Lo lamento muchísimo. No saben cuanto. Como ven estoy viva, ya empezaba a recibir mensajes de personas preocupadas por mi salud :P... Es solo que he estado increíblemente ocupada. Sé que ésta es una excusa que se suele usar mucho, pero es cierta. A malas penas tenia tiempo para dormir, y cuando me proponía escribir algo, me quedaba en blanco. Menos mal por estos días de puente que pude descansar y ponerme al día con la historia.
Ahora los dejo con el capítulo, recordando siempre que los personajes son propriedad de la Meyer. Y mi inspiración sobre la historia la encontré en un capitulo de la serie "Entre Fantasmas"
El verdadero primer beso.
Sentí algo calentando mi rostro y molestando mi ojos cerrados, al final el disturbo fue tanto que terminé despertando por completo y abrí los ojos. Entonces lo entendí. Era el sol. Era la primera vez desde que estaba en Forks que el sol salía a primera hora de la mañana, por lo general si algún día llegábamos a verlo, era por la tarde, y solo unas pocas horas. Me estiré como un gato, con una perezosa sonrisa en mis labios, mientras permitía que los rayos del astro rey me calentaran.
Me sorprendió descubrir lo bien que había dormido y lo descansada que estaba. Era una sensación que llevaba días sin tener, la mayor parte de las noches las había pasado despierta, y esas en las que lograba dormir, me dejaban más cansada de lo que estaba al acostarme en la cama.
Era extraño ¿verdad?, sentirse tan relajada y tranquila, considerando lo que había descubierto la noche anterior. No es como si todos los días te das cuenta que estás enamorada, y no estoy hablando de la simple sensación de mariposas en el estómago o las manos sudadas. No era decir solamente que había encontrado a esa otra persona especial. La realidad era que descubrir que se ama a una persona que no sea de tu familia, de una manera diferente de el cariño que se puede tener por los amigos, es algo que te cambia la vida. Era como enterarte de una verdad esencial en éste mundo que solo unas pocas personas entienden, pero que no lo comparten con nadie por el simple hecho de que no lo entenderían. Fue como darme cuenta de que en mi vida, a partir de ahora siempre existiría un antes y un después, como era yo antes de conocer a Edward, y como soy ahora. Quizás era por ello que me sentía así, porque lo había admitido, no con el mundo, pero si conmigo misma, y al hacerlo me había quitado un enorme peso de encima.
Pero no pude evitar preguntarme el cuánto. ¿Cuánto tiempo llevaba así?, pensando en Edward de esa manera y ni me había dado cuenta de ello. Él ocupó mis pensamientos desde el primer día que le vi. Solo anoche reconocí el cambio, pero creo que en realidad éste se había efectuado ya tiempo atrás.
Fui al baño, y al darme cuenta que tenia bastante tiempo antes de ir a clases, me tomé la libertad de darme un baño más largo. Mientras el agua caliente escurría por mi cabello, los eventos de la noche anterior atacaron mi mente. Por primera vez se me ocurrió pensar en lo que podía haberme hecho Mike si en ese momento Edward no hubiese llegado, y un escalofrío recorrió mi espalda. Mi corazón dio un brinco cuando pensé en la reacción que Edward había tenido y como se había comportado. Estaba verdaderamente molesto, y no conmigo. Parecía enfurecido por la sola idea de que Mike me estuviese tocando. ¿Sería que él también sentía algo por mi?. No tenia ni idea de estar completamente segura, pero seguramente la forma en la que su mano se había posado sobre mi mejilla, y la fiereza con la que brillaban sus ojos cuando me habló tenían que contar para algo. Por lo menos un poco tenia que contar para él, y con eso por el momento creo que era capaz de contentarme.
¿Qué habría sucedido en ese momento si su hermano no nos habría interrumpido? ¿Habría hecho o dicho otra cosa?. Nos habíamos quedado así, estáticos en ese lugar, con su mano aún en mi mejilla. Yo no había logrado decirle nada más, la epifanía de mis sentimientos me había dejado sin palabras. No supe con precisión cuánto tiempo pasó, bien podrían haber sido minutos u horas.
Cuando escuchamos a alguien que carraspeaba la garganta a nuestro lado y nos tensamos de inmediato. Al girarnos nos encontramos con la figura de Emmett Cullen , imponente como siempre. Su rostro tenia una máscara de serenidad que no delataba lo que estaba pensando, pero sus ojos si que gritaba todo eso que nos quería decir. Alternaba la mirada entre su hermano y yo, mientras sus ojos color miel aumentaban en brillo. Edward sin decir ni una palabra se alejó de mi, para entrar rápidamente en la tienda, no lo hizo corriendo completamente, pero sí caminaba más veloz que cualquier persona que hubiese visto antes. Después de eso me giré a ver a Emmett, él elevó una ceja en un gesto de curiosidad, pero continuó sin decir nada. Yo siguiendo el ejemplo de Edward, me alejé de él y me subí en la camioneta. Tuve la impresión de que estalló en risas en el momento que mi coche empezó a moverse, pero no estaba muy segura de ello.
Una vez vestida, con el cabello casi seco y la mochila preparada, bajé a la cocina a desayunar algo. Encontré una nota en la mesa, cuando apoyé mi tazón de cereales, era de Charlie.
"Bells, olvidé decirte ayer por la noche que iba a estar el fin de semana fuera acampando y pescando con Billy, nos vemos el domingo por la noche. Ya hablaremos, papá."
