Rectifico lo que dije con anterioridad, éste ha sido el capitulo más difícil de escribir de la historia. Pero al final lo he conseguido. El tan deseado punto de vista de Edward sobre todo lo que ha ocurrido hasta ahora. Es bastante largo, casi 20 páginas y espero solo que haya logrado hacer que la lectura no sea tan pesada. En teoría, éste capitulo ésta catalogado como un Outtake, pero a mi parecer es tan importante como cualquier otro capitulo normal de la historia... Bueno, sin más nos leemos abajo.
Ustedes ya saben cómo va la cosa con la historia original, que en parte fue inspirada por un capitulo de la serie "Entre Fantasmas". Pero éste outtake (aparte de los personajes, obviamente) es todo mio.
El Cuidador de tumbas
Edward PoV
Mi nombre completo es Edward Anthony Cullen, nací en Forks el 20 de Junio de 1992, mis padres se llamaban Carlisle y Esme Cullen y murieron en esa misma fecha, ocho años después. Tengo dos hermanos mayores que se llaman Alice y Emmett, ellos están casados con Jasper y Rosalie, respectivamente, quienes a su vez son también hermanos, gemelos para ser exactos. Y en el pueblo se me conoce como El Cuidados de tumbas.
Eso es básicamente lo que la gente de Forks sabría decir sobre mi, si alguien preguntara información. Nada más. No sabrían decir cosas tan banales, como que mi color preferido es el azul, que me encanta el chocolate y soy alérgico a los cacahuetes, que el crepúsculo es mi momento preferido del día y que la música, sobre todo tocar el piano, es mi gran pasión. Ni mucho menos podrían contestar a cuestiones más esenciales cómo la importancia que tiene para mi la familia, que considero a Jasper y a Rosalie como si fuesen también mis hermanos, que cuando era pequeño quería ser doctor porque deseaba ser cómo Carlisle, y que la pasión por el piano fue algo que me trasmitió Esme. Ni mucho menos saben que no he superado del todo la muerte de mis padres. Solo les interesa que soy El Cuidador de tumbas, no las circunstancias que me llevaron a serlo.
Lo más curioso de todo es que ellos no tienen ni idea de que yo sé cómo me llaman y lo que se dice de mi cuenta, ni siquiera mi familia sospecha que yo lo sé. Pero lo que ellos no comprenden es que a mi no me importa, que por mi pueden decir lo que quieran, yo no tengo por qué avergonzarme de lo que hago.
Es estos diez años, una sola vez me permití acercarme y confiar en alguien que no fuese de mi familia, y digamos que no terminó bien. Cuando empecé las clases, después de ese horrible verano del 2000, todo había cambiado, ya no veía a mis amigos y mis compañeros de clases como antes. En ese momento no sabia si era un problema de ellos o mío, pero caracterialmente me sentía años luz de mis coetáneos, así que me terminé apartando y me dediqué a cosas que para mi eran de vital importancia. No pasó mucho tiempo hasta que fui isolado por todos.
Tenia once años cuando a Forks se mudó una nueva familia, personalmente no le habría dado importancia, si a los dos días el hijo de dicha familia no se me hubiese acercado para dar a entender que quería ser mi amigo. Carlisle y Esme me habían enseñado a ser educados siempre y yo me comporté de consecuencia. Acepté la compañía de Mike Newton y terminé incluso disfrutando de ella, un día él me preguntó sobre mis padres y yo tuve la confianza suficiente para hablarle de ellos y decirle lo que yo hacia. Se rió en mi cara, me llamó Cuidador de tumbas y se alejó con los demás en la cafetería. Después descubrí que había incluso grabado esa conversación y que todo no había sido más que una apuesta. Fue el día que descubrí cómo me llamaban. Rosalie fue la única en enterarse, visto que vivía conmigo a la época, me sostuvo toda una tarde mientras lloraba, y la obligué a prometerme que no se lo diría a nadie, ni siquiera a mi hermano.
Desde entonces me terminé apartando por completo de todos, excepto de mi familia y me juré a mi mismo que una cosa así no iba volver a ocurrir. Contrario a lo que se decía, mi vida no tenia nada de extravagante. Iba al instituto como cualquier estudiante normal, ayudaba en casa y daba una mano en la tienda cada vez que podía, practicaba todos los días con el piano y, cuando la inspiración se presentaba, componía mi propria música. Y naturalmente pasaba tiempo con mi familia, lo que incluía a mis padres. Lo que empezó como una manera de ir a hacerles compañía porque no quería que se sintiesen solos, había evolucionado. Los echaba terriblemente de menos, y aparte de esa primera motivación, mi ingenua mente infantil creyó que si iba a estar con ellos en el lugar en el que se encontraban sus cuerpos, de alguna manera podía sentirlos más cerca de mi. Así fue que empezó todo, que nació la costumbre del Cuidador de tumbas de ir a pasar todas las tardes en el cementerio.
Pero ahora todo había cambiado.
No sé exactamente en qué momento de estos últimos años, mi necesidad de ir al cementerio cambió. Ya no lo hacia porque quería estar con ellos, o porque no quería que se sintiesen abandonados. O bueno si, pero había algo más. Todo eso hacia parte de mi, de lo que yo soy. Para mi era como respirar, caminar o pestañear. A veces siento que lo hago de una forma inconsciente, pero si algún día no soy capaz de ir, me siento un enorme nudo en el estómago y en el pecho, y me siento incompleto.
Todo eso era lo que Alice y Emmett no podían entender. Ellos querían mucho a mamá y papá, eso lo sé. Pero yo tenia una especie de conexión única con mis padres. Sus ojos brillaban más cuando me veían a mi. Con eso no quiero decir que a ellos no los quisieran, solo que yo era el niñito especial de mamá y papá. Ellos no comprenden lo a gusto que yo me encontraba en la soledad, mi familia siempre me animaba a que intentara acercarme a los demás, pero la única compañía que yo deseaba era la de ellos.
Hasta ahora.
Había permitido que otra persona lograse entrar en mi alma, y ésta vez de una manera más real y definitiva. Su nombre es Isabella Swan, pero prefiere que la llamen Bella, es hija del jefe Swan y la primera vez que supe de ella fue cuando Alice comentó una noche en la cena, que su padre había ido a la tienda y le había dicho que su hija pronto volvería a Forks para vivir con él.
