Hay pequeños particulares de ésta historia que están inspirados en un capitulo de la serie "Entre fantasmas" que lleva el mismo nombre de la fic. Ya saben que Crepúsculo no me pertenece para nada, aunque yo le pertenezca a Edward Cullen. Del resto, todo lo demás es mio.
Antes de empezar, quiero decir que comprendo que muchos de ustedes encontraran a Charlie un poquito fuera de personaje en éste capitulo, vale de acuerdo bastante fuera de su personaje. Pero tengan en cuenta que las circunstancias en la que se encuentran y las situaciones que ellos han vivido, no son las mismas que la de los personajes originales. Así que creo que es normal pensar que Charlie tenga una opinión diferente de Edward ;)
Cena.
- ¿Y de verdad que no has conocido a ningún chico que tenga interés en ti? - me preguntó Renée excéntrica desde la otra parte del teléfono – No es posible, eres guapa, inteligente y simpática, a éstas alturas deberías tenerlos a todos rendidos a tus pies.
-Que tú lo creas o no, es cierto mamá – no podía decirle que Mike había parecido tener un interés especial por mi en los primeros días, pero ahora hacia parte de esas personas que ya no me hablaban, porque aparentemente yo tenia una mente propria y no hacia parte de la colmena. Siguiendo todo lo que la abeja reina y sus secuaces pensaban – Y en tu opinión sobre mi, estás siendo parcial, cualquier madre pensaría lo mismo de su hija.
-Lo que tú digas cielo, no voy a discutir sobre esto. Tarde o temprano te darás cuenta de lo especial que eres – casi podía imaginármela poniendo los ojos en blanco, mientras hablaba – Pero dime que por lo menos has conocido a alguien interesante.
-Si, interesante si. – no pude evitar pensar en Edward mientras se lo contaba, la imagen de dos esmeraldas y un desordenado cabello cobrizo se presentó en mi cabeza – He hecho amistad con un chico que es increíble, es inteligente, culto, educado, divertido...
-¿Es guapo? - interrumpió Renée emocionada, ahora fue mi turno de poner los ojos en blanco.
- Si mamá, la verdad es que es bastante guapo. - Vale eso era un eufemismo, honestamente Edward era divino, pero ni modo que le dijera eso a Renée, si lo hacia no me dejaría más en paz – Pero no creo que tenga ningún tipo de interés particular en mi, somos solo amigos. - Y esto era cierto, y con eso ya me encontraba satisfecha, no había sido fácil ganarme su amistad.
-A mi me parece que pronto voy a recibir otra clase de noticia de éste chico – dijo enigmática.
En ese momento la puerta de la casa se abrió, anunciando la llegada de Charlie.
-Bueno mamá, te tengo que dejar. Que ya ha llegado papá.
-Vale cielo, hablamos pronto, saluda a Charlie de mi parte.
-Por supuesto, y tú a Phil.
Y con eso terminé la llamada y fui hacia la entrada a recibir a Charlie.
-Ah hola Bells – saludó en cuanto me vio, como lo hacia todas las noches desde que llegué.
-Hola papá – él se empezó a quitar el cinturón con la pistola – no, no. No te desvistas más, - lo detuve antes de que se pudiera iniciar a desabotonar la camisa, para quedarse con la camiseta blanca que llevaba debajo – que tú y yo nos tenemos que ir al super a comprar comida, está todo casi vacío. He tenido que hacer milagros para preparar la cena.
Charlie me miró como si le hubiese apenas dicho que iría a la orca.
-¿Tengo que acompañarte? - preguntó una octava de voz más alta -¿No se supone que ésta es de las cosas que tú prefieres hacer sola?
-Si, pero visto que se te olvidó dejarme dinero en la casa, necesito que vengas para que pagues. Así que éste será tu castigo.
Quería replicarme, pero sabia que lo había dejado sin argumentos, y además yo tenía razón, así que resignado salió de la casa después de mi, y cerró la puerta con llave. Decidimos ir con mi camioneta, o bueno mejor dicho lo decidí yo, porque de ninguna manera iba a ir por el pueblo con el coche patrulla del jefe de policía.