Bueno, por lo menos uno de los dos tenia planes para el fin de semana, en cambio mi mayor aspiración para estos días era pasarlos leyendo y hacer la colada que se me había acumulado durante la semana. La única ventaja de estar sola en casa era que no me tenia que preocupar por hacer la comida y la cena.
De la misma manera que me había tomado tiempo para ducharme, desayuné con bastante calma y salí de la casa para ir al instituto. Llegué cuando el aparcamiento empezaba a llenarse, me estacioné en mi lugar de siempre, y cuando me bajé de la camioneta tuve esa sensación de que alguien te está observando. Levanté la vista y me encontré de inmediato con la mirada enfurecida de Mike, si las miradas matasen … Alternaba sus ojos de mi persona a otra mirada del aparcamiento, y cuando seguí su mirada, noté a quién más estaba dirigida su furia. El porsche amarillo se estaba estacionando en ese momento, Edward iba en el puesto del copiloto y estaba abriendo la puerta para bajarse. El Jeep blanco de Emmett se para a su lado. Un escalofrío heló mi espalda y tuve un mal presentimiento, de esos que tienes cuando sabes que algo malo va a pasar. Pero intenté sacudir esa idea de mi cabeza, yo no tenia poderes premonitores, no puedo ver el futuro. Seguro que estoy siendo dolo paranoica, con esos últimos pensamientos entré en el instituto.
Mi día fue básicamente aburrido, dentro de poco estaba por terminar el año y los profesores y los alumnos aprovechaban ahora para intentar recuperar algunas notas, como mis puntuaciones eran bastante buenas, yo no necesitaba esas oportunidades, así que el pocas palabras, la mayoría de los profesores me ignoraban. Todo esto obviamente hasta que llegó la hora de educación física.
-Hoy vamos a probar algo diferente – nos dijo el señor Cullen a todos – El departamento me exige que hagamos lecciones teóricas por lo menos un par de veces por trimestre, así que los siguientes días vamos a hablar un poco de nuestro cuerpo y la resistencia. No voy a evaluar sobre el tema – con esto los más exhibicionistas de la clase empezaron a aplaudir y el señor Cullen tuvo que alzar las manos en un gesto en el que exigía que se callaran – Esto para que vean lo guay que puedo llegar a ser como profesor. Pero puedo siempre cambiar de opinión y si me hacen perder la paciencia, no duraré en ponerles en examen sorpresa algún día de estos sin avisar. Así que quiero que presten atención.
Todos nos dispusimos a sentarnos en el suelo del gimnasio, y como no, yo terminé sentada al lado de Edward. Los ojos de su hermano no se apartaban de mi, y tenía una sonrisa pícara danzando en los labios. Yo solo podía imaginarme lo que estaba pensando en esos momentos. Edward y yo no hicimos ni a tiendo de saludarnos que la lección empezó sin más, aunque claro ¿Qué se supone que le podría decir?, "Edward estoy perdida e irremediablemente enamorada de ti". Si, seguro que eso estaría bien.
No tuve ni idea de qué fue lo que dijo en señor Cullen durante su lección, me parece que algo sobre los músculos y su función, no estoy muy segura. Si de verdad nos tocaría hacer un examen al final, yo me lo iba a ver bien mal. Si, no habían palabras entre nosotros, pero eso no impedía que toda mi atención estuviese puesta sobre él. La tensión que había era palpable, se podía casi cortar con un cuchillo, y todas las palabras del señor Cullen se redujeron a un murmullo que se escuchaba a lo lejos, como dentro de un túnel. ¿Qué era lo que había dicho ésta mañana?, ¿Qué me sentía tranquila y relajada?. Si eso no había sido más que la ilusión del momento, en estos instantes estaba tan nerviosa, que sentía que el corazón se me iba a salir del pecho.
La cosa no mejoró al finalizar de la hora, cuando salí del baño, me encontré con Edward que me estaba esperando y yo sentí mis mejillas arder. Una vez más no articulamos palabra, pero no hicieron falta. Solo necesitaba verle allí, parado en frente mio, con las manos en sus bolsillos, una ligera sonrisa torcida en sus labios y un suave sonrojo en sus mejillas. Todo eso mientras me observaba a mi, con sus ojos que brillaban más de los que los había visto brillar hasta ahora. Nunca le había visto tan guapo … si, desde el primer momento en el que le vi, pensé que Edward era un Dio griego o algo por el estilo. Pero había algo en su aura de hoy, en su porte o quizás en su mirada, pero le veía mil veces más hermoso, si es que eso era posible.
-¿Vamos? - me preguntó en un susurro casi inaudible cuando llegué a su lado.
-Si – fue mi simple respuesta.
Después de eso los dos nos dimos la media vuelta y salimos del gimnasio en dirección a la biblioteca. Todo bajo la encantadora mirada del señor Cullen.
Esa ha sido sin duda la conversación más locuaz que hemos tenido. Pensé con sarcasmo. Llegamos a nuestra acostumbrada mesa y nos sentamos. Después de cinco minutos, el silencio ya se había vuelto incómodo. Así que abrí la boca para acabar con él …
-Edward yo...
-Bella – dijo Edward al mismo tiempo que yo.
Ambos nos callamos y empezamos a reír por lo ridículo de la situación. O bueno, por lo menos esa era mi motivación.
-Tú primero – me dijo Edward con un gesto de la mano. Caballero como siempre.
Me detuve en el acto ¿Qué era lo que le quería decir?. Nada, la verdad es que no tenia planeado nada.