Pero al parecer ella y yo ya nos habíamos encontrado antes, era esa misma niña que había conocido las navidades que estuve con una pierna y un brazo fracturados. No me acordaba de su nombre o muy bien de su cara, pero esa niña había tenido tal efecto en mi, que nuestro encuentro sí que no había podido olvidarlo. Fue Bella después quien me dijo que ella también se acordaba de mi. Una vez que supe que se trataba de ella, todo tuvo más sentido.
La primera vez que la vi en la clase de historia, no le di mucha importancia, naturalmente que sabia quien era, en el instituto no habían hablando de otra cosa, tanto que hasta yo había escuchado un par de cosas. Ella me saludó y yo solo me limité a corresponder, antes de volver a la nueva canción que estaba componiendo para Esme, me faltaba muy poco para terminarla ; Si todo iba bien, para el próximo fin de semana se la tocaría.
La noté de verdad unos días después, estaba entrando en la clase de historia y por el rabillo del ojo noté que alguien se estaba cayendo, alargué la mano por instinto para impedir que esa persona llegase al suelo, y una descarga eléctrica recorrió todo mi cuerpo a través de la mano; fue una sensación desconocida, pero a la vez increíble.
Cuando levantó el rostro, fue que me di cuenta de que se trataba de ella, de la chica nueva, Bella Swan. No mentían los que decían que su nombre no le hacia justicia, era de verdad hermosa. Tenia la piel tan blanca como la mía, sobre la que resaltaban unos profundos ojos color chocolate, unas facciones finas y delicadas, y un sedoso cabello castaño que le caía en cascada sobre los hombros. Pero más allá del aspecto físico, había algo en su aura que atraía, irradiaba bondad y fuerza. Y cuando luego ella me preguntó qué instrumento tocaba, yo no pude evitar especificarle que había sido mi madre quien me había enseñado. Con el pasar de los días, me descubrí a mi mismo deseando contarle todo sobre mi vida, quería que ella lo supiese todo de mi.
Quería acercarme a ella, de verdad que si, pero estaba tan prevenido en contra de la gente, que no me sentía con el valor suficiente para iniciar una conversación con Bella y solo me limitaba a saludarla. Y esperaba en secreto a que viniese ella a buscarme.
Recuerdo perfectamente ese momento, estaba en la biblioteca leyendo "Utopía" y rememorando esas noches de conversación con mi padre, su mundo ideal, el cual al final se terminó volviendo también el mio. Cuando escuché su voz …
-¿Está ocupado éste lugar? - me preguntó, parándose detrás de la silla que estaba en frente mio.
En un primer momento me sobre salté, y sentí mi corazón acelerado por el pequeño susto recibido, estaba convencido que estaba solo en la biblioteca, como todos los días. Alcé la mirada para verle el rostro, su tono había sido amigable y cortés, y quería estar seguro de que sus intenciones eran iguales. Traté de estudiar sus facciones, tenía una sonrisa nerviosa dibujada en los labios, pero no sabia decir si era sincera o menos. Esa era otra cosa que me llamaba la atención de ella, no era capaz de leerla como a los demás. Después se me ocurrió pensar que tal vez sí había alguien más en la biblioteca aparte de nosotros y era a esa otra persona que ella estaba hablando, me giré a controlar. Nada, el lugar estaba desierto. Así que al final decidí que le daría una oportunidad, y ya veríamos lo que pasaría.
– No, no lo está. - le contesté, señalando la silla.
-¿Entonces no te molesta si me siento contigo?
¿Hacía falta que lo preguntase?, por supuesto que no me molestaba si se sentaba conmigo.
-Adelante – fue lo único que me limité a decirle.
Ella se sentó, y yo simplemente volví a mi libro. No necesitaba hablar, pero disfrutaba de la compañía que tenerla sentada a mi lado representaba.
- ¿Qué estás leyendo? - preguntó después de unos minutos de silencio.
Yo en lugar de contestarle, lo que hice fue levantar el libro para que ella leyese la portada. Tengo que reconocerlo, en realidad lo que quería era comprobar si ella era de verdad tan lista como me habían dicho Emmett y Jasper. Y me sorprendió, porque vaya y si lo reconoció.
-¿Lo estás leyendo para literatura? - parecía sorprendida.
La sola idea de que mis compañeros de clase pudiesen estar leyendo algo como "Utopía" me resultaba bastante graciosa, pero logré contener la risa al contestarle.
– No, para nada. Es solo que me gusta leerlo.
-Nunca había conocido a nadie de nuestra edad que dijese algo así
-Si, bueno. Mi padre solía leerme éste libro en las noches, cuando me llevaba a dormir. En lugar de leerme historias como "Los tres cerditos" o "Hanzel y Grettel". Compartía conmigo sus sueños sobre un lugar perfecto, y me decía que nadie había sabido expresarlo mejor que Moro. Le gustaba leerme un capitulo nuevo de Utopía y después yo le contaba lo que sería para mi un mundo ideal. - confesé en un susurro. Aquí estaba otra vez, como cuando le dije lo del piano, esa sensación de querer contarle sobre mi, sobre todo de mis padres.
-Y por eso le tienes tanto cariño al libro – afirmó. Solo le asentí y bajé la vista al libro, incapaz de hablar.
Y me sentí una vez más asombrado. Me estaba leyendo como si yo fuese un libro abierto. Ese fue el momento en el que pensé por primera vez que si yo se lo permitía, Bella podía llegar a conocerme mejor que nadie. Y decidí que una vez por todas tenia que aclarar qué estaba haciendo ella en la biblioteca.
- ¿Bella? - hice acoplo de todo mi valor para verla directamente a la cara - De verdad, no puedo resistirme, tengo que preguntarlo – le solté. Después de eso dudé un momento y me mordí el labio inferior, tratando de decidir la mejor manera de plantear mi pregunta.
-Dime – me animó para que hablara.
Respiré hondo y una idea se cruzó por mi cabeza. Pensé que lo mejor era si lo decía de manera directa, Alice me había dicho una vez que a mi edad a la mayoría de los adolescentes lo único que de verdad les importa es su reputación. Quizás ella era uno de ellos.
