Antes de empezar, tengo una especie de mala noticia que dar : me estoy cambiando de apartamento, y estoy bastante ocupada con la mudanza. Y por si eso fuera poco, en unos días me van a cortar la conexión a Internet para cambiarla al piso nuevo. Así que no sé para cuando será la próxima actualización, yo espero a lo más tardar dentro de tres semanas, pero como siempre no prometo nada ;)...

Hay pequeños particulares de ésta historia que están inspirados en un capitulo de la serie "Entre fantasmas" que lleva el mismo nombre de la fic. Ya saben que Crepúsculo no me pertenece para nada, aunque yo le pertenezca a Edward Cullen. Del resto, todo lo demás es mio.

Caída.

Terminé de empujar la puerta con mi espalda, de repente en los últimos dos segundos se había hecho demasiado pesada. Después de eso me tuve que apoyar a ella para no caerme, sentía mis piernas temblar y que mis rodillas estaban a punto de ceder. Me acerqué instintivamente los dedos a los labios para rozarles, y me di cuenta que no solo mis piernas estaban temblando, también mi mano. ¿Qué acababa de ocurrir? No me lo podía creer, quiero decir, no había sido planificado ni nada por el estilo. Y la verdad es que había sido un simple roce de labios, ni más ni menos. Pero había sido un beso al fin y al cabo, mi primer beso, y con Edward...

No sabría decir con sinceridad cómo me sentía en éste momento, mi cuerpo era un aglomerado de emociones todas juntas, que me costaba distinguir entre ellas. Por una parte me sentía relajada, casi sin fuerzas, como si mi cuerpo estuviese bajo anestesia; y por otra estaba frenética, mi mente corría a una velocidad de mil por hora, esa pequeña descarga provocó que mis neuronas se activaran y no tuvieran intensión de parar por el momento.

-¿Bella, eres tú? - escuché que me llamaba Charlie desde la cocina.

"No, soy Campanilla"

-Si, papá soy yo

La verdad, me parecía inútil hasta contestar, ¿Quién más podría ser según él?, pero bueno, tanto valía complacerlo.

Obligué mis piernas a sostenerme y mi cuerpo a apartarse de la puerta para ir hacia la cocina. Todavía sentía débil mis extremidades, pero con bastante esfuerzo lo conseguí. Me encontré con Charlie que estaba calentando un plato de pasta en el microondas.

-¿A ésta hora es que estás comiendo?, me parece ya un poco tarde – pregunté un poco ausente.

-La verdad es que es mi tercer plato, - reconoció un poco apenado - ¿Qué? - preguntó a la defensiva, pensando que lo iba a reprender – Está demasiado bueno. Lo malo de todo esto es que me temo que no te dejé nada. Espero de verdad que hayas comido en el restaurante.

-Si tranquilo que me comí una ensalada César – la cual, si tenia que ser honesta, tenia la impresión de que sería regurgitada en un futuro cercano a causa del revoloteo en mi estómago. Pero Charlie no tenia por qué saber eso.

-¿Y cómo te fue en la cena? - preguntó quizás un poco demasiado interesado.

"De maravilla, tanto que al final terminamos la velada con un beso, ¿Qué te parece esa respuesta?"

-Bien, pero al final Edward no te dejó pagar, y pagó él.

-Si, ya me lo esperaba. Ese chico es todo un caballero, han hecho un optimo trabajo con él.

Tenia un extraño brillo que parecía de orgullo en los ojos, y si toda ésta situación ya no me pareciese lo suficientemente extraña, y no tuviese la cabeza en otro lugar, creo que le preguntaría a Charlie si lo que pretendía era venderme a Edward Cullen como si fuese un coche, porque no hacía más que alabarlo y realzar sus cualidades.

-Bueno, yo me voy a la cama – le dije saliendo de la cocina, caminando en dirección a las escaleras – Que disfrutes de tu cena...

