Hay pequeños particulares de ésta historia que están inspirados en un capitulo de la serie "Entre fantasmas" que lleva el mismo nombre de la fic. Ya saben que Crepúsculo no me pertenece para nada, aunque yo le pertenezca a Edward Cullen. Del resto, todo lo demás es mio.

Amigos

La lluvia golpeaba fuerte sobre la carrocería y el vidrio del parabrisas de la camioneta. Eran apenas las nueva de la mañana y aun así era difícil ver claramente a más de un metro del rostro, era el tipo de tiempo que invitaba a pasar todo el día en la cama, bajo las sábanas ; pero yo era una persona responsable que tenia obligaciones que cumplir, y ciertamente no podía faltar a mi trabajo, porque estaba lloviendo.

Conducía a una velocidad bastante moderada, con los faros antiniebla encendidos y el limpia-parabrisas a su máxima velocidad. Antes de salir de casa había tenido la precaución de llamar a Alice para decirle éste pequeño problema y avisarle que seguramente llegaría unos minutos tarde. Siendo Alice tan comprensiva como era, me aseguró que no había problemas, porque era probable que debido al mal tiempo, no esperáramos tantos clientes, así que el día de hoy seria un trabajo más de inventario y organización del almacén.

Edward tenia razón, Alice y Rosalie eran dos jefas fantásticas. Ese sábado era apenas mi tercer día de trabajo, por el momento mis turnos eran el martes, el jueves y el sábado; cuatro horas los primeros dos días y ocho el tercero. Y a pesar del poco tiempo, ambas se habían esmerado en hacerme sentir cómoda y parte del equipo.

Rosalie me había enseñado el funcionamiento de la tienda, me había instruido en el trabajo de la caja, la organización del almacén y el jueves por la tarde me dijo incluso que me encontraba hasta capacitada para realizar los pedidos. Aunque no tardó en notar que yo me encuentro más cómoda trabajando en las sombras que de cara al publico. Así que me complació "relegando" mi trabajo al almacén, y limitando mi trato con los clientes.

Había sido una semana interesante, por definirla de la manera más sutil posible. Aun nadie me hablaba en el instituto, excepto por los saludos y charlas casuales de Angela y Ben, y naturalmente también estaba Edward. Que curioso, antes cuando todos me atosigaban, a malas pena escuchaba dos palabras de Edward. En cambio ahora, con mi situación actual, la única persona con la que conseguía tener una conversación decente era precisamente él.

Pasábamos la hora de la comida juntos en la biblioteca y nos íbamos juntos hasta el aula de historia, donde continuábamos la conversación iniciada entre libros, hasta que el señor Hale empezaba su lección. No que hablásemos de muchas cosas personales en realidad, nuestros temas eran más triviales, pero eran bastante entretenidos de igual manera. Hablábamos mucho de literatura, filosofía, política y arte. Casi nunca coincidíamos en nuestras opiniones, pero nuestros debates eran increíblemente divertidos y me daban la oportunidad de conocer más a Edward y sus ideales.

No sabia cuando era su cumpleaños, si ya tenia 18 años o aun tenia 17 como yo, si aun quería ser medico como su padre; y por supuesto que no tenia ni idea de quién era esa tumba que él visitaba y que había conseguido ese apodo tan cínico y malicioso que el pueblo le había dado. Pero si que sabia lo que pensaba de Shakespeare, de Jane Austen, de Kant y de Cartesio, lo que opinaba del arte gótico y el romanticismo, y muchas más cosas sobre esos temas...

No había vuelto a acompañarlo a la tienda de su hermana después del martes, los otros días se fue junto a su hermano o su cuñado. Pero en realidad ni el martes ni el jueves se entretuvo mucho en el lugar. El primer día recogió las facturas que buscaba y se fue, en cambio el jueves se limitó solo a buscar su bicicleta para irse- al cementerio, suponía yo. Pero no era quién para preguntar e inmiscuirme en los asuntos de los demás.

Me aparqué cerca de la entrada de la tienda, detrás de un Jepp blanco enorme, me parecía al del señor Cullen, pero con el agua limitando la visión, una no podía estar segura. Se necesitaban solo tres pasos para entrar a la tienda desde mi camioneta, y aun así eso fue suficiente para que me mojara como si acabase de salir de la ducha.