En el super ya tuvo lugar una campaña naval entre Charlie y yo a la hora de comprar la comida, no tenia ni idea de que mi padre fuese tan infantil en estos momentos. Con la cantidad de dulces, grasas y comida chatarra que quería comprar, me sorprende que no sufriese de colesterol antes de mi llegada, o que no tuviese sobre peso.
-No entiendo por cuál motivo tenemos que comprar tanta fruta y verdura y tan pocos dulces – se quejó Charlie, mientras guardábamos las bolsas del mercado en la parte posterior de la camioneta. Quise gemir de desesperación, era la quinta vez que estábamos teniendo ésta discusión.
-¿Y todavía lo preguntas? Además, cinco paquetes de rosquillas no me parece poco dulce – terminé con la última bolsa, y empecé a darme la media vuelta para llevar el carro a su sitio.
-Soy un policía Bella, se nos conoce por comer rosquillas.
-No sabia que estuvieses sujeto a esa clase de estereotipos – le dije empujando el carro, mientras lo escuchaba reírse a mis espaldas.
No tardé ni dos minutos en llevar el carro con los demás, pero para cuando volví a la camioneta, me encontré con que Charlie ya no estaba solo, y para mi mayor sorpresa estaba conversando con Edward. Éste venia con las mismas ropas con la que le había visto ésta mañana en el instituto y su mochila, también acompañado por su bicicleta.
-Si señor, en un mes – le dijo Edward a Charlie con un leve rubor en las mejillas, como si mi padre le hubiese dicho algo que lo avergonzase. ¿De qué estarían hablando?
-Vaya, si que pasa el tiempo. Aun me recuerdo cuando tu padre me dijo que venias en camino, nunca lo había visto tan emocionado y feliz, fuiste una sorpresa para todos... – dijo con una mirada nostálgica – Seguro que tu hermana te está preparando una de sus famosas fiestas.
-La verdad señor, yo espero que no. Porque de cualquier manera ella sabe que no asistiré, no me gustan las fiesta, y tanto meno si son para mi... - Bien otra cosa que apuntar a la lista de lo que tenemos en común, porque yo pienso lo mismo de las fiestas...
-Hola Edward – le saludé, en cuanto me paré a su lado. Él me miró sorprendido, como si no se hubiese percatado de que estaba cerca, pero enseguida me dedicó la misma sonrisa de siempre.
-Hola Bella – levantó la vista al cielo, para ver que el sol ( o lo poco que se veía de él en Forks) se estaba terminando de poner – Bueno, yo ya debería irme, que me están esperando.
Estaba por darse la media vuelta, cuando Charlie lo detuvo.
-Espera un momento Edward, - lo llamó, y Edward se volvió de inmediato - ¿Ya has cenado?
-No señor, me dirigía a la tienda de mi hermana porque dentro de poco va a cerrar y nos vamos a casa a cenar.
-Nada, lo decía porque Bella hoy no ha hecho nada para cenar porque no había comida en casa, culpa mía, olvidé dejarle el dinero y la pobre no pudo cocinar nada - ¿Que?, él sabia muy bien que había hecho la cena, se lo dije, ¿Qué estaría tramando? - Estaba por invitarla a cenar al restaurante del lado, pero en el fondo no tengo tanta hambre, y seguro que tú eres una compañía más divertida que éste pobre viejo. ¿Te gustaría ir a cenar con ella? Por supuesto todo corre por mi cuenta, solo tienen que decirle que me lo apunten - Le sonrió tratando de animarlo para que dijese que si.
Era impresión mía, ¿O Charlie estaba tratando de hacer de casamentero conmigo?, ¿Me había apenas organizado una especie de cita con Edward? Pensaba que Edward estaba por rechazar la oferta, pero contrario a eso, le sonrió a mi padre con entusiasmo.
