Aquí tienen el primero de los outtakes que les había comentado en el capitulo anterior. Van a ser tres en total y los voy a publicar antes de continuar con la historia, porque considero que son un poco necesarios para entender mejor a los personajes, y también como un adelanto de lo que va a ocurrir (están un poco escondidos, pero si se fijan bien están allí los spoilers ;) ). Éste como habrán deducido del titulo es del día del accidente; el segundo será lo que ocurrió las semanas después, con las perspectivas de Elizabeth, Emmett y Edward ; y el tercero será un PoV de Edward sobre sus sentimientos hacia Bella.

Ustedes ya saben cómo va la cosa con la historia original, que en parte fue inspirada por un capitulo de la serie "Entre Fantasmas". Pero éste outtake (aparte de los personajes, obviamente) es todo mio.

20 de Junio 2000

Carlisle PoV

El sol llegó con todo su poder a mi rostro, iluminando toda la habitación a través de los ventanales que iban desde el suelo hasta el techo; y de paso despertándome también. Bostecé sonoramente y me pasé la mano por la cara para espantar el sueño. Después no pude evitar sonreír, hacía un gran tiempo. Para nosotros hoy era un día de fiestas y parece que el mundo estaba de acuerdo con los festejos.

Me giré a observar a la pelirroja acostada a mi lado. Desde hace veinte años, ésta es mi forma preferida de despertar : que fuese mi mujer lo primero que viese en la mañanas. Y es que ella lo es todo. Es mi musa, mi Venus, mi ángel y mi sol. Pero más importante aún, es la única mujer a la que he amado jamás, con la que estoy compartiendo mi vida y la madre se mis hijos.

Me acerqué a ella y empecé a depositar varios besos detrás de su oreja. Después de un par, sonrió...

-Mmmm – dijo aún con los ojos cerrados – Y pensar que hay gente que despierta todas las mañanas con un despertador.

-Que forma tan convencional y aburrida de empezar el día – comenté.

-Completamente de acuerdo. No tienen ni idea de lo que se están perdiendo – Finalmente abrió los ojos y me mostró esas brillantes orbes esmeraldas que yo tanto amaba – Buenos días – dijo perezosa y aumentó su sonrisa.

-Buenos días preciosa – La besé en la boca, y ella entreabrió sus labios para permitir el acceso de mi lengua. Ésta mujer sería mi perdición, me conocía mejor de lo que yo lo hacia, y siempre sabia lo que deseaba incluso antes que yo.

-Carlisle, ahora no – dijo en el momento en el que mis manos viajaron a los botones de la camisa de mi pijama que ella llevaba puesta (siempre dormíamos así, yo solo con el pantalón y ella con la camisa) – Más tarde – prometió mientras se levantaba de la cama – Edward se despertará en cualquier momento y quiero tener las tortitas listas para cuando baje a la cocina, sabes cuanto le gustan y hoy es su día.

Me senté en la cama, listo para levantarme yo también.

-Vale, pero recuerda que yo también te necesito – dije mohíno, fingiéndome ofendido; sabia cuanto le divertía que me comportase de esa manera tan infantil.

-Ya lo sé, mi niño grande – dijo riendo y acercándose a mi lado de la cama para darme un beso. El collar que llevaba en su cuello se apartó de ella por la fuerza de la gravedad, y yo sentí el frío del cristal sobre mi piel caliente. Hoy hacia también ocho años que le regalé ese corazón de cristal de la Swarovski , y desde entonces nunca se había apartado de él.

-Los espero abajo – y con eso salió por la puerta, en dirección a las escaleras.

-Claro mi amor – grité a sus espaldas.