- ¿No arruinarás tú reputación sentándote aquí conmigo?
Ella esbozó una sonrisa irónica antes de contestarme...
– Creo, que ya es un poco tarde para eso, ¿No te parece?
Esa respuesta me dejó todavía más confundido. Ésta chica era de verdad una incógnita.
-¿A qué te refieres? - quise saber.
-No a nada – hizo un simpático gesto con la mano, tratando de restarle importancia al asunto. Y yo decidí que era mejor si por el momento dejaba estar el tema - Pero si tanto te molesta mi compañía, me puedo ir a sentar en otra parte. No pasa nada.
Eso me tomó desprevenido, ¿Qué quería decirme? ¿Que se quería levantar?, a mi no me molestaba su compañía, todo el contrario...
-No, no me molesta tu compañía – aseguré – Todo lo contrario – susurré al final, y sentí mis mejillas aumentar en temperatura. O qué bien, éste es precisamente el mejor momento para sonrojarme, claro que si - Además éste es un país libre, y tú debes poder sentarte donde quieras. Yo no tengo ningún derecho de obligarte a nada.
Le sonreí para sostener mi punto y traté de calmar mis nervios con esa sonrisa. Ella me correspondió y mi corazón se aceleró ¿Qué me estaba ocurriendo?
- Me gusta como razona tu mente – me dijo.
-Gracias, y a mi me gusta la tuya. - sentí mi garganta secarse y mi voz que se estaba poniendo ronca. Saqué una botella de agua de la mochila y bebí un poco, más me valía que para cuando volviese a historia ya se escuchase normal mi voz, si Jasper tenia aunque fuese la sospecha de que aún estaba un poco enfermo, era perfectamente capaz de llevarme a casa es ese mismo instante y no dejarme salir por el resto de la semana. Y yo no podía permitirlo, tenia que ir ésta tarde al cementerio, había faltado los últimos dos días y hasta que no volviese sentía que me faltaba algo en el pecho.
- No deberías hablar tanto estando como estás, lo único que haces es esforzar la garganta – aconsejó. Parecía de verdad preocupada por mi.
"No, por favor Bella, tú también no". Pedí, ya bastante que tenía con las cuatro personas con las que vivía, que la mitad del tiempo me trataban como si fuese aun un niño de ocho años.
-Estoy bien – dije con frustración – Es solo un simple refriado, me quedé fuera durante la tormenta del sábado y éstas son las consecuencias – expliqué sin pensarlo.
-Si, lo sé.
¿Lo sabia?
-¿Cómo? - pregunté extrañado.
-¿Cómo qué? - fue su respuesta.
-¿Cómo sabes que estaba fuera el sábado durante la tormenta?
-Estaba en la tienda de tu hermana cuando ella estaba hablando contigo por teléfono, y la escuché cuando lo dijo. De hecho me temo que escuché cuando ella habló contigo y también cuando te llamó el sr Cullen. Una indiscreción por mi parte, lo siento.
Parecía plausible como explicación, había ido a pedir trabajo en la tienda y Alice la había contratado. Claro, no había parado de hablar de ello durante toda la noche, y de cómo aprovecharía ésta oportunidad para convertirla en su amiga.
-Bueno, hay que ver cuál de las tantas fue que tú escuchaste, porque no hicieron más que llamarme durante todo el día de ayer – dije con ironía.
Ella me sonrió con ternura.
– Se ve que te quieren mucho, y también el sr Hale y Rosalie. Quizás me equivoque, pero tengo como la impresión de que para ellos eres como su eterno niñito por ser el menor.
Vaya, qué bien nos había calado.
-Si, ese es precisamente el problema – mascullé, y ella se rió.
La campana sonó y nos levantamos juntos para ir a clases de historia. Durante el camino, empecé a hablarle de su nuevo trabajo y me di cuenta de que en realidad ella no tenia ni idea de los planes que Alice y Rosalie tenían para ella. Al terminar el día, ella me acompañó a la tienda. Tenia que quedarme esperando a que salieran Jasper o Emmett para irme con uno de los dos, estaba desesperado, quería buscar de una vez las facturas, para poder ir a visitar a mamá y papá. Cuando ella vino y se ofreció a acompañarme y yo sin pensarlo acepté.
Después de ese día, me terminéacostumbrandomucho a su presencia, añoraba estar con ella y esperaba todos los días la hora de la comida para que pudiésemos hablar. Me encantaba como funcionaba su mente y debatir con ella era una de las cosas más interesantes que había hecho. Mi familia es estupenda, pero ellos son inteligentes en sus ámbitos, en realidad el único de ellos con el que puedo tener una conversación académica era con Jasper ; así que hablar con Bella era como volver atrás en el tiempo y revivir esas tardes pasadas junto a Carlisle, discutiendo un poco de todo y confrontando nuestras opiniones. Era la manera en la que él me enseñó a aprender.
Ese sábado fue que me di cuenta que ella se había vuelto mi amiga. De alguna manera confirmé esa sensación que tenia en mi pecho de que ella no mentía y sus intenciones eran buenas. El mal tiempo nos había arruinado a Emmett, Jasper y a mi nuestros planes de ir a jugar al baseball, y por si eso fuera poco, ellos estaban aprovechando el inventario en la tienda, para tenerme encerrado en la oficina y que no fuese a mojarme otra vez en el cementerio. Esperaba solo que a mamá y papá no les importase. No estaba tan mal quedarme en la oficina, aquí nadie me atosigaba y me relajaba trabajar en los registros.
Hasta que abrí la puerta y recordé que el turno de Bella era de mañana y estaba ella también en el almacén. Tenia que reconocerlo, de haberlo sabido, habría estado en el almacén todo éste tiempo. Sin importarme soportar las típicas bromas de Emmett y Jasper en esos momentos, o los consejos de belleza y moda de Alice y Rosalie, esos que te arriesgaban a la metro sexualidad. Eso sin contar los despliegues públicos de afecto de las dos parejitas.
