Aquí lo tienen, lamento haber tardado más que de lo que había prometido, pero diré a mi defensa que en compenso el capitulo es bastante largo, espero solo que guste y que la lectura no se haga muy pesada. Antes de empezar, me gustaría hacer una pregunta, en varios reviews me han dicho que han empezado a leer ésta humilde historia porque alguien se las había recomendado, ahora bien, me gustaría que me dijesen quién ha sido, así podré agradecérselos personalmente. Pero por si esas personas están leyendo ésta nota de autora : ¡Muchísimas gracias!, no saben lo que significa para mi.

Ustedes ya saben cómo va la cosa con la historia original, que en parte fue inspirada por un capitulo de la serie "Entre Fantasmas". Pero éste outtake (aparte de los personajes, obviamente) es todo mio.

Futuro incierto.

Elizabeth PoV

Pasé los dedos por las comisuras de mis ojos para limpiar las lagrimas, las cuales en lugar de disminuir, lo que hacían era aumentar cada día más. Era tan difícil entrar en ésta casa y aceptar que mi hermana y mi cuñado ( el cual era también como un hermano para mi) ya no estaban aquí. Sentía la presencia de Esme en cada una de las habitaciones, la decoración tenia su firma en todos lados. Y con todas las fotos familiares y de sus hijos que adornaban las estancias, era bastante fácil saber cuánto amaba a su familia.

Pero tenia que ser fuerte, y representar un apoyo para mis sobrinos. Yo podía haber perdido a mis hermanos, pero ellos habían perdido a sus padres. Y aun temíamos por la vida de Edward. Suspiré. Hoy se hacían dos semanas que estaba en coma, y aun no teníamos certeza de si despertaría o menos.

Edward. Pensar en mi chiquitín, que ahora se debatía entre la vida y la muerte, hizo que recordara la última vez que había venido a Forks a quedarme por varias semanas para dar una mano. Pero había sido tan diferente en aquella ocasión, estábamos festejando una vida, no llorando dos muertes. Esme estaba en su séptimo mes de embarazo y le habían recetado reposo absoluto, John estaba de viaje de negocios y me había quedado sola en casa con Bree. Así que para mi lo más lógico era que viniera a estar un tiempo en Forks para ayudar a mi hermana con la casa y sus dos hijos. Vi el enorme sofá blanco de la sala, y no pude evitar pensar en esos días, cuántas tardes pasamos allí sentadas rememorando viejos tiempos, mientras los niños jugaban fuera, y Emmett y Alice practicaban para ser hermanos mayores con su prima de tres años.

Esme y yo siempre fuimos muy unidas, desde pequeñas. Había tenido suerte, crecí junto a mi mejor amiga. Pero en más de una ocasión ella tuvo hacer de madre para mi. Nuestro padre fue un bueno para nada que dejó a nuestra madre por una lactante apenas salida del instituto. No me acuerdo mucho de él, tenia apenas tres años cuando se marchó, pero Esme tenia seis y mientras crecíamos me decía que tenia grabado en la memoria ese momento. Desde entonces, a pesar de la edad, creo que se sintió responsable por nosotras, incluso por nuestra madre, era la roca de la familia. Mamá tuvo que hace dos, o aveces tres trabajos a la vez para podernos mantener, y Esme y yo aprendimos a estar siempre solas en casa. Si lo pienso bien, creo que todas las grandes conversaciones las tuve con mi hermana, era ella quien me ayudaba con los deberes, quien me cocinaba y estaba al pendiente de que mi ropa estuviese siempre limpia, estaba a mi lado cuando tenia pesadillas por las noches y lloró como nadie de emoción el día que terminé el instituto.

Por eso no podía estar más feliz por ella cuando regresó de su viaje a Londres (ese por el tanto tuvo que trabajar para pagarlo), y lo hizo de la mano de Carlisle, presentadolo nada más y nada menos que como su marido. Yo mejor que nadie sabia la gran capacidad de amar que tenia mi hermana, y la gran madre que sería algún día. Un solo vistazo a la recién pareja me confirmó que se amaban con locura y sabia que Esme había encontrado al amor de su vida, y había conseguido su final de vivieron felices por siempre jamás.

Solo que ese siempre duró apenas veinte años. Un irresponsable conductor borracho se había cobrado la vida de mi hermana y mi cuñado, de los padres de mis sobrinos y de dos personas estupendas. Y yo había perdido a mi segunda madre nuevamente a causa de un accidente de tránsito. A distancia de quince años, madre e hija habían muerto casi de la misma manera. Si no fuese tan trágico, pensaría que es irónico. Nuestra madre había sido atropellada por un conductor fantasma, nunca supimos de quién se trataba.

Suspiré para calmarme y salí de la casa y fui hacia el coche, para ir en dirección del hospital y llevarles la comida a Emmett y Alice. Volví a recordarme que tenia que ser fuerte por los chicos, ellos me necesitaban. Llegué después de veinte minutos y subí al reparto de terapia intensiva, preguntándome cuándo terminaría toda ésta incertidumbre, y si algún día seríamos capaces de respirar aliviados y festejar que Edward fuese trasladado a una habitación normal porque está fuera de peligro. Siempre he sido una persona optimista por naturaleza, pero hasta yo ya empezaba a ver todo demasiado oscuro como para seguir esperando.