Me levanté y fui al baño a lavar mis dientes y afeitarme. Cuando terminé me puse una camiseta blanca y salí al pasillo. Fui hacia la última habitación de la derecha y abrí la puerta, su ocupante estaba en la cama con los ojos abiertos ; ojos que, en cuanto me vio, cerró y se colocó la sabana hasta taparse la cabeza. Sonreí para mis adentros, por supuesto que Edward despertaría más temprano de lo habitual en su día especial. Le aparté la sabana de la cabeza, y él apretó más sus ojos y trató de contener una sonrisa. Como adoraba la ingenuidad, inocencia y ternura de mi pequeño, las cuales mis dos hijos mayores parecían haber olvidado en cuanto entraron en la adolescencia.

- Qué pena que Edward aún esté dormido – dije en voz alta, fingiendo pesar – Bueno, ni modo. Querrá decir que yo me comeré sus tortitas.

Enseguida abrió los ojos, de ese mismo color que heredó de su madre. Cuanto se parece a ella, Esme dice que tiene también mucho de mi, pero creo que no se ha fijado bien, solo la sonrisa es mía.

-¿Así que estabas despierto? - pregunté, otorgándole a mi voz un tono entre falso reproche y risa. Él solo me asintió con un esbozo de sonrisa.

-Yo también quiero tortitas papá – pidió.

-Por supuesto Campeón, todas las que quieras. Ven aquí – alargué los brazos y Edward apartó la sabana para saltar hacia mi - ¡Feliz cumpleaños, hijo! - le dije, dándole un beso en la coronilla.

Él sonrió, mostrando el espacio que uno de sus dientes delanteros había dejado al caer la semana pasada.

-Gracias papá.

-Venga vamos, que las tortitas especiales de mamá te están esperando – lo empecé a llevar conmigo hacia la cocina.

-¡Si! - dijo feliz.

Llegamos a la cocina y Esme estaba terminando de servir las tortitas en los platos. En cuanto ella nos vio, vino a tomar a Edward, sin ningún esfuerzo de mis brazos, entre los suyos. Para ser tan menuda, ciertamente era un mujer muy fuerte. Le dio un beso en cada mejilla y lo abrazó.

-¡Feliz cumpleaños mi niñito! - le susurró.

Eso era cierto. Edward no solo era un niñito de papá, también lo era de mamá. Lo colocó en su asiento, y los dos hicimos lo proprio con el nuestro.

-¿Los chicos aun no se han levantado? - pregunté mientras echaba la miel sobre mis tortitas.

-¿Tú qué crees? - me contestó con otra pregunta retórica. Yo solo negué la cabeza con ironía – Sabes que durante las vacaciones para ellos el día se convierte en noche, y la noche en día.

-¿Hay más mamá? - preguntó Edward, después de haber comido su primera tortita.

-Claro que si cariño – le dijo Esme, sirviendo su segundo plato.

Dos horas después, cuando ya habíamos terminado con el "luego", Esme y yo bajamos ya vestidos y listos para festejar el día especial de Edward. Él estaba sentando en el sofá de la sala viendo los dibujos animados, también ya vestido, esperando por nosotros. Fuimos a la cocina a ver si nuestros otros dos hijos ya estaban preparados. Fue mucho pedir, ambos estaban aun en pijamas, comiendo las tortitas.

-¿Por qué aun no estáis listos? - preguntó Esme confundida.

-¿Listos para qué? - fue la respuesta de Alice después de haber tragado un bocado. Emmett ni siquiera desvió la atención del plato que tenia en frente.

-Hoy es el cumpleaños de Edward – apunté a lo obvio.

-Eso ya lo sabemos – dijo Alice poniendo los ojos en blanco, estaba por regañarla por hacerlo, cuando Emmett habló.

-No es como si se nos hubiese olvidado. Ya lo felicitamos y le dimos su regalo. Uno bastante caro, si se me permite decirlo. Por el que hemos tenido que trabajar.