En cuanto estuve bajo la protección de un techo, me quité el impermeable y la capucha, y sacudí las gotas que escurrían por mi cabello. Mirando a mi alrededor, comprobé que efectivamente Alice tenia razón, no había tanta gente hoy, solo unos dos, máximos tres clientes.

-¡Bella! - llamó Alice a mis espaldas, me giré para verla corriendo hacia mi, con una expresión alarmada, traté de sonreír para tranquilizarla un poco – Ya nos tenias preocupadas, temía que hubieses tenido un accidente.

-Lo siento mucho Alice, pensé que iba a tardar menos en llegar. Te aseguro que estos minutos de retraso los recuperaré al final de día.

-Pero, ¿Cómo crees? - me regañó, como si mi sola idea le pareciera ridícula – Eso es lo que menos me importa – hizo un gesto con mano, descartando el tema – Solo necesitaba saber que estabas bien.

-¿De verdad temías que tuviese un accidente de coche? - pregunté excéntrica – Creo que tenemos bastante suerte, porque la media de accidente de Forks es bastante baja.

-Con esas cosas nunca se sabe – me dijo sombría, tomándome por sorpresa. Estuvo un par de minutos en silencio, estaba por preguntarle si se encontraba bien, cuando cambió otra vez de humor, y me sonrió con una sonrisa creo que demasiado animada – Bueno, vamos a empezar con el trabajo, que hoy no solo tenemos que aprovechar que no hay gente, sino que tenemos seis manos de ayuda. Y créeme que pienso utilizarlas.

-¿Seis manos? - pregunté confundida al tiempo que nos encaminábamos al almacén.

-Si – me dijo maliciosa – Jasper, Edward y Emmett se quedan hoy en tienda. Y nosotras sin duda somos damas indefensas que necesitan los brazos fuertes de los hombres para levantar las cajas pesadas - me guiñó un ojo y abrió la puerta del almacén. Al entrar escuché la voz de Rosalie a unos metros de nosotras.

-Éstas por aquí, osito – le dijo al señor Cullen, después se dirigió a su hermano que acababa de soltar con bastante brusquedad una caja en el suelo - ¡Jasper, ten mucho cuidado!, son de marca esos zapatos que acabas de tirar. Ah, Hola Bella – me saludó en cuanto notó mi llegada.

-Hola – respondí al saludo. Ella después de dedicarme una sonrisa, se giró a dar nuevamente ordenes a su marido y a su hermano, aproveché a saludarlos también a ellos dos, antes de que volvieran a las cajas – Buenos días señor Cullen – le dije a mi profesor de educación física, después me dirigí al de historia – Señor Hale.

-Oh por favor Bella, fuera del instituto llamame Emmett. Aquí no soy tu profesor – me dijo con una sonrisa, sosteniendo una enorme caja entre sus brazos, que marcaba aun más sus bíceps.

-De acuerdo – accedí, no sintiéndome muy cómoda con la nueva situación.

-Y lo mismo vale también para Jasper – continuó el señor Cullen, digo Emmett -¿Verdad que si? - se dirigió a su cuñado.

-Claro que si – me dijo el rubio, otorgándome esa sonrisa que en clases siempre me hacia sentir tranquila.

Volvieron al trabajo, y Alice me llevó a un estante lleno de jerseys y camisas manga largas.

-Bien, Carmen, Kate e Irina se ocuparan hoy de la tienda, así que por eso no debemos preocuparnos. Mientras tanto a nosotros nos espera un día de inventario, organización y devolución de mercancía. Que es algo que llevamos un tiempo atrasando – Asentí mientras ella continuaba – Por ahora dobla estos jerseys y colocalos en las cajas. El invierno ya terminó y dentro de poco dejará de hacer frío y no se venderán. Así que estos van para devolución.

-Muy bien – le dije, empezando con mi tarea.

Doblé y guardé los jerseys, hice la lista de todo lo que había en las cajas, y luego pasé a las camisas; cuando terminé Alice me pidió que la ayudase a clasificar los accesorios de la nueva temporada.

-Siempre es preferible que el color de los collares, las pulseras y los zarcillos coincida con el de la ropa. Pero hay colores que te dan la libertad de usarlos con todo como el dorado y el plateado – me dijo distraída, mientras organizaba unos collares.