-Para mi sería un placer. Además de la grata compañía, yo adoro el pastel de chocolate que hacen en ese restaurante. Solo pido que me den un segundo para llamar y avisar en dónde voy a estar.
-Perfecto – le contestó Charlie con una sonrisa, mientras Edward se alejaba con su móvil para llamar a su familia.
Le jalé del brazo para que se diera al vuelta, y pudiésemos hablar con privacidad, y así poder regañarle.
-¿Puedo saber qué estás haciendo?, en la casa hay para cenar y lo sabes de sobra... - le susurré.
-Relajate Bella, - me dijo con un tono despreocupado que no esperaba de él – eso lo sé, y esa será mi cena. Pero me gustaría que ésta noche salieras un poco para entretenerte, no has salido desde que llegaste, solo vas a clases y a trabajar. La única vez que recuerdo que hubieses salido por diversión fue cuando fuiste a la Push.
-Es lunes, mañana tengo clases.
-No vas a ir a una discoteca, solo a cenar. Tienes tiempo de sobra para volver a casa antes de la hora limite. Me habías dicho que Edward te caía muy bien, y que erais amigos. ¿O es que no quieres que te vean con él? - elevó una ceja mientras me preguntaba.
-¿Cómo crees?, por supuesto que me cae bien.
-Entonces todo resuelto – dijo, dando por finalizada nuestra conversación/discusión; sobre todo considerando que Edward ya había terminado con la llamada, y se dirigía hacia nosotros.
-Listo – nos dijo Edward a ambos - ¿Vamos? - me preguntó ésta vez a mi.
-Muy bien – accedí.
-No se preocupen que yo me llevo la camioneta – habló Charlie, tomando las llaves que yo le tendía – La distancia de aquí a la casa no es muy larga, no tienes problemas en volver a casa a pie, ¿Verdad Bella? - Yo le negué, porque vamos a ver ¿a éste punto, qué más podía decir o hacer?.
-No se preocupe jefe Swan, yo personalmente acompañaré a Bella después de cenar – le dijo Edward seriamente y tengo que reconocer que inspiraba bastante confianza con sus palabras y su semblante. Podía ver cómo tenia a Charlie comiendo de la palma de su mano.
-Tranquilo Edward, que yo me fío de ustedes. Quiero solo que vuelvas a casa temprano, no me gustaría recibir una llamada en la madrugada de tu familia, que tienen una crisis nerviosa porque no saben en dónde te encuentras. Con el susto que nos hiciste pasar a todos la última vez, ya tuvimos suficiente para el resto de nuestras vidas – habló Charlie, pero en cuanto se dio cuenta de lo que había dicho, adoptó una expresión apenada. Mientras tanto en Edward sus palabras habían hecho que su semblante se volviese sombrío y triste – Yo... lo siento mucho Edward. No... - pero no pudo seguir que Edward levantó su mano y le sonrió de forma tranquilizadora.
-Sé que no lo ha hecho a propósito, no ha pasado nada – le aseguró. Después, antes de que ninguno de los dos pudiésemos decir algo más, se giró hacia mi y me sonrió, yo solo sentía mis piernas temblar - ¿Nos vamos Bella? - preguntó de nuevo. Le asentí sin insistir más, y nos encaminamos al restaurante al lado del super, saludando con un gesto de la mano a Charlie.
Sabia que había algo que ellos sabían y yo no, habían tenido una especie de conversación privada en mi presencia y yo no tenia ni idea sobre qué. Pero algo me decía que no debía impacientar, un sexto sentido me aseguraba que pronto descubriría toda la verdad que se escondía detrás del misterio que era Edward Cullen.
Al entrar en el restaurante, me invadió el típico olor a comidas de diferente tipo, evidencia clara de que en ese lugar, solo en el día de hoy, seguramente se habían servido comidas al horno y fritas, carnes, pescados y verduras, sopas y dulces. Tuve una extraña sensación de familiaridad con el lugar, y no porque hubiese venido a cenar aquí en mi primera noche en Forks unas semanas atrás, sino por el hecho de que estando con Edward hizo que me sintiese como en un déjà vù.