Giré el último pasillo que llevaba a la habitación de Edward, encontré la puerta entre abierta, estaba por entrar cuando escuché a los chicos hablando dentro.

-¿Qué vamos a hacer Emmett? - escuché la voz desesperada de Alice.

-No lo sé - el sonido llegó sofocado, tal vez tenía la cara enterrada entre sus manos.

-¿Y si no se despierta?, ¿Qué pasará si lo perdemos a él también? - parecía a punto de empezar a llorar.

Sentía mi corazón encogerse, quería ir hacia ella y estrecharla entre mis brazos para consolarla, pero no sabia por qué me sentía anclada al suelo.

-¡No digas eso! - espetó Emmett, elevando demasiado la voz - ¡No vuelvas a repetirlo!, él no va a morir, Edward no.

-Pero...

-Cállate – fue la dura respuesta de su hermano.

Supe en ese momento que tenia que hace algo, tenia que intervenir. Me obligué a reaccionar, y entré en la habitación, fingiendo que no había escuchado nada. Ambos estaban de pie y uno en frente de la otra. Alice tenia las mejillas empapadas y Emmett una expresión desencajada en el rostro.

-Hola chicos – les saludé lo más tranquila que pude.

Puse la bolsa con comida que había traído sobre la mesilla auxiliar y me acerqué a la cama para alaciar los cabello de Edward, y depositar un beso en su frente. Si se ignoraba el vendaje que cubría su frente, el tubo que entraba por la boca a través de su garganta y le ayudaba a respirar, y todas las agujas que atravesaban su piel, podía llegar hasta imaginarme que estaba durmiendo.

-Hola mi chiquitín – le susurré en su oído. Amaba por igual a mis tres sobrinos, pero había algo en Edward que hacia que lo viese y lo considerase casi al mismo nivel que a Bree. Quizás era por ser el más pequeño y porque me recordaba tanto a Esme. Me volví a ver a los chicos, y noté que Alice se estaba secando las mejillas y trataba de calmarse – Te he hecho tu comida preferida Alice, cariño – le dije.

-Gracias tía Elizabeth – me contestó con una sonrisa forzada – Pero antes, necesito ir un momento al lavabo.

Sin más salió de la habitación hacia el pasillo, vi que Emmett daba un paso para seguirla, seguramente sintiéndose mal por lo que le había dicho antes y queriendo comprobar que estuviese bien, cuando yo le coloqué una mano sobre el hombro y lo detuve.

-Déjala, quiere estar un momento a solas, es normal.

-Pero... - quiso replicarme, pero yo le negué ligeramente con la cabeza.

-Si lo que tiene únicamente es la necesidad fisiológica de ir al lavabo, habría ido al que tenemos aquí en la habitación, pero ella en realidad lo que necesita es calmarse un poco. Podemos darle eso, ¿verdad?

-Si – susurró después de un poco.

Me puse en frente de él y coloqué una mano sobre su mejilla.

-¿Y tú cómo estás? - pregunté.

-No lo sé – fue su respuesta. Yo simplemente no le dije nada y esperé – Tengo miedo – admitió después de un poco – Yo no puedo perderle a él también, no puedo permitir que ésta familia se destroce más de lo que ya está – empezó a llorar – Yo soy el hermano mayor, es mi responsabilidad cuidar tanto de él como de Alice, no puedo decepcionar más a mis padres al no ser capaz de proteger a mi hermanito.

-Oh cariño, ven aquí.

Lo arrastré conmigo hacia el sofá que estaba en frente de la cama y una vez sentados, lo atraje hacia mi pecho para poder abrazarle. Cualquiera encontraría cómico que un joven del tamaño de Emmett necesitara consuelo, pero en estos momentos no podía evitar verlo como el niñito, que durante las fiestas de navidad se despertaba a las cuatro de la mañana para ir a espiar los regalos que estaban debajo del árbol. Creyendo ingenuamente que ni sus padres, ni sus tíos tenían una vaga idea de lo que hacía.

- Todo irá bien – le susurré, mientras acariciaba con movimientos circulares su espalda.

-No, no es así – contestó entre lagrimas – Mamá y papá han muerto, Edward está en coma. ¿Cómo puede ir todo bien?

-Cuando eramos jóvenes, tu madre siempre decía que sólo vivimos experiencias que podemos soportar y yo sé que ella tenía razón. Pronto va a mejorar todo. Edward se va a poner bien, estoy segura de ello. Ten un poco de fe en tu vieja tía Elizabeth.

Él no dijo nada y nos quedamos los dos en silencio, mientras yo acariciaba sus tensos músculos. Podía imaginarme el enorme peso que se sentía en estos momentos sobre las espaldas. Y que se sentía también responsable por sus hermanos. Tenia que hacer algo. Ayudar de alguna manera, mi mente empezó a divagar con las posibilidades que tenia, cuando Alice entró una vez más en la habitación. Emmett se apartó de mi, se secó las lágrimas y adoptó una expresión calmada mientras se levantaba e iba a buscar la bolsa con la comida.

Después de que los chicos terminarán de comer, Emmett me acompañó a la cafetería en planta baja para comprar unos cafés, ninguno se esperaba lo que ocurriría cuando volvimos a la habitación...