-¿Cómo sabes tanto sobre éstas cosas, Alice? - pregunté curiosa, la mediana de los hermanos Cullen parecía una enciclopedia sobre el tema.

-Estudié para ello. Cursé la carrera de diseño de modas en la universidad, y después hice también un master de personal shopper.

-Vaya – dije admirada, con razón tenia ésta mega boutique tan exitosa.

-¿Si verdad? - dijo juguetona – Aunque la base la llevo en la sangre – ante mi ceja elevada, continuó – Mi madre me enseñó todo lo que hay que saber sobre los colores y las texturas.

-¿Ella también estudió diseño de modas?

-Casi, decoración de interiores. En lugar de vestir a las personas, se visten las casa – me dijo con una sonrisa pícara – No es muy diferente de lo que yo hago. Esme de..- pero no pudo seguir que su marido la interrumpió a mitad de la palabra.

-¿Te das cuenta, mi amor – le dijo, mientras dejaba en el suelo dos cajas con accesorios para el cabello – de que en éste momento podría estar todo sudado, jugando al baseball con tus hermanos?

-Culpa al mal tiempo por tu mala suerte – le contestó ella, dándole un beso en los labios, giré el rostro para darles intimidad, era un simple beso pero a kilómetros se veía cuanto se amaban – Piensa en la buena acción que estás haciendo ayudando a tu mujer y tu hermana. Además estando aquí en la tienda podemos controlar que Edward no vuelva a salir durante toda una tormenta.

-Tienes razón – calló unos segundos – Ni que fuera la primera vez que ocurre, y siempre vuelve a hacerlo – dijo un poco preocupado – Es como si no aprendiera la lección.

-Sabes que es más fuerte que él – susurró Alice comprensiva, pero aun así con la misma preocupación en sus ojos castaños claros, casi del color de la miel – Ésta semana ya lo pasó bastante mal porque no pudo ir el domingo y el lunes a causa de la fiebre.

Después se giraron a verme disimuladamente, como si solo entonces se acordaran de mi presencia, yo continuaba con la vista clavada en las pulseras que juntaba. No quería inmiscuirme en sus asuntos, pero se me hizo imposible no escuchar. Tenia una vaga idea de a dónde no había podido ir Edward esos dos días, o a dónde no iría hoy, pero ni modo que pidiese confirmación o aclaración, no tenia el derecho.

Aunque si que no pude evitar preguntarme dónde estaba Edward , Alice daba a entender que estaba aquí en la tienda, pero yo no lo había visto para nada desde que empecé a trabajar dos horas atrás. Aunque claro, también hay que señalar que no había salido del almacén, y que todo el establecimiento era bastante grande, por no decir enorme.

-Pero aquí estás sudando igual – le dijo lasciva Alice a Jasper, cambiando el tema de la conversación, pasando el dedo indice por la linea de la mandíbula de él - ¿Te he dicho ya que me resultas irresistible cuando estás así?

Él se acercó y le susurró al oído algo que provocó que ella se riera como una adolescente y asintiera. Después le dio un beso en la mejilla y se fue a seguir con las cajas.

Pasaron otras tres horas antes de que pudiera salir del almacén. Cuando llegó el medio día, Alice me dijo que por que no iba a comer algo, pero yo no tenia mucha hambre, así que solo tomé la barra de cereales que Emmett me ofreció.

Organicé y catalogué pantalones, etiqueté precios en los zapatos que saldrían a la venta la próxima semana, y guardé en las cajas cojines que irían a devolución por ser defectuosos. Pero a pesar del trabajo, lo estaba pasando muy bien ese día, no solo tenia una buena relación con mis jefas, sino que el señor Cullen y el señor Hale demostraban ser bastante agradables y simpáticos, y con las bromas y los chistes que decían, era muy fácil pensar en ellos como en Emmett y Jasper cuando no estábamos en el instituto. Hacia tiempo que no me reía como lo hice con los comentarios que hicieron cuando llegó la hora de catalogar la ropa interior femenina.

-Rose – la llamé después de terminar con las sábanas - ¿Qué más hay que hacer?, ¿Necesitas ayuda por aquí? - él pregunté, guardando las camisas de niño que ella había apenas doblado en los estantes.

-No Bella, no te preocupes que ya casi he acabado. Pero ahora que lo dices si hay algo que necesito que hagas.

-Dime – le dije, poniéndome a su disposición.