-Quería volver a darte las gracias por lo de anoche – dije lo primero que se me pasó por la cabeza.
-No hay nada que agradecer. Yo no podía permitirle a ese gusano que continuara – volví a ver brillar la misma furia que estaba en sus ojos la noche anterior, y de repente me encontré agradecida de que no estuviese dirigida a mi – Pero si te hace sentir mejor, de nada.
Sonreí esperanzada por sus palabras.
-¿Eso quiere decir que me perdonas? - pregunté, antes de poderme controlar. Sentí el impulso de llevarme la mano a los labios para taparlos. Pero me aguanté y retuve la respiración esperando a su respuesta.
Él se quedó pensativo unos momentos.
-No – me dijo, sin ni siquiera mirarme a la cara.
-¿No? - me sentí desmoralizada y con el alma en los pies, pero tenia que ser fuerte. No podía permitirme llorar delante de él, ya llenaría mi almohada de lagrimas cuando llegase a casa.
-No, porque en realidad no tengo nada que perdonarte.
Un momento, ¿Qué?
-¿Qué? - pregunté confundida.
-No hiciste nada con mala intención, eso ya lo sé. Quizás no tenias que haberme ocultado lo que sabias, pero entiendo por qué lo has hecho. Puede que tal vez sea yo quien deba pedir perdón por mi comportamiento de ayer.
-No por favor, no lo hagas. Estabas en todo tu derecho y lo cierto es que me sorprende que aún me hables.
-Estoy hablando en serio Bella, lo siento.
-Yo también – susurré - ¿Eso quiere decir que ahora todo está bien entre nosotros? - me aventuré a preguntar.
Él me asintió con una suave sonrisa en sus labios, y yo no pude evitar que los míos proprios también se curvasen hacia arriba. Levantó una mano temblorosa y la acercó en mi dirección, tomó un mechón de cabello que se había escapado de la coleta y lo colocó detrás de mi oreja.
-Nunca un nombre había descrito tanto a una persona. Qué bella eres …
Si antes pensaba que mi corazón latía con demasiada velocidad, no tenia de verdad idea de lo rápido que podía llegar. Con esas simples palabras por parte de Edward, se había desbocado y tenia la impresión de que lo único que se escuchaba en esos momentos eran sus bum bum … Yo me había quedado allí, estática en mi lugar. Quería agradecerle el cumplido, o tratar de restarle importancia como haría si se hubiese tratado de uno de mis padres, incluso quizás decirle que él también era hermoso. Pero nada de eso salió de mis labios.
Edward se inclinó milímetro por milímetro hacia mi, como si su cuerpo estuviese en trance, como si no se diese cuenta de lo que estaba haciendo. Entonces sentí mi propio cuerpo hacer lo mismo. En la parte posterior de mi cabeza entendí lo que estaba a punto de ocurrir, nos íbamos a besar, y ésta vez no sería por accidente. Aparentemente era una cosa que deseábamos ambos, porque no sé con cuánta magnitud él, pero en mi caso vaya si yo lo deseaba. Pero traté de ignorar los nervios que estos pensamientos me provocaban. Solo quería perderme en la magia del momento.
Hasta que mi móvil sonó...
Él pareció ser el primero en regresar a la realidad y se apartó de mi, murmurando algo que no alcancé a comprender. Tenia la ligera sospecha que se trataba de blasfemias, pero no podía estar segura. Me miró expectante por un momento y cuando yo no hice el menor amago de moverme, elevó una ceja...
-¿No piensas contestar?
-¿Eh?, ah si – salí por completo de mi estado de ensoñación, y tomé el móvil de mi bolsillo para ver de quién se trataba – Es Alice – le dije estupefacta.
-Pues entonces te conviene contestar antes de que salte el buzón de voz, te puedo asegurar por experiencia que mi hermana se vuelve un poco paranoica cuando no localiza a alguien a la primera llamada, o puede que se trate solo de mi …
Hice lo que me decía y le di al botón verde para contestar la llamada...
-¿Hola?
-¿Bella?, Hola.
-Alice, ¿Qué ocurre?
Estaba un poco confundida, seguro que si hubiese sucedido algo alarmante, habría llamado a su marido o a unos de sus hermanos antes que a mi …
-¿Estás ocupada?, ¿Puedes hablar?
- No, tranquila. Claro que puedo hablar contigo – le dije, sintiendo mis mejillas enrojecerse al pensar en lo que de verdad había interrumpido.
-Tengo que pedirte un favor.
-Claro, ¿De qué se trata?
-Sé que hoy no te toca venir a trabajar, pero ¿podrías hacerlo de igual manera?. Rosalie aún tiene muchas cosas que explicarte, y nos gustaría que pudieses tomar tu puesto como encargada apenas terminen las clases.
-Por supuesto, allí estaré. En mi horario de siempre.
Tanto, no tenia nada que hacer, y éste fin de semana estaría sola en casa. Ir a trabajar hoy, sería un incremento en mi vida social.
-Gracias, naturalmente que se te pagarán las horas extras.
-No lo estoy haciendo por eso Alice.
-Lo sé, pero aun así te las pagaremos. Nos vemos más tarde.
-Hasta luego Alice.
Estaba por terminar la llamada, cuando Alice me frenó.
-¿Bella?
-¿Si?
-¿Está mi hermano allí contigo?
-Si, - me giré a observar a Edward que me veía con curiosidad - ¿Quieres que te lo pase?