Encontramos a Alice fuera, que miraba fijamente la puerta cerrada y lloraba sin parar. Dentro de la habitación de escuchaban voces y bastante ajetreo. Sentí mi corazón detenerse. ¿Qué estaría ocurriendo?

-Alice, ¿Qué sucede cariño?, ¿Por qué estás aquí afuera? - pregunté, cuando llegué a su lado.

En cuanto me vio, se lazó a mis brazos y lloró más fuerte. Eso me asustó todavía más.

-¿Alice? - volví a llamarla, con una voz que no reconocía a pesar de ser la mía.

Emmett se paró a mi lado y empezó a acariciar la espalda de Alice, con los mismos movimientos que había usado yo con él una hora atrás.

-Tranquila hermanita – le dijo en tono suave – Dinos qué ha ocurrido.

Alice se apartó de mi y se secó las mejillas con las manos, respiró profundo varias veces antes de hablar.

-Edward ha despertado – susurró temblorosa.

Jamás podré explicar la felicidad que inundó mi pecho en ese momento. Esas tres palabras de Alice fueron como escuchar campanas del cielo.

-¿De verdad? - pregunté feliz.

Ella asintió.

-De repente empezó a ahogarse y abrió los ojos mientras tosía. Sonó la alarma de la habitación, y entró el doctor y unas enfermeras y me dijeron que saliera un momento. Llevo ya varios minutos esperando.

-Va todo bien Cielo, ya verás – le aseguré.

Después de eso, nadie dijo una sola palabras y nos quedamos esperando en silencio. No sé exactamente cuanto tiempo pasó hasta que alguien salió, podían haber sido minutos u horas. Pero la espera tuvo su recompensa, el doctor Gerandy abrió la puerta y nos miró sonriente. Sabia que él y Carlisle habían sido muy buenos amigos, y me daba cuenta que él se preocupaba tanto como yo por la vida de Edward.

-Edward está fuera de peligro – anunció – Ha despertado, y a pesar de que está muy débil, estoy seguro de que se pondrá bien pronto.

Los tres dimos un suspiro de alivio.

-¿Podemos entrar a verlo? - preguntó Emmett.

-Si – accedió el doctor, después de haber estado un minuto en silencio mientras parecía pensárselo – Pero por favor traten de no fatigarlo mucho y tiene que estar tranquilo. Su vida ya no corre peligro, pero su salud es aun muy delicada.

Los tres asentimos y sin más entramos en la habitación. Edward estaba allí, acostado en la cama, con sus enormes ojos verdes abiertos, tan parecidos a los de su madre o a los míos. Era el único de entre sus hermanos o su prima que había heredado los ojos de la familia Platt. Se veía delgado y demacrado, parecía tan débil que daba la impresión de que un simple soplo sería suficiente para derribarle.

-¿Tía Elizabeth? - me llamó jadeante, en cuanto su mirada se posó en mi.

Me acerqué a la cama y tomé la mano, cuyo brazo no tenía ninguna aguja enterrada, y le di un suave beso en la palma.

-Hola cariño – saludé en un susurro emocionado.

-¿Qué estás haciendo aquí? - me preguntó con un ceño confundido.

Yo no sabia qué contestarle, así que al final opté por decirle la frase que pronunciaba siempre que nos veíamos.

-Estoy aquí para ver a mi sobrino preferido, ¿Por qué si no?

Él no dijo nada, y entró su mirada en mi, como si me estudiase. Era como decía Esme, tenia una forma tan intensa de observarte, que daba la impresión de que estuviese leyendo tu mente. Después la desplazó hacia sus hermanos, y frunció más el ceño.

-¿Dónde están mamá y papá? - formuló la tan temida pregunta. Nosotros tres nos miramos inciertos.

No sabia qué decirle o, mejor dicho, cómo decircelo. De qué manera le podía contestar que sus padres habían muerto, y peor aún en el día de su cumpleaños. Cómo decirle que los tres habían tenido un accidente en el que ellos habían perdido la vida, y él había estado en coma hasta hacia un momento. ¿Cómo le explicas a un niño de apenas ocho años de las personas más importantes en su vida se habían ido para siempre?.

Hice acoplo de todo mi valor para pronunciar esas dos palabras que cambiarían su vida para siempre, y quizás representarían el final de su infancia. Cuando Emmett se me adelantó y le escuché hablar.

-Han vuelto a casa – le dijo tranquilamente. Me giré a mirarlo confundida, queriendo cuestionarle con la mirada qué estaba haciendo, pero él solo continuó – Estaban aquí hasta hacia unos minutos, pero tuvieron que ir a buscar unas cosas a casa, dijeron que más tarde vendrían de nuevo.

Edward asintió ligeramente con la cabeza a lo que le decía su hermano, pero creo que el movimiento le causó dolor, porque de repente se detuvo.

-¿Qué me pasó?, ¿Por qué me duele todo el cuerpo?

-Tuviste un accidente cariño – le contesté.

-¿Un accidente? - sus ojos se agrandaron como platos y parecía asustado.

-Nada de qué alarmarse Eddie – le aseguró Emmett en todo despreocupado – Solo un par de rasguños, en unos días estarás como nuevo.

-Vale – Un sonoro bostezo se le escapó y trató de suprimirlo sin éxito.

-¿Tienes sueño hermanito? - preguntó en tono dulce Alice.

-Bastante – fue la soñolienta respuesta de Edward.

