en tenerlo – le dijo mi papi – mucha gente muere todos los días por accidentes de coche.
-Si, pero esto es Forks. No pasa nunca nada en Forks.
-Papi, ¿cuándo llega mi helado? - pregunté, ya me estaba poniendo impaciente, estaban tardando mucho en traerme mi helado, y yo me lo había comido todo de prisa.
-Enseguida llega Bells
-Ya terminé – anunció Edward de repente - ¿Me puedo comer mi torta cuando lleguen los postres, verdad mami?
-Claro que si, cariño.
-¿Y después me van a firmar los yesos? - sus hermanos le asintieron, después me sorprendió, porque se giró hacia mi - ¿Tú también lo vas a firmar luego, verdad Bella?
No me había hablado antes, y empezaba a pensar que no me estaba ni haciendo caso.
-Si – le dije, sintiendo otra vez mi cara caliente.
-Que bueno – me dijo con una bonita sonrisa un poco torcida, y en ese momento llegaron su torta de chocolate y mi helado.
-Mami, yo quiero ir a jugar al parque – le dijo Edward a su mami después de que se comiera su torta. La señora Cullen tomó una servilleta y le empezó a limpiar el chocolate de la boca a Edward; así hace también mi mami.
-Cariño no lo sé si puedes, ¿Cómo vas a jugar con los yesos?
-Pero yo de verdad quiero ir, porfa
Emmett se levantó de su asiento, y se puso detrás de Edward.
-Tranquila, mamá. Ya lo llevo yo y me encargo de él – le dijo mientras cogía en brazos a Edward.
-Si, si, si – empezó a decir Edward, feliz en los brazos de su hermano.
-Muy bien, pero ten mucho cuidado Emmett, por favor – le dijo su mami.
-Claro mamá.- empezó a caminar hacia la salida, cuando Edward lo paró
-Un momento Emmy. Bella – me dijo, viéndome desde el hombro de Emmett - ¿Quieres venir con nosotros?
Estaba por decirle que no quería, pero cuando vi esos ojitos verdes no pude.
-Vale – le dije levantándome, y él otra vez me sonrió con la misma sonrisa torcida de antes. Después se levantó también Alice y me dio su mano para que la tomara.
-Yo también voy con ustedes – nos dijo.
-De acuerdo, nos tomamos un café y vamos también nosotros- nos dijo el doctor Cullen, antes de que saliéramos del restaurante.
Fuimos al parque que estaba en frente, que estaba lleno de otros niños, y Edward le pidió a Emmett si lo podía llevar a los columpios, lo sentó en uno de ellos y lo empezó a columpiar muy suavemente, porque le dijo que tenia que tener cuidado con su pierna y su brazo. Yo me senté en el otro y le dije a Alice que no tenia que empujarme, porque ¡Podía hacerlo yo solita!
Edward y yo nos pusimos a hablar, él me contó que tocaba el piano y que de grande quería ser doctor como su papi. Yo le conté que vivía en Phoenix con mi mami y mi abuela. Alice se alejó porque había visto a una amiga suya, y Emmett se quedó cuidando de nosotros.
Hasta que llegó mi papi y los papás de Edward.
-Bells ya es hora de irnos, que se está haciendo tarde – me dijo papi. Yo le asentí y me bajé del columpio, casi me caigo pero el doctor Cullen me ayudó a que no tropezara.
-Pero todavía no has firmado mis yesos – me dijo Edward desde su columpio.
-Bueno, eso se resuelve enseguida – le dijo mi papi, y sacó de su bolsillo un boli y me lo dio – Anda cariño, ve a firmar los yesos de Edward.
En el kinder me habían enseñado a escribir mi nombre, ¡Sabia escribir Isabella!, y eso que mi maestra me había dicho que era un nombre muy largo. Pero yo no quería firmar Isabella, Edward ya era mi amigo, así que podía firmar solo Bella. Y eso fue lo que hice, le firmé tanto el yeso del brazo como el de la pierna.
Después de que terminara, él me miró con una sonrisa y yo sentía mi cara otra vez caliente.