-Espera un momento Bells – me detuvo, me giré para ver qué era lo que quería decirme – Poco antes de que llegaras llamó Billy, mañana es su cumpleaños y han organizado una reunión en La Push para celebrarlo. Y obviamente nosotros estamos invitados.

-No sé si voy a poder ir, recuerda que yo mañana trabajo.

-No hay problema, es una cena. Así que en cuanto salgas de la tienda te puedes ir directamente a La Push, nosotros nos vemos allá.

-Muy bien, entonces mañana tenemos fiesta, y no me toca cocina la cena – le dije fingiendo entusiasmo con un pelín de sarcasmo, él solo rió por mis palabras – Ahora si me voy a la cama – empecé a subir las escaleras - ¿Hay algo más que tengo que saber?

-No, hasta mañana Bells

-Hasta mañana papá

En cuanto terminé con mi rutina de aseo nocturna, y comprobé que tenía en la mochila todo lo que necesitaba para mañana, me acosté en la cama y cerré los ojos, dispuesta a dormirme a la primera y a no pensar en nada más hasta el día siguiente.

Demasiado ilusa.

Esa fue una noche de pasala-mirando-las-grietas-del-tejado-toda-la-noche. Solo que no había grietas en el techo de mi habitación, así que me dediqué a mirar la oscuridad y a dejar que mis pensamientos, y la memoria de lo que ocurrió ésta noche consumieran mi mente.

No tenia ni idea de como iba a cambiar esto nuestra amistad, o si de verdad sería tan importante para él como para cambiarla ¿Por qué se tuvo que girar en el último momento?, había sido un error que no pudo controlar, eso es todo. Así que quizás la consecuencia de ese acto también sería una equivocación sin importancia. Pero la pregunta que llegó a mi mente después de eso fue : ¿De verdad quería que ese pequeño beso pasase al olvido?

No estaba muy segura de la respuesta, pero en mi interior sabia que me decantaría por la negativa. Sin darme cuenta de ello, Edward se había terminado volviendo una parte importante, sino esencial en mi vida. Y aunque no estaba por completo segura de lo que significaba eso, si sabia que lo que sentía por él iba más allá de la simple amistad. No sabia si era amor, pero como yo nunca había estado enamorada, no tenia nada con lo que compararlo...

Edward activaba todos mis sentidos de protección, incluso a pesar de que era ya un joven adulto, y que seguramente sabia defenderse él solito. No podía evitar la necesidad de cuidar de él que corría por mis venas cada vez que lo tenia en frente, o escuchaba a alguien hablando mal de él, como ya me había ocurrido. Su inteligencia estimulaba la mía, nuestras conversaciones siempre me llevaban al limite, porque me hacían dar lo mejor de mi misma para poder estar a su nivel, y eso me gustaba. Y por sobre todo esto, me agradaba esa aura que se creaba y nos rodeaba cuando estábamos los dos solos.

Lentamente la oscuridad fue dando paso al alba, y la hora de levantarse había llegado. Pero lo curioso de todo era que a pesar de la noche en vela, yo no me sentía cansada. Mi mente no había dejado de correr a velocidad supersónica durante éstas horas, y parecía no tener intenciones de hacerlo por el momento.

Sin prestar mayor atención a lo que hacía, me levanté, me duché, me vestí, desayuné y salí de la casa. Vamos lo que me hace todas las mañanas. Hoy tenia dos exámenes, y no estaba dispuesta a permitir que mis pensamientos disturbaran mi vida académica.

La primera parte de mi día pasó sin más inconvenientes. Literatura fue una hora libre, porque la profesora no se presentó, y Angela y yo tuvimos la oportunidad de platicar, me trajo un libro que me había recomendado la semana pasada y que prometí entregarle en cuanto lo terminara de leer. Hice el examen de álgebra sin ninguna dificultad y en francés me desconecté en un par de ocasiones de la lección sin que se me notase.

