Hay pequeños particulares de ésta historia que están inspirados en un capitulo de la serie "Entre fantasmas" que lleva el mismo nombre de la fic. Ya saben que Crepúsculo no me pertenece para nada, aunque yo le pertenezca a Edward Cullen. Del resto, todo lo demás es mio.
Desterrada.
El martes por la mañana no había ni bajado por completo de la camioneta cuando fui recibida por una especie de emboscada por parte de Jessica y Lauren. Suprimí el gemido de desesperación que deseaba subir por mi garganta, ¿Qué tenían los estudiantes del instituto de Forks que debían abordarte siempre en el aparcamiento?. Primero Mike y ahora éstas dos. Y lo más curioso de todo es que por una vez que no me encuentro con Mike...
Ambas se plantaron en frente mio con las manos en las caderas. Jessica tenia una expresión molesta y asqueada en el rostro, mientras Lauren se veía aun más maliciosa y cínica. Esperé pacientemente a que se decidieran a decirme qué era lo que querían y poder entrar en el instituto.
- ¿Es eso cierto Bella? - me preguntó Jessica con aire de prepotencia. Traté de no poner los ojos en blanco, pero se me hizo imposible.
-Jessica, yo no soy capaz de leer la mente. Así que si no me dices a qué te refieres, me temo que no podré responderte.
-¿Es cierto que has estado detrás de Mike desde que llegaste? - sentí mi mandíbula caer sin que pudiese controlarla. ¿De dónde sacaba ella semejante locura?, si más bien la que se sentía perseguida por él, era yo.
-¿Quién te ha dicho eso? - pregunté con la clara indignación que sentía.
-Así que no lo niegas – me dijo Jessica, como si mi respuesta pudiese confirmar lo que ella quería saber. - Claro no veo por qué tenias que hacerlo, después de todo te han descubierto intentando quitarmelo.
-¿Perdón? - Pregunté confundida, entendiendo menos cada segundo que pasaba.
- Te vi – escuché la molesta voz de Lauren, y me sonrió con una mueca bastante escalofriante – la semana pasada, cuando casi le suplicaste que dejara abandonada a Jessica y te acompañase al baile.
-¡¿Que yo qué? - casi chillé. Claro Lauren tenia razón, si que nos había visto , había presenciado cuando Mike me pidió ir al baile juntos y yo lo rechacé, solo que había trasformado la historia según su propria conveniencia. ¿En esto consistía toda su venganza?, no tenia ni idea de que podía caer tan bajo. Pero seguro que ella se sentía por completo orgullosa del plan que había arquitectado.
-¿De verdad Lauren? - me dirigí a ella con mi mejor expresión indignada y de superioridad, ella borró su sonrisa de la cara y empezó a ponerse colorada de rabia al ver que mi reacción no era la que esperaba – Esto es lo único en lo que podías pensar. La verdad es que sabia que no eres precisamente un genio, pero me esperaba algo mejor. - después me giré otra vez hacia Jessica - Yo no tengo por que estarme justificando o explicándote nada. Pero dejame que te de un consejo, cuidate muy bien de la que crees es tu "mejor amiga" y tu novio. No son lo que tú piensas.
Ella me miró sin entender – Nunca pensé que serías así, yo te di la bienvenida a nuestro grupo, y ¿es así que tú nos pagas?
-Oh por favor, trata de ser honesta por lo menos contigo misma. El único motivo por el cual querías que estuviera con ustedes era para poder disfrutar de la atención que estar junto a la chica nueva representaba. Pero ¿Sabes qué?, quedate bajo los focos si eso es lo que te gusta. Yo prefiero estar mil veces sola que como quien dice mal acompañada. Ahora si me disculpan, ya se está haciendo tarde – les dije, mientras me apartaba de ella para dirigirme al instituto por fin.
Había dado apenas cuatro paso, cuando escuché la voz de Lauren que me llamaba a la espalda.
