Antes que nada, quisiera hacer una nota de autor un poco larga, y responder a un review que me dejóAlejandraZJofre, quien me preguntó sobre el significado que tienen los sueños de Bella. Ahora bien, yo imagino que tiene algo que ver con la formación que recibí, y la influencia que han tenido en mi materias como psicología y filosofía. Pero yo creo mucho en el poder de los sueños, no como predicción del futuro, pero sí en la teoría de Freud de que es la forma que tiene nuestro subconsciente de comunicarse con nosotros. El primer sueño como ya sabemos era un recuerdo, y a pesar de que Bella había crecido y otros recuerdos habían sustituido a ese, la memoria de ese momento seguía en el hipocampo, y solo necesitó reencontrarse otra vez con Edward para que reaflorara. En cuanto al segundo sueño, la verdad es que no me había detenido a pensar en el por qué, hasta que no leí el review : Por como la veo yo, el subconsciente de Bella ya había captado las pistas y armado el rompecabezas, pero su mente racional no. Y, en parte porque entre ella y Edward se ha creado un vínculo muy fuerte (aunque aun no lo sepa), cuando descubrió la verdad, en su sueño se representó lo que su subconsciente había deducido. Espero que sea plausible como explicación, ahora sí vamos a la historia ;)
Hay pequeños particulares de ésta historia que están inspirados en un capitulo de la serie "Entre fantasmas" que lleva el mismo nombre de la fic. Ya saben que Crepúsculo no me pertenece para nada, aunque yo le pertenezca a Edward Cullen. Del resto, todo lo demás es mio.
Familia.
-A-Alice – balbuceé apenada, mientras mis mejillas aumentaban gradualmente de color. Ella solo me miraba esperando una respuesta, y yo no tenia ni idea de qué explicación le podría dar - ¿Qué-qué estás haciendo aquí? - pregunté, casi por instinto.
-Yo pregunté primero – dijo ella sagaz.
-Si, y yo pregunté después – 'Muy bien Bella, ahora sí sé que se me han fundido todas las neuronas'
Ella se cruzó de brazos y me miró con gesto irónico.
-Buen tentativo, pero ese truco prácticamente lo inventé yo; Además Edward lleva años tratando de usarlo conmigo, así que no te va a funcionar.
-Yo...yo estaba...bueno...- ella volvió a sonreírme.
-Mira, si te hace sentir mejor, primero te digo yo qué estoy haciendo aquí, y después me lo dices tú, ¿de acuerdo? - yo solo le asentí – Comoes evidente, estoy visitando a mis padres. Ciertamente no soy tan leal como Edward, pero de vez en cuando me gusta venir a contarles cómo me está tratando la vida. Además tengo una noticia muy importante que ni siquiera mi hermano conoce, y no les ha podido contar. Y bien, ahora te toca a ti.
Le conté en linea de máxima lo que ocurrió la noche anterior, de mi caída, la dedicatoria que vi en el hospital, el articulo que conseguí en Internet, que está mañana decidí quedarme en casa y por qué estaba aquí en el cementerio – De alguna manera sentía que les debía una visita... Aunque creo que mi subconsciente ya lo sabía, mi mente racional no quería pensar que tus padres hubiesen muerto... - Concluí con un susurro que ella igual escuchó.
Alice se me quedó mirando durante varios segundos, sin decir nada, me empecé a sentir muy extraña por su forma de observarme ; pero cuando estaba por preguntarle si se encontraba bien, ella me regaló una sonrisa muy similar a otra que ya conocía. Un lado de la comisura de sus labios se elevó, y formó una radiante sonrisa, tan parecida en ese momento a la de Edward que casi me hace gritar.
-Vamos Bella, te invito a tomar algo – me tendió su mano para que la tomara.
-No lo sé, Alice – le dije dudosa.
-Oh venga – suplicó con unos ojitos de cachorro degollado, otra tramposa más – Olvidate por una hora que soy tu jefa y ven a una cafetería a tomar algo conmigo, como si fuese tu amiga. Tenemos mucho de qué hablar.