Cuando después ella apuntó a mi investigación sobre las células madre para Carlisle, me sorprendió descubrir que no sabia que mis padres habían muerto, era sincera en lo que decía. Tuve que casi morderme la mejilla para no contarle todo, lo que quería hacer todo éste tiempo, pero siempre me detenía en el último momento. Saber lo que había hecho por mi, escuchar lo que decían Jessica y Lauren fue el evento definitivo, se había vuelto mi amiga. Y un día tendría la confianza y el valor suficiente para decirle todo de mi y que conociese quien soy de mis labios.
La noche en la que el jefe Swanse las arregló para que fuésemos a cenar juntos, fue cuando empecé a pensar que tal vez, solo tal vez, la importancia que ella tenia en mi vida iba en otra dirección. Cuando su padre sugirió ( en forma muy poco sutil, a pesar de lo que a él le gusta pensar) que por qué no íbamos juntos al restaurante que estaba al lado del super, mi corazón dio un brinco. Era una magnifica idea y era lo que yo quería hacer, así que lo que hice fue coger la oportunidad al vuelo. Solo que al final no le permití que fuese él quien pagara, ¿Dónde se ha visto una cosa de ese tipo?, en lo que a mi respecta, había sido yo al final quien la había invitado, así que era normal que pagase.
Una vez más, traté de reprimir las ganas de hablarle de mi, sentía que aun no era el momento. Pero si había una cosa que yo deseaba más que mostrarle mi alma a esa chica, era que ella me contase la suya. Me encantaba cuando me contaba detalles de su vida en Phoenix, para ella podían ser pequeñas cosas sin importancia, pero para mi eran vitales. Cada insignificante relato me ayudaba a conocerla un poco más y a saber que no me había equivocado con ella.
Cuando luego la acompañé a casa, sucedió lo que no me esperaba. Jasper vino a por mi a su casa con el coche de Emmett, cuando estaba por despedirme, ella se acercó a mi, seguramente para darme un beso en la mejilla, de eso estaba casi seguro. Pero no sé por qué hice lo que hice, quizás mi cuerpo había cobrado vida propria, porque en el último momento giré el cuello y nuestros labios se encontraron. ¡Estaba recibiendo mi primer beso! Sentí una fuerte descarga recorriendo mi cuerpo. Empezaba a darme cuenta que cada vez que Bella y yo teníamos alguna clase de contacto físico, me ocurría eso. Me aparté de ella y vi que su cara estaba sonrojada de una forma muy tierna, y por el calor de mis mejillas, sospechaba que yo iba por el mismo camino. Creo que lo último que le dije fue tartamudeando, tampoco estoy muy seguro de lo que fue, y sin más subí la bicicleta en el maletero, y me subí yo en el coche.
Vi a Jasper apretando los labios y temblando como tratando de controlar la risa.
- "Si sabes lo que te conviene, no digas nada" - murmuré entre dientes, sabia que él igual me escucharía.
- "No lo haré" - prometió serio, pero la mirada tan pícara que me lanzó, me dijo mucho sobre lo que pensaba en estos momentos. No confiaba en que Alice no terminara enterándose de todo en cuanto volviésemos a casa.
En cuanto llegamos, me fui sin más a mi habitación. No quería correr el riesgo de estar allí si Jasper les decía algo a los demás. Me dije a mi mismo que los evitaría a todos durante los siguientes dos días. Me cambié el pijama y me acosté en la cama, esperando dormirme a la primera. Pero en cuanto apoyé la cabeza sobre la almohada y cerré los ojos, vi en mi mente la imagen de dos orbes color chocolate, y empecé a escuchar una nueva melodía formándose. Era dulce y relajante, era más de estilo clásico, pero tenia una nota de pasión. No me cabía duda de quien había sido mi musa y mi inspiración : Bella. Ella sola estaba trastornando mi vida.
Me levanté de inmediato y fui hacia el teclado para empezar a componer. Tenia suerte que el instrumento que tenia en la habitación estaba conectado a unos cascos, y eso me permitía pasar muchas noches tocando, sin que a nadie en la familia le diese fastidio. Las notas se acumulaban en la cabeza, tantas melodías, tantas posibles combinaciones. Sentía la ya más que conocida adrenalina que estaba siempre allí cada vez que componía y sin darme cuenta pasé toda la noche sentado frente al teclado.
Cuando llegó la hora de ir a clases, empecé a sentirme un poco nervioso. No sabia muy bien cómo me podría acercar a Bella, qué le podía decir, y más importante aun, ¿Ella cómo se sentiría por lo ocurrido?. No podía dejar de mirarla durante la hora de educación física, mis ojos viajaban hacia ella sin que yo lo pudiese controlar. Pero ella parecía no notarlo y que quizás ese pequeño e insignificante beso, que para mi había representado el mundo, para ella no era más que un simple accidente y por ello no le estaba dando importancia. Así que decidí que lo que tenia que hacer era esperar, esperar a que fuese ella quien decidiese el momento en el que hablaríamos de lo que ocurrió. Pero ese momento nunca llegó y Bella no sacó el tema a colación, así que yo solo me ocupé de seguir con la composición.
Esa tarde fue la primera vez que les hablé a mis padres de Bella. No lo había hecho hasta ahora, sentía que quería guardarme solo para mi su amistad. Pero empezaba a descubrir eso que me estaba haciendo sentir ella. Y necesitaba más que nunca a mis padres, Emmett y Jasper son geniales, pero ésta es la clase de cosas que le cuentas solo a tu padre, esperando obtener un consejo sobre cómo tienes que actuar. Y Esme me hubiese dado esa seguridad que tanto necesitaba y ya me la podía imaginar con lágrimas en los ojos porque a su niñito le gustaba alguien. Sí, era ésta la suerte que mis hermanos habían tenido y yo no, los tuvieron a ellos en su adolescencia; en cambio yo había tenido que vivir éstas etapas preguntándome o imaginando lo que hubiesen dicho, o cómo habrían reaccionado por todos los eventos ocurridos en mi vida.
El día siguiente no la vi. Faltó a clases y yo por primera vez en todos estos años, empezaba a sentirme de verdad solo en el instituto, aunque nos mantuviésemos en silencio, su compañía era algo que ya empezaba a necesitar como el oxigeno. Pero más allá de eso, me empecé a sentir preocupado, Bella no había faltado ni un solo día desde que llegó a Forks, tenia que haberle ocurrido algo para que ella hubiese decidido no venir. Lo sabia, de alguna manera lo sentía. Pasé toda la mañana preguntándome dónde estaba, si se encontraba bien o menos, y esperando ardientemente por que la respuesta fuese positiva.