-Ah ¿Y Bella? - me giré para ver qué quería – Por si no lo habías entendido no eres más bienvenida en nuestra mesa a la hora de la comida. De hecho no creo que te reciban en ninguna parte, te has puesto a todos en tu contra en el instituto.
-Menos mal – le dije fingiendo un suspiro de alivio que la irritó aun más – No sabes qué peso me has quitado de encima. - Y me giré una vez más para continuar caminando.
-Si, lo que digas – me respondió molesta – ve a sentarte con el cuidador de tumbas. Seguro que a él no le molestará. Sois el uno para la otra.
Sentí mis músculos tensarse por sus palabras. Lauren nunca sabrá lo cerca que estuvo de que le clavara un puñetazo en su nariz falsa. Pero el sonido de la campana me animó a seguir en mi camino. Siempre me ponía así de enferma escuchar como hablaban mal de Edward.
Después de eso, si me había quedado alguna duda de si Lauren iba en serio o menos, el comportamiento de mis compañeros durante el resto del día, confirmó por completo la veracidad de sus palabras. Todos me veían como si yo fuese una leprosa, y los oía murmurar constantemente mientras pasaba por su lado. La única en hablarme fue Angela, quien me saludó en cuanto entré en el aula de literatura, y después lo hizo también Ben cuando nos cruzamos en los pasillos.
Y si tenia que ser honesta, yo en lugar de sentirme incomoda o triste con lo ocurrido, la verdad es que encontraba bastante agradable ésta situación. Siempre me había encontrado muy a gusto con la soledad, y agradecía también no tener que verme obligada a hablar con gente, con la cual sabia que no compartía absolutamente nada en común.
Una vez más, lo único que lamentaba de todo esto, era que había involucrado sin querer a Edward en los rumores. Sabia que la gente no solo hablaba de mi, y no tenia ni idea de como se podría sentir él al escucharlos hablar.
Mientras me dirigía al gimnasio, a la cuarta hora, me pregunté si había venido hoy a clases, y si ya se había enterado de lo ocurrido ayer en el almuerzo, y que sin querer lo involucraba en parte.
Supe mi respuesta en cuanto atravesé las puertas. Vi a Edward sentado en el mismo banco en el que ayer estaba el sr Cullen. En cuanto posé mi ojos sobre él, no me costó entender por cual motivo no había venido el día anterior a clases, y con quien estaban hablando Alice y el sr Cullen por teléfono. Estaba pálido hasta el nivel enfermizo, lo que contrastaba increíblemente con el rojo de su nariz y las marcas negras debajo de sus ojos. Eso sin contar lo débil y cansado que se le veía, era claro que estaba aun convaleciente.
El sr Cullen estaba parado en frente de él, y le hablaba como se le estuviese regañando por algo. Sabiendo que no iba a lograr entablar una conversación con ninguno de mis compañeros, fui directamente a sentarme al banco de ayer, a esperar que empezara la lección.
-No puedes sudar, - le dijo el sr Cullen a Edward en una mezcla de tono autoritario y preocupado, como le hablaría un padre a su hijo, no un hermano mayor. - podrías tener una recaída aun peor. Ayer por la mañana tenias 38 de fiebre.
-Estoy bien, Emmett. -le dijo Edward sonando mucho más pequeño de 17 años, como ese niño que recordaba de mis sueños – Ya me siento mejor, de verdad.
-A mi me importa muy poco cuantas veces me repites que te sientes bien, Edward. Soy tu hermano antes que tu profesor, y te prohíbo que hagas Educación física, y se acabó la discusión.
Y de verdad que había finalizado, porque Edward no se atrevió a replicar más después de eso. Se pegó los auriculares de su iPod a los oídos, y a los pocos segundos empezó la lección. Obligándome a no prestarle la atención que deseaba, y lanzándole solo una que otra mirada de soslayo al ver que de vez en cuando se soplaba la nariz con un clinex, mientras tenia que concentrarme al cien por cien en el partido que estaba teniendo.
