Cuanto me ha costado escribir éste capitulo. Posiblemente uno de los más difíciles de la historia, porque en mi cabeza ya tenia claro todo lo que ocurriría, pero no sabia como expresarlo con palabras. Espero solo que el resultado guste ;). Advierto que éste capitulo tiene un lenguaje no apto para algunos, de acuerdo que la historia ésta catalogada como T y seguramente hay palabras peores (yo misma las digo:p), pero de cualquier manera quería que lo supiesen.

Edades de los personajes (me lo han preguntado) : Bella y Edward tienen 17 años, aunque Edward cumplirá 18 en el curso de la historia. Alice tiene 26 y Emmett 28, así como Jasper y Rosalie. Y cuando murieron Carlisle y Esme, Emmett tenia 18, Alice 16 y Edward 8.

Hay pequeños particulares de ésta historia que están inspirados en un capitulo de la serie "Entre fantasmas" que lleva el mismo nombre de la fic. Ya saben que Crepúsculo no me pertenece para nada, aunque yo le pertenezca a Edward Cullen. Del resto, todo lo demás es mio.

Enamorada.

Qué cómoda se me hizo mi cama esa noche. Creo que la gente infravalora la importancia de una buena cama. Yo personalmente, después de haber pasado varias noches sin poder dormir, por un motivo o por el otro, estoy empezando a apreciar el hecho de sentir un buen colchón debajo de mi cuerpo y una almohada para mi cabeza, que me ayuden a relajarme, aunque sea físicamente, porque es evidente que mi mente no tiene intensiones de cooperar.

Había perdido toda la tarde buscando mi móvil, había incluso probado a llamarlo. Nada. No estaba en la camioneta, ni en ninguna parte de la casa. Traté de hacer memoria de la última vez que lo había visto, y sí recuerdo con bastante claridad el momento en el que lo cogí de mi escritorio y lo guardé en mi bolso. Pero no tenia ni idea de dónde lo podía haber perdido. El único lugar plausible que se me ocurría, y que no había controlado, era en el cementerio.

Pero ¿Cómo podía ir a buscarlo, si corría el riesgo de encontrarme con Edward allí? Yo no quería que él descubriera aun que yo sabia toda la verdad detrás de su historia. Nuestra amistad aun era reciente, y algo en mi instinto me decía que él no estaba listo para que yo lo supiese todo. Y si algo había aprendido en la vida, es en confiar en mi instinto.

No me quedaba más que rezar porque mis sospechas no fuesen ciertas, y que se me hubiese caído en medio de la calle, o que estuviese perdido en algún rincón de la casa que yo no he controlado todavía. Charlie me había asegurado que no pasaba nada, que si no lo encontraba para mañana, ya compraríamos otro. Pero no era cuestión de que se pudiese reponer o menos. Era el hecho de que tenia el presentimiento de que todo esto iba a tener sus consecuencias.

"Vamos Bella, por una vez en tu vida, trata de ser positiva".

Fue con esos últimos pensamientos, o recriminaciones, que me abracé con Morfeo. Desperté la mañana siguiente, con el sonido del despertados, había dormido toda la noche de un tirón ; después de tanto tiempo. Pero me sentía tan cansada como la noche anterior. No había tenido pesadillas, pero sí sueños muy difusos con un único protagonista, y dos brillantes ojos color esmeraldas. Esto ya se estaba pasando de castaño oscuro, y ésta obsesión empezaba a preocuparme.

Me tardé más de lo necesario en la ducha, permitiendo que el agua caliente relajara los músculos tensos de mi espalda. Tanto que de desayuno me llevé solo una tostada rápida antes de salir de casa. Agradeciendo que aun no había empezado a llover, me permití conducir un poco más deprisa de lo que era normal en mi, pero igual poniendo todas mis atenciones en vigilar la carretera. Digamos que las últimas horas me habían vuelto sensible sobre los accidentes de coche.