Cuando tomamos nuestro lugar, la mesa que se encontraba en frente nuestro, en la otra esquina del restaurante, hizo que comprendiese el por qué. "...yo adoro el pastel de chocolate que hacen en ese restaurante". Había dicho Edward antes, claro éste era el restaurante de mi sueño, en el que había conocido a Edward por primera vez cuando ambos teníamos cuatro años, y la mesa que yo veía, era aquella en la que habíamos cenado.
-¿Te encuentras bien? - me llamó Edward, sacándome de mi estupor observando la mesa.
-Erm... Si, claro. Es solo que estaba pensando en una cosa – reconocí, decidida a descubrir si eso que había soñado había sido de verdad un recuerdo (como yo fuertemente creía y esperaba), o solo un simple producto de mi imaginación.
Llegó la camarera a traernos el menú y preguntarnos si ya sabíamos lo que queríamos tomar, después de que yo le dijese coca cola, y Edward un agua, se fue una vez más, permitiéndome seguir en mi "investigación".
-¿En qué estabas pensando, si puedo saberlo? - me preguntó Edward después de un segundo.
-Claro que puedes saberlo, - le aseguré – pero antes me gustaría hacerte una pregunta para que puedas entender todo el cuadro. Sé que es una pregunta un poco extraña e impertinente, pero te aseguro que tiene un por qué.
-¿De qué se trata?
-¿Te rompiste una pierna y un brazo cuando tenias cuatro años?
Él me miró extrañado antes de contestar.
-¿Cómo lo sabes?, no recuerdo habértelo dicho. ¿Te lo ha contado Alice, verdad?, al fin y al cabo fue culpa suya.
- Entonces sí era cierto... - dije para mi misma triunfal, pero Edward me escuchó.
-¿Qué es cierto? - preguntó aun más confundido.
-Tú y yo nos conocimos cuando teníamos cuatro años – le conté, y me miró todavía más extrañado – fue durante las navidades que pasé aquí en Forks junto a mi padre, el mismo día que tú te caíste, nos conocimos en éste mismo lugar, en aquella mesa – le apunté a dónde me refería.
Él se giró a mirar la dirección que indicaba mi dedo, y se quedó pensativo durante un momento, procesando mis palabras.
-Me acordaba de un niña que conocí el día que me caí, con la que hablé bastante y al final le pedí que firmara mis yesos, pero no sabia que eras tú – admitió como avergonzado por ese hecho, y con el típico rubor tiñendo sus mejillas. Empezaba a conocerlo, y sabia que de verdad se sentía mal por no haberme recordado.
-No pasa nada – le quité importancia – La verdad yo tampoco me acordaba de nada, incluso menos que tú porque ni siquiera del evento en sí. Unas semanas atrás soñé con esa noche, y después de un poco llegué a la conclusión de que en realidad era un recuerdo, pero necesitaba una confirmación – expliqué.
Volvió la camarera de antes para pedir nuestras ordenaciones, y caí en la cuenta de que ni había visto el menú durante toda la conversación, así que pedí lo primero en lo que se fijaron mis ojos, una simple ensalada César, en cambio Edward pidió una lasagna.
-Así que ya nos conocíamos... - comentó como si nada cuando la camarera se fue...
- Pues si – dije, no sabiendo muy bien que se esperaba que le contestara.
-La verdad, es una lástima que no vivieses en Forks en la época, hubiésemos sido amigos desde entonces, y sin duda yo habría sido un mejor amigo de lo que lo soy ahora. – quería replicarle, pero él siguió hablándome, sin darme la oportunidad de interrumpirle – Todo era mucho más fácil entonces, las cosas eran menos complicadas.
-Las cosas cambian mientras crecemos...
-Cierto, recuerdo que me lo decían cuando era pequeño, pero hasta que las cosas no cambiaron de verdad, nunca entendí a qué se referían...
-Si, - coincidí con él – siempre es difícil crecer. Imagino que para ti fue extraño ser el único niño con dos hermanos que ya eran casi adultos, y que ellos trajeran a dos extraños a la familia.