Pero los nervios volvieron al ataque cuando llegó el momento de ir al gimnasio a la hora de educación física. Y no necesitaba recordar que ésta era una de las dos lecciones que compartía con Edward, para comprender el motivo de mi inquietud.

E incluso, a pesar de que no habíamos coincidido en ningún momento visto que la clase había sido dividida en hombres y mujeres para jugar, podía sentir su mirada sobre mi en todo momento. Yo trataba de evitar sus esmeraldas lo más que podía, pero un escalofrío recorría mi cuello cada vez que sabia que me observaba.

Cuando al terminar la hora, salí de los vestuarios y no me encontré con Edward que me esperaba como ya era nuestra costumbre para ir a la biblioteca. Así que el camino tuve que hacerlo sola. Pero sí que lo encontré ya sentado en nuestra mesa de siempre con sus partituras, componiendo algo frenéticamente. Inspiré hondo para infundirme valor antes de empezar a andar. Me sentía como si fuese de camino a la guerra o algo por el estilo.

"Vamos allá"

Yo no era una cobarde y ciertamente no tenia intenciones de empezar ahora.

-Hola Edward – Saludé con un tono informal en cuanto me senté en la silla.

-Hola – Me contestó él en un murmullo, sin parar ni un segundo de su trabajo.

Que familiar se me hacia todo esto, me recordaba terriblemente a mi primer día de clases, cuando nos encontramos en la hora de historia. Después de unos largos cinco minutos de silencio, en los que él continuó componiendo y yo procuraba dirigir la mirada a cualquier parte, menos en su dirección, comprendí que hoy no iba a existir ninguna conversación entre nosotros; y que Edward no tenia intenciones de hablar de lo ocurrido ayer por la noche.

Muy bien, éste juego pueden hacerlo dos.

Saqué de la mochila el libro de Angela y empecé a leerlo, era una novela histórico-romántica de Julia Quinn, una autora contemporánea. Yo no era muy incline a leer novelas relativamente "nuevas", pero si había leído por allí que ésta escritora en particular era la reina de su genero y la habían llamado incluso "La Jane Austen de nuestra era". Absolutamente cierto, la historia era cautivadora y con grandes personajes, sea los principales que los secundarios. Cuando llegué al tercer capitulo, ya había decidido que necesitaba hacer un viaje a alguna librería de Port Ángeles para comprar sus demás libros.

Un bostezo se me salió de repente por el décimo capitulo, y eso pareció llamar la atención de Edward.

-¿Estás bien? - preguntó preocupado – Pareces un poco cansada.

-Si – aseguré – es solo que ésta noche no pude dormir para nada.

-Entonces ya somos dos, yo también la pasé despierto.

-¿En serio? - no entendía por qué, de repente me sentía esperanzada.

-Si, tengo una melodía formándose en la cabeza desde anoche, y sé que no me dejará en paz hasta que no la escriba.

-Ah ya veo – había sido tan crédula como para pensar que el motivo de su insomnio sería el mismo que el mio. ¿De verdad esperaba que hubiese pasado toda la noche pensando en mi?.

Antes de que la desilusión golpease con todas sus fuerzas, el timbre sonó ; anunciando el final de la hora de la comida y el inicio de la siguiente : historia. La otra clase que compartía con Edward, y mi segundo examen del día. Sin mediar palabra, nos levantamos de nuestros lugares y salimos de la biblioteca.

Apenas entramos en el aula, sentí la mirada del señor Hale ( o Jasper, ya no sabía como tenia que llamarle) clavada en nosotros. Eso me extrañó, había tenido la impresión de que de alguna manera ya se había acostumbrado a vernos llegar juntos, y ya no lo consideraba la gran novedad, como había ocurrido la primera vez. Pero su forma de observarnos hoy era diferente. Había un brillo de expectación en sus ojos y una extraña sonrisa pícara y un tanto guasona danzando en sus labios. Fue entonces cuando lo entendí.

Oh no.