…
"Estúpido, qué estúpido he sido" - me repetí una y otra vez. Había ocurrido de nuevo.
Estaba en el cementerio, había llegado solo unos segundos atrás, cuando algo llamó mi atención, era un aparatito rectangular negro al lado de la lápida. Era un móvil. Preguntándome de quién sería, lo cogí y empecé a explorarlo. En la imagen de fondo del display estaba la foto de un perro y un gato durmiendo juntos, la había visto antes, era una imagen que circulaba en Internet. Fui hacia la agenda y empecé a leer los nombres.
Angela, casa, casa Charlie, Charlie, Phil, Renée, Tienda Esme
Esas eran las únicas personas salvadas y no me llevó ni un segundo atar los cabos y saber a quién pertenecía. Enseguida sentí la sangre que abandonaba mi rostro, y creo que de haber tenido cerca un espejo, hubiese visto que en estos momentos me veía como un fantasma. Me habían vuelto a engañar y ésta vez había sido incluso peor que la anterior. Le he abierto mi corazón y mi alma, y ella se había esculpido allí un lugar permanente. Qué buena actriz era, claro que si. Me había engañado y yo como un tonto le había creído, y lo peor de todo era que una parte de mi aun confiaba en ella.
Bella Swan, esa chica que ocupaba la mayor parte de mis pensamientos, y que empezaba a sospechar tenia el poder de destruirme como nadie más en éste mundo. Me senté en la grama y apoyé la espalda sobre el mármol de la lápida.
-Cierto que haz sido estúpido Edward – me murmuré duramente.
Nunca en mi vida he estado tan molesto como ahora. Me sentía herido y traicionado como nunca antes en mi vida, ni siquiera cuando Emmett y Alice me ocultaron la muerte de mamá y papá, o cuando sucedió lo de Mike, o ese invierno que Alice hizo que cayera por las escaleras y tuve que estar todas esas fiestas postrado en una cama por su culpa. Todo eso no era nada en comparación a lo que sentía.
¿Por qué lo había hecho?, no pude evitar preguntarme. Cuales habían sido sus motivaciones, era también ésta vez una apuesta, me veía como un bicho raro y quería divertirse un poco conmigo o era que sentía lástima por mi. Pero después realicé que en realidad al final no me importaba tanto el por qué, eso no cambiaba que me había engañado y que yo había picado.
-Estúpido, qué estúpido he sido – me repetí una vez más.
Y yo aquí, como el tonto que era, pensando en que quería contarle todo de mi, y estaba hasta sospesando la posibilidad de traerla al cementerio, para que ella misma viese con sus propios ojos eso que yo hacia, y cómo me había ganado ese apodo tan bonito con el que el pueblo me llamaba.
Escuché la melodía de "Viva la vida" de Coldplay y su móvil se iluminó.
"Casa Charlie", leí en el display. Sonreí irónico sin poder evitarlo, mientras observaba cómo la llamada continuaba.
-¿Estás buscando tu telefonito, Bella? - dije sarcástico en voz alta, como si ella se encontrase a mi lado y me pudiese contestar.
La melodía terminó y después de un par de minutos, empezó a sonar una vez más.
-Si, ya lo vas a encontrar – le dije al aparato.
Me quedé en silencio contemplando el crepúsculo, estaba seguro que por ésta vez Carlisle y Esme perdonarían mi falta de conversación. La tercera vez que el móvil sonó, el identificador decía "Renée", y ésta vez yo solo lo ignoré y lo guardé en el bolsillo. La cuarta vez la melodía era diferente, y se trataba de mi móvil. Lo saqué y contesté, sin molestarme en ver de quién se trataba.
-¿Si?
-¡¿Se puede saber dónde demonios estás? - casi enseguida escuché la fuerte voz de Emmett del otro lado de la linea, sonaba entre preocupado, molesto y aliviado. Éste era mi hermano, señoras y señores.
Si, tenia que haberme esperando que llamasen de un momento al otro. Ya era de noche y yo aun no había ido a la tienda.
-En el cementerio – contesté, sin molestarme en explicar nada.
-¿Aun? - preguntó confundido.
-Se me pasó el tiempo sin que me diera cuenta – dije seco – Ya voy para allá.
-Rose y Alice ya han cerrado la tienda – me atajó.
-Bueno, entonces nos vemos en casa.
-No, ya voy yo a buscarte.
-Emmett por Dios, estaré bien. Ya vuelvo a casa con la bicicleta.
-Edward he dicho que voy para allá. Esperame en la estrada – y así sin más terminó la llamada, sin darme la oportunidad de replicar.
Me levanté, y salí del cementerio. Unos pocos minutos después llegó el coche que estaba esperando. Apenas subí, Emmett arrancó.
-¿Te encuentras bien? - me preguntó Emmett, cuando se detuvo en un semáforo en rojo, viendo mi rostro con un ceño preocupado.
-Claro que estoy bien. No veo por qué no iba de estarlo – contesté.
-De acuerdo – dijo lentamente, dando a entender que era obvio que no me creía, pero que lo iba a dejar estar. Lo odiaba cuando me hablaba así, era algo que había aprendido de papá, y siempre tenia la impresión de que me veía solo como un simple crío en esos momentos – Muy bien, Dime entonces cómo es que no nos dijiste que te ibas a quedar hasta más tarde con mamá y papá. No es típico de ti no avisar.
-Te lo dije antes, no me di cuenta de que ya era de noche. Eso es todo.
-Eddie ¿Qué te ocurre? Te veo muy extraño.
Llegamos a casa y Emmett aparcó el coche al lado del BMW de Rosalie.
-¡He dicho que estoy bien! - espeté, elevando la voz. Abrí la puerta y me bajé - ¡Y deja de llamarme de una buena vez Eddie! - grité a mis espaldas. Hoy no era precisamente de esos días en los que me sentía benévolo. Quizás todo lo contrario.
Apenas llegué a la casa, Alice salió de la cocina y me sonrió.
-La cena estará lista en unos minutos – dijo limpiándose las manos en el delantal, y vi dentro de la cocina a Rosalie que removía algo en una olla.