Cierto. Por mucho que mi padre me hubiese retirado su apoyo económico y familiar en el momento que supo que me había casado con Esme, con la herencia que había recibido de mi abuelo, tenia suficiente para vivir cuatro vidas y no tener que trabajar un solo día. Y naturalmente me aseguraría de que cada uno de mis hijos tuviese su futuro garantizado. Pero al mismo tiempo, quería que entendiesen el valor del dinero, así que cada céntimo que recibían se lo tenían que ganar ayudando en casa.

-Si, eso me parece maravilloso. Pero vuestro hermano quiere que pasemos el día en Port Ángeles. Juntos – les dijo Esme.

-¡¿Qué? - contestaron los dos a la vez, atónitos.

No pude evitar fruncir el ceño por esa reacción.

-Yo no voy – dijo Alice con resolución.

-Ni yo – secundó Emmett –, ir a pasar el día en Port Ángeles es vuestro regalo, nosotros ya le dimos en nuestro.

-¿Cómo que no? - pregunté con frustración.

Éstas escenas se repetían ya con demasiada frecuencia, esperaba solo que el cumpleaños de Edward fuera motivo suficiente para que por un día no replicaran. No veía las horas de que terminaran estos años de adolescencia, y de verdad que temía el momento en el que llegara Edward a éste periodo. Aunque si será solo la mitad de rebelde que sus hermanos, ya estaré feliz.

-Ésta noche tenemos una fiesta en casa de Victoria Scott – dijo Alice, como si eso solo pudiese explicar y justificar su ausencia.

-Y hoy es el cumpleaños de Edward – volví a repetir.

-Eddie tendrá más cumpleaños, pero una fiesta como la de ésta noche es una oportunidad única en la vida. No se le dice que no a Victoria, sobre todo si te ha invitado a una de sus fiestas – contestó Alice.

-Además, yo no sé Alice, pero yo ya estoy bastante mayorcito para estar pasando todo un día en familia ; eso es cosa de Edward, que aun es un crío – explicó Emmett.

-Eso también – convino Alice –. Nos vemos todos los días, y cenamos juntos todas las noches. ¿Eso no es suficiente para vosotros?

-Por el amor de Dios. Se trata de vuestro hermano – casi grité. Estaba elevando demasiado la voz para el tono que generalmente usaba, pero toda ésta conversación ya me estaba molestando. ¿Qué había sido de ese tierno niñito con los hoyuelos en las mejillas, y de mi dulce princesita, a los cuales les encantaba pasar el tiempo junto a su familia?

-Y seguirá siendo nuestro hermano también mañana, pero no vamos a ir a Port Ángeles – dijo Alice rebelde.

Estaba por perder los estribos, cuando escuché una vocecilla a mis espaldas.

-Por favor no se peleen – dije Edward desde el umbral. Tenia los ojos lucidos – Alice, Emmett pueden ir a la fiesta. No pasa nada. No me molesta si no quieren venir – les dijo a sus hermanos.

Ellos parecían muy satisfechos por eso.

-¿Lo ven? - nos dijo Emmett confiado a Esme y a mi.

Pensaba que los había educado mejor que esto. De verdad no se habían dado cuenta de lo herido que estaba Edward por el hecho de que sus hermanos no quisieran festejar su cumpleaños. Ese niño tiene unos ojos trasparentes, eran muy fáciles de leer y sus hermanos ahora parecían ni verlos.

-Podría siempre no permitirles ir a la fiesta – les dijo Esme con autoridad.

-No te atreverías – dijo Alice estupefacta.

-Soy tu madre – le contestó Esme.

-Si, pero yo soy mayor de edad – alegó Emmett

-Entonces comportate como tal – fue la respuesta de su madre.

-¿Mamá nos podemos ir ya? - intervino Edward, tomando su mano y tirando de ella. Su mirada de suavizó enseguida en cuanto lo vio, le sonrió y le acarició los cabellos con la otra mano.

-Enseguida cariño – le contestó.

-Puedo ir a la fiesta, ¿no? - presionó Alice.

Esme la miró con decepción, sabia cómo se sentía, porque así estaba yo.