Después de eso accedí, recogí mi bolso, el cual aparentemente había dejado caer en el momento en el que me volteé para ver a Alice, y la seguí fuera del cementerio. Ella se subió en el mismo Porsche amarillo en el que había visto al señor Hale en el instituto, y yo fui detrás de ella en la camioneta. Llegamos a un bar en el centro y nos sentamos en una mesa vacía de la esquina, una camarera de acercó enseguida.
-¿Qué les puedo traer? - preguntó servicial.
-Yo quiero un café con hielo – pedí, la chica me asintió, tomando el pedido.
-¿Y usted... señora? - preguntó a Alice, notando el anillo de oro en su dedo anular izquierdo.
-Para mi un vaso con agua – pidió, y la chica se fue con otro asentimiento –. No voy a poder tomar café por un buen tiempo – me dijo con un esbozo de sonrisa.
¿Me estaba queriendo decir lo que yo pensaba? ¿Sería eso lo que le quería contar a sus padres?
-¿Alice, estás...? - no seguí, pero ella me entendió y asintió, ensanchando su sonrisa.
-¿Embarazada? Si – dijo emocionada
-¡Muchas Felicidades!
- Mis hermanos y Rosalie aun no lo saben. El único es Jasper. Así que te pido que no comentes nada, por favor.
-Tranquila que mis labios están sellados. Tu secreto está a salvo conmigo.
Nuestro pedido llegó, y ambas tomamos un sorbo de nuestras respectivas bebidas.
-Bella, Gracias – me dijo de repente.
-¿Por guardar tu secreto?, no es nada – le dije, descartando con un gesto de la mano el tema.
-No me refería a eso, por supuesto que agradezco tu discreción. Pero en realidad ahora mismo te dio las gracias por ser amiga de Edward.
-Eso sí que es saliva desperdiciada – le dije sincera – Ser amiga de tu hermano es algo muy fácil, la verdad no entiendo cómo es que nadie más se ha dado cuenta de ello.
-A la gente del pueblo siempre le ha resultado más fácil excluirlo y criticarlo, porque eso le hace sentirse más importante y olvidar sus proprios problemas y defectos – me contestó con tristeza y con lágrimas asomándose por sus ojos.
-No puedo ni imaginarme lo que ha sufrido Edward – susurré, sintiendo mis proprios ojos aguarse una vez más.
-Más de lo que tendría que sufrir nadie, mucho menos un niño de apenas ocho años. Pero Edward es tan fuerte, odia que sientan lástima por él más que cualquier otra cosa en el mundo. Piensa que ni siquiera lloró en frente de todos cuando le dijimos de la muerte de nuestros padres ; creo que en realidad estaba más molesto porque no le dijimos la verdad en cuanto despertó.
Creo que la curiosidad era demasiado evidente en mis ojos , porque Alice solo siguió contando, como si supiese todas las preguntas que estaban en mi cabeza.
- Edward cayó en coma por el accidente – su mirada se volvió sombría por el recuerdo –. Dos semanas, las dos semanas más largas de mi vida. Tuvimos que enterrar a nuestros padres, y los primeros días ni siquiera sabíamos si tendríamos que enterrar a mi hermanito a su lado. Cuando despertó estaba aun tan delicado, se veía tan frágil postrado en esa cama, que temíamos el efecto que podía tener en él la noticia. Al final esperamos hasta el día en el que le dieron de alta, dándole siempre largas cada vez que preguntaba por mamá y papá.
-¿Cómo reaccionó? - pregunté, sin poder refrenar mi curiosidad.