Ella me entregó unos papeles, reconocí la caligrafía del primero, era mi letra. Era la lista que había hecho sobre los zapatos que iba a ser devueltos, con sus respectivos códigos y precios.

-¿Puedes llevar éstas listas a la oficina?, tienen que ser registrados en los archivos.

-¿A la oficina? - pregunté dudosa y un tanto perpleja. Tenia entendido que solo Alice y Rosalie entraban en la oficina de la tienda, y bueno había visto a Edward entrar a buscar las facturas el martes; aunque claro él es el hermano de una de las dueñas. Rosalie asintió, riendo por mi expresión -¿Estás segura?

-Claro que si – aseguró con una sonrisa que me recordó que ella y Jasper son gemelos – En estos días has demostrado con creces que eres una digna persona de fiar. No estarías con nosotros haciendo el inventario si no pensáramos que estás capacitada – Sentí mi cara elevándose en temperatura por sus palabras.

-Gracias - susurré, ¿qué más podía decirle?

-No hay de qué. Ahora ve – se llevó las manos a los bolsillos de los pantalones buscando algo – Yo no tengo la llave, pero no te preocupes que Edward está dentro con el registro de los pedidos, así que solo llama a la puerta que él te abrirá.

¿Edward estaba en la oficina?, bueno eso explica dónde había estado todo éste tiempo. Tomé los papeles e hice lo que me pedían.

Cuando salí del almacén, vi que el temporal no había aminorado, la lluvia seguía golpeando fuerte en el techo y los ventanales de la tienda. Habían más clientes respecto a los pocos de ésta mañana, pero sin duda la cantidad era bastante mínima si se compara a los que hay en los otros días.

Noté a Jessica y Lauren en una esquina, que me veían maliciosas y se susurraban a los oídos y reían. Traté de no darles importancia. Ya bastante que tenia con las miradas asesinas que me lanzaban Carmen, Kate e Irina mientras yo atravesaba los pasillos. Yo tenia una relación de cordialidad con ellas, no eramos amigas pero si compañeras, pero hoy la cosa parecía haber cambiado. Podía entender la aversión que tenían hacia mi en estos momentos, después de todos yo era la nueva, y debe de molestar un poco que la novata tuviese autorización para hacer cosas que ellas no, pero yo no podía evitar ser buena en lo que hago.

Los ceños no mejoraron cuando me vieron llamar a la puerta de la oficina de la gerencia, ¿Había dicho ya que ni siquiera ellas podían entrar en la oficina? Las ignoré y clavé toda mi atención en la puerta que llamaba. Nadie la abría, volví a llamar otra vez un poco más fuerte, tal vez no me escuchaba. Solo después de la tercera vez la manilla se movió. Ya sabia por qué Edward no me escuchaba antes, tenia los auriculares de su iPod en los oídos (él y ese iPod plateado parecían una cosa sola), pero en cuanto me vio se los quitó y me miró sorprendido. Recordé las palabras de Jasper de antes, iban a ir a jugar al baseball porque Edward estaba vestido para jugar algún deporte.

-¿Bella? - me llamó con su aterciopelada voz- ¿Qué haces aquí? - preguntó incrédulo.

-Trabajo aquí, ¿recuerdas? - le dije riendo. Edward tuvo la decencia de sonrojarse por mis palabras y yo reprimí la risa que me provocaba su reacción, siempre me sorprendía lo adorable que se veía sonrojado, casi como un niño pequeño.

-Si, eso lo sé. Gracias – contestó sarcástico – Lo que quería decir era qué haces aquí en la oficina.

-Ah, Rosalie me pidió que trajera esto – le dije, levantando los papeles que tenia en la mano.

-Ah vale – se hizo a un lado, para darme el espacio para pasar – Entra, si quieres colócalos sobre la mesa.

-Por lo que he entendido, eres tú el que se encarga de todo esto. Así que supongo que te lo tengo que entregar todo a ti, ¿cierto?

-Así es – elevó un lado de la comisura de sus labios para regalarme una sonrisa, mis rodillas temblaron y apoyé disimuladamente la mano en la mesa para sostenerme, ¿qué me estaba ocurriendo? - Siéntate Bella, de repente te has puesto un poco pálida – me dijo preocupado.