-Gracias Bella – me dijo.
-De nada – le contesté yo, mientras tomaba la mano que papi me tendía.
Escuché el ruido de un motor que irrumpía en mi subconsciente y poco a poco me obligaba a despertarme. Fui abriendo mis ojos y traté de ubicarme, me encontraba en mi habitación, en mi cama, los números verdes del despertador de mi escritorio me anunciaron que eran las seis y media de la mañana. Maldije para mis adentros, no valía ni tan siquiera la pena de que me volviera a dormir si tenía que levantarme dentro de media hora.
Pero después recordé una cosa, hoy era sábado. Finalmente había terminado la larga semana que había tenido en el instituto de Forks. Entre tratar de ponerme al día con los otros en las materias, y ser constantemente el centro de atención (aunque cada día me notaban menos), me habían dejado de verdad agotada. Así que hoy me quería permitir quedarme un poco más en la cama.
Charlie ayer en la noche me habíadicho que tenia planeado salir de pesca hoy con Billy, y por el ruido del motor que me despertó antes, tengo que deducir que ya se había ido. Así que hoy quería limpiar un poco la casa, se notaba que antes de mi llegada, Charlie vivía por completo solo. Después, ésta tarde iría a la Push a visitar a Jacob, quien me había llamado ayer por la tarde para decirme que ya le había llegado ese equipo de estéreo que estaba esperando, y que no aceptaba un no por respuesta cuando me pidió que lo fuese a ver hoy.
Por lo tanto tenia mi día bastante planificado, y bastante lleno también. Así que no me vendrían mal unas pocas horas de sueño más. Volví a cerrar mis ojos, y frente a mi se presentó la imagen de dos esmeraldas, suspiré de desesperación, Edward. ¿Qué tenia aquel chico que desde el primer momento en el que le vi, no había sido capaz de sacármelo de la cabeza?, no que hubiese hecho muchos avances en mi propósito de acercarme a él. Hasta ahora lo único que había obtenido de Edward Cullen eran los "Hola" y los "Hasta luego" que me decía cada día; aunque eso si, siempre acompañados de una pequeña pero aun así hermosa sonrisa. La misma que me había dedicado ese día en la tienda de su hermana.
Recordé el sueño que estaba teniendo minutos atrás antes de despertar, ya había soñado con él antes, pero de alguna manera éste era diferente a los otros, más real. Ese niño tan precioso otro no podía ser que Edward, no había muchas personas en éste mundo con esos ojos. Y los otros dos chicos eran el Sr Cullen y Alice. Traté de reproducirlo una vez más en mi cabeza, y me pregunté si había sido solo producto de mi imaginación o un recuerdo. Cierto que la única navidad que pasé aquí en Forks fue cuando tenia cuatro años, pero eran muy pocos los recuerdos que tenia yo de esos días. ¿Por eso Alice me había dado a entender el otro día que ya nos habíamos encontrado, porque así era?
En mi sueño ella debía de tener unos once o doce años, y el Sr Cullen de catorce a quince. Por no contar la forma en la que había visualizado a los padres de Edward, ahora sabia de quien había heredado él su belleza, ese color de ojos tan único y el de su cabello, si la madre de Edward de verdad es tan bella como la de mi sueño, entonces de seguro que tiene que ser una de las mujeres más hermosas del planeta. Y el doctor Cullen, ya me podía visualizar a las enfermeras del hospital suspirando por él, Alice tenia mucho de él en sus rasgos. Siempre si de verdad ellos eran de la misma forma en la que yo les soñé. Tenia que ser un recuerdo, era imposible que mi imaginación se inventase a dos personas tan bien definidas en mi cabeza, nunca había dado para tanto, me daba un poco de pena reconocerlo, pero así era.
Vaya, así que si todo era cierto, Edward y yo ya nos habíamos encontrado. ¿Se acordará él de eso? A lo mejor y su memoria funcionaba mejor que la mía, y era capaz de conservar recuerdos de sucesos ocurridos cuando tenia solo cuatro años, porque Dios sabe que hasta ayer yo no tenia ni idea de que ya conocía a la familia Cullen.