-No dijo nada, ni una sola palabra, en el camino de regreso a casa se negó a ir en el asiento de atrás y se subió en el del copiloto. Apretaba sus puñitos con tanta fuerza que temía incluso que se pudiese llegar a atravesar la piel con las uñas. No permitió que ni Emmett ni yo lo tocásemos, solo mi tía Elizabeth se le pudo acercar, creo que de alguna manera intuyó que la decisión de no decirle nada aun había sido de Emmett y mía. Ninguno en realidad entendió lo que pasaba por su cabeza hasta la mañana siguiente – cerró los ojos estremeciéndose, antes de volver a abrirlos y continuar –. La tía Elizabeth subió a llevarle el desayuno y él había desaparecido, no estaba por ninguna parte de la casa, y no estaba tampoco su bicicleta. Llamamos a tu padre, y mientras él iba hacia nuestra casa, pasó por el cementerio y lo encontró. Nos llamó y fuimos enseguida para allá.
Se detuvo unos momentos, para limpiar esas lágrimas que se le habían escapado y respirar profundo para intentar serenarse. Yo solo esperaba, no sabia qué podía decirle, y ciertamente ni me podía imaginar cómo debía de sentirse ella en estos momentos.
-Allí estaba – continuó – en el cementerio. Acostado sobre la tumba de mis padres. Se había quedado dormido y tenía las mejillas aun húmedas, había estado llorando. Emmett con mucho cuidado lo cargó, y cuando estuvo en sus brazos se despertó. Se abrazó fuerte a nuestro hermano, y esa fue la única vez que ha llorado delante de nosotros por la muerte de nuestros padres. En medio del llanto empezó a pedirle a Emmett que hiciera algo, que quería a mamá y papá de vuelta. "Por favor Emmy, yo sé que tú sí puedes, yo no pude pero tú sí. Traelos, por favor", murmuraba. Yo sin saber qué hacer, solo me uní a ellos; estuvimos así varios minutos, simplemente abrazándonos y llorando. Emmett le confesó a Edward que no podía hacer lo que le pedía, pero sí le prometió que todo iba a salir bien, que él se encargaría de eso. Supe en ese momento que había tomado su decisión.
La miré confusa, pero ella solo siguió hablando, casi en trance. De alguna manera supe que toda ésta conversación le estaba haciendo mucho bien, que ella se estaba desahogando al mismo tiempo que me contaba el capitulo más oscuro en la vida de la familia Cullen.
-Emmett había cumplido 18 años en marzo, así que legalmente él podía hacerse cargo de nosotros. Pero en un año iría a la universidad y las cosas iban a resultar muy complicadas para todos. La tía Elizabeth se estaba quedando con nosotros esos días para ayudarnos en todo lo que podía, pero ella tenía su propria familia, un marido y una niña solo unos años mayor que Edward esperándole en casa. Así que nos propuso que nos fuéramos a San Francisco con ella, o por lo menos Edward. Ella se podía encargar de él mientras Emmett y yo íbamos a la universidad. Y reconozco que al principio fue tentadora la propuesta. Ninguno de los dos tenia idea de cómo íbamos a criar a un niño de ocho años, cuando difícilmente nos podíamos cuidar nosotros mismos, pero no podíamos hacerle más daño a Edward separándole de nosotros. Y nuestros padres se merecían saber que permaneceríamos unidos como lo que somos, una familia.
-¿Cómo lo lograron? - pregunté asombrada, encontrado el valor para hablar después de tanto tiempo callada.
-Al principio no fue fácil, lo admito. Pero teníamos un motivo para no rendirnos en Edward. Tuvimos un año para adaptarnos, antes de que Emmett fuera a la universidad, y para entonces yo ya tenia 17 años y era perfectamente capaz de estar al frente de la casa. Contratamos a una asistenta para que estuviera al pendiente de Edward mientras yo no podía. Emmett fue a la universidad de Seattle y se las arreglaba para venir a casa casi todos los fines de semana, para estar con nosotros... Después él conoció a Jasper y a Rosalie y desde entonces todo ha sido más fácil. Ellos se encariñaron enseguida con Edward, y comprendían toda nuestra situación y más de una vez nos ayudaron. Rosalie fue la primera en terminar la universidad, y para cuando me tocó a mi irme a Seattle, ella y Emmett ya estaban comprometidos. Así que ella se vino a quedar en Forks con Edward, mientras nosotras planeábamos ya la apertura de nuestra propria boutique. Y a mi me gusta pensar que le hemos dado una cierta paz a mis padres, porque han visto que hemos conseguido salir adelante y permanecer unidos. Era lo mínimo que podíamos hacer, se lo debíamos. Sobre todo después de... - Se detuvo y ahogó un pequeño sollozo.