-Entonces duerme cariño– le dije, pero creo que no lo escuchó del todo, porque ya estaba en los brazos de Morfeo.

Me apresuré a sacar mi móvil para mandarle un rápido mensaje a John y hacerle saber que Edward ya había despertado y que se encontraba fuera de peligro. Al cabo de unos segundos el aparato vibró.

"Qué buena noticia mi amor, no sabes lo feliz que estoy. Bree pregunta mucho por ti, pero no te preocupes que mi madre se está haciendo cargo de ella. ¿Hablaste con los chicos lo que discutimos ayer?. Hazme saber. Te amo"

Tecleé rápidamente una respuesta.

"Hablaré ahora con ellos. Yo también te amo. Cuida a nuestra niña"

Me giré a mirar a mis dos sobrinos mayores y apunté a la puerta mientras hablaba.

-Afuera. Conmigo. Ahora – les dije en tono autoritario. Salí de la habitación y ellos me siguieron. Estaba por preguntale a Emmett por qué le había mentido a Edward, cuando Alice se le adelantó y habló por él.

-Por el momento es mejor así tía Elizabeth. El doctor Gerandy ha dicho que Edward se encuentra aun muy débil, y solo hace falta verle para darse cuenta lo frágil que está en estos momentos. No sabemos cómo podría afectar a su salud la noticia de la muerte de mamá y papá.

Habló de tal manera que parecía mucho mayor que una adolescente de 16 años. Solo entonces me di cuenta de lo mucho que habían madurado los chicos en éstas dos semanas.

-Están conscientes de que tarde o temprano vamos a tener que decirle la verdad, ¿no? - cuestioné.

-Pensaremos en cómo decircelo cuando llegue el momento – fue la simple respuesta de Emmett.

-Por favor tía Elizabeth, no le vayas a decir la verdad aún. Por favor – me pidió Alice, usando sus ya más que perfeccionados ojos de cachorro. Di un largo suspiro de resignación antes de acceder con un asentimiento – Gracias – me dijo sincera.

-Vengan, siéntense conmigo – los llevé a unas sillas que estaban en la sala de espera, y los tres nos sentamos – Hay otra cosa de la que me gustaría hablarles – tomé una bocanada de aire antes de empezar – Nunca tuve la oportunidad de hablar de esto con vuestra madre, en realidad creo que ninguna de las dos queríamos pensar en la posibilidad de que pudiésemos dejar a nuestros hijos sin ninguno de sus padres. Pero ocurrió ... Si yo hubiese estado en el lugar de Esme y nos hubiese ocurrido algo a John y a mi, estoy al cien por cien segura de que mi hermana se habría hecho cargo de Bree. Y de la misma manera estoy segura que ella sabia que yo me ocuparé de sus hijos – concluí.

Ellos me miraron atónitos por un momento, Emmett, quien pareció ser el primero en reaccionar, me pidió confirmación.

-¿Nos estás diciendo que quieres que nos vayamos contigo a San Francisco?

-Si.

-Pero no te podemos dar ese fastidio – replicó Alice – Tú ya tienes a Bree, y vives también con tu suegra. Además, ¿Qué va a decir el tío John de que lleves a casa tres bocas más que alimentar?.

-Ya hablé de esto con vuestro tío y él está de acuerdo conmigo. Sé que Bree estaría feliz de teneros en casa, ella os adora. Y sé también que a mi suegra no le importaría.

-Pero … - empezó a replicar Emmett, pero yo lo ataje antes.

-Emmett cariño, ya lo sé que no hay ningún testamento que lo aclare, y que tú para la ley eres el tutor legal de tus hermanos, pero tienes apenas 18 años, es mucho peso para llevarlo en un solo par de hombros. Les propongo entonces otra cosa, si ustedes que ya tienen vuestra vida aquí no quieren venir a San Francisco, entonces que se venga a vivir conmigo solo Edward. El próximo año tú irás a la universidad, y mientras tanto, Alice te podrías venir a quedar conmigo, hasta que sea también tu momento de ir a la universidad, después de todo son solo unos pocos años. Y Edward se podría quedar con nosotros mientras tanto. ¿Qué dicen?

-No lo sé – me contestó Emmett dudoso, tomé su mano y se la apreté en un gesto de apoyo.

-No te voy a obligar a nada, pero prométeme solo que te lo vas a pensar – pedí.

-De acuerdo.

Las siguientes semanas pasaron como un sueño, se necesitaron exactamente 16 días para que Edward fuese dado de alta del hospital. Durante todo ese tiempo, el niño no había hecho más que preguntar por Carlisle y Esme, y sus hermanos lo que hacían era darle siempre largas. Frases como "Estuvieron aquí mientras dormías", "Hoy no van a poder venir porque están muy ocupados" o "Seguro que más tarde vienen", eran las respuestas que recibía. Edward no replicaba nada, aceptaba lo que le decían y callaba. Pero por su mirada, yo creo que en el fondo ya lo empezaba a sospechar. Ese niño era demasiado perceptivo para su propio bien, una cualidad que había heredado de su madre.