Se mordió el labio inferior en un gesto de concentración.
-No, Jasper y Rosalie son el mejor cambio de todos lo que han habido en mi vida, desde el primer día fue como si tuviese otros dos hermanos mayores, y para ellos fue igual porque a ambos les gustan los niños pero no tienen ningún hermano menor. Creo que desde que me vieron se sintieron protectores conmigo.
-¿Cuántos años tenías cuando se conocieron con tus hermanos? - pregunté curiosa, dándome cuenta de que él había dado a entender que aun era un niño a la época.
-Nueve años – rió un poco al ver mi expresión asombrada, pero siguió hablando – Jasper era el compañero de habitación de Emmett en la universidad y por él conoció a Rosalie. Inútil decir que entre ella y mi hermano hubo una atracción física inmediata y al poco tiempo se hicieron novios. En acción de gracias vinieron a pasar las fiestas aquí en Forks con nosotros. Jasper y Alice se enamoraron desde el primer momento en el que se vieron, incluso más rápido que Emmett y Rosalie.
No pude evitar que mis ojos se achicaran por la curiosidad, Edward lo comprendió y prosiguió con su historia.
-Apenas los tres se bajaron del coche, Alice ni se molestó en ir a saludar primero a Emmett. Se fue directamente hacia Jasper y le dijo "Me has hecho esperar demasiado", todos nos quedamos un poco extrañados por lo que decía, pero contrario a lo que nos esperábamos, Jasper le sonrió a mi hermana, tomó su mano y la besó y le dijo "Mis disculpas señorita".
Estaba muy conmovida por lo que escuché, un encuentro así entre dos enamorados era algo digno de hacer parte de las historias de grandes de romanticismo como Jane Austen, Emily Bronte o su hermana Charlotte.
-Si, en mi familia son siempre épicas las historias de amor, es una tradición que empezaron mis padres. – carraspeó un poco la garganta, antes de continuar – En fin, desde entonces Jasper y Rosalie han formado parte de ésta familia, también porque nunca habían tenido una de verdad.
"No te metas en asuntos que no son tuyos" me repetía una y otra vez, pero no podía evitar que me intrigara todo lo que me decía.
-No sé si me corresponde a mi decirlo – siguió Edward – pero ellos nunca tuvieron una verdadera relación con su padre, después de que su madre muriera cuando ambos eran pequeños y él los mandara a estudiar a un internado. Cuando se casó con una mujer que era mucho más joven, él se desentendió todavía más de sus hijos. Tengo entendido que cuando ella descubrió que no podía tener niños, les tomó rabia a los hijos de su marido y se las arregló para que ellos y su padre fueron como extraños.
Que triste, eso estaba mal. Yo había vivido muchos años separada de Charlie, pero aun así no me imaginaba la idea de no tener ninguna relación con él.
-Tranquilo – le aseguré – que si se da el caso, no les diré jamás lo que me has contado.
-Gracias – me dijo sincero, al tiempo que llegaban nuestros platos.
Después de eso el tema de conversación cambió, me volví el centro de éste. Edward sabia que vivía en Phoenix antes de venir a Forks, que vivía con Renée, y que unos meses atrás se había casado con un más joven Phil. Que su nuevo y flamante marido es un jugador de baseball de la liga menor, y que cuando me di cuenta que ella quería viajar con él por el país, yo comprendí que era el momento de hacerme de aparte y venir a pasar un poco de tiempo con mi padre. ¿Ahora se entiende cuando digo que Edward conoce más de mi vida que yo de la suya?
Hoy le estaba contando que cuando era pequeña, vivíamos también con mi abuelita Marie, pero cuando yo tenia 12 años ella murió de un infarto en el sueño. Hasta entonces era mi abuela la que se encargaba, pero después de eso tuve que aprender a cocinar para nosotras. Renée podía ser fantástica, y sin duda la consideraba más mi mejor amiga que mi madre, pero si había algo que ella no sabia hacer era cocinar.