-¿Saben qué? Por mi hagan lo que quieran – le contestó resignada.

Los dos sonrieron felices, de la manera que Esme había bautizado como "Sonrisa Cullen", y no parecían ni afectados por la reciente discusión.

-Vamos Campeón – le dije a Edward, cogiéndolo en brazos y saliendo junto con Esme de la casa.

Entendía que eran solo las hormonas y ésta era una etapa normal de la vida. Pero considerando cómo estaban las cosas con ellos, a veces me asustaba pensar qué sería necesario para que mis hijos mayores madurasen, y dejasen de pensar en cualquier otra cosa que no fuese ellos mismos.

Alice PoV

La música sonaba, la gente bailaba, el alcohol corría ; a pesar de que Emmett, o por lo menos yo ( a éste punto, de él no estaba muy segura), eramos lo bastante listos como para no acercarnos a eso, o a las drogas. Pero excluyendo éste último y pequeño detalle, esto sí que era una fiesta.

No podía entender cómo era que mis padres pretendían que yo renunciara a todo esto, para ir a aburrirme pasando un día en Port Ángeles. No me mal interpreten, yo quiero mucho a mi hermanito, Edward es de verdad un angelito al que es muy difícil no adorar. Pero como le había dicho a ellos, esto no cambiaba nada con él, podríamos ir a Port Ángeles cualquier día, cualquier año ; ¿Quién sabia si la oportunidad de asistir a una fiesta así se repetía alguna vez en mi vida?

En unos meses empezaría mi segundo año de instituto, y durante el primero había hecho de todo para lograr entrar en el grupo de los populares, y ahora que lo había conseguido, no iba a tirar mi posición por el retrete por faltar a una fiesta. Esperaba solo que algún día Carlisle y Esme pudiesen entender nuestros motivos, cualquiera diría que ya no recuerdan lo que era estar en el instituto y ser adolescente. Sé que mis padres no son dos jovencitos, pero tampoco es como su tuviesen más de cien años. Menos mal que por lo menos Edward parecía haberlo comprendido.

Vi a Emmett bailando sobre una mesa con Jane (definitivamente había bebido), sé que cualquiera del instituto se moriría por estar con mi hermano, y él siempre ha tenido una predilección por las rubias, pero esperaba que ella seriamente no formase parte de su lista de conquistas. Esa pequeña manipuladora y reina del hielo era encima de toso una zorra, y yo no estaba dispuesta a darle la bienvenida (aunque fuese temporal) a mi familia.

Se me acercó James a traerme la Coca cola que le había pedido minutos atrás, las cosas no habían ido mal en los dos meses que llevábamos juntos, pero definitivamente no era él. Olí la Coca cola para estar segura que no estuviese adulterada, y tomé un sorbo.

-¿Te apetece bailar? - me preguntó James, tomando mi mano y acariciándola. No sentía el cosquilleo que Esme me ha asegurado que se siente cuando se trata del amor de tu vida.

-Claro – le dije, decidida a divertirme.

A diferencia de Emmett, yo no tenia una definición clara de cómo me gustaba físicamente un chico, pero aprovecharía estos años de adolescencia para descubrirlo. Yo estaba segura de que inmediatamente sabría que era el correcto en el momento que le viera. No sé cómo lo sabría, pero sé que así sería. Después de todo, yo soy hija de mis padres, y mi historia será igual de épica que la de ellos.

Varias horas después, no sabia exactamente cuanto, la fiesta se había descontrolado bastante. La gente tiraba jarrones y platos en el suelo, solo por diversión, la música ya se había vuelto ensordecedora, y todas las habitaciones estaban ocupadas, y no precisamente para dormir. Emmett estaba cantando Karaoke en la sala de la casa, y yo estaba sentada en el sofá intentando charlar con Tanya por encima de la música. James había desaparecido a hacer no sé qué, y la verdad era que no me interesaba demasiado. Una prueba más de que mis sentimientos hacia él no iban más allá de la atracción o la amistad. Tarde o temprano tendría que hablarlo con él.