-¡Lo sabia! - dijo enigmática – No, no va a ser necesario. Solo era para constatar un hecho. ¿Y me podrías hacer otro enorme favor?, éste te lo pido como amiga.
-Dime.
-Cuando veas a Jasper luego, dile que yo tenia razón.
Y así sin más cortó la llamada, sin darme tiempo de decir otra cosa. Guardé nuevamente el móvil en mi bolsillo y volví a centrar toda mi atención en Edward.
-Tu hermana es extraña – solté.
Edward empezó a reír, y yo decidí automáticamente que su risa entraba en la lista de las 10 cosas más bellas de éste mundo. Después de su rostro, sus ojos y su voz.
-¿Solo ahora te das cuenta? - preguntó, limpiando las lagrimas que descendían por su mejilla a causa de la risa.
-No, lo sospeché desde el primer momento. Pero solo ahora lo estoy confirmando.
-En realidad los Cullen somos todos un poco extraños. Mi madre solía decir que era parte de nuestro encanto.
Sentí algo revoloteando en mi estómago cuando me percaté que ésta era la primera vez que me hablaba de uno de sus padres, y que yo sabía que ellos ya no estaban entre nosotros. Era un gran primer paso hacia adelante, pero yo no quería presionar más de lo que debía, sentía que aun no estaba listo. Él mismo me lo diría cuando deseara hablar del tema de sus padres, así que solo volví al sarcasmo por el que soy bastante conocida.
-Si esos son los encantos, no quiero ni pensar en cuales serán los defectos.
Él volvió a reír, pero ésta vez de forma más moderada.
-¿Y para qué te llamó Alice? - preguntó al cabo de un momento.
-Quería pedirme que fuera a trabajar hoy a la tienda.
Asintió.
-¿Desde cuándo empiezas a trabajar como segunda al mando?
-Alice me ha dicho que quieren que empiece a partir del final de las clases, así que dentro de unos días y … un momento, ¿Tú lo sabias?
-Bella, es el negocio de mi hermana y mi cuñada.
-Ah, claro – contesté, sintiéndome un poco estúpida en honor a la verdad.
-Alice y Rosalie tienen planes para ti desde el día que fuiste a llevar tu currículo.
-¿Qué? - ¿Qué me estaba queriendo decir?.
-En circunstancias normales no habría dicho nada, pero visto que mi hermana se sintió con la libertad suficiente para hablar de mi, no veo por qué yo no puedo hacer lo mismo. Alice tiene una gran intuición, y desde el primer momento sintió que eras la indicada para el puesto de responsable. Lo tenia decidido desde que te contrató.
-Vaya, no sé que decir – me sentía de verdad muy alagada.
-Que te lo mereces, eso es todo.
El timbre sonó y nosotros nos levantamos de nuestros asientos.
-¿Bella? - me llamó Edward antes de salir de la biblioteca.
-Dime.
-No vuelvas a mentirme nunca más – me pidió.
Yo solo le asentí, no volvería a hacerlo. No podía volver a correr el riesgo de sentir que estaba a punto de perder su amistad como me había sucedido ayer. Pero en realidad si había algo que no le estaba diciendo, pero eso tampoco se lo podía contar por ese mismo motivo. ¿Qué sucedería si yo le decía lo que sentía por él y no me correspondía?. Si, lo mejor era si por el momento me lo guardaba para mi. Omisión de verdad y mentir no son la misma cosa, ¿cierto?.
Llegamos a nuestros lugares en el aula de historia, nos sentamos y entonces le susurré :
-Te lo prometo.
El señor Hale pronto llegó y el tema se terminó allí.
-Señor Hale – le llamé en cuanto terminó la hora de historia, parándome detrás de su escritorio.
-Dime Bella – me dije con una cálida sonrisa, esa que le caracterizaba. Sentí a Edward que se detenía a mi lado.
-No sé exactamente qué significa, pero Alice antes me ha pedido que te dijera que ella tenia razón – dije en un medio susurro, de manera que los curiosos que nos observaban en ese momento no llegasen a oír.
Sus ojos brillaron con diversión y sobre sus labios se dibujó una pequeña sonrisa.
-Genial – dijo con sarcasmo.
-¿De qué va todo esto? - preguntó Edward desconfiado.
-He perdido una apuesta con tu hermana gracias a ti – le explicó.
-¿A mi?
-Aunque claro, tratándose de tu felicidad, creo que en fondo no me desagrada perder – dijo enigmático – Además, en el fondo creo que el pago me va a gustar más a mi, que a ella – guiñó un ojo con picaría, y Edward cambió su expresión por una de repulsión, como si tuviese arcadas. Y lo cierto es que yo tampoco deseaba saber de qué se trataba.
-Yo mejor me voy, llego tarde a mi siguiente hora – soltó de repente Edward, y salió del aula con la misma velocidad con la que anoche entró en la tienda.
No volví a coincidir más con él en el instituto, la profesora de química me retuvo al terminar las clases y cuando salí al aparcamiento, ya habían desaparecido el Porshe y el Jeep. Me subí a la camioneta y me fui en dirección de la tienda.
-Hola Rose – la saludé, cuando fui hacia la caja registradora donde estaba ayudando a Irina con una clienta.
-Bella cariño, hola – me saludó con una sonrisa y salió del mostrador – Gracias por haber venido, aunque no te tocaba.
-No es nada – le quité importancia con un gesto de la mano, porque en realidad no me importaba estar aquí.