No solo tenia que tener cuidado con mis extremidades, y la raqueta en mis manos y el gallito en el aire. Sino que también estaba jugando en contra de Lauren, y al parecer ella encontraba infinitamente muy divertido el jugar de manera violenta conmigo y lanzarme con fuerza los gallitos. Yo intentaba no hacerle caso, y jugar lo mejor que mis facultades me lo permitían, pero no pude evitar que me doliese y lamentarme cuando el gallito me golpeó la mejilla.
-Mallory, ten un poco más de cuidado – le dijo el sr Cullen, mientras se dirigía hacia mi – ¿Te encuentras bien? - me preguntó, viendo la marca roja que seguramente se me estaba formando en la cara.
Yo le asentí, probablemente era menos de lo que parecía.
-No es culpa mía, sr Cullen – dijo Lauren con la voz más inocente que podía fingir, que asco – Bella debería saber jugar mejor, porque lo seguro es que yo no puedo jugar peor solo por ayudarla a ella.
-Vamos a ver, - dijo el sr Cullen con un aire un poco frustrado – esto no es un partido de nivel nacional, y ni siquiera estoy evaluando. Así que no tienen por que jugar de manera tan violenta.
Noté que Edward estaba observando toda la conversación, pero visto que aun tenia los auriculares puesto, no sabría decir si escuchaba o menos lo que estábamos diciendo. Esperaba de verdad que no, considerando lo que ocurrió luego.
Lauren se acercó a mi, y procurando que nadie la escuchase me susurró en el oído – Te he dado una oportunidad perfecta. Podrías excusarte para no seguir jugando, e irte a sentar junto al cuidador de tumbas. Seguro que lo disfrutarías – me dijo con malicia.
El sr Cullen se tensó a mi lado, y me fijé en la expresión de pánico que puso Lauren casi enseguida. Era obvio que el Sr Cullen escuchó lo que Lauren me había dicho sobre su hermano, y ella no había previsto nada por el estilo. Por la mirada enfurecida del sr Cullen podía deducir que Lauren sabia que estaba de verdad en problemas.
-Señorita Swan, Señorita Mallory. Vengan conmigo afuera, ahora. De acuerdo, la clase ha terminado por hoy – les dijo a los demás – aquí no hay nada que ver.
Con eso salió del gimnasio seguido por Lauren y por mi. Apenas estuvimos fuera, se detuvo en seco para girarse a vernos.
- Muy bien, señorita Mallory. Sepa solo que usted no tiene ni idea de cuanto debería agradecer el hecho de que no solo es mujer, sino que también soy su profesor. Porque de lo contrario habría reaccionado muy diferente al escuchar eso que ha dicho.
Lauren trató de permanecer impasible, antes de contestarle.
-Eso se llama depotismo, sr Cullen – dijo con una expresión de superioridad. - reconozca que en otras circunstancias ni se habría inmiscuido.
-Veamos – le dijo el sr Cullen en un tono tranquilo – primero no es depotismo, es nepotismo. Si quiere parecer lista con sus comentarios, por lo menos diga las palabras como son, y demuestre que está asistiendo al instituto. - traté de suprimir lo mejor que podía la risa que sus palabras me provocaban, pero aun así no pude evitar que se me escapara una pequeña risotada, antes de llevar mi mano hacia mi boca para taparla. El sr Cullen solo me dirigió una mirada se complicidad antes de continuar – Y segundo, se equivoca bastante en su afirmación. Le puedo asegurar que si la situación hubiese sido al revés yo actuaría de igual manera, Edward recibiría la misma sanción que estoy por darle a usted. Pero se da el caso de que su ofensa iba dirigida hacia mi hermano.
-Yo...- empezó a decir Lauren, pero el Sr Cullen la interrumpió.
-Y ¿le molestaría explicarme qué tiene en contra de la señorita Swan?
-Nada, solo que se entromete demasiado en mi camino – contestó ella, lanzando una mirada de odio hacia mi.
- ¿Ese es tu problema? - le pregunté incrédula - ¿Temes que te quite tu reinado? Tranquila entonces, porque no me interesa. Todo tuyo.