Cuando de repente la música se detuvo, y nos giramos a ver el motivo. El jefe Swan estaba parado enfrente de nosotros, había apenas apagado el estéreo, detrás de él habían otros tres oficiales.

-Muy bien, la fiesta ya ha acabado – nos dijo a todos.

Nos reunieron en la sala ( más de uno estaba hecho un verdadero desastre), y el jefe Swan nos soltó una parrafada y un sermón de esos que no se olvidan. Que cómo se nos ocurría tener alcohol en una fiesta con menores, que eramos desconsiderados al hacer una fiesta en martes, nosotros podíamos estar de vacaciones, pero los demás no. Y si me detenía a pensarlo bien, sí que tenia razón. Era muy peligroso que después de la fiesta, muchos condujeran en estado de embriaguez o bajo los efectos de las drogas, sobre todo con la fuerte lluvia que estaba calando. Pero no tenia intenciones de admitirlo en voz alta. No si me importaba mi reputación.

Honestamente yo me esperaba que nos iba a mandar a todos en comisaría, cuando me sorprendió a anunció que nos podíamos marchar a casa.

-Por ésta vez lo voy a dejar pasar con una advertencia. Pero antes de iros quiero que cada uno de vosotros llame a vuestros padres para avisarles lo que ha ocurrido, quiero que ellos sepan qué han estado haciendo sus hijos ésta noche. Estoy seguro que muchos de sus castigos serán más formidables que el mio – dijo significativamente – Pero la próxima vez, no seré tan indulgente. Así que adelante, sacad vuestros móviles y a llamar.

Me acerqué a Emmett, y esperé a su lado mientras lo veía marcar el numero de Carlisle, parecía nervioso al igual que yo, pero trataba de hacerse el valiente.

-Hola papá – dijo con entusiasmo - ¿Cómo están pasando el día, Edward se está divirtiendo? - podía no entender lo que se estaba diciendo al otro lado de la linea, pero tenia la sospecha de que Carlisle estaba hablando con recelo – Que bien – silencio – Pues si, verás el jefe Swan acaba de llegar y terminó con la fiesta y … - Parece que lo interrumpió en mitad de la frase – No, nos ha dejado marchar, pero quiere que os avisemos – calló para escuchar, de repente empezó a asentir, quizás olvidando que papá no lo podía ver – Si, señor. Si – aseguró – De acuerdo – y con eso terminó la llamada.

-¿Qué te dijo? - pregunté asustada.

-Que ya vuelven para acá. Quiere que nos vayamos enseguida a casa, y repito textualmente "Ya hablaremos cuando estemos en casa".

-Ay no – sabían lo que significaban esas conversaciones : castigos encerrada en casa, cancelación de la tarjeta de crédito, ayudar más y seguro que había apenas arruinado la posibilidad de que me regalasen el coche que yo quería.

- Lo sé – convino Emmett conmigo, mientras salíamos de la casa y entrabamos en su coche – No sabes lo que daría por evitar esa conversación.

-Lo mismo que daría yo – comenté.

La que nos esperaba en casa...

Esme PoV

-Mamá, ¿Podemos ir a la tienda de música? - Preguntó Edward con su contagioso entusiasmo, mientras caminábamos por la calle principal de Port Ángeles. Carlisle y yo no pudimos hacer a menos de reírnos. Edward estaba que no se contenía las ganas de adelantarse a nosotros y salir corriendo hacia la tienda a unos cien metros de donde nos encontrábamos. Pero yo se lo impedía porque lo tenia bien sujeto de la mano.

-Claro que si, cariño – le dije, encaminándonos a la tienda, él empezaba a tironear para que fuéramos más deprisa.