-No sigas Alice, - le pedí entre mis proprias lágrimas – no hace falta que continúes. No si te afecta tanto, piensa en tu bebé.
-No Bella, tengo que hacerlo. Tú eres muy importante para mi hermano, eso lo sé – dijo enigmática – y por lo tanto mereces saber toda la verdad. Debes saber – dijo luego de un suspiro largo – que en parte la muerte de mis padres fue culpa de Emmett y mía.
Sentí mis ojos agrandarse como platos y mi mandíbula caer. ¿Qué me estaba diciendo?
-No Alice. - dije determinada – La muerte de tus padres fue un accidente. Lo leí. Fue culpa de un irresponsable borracho.
-Pero ese accidente podía haberse evitado – estaba por replicarle, pero ella levantó una mano para detenerme – Dejame que te explique primero. Emmett y yo teníamos una vida de ensueño, somos de una familia económicamente privilegiada, eramos de los más populares del instituto, yo era parte de las animadoras y Emmett era el capitán del equipo de baseball. Y me temo que hasta esa noche, siempre conseguíamos salirnos con la nuestra. Por eso no podíamos aceptar que teníamos que renunciar a una fiesta en casa de Victoria Scott por ir a pasar el día a Port Ángeles en familia. Nosotros adoramos a Edward, eso sin duda. Su nacimiento fue algo tan inesperado y maravilloso en ésta familia, que desde el primer día fue el consentido de la casa. Pero tienes que entender que con el pasar de los años, nosotros nos convertimos en adolescentes con la mente egoísta típica de la edad, y Edward era todavía un niño...
-¿Qué tiene que ver Edward en esto? - pregunté confundida porque parecía haberse desviado del tema, y daba la impresión de que se estuviese justificando por algo.
-¿Tú no lo sabes Bella? - preguntó asombrada, ¿Qué era lo no sabía?
-¿Saber qué? - pregunté, aun más confundida.
-Ya veo. No te lo ha dicho. El 20 de junio es el cumpleaños de Edward – dijo con tristeza.
El 20 de Junio... el 20 de Junio... ¿De qué me sonaba esa fecha? Un momento...
-¿Es el... el...? - pero no podía seguir, me había quedado sin palabras.
-¿El día en el que murieron también mis padres? Si – confirmó – Habían ido a festejar su cumpleaños en Port Ángeles. El plan era que pasáramos el día todos juntos, pero Emmett y yo nos negamos, íbamos a perdernos la fiesta y además pensábamos que ya estábamos bastante grandecitos para pasar un día con la familia. Terminamos peleando con nuestros padres, y al final Edward tuvo que intervenir para hacer de juez de paz, y nos dijo a Emmett y a mi que no importaba, que si preferíamos ir a una fiesta, a estar con él en su cumpleaños, él lo entendía. Nosotros estábamos tan pagados de nosotros mismos que no nos dimos cuenta que habíamos herido a Edward, y decepcionado terriblemente a Carlisle y a Esme. ¿Quién nos lo iba a decir que esa discusión iba a ser nuestra última conversación con nuestros padres? - concluyó con falsa ironía.
-Eso no quiere decir que fuese culpa vuestra, Alice – traté de consolarla – Entiendo que te sientes mal por la discusión, pero...