Finalmente llegó el día en el que nos podíamos marchar a casa y en el que sabíamos que teníamos que decir toda la verdad. Recogí todas sus cosas, lo ayudé a lavarse y a vestirse, y , cuando llegó el momento, Emmett se dio a la tarea de contarle lo que había sucedido. Le habló del accidente, que había ocurrido mientras volvían de Port Ángeles el día de su cumpleaños, que había estado en coma, y que ese día sus padres habían muerto. Trató de justificarse y explicar los motivos por los cuales no le habíamos dicho la verdad, pero creo que el ese momento sus razones parecían demasiado débiles incluso a sus oídos.

Edward no les dijo nada, les lanzó una mirada herida y de desprecio a sus hermanos, antes de agachar la cabeza, juntar sus manos en el regazo y apretar fuertemente la mandíbula. Creo que ellos no escuchaban sus palabras, porque estaban del otro lado de la habitación, pero yo lo tenia al lado.

-No, no, no, no, no, no, no – balbuceaba repetidamente. A mi se me aguaban los ojos, solo de pensar en su dolor.

Emmett se acercó a él.

-Eddie, yo … - depositó una mano sobre su hombro, pero Edward se apartó enseguida, casi como si su contacto quemase. Levantó la cabeza y observo a su hermano con la más fría de las miradas. Emmett se interrumpió y retrocedió un paso, como si estuviese aterrorizado.

Edward se bajó de la cama y vino hacia, tomó mi mano y empezó a tironear de ella.

-Vamos tía Elizabeth, quiero volver a casa – me pidió.

Me giré a ver a Emmett, se veía herido por la reacción de Edward, pero parecía también resignado. Alice trataba de contener las lagrimas, de la misma manera que yo.

-Si quieren váyanse adelantando. Iré a firmar los papeles de salida de Edward y Alice me acompañará, también porque tengo alguna duda sobre su tratamiento y me gustaría que ella también escuchase la explicación.

Le asentí, entendiendo que en realidad lo que hacían era darle a Edward el espacio que necesitaba. Salí con él del hospital y fuimos en dirección de los aparcamientos. Cuando llegamos a mi coche, abrí una de las puertas de atrás para que Edward pudiese subir, mientras yo se la sostenía. Lo que ocurrió después fue algo que jamás olvidaría, tendría impresa en la memoria por el resto de mi vida la expresión de pánico que tenía Edward mientras observaba el asiento posterior. De repente empezó a temblar y a derramar gruesas lagrimas.

-¿Qué te ocurre cariño? - pregunté alarmada.

¿Sería que estaba reaccionando por la muerte de sus padre solo en ese momento?

-Por favor tía , por favor. No me quiero sentar atrás, déjame sentarme adelante contigo. Por favor – me suplicaba entre lagrimas.

No entendía muy bien lo que estaba sucediendo, pero estaba claro que era algo serio. Decidí que tenia que complacerlo sin dudarlo. Lo tomé de la mano y lo ayudé a sentarse en el asiento delantero.

-Claro que si, siéntate aquí si eso deseas. Ya está, cariño, ya está … - le dije, mientras él se sentaba.

Una vez ocupado su lugar, se calmó lo suficiente para lograr cercar el llanto, pero no dijo nada más. Unos minutos después llegaron Emmett y Alice, y yo simplemente les dije que Edward iría en el puesto del copiloto. Ellos parecieron entender que era mejor no decir nada, y se sentaron en los asientos posteriores. Yo me subí en el lugar del conductor y dejamos el hospital atrás …

Edward PoV

Toc, toc, toc...

Escuché que llamaban a la puerta de mi habitación. Pero no quería ver ni a Emmett ni Alice, no tenia ganas de hablar con ellos. Así que solo ignoré lo que escuchaba y continué mirando la foto que tenia en las manos.

-Edward cariño, soy yo – escuché que me llamaba la tía Elizabeth de la otra parte de la puerta.

-Adelante – le dije.

No me quería levantar del sillón frente de la ventada-pared en el que estaba sentado. Me dolían aun los brazos y las piernas para poder moverme.

Escuché que la puerta se abría.

Mamá se hubiese molestado porque la tenia cerrada, no quería, me decía que era algo que tenia prohibido. Decía que si me pasaba algo y la puerta estaba cerrada, ella podía no darse cuenta. Siempre se preocupaba mucho por mi, al igual que papá. No estoy muy seguro, pero creo que tiene algo que ver con el hecho de que antes me llamaban "El bebé del milagro".

-Te he traído la cena, cariño – dijo mi tía Elizabeth, colocando una bandeja con comida sobre mi escritorio.

-No tengo hambre – contesté.

No quería comer, no quería hablar, ni ver a nadie. Solo quería que mi mamá y mi papá entraran en la habitación y me dijeran que era mentira todo eso que me había dicho Emmett antes. Pero mi tía Elizabeth se parecía mucho a mi mamá y era muy buena conmigo, con ella no podía ser malo. No podía estar molesto con ella, como lo estaba con mis hermanos. Ellos me habían mentido, me habían hecho creer que mamá y papá estaban bien, y no era cierto. Pero yo tenia una mala sensación, algo en mi estómago me decía que era mentira, pero no le podía hacer caso, mamá y papá tenían que estar bien.

No me acordaba del accidente, solo recuerdo que estábamos en la tienda de música de Port Ángeles y papá y mamá dijeron que teníamos que volver a casa. Nos subimos en el coche y yo me acosté en el asiento de atrás. Después cuando desperté ya estaba en el hospital.