Empezamos a encaminarnos juntas hacia la oficina.
-¿Has comido? - me preguntó.
-Eh … no – admití.
-Muy mal – me regañó – Suerte para ti que tengo un bocadillo extra en la oficina.
Entramos y nos sentamos en el escritorio, al cabo de un momento me pasó el bocadillo del que hablaba.
-Gracias.
-No hay de que.
-¿Y cómo sigues de tu resfriado? - pregunté después de haber tragado un bocado.
-¿Resfriado? - preguntó confundida, después pareció recordar algo – Ah si, ya estoy mucho mejor. Era solo un virus pasajero.
Empezamos a trabajar y antes de que me diera cuenta, ya había pasado casi cinco horas encerrada en la oficina. Alice entró en un par de ocasiones, pero no tuve oportunidad de hablar mucho con ella, aparte un cordial saludo. Volvió a entrar cuando yo estaba por recoger mis cosas y marcharme a casa, solo que en esa ocasión no venia sola. Edward iba a unos pocos pasos detrás de ella. Todo mi cuerpo reaccionó a su presencia.
Esto ya se estaba volviendo ridículo, está bien que estaba enamorada de él, pero era como si de alguna manera perdiese el control de mi cada vez que le veía, y tenia que recuperar el dominio. YA.
-¿Grades planes para ésta noche, Bella? - me preguntó Alice con simpatía.
Me encogí de hombros.
-¿Si por grandes planes entiendes pasar la noche acostada en el sofá con un buen libro, y una manta calentita sobre las piernas? Entonces si. Mi padre se ha ido de pesca el fin de semana y estaré sola en casa. La verdad es que creo que ni me apetece cocina la cena.
-Entonces tienes que venir a cenar en nuestra casa. Absolutamente. Debería ser pecado capital pasar un viernes por la noche sola en casa.
-Yo … - Estaba por decirle que no, cuando ella me interrumpió.
-No lo intentes que tanto es inútil. Vas a venir a cenar en nuestra casa y no se discute – vaya, sí que daba miedo con ese tono de voz, las manos en las caderas y su mirada seria.
-Hazle caso Bella, vivirás mejor – me aconsejó Edward, lo dijo en lo que parecía ser un tono de broma, pero en sus ojos había algo que no lograba descifrar con certeza. Parecían suplicantes, como si me estuviese rogando que aceptara ir a su casa a cenar … Inútil decir que la sola perspectiva inundó mi corazón de una sobredosis de alegría.
-Muy bien – accedí – dejame solo llamar a mi padre para avisar.
-No va a ser necesario – me atajó, al ver mi mirada curiosa explicó – Ayer me encontré con él y me dijo que saldría de pesca y que ibas a estar sola. Entonces yo le propuse que vinieras a cenar con nosotros. A él le encantó la idea y obviamente que te dio permiso.
Me quedé atónita por sus palabras, definitivamente ésta pequeña mujer era toda una fuerza de la naturaleza. Dios o el diablo ayudaran a quién era tan estúpido como para interponerse en su camino.
Salimos los cuatro de la oficina, y por el rabillo del ojo no pude evitar notar la radiante sonrisa que llevaba Edward, esa que estaba intentando ocultar, pero fracasaba en su propósito. ¿Sería que el motivo de su felicidad era el mismo que el mio?, eso no podía saberlo. Rosalie y Alice se apresuraron en hacer el cierre la tienda y cuando salimos, fueran estaban sus maridos, esperándolas con sus respectivos coches.
Edward se acercó a dejar su bicicleta en la entrada de la tienda, antes de que Rosalie cerrara la puerta y activara la alarma.
-Me han dicho que ésta noche te vamos a tener como invitada de honor Bella, ¿Es eso cierto? - me preguntó el señor Cullen, después de haberle dado un beso a su mujer.
Vi a la otra pareja haciendo lo mismo, y me sentí bastante incómoda. ¿Eran siempre así con las demostraciones de afecto en público?. Pobre de Edward si la respuesta era positiva. Él como si hubiese leído mis pensamientos, o es que quizás había reparado en mi expresión, me asintió una sola vez con una sonrisa de comprensión.
-Eh, si señor. Así es – respondí, recordando la pregunta que me había hecho.
-Emmett, Bella. Fuera del instituto llámame Emmett – me recordó.
-Cierto, lo había olvidado.
-Procura solo que no vuelva a ocurrir. Y para lo que cuenta me encantará tenerte en casa ésta noche. Y te puedo asegurar que no soy yo el más ilusionado con la idea – me guiñó en ojo y sentí mi rostro arder por su implicación - ¿No es así Eddie? - le preguntó despreocupado a su hermano.
Edward murmuró algo por lo bajo que no logré descifrar muy bien, tengo la impresión de que fue algo como "Callate y deja de llamarme Eddie". Pero ¿Quién sabe?.
Antes de que cualquiera pudiera decir algo más, el señor Hale- o Jasper- intervino para salvar la situación. Ya solo por eso me caía mil veces mejor.
-¿Cómo lo hacemos?, ¿Nos sigues con tu camioneta Bella? - me preguntó.
-Si, supongo que si – era la solución mejor.
Todos nos empezamos a dirigir a nuestros coches, cuando estaba por abrir la puerta de la camioneta escuché a Rosalie que exclamaba …
-¿Se puede saber qué estás haciendo?