-Es que eso no es todo – me interrumpió – Como es de esperar a esa edad, la fiesta se descontroló bastante, y algún vecino terminó llamando a la policía. Tu padre llegó, e hizo que todos llamáramos a nuestros padres para decirles en dónde estábamos, y lo que había ocurrido. Carlisle, Esme y Edward estaban en un negocio de música que abre las 24 horas de Port Ángeles. Apenas Emmett los llamó se pusieron en marcha de inmediato para venir a Forks. Tres horas después tu padre nos fue a buscar a casa, para avisarnos del accidente. No culpo al Jefe Swan por habernos hecho llamarlos, él solo es un buen oficial y estaba haciendo su trabajo. Pero Emmett y yo podíamos haber sido unos mejores hermanos e hijos, e impedirlo todo.
-¿Unos mejores hermanos? - pregunté atónita – Alice, ustedes han cuidado de Edward durante casi diez años, prácticamente lo han criado. Todas las decisiones que han tomado desde la muerte de vuestros padres parecen haber sido en base a lo que es mejor para él. Seguro que han sacrificado mucho para...
-No lo hagas Bella, - me interrumpió una vez más, parece que hoy le estaba cogiendo el gusto a eso de interrumpirme – No nos conviertas en mártires. A pesar de todo, Emmett y yo entendemos que el accidente fue algo que se escapaba de nuestro control y aceptamos lo ocurrido. Pero no pienses que el hacernos cargo de Edward es algo que hicimos por saldar nuestra culpa o por un acto heroico. Lo hicimos porque quisimos, porque somos una familia y eso es lo que las familias hacen. Y porque Edward se merecía eso y más, ya había sufrido demasiado...
Yo solo le asentí, mientras secaba mis mejillas con el dorso de la mano.
-Se parece tanto a ellos ¿Sabes?. Emmett y yo nos parecemos más a nuestro abuelo paterno, aunque yo tenga muchos rasgos de Carlisle. Pero Edward es una exquisita combinación de los dos. Tiene los ojos de Esme, pero la sonrisa es sin duda de Carlisle. Aunque no solo en lo exterior, también en su personalidad. Mis padres eran las mejores personas que han podido pisar alguna vez éste planeta. Carlisle era tan compasivo, siempre dispuesto a ayudar a todo aquel que lo necesitase. Era un líder nato, alguien que sabia cómo manejar cualquier situación. Era nuestro héroe y nuestra inspiración. ¿Y Esme?, mi madre esa sencillamente eso, una madre. Nos quería tanto, los cuatro eramos su mundo y nos dedicaba todo su tiempo. Había dejado de aparte su negocio de decoración de interiores para criarnos a Emmett y a mi. Hacia solo unos pocos meses que había vuelto cuando supo que Edward venia en camino, y lo dejó todo nuevamente para dedicarse al nuevo bebé. Pero a ella parecía no importarle, porque siempre decía que nosotros eramos su verdadera vocación. ¿Sabes cuales fueron sus últimas palabras? - sabia que era una pregunta retórica, pero yo de igual manera le negué con la cabeza – El para médico me dijo que entre jadeos le preguntó por su familia, quería asegurarse que todos estábamos a salvo; él no tuvo el valor de decirle la verdad, y le hizo creer que mi padre y mi hermano estaban bien. Murió dos segundos después, sin saber que su marido ya la había precedido y que su hijo menor estaba gravemente herido, y su vida también peligraba.
Calló unos momentos, llamó a la camarera para pedirle que nos trajera más agua. Ésta nos observó con una curiosidad no disimulada, al ver que ambas llorábamos sin ningún reparo, pero no dijo nada y se alejó a buscar el agua. Alice solo siguió hablando.
-Edward es así ¿Sabes?... Es compasivo y altruista como Carlisle, y generoso y pasional como Esme – dijo con el cariño brillando en sus ojos color miel – Es tan puro, tan bueno por naturaleza. Desde ese primer día va siempre a visitarlos al cementerio ; durante todos estos años, todos los días. Y lo pasa muy mal cuando por algún motivo no puede ir. En una ocasión Emmett y yo le preguntamos que por qué lo hacía, que no tenia por qué sentirlo como un deber. Él solo se encogió de hombros y nos dijo que lo hacía para hacerles compañía, que no quería que se sintiesen solos. Empezó leyéndole a mi madre sus novelas preferidas y llevándole a mi padre los dulces que más le gustaban, hasta que poco a poco se fue ampliando. Le lee a Carlisle el periódico que solía leer todos los días, y busca información médica que a él le hubiese podido interesar, y toca periódicamente el piano para Esme. Y le cuenta de nosotros, los tiene al tanto de todo lo que nos ocurre.