Llegué al instituto dos segundos antes de que sonase la campana. Pagando como precio mis pantalones, visto que me caí cerca de un charco, en mi carrera por evitar el retraso, y ahora tenia mitad de la pierna derecha mojada y sucia, pero ¿Qué se le va a hacer?.

-¿Qué pasó Bella, te quedaste sin agua en casa, y tuviste que ducharte con el agua de la calle? - me preguntó Lauren cínica, mientras pasaba por su lado en el aula de literatura, Jessica como siempre se reía a su lado; como si Lauren necesitase a alguien que estuviese al pendiente de su frágil ego, y para eso estaba ella allí. Yo preferí ignorarla y continuar hacia mi asiento, si le decía de verdad lo que tenia en mente, corría el riesgo de ser expulsada.

Me senté junto a Angela, y le entregué su libro. Callamos en cuanto entró la profesora.

-Muy bien clase, hoy vamos a empezar con el último trabajo del año. Nada para casa, todo lo haremos aquí. Así que para aquellos que necesitan la puntuación de éste trabajo, os conviene colaborar con vuestros compañeros de equipo. Y será sin replicar, porque yo escogeré los grupos – nos dijo a todos.

Se veía que ese día el destino y la mala suerte se había confabulado en mi contra, primero el charco, y ahora resulta que tendría que trabajar con Lauren, Jessica y Angela, y lo que aun faltaba... Menos mal que por lo menos Angela hacia parte del equipo.

Aunque por el momento se veía que tanto Lauren como Jessica necesitaban una mano en literatura, porque a pesar de todo colaboraron durante la hora, con mala cara, eso si, pero lo hicieron. Claro todo cambió cuando finalizó la hora, Lauren, quien estaba sentada a mi lado, se levantó deprisa y se alejó de mi tan rápido como pudo, como si temiese que yo le pusiera contagiar la lepra o algo por el estilo, oh en fin...

"Estos últimos días van a ser muy largos"

Salí del aula de literatura y me encontré con Edward que pasaba justo por mi lado, mi corazón se aceleró, mi respiración se detuvo y sentí mi cara en llamas.

¡Qué demonio!

-Hola Edward – le saludé amistosa.

Él solo me pasó por el lado, sin siquiera contestarte, sentí un escalofrío recorrer toda mi espalda. Ni siquiera cuando no eramos amigos se comportaba de esa manera.

-Vaya, vaya – dijo Lauren con burla a mi lado – Nuestra Bella es tan poca cosa que incluso El cuidador de tumbas pasa de ella, mira que hay que caer bien bajo si el friki del pueblo te rechaza – Como siempre el comentario fue seguido por la risita de Jessica.

Sentí mi sangre hervir, pero ésta vez no tenia nada que ver con la presencia de Edward, como había ocurrido segundos antes. Los insultos de Lauren tenían que terminar. AHORA. Y al diablo con las consecuencias.

-¿Lauren, en lugar de meterte conmigo, no deberías utilizar éste momento para hacer tu tratamiento contra el herpes? - pregunté con inocencia. Ella me miró con los ojos agrandados y las mejillas rojas de rabia... y vergüenza. Diana.

-¿Cómo-cómo sabes tú...? - empezó a balbucear, pero se detuvo al ver mi sonrisa satisfecha. La muy lista se había cocinado en su proprio caldo. Cancelé mi expresión y la miré seriamente.

-Escúchame bien. No vuelvas a insultarnos ni a Edward ni a mi. Porque de lo contrario me negaré a trabajar contigo, yo a diferencia tuya ya tengo un promedio bastante bueno, y no lloraré por unos puntos menos. Piénsalo bien, porque no creo que Angela esté dispuesta a trabajar sola y hacer vuestra parte, sino estoy yo para ayudarla. Y si eso te parece poco, entonces recuerda el pequeño secreto tuyo que me acabas de confesar. Yo puedo ser la peor de las villanas cuando quiero – Sin darle el tiempo para contestarme, me di la media vuelta y me alejé de ella.