Me giré a ver de qué se trataba y me encontré con Edward que estaba por subirse al lugar del copiloto del Jeep pero se había detenido a observar a Rosalie extrañado que lo miraba con reproche y tenia las manos en las caderas. Si antes pensé que Alice daba miedo en ésta postura, era porque no había visto a Rosalie …
-Um, ¿Me estoy subiendo en el coche? - le contestó inseguro, más a forma de pregunta.
-Deberías ir con Bella – apuntó en mi dirección – La pobre no sabe en dónde está la casa y no me parece que su camioneta pueda seguir la velocidad del Jeep y el Porsche. Ve con ella para que le indiques en camino.
-No va a ser nec... - pero Rosalie me interrumpió.
-Lo digo en serio Bella, no me gustaría que te perdieras.
Me callé enseguida, era todo el argumento que necesitaba para ir en coche a solas con Edward.
-Está bien – accedí – Si a Edward no le molesta, claro – dije en su dirección.
-Por supuesto que no le molesta – dijo Emmett por él. Edward era como si se hubiese quedado sin palabras.
-Anda ve – le dijo Rosalie, dándole un ligero impulso en la espalda. Lo suficiente para que caminara hacia mi. Después entró ella en el Jeep – Nos vemos allá – nos dijo, y los dos coches se alejaron de nosotros a una velocidad asombrosa.
Edward sacudió un poco la cabeza como si estuviese aclarando sus ideas, me sonrió y se acercó a mi puerta. La abrió y su sonrisa aumentó.
-Adelante.
-Gracias – subí en el coche y él cerró la puerta. Trotó hacia el otro lado y se subió en el lugar del copiloto.
Arranqué el coche en cuanto su puerta se hubo cerrado.
-Tienes que salir del pueblo, en dirección a Port Ángeles – me explicó, asentí y seguí sus indicaciones.
-Creí que Rosalie iba a arrancarte la cabeza antes – bromeé después de un poco, para acabar con el silencio que se había creado entre nosotros.
Él rió por lo bajo por mis palabras.
- Si, sé que a veces puede dar esa impresión cuando se comporta así. Pero no sería Rose si actuara de forma diferente. Además es su forma de demostrarte que le importas – iba a contestar a su comentario, pero él me lo impidió señalando algo en la carretera - ¿Ves ese sendero por la derecha? - asentí – Tienes que girar por allí.
Hice lo que me dijo y no pude evitar notar lo mucho que nos habíamos alejado de Forks. No daba la impresión de que los Cullen-Hale tuviesen algún vecino cerca. A cada lado del camino que había tomado habían dos filas de luces que lo iluminaban y terminaban en lo que parecía ser una casa, pero aun no lo podía distinguir bien.
-¿Hay algún motivo para que viváis por aquí? - pregunté antes de poder refrenar mi curiosidad.
-Fue el terreno que le compró mi padre a mi madre cuando llegaron a Forks –. explicó – Supongo que conoces la historia detrás de su matrimonio – me dijo, con lo ojos entrecerrados.
-Solo lo que me contó Charlie – admití – Lo siento.
Él solo se encogió de hombros.
- En fin, cuando volvieron de Londres, Carlisle le dijo a Esme que no la iba a apartar de su familia, pero que quería que ella viviese en una casa digna de una reina, y que tenia que estar cerca del bosque y la naturaleza, porque cuando tuviesen hijos tenían que salir a explorar juntos cada semana, cosa que después hizo con los tres.
Llegamos al final del camino y me aparqué al lado de un BMW rojo que había visto antes fuera de la tienda, era de Rosalie si no me equivoco. Sentí mis ojos agrandarse y mi mandíbula caer a ver la morada que se presentaba frente a mi.
-Si, ésta es mi casa – me dijo Edward en tono avergonzado.
¿Casa?, ésto no se podía definir casa. Dónde yo vivía era una casa. Ésta construcción como mínimo era una enorme mansión o un pequeño castillo.
- Ya te lo dije que mi padre quería que mi madre viviese como una reina.
- Si, y deduzco que consiguió su propósito – contesté aun asombrada.
Era una "casa" de tres plantas, blanca y rectangular, que se levantaba imponente sobre el bosque. El porche estaba iluminado y Edward y yo subimos las escaleras que llevaban a la entrada. Como era de esperarse, él abrió y sostuvo la puerta para mi mientras entraba.
Por fuera me la esperaba igual de sobrecogedora, pero no fue así. Sí, la decoración era elegante, pero a pesar del tamaño del lugar, la estancia te hacia pensar en un hogar. El color de los muebles y las paredes era bastante claro, el más oscuro era una pared que estaba pintada de marfil. En cambio el comedor era de madera de caoba, era el contraste lo que lo volvía sofisticado.
Era a ambiente único y con mucha iluminación, me di cuenta de que ésto se conseguía gracias a que la pared sur de la casa estaba completamente sustituida por ventanales que iban desde el suelo, hasta el techo. Había flores frescas en todas las mesas, todas blancas. Rosas y tulipanes, al igual que las que había ese día en la tumba de Carlisle y Esme Cullen.
-Eran las flores preferidas de mi madre – me dijo Edward, el cual pareció entender el sentido de mis pensamientos al seguir la dirección de mi mirada – Siempre había cuando ella estaba viva y nos hemos encargado de que siga así después de su muerte.
Asentí, sin saber cómo contestarle. Continué inspeccionando la sala, el objeto que más predominaba sobre los otros era sin duda el piando negro de cola que se encontraba orgullosamente colocado sobre una elevación.
-Ese es tu piano, supongo – apunté.