Sentí un enorme y sonoro bostezo subir por mi garganta, y no me molesté en reprimirlo, no había nadie aquí que me pudiese ver o criticar. Al finalizar de bostezar, dirigí otra vez mi mirada al despertador, marcaba las 10:07 , agrandé mis ojos por la impresión, ¿Había de verdad pasado todo éste tiempo reflexionando y haciendo conjeturas sobre mi sueño, o más bien recuerdo? Tanto que ya había perdido por completo la oportunidad de poder dormir un poco más. Era éste el efecto que Edward tenia en mi, y lo más curioso de todo era que él parecía que ni se daba cuenta de ello.
Resignada, me levanté de la cama para dirigirme a la ducha, y así lograr espantar el sueño que llevaba acumulado aun encima. Una vez vestida con mis tejanos y un jersey (pensé que bien me podía ya vestir para cuando tuviese que salir ésta tarde hacia la Push, así podía ahorrar un poco de tiempo), empecé con mi labor. Como era lógico la primera habitación que limpié fue la mía, cambié las sábanas y organicé un poco mi ropa y el escritorio.
Mientras guardaba mis libros, me encontré con un trocito de papel, y sonreí involuntariamente. Era el numero de teléfono de Angela, me lo había escrito ayer y me había dicho que cualquier cosa que necesitara no dudara en llamarla, y obviamente yo hice lo mismo y le di el mío. Era increíble lo bien que habíamos llegado a conectar, no hablábamos mucho, pero aun así ya nos podíamos considerar amigas. Le deseé mentalmente suerte en el baile de ésta noche, aunque seguro que no la necesitaba, iba con Ben, su novio, y hasta un ciego vería lo mucho que se querían y lo felices que eran. Que bueno, ambos se merecían mutuamente por completo.
Mientras guardaba mi ropa en el armario, comprendí que efectivamente Renée si que tenia razón, tendría que haberme comprado un poco más de ropa de invierno y manga larga antes de venirme a vivir a Forks. Porque en casa no tenia ni una, quiero decir en Phoenix si hace veinte grados a la sombra, ¡Está haciendo frío!. Pero cuando fui con ella de compras, no me quise gastar todo el dinero que tenia, y la verdad después de media hora de estar en esa tienda, ya no veía el momento de salir de allí. Y que bueno, porque ese dinero que me había traído me servia muy bien para mi camioneta, que consumía gasolina de la misma manera que un ser vivo toma agua. Además quería pagarle a Jake el estéreo que quería agregarle a mi camioneta, aunque él no aceptase ese dinero, yo lo obligaría a hacerlo.
Empecé a pensar en la posibilidad de conseguir un trabajo a tiempo parcial por las tardes y los fines de semanas para lograr recabar un dinero extra. Yo no tenia amigos con los que saliera todas las noches, y vivir con Charlie en un cierto sentido era como vivir sola, así que podía ocupar mi tiempo libre en algo más útil que aburrirme. El lunes empezaría a llevar currículos a las tiendas y negocios del pueblo; tal vez podía probar suerte en la tienda de artículos deportivos de la familia de Mike, aunque enseguida me dí de patadas mentales y deseché la idea, ya bastante que tenia con sentirme acosada por Mike en el instituto como para que yo misma aumentara esas horas trabajando junto a él.
Después recordé la "tienda in del pueblo", no perdía nada con intentar conseguir trabajo en Esme, Alice parecía muy simpática y podía hablarlo con ella. Me detuve un momento cuando procesé un importante detalle, Esme, según mi sueño (o recuerdo, como se quiera llamar) era así que se llamaba la mamá de Edward, y por lo tanto también de Alice y el sr Cullen. Vaya, que gesto tan bonito. Alice le había puesto a su tienda el nombre de su madre, no puedo ni imaginarme lo conmovida y orgullosa que debió de sentirse ésta en cuanto se lo dijo su hija.
Y si de verdad conseguía trabajar en Esme, podía de una u otra forma lograr acercarme a Edward. Pero bueno Bella, ¿otra vez pensando en el chico? , me gritó mi consciencia. Y si, mi mente me había llevado una vez a Edward Cullen, e inevitablemente volví a pensar otra vez en el sueño que tuve ésta mañana.