Mi día trascurrió prácticamente esperando el inicio de la hora de Educación física. Una locura, lo sé. Pero necesitaba encontrarme otra vez con Edward y entender su comportamiento. De nada sirvió, porque el patrón se repitió, volvió a pasar por mi lado sin dirigirme siquiera una mirada, me estaba ignorando abiertamente. No pude evitar notar que el señor Cullen nos observaba con el ceño fruncido y una mirada triste en sus ojos dorados ¿Le habría dicho algo Alice?

Pero por el momento eso pasaría al segundo o tercer lugar en mi lista de prioridades. Para mi era imperativo entender el por qué de su actitud hacia mi el día de hoy. Salí del gimnasio en dirección a la biblioteca detrás de él. Ni siquiera me molesté en irme a cambiar, después de todo era quedarme con el chándal o volver a los tejanos con barro ; no sé qué haría otro, pero para mí la respuesta era demasiado evidente.

Lo encontré en la mesa de siempre, en éste ocasión no había libro, ni iPod, ni partituras. Solo él que miraba fijamente la madera que tenia en frente, con un ceño distante en sus facciones. Parecía cansado, herido, frustrado y un poco molesto. Esto me gustaba cada vez menos.

-Edward – le llamé cuando me senté en frente de él - ¿Qué... - Pero él me interrumpió, de la misma manera que lo hacia su hermana.

-De verdad que no exagerabas cuando me dijiste que tu madre puede llegar a ser paranoica, es igual que mi familia. Anoche te llamó tres veces, a la tercera te dejó un mensaje bastante elocuente, si no te encuentra para ésta noche, creo que tendrá un ataque de pánico – Se metió la mano en el bolsillo del pantalón y sacó un aparatito rectangular negro, que después colocó en la mesa, delante de mi. Era mi móvil – Y por supuesto también están las dos llamadas de casa de tu padre, aunque supongo que eras tú llamándolo para ver en dónde estaba – dijo con voz monótona, como si no quisiera evidenciar el sarcasmo en sus palabras.

-¿Dónde lo encontraste? - pregunté en un susurro que era demasiado tímido, incluso para mi. Temía la respuesta más que cualquier otra cosa. Un lado de sus labios se elevó, pero la sonrisa no llegó a sus ojos.

-En el mismo lugar que te imaginas. Justo al lado de la lápida de mis padres – Seguro que se me cayó cuando dejé caer el bolso, en el momento en el que llegó Alice.

-Edward yo...

-Guardártelo Bella – me atajó, levantando una mano para silenciarme – No quiero escuchar ninguna de las excusas que tienes que darme, sea cual sea. Pero no creas que tampoco me interesa oír la verdad, esa también te la puedes ahorrar. No me interesa saber si tu motivo fue la lástima, o si hiciste una apuesta con los otros de que lograrías ganarte mi amistad, o si después de obtener mi confianza, tenias solo intensiones de reírte en mi cara por lo que hago. Ya he pasado por eso, y te aseguro que no me apetece repetir la experiencia – espetó duramente.

Me dejó de piedra, ¿De verdad tenia una opinión tan baja de mi?, ¿Era tan poca la confianza que había entre nosotros?

-A mi jamás se me pasó por la cabeza nada así – le dije indignada.

-¿De verdad? - dijo con ironía, claramente no creyendo nada de lo que le decía.

-Por supuesto que te digo la verdad – insistí – Somos amigos Edward, eso lo sabes.

-No, lo cierto es que no lo sé, y solo ahora me estoy dando cuenta. No puedo creer que confiara tanto en ti, me había prometido a mi mismo que no ocurriría otra vez. Y lo peor es que aun te considero como un soplo de aire fresco... Vamos si hasta creo que estoy... - se interrumpió de repente, y desvió su mirada de la mía, se sonrojó y empezó a murmurar algo para sí mismo que no alcancé a escuchar.

-Me acerqué a ti porque quería ser tu amiga, solo por eso – dije, esperando que en mi voz se escuchara toda la sinceridad con la que hablaba – Jamás he tenido otras intensiones, tienes que confiar en mi – Estaba peligrosamente cerca del llanto, yo no podía perder su amistad. No podía.

