No quiero sonar pretenciosa, pero sé lo que somos, Touma. Juntos y como individuos. Amo estudiar y soy buena en ello, así que no era ninguna sorpresa verme ser la mejor de mi clase, tampoco el hecho de que contábamos con medios para que yo no pasara ninguna estrechez. Así que incluso me daba el lujo de adelantar materias. Siempre me causó gracias como los estadounidenses asumen que ser oriental te hace un genio por default. Más de uno de mis compañeros recibía con decepción la noticia de que era una mujer casada. Recuerdo lo mucho que eso nos divertía a los tres.
Todo eso sólo era posible gracias a Kitazawa. Él era una persona muy amable, desde el principio impresionó a Eiri con sus historias y su charla sobre libros. Mi hermanito soñaba con ser escritor, Yuki lo llenaba de referencias y conocimientos literarios que los volvían loco. Podía dar la impresión de que era demasiado para un chico de su edad, pero Eiri era demasiado listo. No confiamos en el tutor de inmediato, pero Yuki cuidaba tan bien de Eiri, era tan amable y educado que poco a poco se volvió parte de la familia también. Pronto ya eran mejores amigos. Yo estaba muy celosa de su cercanía con mi hermanito, sé que tú también. No obstante, no dijimos nada, la felicidad de Eiri era lo más importante para nosotros.
Finalmente, logré graduarme de la universidad y con honores. Ese fue uno de los días más felices de mi vida, tú y Eiri estaban a mi lado. No había nada más que yo pudiera desear. Por esas mismas fechas nos llegó la noticia de la boda de tu hermano, debo confesar que sólo su recuerdo me estremecía de miedo, los fantasmas del pasado son muy difíciles de erradicar. Tenía una noción de eso, pero jamás sospeché la mortal herida que nuestra familia estaba por recibir.