Él estuvo allí. La noche anterior nos había visto. Hasta ese momento, no me había detenido en el hecho de que teníamos publico. Creo que en el fondo simplemente había dado por hecho que visto que Edward se encontraba de espaldas a él, su angulo de visión le había impedido ver lo que ocurría. Era evidente que me había equivocado. Otra vez.

Me empecé a sonrojar fuertemente mientras me sentaba en mi sitio y el señor Hale empezaba a repartir las hojas de los exámenes. ¿Habló de ello con Edward después de que éste se subiera en el coche?, ¿Se lo habrá contado a los demás?, ¿A Alice, o a los otros miembros de la familia Cullen?. Y si era así, ¿Qué opinaban ellos de todo esto?

-Ya pueden empezar – dijo el señor Hale a la clase, trayéndome a la realidad.

Sacudí la cabeza para intentar concentrarme. Ahora tenia un examen que hacer, ya me ocuparía de mis preocupaciones y preguntas al final de la hora. Pero parecía tener una especie de bloqueo mental que me impedía recordar todo lo que yo sabía de historia, y respondía no muy segura de lo que estaba escribiendo. Esto era ridículo, estábamos hablando de una de mis materias preferidas. Y lo más absurdo de todo era que había ido bien en álgebra y aquí fallaba.

Puede que quizás tuviese algo que ver con la presencia de Edward a mi lado, que me descontrolaba toda y me tenia hecha un manojo de nervios. Él por descontado estaba respondiendo a todas las preguntas sin ningún problema y después de veinte minutos había acabado y estaba recogiendo sus cosas, antes de entregar el examen y salir del aula.

Ésta era una de las normas del señor Hale durante los exámenes y las asignaciones, ¿Cómo era que decía él ?. Ah si : "Apenas terminen, los quiero fuera de mi aula. No quiero que distraigan a los demás y no tienen nada más que hacer aquí". Bastante directo, tengo que reconocerlo.

- 1789 – susurró una voz a mi izquierda.

Me giré hacia Edward con el interrogante en el rostro. De eso estoy segura.

-¿Perdón? - Pregunté en su mismo volumen de voz.

-La Revolución Francesa fue en 1789, no 1786 – aclaró.

Me fijé bien en lo que me había dicho, y comprobé que efectivamente sí me había equivocado en la fecha escrita en mi respuesta. Me apresuré a corregirlo, sin poder creer el error que había apenas cometido.

-Gracias – susurré

-No hay de qué – me contestó con su típico esbozo de sonrisa torcida– Y por las demás no te preocupes, son correctas – aseguró.

Se levantó para pasar por mi lado, le entregó el examen a su cuñado y desapareció por la puerta. El señor Hale no pareció haberse dado cuenta de nuestro intercambio de frases, y si fue así no hizo el menor amago en demostrarlo.

Y yo una vez más me vi asaltada por la ilusión y la esperanza, pensando en las acciones de Edward. Sin saber muy bien qué significaba todo esto.

No me encontré más con él ese día después de eso. Cuando salí al aparcamiento, ya habían desaparecido el Jeep blanco y el Porsche amarillo, así que ya se había ido con uno de ellos, y ni se pasó por la tienda de su hermana. El resto de mi día lo pasé como en piloto automático, la falta de sueño ya empezaba a pasar factura. No tenia ni la menor idea de lo que había hecho en la lección de Química, si llegué o menos puntal a mi trabajo, cuantas personas tuve que atender en caja, o la ropa que organicé.

Hasta que llegó la tarde, terminé con mi jornada laboral y era el momento de ir a La Push para festejar el cumpleaños de Billy. Eso me despertó y me animó considerablemente, esperaba de verdad pasarlo tan bien como hace unos días atrás, lo necesitaba. Por el bien de la diversión, obligué a mi cabeza a dejar de pensar en Edward, aunque solo fuera por unas horas.

-¡Has venido! - escuché la voz animada de Jake que me venia a recibir, mientras me bajaba de la camioneta.

-Claro que he venido, ¿Por qué no iba de hacerlo? - pregunté confundida.