Qué diferente se veía éste Edward del niño que se había roto la pierna y el brazo. Y no solo en los factores físicos, como el haberse alargado en estatura o haber perdido las facciones típicas de la niñez. También había cambiado en detalles, particulares muy pequeños que a simple vista no se notaban por todos, pero que aun así estaban allí. Como sus ojos, seguían siendo de ese mismo color verde esmeraldas tan únicos, pero ¿Dónde había desaparecido ese brillo que poseía el niño de cuatro años y le faltaba al adolescente de 17? El pequeño niño de mis sueños se había roto no una extremidad, sido dos, y aun así a pesar del dolor y el fastidio que podía sentir, al hablar seguía transmitiéndote alegría. Cosa que no ocurría con el chico que estaba en mi clase de historia y Educación física, que a cualquiera que no estuviese emparentado con él, no dirigía más de dos palabras.
Una vez más me encontré preguntándome qué le había sucedido para que cambiase tanto, muchos me decían que había un motivo por el que se comportara de esa manera, que había ocurrido un evento en su vida que lo había marcado. Pero yo no lo conocía, esas mismas personas me decían que ellos no se sentían en derecho de entrar en su intimidad, y yo lo respetaba. Pero eso no implicara que no me sintiese frustrada por ser la única que se encontraba al oscuro, sobre todo considerando el grado de obsesión que había alcanzado pensando en Edward Cullen.
Después de unas horas ya tenia la casa como decía yo, había comido y guardado en el horno estaba un pollo a la cazadora que había hecho para la cena. No tenia más nada que hacer, podía irme a la Push. Esperaba solo no perderme, aunque claro no que la cosa resultara fácil, había ido tanta veces a la Push que podía recordar a la perfección el camino que Charlie tomaba cuando era pequeña. Pero conociendo mi suerte, una nunca sabe.
Mientras estaba en mi pequeña, en el camino pensé que al final no vendría mal ese estéreo que quería darme Jacob, echaba mucho de menos la música mientras conducía; y en ocasiones escuchar la radio de regreso a casa después del instituto me ayudaría muchísimo a relajarme.
Estaba pasando por el cementerio que se encontraba al lado de la carretera (como todo lo demás en Forks) cuando algo, o más bien alguien llamó mi atención. No pude hacer a menos de aparcar la camioneta y bajarme para confirma mis sospechas. Ese color de cabello que distinguía a unos metros se lo había visto a una sola persona.
Con mucho cuidado escalé el muro de un metro de piedras, que separaba el cementerio de la carretera, y aun así me caí al final; por suerte años de práctica en las caídas habían aumentado la pronteza de mis reflejos en esos momentos. Y logré soportar la mayor parte del peso sobre mis manos impidiendo que me hiciese daño en la cara, y limitando todo a unos pequeños rasguños en mis palmas.
Me acerqué más al lugar en el que me había parecido ver a Edward, al final resultó que no me equivocaba, era él. Para mi buena suerte había un enorme Roble a unos dos metros de donde se encontraba y yo me podía esconder detrás del tronco del árbol sin que se me notase. No que corriese algún peligro en realidad, había tomado nota en estos último días que cuando Edward se sumergía en una actividad cualquiera, era capaz de concentrarse a tal grado que se desconectaba por completo del mundo a su alrededor. Como quien dice podían caer meteoritos y él ni cuenta se daría.
Viéndolo ahora recordé por qué el pueblo lo llamaba "el cuidador de tumbas" y lo que decían de él. Estaba sentando a estilo indio sobre la grama, en frente de una tumba. No sabia de quien se trataba, por el angulo en el que me encontraba era incapaz de leer lo que decía en la lápida. Tenia un libro abierto sobre su regazo y a su lado estaba su mochila, y fuera de ésta había un periódico y uno de esos teclados de nueva generación, esos que son de tela y podías envolver para llevarlos con mejor facilidad, había visto uno de esos en un episodio del Dr House, pero no tenia ni idea de cómo de llamaban. Recordé que Edward me había dicho que tocaba el piano, y yo misma lo había visto componiendo, y me entraron ganas de escucharle tocar y confirmar de primera mano qué tan bueno era.