Él me miró a la cara intensamente, siempre que me observaba de esa manera tenia la impresión de que él, y solo él, era capaz de leer a través de mi alma. Pero ésta vez había algo más, sus ojos se achicaban mientras estudiaba mi semblante, deduje que estaba intentando ver si yo era honesta o menos.

-¿Por qué estabas en el cementerio? - preguntó en un susurro.

-Estaba visitando a tus padres – apunté a lo obvio.

-Te pregunté el por qué, no qué estabas haciendo – dijo con impaciencia.

-Si quieres saber la verdad, hasta el martes ni siquiera sabia que habían muerto, y ayer en la mañana quise ir a visitarlos, se los debía – repetí las mismas palabras que le había dicho a Alice.

-¿Cómo fue que te enteraste ? - preguntó ahora curioso, mientras parecía procesar lo que le había apenas dicho.

-Tuve un accidente el martes por la noche, y mientras estaba en urgencias vi la dedicatoria a tu padre.

-¿Accidente? ¿Qué tipo de accidente? - Toda la sangre había desaparecido de su rostro, y estaba más pálido que un fantasma.

-Nada serio – hice un gesto con la mano para restarle importancia al asunto – Me caí de una moto, eso es todo.

-¿Eso es todo? - repitió sarcástico – Claro, qué estúpido – murmuró para sí - ¿Por eso fue que no viniste ayer al instituto? - Yo le asentí. Él levantó una mano temblorosa para acercarla a la herida de mi sien, justo en ese momento mi respiración se detuvo, y me encontré disfrutando la caricia que el roce de sus dedos a la tirita representaba, era tan suave que parecía un soplo del viento - ¿Estás segura que no es nada? - Tenía la preocupación claramente escrita en sus facciones. Eso me conmovió, porque realicé que no importaba si estaba molesto conmigo, como en éste momento, yo igual le seguía importando.

-Si – aseguré – Ya ni me duele.

Pasó sus dedos una última vez por la herida antes de alejar la mano de mi rostro. Mi piel quemaba justo allí, dónde me había tocado. Un tenue rubor tiñó sus mejillas, y yo sentía las mías por el mismo camino. Un silencio incómodo cayó sobre nosotros, yo miraba en cualquier dirección menos a sus ojos. Después de dos minutos ya no aguanté más, y carraspeé para encontrar la voz.

-Edward, tú... - Pero él volvió a interrumpirme. Vaya con los Cullen y ésta manía de interrumpir a la gente, o por lo menos a mi.

-¿Qué tanto sabes? - preguntó directo.

-Solo lo que me contó Alice. - No quería sonar como una soplona y acusar a Alice, pero en éste momento no podía evitar ser honesta con él.

-¿A-Alice? - balbuceó con pánico - ¿Hablaste con Alice?

Asentí.

-Me la encontré en el cementerio, y me invitó a tomar algo, porque dijo que deseaba que hablásemos.

Soltó una seca carcajada sin una pizca de humor, y empezó a negar con la cabeza.

-Tenía que haberme imaginado algo así, seguro que mi hermana te ha hecho una biografía completa mía ¿a que si?

-Ella solo se preocupa por lo que es mejor para ti – traté de justificarla.

-Para mi, el fin no justifica los medios. Ella eso lo sabe muy, y también no deseo ser el tema de conversación.

-Por favor Edward, no discutas con ella por mi culpa – pedí.

No me contestó, en su lugar cambió el tema.

-Si querías saber algo de mi, solo tenias que preguntar – espetó.

-¿Me habrías contado sobre ti y el accidente? - pregunté retoricamente, elevando una ceja – Tú mismo acabas de dar a entender que no querías que supiera esas cosas de ti.

-No es eso – murmuró – Pero esperaba a ser yo quien te lo contase – lo dijo tan bajo que no sabia si había escuchado bien, quizás y solo lo estaba imaginando.