-Claro, eso dices ahora porque tienes a un profesor cerca. Pero si estuviésemos las dos solas, me dirías algo completamente diferente.
-No, para nada. Te diría exactamente lo mismo. Aunque – me detuve un segundo, para fingir que pensaba en algo de verdad muy serio, antes de seguir – Bueno, está bien. Tienes razón, si te diría algo más. Te insultaría, pero yo a diferencia tuya si sé medir lo que digo en frente de los demás.
La cara de Lauren se puso tan roja como un tomate, y no sabría decir con precisión y se debía a que se sentía humillada o molesta por lo ocurrido, puede que tal vez fueran un poco las dos cosas.
-Perfecto, entonces ya hemos terminado aquí – dijo el Sr Cullen – Señorita Mallory, hágame el favor de acompañarme con el director. Ya puede ir a los vestuarios si quiere, Bella. - me dijo dedicándome una mirada de orgullo, asentí y me giré de vuelta al gimnasio, pero si podía escuchar a Lauren quejarse sobre por que ella tenia que ir a la dirección y yo no. No me podía creer que todavía tenia el descaro de preguntar algo así...
Edward salió cuando yo entré, creo que ni me notó. Pasó a mi lado con la música aun puesta en los oídos y la mochila en un hombro.
Cuando llegó la hora de la comida, ni me molesté en acercarme a la cafetería, después de todo no tenia dónde sentarme, ¿cierto? Además no que tuviese mucha hambre. Así que mejor y me iba directamente a la biblioteca.
Reconozco que no había pensado es eso cuando decidí en qué lugar pasaría esa hora, pero no iba a dejar de admitir que me gustaba que Edward estaba aquí conmigo. Estaba sentado en la única mesa ocupada, leyendo un libro que estaba también apoyado sobre la madera, con una mano sobre el libro y la otra enterrada en sus cabellos. Me acerqué a él, casi por inercia.
-¿Está ocupado éste lugar? - le pregunté situándome detrás de la silla que estaba en frente de él.
Edward se sobre saltó en cuanto me escuchó, y alzó su rostro para que nuestras miradas se encontraran, se me quedó viendo concentrado unos segundos, como si intentara descifrar algo en mi rostro. Después giró su mirada por toda la biblioteca, como si buscase algo, se me ocurrió pensar que se estaba cuestionando si era cierto que le estaba hablando a él, y no a cualquier otro.
Pero contrario a eso, señaló la silla sobre la cual tenia apoyada mis mano – No, no lo está.
-¿Entonces no te molesta si me siento contigo? - pregunté, rogando por que su respuesta fuese negativa.
-Adelante- me dijo con un asentimiento de la cabeza, y yo me dispuse a sentarme en la silla.
Él solo volvió a su lectura, después de unos minutos de silencio, no soporté más la curiosidad y le pregunté - ¿Qué estás leyendo? - siempre me gustaba averiguar lo que los demás estaban leyendo, incluso si no los conocía. Una mala costumbre, lo sé. Pero no podía evitarlo.
Él en lugar de decírmelo, levantó el libro para que pudiese leer la portada, era "Utopía" de Tomás Moro .
-¿Lo estás leyendo para literatura? - pregunté un poco extrañada, no sabia que en su clase pudiesen estar estudiando algo tan diferente respecto a la mía.
Él negó con la cabeza – No, para nada. Es solo que me gusta leerlo.
Vaya, no tenia ni idea de que algún día encontraría a alguien de mi edad que me dijese que amaba leer esa clase de libros solo por placer, al igual que yo. Si yo le hubiese dicho eso mismo a otra persona, seguro que me vería como tuviese dos cabezas.
-Nunca había conocido a nadie de nuestra edad que dijese algo así – confesé
-Si, bueno. Mi padre solía leerme éste libro en las noche, cuando me llevaba a dormir – me dijo en un susurro tímido – En lugar de leerme historias como "Los tres cerditos" o "Hanzel y Grettel". Compartía conmigo sus sueños sobre un lugar perfecto, y me decía que nadie había sabido expresarlo mejor que Moro. Le gustaba leerme un capitulo nuevo de Utopía y después yo le contaba lo que sería para mi un mundo ideal.