-¿Velas de chocolate? - preguntó Edward incrédulo con un esbozo de sonrisa, al tiempo que se llevaba un bocado de su pastel de chocolate a la boca. Mientras yo le contaba de aquella ocasión en la que, como sorpresa para mis 15 años, Renée intentó preparar un plato que sería considerado como Gourmet, inútil decir que todo el hecho terminó bastante mal.
-Si, es tan extraño como suena. No me preguntes cómo es posible, visto que ella asegura que no ha sido culpa suya, pera las velas terminaron sabiendo más a cera que a chocolate – conté con dramatismo.
Su cuerpo empezó a temblar como si sufriese de convulsiones, apretó los labios en una linea fina, y cerró los ojos para tratar de respirar con calma. Cuando eso no pareció dar resultado, se llevó la mano a los labios para cubrilos.
-No... debería – dijo con dificultad, no aguantando más la risa – No está bien que me ría de los demás...
- Adelante – le autoricé, y con un gesto de la mano le resté importancia al hecho de que estaba a punto de explotar de la risa a causa de algo que mi madre había hecho años atrás – A ella no le molestará, es la primera que ríe como una desequilibrada, cuando sale a relucir le tema de sus fracasos culinarios.
Después de que mis palabras le aseguraran que no pasaba nada, empezó a reír a carcajada limpia, con una risa espontánea y contagiosa, había una pizca de liberación en ella. Varias de las personas a nuestro alrededor empezaron a fijarse en nosotros, pero a mi no importó. Estaba cautivada por esa risa, completamente hipnotizada, sin que yo lo supiese mi corazón y mi respiración se detuvieron. Durante un segundo en el que fue capaz de parar, él se giró para verme con una mueca de disculpa, necesité un solo vistazo a sus esmeraldas llorosas por la risa, para que yo misma iniciase a reír sin poder controlarme.
Y así estuvimos por dos minutos, riéndonos tanto que nos terminó doliendo la tripa, y creo que incluso hubo un pequeño momento en el que ninguno de los dos se acordaba más del motivo que nos había llevado a ésta risa histérica, porque al final seguíamos solo al ver que el otro no podía parar.
-Tengo que ir al lavabo – dije al cabo de un poco, dos Coca colas y media, y toda esa risa sin duda ocasionarían la misma necesidad biológica en cualquier mujer – Si quieres, puedes decirle a la camarera que la cena va a la cuenta de mi padre, así cuando termine nos podemos ir.
Él me miró como si yo le hubiese apenas dicho que el cielo era de color rosado, que el Renacimiento vino antes que la Edad Media, y que el intelecto de Albert Einstein estaba sobre valorado; todo eso al mismo tiempo.
-Bella, no seas ridícula – me regañó, mientras se levantaba de la silla y del bolsillo posterior derecho de sus pantalones sacaba su billetera.
-Edward no, no puedes pagar tú cuando fue mi padre quien te invitó. Esto fue idea suya, así que es justo que al final sea él quien nos pague la cena.
-El jefe Swan propuso solo la idea, pero cuando yo estuve de acuerdo en venir contigo a cenar, me parece que es más que evidente que te estaba invitando YO.
-Pero... – empecé a replicar, pero Edward levantó la mano para interrumpirme.
-Mis padres me educaron para que trate a las mujeres con respeto Bella, que yo permita que la chica con la que he cenado pague ella, o peor aun su padre, sería ir en contra de todos lo valores que ellos me enseñaron. Así que dejalo estar, que no vas a ganar ésta noche, no importa qué tan cabezota eres.
-Muy bien – suspiré resignada, admitiendo la derrota – Ésta vez lo voy a dejar pasar, pero la próxima no te salvas de que invite yo – dije con resolución, antes de caer en la cuenta de lo que había apenas dicho.