-No tengo hambre.
- Tienes que co – pero yo la interrumpí.
-¡No tengo hambre!, ¡Estoy bien! - le dije a Emmett que entraba en ese momento en la casa - ¡Y no quiero hablar con nadie! - atajé cuando vi que Jasper se acercaba a mi, eso era lo que siempre quería hacer cuando yo estaba de mal humor. Hablar de lo que me ocurría para que me desahogarse -¡Por una vez en vuestras vidas, dejadme en paz!
Subí las escaleras y me aseguré de cerrar la puerta con un fuerte portazo en cuanto entré en mi habitación. Una vez más se volvió a escuchar "Viva la vida" y saqué el móvil del bolsillo. Era su madre. Lo dejé en la mesita de noche y me fui directamente al teclado. Empecé a tocar con bastante energía cualquier cosa que se me viniese a la mente. Canciones de Mozart, de Debussy , de Beethoven. O canciones mías, incluida esa última que aun no está terminada, y cuya inspiración es el motivo por el que ahora me encuentro así.
Cuando un par de horas después volvió a sonar de móvil de Bella, me levanté para ir al lavabo. Al volver noté que había recibido un nuevo mensaje. Era de Renée, su madre.
"¿Dónde andas?, llevo toda la tarde llamando y no me contestas. Ahora voy a tomar un avión con Phil, pero espero encontrarte cuando te vuelva a llamar mañana. De lo contrario te juro que me voy a Forks a buscarte"
A pesar de todo, no pude evitar que me hiciesen gracia esas palabras. Ese mensaje podía haberlo escrito perfectamente uno de mis hermanos. Bella y yo ciertamente teníamos algunas cosas en común. Sacudí la cabeza, para alejar de mi cabeza toda esa clase de pensamientos.
-Para ya – me reprendí – Tú no tienes nada en común con una mentirosa como Bella Swan.
Después de eso volví a mi música, después leí un poco, después otra vez al teclado, vi un poco de televisión. Intentaba desesperado ocupar mi mente, hacer lo que fuese, cualquier cosa con tal de no pensar en ella.
Para cuando llegó el alba, me sentía verdaderamente cansado, pero saqué las fuerzas para ducharme, cambiarme e ir al instituto. La verdad es que estaba más molesto que agotado, y más que cualquier otra cosa, quería decirle a Bella lo que opinaba de ella.
Me la encontré un par de veces, pero la ignoré. Quería que hablásemos en privado y no delante de todos en los pasillos. No estaba dispuesto a volver a vivir esa misma humillación, con la última vez había tenido más que suficiente. A la hora de la comida, me fui a la biblioteca y me senté en nuestra mesa de siempre, a esperar a por ella. No me desilusionó, después de unos minutos de espera llegó y sentó en frente mio.
-Edward – me llamó - ¿Qué... - pero yo la interrumpí.
-De verdad que no exagerabas cuando me dijiste que tu madre puede llegar a ser paranoica, es igual que mi familia. Anoche te llamó tres veces, a la tercera te dejó un mensaje bastante elocuente, si no te encuentra para ésta noche, creo que tendrá un ataque de pánico – Me metí la mano en el bolsillo del pantalón y saqué su móvil. Para después colocarlo sobre la mesa – Y por supuesto también están las dos llamadas de casa de tu padre, aunque supongo que eras tú llamándolo para ver en dónde estaba – dije con mi mejor voz monótona.
-¿Dónde lo encontraste? - preguntó en un susurro. Parecía de verdad asustada y por un momento me convenció y sentí casi pena por ella. Pero después recordé que no era más que una mentirosa, y me limité a contestarle eso que estaba seguro ella ya sabía.
-En el mismo lugar que te imaginas. Justo al lado de la lápida de mis padres.
-Edward yo... - Si, aquí llegan las explicaciones, a llenarme de más mentiras.
"Ya no más Bella" - pensé.
Levanté una mano para silenciarla y la atajé.
-Guardártelo Bella. No quiero escuchar ninguna de las excusas que tienes que darme, sea cual sea. Pero no creas que tampoco me interesa oír la verdad, esa también te la puedes ahorrar. No me interesa saber si tu motivo fue la lástima, o si hiciste una apuesta con los otros de que lograrías ganarte mi amistad, o si después de obtener mi confianza, tenias solo intenciones de reírte en mi cara por lo que hago. Ya he pasado por eso, y te aseguro que no me apetece repetir la experiencia – espeté.
Parecía verdaderamente herida por mis palabras. Y el gusanillo de la duda me picó. Nadie podía ser así de bueno actuando …
-A mi jamás se me pasó por la cabeza nada así - dijo indignada.
-¿De verdad? - contesté con ironía.
-Por supuesto que te digo la verdad – insistió – Somos amigos Edward, eso lo sabes.
¿Lo eramos?
-No, lo cierto es que no lo sé, y solo ahora me estoy dando cuenta. No puedo creer que confiara tanto en ti, me había prometido a mi mismo que no ocurriría otra vez. Y lo peor es que aun te considero como un soplo de aire fresco... Vamos si hasta creo que estoy... - me interrumpí de inmediato, ¿Qué había estado a punto de hacer? - Si, muy bien Edward. Confiesale tus sentimientos para que se ría de ellos en tu cara – murmuré para mi, mientras sentía mis mejillas ardiendo. ¡Odiaba cuando reaccionaba de esa manera!
-Me acerqué a ti porque quería ser tu amiga, solo por eso – Dios, con esa forma de hablar parecía tan sincera – Jamás he tenido otras intenciones, tienes que confiar en mi
Levanté el rostro para estudiar el suyo. Tenia los ojos húmedos y parecía cerca de querer llorar. Y mi corazón se encogió al verla así, parecía desesperada y triste. Resistí el impulso de cogerla entre mis brazos y abrazarla. Quería creerle, claro que si. Ella me había defendido, se había puesto a todos en contra en el instituto por mi, eso tenia que contar para algo ¿no?. Quería seguir mi primer instinto, ese que me dijo la primera vez que la vi de verdad, que en ella podía confiar. Decidí darle un poco el beneficio de la duda, y dejarla que me explicase todo.