-No, no es nada – le resté importancia al asunto con un gesto de la mano – pero sí que voy a aceptar tu oferta – después de todo, aun no había usado mis minutos de descanso hoy. Me senté en una de las dos sillas que estaban de uno de los lados del escritorio. Él fue a sentarse en la silla del otro lado, la que estaba en frente del ordenador, y continuó tecleando datos.

-Puedo siempre usufruir de tu compañía, me han tenido aquí encerrado desde las ocho y media de ésta mañana.

-¡Qué hermanos y cuñados tan malvados que tienes! - dije en broma, fingiendo horror, él solo rió y mi corazón se aceleró, lo ignoré y proseguí - ¿Cómo se atreven?

-Nah, no es tan malo al final. O me quedaba aquí o me iba con ellos al almacén, por lo menos de ésta manera nadie me atosiga. Pero admito que no sabia que tú también estabas, sino mi elección hubiese sido otra – susurró al final, lo dijo tan bajo que creo que hasta lo imaginé, pero ni me dio tiempo a procesar nada que siguió hablando – Y en el fondo me tienen aquí para mantenerme controlado.

-Si, otra vez la historia de estar siempre al pendiente del pequeño de casa – le dije con empatía. Suspiró con resignación antes de contestarme.

-Es lo que ocurre cuando después del nacimiento de tu hermana, le dicen a tu madre que no podrá tener más niños... Fui una verdadera sorpresa, además mi madre tuvo bastantes dificultades mientras me esperaba. Cuando era pequeño me llamaban el bebé del milagro, y siempre han sido todos un poco paranoicos con mi seguridad – Ahora era fácil entender la diferencia de edad entre Alice y Edward.

-Si, eso lo explica todo – le dije con una sonrisa.

Me sentí un poco extraña al caer en la cuenta de que Edward me había dicho algo personal, había notado que guardaba con bastante celo todo lo que tenia que ver con su vida privada. Eran contadas las veces que hablaba solo de él ; de hecho Edward sabia muchas más cosas de mi vida, que yo de la suya, el qué viniendo de mi, era mucho decir.

Él siguió con sus datos en el ordenador, al pasar de unos minutos dejó de aparte esas hojas, y me miró con sus esmeraldas.

-¿Esas son devoluciones? - apuntó a los papeles que estaban en el escritorio, en frente mio, esos que le traje antes, le asentí – Me los pasas, ¿por favor? - hice lo que me pidió y cuando él estiró el brazo para coger los papeles, las yemas de nuestras manos se rozaron y una pequeña descarga eléctrica me recorrió.

Retiré la mano casi enseguida, me sentía extraña, pero la sensación me resultaba agradable y conocida, aunque no recordaba cuando la había vivido antes. Por la confusión en el rostro de Edward comprendí que él también lo había sentido, pero visto que al parecer quería fingir que no había pasado nada, yo hice lo proprio.

Clavé la vista en la madera del escritorio, y una pila de papeles que no tenia nada que ver con la tienda llamó mi atención. La curiosidad ganó sobre mi, y antes de que me diera cuenta ya estaba leyendo la información escrita. AVANCES EN LA INVESTIGACION DE LAS CELULAS MADRE, decía el titulo, habían más de diez páginas impresas, con varios párrafos evidenciados en amarillo, y a los lados notas y apuntes tomados con la letra que reconocía ser la de Edward. Todo esto era increíble.

-¿Es tuya ésta investigación? - le pregunté sorprendida, y con un extraño calorcillo de orgullo recorriendo mi pecho al pensar en el intelecto de Edward. Él apartó la vista del monitor y se fijó en lo que tenia en las manos, y a qué me refería.

-Erm... Si, son míos – me dijo en un susurro un tanto avergonzado.

-Toda ésta información es increíble – le dije con admiración, leyendo por encima las palabras.

-Es para mi padre.

-¿Es algo que necesita para algún paciente? - pregunté, recordando que el padre de la familia Cullen es doctor. Él al principio pareció confundido por lo que había dicho, pero casi enseguida cambió la expresión a una máscara de serenidad.

-No, es más para satisfacer la sed de conocimiento.

-Vaya, de verdad que no sé qué decir. De seguro que eres un genio o algo por el estilo, porque tengo entendido que el mio es un QI medianamente alto, y no entiendo mitad de lo que dice aquí – bromeé

.Si, digamos que algo por el estilo. Parece ser que las neuronas que les faltan a Emmett y Alice, me sobran a mi – dijo en todo pícaro, mientras la puerta de la oficina se abría.