Ella se acercó a dónde yo estaba y se sentó en el brazo de mi sillón.

-Tienes que comer algo si quieres reponer fuerzas y ponerte bien – me dijo tía Elizabeth, mientras me acariciaba los cabellos de la misma manera que lo hacia mamá, cerré los ojos y me imaginé por un momento que se trataba de ella.

-No me quiero poner bien.

No tenia ganas de mejorar.

-No digas eso. Yo sé que ahora estás muy triste y lo entiendo.

Traté de ignorarla y seguí viendo la foto. La había tomado Alice en navidad, estaba yo con mi mamá y mi papá . Mi tío Jonh había bromeado diciendo que los tres parecíamos modelos de revista en esa foto, y mi mamá la había puesto en un porta retratos para ponerla en mi mesita de noche.

-Pero todo va a ir bien, vas a superar éste momento.

Levanté la vista para mirarla a la cara. Quería saber si estaba mintiendo en lo que decía.

-¿Cómo lo sabes?, no puedes estar segura de que lo que dices es cierto.

Los adultos piensan siempre que tienen la razón, pero se equivocan, solo ahora me doy cuenta que ellos también se equivocan.

-Porque tengo fe – fue lo que me contestó.

-Yo tenía fe en mi papá, pensaba que él siempre tenia razón y nunca me mentía, pero ya ves que él también se equivocó.

Me había prometido que iríamos juntos a la tienda de música de Port Ángeles, me lo prometió. Pero no cumplió con su promesa y ya nunca podrá hacerlo. Quería llorar, sentía que mis ojos picaba, pero no podía hacerlo delante de la tía Elizabeth, ni con ella ni con Emmett y Alice.

La tía Elizabeth dio un suspiro antes de levantarse el brazo del sillón.

-Está bien, ya he entendido que no tiene caso continuar con éste momento, lo que quieres es estar solo y te voy a complacer. Pero por lo menos trata de comer un poco.

-Después – prometí.

Ella asintió y se agachó para darme un beso en la frente.

-Te quiero mucho – susurró.

-Yo también.

Empezó a caminar hacia la puerta, cuando de repente se detuvo y se giró otra vez a verme. Metió la mano en el bolsillo de su pantalón y sacó una cadena con un objeto brillante colgando de ella. Era el corazón que mi mamá llevaba siempre al cuello. Sentí ganas de llorar otra vez, tuve que morderme el labio para no hacerlo, en cuanto lo vi. Mamá una vez me contó que papá se lo había regalado el día que yo nací y que desde entonces nunca se lo había quitado. Ella decía que podíamos perder la casa y todo nuestro dinero, pero que siempre y cuando continuásemos siendo una familia, a ella no le importaría. Pero que ese corazón era su objeto más querido, porque le recordaba a su tesoro más valioso. Yo. Y que el día que lo recibió, fue el día que su familia estuvo completa. Me hizo prometer también que no le contaría nada de esto a mis hermanos. Que ellos no lo entenderían, y que sería nuestro secreto.

-Estoy segura de que tu mamá habría querido que lo tuvieses tú – me dijo en tono suave.

Lo tendió en frente mio, y yo lo tomé con la mano.

-Es tuyo.

-Gracias – susurré.

Ella me asintió con una pequeña sonrisa y finalmente salió de la habitación.

Yo dejé de aparte la foto para observar fijamente el corazón brillante, en ese momento me di de verdad cuenta de lo que significaba realmente haber perdido a mamá y papá. Dos lagrimas que no pude controlar salieron y las limpié con fuerza para borrarlas de mi cara. Tenia que estar con ellos, ir a verlos. Emmett antes me había dicho que mientras yo estaba en coma, los habían enterrado en el cementerio. Ya sabia a dónde tenia que ir, iría solo y tenia que ser ésta misma noche.

Me obligué a comer casi toda la comida para que mi tía Elizabeth no se pusiera triste. Me acosté temprano, dándole la espalda a la puerta para que no se dieran cuenta que estaba despierto, me tapé hasta arriba con las cobijas, así que cuando vinieran a controlar si ya dormía, no podrían decir que no me había quitado la ropa. Esperé hasta que todas las luces estuvieron apagadas y no se escuchó ningún ruido para bajar hacia la cocina, y salir por la puerta trasera. Tomé mi bicicleta y empecé a conducir en dirección al cementerio, papá siempre había dicho que yo me sabia mover muy bien, y era casi imposible que me perdiese, aunque no conociese el lugar, decía que tenia algo que ver con el instinto.

Después de pedalear mucho, llegué al cementerio, dejé la bicicleta a un lado, y empecé a buscar el lugar en el que se encontraban mamá y papá. No sé cuantas vueltas di, caminé muchísimo, pero nada. Ya me empezaban a doler mucho las piernas, y me sentía muy cansado. Cuando vi un árbol gigante al otro lado, y fui hacia allí, era cómo si me estuviese llamando. La encontré. Allí estaba una foto de mamá y papá, la habían hecho el mismo día que la foto de mi mesita de noche. Estaban escritos sus nombres, y fue en ese momento que lo entendí.

Empecé a llorar mucho, tanto que si Emmett estuviera aquí, se estaría riendo de mi. Pero no me importó. Me dolieron tanto las piernas, que me tuve que poner de rodillas para no caerme. Solo pensaba en una cosa.

