Antes de salir por la ventana di un último vistazo a mi cuarto, mi único remordimiento era dejar atrás a Eiri, éramos tan unidos que la simple idea de estar más de un día lejos de él ya me causaba angustia aunque me consolaba saber que Kusakabe no podría dañarlo. Tu plan era exacto y no admitía equivocaciones, pero eso no apaciguaba mis nervios en lo más mínimo, además tenía un presentimiento extraño al respecto. Todo era muy simple y por mucho que me repitieras que a veces lo más elemental era lo más discreto no estaba segura si eso aplicaría a tu hermano el psicópata.
Haciendo acopio de toda mi fuerza de voluntad dejé caer mis maletas y comencé mi descenso por la enredadera, luego caminé hacia la esquina dispuesta tomar un taxi que me llevara al aeropuerto. La mitad del camino ocurrió de forma tranquila hasta que un enorme auto negro le cerró paso a mi transporte, no debió costarle mucho trabajo, era de madrugada y las calles estaban vacías. El corazón se me fue a los pies cuando vi a Kusakabe bajar del auto junto con un par de tipos corpulentos, me sacaron a la fuerza del taxi, traté de resistirme pero fue inútil. Lo que más me enfureció fue la cara de triunfo de Kusakabe mientras me besaba a la fuerza, incluso la violenta mordida que le propiné le provocó placer.
—Querida, teníamos un trato, ahora tendré que lastimar a tu querido Eiri...
Esas palabras bastaron para absorber toda mi fuerza, rompí a llorar y me olvidé de seguir luchando, en el fondo rogaba a los dioses para que algo pasara en el camino, me daba igual si el auto se volcaba y nos mataba a todos sólo deseaba proteger a mi hermanito.
Cuando nos estacionamos afuera de mi casa sentí un repentino alivio, ¿cómo iba a hacer el perfecto Kusakabe para irrumpir en mi casa a media madrugada y lastimar a mi hermano? Mis padres por muy idiotas que fueran nunca lo permitirían. Mi última estrategia razonable se hizo trizas cuando tras entrar me encargue de derribar todos los adornos de cristal de la mesita de centro mientras gritaba sin lograra despertar a nadie. Por milésima vez la risa burlona de mi prometido me destrozó los nervios.
Un noble intento cariño, pero toda las casa duerme, yo mismo me encargué de que uno de los sirvientes los sedara antes de dormir.
--¡Tú lo sabías!- repliqué enfurecida.
--¿Lo de tu fuga con mi perdedor hermano?, ¡Por supuesto que lo sabía! no eres más que una zorra ahora tu hermanito pagará por ello
Los siguientes acontecimientos ocurrieron tan rápido que me sorprende si quiera recordarlo, Kusakabe ordenó a sus gorilas que me hicieran subir hacia el cuarto de Eiri mientras él nos precedía. Acto seguido entró y encajó un enorme cuchillo de cocina en la cama de Eiri. Las manazas de uno de sus compinches me impidieron gritar, tras la estocada mi prometido apartó furioso las sábanas para descubrir que había apuñalado a un montón de almohadas. Se disponía a golpearme cuando algo se clavó en su brazo y provocó que se desvaneciera. Después escuché a uno de los tipos corpulento caer rodando escaleras abajo y tras él a quien me había estado sosteniendo.
No supe bien como reaccionar en cuanto me vi libre, para cuando logré reaccionar un hombre corpulento de casi dos metros de alto, vestido de negro de pies a cabeza y con pasamontañas me cargó sobre su hombro y me sacó de la casa. Mi sorpresa era tal que simplemente me quedé congelada, incluso cuando miró a los ayudantes de Kusakabe en el suelo y dijo de forma burlona "bye,bye".
Bueno, tras superar un etapa de mucho trabajo que no me había dejado actualizar les dejo al fin el capítulo 13, espero que les guste. Va lento pero seguro.
Elilmare