-¿Por qué estabas en el cementerio? - pregunté en un susurro.
-Estaba visitando a tus padres - ¿No me digas?, eso ya lo sabia. Pero no es esa la pregunta de la quiero respuesta.
-Te pregunté el por qué, no qué estabas haciendo – dije con impaciencia.
-Si quieres saber la verdad, hasta el martes ni siquiera sabia que habían muerto, y ayer en la mañana quise ir a visitarlos, se los debía.
¿Se los debía?, ¿Eso qué quería decir?. Después me di cuenta que había tenido razón en mi suposición, ella no tenia ni idea de sus muertes, pero si yo no tuve la oportunidad de contárselo ¿Quién se lo había dicho?
-¿Cómo fue que te enteraste ?
-Tuve un accidente el martes por la noche, y mientras estaba en urgencias vi la dedicatoria a tu padre.
Mi corazón se detuvo. ¿Un accidente?. A ella no podía haberle pasado nada, no. Creo que en mi caso era más que comprensible, pero para mi los accidentes eran un tema delicado. Y pensar en Bella herida, hizo que se me helara la sangre.
-¿Accidente? ¿Qué tipo de accidente?
-Nada serio – hizo un gesto con la mano para restarle importancia al asunto – Me caí de una moto, eso es todo.
¿Nada serio?
-¿Eso es todo? - repetí sarcástico – Claro, qué estúpido – murmuré - ¿Por eso fue que no viniste ayer al instituto? - Me asintió. Mi mano se movió sin que yo la controlase, y cuando me di cuenta, ya la tenia acariciando la pequeña herida en su sien, noté también que estaba temblando - ¿Estás segura que no es nada? - No importaba si estaba molesto con ella, en ese momento supe que ella me seguiría importando por encima de eso, y quizás de otras cosas más. Ya no podía negar lo evidente, por lo menor no conmigo mismo.
-Si – aseguró – Ya ni me duele.
Pasé una última vez la mano por la herida, y después la bajé. Ambos nos sonrojamos y el silencio se hizo presente. Después de un poco, ella carraspeó y habló una vez más.
-Edward, tú... - pero yo no lo soporté y la volví a interrumpir. Necesitaba estar seguro de ella, que me dijese lo que sabia, y hacerme una vaga idea de lo que me podía esperar.
-¿Qué tanto sabes?
-Solo lo que me contó Alice.
¿Qué tenía que ver ella en esto? Al menos que … Oh no.
-¿A-Alice? - balbuceé - ¿Hablaste con Alice?
Hubo un solo asentimiento por su parte.
-Me la encontré en el cementerio, y me invitó a tomar algo, porque dijo que deseaba que hablásemos.
¿Cómo no se me pudo ocurrir?. Si eso era muy de Alice. Solté una carcajada sarcástica. Si es que esas existen.
-Tenía que haberme imaginado algo así, seguro que mi hermana te ha hecho una biografía completa mía ¿a que si?
-Ella solo se preocupa por lo que es mejor para ti - Si, pero lo que ella cree que es mejor para mi, no siempre coincide con mi opinión.
-Para mi, el fin no justifica los medios. Ella eso lo sabe muy, y también no deseo ser el tema de conversación.
-Por favor Edward, no discutas con ella por mi culpa – pidió y mi corazón de encogió.
¿Estaba preocupada por mi relación con mi hermana? ¿Le importaba? Eran esos los detalles que me gritaban que tenia que creerle. Pero ¿Por qué tenia que hablar de mi a mis espaldas?, yo quería contarle todo de mi, ella no tenia ni idea de cuanto. Y lo único que tenia que haber hecho era perdirmelo y yo no me hubiese callado nada.
-Si querías saber algo de mi, solo tenias que preguntar – espeté.
-¿Me habrías contado sobre ti y el accidente? - parecía excéntrica y tenia que reconocer que tenia sus motivos – Tú mismo acabas de dar a entender que no querías que supiera esas cosas de ti.
-No es eso – murmuré – Pero esperaba a ser yo quien te lo contase.
La campana sonó y Bella se levantó de su lugar. Yo me quedé dónde estaba. No tenia ganas de ir a hacer ninguna lección, sabia que era inútil, no tenía la cabeza para ello. Confiaba solo que Jasper lo entendiera.
-Edward, necesito saber que me crees, nunca tuve segundas intenciones.
-Necesito tiempo Bella. Pensar en ello – Pedí. Pero ella en realidad no sabia lo cerca que yo estaba de creerle una vez más. Era arcilla en las manos de ésta chica.
-¿No vas a venir a clases? - negué con la cabeza.
-De cualquier manera es inútil
Con otro asentimiento se dio la media vuelta, para salir de la biblioteca.
-Hasta luego Edward – dijo girando ligeramente la cabeza.
Decidí que por el momento podíamos congelar ésta conversación, aun habían muchas cosas que aclarar, pero podían esperar. Todas menos una …
-¿Bella? - llamé, ella se giró para verme – Solo quiero preguntarte una cosa más.
-Dime.
-Todo eso que descubriste ayer, no hace que sientas lástima por mi ¿Cierto?
Odiaba la lástima, más que la burla, que el desprecio, o incluso la indiferencia. No sabia decir por qué, pero así era.
-En ningún momento – me aseguró y con eso salió de la biblioteca.
Yo me quedé sentado solo un minuto más, después de eso supe que tenia que salir de allí, ahora. Fui a la sala de profesores a buscar a Emmett y avisarle. Y de paso pedirle que me diese mi bicicleta, la cual aun estaba en el maletero de su coche. Por extraño que pareciese, mi hermano no replicó y me acompañó hasta el aparcamiento, por la forma en la que mi miraba, sabia que de verdad necesitaba ir a verles. Lo único que hizo fue encomendarme que llegase temprano a la tienda, yo solo le asentí y me puse en camino.
En cuanto llegué me senté en la grama y observé la foto de ellos. Ésta siempre será mi preferida, eran muy fotogénicos, pero más que en las otras, en ésta se les veía como eran cuando estaban en vida. Además con esa forma de sonreír y cómo estaban abrazados, no era difícil ver cuánto amor se tenían.