Me habían dejado.

-Mamá, papá – los llamé. Seguro que desde aquí ellos podían escucharme – vuelvan, por favor. Papá me prometiste que iríamos a la tienda de música juntos, ¡Lo prometiste!. Y dices siempre que un hombre tiene que cumplir con su palabra. Y todavía tengo muchas cosas que aprender con el piano, te necesito mamá. Tienen que volver.

Tenía que conseguirlo, tenia que haber alguna manera. Ellos no se podían haber muerto, ¡No podían!

"Muchas veces las personas mueren porque Dios los necesita", me había dicho mamá en esa ocasión que vimos una película en la que la protagonista muere al final. Me quedé pensando en eso, y se me ocurrió que tal vez esa era la solución, tal vez era capaz de convencerlo a él. Levanté la vista al cielo y empecé a gritar lo más fuerte que podía, esperando que me escuchase.

-¡Devuélvemelos! Por favor, quiero a mi mamá y a mi papá. Yo los necesito más que tú . Por favor. Quiero a mi mamá y a mi papá.

Me puse a llorar más y me sentí más cansando que antes, ahora no solo me dolían las piernas, también el resto del cuerpo. Me acosté en la grama para tratar de descansar un poco. Pero no me podía rendir, tenía que seguir intentándolo …

-Vuelvan … vuelvan … vuelvan … - seguí repitiendo, y no sé cuando todo se quedó negro.

Emmett PoV

Entré en la cocina, y no sé por qué esperaba a encontrarme a papá, era siempre el último en irse a dormir en las noches y el primero que se levantaba las mañanas. Me serví un café y noté el periódico que estaba al lado de la cafetera, alguien lo había recogido del porche, seguramente la tía Elizabeth. Era el periódico que leía papá todas las mañanas, tantas cosas me hacían falta de él, y de mamá. No estaba acostumbrado a no escuchar mamá que tatareaba alguna canción mientras cocinaba o hacía algún quehacer de la casa.

Suspiré profundo para no llorar. Todo esto era culpa mía. ¿Qué había hecho?. "No sabes lo que daría por evitar esa conversación". Eso había dicho esa fatídica noche, me había salido con la mía al fin y al cabo, pero al enorme precio de la vida de mis padres. Había firmado sin querer su sentencia de muerte.

Era el peor hijo y hermano de la historia. Solo en éste me daba cuenta de que tenían absolutamente razón en todo lo que decían. Me creía el rey del mundo, y me había caído de mi trono. Y cómo habían cambiado las cosas en éstas semanas; ahora lo daría todo, absolutamente todo, hasta mi vida para poder ser capaz de retroceder el tiempo e impedir ese accidente.

Pero no importaba todo el dolor que sentía dentro de mi, toda la desolación que comprimía mi pecho. Sabia que había alguien que estaba sufriendo más que yo. Mi hermanito, Edward. El cruel destino, junto con nuestro egoísmo, le había arrebatado a sus padre, él que era la luz de los ojos de ambos. Un niñito de mamá y de papá. Su pequeño bebé del milagro. Yo por lo menos podía decir que los había tenido conmigo hasta los 18 años, y Alice hasta los 16. Pero ocho años no era precisamente la edad más indicada para perder a ambos progenitores. Y quedar bajo la custodia de su hermano mayor.

Me senté en uno de los bancos de la cocina, tomé un sorbo del café y apoyé la cara sobre mis manos. Tratando de pensar en todas las posibilidades que tenía y lo que era correcto hacer. Legalmente tenia que ocuparme de Alice y de Edward. Pero ¿tenía yo la capacidad suficiente para hacerme cargo de él?. Alice no me preocupaba tanto, ambos podríamos arreglarnos perfectamente solos sin necesidad de darle fastidio a la tía Elizabeth. Pero Edward era todavía un niño, y yo no tenia ni la menor idea de cómo se criaba a un niño. Era por estás motivaciones que la propuesta de mandarlo a San Francisco resultaba tan tentadora. Pero no podía dejar de pensar en Carlisle y Esme, ¿Ellos qué habrían querido?, ¿Se sentirían aun más decepcionados de mi si renunciaba a mi responsabilidad para con él?. Y lo más importante aun : ¿Cómo lo tomaría él si lo alejaba de nosotros?.

-¿Edward? - escuché que llamaba la tía Elizabeth desde el segundo piso - ¿Edward? - repitió - ¿Edward?, ¿Edward?

Parecía una llamada llena de miedo, y se escuchaba por toda la casa. ¿Qué estaría ocurriendo?

-Edward, cariño. ¿Dónde estás?

Esa fue la frase que me hizo entrar en pánico. Me levanté y fui en dirección de la sala, que era de dónde parecía provenir la voz de la tía Elizabeth.

-¿Qué sucede tía Elizabeth? - preguntó Alice parándose a su lado.

-No encuentro a Edward – contestó con una voz temblorosa – Fui a llevarle el desayuno y no estaba en su habitación y no lo consigo por ninguna parte de la casa.

Apenas terminó de hablar, nos pusimos los tres a buscarlo por toda la casa. Nada. Me estaba asustando, pero casi me da un ataque de corazón cuando Alice nos dijo que también su bicicleta había desaparecido.

-¿Qué? - pregunté atónito, temiendo una confirmación positiva.