-Y por eso le tienes tanto cariño al libro – no era un pregunta, solo hacia falta verle para entender el lugar que ocupaba en su corazón esa obra.
Él solo me asintió, bajando su vista otra vez al libro.
Quería hacerle otra pregunta, pero en cambio fue él quien ésta vez inició una nueva conversación.
- ¿Bella? - me llamó, viéndome directamente a los ojos con sus penetrantes esmeraldas, tenia como la impresión de que él era capaz de mirar a través de mi alma. - De verdad, no puedo resistirme, tengo que preguntarlo – dudó después de eso, y se mordió el labio inferior, no sabiendo si continuar o menos.
-Dime – le animé para que hablara.
Respiró hondo, como tratando de conseguir un poco de valor para seguir, y me preguntó - ¿No arruinarás tú reputación sentándote aquí conmigo?
La verdad, me hizo un poco de gracia su pregunta, así que no pude evitar esbozar una sonrisa irónica antes de contestarle – Creo, que ya es un poco tarde para eso, ¿No te parece?
-¿A qué te refieres? - estaba verdaderamente confundido, y eso me tomó por sorpresa. ¿Es que de verdad no sabia nada? Seria posible que Edward no se hubiese enterado de lo ocurrido ayer en la cafetería, y los rumores que ahora circulaban sobre él y "nosotros".
-No a nada- dije tratando de restarle importancia con un gesto de la mano. Si él no sabia nada, entonces por cuál motivo tenia que venir yo e informarle de esas cosas tan desagradables que se han dicho de él en los últimos dos días, como si no bastasen lo que llevan diciendo por años. De repente un nuevo pensamiento se cruzó por mi cabeza, una duda si se quiere llamar así. Tal vez Edward había hablado de mi reputación solo porque no quería que me sentase junto a él. - Pero si tanto te molesta mi compañía, me puedo ir a sentar en otra parte. No pasa nada.
Aunque si que pasaba, pero no podía hacerlo ver. La verdad era que yo no me quería alejar de donde estaba, me encontraba muy a gusto allí con Edward, y lo más importante era que por fin había logrado tener una conversación con él que durase más de dos frases. Por favor no me pidas que me vaya, Por favor no me pidas que me vaya. Repitió mi mente una y otra vez, esperando por su respuesta. Mientras mi corazón se aceleraba por cada segundo que pasaba.
-No, no me molesta tu compañía – me aseguró – Todo lo contrario – susurró al final, permitiendo que sus mejillas adquirieran un adorable color rosado, ¿Por qué no podía verme así de bien cuando me sonrojaba? - Además éste es un país libre, y tú debes poder sentarte donde quieras. Yo no tengo ningún derecho de obligarte a nada.
Me dedicó su bonita sonrisa torcida, y yo se la correspondí. Qué fácil era estar junto con Edward, no lograba entender como era que nadie más hacia el intento de acercarse a él.
- Me gusta como razona tu mente – le dije.
-Gracias, y a mi me gusta la tuya. - su voz se empezó a poner ronca mientras hablaba, así que de su mochila sacó una botellita de agua y bebió un par de sorbos. Recordé que había estado enfermo esos días, y de hecho aun no estaba del todo bien.
- No deberías hablar tanto estando como estás, lo único que haces es esforzar la garganta – le aconsejé.
-Estoy bien – me dijo con frustración y un poco de fastidio, seguramente por repetir una vez más algo, que sospechaba en los últimos días había dicho hasta el cansancio – Es solo un simple refriado, me quedé fuera durante la tormenta del sábado y éstas son las consecuencias.
-Si, lo sé- le dije sin pensarlo.
-¿Cómo? - me preguntó extrañado.
-¿Cómo qué? - pregunté yo a mi vez, no entendiendo a qué se refería.