-Paciencia Campeón – le dijo Carlisle revolviendo sus cabellos – En la vida hace falta tener mucha paciencia, si algo es tuyo llegará a ti, no importa cuanto esperes – Edward lo miró como si le hubiese apenas dicho el secreto para crear oro y asintió, siempre miraba a su padre como si fuese un Dios. Lo admiraba con fervor.

Llegamos a la tienda, y apenas atravesamos la entrada, Edward me soltó la mano y desapareció en dirección a los CDs. La música era su pasión, y consideraba ésta enorme tienda uno de sus lugares preferidos en el mundo. Carlisle me pasó la mano sobre los hombros, y yo apoyé la cabeza ligeramente sobre su pecho, aspirando su embriagador aroma. Seguimos a Edward a un paso más razonable.

-Hoy ha sido un gran día – comenté.

-Si. Edward se ha divertido mucho – Habíamos ido a comer hamburguesas, fuimos al puerto y dimos un paseo en bote, y por último habíamos ido al parque de diversiones; ahora aquí estábamos.

Sospechaba que ésta noche al volver a casa, Edward se quedará dormido como un tronco en cuanto apoye la cabeza sobre la almohada. Después de todo ya nos habíamos pasado su hora de dormir, pero hoy estaba dispuesta a hacer una excepción.

-Es una lástima que los chicos no quisieran venir – suspiré con tristeza. No recordaba la última vez que de verdad había pasado un día con toda mi familia.

-Es la edad. Verás que pronto se les pasará... - Trató de animarme Carlisle, pero yo sabia que él se sentía tan frustrado como yo.

Ya no sabia qué más hacer, la única cosa por la que estaba agradecida era que sabia que por lo menos eran lo suficientemente sensatos como para no acercarse a las drogas y esos problemas. Pero se habían vuelto muy egoístas, nadie tenia problemas excepto ellos, solo les importaba la apariencia y su reputación, protestaban cada vez que les pedía ayuda para algo, pero no paraban de pedir dinero. Sabia que en unos años todo seria un recuerdo lejano, pero honestamente no veía las horas que pasaran.

¿Qué les costaba sacrificar un día de su tiempo para estar con su hermano? Edward los adora, y llevaba tiempo esperando y planificando éste día, porque deseaba estar junto a su familia. Pero parece que ellos ni tan siquiera se habían dado cuenta de su dolor por el rechazo de ambos.

-Espero que tengas razón – suspiré.

-¿Acaso no recuerdas tus proprios años de adolescencia? - bromeó.

-Yo fui un ángel – le dije, fingiéndome indignada – Elizabeth era la problemática.

-Qué curioso, tu hermana afirma todo lo contrario – reprimió una sonrisa, cuando yo le di un ligero manotazo en el pecho, estalló en una carcajada. Mi corazón dio un brinco. Veinte años casada con éste hombre, y aun me hacia sentir como el primer día.

Alcanzamos a Edward, y Carlisle fue a ver qué CDs le gustaban. La vida ha sido muy generosa conmigo, me ha dado todo aquello que soñaba cuando era niña : Una familia y un hombre al que amo con toda mi alma, y que me corresponde de la misma manera. Y pensar que en el un principio mis planes eran de viajar a Italia, pero al último momento me decidí por Inglaterra. Si hubiese seguido la idea original no me habría encontrado nunca con Carlisle.

A la gente le parece increíble nuestra historia, y que nos hubiésemos casado solo a la semana de habernos conocido. Pero es difícil explicar lo que sentí en el momento en el que le vi por primera vez, no volví a ser la misma después de ese día, y sabia que no podría volver a vivir sin él. En ningún momento dudé de mi decisión, ni siquiera cuando tuvimos que enfrentarnos a su familia. A mi no importaba el dinero, y contrario a lo que su padre decía, yo no iba detrás de la fortuna de la familia Cullen. Y cuando Carlisle me aseguró que él opinaba lo mismo que yo, supe que había hecho lo correcto.