-Eso es muy bonito por su parte – le dije, sintiéndome muy orgullosa del alma de Edward.
-Desafortunadamente no todos lo piensan como tú. En el pueblo no tardaron en descubrir lo que hacia, y empezaron a burlarse de él, y a decirle nombres horribles, hasta que al final se quedó como "El Cuidador de Tumbas". Son tan ingenuos que piensan que nosotros no nos damos cuenta. Y él se encerró en su proprio mundo, se encerró tanto en su familia y en ir al cementerio todos los días, que al final se terminó apartando de todos. Por eso te vuelvo a dar las gracias por tu amistad Bella, no tienes ni idea del bien que le haces – dijo con una sonrisa tranquila.
-Yo te repito que no hay nada que agradecer, tu hermano es encantador – sentía mis mejillas aumentado de temperatura mientras hablaba.
-Me caes muy bien – dijo con resolución – Eres... diferente. Sí, esa es la mejor forma de describirte.
-¿Y eso es bueno o mal? - pregunté un tanto asustada.
-Definitivamente bueno. Deberías tener mi teléfono, para que así me puedas llamar cualquier cosa que necesites.
-Alice, yo tengo tu teléfono – apunté a lo obvio.
-El de la tienda no, tontita. Mi numero de móvil y el de nuestra casa. Anda dame tu móvil que te lo salvo.
Revolví mi bolso pero no lo encontré. Que extraño, estaba segura de haberlo guardado antes de salir de casa, era evidente que me equivocaba.
- Creo que lo dejé en casa. O quizás se cayó en la camioneta.
-No pasa nada, – tomó una servilleta y un boli de su bolso de Prada, apuntó unos números en el papel y me lo pasó – el de arriba es mi móvil, y el de abajo el numero de nuestra casa. No dudes en llamarme, no importa lo que necesites.
-Gracias, ¿Tú tienes mi móvil, verdad?
-Claro, recuerda que lo escribiste en tu currículo – me sonrió y me guiñó un ojo, definitivamente su marca característica. Justo en ese momento su proprio móvil sonó, anunciando un mensaje. Ella lo leyó rápidamente, y se puso de pie, dejando un billete de veinte dolares sobre la mesa, más que suficiente para pagar un café y tres aguas – Bueno, yo me tengo que ir, nos vemos mañana en la tienda.
Yo me levanté también para darle un beso de despedida en la mejilla, pero ella vino a abrazarme directamente.
-Gracias por todo – me susurró en el oído, y salió como un torbellino del bar, sin darme la oportunidad de replicarle nada.
Yo me quedé allí de pié, pensando que ahora sabia más cosas de la vida de Edward, de lo que imaginaba descubrir cuando lo conocí...
Continuará...
Creo que estoy marchando bastante bien con el tiempo, una semana después un nuevo capitulo... La verdad quería subirlo mucho antes, pero como dije en el capitulo anterior, ni yo misma sabía quién había llegado al cementerio. Así que imaginé dos versiones, una en dónde fuese Edward, y otra Alice, y evidentemente la segunda ganó, y esa fue la que escribí...
¡193 reviews!, vaya juro que cuando empecé a escribir la historia no me esperaba que fuese acogida de ésta manera, sé que para algunos estos son pocos, pero yo me retengo verdaderamente afortunada de que a tanta gente le guste lo que escribo. ¡Muchas gracias a todos!, éste capitulo de lo dedico a ustedes...
¿Creen que podremos llegar a los 200 reviews?, yo espero que sí...
Nos leemos en la próxima ;)... Besos, Ros.