… Un momento... ¿Acababa de insinuar que esperaba que nuestra especie de "cita" (si se le puede llamar de esa manera), se repitiese en el futuro? Si Edward comprendió que lo había dado a entender, no dio signo de ello. O quizás simplemente no le importó. Después de una esporádica sonrisa, se dio la media vuelta para dirigirse a la barra y pagar nuestra cena. Mientras yo lo veía alejarse, empecé a sentir mi rostro en llamas, claro signo de que mis mejillas se estaban volviendo del mismo color que una langosta. Así que me dirigí lo más pronto posible hacia los servicios, teniendo mucho cuidado de no tropezar. También cuando recordé que tenía de verdad ganar del ir al excusado.
Al volver a la mesa, me encontré con que Edward ya me esperaba en la entrada, con la mochila en un hombro, las manos en los bolsillos y una expresión tranquila en su rostro. No parecía notar la mesa llena de nuestros compañeros de instituto que pasaban la vista de él hacia mi, y murmuraban entre ellos. Aunque los había reconocido, no tenia ni la menor idea de sus nombres, pero era evidente que ellos si que sabían los nuestros. Sin darles más importancia de la que se merecían, pasé por su lado indiferente para dirigirme hacia Edward. Llegados a éste punto, ¿qué más daba un rumor más o uno menos?
-¿Ya está? - le pregunté en cuanto llegué a su lado. Me asintió. - ¿Me dirás por lo menos cuanto ha sido, así te puedo pagar la mitad?
Él soltó una risilla por mis palabras, pero ni se molestó en contestarme. Solo se dio la media vuelta y salió del restaurante. A mi no me quedó más remedio que seguirlo, mientras alzaba la vista la cielo exasperada ¿Y la gente después decía que yo era la cabezota?. Edward se dirigió hacia el faro de luz en el que antes había dejado encadenada su bicicleta, sacó un conjunto de llaves de su bolsillo y usó una de éstas para abrir el candado de las cadenas, mientras tanto yo no hacia más que observar. Cuando ya había guardado las cadenas en la mochila, empezó a empujar la bicicleta y ambos nos empezamos a encaminar en dirección de mi casa, que estaba a solo dos manzanas de aquí.
-¿Supongo que te has dado cuenta de que al final yo sí que había preparado la cena? - pregunté de repente. No sabia de dónde había salido eso, pero sentía la necesidad de que él lo supiese, aunque tal vez era que me gustaba solo escuchar el sonido de su voz. WOW , no en serio ¿De dónde había salido eso?
-O si – dijo en un tono irónico – me temo que era demasiado evidente. El jefe Swan no miente tan bien como a él le gustaría creer. - Si, siempre he sabido de quien había heredado mi falta de capacidad para mentir.
-Seguro que lo ha hecho para tenerme lejos de casa ésta noche mientras veía el partido – o eso, o simplemente quiso jugarnos alguna especie de broma.
-¿Qué partido? - preguntó genuinamente curioso.
-No lo sé, ¿no hay siempre un partido en la tele? - contenté mordaz.
-Si, creo que si – dijo con una sonrisa – Pero en eso no estoy tan informado como mi hermano y Jasper, yo solo sigo los que me interesan. Son ellos los que no hacen ninguna clase de distinción a la hora de ver deportes.
-Al igual que mi padre.
- Pero al final no mi importa la mentirijilla, - susurró tímido – lo he pasado muy bien contigo ésta noche.
-Si, yo también – coincidí.
Edward se detuvo junto con su bicicleta y yo seguí caminando. Cuando me giré para ver por qué había parado, me di cuenta de que ya habíamos llegado a mi casa. La camioneta roja y el coche de policía estaban aparcados a solo unos pasos a mi izquierda. La casa estaba detrás de nosotros, y se veía una tenue luz proveniente de la sala de estar. Seguramente de la televisión. Que pronto habíamos llegado.
-Bien, como le he prometido al jefe Swan, sana y salva en tu casa – comentó Edward con un lado de sus labios elevándose más que el otro.