-Oh, eso duele hermanito – dijo Alice, llevándose una mano al pecho, fingiéndose ofendida.

-La verdad duele siempre hermanita – con el mismo tono de antes.

-Siempre te aprovechas de la debilidad que tenemos todos por ti – dijo ella exasperada, al tiempo que atravesaba al oficina e iba a posicionarse detrás de Edward ; posó un mano en la espalda de él, y se agachó para ver el monitor - ¿Cómo vamos? - le preguntó a Edward.

-Bien, ya terminé con la clasificación de los pedidos. Ahora voy a empezar con las devoluciones y he acabado.

-Que bueno cariño, ya en el almacén estamos casi listos, aquí están las otras devoluciones – le entregó otros papeles, y él le asintió tomándolos.

-Bueno, yo creo que ya debería volver – dije, haciendo ademán de levantarme.

-No Bella, éste debería ser tu descanso, hoy no has parado. Además ya no queda mucho por hacer, solo tenemos que limpiar y organizar un poco.

-Tranquila Alice, que en realidad ya han pasado los veinte minutos del descanso, así que es hora de que vuelva al trabajo.

Sin decir más me levanté y salí de la oficina, para afuera conseguirme con Irina que me miraba como deseando que sufriese una combustión espontánea aquí mismo. Problema suyo, tenia doble trabajo.

-Hola Bella – me saludó Lauren cínica, mientras me dirigía al almacén, ya entendía su juego. Aquí ella era la cliente y yo la empleada, así que era mi deber ser educada y estar a su disposición.

-Lauren, Jessica – les contesté, no aminorando el paso.

-¿Sabes?, me preguntaba dónde puedo encontrar ropa íntima sexy para una cita que tengo con Mike ésta noche – me preguntó Jessica con inocencia. ¿De verdad creía que me estaba provocando y me pondría celosa por sus palabras?

-Puede que tal vez en la sección que pone "Ropa interior" - apunté a lo evidente.

-Bueno, tal vez podrías ayudarme a escoger qué debo ponerme, tú debes de tener bastante experiencia en éste tipo de cosas – Ya no me gustaban sus insinuaciones insultantes, pero no iba a darles la satisfacción de caer.

-Lo siento, pero seguro que tu amiga Lauren te puede ayudar mejor que yo.

-¿Cómo te atreves? - me soltó ella, mostrando la reacción que buscaban en mi.

Estaba por contestarles, cuando Alice se me adelantó -¿Hay algún problema chicas?- preguntó acercando se a nosotras. Por el rabillo del ojo vi que la puerta de la oficina se cerraba una vez más y Edward iba en dirección a los lavabos.

-Pues si, ahora que lo dices Alice, si que tenemos un problema. Bella aquí presente se niega a atendernos, tienes que hacer algo con tus nuevas empleadas – le pidió Lauren, Alice ni se inmutó.

-Lo lamento Lauren, pero Bella está solo siguiendo ordenes, ella hoy está encargada solo del almacén, así que si necesitan ayuda vayan a pedírsela a otra de las chicas que están por la tienda. Vamos Bella – les sonrió a forma de disculpa y me tomó de la mano para llevarme una vez más al almacén.

-Gracias Alice – le dije sinceramente, mientras tomaba la escoba y empezaba a barrer el suelo – dos minutos más y puede que ésta vez si que le hubiese partido la cara – Ella rió por mi comentario, luego de repente se puso por completo seria antes de contestarme.

-No, gracias a ti Bella.

-¿Por cosa? - pregunté confundida

-Tú lo sabes mejor que yo – me guiñó un ojo, y se dio la media vuelta para seguir con la organización de la cajas que quedaban. Hacia mucho eso del guiño en el ojo.

Pasados unos minutos, escuché un traqueteo de zapatos en mi dirección, al levantar la vista me encontré con Edward. Él se me acercaba con un ceño preocupado en su rostro.

-Bella, ¿Podemos hablar un segundo? - me dijo serio, y eso me alarmó.

-Claro que si Edward, ¿qué ocurre?

-Quiero hacerte una pregunta, y me gustaría escuchar la verdad. ¿Me la dirás? -Yo le asentí – ¿Es cierto que en el instituto nadie te habla por defenderme?