No tuve tiempo a confirmar nada, porque sonó la campana que anunciaba el final de la hora de la comida, y el inicio de la siguiente : historia. Me levanté de mi asiento, coloqué la mochila en un hombro, me giré y vi que Edward ni se había movido de su lugar. Supe que necesitaba aclarar una cosa, antes de congelar ésta conversación. Había muchas cosas que no nos habíamos dicho aun, y preguntas que no se habían contestado. Pero esto tenia que saberlo.

-Edward, necesito saber que me crees, nunca tuve segundas intensiones.

-Necesito tiempo Bella. Pensar en ello – dijo sinceramente, yo acepté sus palabras con un asentimiento. Podía darle tiempo, ¿Verdad que si?

-¿No vas a venir a clases? - él negó con la cabeza.

-De cualquier manera es inútil – Fue su enigmática respuesta.

Con otro asentimiento me di la media vuelta, para salir de la biblioteca.

-Hasta luego Edward – dije a mi espalda.

-¿Bella? - llamó, me giré para verlo – Solo quiero preguntarte una cosa más.

-Dime.

-Todo eso que descubriste ayer, no hace que sientas lástima por mi ¿Cierto?

Recordé las palabras de Alice en ese momento "...Odia que sientan lástima por él más que cualquier otra cosa en el mundo"

-En ningún momento – contesté segura, y salí de la biblioteca.

Llegué al aula de historia, y el señor Hale miraba con el ceño fruncido el asiento vacío a mi lado, seguramente preguntándose por la ausencia de su cuñado.

No volví a toparme con Edward en el instituto ese día.

Entré a trabajar y apenas tuve una oportunidad, me escabullí para buscar a Alice y hablar con ella; digamos que tenia que advertirle que muy posiblemente su hermano pronto le reprocharía algo.

-Alice, ¿Podemos hablar? - le pregunté, mientras me paraba a su lado y la ayudaba a acomodar los vestidos en exhibición.

-A ver Bella, ¿Cómo fue que me dijiste tú ayer, es saliva desperdiciada? Yo siempre tengo tiempo para hablar con mis amigos, no lo tienes que preguntar – contestó con una cálida sonrisa.

Me retorcí un poco las manos antes de contestarle, respiré profundo y empecé a hablar.

-Edward sabe que ayer tú y yo hablamos, y no lo ha tomado muy bien – advertí.

-Me esperaba algo así – se encogió de hombros, como si no le diese tanta importancia a todo el asuntos.

-No me gustaría que tuvieses problemas con él por mi culpa – expresé mi preocupación.

-Edward nunca ha sido capaz de estar molesto conmigo demasiado tiempo – dijo segura – Ya se le pasará. Y también contigo ¿sabes?. Puede que aun no lo sepas, pero tú eres esencial en la vida de mi hermano.

-¿Ah? - pregunté confundida, a riesgo de que mis esperanzas de elevaran demasiado.

-Dale tiempo Bella, solo tiempo – pidió. Exactamente lo mismo que me había pedido Edward antes. Y una vez más me dije a mi misma que se lo daría – Justo para satisfacer mi curiosidad personal ¿Te dijo mi hermano cómo fue que se dio cuenta de lo que ocurrió ayer?

-Se me cayó el móvil en el cementerio y Edward lo encontró – expliqué.

-Bueno, ciertamente eso explica el mal humor que tenia anoche – dijo pensativa.

-Oye Alice, ¿Te puedo robar a Bella unos momentos? - Llamó Rosalie, acercándose a nosotras – Yo creo que ya está lista – le dijo enigmática.

Alice pareció confundida por dos segundos, antes de tener un ligero sobre salto y que le regalase a la rubia una expresión casi idéntica a la suya.

-Claro que si. Toda tuya.

-Vamos Bella, necesito tu ayuda.

Le asentí y sin más la seguí hasta la oficina.

-Quiero enseñarte a hacer los pedido – me dijo, sentándose en el sillón del escritorio. Mientas yo me sentaba en la silla en frente.

-¿Estás segura? - pregunté dudosa – No creo que...

-Estás más que capacitada. Alice y yo queremos prepararte para cuando estés sola en la tienda.

Vaya, esto sí que no me lo esperaba.