- "Es usted demasiado buena persona como para andar a vueltas conmigo. Si sus sentimientos son los mismos que eran el pasado abril, dígamelo y zanjemos el asunto" - dijo Edward en voz alta, y reconocí enseguida sus palabras, estaba leyendo "Orgullo y prejuicio". Ese era el momento en el que Darcy confesaba por segunda vez su amor a Elizabeth y en ésta ocasión ella le correspondía. Su voz era tan armoniosa y aterciopelada que hipnotizaba con sus palabras, te cautivaba mientras hablaba - "Mi amor y mis deseos no han cambiado, pero una sola palabra suya me hará callar para siempre".
Se detuvo de la lectura y cerró el libro dejando en medio el dedo del anillo como seña libros. Levantó el rostro y observó la lápida intensamente por unos segundos, como si intentara decidirse a hablar o menos. Finalmente esbozó una pequeña sonrisa triste y habló...
-¿Sabes? Alice el otro día me dijo que tú le contaste que ésta era tu parte preferida de la historia, y que Elizabeth siempre había sido tu gran heroína, no lo sabia – elevó un poco más una de las comisuras de sus labios, alargando la sonrisa – Yo creo que en realidad te parecías más a Jane. Eras por completo incapaz de pensar mal de alguien.
Reanudó su lectura y siguió con ella hasta que terminó el libro. Yo me quedé allí estática en mi lugar, formando parte (sin que él lo supiese) del publico al que iba dirigido su narración. Y por un momento lo vi, hubo una fracción de segundo en la volvió el brillo a los ojos de Edward, y me parecieron incluso más hermosos de lo que ya los consideraba.
Un pequeño relámpago en la distancia me hizo volver momentáneamente a la realidad, y giré mi vista a mi muñeca para ver qué hora marcaba mi reloj. 17:33 , me había quedado aquí más tiempo del que esperaba y ahora llevaba media hora de retraso de la hora que se supone que tenia que haber llegado a la Push. De la misma manera en la que llegué, me di la media vuelta y me alejé silenciosamente de allí, al tiempo que Edward tomaba el periódico que estaba a su lado y empezaba a leer en voz alta las noticias de la primera página.
Ya en mi camioneta y de vuelta en el camino, me permití pensar una vez más en el niñito de mi sueño y en esas orbes esmeraldas. Y de nuevo me descubrí a mi misma preguntándome qué le había ocurrido a Edward, y a quién pertenecía esa tumba que visitaba todos lo días...
Continuará...
¡23 reviews para un solo capitulo!, juro que no me lo podía creer, y la verdad es que aun me cuesta un poco. Habéis dejado una sonrisa plasmada en mi rostro, y sois el motivo por el cual (a pesar de lo llena que está mi agenda en estos días) me he quedado hasta tarde solo para traerles un capitulo nuevo. Gracias XD
Disfruté mucho escribiendo éste capitulo, no es un secreto para nadie que en lo personal me encanta imaginarme a Edward de niño, aunque si tengo que reconocer que meterme en la cabeza de Bella con cuatro años resultó un poco difícil, no importa qué tan madura podía ser ella a esa edad, no podía olvidar en ningún momento que después de todo era siempre una niña pequeña. Espero haberlo hecho bien. ¿Quién de ustedes se dio cuenta de que tomé como referencia el momento de la película cuando Charlie dice que la última navidad de Bella en Forks fue cuando tenia cuatro años, para decidir la edad en la que ambientaría el sueño?
Me gusta saber que los estoy dejando pensando, tratando de resolver el rompe cabezas que representa Edward en ésta historia. Y leer sus teorías, ya cuando se aclare todo verán si se desmienten o se confirman cada una de ellas ;)
En fin ya no molesto más... ¿Ha gustado éste capitulo o debería dejarlo? ¿Se merece un review?
Besos, Ros.