Carlisle volvió conmigo a Forks e iniciamos nuestras vidas juntos. Él empezó a trabajar en el hospital, y yo con mi pequeño negocio de decoración de interiores ; el cual relegué en cuanto empezamos a formar una familia. Dos años después de nuestro matrimonio nació Emmett y otros dos años luego, Alice. Pero los Cullen no estuvimos completos hasta la llegada de Edward.

-Papá, quiero ver los de arriba – le dijo Edward a Carlisle.

-Claro Campeón – lo levantó en brazos y le ayudó a explorar los CDs que no podía alcanzar.

¿Cómo Carlisle podía decir que Edward había heredado de él solo la sonrisa? Viéndolos así de cerca, cualquiera que no los conociese afirmaría sin lugar a dudas que son padre e hijo. Tienen el mismo porte, la misma forma de inclinar la cabeza al hablar, hacen los mismo gestos y caminan de idéntica manera. Puede que sea yo la que tenga que decir que Edward había heredado de mi solo los ojos y el color de cabello ; y puede que ni siquiera lo último, porque los suyos son una tonalidad más oscura.

Ese niño es nuestra alegría y nuestro orgullo. Incluso el de sus hermanos (aunque ahora estén atravesando por el tan temido periodo de la pubertad). Mi bebé del milagro. A pesar de que el embarazo y el parto había sido sin problemas, a los pocos minutos de nacer Alice, tuve complicaciones (ni yo entiendo muy bien qué ocurrió, visto que estaba inconsciente), tras las cuales me anunciaron que no podría tener más niños. Traté de convencerme que no pasaba nada, después de todo ya tenia dos hijos, y uno de cada sexo. Pero yo siempre había deseado una familia numerosa, y no podía evitar sentirme mal por esos niños que nunca tendría.

Me dediqué por completo a Emmett y Alice, y cuando sentí que no solamente ellos, también yo, estábamos preparados, decidí que era el momento de volver a trabajar. Entonces recibimos la sorpresa de nuestras vidas, estaba nuevamente embarazada. Nadie se lograba explicar cómo era posible, pero así era. Fue un embarazo mucho más complicado de lo que me hubiese gustado. Tenia problemas de presión y había riesgo de aborto. Pero yo estaba decidida a conocer a mi bebé. Esa criatura aun no había nacido, pero era tan hijo mio como Emmett y Alice, y su vida era tan importante para mi como la de sus hermanos.

Sonó el móvil de Carlisle, sacándome de mis pensamientos. Él bajó a Edward, miró el identificador y contestó.

-Dime Emmett – al escuchar el nombre de mi hijo mayor tuve un mal presentimiento. Algo había sucedido, lo sabia. Carlisle se alejó un poco para poder escuchar mejor, y yo fui a pararme al lado de Edward y acaricié sus cabellos.

-¿Hay alguno que te interese cariño? - pregunté, jugueteando distraída con el corazón de cristal que Carlisle me había regalado el día que Edward nació.

-Algunos – me contestó dudoso, y continuó explorando los CDs, yo solo lo veía.

Llegó Carlisle, guardando el móvil en su bolsillo.

-Nos tenemos que regresar a Forks – me dijo algo molesto.

-¿Qué ha ocurrido?

-El jefe Swan canceló la fiesta, y …

-¡¿Qué? - interrumpí, sabia que algo había pasado.

-Tranquila que no ha pasado nada. Charlie los ha dejado marchar al casa. Pero prefiero que volvamos, porque le he dicho a Emmett que tenemos que hablar con ellos.

-De acuerdo.

Nos giramos hacia Edward que nos miraba desilusionado, era obvio que nos había escuchado.

-Edward, hijo. Nos tenemos que volver a casa – le dijo Carlisle, agachándose para estar a su nivel.

- Pero si aun nos falta ver la mitad de la tienda. Y no he encontrado todavía los CDs que quiero – protestó con una vocecilla.