-Rose, yo no creo que estoy lista.

-Tonterías. - hizo un gesto con la mano para restarle importancia – Eres la indicada para esto – me sonrió maternalmente, y de repente supe que en el futuro será una madre estupenda.

-Pero yo entré a trabajar hace muy poco tiempo. ¿No tienen las demás prioridad por encima mio para el lugar de responsable?

-Una puede llevar diez años haciendo un trabajo, y eso no quiere decir que lo sepa hacer bien. Alice y yo te hemos visto trabajar y sabemos que tienes casta. Queremos solo enseñarte cómo hacerlo, para que seas responsable de la tienda para el verano. Y si a las demás no les gusta, que me lo vengan a decir. Si aun no estás segura, permiteme que te recuerde que con el asenso ganarás más dinero – dijo con una sonrisa picara.

Sonreí con ella, y con orgullo acepté el cargo y ella empezó a enseñarme el trabajo.

-Rose, ¿Te encuentras bien? - pregunté preocupada cuando vi que se había puesto un poco verde, y parecía que estuviese sudando frío.

-Si, si – aseguró, aunque no me convenció mucho – Tengo solo un poco de nauseas y vértigo. Debe de ser un virus que anda por el ambiente. Estoy bien, tranquila.

Siguió explicándome, y yo no tuve más remedio que continuar prestando atención. No salí a trabajar más por la tienda. El resto de mi turno lo pasé en la oficina, aprendiendo un sin fin de cosas nuevas. Salía hacia mi camioneta, colocándome la chaqueta y alzando la vista al cielo, las nubes se habían despejado. Por una vez, creo que sería una noche sin lluvia.

-¡Hola Bella! - gritó Mike Newton a mis espaldas, sentí mi corazón saltando a mi garganta por el susto. Me llevé la mano al pecho en un tentativo de calmar el latido errático que sentía "¡No se te ocurra volver a hacer algo así!" , era lo único que quería gritar, pero él me lo impidió – Hola – repitió, plantándose a mi lado. Un desagradable olor a alcohol me llegó desde su dirección.

¿Y ahora qué querría? Hacia días que no dirigía más la palabra.

-Hola Mike – dije, recordando que tenia que ser educada, pero no con muchos ánimos.

-¿Acabas de salir del trabajo? - sonaba demasiado solicito para mi gusto.

-Si – fue mi simple respuesta.

-¿Te gustaría ir a cenar conmigo? - ¿Había escuchado bien?

-¿Perdona?

-Me han dicho que El cuidador de tumbas te ha dejado. Y pensé que si fuiste capaz de quedar con ese perdedor, salir conmigo sería para ti como ganarse la lotería.

Definitivamente había un límite para lo que una podía aceptar, y yo lo había alcanzado. Ya no me interesaba ser educada o sutil, solo quería decirle las cosas claras como estaban.

-Por el amor de todos los cielos Mike, por favor que te entre de una buena vez en el cabeza hueca tuya. No me interesas, nunca lo has hecho, y nunca lo harás. No eres más que un idiota egocéntrico. Y si hay un perdedor entre Edward y tú, ciertamente no se trata de él.

Él no pareció ofendido por lo que había escuchado, y se acercó a mi con una mueca repugnante en el rostro. Tomó mi antebrazo izquierdo y lo apretó con fuerza, sonriéndome lascivo. Yo no podía evitar pensar que tenia que haberle hecho caso a Charlie y llevar siempre conmigo un spray de pimienta.

-Mike suéltame. Me estás haciendo daño – exigí.

-Vamos Bella, sabes tan bien como yo que lo deseas.

-N-no – balbuceé, mientras él apretó un poco más.

-Te ha pedido que la sueltes – dijo una conocida voz aterciopelada a mi derecha. Me giré y vi que sí que era él, venia acompañando su bicicleta y se acercó hasta pararse a mi lado, en frente de Mike. Tiró la bicicleta al suelo con bastante fuerza – Ya la escuchaste. Quiere que la sueltes, y yo que la dejes en paz.