De repente me sentí un poco intranquila al caer en la cuenta de una cosa. Giré la vista al reloj de mi muñeca para ver la hora, eran las nueve y media de la noche. Vale, de acuerdo que en realidad no era tan tarde, y yo no sabia en dónde vivía Edward, a lo mejor y no era tan lejos. Pero no me gustaba la idea de que volviese solo a su casa en su bicicleta, no importa que tan bajo sea el indice de delincuencia en Forks, eso no impedía que mi instinto de sobre protección golpeara.
-¿Quieres que te acompañe hasta tu casa con la camioneta?, tardo solo el tiempo en ir a buscar un momento las llaves y nos vamos – le sugerí.
-No va a ser necesario, en unos minutos vienen a por mi – al ver mi expresión confundida, esbozó una sonrisa irónica - ¿De verdad pensabas que me iban a dejar volver a casa así por así? Cuando llamé para avisar, quedamos, o mejor dicho ellos decidieron, que al finalizar me pasarían buscando a tu casa. Yo lo único que tenía que hacer era hacer una llamada perdida a mi casa unos veinte minutos antes, así les daba el tiempo para llegar.
-¿Cuándo hiciste la llamada?
-Mientras estaba pagando – cuando terminó de hablar, me cegaron un poco los faros de un coche. Después que éste se aparcara al lado de la acera, lo reconocí como el jeep de Emmett (al final si me había acostumbrado a pensar en ellos por sus nombres de pila cuando no estábamos en el instituto), pero no era él quien conducía, sino Jasper – Bueno, mi carruaje ha llegado – bromeó Edward.
Mientras hacía lo que hice, empecé a creer que de alguna manera había algo diferente en mi cena. Quizás un producto químico nuevo en las Coca colas, o algún ingrediente caducado en la ensalada César. Algo que me había hecho daño. El punto era que necesitaba una explicación razonable para justificar mi comportamiento.
Sintiendo mi cuerpo funcionar en piloto automático, di un paso hacia adelante para acercarme a Edward, me había puesto de puntillas con la simple intensión de depositar un casto beso en su mejilla a forma de despedida. Al fin y al cabo, eso es algo que se hace entre amigos, ¿cierto?. Pero quizás Edward había tenido la misma idea, porque en el último momento él giró la cara y el beso fue a parar directamente a sus labios.
No fue un beso épico de esos que se dan en las películas, vamos si ni siquiera duró más de dos segundos, pero aun así sentí una descarga eléctrica recorrer todo mi cuerpo, partiendo de los labios. Era esa sensación que se me empezaba a hacer bastante familiar, y que ya sabia que ocurría solo cuando entre Edward y yo había alguna clase de contacto físico.
Nos alejamos enseguida cuando volvimos a la realidad, o por lo menos así fue para mi. Edward me miró sorprendido, sus ojos se habían abiertos como platos, tenia los labios entre abiertos, y sus mejillas se estaban empezando a teñir de un rubor casi escarlata. Estaba consciente de que mi expresión tenia que ser exactamente la misma.
-Bue-bueno Bella, n-nos vemos mañana – tartamudeó Edward en un susurro.
-Si – fue lo único que conseguí decir.
Y así sin más, me empecé a alejar de él. Eché un último vistazo en su dirección para comprobar que estaba guardando su bicicleta en el maletero del jeep. Y entré en la casa, tratando de no pensar en lo que había apenas ocurrido.
Continuará...
Pues si que han tenido suerte, porque éste capitulo estaba en realidad previsto para ser publicado el domingo, pero cuando me puse a escribir unas horas atrás, no pude parar hasta que no lo terminé. Y como han sido todos tan maravillosos conmigo con esos reviews, me dije a mi misma que se merecían que lo publicara hoy mismo.
Ya no falta para que se descubra toda la verdad, si todo va bien para el siguiente capitulo ;)...
Bueno ya saben cómo me gusta a mi saber lo que ustedes opinan de mi historia, me están empezando a malcriar, porque poco a poco yo también me estoy volviendo de las que dicen que mientras más reviews me dejen, menos voy a tardar en actualizar... así que ya saben lo que hay que hacer :P
Besos, Ros.