-¿Cómo sabes que estaba fuera el sábado durante la tormenta? - me tomó desprevenida, ¿Qué podía decirle? Que yo lo había visto el sábado en el cementerio, y que no pasó mucho desde que me fuese a cuando empezó a llover, por lo tanto era lógico pensar que se había mojado.
Pero después recordé otra cosa, si que hubo otra manera en la que supe de lo ocurrido el sábado : Alice.
-Estaba en la tienda de tu hermana cuando ella estaba hablando contigo por teléfono, y la escuché cuando lo dijo. De hecho me temo que escuché cuando ella habló contigo y también cuando te llamó el sr Cullen. Una indiscreción por mi parte, lo siento.
-Bueno, hay que ver cuál de las tantas fue que tú escuchaste, porque no hicieron más que llamarme durante todo el día de ayer.
Le sonreí con empatía, podía entender como se sentía por la atención – Se ve que te quieren mucho, y también el sr Hale y Rosalie. Quizás me equivoque, pero tengo como la impresión de que para ellos eres como su eterno niñito por ser el menor.
-Si, ese es precisamente el problema – masculló, y yo no pude evitar reírme.
La campana sonó, y como si estuviésemos casi sincronizados, Edward y yo nos levantamos al mismo tiempo para dirigirnos a nuestra siguiente lección : historia.
Caminábamos juntos a destinación, y no podía evitar notar como todos nos veían y murmuraban a nuestro paso, pero por en contrario Edward parecía ni darse cuenta de ello. Quizás no era del todo equivocado eso que dicen de que vive en su proprio mundo. Íbamos caminando en un silencio bastante agradable, cuando el mismo Edward lo interrumpió...
-Alice me dijo que ésta tarde empiezas a trabajar en su tienda.
-Así es, aunque tengo que reconocer que estoy un poco nerviosa.
-No tienes por que. - me tranquilizó – No es porque sean mi hermana y mi cuñada, pero son las mejores jefas que hay. Todos sus empleados las adoran, eso sin contar los clientes. Aunque tal vez no soy del todo imparcial.
-No, yo creo que no.
Entramos en la clase de historia, y vi como el sr Hale nos observaba. Estaba claramente sorprendido de que Edward y yo entrásemos juntos y encima de todo hablando. Pero más que todo podía verlo feliz por lo que estaba presenciando.
-¿Tú trabajas con ellas?- no pude evitar preguntar – Te vi el otro día.
Nos fuimos a sentar en nuestros puestos, ante las miradas curiosas de todos nuestros compañeros, que estaban encontrando nuevo material para los rumores.
- Bueno, trabajar precisamente no. Pero si les doy una mano cada vez que puedo, y soy yo quien lleva las cuentas de la tienda. De hecho ésta tarde tengo que ir a recoger unas facturas.
-Entonces nos vemos allá...- apunté a lo obvio.
Él me asintió, porque el sr Hale ya se había levantado de su asiento y estaba empezando la lección.
-Edward, espera que te tengo que decir algo – escuché que le dijo el sr Hale, en cuanto terminó la clase de historia. Yo estaba por salir del aula y Edward venia detrás mio, cuando su cuñado lo detuvo. Yo solo seguí con mi camino, aun tenia que pasar por mi taquilla, y el laboratorio de química estaba bastante lejos.
Cuando terminó el día, me sorprendió lo pronto que llegué al aparcamiento. Claro, al encontrarme desterrada por todos, nadie me detenía por los pasillos para decirme algo. Ni siquiera Mike se me había acercado ni una sola vez para pedirme una cita ¡Qué alivio! Si hubiese sabido que solo me hacia falta esto para que me dejase en paz, lo habría hecho desde el principio.
Mientras me dirigía a la camioneta, noté que Edward estaba apoyado en el maletero del mismo Porsche amarillo en el que subió junto al sr Hale en mi primer día en el instituto. Una vez más estaba escuchando la música de su iPod, tenia los ojos cerrados y su pie derecho se movía frenéticamente en una especie de tic nervioso, seguramente siguiendo el ritmo de la música.