Me asombré observando al Edward que hablaba, tenia una mirada sombría y fría que casi daba miedo. ¿Dónde se encontraba escondido el chico tímido, dulce y retraído que yo conocía? Nunca lo había visto así, ni siquiera ésta mañana cuando evidentemente estaba molesto conmigo.

-Pero mira quién ha llegado, se trata de nuestro caballero de doraba armadura – dijo Mike con mofa – Estoy conversando con tu chica, seguro que no te molesta compartirla. La verdad Edward, has escogido muy bien, un ejemplar de primera.

¿Es que me veía como una chica o un caballo? Traté de zafarme de su agarre, pero él solo apretó más.

-Suéltala – espetó Edward entre dientes.

-¿Y si no lo hago qué me vas a hacer?, ¿Llamar a tu hermano y tu cuñado para que te ayuden?. Yo solo le estoy haciendo un favor a Bella, si se queda contigo corre el riesgo de terminar como tu pobre mami y papi. Muerta y fría.

Sin haberme dado cuenta del movimiento, de repente Mike me soltó el brazo y cayó al suelo. Vi el puño apretado y levantado de Edward, con los nudillos rojos, al igual que la mejilla izquierda de Mike. En mi opinión, eso había sido poco.

-Rata asquerosa – murmuró Edward.

-¿Pero como te atreves friki perdedor? - bramó Mike indignado, levantándose del suelo.

-¿Te tengo que recordar quién es el padre de Bella Swan? - Dijo Edward sarcástico – No creo que quieras tener problemas con la Ley, si no es que ya los tienes...

Sin decir ni una palabra, Mike se fue con el rabo entre las piernas, murmurando blasfemias para si mismo mientras se alejaba.

Edward se giró hacia mi y su expresión se suavizó enseguida. Tomó mi brazo entre sus manos, y delicadamente empezó a masajear las marcas rojas de mi piel; esto dejaría un par de moretones. Qué bien se sentían los fríos dedos de Edward, incluso mucho mejor que cuando acarició mi cien ésta mañana. Mandaban corrientes eléctricas a todo mi cuerpo.

-¿Estás bien? - preguntó preocupado.

-Si – aseguré – Es probable que haya sido más el susto que cualquier otra cosa.

-¿Segura? - quiso confirmar

Le asentí, con una sonrisa que esperaba fuese relajada.

-Quisiera poder decirte que no era necesaria tu intervención y que lo tenía todo bajo control. Pero agradezco que estuvieses aquí para ayudarme – Ya empezaba a sentir el conocido calor en mi cara mientras hablaba. Edward acarició una vez más mi brazo, antes de posar la mano sobre mi mejilla y ahuecarla con la palma.

-Yo no permito que nadie te ponga un dedo encima Bella. Ni mucho menos que te insulte. Absolutamente nadie.

Y ese gesto y esas pocas palabras me bastaron para verlo todo perfectamente claro. No importaba si yo nunca hubiese conocido el sentimiento y no tuviese ni la menor idea de cómo se reconocía. No me importaba si Edward nunca me perdonase lo ocurrido ayer, o si nuestra relación no pasaba de simple amistad. Ya no había marcha atrás. No era una obsesión. Estaba enamorada de Edward Cullen.

Continuará...

Una oportunidad única : Quiero publicar Outtakers de la historia. Y voy a dejar que los escojan ustedes... díganme en un review o mp que les gustaría leer, lo que sea : el accidente, los años antes, o después, el día que Edward se escapó para ir al cementerio, algún PoV diferente. Hay varios que de hecho ya están escritos, porque los necesitaba para el desarrollo de la historia, y de todos los que ustedes propongan haré un Poll para que decidan los que se publicaran. Es el regalo que les quiero hacer por todos los reviews maravillosos que recibí en el último capitulo. ¡33!, aun no me lo puedo creer...

Bueno, ya me estoy cansando de decir siempre lo mismo :P, pero es que es la verdad... Si quieren leer más, ya saben lo que hay que hacer (Ahem, Reviews...)

Besos, Ros.