-Nunca he dejado de echarles de menos – les dije – Eso ustedes lo saben ¿Verdad?. Creo que en el fondo jamás dejaré de ser ese niñito de mamá y papá. Pero es en momentos como éste que de verdad los necesito aquí. Hay tantas cosas que se han perdido, las graduaciones de Emmett y Alice. Sus matrimonios, siempre he estado seguro que hubiesen adorado a Rosalie y a Jasper. Y mi vida, se están perdiendo mi vida. Y los necesito. Papá hoy por primera vez creo que entendí cómo te sentiste cuando viste a mamá esa tarde en ese parque de Londres, - cuando supe que Bella había tenido un accidente, me di cuenta que no sería capaz de alejarla de mi vida, ya no – y no sé que hacer. Ésta chica de la que les hablé, Bella, es todo un enigma, y yo me encuentro en un conflicto enorme. Porque por una parte quiero seguir mi corazón y creerle, pero por otro mi mente me grita que ella es como los demás. - Sonreí irónico, mientras me daba cuenta de una cosa – Creo que estos diez años han dejado en mi, más cicatrices de las que imaginábamos.
Después de eso, no dije más nada. Saqué mi teclado plegable y empecé a tocarles la canción que estaba componiendo para Bella, para ver si de ésta manera podían entender lo que ella me hacia sentir. Cuando empezó a ponerse el sol, guardé mis cosas en la mochila y me dirigí a la tienda.
-Mike suéltame. Me estás haciendo daño – escuché que decían mientras me acercaba a la entrada. Era una voz que yo conocía demasiado bien, y esas palabras me asustaron. Cuando levanté la vista, me encontré con que Mike tenia a Bella cogida del brazo, y parecía que le estuviese haciendo daño. Ella intentaba zafarse, pero él solo apretaba más fuerte.
-Vamos Bella, sabes tan bien como yo que lo deseas – dijo lascivo, pero ¿Cómo se atreve?
Mi sangre empezó a hervir, y por primera vez en mi vida odié verdaderamente a alguien. A Michael Newton. Ni siquiera lo hice 7 años atrás, pero con solo ver el daño que le estaba haciendo a Bella, ya estaba automáticamente en mi lista negra.
-N-no – balbuceó, mientras el asqueroso apretó un poco más. Allí ya no aguanté más, tenia que intervenir.
-Te ha pedido que la sueltes – dije y me acerqué a ello hasta quedar en frente de Mike. Tiré la bicicleta al suelo para así tener las manos libres – Ya la escuchaste. Quiere que la sueltes, y yo que la dejes en paz.
Yo nunca había sido una persona violenta, más bien estaba al cien por cien a favor de la paz. Pero no podía negar las fuertes ganas que tenia de partir en dos la mandíbula de Newton.
-Pero mira quién ha llegado, se trata de nuestro caballero de doraba armadura – dijo Mike con mofa – Estoy conversando con tu chica, seguro que no te molesta compartirla. La verdad Edward, has escogido muy bien, un ejemplar de primera.
-Suéltala – espeté entre dientes. Ultima oportunidad Mike.
-¿Y si no lo hago qué me vas a hacer?, ¿Llamar a tu hermano y tu cuñado para que te ayuden?. Yo solo le estoy haciendo un favor a Bella, si se queda contigo corre el riesgo de terminar como tu pobre mami y papi. Muerta y fría.
Y ésta había sido la gota que había derramado el vaso. No solo estaba mancillando a mi Bella, también se atrevía a decir esas cosas de mis padres, y yo no se lo iba a permitir. Levanté el puño y le di con todas mis fuerzas en la mejilla, creo que lo hice bien, porque el muy enclenque cayó al suelo y todo.
-Rata asquerosa – murmuré.
-¿Pero como te atreves friki perdedor? - bramó Mike indignado, levantándose del suelo. Yo podía ser un friki perdedor, pero él era un cerdo sin cerebro.
-¿Te tengo que recordar quién es el padre de Bella Swan? - Dije sarcástico – No creo que quieras tener problemas con la Ley, si no es que ya los tienes...
Mike me miró con rabia, pero sin decir nada más se dio media vuelta y se alejó. Escuché que estaba murmurando algo para sí mismo, pero no le dí más importancia de la que de verdad se merecía. Me giré hacia Bella y tomé el brazo que Mike había cogido, levanté la manga de su chaqueta y pasé la mano sobre la marca rosa de su antebrazo. Esa conocida corriente eléctrica una vez más me atravesó.
-¿Estás bien? - pregunté.
-Si – aseguró – Es probable que haya sido más el susto que cualquier otra cosa.
-¿Segura?
Me asentió, y una tierna sonrisa se dibujó en sus labios. En ese momento tomé mi decisión y me di cuenta que antes había pensando en ella como en mi Bella. No había más nada que pensar, ni analizar. El corazón había ganado.
-Quisiera poder decirte que no era necesaria tu intervención y que lo tenía todo bajo control. Pero agradezco que estuvieses aquí para ayudarme.
Sus mejillas se tiñeron de un encantador tono rosa y yo alejé la mano con la que inspeccionaba su brazo para posarla sobre su mejilla. Qué bien encajaba, eran como las dos piezas de un puzzle.
-Yo no permito que nadie te ponga un dedo encima Bella. Ni mucho menos que te insulte. Absolutamente nadie – y por primera vez en mucho tiempo, le abrí mi corazón a alguien que no pertenecía a mi familia.
Mi nombre es Edward Anthony Cullen, en el pueblo se me conoce como El Cuidador de tumbas, y estoy enamorado de Bella Swan.
¿Qué les ha parecido?, modestia aparte a mi me gusta el resultado, pero vamos a ver qué opinan ustedes. Cómo ven Edward ha estado tan, o quizás más confundido que Bella. Esperemos solo que ahora que los dos saben lo que siente el uno por la otra no se demoren mucho en confesárselo... Vamos a ver qué ocurrirá ;) …
Con el siguiente capitulo ya volvemos a la historia original, después de éste maravillo interludio, que espero les haya servido para entender mejor a los personajes … Solo digo lo de siempre … que tardaré menos, si hay más comentarios :P
Besos, Ros.
PS modifiqué la edad en la que Mike se muda a Forks con su familia, para que cuadrase en la historia... solo por si alguien lo nota...