-No está – repitió Alice, con los ojos aguándose.

Oh no.

-Debió de haberse fugado de casa – susurró aterrada la tía Elizabeth.

Reaccioné de manera automática, tomé el teléfono y marqué el numero de la jefatura de policía. Me contestaron al segundo repique.

-Aquí el jefe Swan – escuché que decían de la otra parte de la linea.

-Jefe Swan, soy Emmett Cullen. Tenemos un problema, necesitamos que venga inmediatamente – dije atropelladamente.

-Emmett, hijo calmate – me interrumpió – Dime qué ha ocurrido.

Tomé una larga bocanada antes de hablar.

-Edward ha desaparecido, no está por ninguna parte de la casa, ni tampoco si bicicleta. Y no sabemos hace cuánto que se fue.

-Muy bien, voy enseguida para ya. Traten de mantener la calma – me contestó serio, y con eso terminó con la llamada.

Nos quedamos los tres sentado en los sofás esperando, el silencio se estaba haciendo demasiado insoportable y la angustia nos estaba consumiendo. Alice fue la primera el ceder y explotó en un fuerte sollozo, su cuerpo se convulsionó por los temblores y se abrazó a si misma.

-¡Todo esto es un desastre! - dijo entre lágrimas - ¡Todo se va a pique!

Me levanté de inmediato y fui a sentarme a su lado, para cogerla fuerte entre mis brazos y tratar se consolarla.

-Va ir todo bien hermanita – le susurré en el oído, de repente me sentí como la tía Elizabeth, tratando de dar ánimos a todos. Pero entendía por que lo hacía – Ya verás que si.

Sonó el teléfono y la tía Elizabeth, que era la que más cerca estaba, lo tomó para contestar.

-Si – hubo un rápido silencio – Si, dime Charlie. ¿Qué?, ¿En dónde? - Alice y yo nos pusimos alertas por esas palabras – Si, vamos para ya.

-¿Qué te ha dicho? - pregunté poniéndome de pie.

-Ha encontrado a Edward – sonaba feliz y esperanzada.

-¿En dónde?

-En el cementerio.

-¿En el cementerio? - la tía Elizabeth solo me asintió.

-Oh hermanito … – susurró Alice, empezando a llorar una vez más.

Tenia que haberseme ocurrido. Si, era muy de él que fuese a buscar a mamá y papá.

-Vamos para allá.

Nos subimos en el coche de la tía Elizabeth y en el curso de unos minutos habíamos llegado. El jefe Swan nos estaba esperando cerca de tumba de Carlisle y Esme. Estaba él solo, la tía Elizabeth se le acercó y lo saludó. Después de un rápido intercambio con Alice y conmigo, tragó saliva y nos apuntó el lugar en el que reposaban mis padres.

-No sé por qué, pensé que lo mejor era esperar a que ustedes llegaran y no despertarlo.

¿Despertarlo? Me giré hacia donde indicaba su dedo y la imagen que encontré me detuvo el corazón. Edward estaba acostado justo encima de la tumba, cabeza abajo, completamente dormido y con las mejillas aun húmedas.

"Oh Edward." , pensé con dolor. Había estado llorando. Tanto, hasta que el sueño se apoderó de él.

De inmediato me acerqué a él y con mucho cuidado de no despertarle, lo cogí en brazos. Pero no lo conseguí, porque el movimiento lo alertó y abrió los ojos. En cuanto pareció reconocer quién lo había tomado, se abrazó fuertemente a mi, sus bracitos me apretaban el cuello y daba la impresión de que para él yo fuese lo único que impedía que pudiese caer de un precipicio. Su cuerpecito empezó a temblar y sentí mi camisa mojarse debajo de mi cara. Mi corazón de comprimía más por cada lagrima que él derramaba. De repente empezó a murmurar algo, y tuve que agudizar el oído para poder entender lo que decía.

-Por favor Emmy, yo sé que tú sí puedes, yo no pude pero tú sí. Traelos, por favor – pedía repetidamente.

Me tomó un segundo entender a qué se estaba refiriendo : me estaba pidiendo que trajese a vuelta a mamá y papá. Lo único que no era capaz de darle, y que yo mismo deseaba más que cualquier otra cosa en el mundo. Pero al final, no hay mal que por bien no venga, como solía decir Esme. Porque ese episodio me sirvió a tomar mi decisión, ahora lo veía todo tan claro, ya no concebía ni siquiera la idea de que Edward creciera apartado de nosotros. Eramos una familia y continuaríamos juntos como tal, y sé que nuestros padres se encargarían de cuidar de nosotros desde el cielo.

Abracé a Edward con más fuerza y fui vagamente consciente de que Alice se unía a nosotros.

-No puedo Eddie, me temo que no puedo. Pero si te prometo que todo va a salir bien, yo me voy a encargar de eso hermanito.

Creía al cien por cien de que mis palabras era ciertas. Íbamos a salir adelante, el camino sería duro, pero al final lo conseguiríamos.

¿Creen que con éste capitulo podamos superar los 300 reviews?, yo espero que si ;)... Ahora solo falta el siguiente outtake, que será el punto de vista de Edward y seguro que más de uno lo espera, y volvemos otra vez con la historia XD

Ya saben lo que quiero para continuar... Reviews, reviews y más reviews...

Besos, Ros.