-Si, es cierto - ¿qué caso tenia mentir?- ¿Cómo lo supiste? - habían pasado varios días desde entonces, que esperaba que Edward no se enterase.

-Lauren y Jessica tienen voces que es imposible ignorar – claro, ¿quién más podría ser? - Por eso me dijiste el otro día que ya era tarde para preocuparse por tu reputación estando en mi compañía – no era una pregunta, pero yo se igual manera le asentí – Lo siento muchísimo Bella, de verdad – susurró con remordimiento.

-¿Y tú por qué? - sus palabras me tenían bastante confundida, él no tenia por qué lamentarlo, lo ocurrido el lunes había sido decisión solo mía. Lo defendí porque era algo que quería y sentía que debía hacer.

-Si no hubiese sido por mi, no estarías en ésta situación.

-No digas eso, yo no me arrepiento. No soporto las injusticias y siempre hago lo posible para luchar por los principios en los que creo.

-Pero ahora nadie te dirige la palabra.

-Es gente con a que no merece la pena hablar. Además eso no es cierto, aun están Angela y Ben que me hablan. Y también estás tú, – sentía mis mejillas arder y vi en las de Edward un espejo de lo que me ocurría a mi – disfruto mucho más con uno de nuestros debates, que en cualquier conversación que pudiese tener con doce de nuestros compañeros – me mordí el labio inferior intentando hacerme callar, sentía que no podía parar de hablar.

-Yo también disfruto mucho de tu compañía – reconoció Edward con una sonrisa tímida.

-Lo único que lamento de todo esto Edward, es que ahora la gente está hablando no solo de mi, también de ti.

-Eso es lo que menos me importa, yo sé quién soy Bella, y también mi familia. Para mi eso es lo único que cuenta, todo lo demás son puras suposiciones.

- No sabes cuanto me alivia escuchar eso - Mi tentativo no dio resultado, y una vez más las palabras salieron sin que las pudiese controlar. - Además, ¿quieres saber una cosa? Si pudiese volver atrás, lo volvería a hacer, yo siempre apoyo a mi amigos.

-Hacia mucho que no tenia ningún amigo – dijo más para si mismo que para mi, era evidente que mis palabras le habían tomado por sorpresa.

-Comprendo que para ti sea algo nuevo, he podido entender que hace mucho que todos te excluyen en el instituto y... - pero Edward me interrumpió

-No han sido solo ellos. Ahora si, pero al principio, cuando todo ocurrió fui yo el que se apartó primero, ya no quería estar cerca de ellos, ya no me sentía tan cómodo como antes. Y en las tardes tenia cosas mucho más importantes que hacer que jugar con otros niños – Quería preguntarle a qué se refería, qué le había ocurrido, pero algo me decía que no era el momento – Pero contigo es diferente.

-¿Ah si? - pregunté esperanzada

-Si, siento que en ti sí puedo confiar, que eres... - se lo pensó un momento – Sí, tú eres mi amiga.

Esas simples palabras me hicieron sentir extraña, completamente feliz y extasiada, había logrado mi propósito, era amiga de Edward Cullen. Y sabia que todo lo que había ocurrido hasta ahora desde que llegué a Forks era lo correcto. Incluso muchos años después, jamás me arrepentiría de las decisiones tomadas.

Continuará...

He vuelto también aquí!, que alivio poder por fin escribir éste capitulo, lo tenia rondando mi cabeza desde hacia algún tiempo, pero espero que entiendan que mis exámenes eran más importantes... Lo anuncié en mi otra fic, pero por si acaso hay quien no la lee lo digo también aquí... Muchas gracias a todas las personas que me desearon buena suerte para los exámenes e reviews y PM... ¡He aprobado!

Bueno, ¿Qué piensan del cap?, espero que les guste porque las manos me duelen de tanto escribir :P... ¿Creen que merece un review, y que vale la pena continuar la historia?

Siguiendo el consejo de mi hermano, he decidido abrir una cuenta en twitter solo para hablar de mis fics, pueden buscarme si quieren para leer las actualizaciones de ésta y las otras historias o para decirme sus teorías ;)... O también para adelantarles las historias que tengo en mente para el futuro... el nombre de usuario es RosmarlinB

Besos a todos, Ros.