- Si, me lo regalaron cuando cumplí cinco años. Esme quería comprarme uno más pequeño, pero Carlisle le dijo que si al final me iban a comprar uno grande, tanto valía hacer el gasto de una vez. Los razonamientos de mi padre.
Me acerqué al instrumento y pasé mis dedos sobre la madera barnizada, sobre éste había varias fotos y no pude evitar que mis ojos se posaran en cada una de ella. La primera era de una señora rubia y con los ojos azules muy oscuros, era hermosa como una modelo, se parecía mucho a Rosalie pero algo me decía que no era ella.
-Es la madre de Jasper y Rosalie – me confirmó Edward – se llamaba Lillian.
-Se parece mucho a Rosalie – comenté.
Había otra de una señora con una cierta edad, tenia ya bastantes canas, pero se podía distinguir que de joven su cabello había sido rojizo, tenia unos llamativos ojos verdes, muy parecidos a los de Edward o a los que en vida había tenido su madre. Supuse que se trataba de su abuela, pero no quise preguntar nada y sonar más entrometida de lo que en estos momentos debía de parecer.
Continué observando las fotos, había dos de Alice y Emmett en el día de su matrimonio junto con Jasper y Rosalie respectivamente. Después había una foto con una gran familia en ella. En el centro estaban Esme y Carlisle, eran ellos sin duda, solo un poco más jóvenes que la foto de su lápida o como se encontraban en mi sueño. Ella llevaba en brazos un bebé que a lo mucho debía de tener un año, con el cabello muy rubio y los ojos verdes, vestido con un traje de marinero. A su derecha habían dos niños con el cabello de negro y pálidos, el niño tenia unos once años y la niña nueve. Eran Emmett y Alice. A la izquierda estaba otra pareja, la mujer se parecía mucho a Esme, con la misma tonalidad de cabello y ojos, a su lado había un hombre bastante atractivo, con el cabello castaño y los ojos grises, llevada en brazos una niña de unos cuatro años que se parecía mucho a él. Todos miraban sonrientes la cámara, incluso el bebé. La tomé entre mis manos para poder verla más de cerca.
-¿Tú eres el bebé? - le pregunté.
-Si, ese fue el día de mi primer cumpleaños.
-Qué rubio eras – admiré – Y también muy mono.
Edward empezó a sonrojarse antes de contestar.
-Gracias. Todos se pensaban que tendría los cabellos de mi padre, pero cuando tenia tres años se empezaron a oscurecer, resultó que había heredado no solo sus ojos, también el cabello de mi madre … Esa es mi tía Elizabeth y mi tío Jonh, y la niña es mi prima Bree – me apuntó a las personas de la foto que yo no había reconocido.
-Tu tía se parece mucho a tu madre, ¿Es su hermana?
Asintió y yo volví a colocar la foto en su lugar. Me giré y me percaté de la chimenea incrustada en la pared opuesta al piano, la cual en éste momento se encontraba apagada obviamente. Sobre de ella se encontraba un retrato familiar con los cinco miembros de la familia Cullen, por el aspecto que tenían Edward, Alice y Emmett se podía deducir que había sido tomada poco antes de la muerte de sus padres. Esme estaba sentada en un sillón con Edward sentado en sus piernas, Alice sentada en el brazo del mismo. Detrás de ellos estaban Carlisle y Emmett de pie. Sobre el alfeizar de la chimenea había varias fotos más, algunas de los chicos de pequeños, o de Carlisle y Esme juntos. Me sentí un nudo en la garganta y mis ojos empezaron a picar, eran los recuerdos de una familia.
Quería comentar algo, pero no sabia qué. Me había quedado sin palabras. ¿Cómo le podía decir a Edward que de verdad sentía que hubiese perdido a sus padres, cuando ya habían pasado diez años desde entonces?. Al final no tuvo oportunidad de abrir boca, Rosalie y Alice se acercaron a nuestro encuentro después de haber salido de lo que parecía ser la cocina.
-La cena va a tardar un poco – me comentó Alice – Cómo era de esperarse.
Edward, al ver mi ceño confundido, explicó …
-Siempre nos turnamos para hacer todos los quehaceres de la casa, y hoy es el turno de cocinar de Emmett y Jasper. Como habrás entendido, no son precisamente los mejores cocineros. De hecho me sorprende que invitaras a Bella a cenar, sabiendo que muy probablemente no habría comida que ofrecerle – le acusó a su hermana.
- Si ese es el problema, yo puedo cocinar para ustedes – me ofrecí – De hecho es algo que me gusta hacer.
-Bella, cualquiera de nosotros tres puede cocinar perfectamente – me contestó Rosalie – Pero tenemos que ayudar todos en casa, que no se crean esos dos que por el solo hecho de ser hombres se libran de esas tareas – dijo en tono bastante alto, seguramente con la intención de que su marido y su hermano escuchasen sus palabras – Además, en el peor de los casos, ya tengo el teléfono y el número del restaurante preparado.
-¿Por que no le enseñas a Bella el resto de la casa mientras tanto, Edward? - cambió el tema de la conversación Alice – Parece que vamos a esperar todavía bastante.
-Eh … si, si claro – medio tartamudeó Edward – Vamos Bella – le lanzó una mirada significativa a su hermana y salió de la sala, esperando que lo siguiera.