Abrió lo ojos, y notó que lo estaba viendo. No sabiendo muy bien lo que tenia que hacer visto que me había sorprendido como quien dice con las manos en la masa. Levanté mi mano para saludarle, él solo me correspondió imitando mi mismo gesto, y lanzó una rápida mirada a la entrada del instituto.
Pensé que lo mejor sería acercarme a él, para ver si necesitaba algo. Edward viendo mis intenciones se quitó los auriculares de los oídos, y cuando estuvimos a dos pasos, me sonrió. Sentí de repente como mis piernas se volvían de gelatina, pero traté simplemente de ignorarlas.
-¿No vuelves a casa? - le pregunté casualmente.
- Por el momento no puedo. Estoy esperando a Jasper que tiene una reunión de profesores, y Emmett está con el entrenamiento. Así que que iré con el primero de los dos que salga.
-¿No conduces? - pregunté incrédula, no conocía a ningún adolescente, sobre todo si era de sexo masculino de 17 años que no tuviese el carnet de conducir. Yo me lo había sacado solo por necesidad, pero sabia que para los demás de mi generación, conducir era algo de vital importancia.
-No – me contestó un poco tenso – no me gusta y no tengo intenciones de aprender.
-¿Y cómo haces si nadie te puede llevar con su coche?, el instituto queda un poco lejos del pueblo.
-Tengo mi bicicleta Bella. Ella es perfectamente capaz de llevarme a dónde yo necesite. - Un vez más, miró hacia la entrada esperando por su hermano o su cuñado.
-Si quieres yo te podría acompañar – le sugerí.
-No quisiera darte fastidio.
-Pero, ¿Cómo crees? Para mi sería todo un placer – y no mentía, pero prefería que pensara que lo estaba diciendo por simple cortesía y no porque era algo que en realidad pensaba.
-¿Estás segura? - preguntó dudoso, mordiéndose el labio inferior, era un gesto que ambos repetíamos con bastante frecuencia, me podía dar cuenta de ello.
-Claro que si.
-Bueno, dame un momento que les aviso y nos vamos – le asentí, mientras él sacaba de su bolsillo un móvil de última generación y mandaba un rápido mensaje. - Ya está – me dijo, guardado una vez más el móvil, y siguiéndome mientras me encaminaba a la camioneta.
-¿Te llevo a Esme, verdad? - pregunté, suponiendo que ambos íbamos en la misma dirección; yo tenia que empezar mi turno en una media hora.
-Si, como ya te dije, tengo que ir a buscar unas facturas. Además allí está mi bicicleta. Porque cuando termine en la tienda voy a... voy a visitar a alguien.- dijo un poco titubeante.
Yo sabia a dónde iría, no sabia a quién visitaría. Pero si sabia perfectamente que sus intenciones eran de ir al cementerio luego. Pero por alguna extraña razón, no quería sacar el tema a colación, si Edward no quería hablar de ello yo no le obligaría. Siempre he sostenido que no me importa si es el cuidador de tumbas, y estaba dispuesta a demostrarlo con mis acciones.
Ambos nos subimos en mi camioneta – ¿Bella? - me llamó, antes de cerrar la puerta del copiloto, me giré para ver qué quería – Gracias. - susurró.
Continuará...
Pues si, todos lo adivinaron. Edward no fue al instituto porque estaba refriado. Aquí tienen, hicieron falta seis capítulos, pero por fin Edward y Bella han empezado a tratarse como se debe. Vamos a ver como evoluciona ésta relación, tengo bastantes sorpresas preparadas ;)
No sé cuanto me tardaré con el siguiente capitulo. Visto que antes quiero actualizar "Enseñame a amar", pero antes todavía están mis exámenes, los cuales ocupan la mayor parte de mi tiempo, así que pido de ante mano disculpas por el retraso …
Bien, como siempre pregunto si ha gustado el curso que sigue la historia, ¿Creen que merece la pena continuarla?, Hacedme saber en un review si alguien ha localizado las pistas que fueron dadas en éste cap...
Besos para todos, y un abrazo enorme a todas las personas que me dejaron un review en el capitulo anterior.
Ros.