-Ya lo sé Campeón, pero tus hermanos han hecho otra de las suyas, y mamá y yo tenemos que ir a hablar con ellos. Te prometo que volveremos éste fin de semana, cuando salga del hospital, y te podrás comprar todos los CDs que quieras, ¿De acuerdo?

-¿Lo prometes? - Carlisle asintió – Está bien – accedió, tomó su mano y empezamos a caminar hacia la salida – No los vas a castigar, ¿verdad papá? - preguntó preocupado.

-No lo sé Campeón, tal vez.

-Yo no quiero que los castigues.

-Deja que eso lo decidamos nosotros cariño – le dije. Él asintió. Me encargaría de que sus hermanos supieran que intercedió por ellos, incluso después de la desilusión que le dieron.

Al salir de la tienda, vimos que había empezado a llover mientras estábamos adentro, así que tuvimos que correr hasta el coche para no mojarnos. Nos pusimos en camino y estuvimos en silencio por varios minutos, Edward se había quedado dormido y nosotros estábamos sumergidos en nuestros proprios pensamientos...

-¿Qué vamos a hacer? - pregunté después de un poco.

-En eso estoy pensando – contentó con un suspiro cansado – Está claro que necesitan aprender una lección. Creo que deberíamos quitarles algunas cosas, que aprendan que para recibir, tienen que dar también...

-¿Qué pretendes, quitarle el coche a Emmett y no comprárselo a Alice?

-Precisamente eso. El coche de Emmett aun no está a su nombre, y habíamos dicho que compraríamos el de Alice antes de que empiece las clases. Simplemente les diremos que si quieren sus coches, van a tener que aprender a comportase.

Estaba por decirle que era una gran idea, cuando una fuerte luz me cegó, y después todo se volvió negro.

Dolor. Sentía demasiado dolor en todo mi cuerpo, y no era capaz de mover ni un solo musculo, intentaba abrir los ojos, pero cada vez que lo conseguía, la luminosidad que había me hacia cerrarlos de nuevo. Sentía movimiento a mi alrededor y voces frenéticas.

¿Qué estaría ocurriendo, y dónde estaba mi familia?

-Car-Carlisle – Quería gritar, pero sospechaba que me había salido como un susurro. Tenia que intentarlo de nuevo – Carlisle. Carlisle.

-Señora Cullen – escuché una voz desconocida a mi lado – Traté de calmarse. No debe fatigarse.

-Carlisle. Edward ¿Dónde están? - ¿Por qué no distinguía sus voces entre los ruidos que oía? - ¿Y los chicos?

-S-su familia está bien – me contestó ese mismo hombre con una voz suave.

Un fuerte pitido retumbó en mi cabeza, y traté de esforzarme por escuchar lo que me decía por encima de ese ruido ensordecedor. En la distancia distinguía también el sonido de una sirena, entonces lo comprendí. Era una ambulancia, y yo iba en ella. De allí el dolor. Pero yo solo necesitaba saber que Carlisle y Edward estaban bien, nada más.

-¿Mi marido y mi hijo están bien? - hice acoplo de todas mis fuerzas para preguntar.

-Si – escuché.

Y a pesar del dolor, me sentí tranquila. Lo importante para mi era que ellos estuviesen bien. Nada más. Sentí la oscuridad apoderarse de mi mente una vez más, y por mucho que lo intenté, no fui capaz de vencerla... Ya continuaría luchando cuando me despertase...

Aquí lo tienen, espero que les haya gustado y ayude a entender un poco más la historia. Tengo la mala noticia de que no va a haber actualización hasta inicios del mes que viene, porque me voy de viaje, y vuelvo para esas fechas.

Sospecho que éste no recibirá la misma cantidad de reviews que un capitulo normal, pero aun así me gustaría saber lo que opinan ;)... piensen que si cuando vuelva de viaje, veo bastantes comentarios, me sentiré más motivada a escribir...

Besos, Ros.