Jake se encogió de hombros, antes de contestarme. Dentro de la casa de Billy podía escuchar escándalo y risas, y distinguía claramente la voz de Charlie en el alboroto.

-Charlie y mi padre tienen una apuesta pendiente, no estaban muy seguros de si te presentarías o menos.

Fruncí el ceño por sus palabras, un poco desconcertada.

-¿Quién apostó en mi contra? - No estaba muy segura de si quería saber la respuesta.

-Pues Charlie, obviamente – dijo Paúl como si nada, mientras se acercaba a nosotros.

-Si, eso era lo que me temía – dije con dramatismo, poniendo lo ojos en blanco. Lo que provocó las risas en mis acompañantes.

Entramos en la casa y la fiesta comenzó sin más. Perdí la cuenta de cuantas cabezas había presente, los hombres parecían unos muertos de hambre, cada uno de ellos había comido como mínimo dos platos, como si llevasen meses sin probar bocado. Se hicieron bromas, se dijeron chistes, y todos pasaron un rato bastante agradable, yo incluida.

Descubrí algo que me gustó mucho en esa cena. Las miradas y las atenciones que intercambiaban Charlie y Sue Cleawater. Sabia lo mucho que Charlie había sufrido un par de años atrás por la muerte de su amigo Harry, pero no había nada de malo si ahora deseaba tener una relación con su mujer Sue. Ambos eran adultos en la flor de la vida, que se merecían también un poco de felicidad. Sobre todo mi padre, el cual hasta hace unos meses atrás, sospechaba que aun pensaba en Renée.

-Bueno, yo debería irme ya – dijo Charlie, levantándose de su silla, después de que las mujeres hubiésemos recogido todos los platos y vasos; suerte que habían tenido la precaución de usarlo todo de plástico.

-¿Tan temprano? - le preguntó Billy extrañado.

-Tengo mucho papeleo que hacer mañana, así que me tengo que levantar más temprano de lo normal. En fin, es siempre un placer venir a tu casa amigo – le dijo a Billy, dándole una palmada en la espalda.

-Sabes que siempre eres el bienvenido.

Empecé a levantarme yo también para irme con él a casa, cuando sus palabras me detuvieron.

-Tú si quieres te puedes quedar Bells, para eso trajiste tu camioneta ¿no?

Y la verdad era que no me molestaba la idea, después de todo el día siguiente entraba a la segunda hora, porque faltaría una vez más la profesora de literatura, me podría levantar un poco más tarde. Y por una vez tenia ganas de seguir al aire libre. Había conseguido despejar mi mente por fin, y tenia como la sospecha de que una vez en mi cuarto, todo volvería a empezar.

-Si Bella, que aun no has visto como nos divertimos aquí en La Push – me animó Jacob.

-De acuerdo – le dije a Charlie – entonces nos vemos en la casa.

-Claro hija. Te dejaré la puerta abierta, porque no creo que estaré despierto cuando tú vuelvas y no te voy a escuchar si solo me tocas el timbre.

¿Pero a qué horas se pensaba Charlie que yo iba a volver a casa, a las tres de la mañana? No me molesté en contestarle más que un asentimiento de la cabeza y él se subió en su coche patrulla.

-Bella, tienes que venir a conocer a mis niñas – dijo Jake con el entusiasmo de un niño pequeño, después de que viéramos a Charlie alejarse por la carretera. Me tomó del brazo y me empezó a arrastrar hasta su garaje.

-Oh por favor – dijo Leah a mi lado con una divertida exasperación – hace solo unos cuatro días que las has terminado, y aun no has aprendido a conducirlas del todo.

-A igual que tú, guapa – le contestó él.

-Yo gané las últimas dos carreras que hemos hecho – murmuró ella sin que él la escuchase, pero Seth y yo sí que lo hicimos, y no pudimos evitar reírnos; recibiendo una mirada de advertencia de ella, y una expresión confundida de los demás.

Llegamos al garaje y Jake me apuntó a dos viejas motocicletas en una esquina, una era negra y la otra roja. Recuerdo haberlas visto en mi anterior visita, pero honestamente en ese momento pensé que eran simple chatarra. Pero en ésta ocasión se veían diferente, ligeramente restauradas, y si era posible más nuevas. A lo mejor y hasta funcionaban, sabia que no había que dudar de las habilidades de Jacob como mecánico, después de todo solo hay que ver el casi milagro que hizo con mi camioneta.

Funcionaban, y a la perfección. Los chicos hicieron varias carreras entre ellos, con apuestas y todo incluidas. Yo solo me limitaba a animarlos, y tener la cuenta de las victorias y las derrotas. Hasta que Jake me hizo imposible mantenerme al margen de todo.

-Oye Bella te reto a una carrera – me dijo, entregándome la llave de una de las motos, la roja creo.

-Yo creo que no – le dije entre risas, pensaba que iba en broma.

-Vamos, no seas aguafiestas – casi me suplicó.

-Yo no sé conducirlas – me justifiqué.

-Yo tampoco – "Si, claro. Y que me lo voy a creer."

-¿Pues cómo explicas las últimas tres carreras que has ganado?, ¿Suerte de principiante? - elevé una ceja sarcástica.

-Exactamente – me dijo con un encogimiento de hombros, después adoptó una expresión maliciosa antes de continuar - ¿No me digas que tienes miedo?, ya lo sé, es eso ¿verdad?. No te atreves porque sabes que de cualquier manera yo voy a ganar.

Y aquí hay un pequeño particular que debo aclarar de mi personalidad, no soy capaz de resistirme a los retos. Es algo mucho más fuerte que yo, en el momento en el que alguien me dice palabras como las que me había dirigido Jacob es como si se encendiera algo dentro de mi, y me hirviera la sangre. Y al parecer mi amigo lo sabia.

-Súbete a la moto, ahora. Vas a comer el polvo – le dije.

-¡Si! - dijo él con un gesto de victoria, haciendo el clásico gesto con la mano que suele usar el genero masculino en estos casos – Eso funciona siempre.

Inútil decir que no gané, vale que no lo estaba haciendo mal. Pero antes de aceptar tenia que recordar que se trataba de mi, y que era imposible que pasara mucho tiempo sin tener un accidente. La motocicleta se me fue de lado a mitad de camino y yo me fui con ella, con mi típica suerte había una piedra por allí cerca, y mi cabeza fue a golpearse precisamente contra ella.

Se me empezó a nublar la vista con las lagrimas involuntarias que me caían, y un fuerte dolor en la sien derecha me dejó aturdida. Vi que todos se acercaban corriendo hacia mi en cuanto fui capaz de ver con mayor claridad.

-¿Estás bien? - preguntó Sam, que fue el primero en llegar.

-Creo que si – contesté, no muy segura.

-Bells lo siento mucho... - dijo Jacob apenado, sentándose a mi lado en el cemento – No tenía que haberte provocado así – Tenia razón, no tenia que haberlo hecho. Pero esto era más culpa mía que suya, porque yo no tenia que haber aceptado.

-No ha pasado nada Jake, estoy bien – le tranquilicé. Empecé a sentir algo que descendía por mi cara, y no me gustó, me llevé la mano a la herida para comprobarla, y cuando volví a bajarla vi que la tenia roja, llena de sangre.

-¿Cómo vas a estar bien si estás sangrando? - dijo Sam, rasgando parte de su camisa, para colocar la tela sobre mi herida – Tenemos que llevarte al hospital.

-No, – empecé a protestar, mientras me ponía de pie – no va a ser nec... - pero no pude llegar muy lejos que sentí un fuerte mareo y nauseas, y tuve que sostenerme a Jacob y Paúl que estaban a mi lado, para no caer una vez más al suelo.

-Sin protestar – me dijo Sam – Seth, ve a decirle a Emily que vamos a llevar a Bella a urgencias, y pídele a Billy si puede llamar a Charlie.

Uy, Charlie se iba a enfadar conmigo, eso era algo que hasta ahora, en mi vida nunca había ocurrido, y no tenia especial interés en vivir la experiencia, pero supongo que siempre hay una primera vez para todo.

Jacob y Paúl me llevaron casi a rastras hasta la camioneta, y le entregué la llave a Sam sin volver a protestar, sabia que no tenia caso. Y los cuatros nos dirigimos al hospital central de Forks. Para cuando llegamos la sangre había dejado de salir, y se me habían pasado los mareos. El dolor aun era agudo, pero por lo menos ya no era tan insoportable como lo sentí cuando me caí. Puede que quizás no fuese una contusión tan grave como temí en un primer momento.

Mientras aguardaba sentada en una de las sillas verdes de la sala de esperas de urgencias del hospital, tuve tiempo para pensar. Ésta era la primera caída que sufría que necesitaba una visita inmediata al hospital, desde que había llegado a Forks. Vaya, un nuevo record para mi, de eso no cabe duda. Empecé a observa el ambiente a mi alrededor, el olor a esterilizado era inconfundible, las pareces estaban pintadas de blanco, había un par de personas esperando que reconocía ser del pueblo, una enfermera en la recepción leyendo una revista, y Jacob a mi lado que volvía a pedirme perdón una vez más.

Me giré hacia él, para asegurarle por centésima vez que no había pasado nada, cuando las palabras se detuvieron en mi garganta y algo llamó mi atención. La puerta que dividía urgencias con la entrada principal del hospital estaba abierta, y desde mi posición tenia una visión completa de la estancia de al lado. En la pared del fondo, cerca de la recepción principal, había una foto bastante grande de alguien que yo reconocía. Me levanté casi por inercia y empecé a caminar en dirección de la imagen.

-¿Bella, a dónde vas? - me preguntó Jacob, yo solo lo ignoré y seguí avanzando.

Llegué a destinación y me paré en frente de la foto. Yo conocía a ese hombre, había algo en sus rasgos definidos, su rubio cabello y sus cálidos ojos azules que me resultaba vagamente familiar. Después recordé cuando había sido la última vez que lo había visto... en mis sueños. Claro, era él.

Había una placa debajo de la foto, y cuando mis ojos se posaron en ella mi sangre se heló. Puede que al final sí que había sufrido algún trauma al caerme, a lo mejor el golpe me había activado algún cáncer en el cerebro que me estaba ocasionando visiones. Si, esa tenia que ser la explicación más lógica, y la que me gustaba más si tenía que ser honesta.

Esto no podía ser.

Cerré los ojos y conté hasta tres con la esperanza de que cuando los abriese, todo lo que había visto hubiese desaparecido. Nada, cuando despegué los palpados volví a ver la foto y la placa dorada, como si se estuviesen burlando de mi. Sintiendo el corazón en la garganta volvía a leer por tercera vez las palabras grabadas...

En memoria del doctor Carlisle Cullen.

1955-2000

Director general del Hospital de Forks desde 1990.

Esposo, padre, doctor y amigo ejemplar.

Fue la cabeza de éste hospital, y ahora es su corazón y su alma.

Ay, Dios...

Continuará...

Yo no digo nada, solo espero a saber lo que opinan ustedes. Solo un pequeño adelanto un poco enigmático... Aun no ha acabado :P... Aunque la verdad, nunca he pretendido hacer un gran misterio de todo esto...

Una sola cosita, Julia Quinn es mi escritora preferida, y no pude aguantar hablar de ella en alguna de mis fics... Si alguien tiene oportunidad de leer alguno de sus libros, se los recomiendo ;)...

Ya nos leemos cuando vuelva a tener Internet :P... Sin más les hago la misma pregunta de siempre ¿Merece la pena dejar un review?, recuerden que mientras más hay, menos tardo :P

Besos, Ros.