Primero me llevó a la sala de juegos, ¿Una casa que tiene sala de juegos?, increíble. En realidad era más una especie de mini cine, pero Edward me explicó que cuando era pequeño era verdaderamente una sala de juegos, cuando creció la modificaron, pero aun tenia ese nombre. Tenia dos enormes sofás, situados frente a un plasma de alta definición, un DVD y una consola de juegos. Y dos estantes llenos de películas y video juegos.
Al lado de ésta estaba la biblioteca, la cual sus padres habían usado también como estudio. Nunca había visto tantos libros juntos en mi vida, ni siquiera en una librería. Los estantes iban desde el suelo hasta el techo y no había ni un solo espacio vacío. Algunos parecían encuadernados en cuero, y se veían bastante antiguos y valiosos. En una esquina había un pequeño sillón para sentarse a leer, y en medio de la estancia un elegante escritorio de caoba. Definitivamente si ésta fuera mi casa, no saldría nunca de ésta habitación.
Me acompañó hasta la segunda planta y me señaló a quién pertenecían cada una de las habitaciones, la primera era la de Emmett y Rosalie, en frente de la de ellos estaba la de Alice y Jasper. Después habían dos habitaciones de invitados y en medio la que había pertenecido a Carlisle y a Esme Cullen, la cual mantenían casi siempre cerrada. Por último llegamos a la última habitación de la derecha, Edward sin decir nada abrió la puerta y me indicó que entrara.
Estaba divinamente decorada en tonos dorados y borgoña, con una pared sustituida por los ventanales. En el centro había una enorme cama de cuatro postes con un edredón dorado. Un sofá negro de cuero en frente, y en una pared estantes repletos de CDs y un equipo de sonido, incrustada en la pared una televisión, un escritorio con un portátil y un teclado. Se veía todo bastante ordenado y limpio.
-Eh … ésta es mi habitación – me dijo Edward detrás de mi tímido.
-Es fantástica – cumplimenté – De seguro que todo el segundo piso de mi casa entraría en ésta habitación – bromeé.
De repente me sentí más osada de lo que soy normalmente y fui a sentarme en la cama. Me percaté de que la única foto que había en la habitación era la que se encontraba en la mesilla de noche junto a la cama. Era una foto de Edward con sus padres. No pude evitar notar que ellos dos llevaban las mismas ropas que en la foto que se encontraba en su lápida. Edward definitivamente ese día estaba muy perceptivo, porque se vino a sentar a mi lado y tomó la fotografía entre sus manos para pasármela.
-Nos las tomamos el día de navidad, ese mismo día se tomaron la foto que ésta en sus tumbas – observó un segundo la foto, antes de que en sus labios se dibujara una pequeña sonrisa nostálgica - Los echo tanto de menos, ¿Sabes? Han pasado diez años y aun los echo de menos. Como el primer día.
Cerré los ojos e inspiré profundo para infundirme el valor que necesitaba. Cuando los volví a abrir acerqué una mano hacia la de Edward y la tomé para darle una fuerte apretón, una vez más la descarga se hizo presente entre nosotros.
- Lo siento mucho Edward – le susurré – Siento muchísimo todo por lo que has tenido que pasar.
Él me sonrió.
-Gracias.
Una lágrima que no pude controlar cayó y rodó por mi mejilla. Edward estiró su mano para acercarla a mi cara y limpiarla. Me di cuenta que en ese momento se detuvo mi respiración.
-¿Quién eres tú Bella Swan? - me preguntó con un brillo que no supe distinguir en sus ojos.
-¿Qué? - contesté con otra pregunta confundida.
Tomó la fotografía de mis manos y la volvió a posar sobre la mesilla de noche.
-El otro día les hablé de ti – cambió el tema. Me tomó solo un momento entender de quién hablaba.
-¿De mi? - ¿Les había hablado a sus padres de mi?
-Si, les hablé de ésta chica maravillosa que ha trastornado mi mundo. De lo hermosa que es y que tiene una personalidad fantástica. Es fuerte, pero nunca dominante. Compasiva, simpática, divertida, inteligente y que me tiene hecho un lío.
Me había dejado muda con sus palabras, pero más que todo era porque deberían ser cosas que tendría que decir yo, no él. Se estaba describiendo a sí mismo, no a mi.
-¿Yo estoy trastornando tu mundo? - pregunté en un susurro, cuando fui capaz de articular palabra.
Un lado de su sonrisa aumento más, dándole un pequeño toque irónico y una mano se posó en mi mejilla.
-Tú no tienes ni idea, pienso en ti noche y día. Estás haciendo de mi una persona diferente, mejor. Te estás volviendo algo indispensable en mi vida y creo que si no te beso en éste mismo momento me voy a volver loco …
¿Había escuchado bien?, ¿Él me quería besar?, ¿A mi?
-¿Entonces por qué no lo haces? - pregunté no reconociendo mi propria voz.
-Porque quiero hacer las cosas bien. Creo que estoy esperando tu permiso.
-Eso no te detuvo la última vez – quise morderme la lengua. Bonita forma de arruinar el momento. Pero él solo continuó sonriendo.
-La última vez fue una especie de accidente, maravillo eso si. Pero aun así un accidente. Ésta vez quiero que sea premeditado, y que consideremos éste nuestro verdadero primer beso.
Me acerqué los pocos centímetros que me separaban de él, envalentonada por sus palabras. Él cambió la mano de mi mejilla a la parte de atrás de mi cabeza y la enterró en mis cabellos. Miré sus carnosos labios una última vez antes de hablar, era ahora o nunca.
-Entonces bésame de una vez – murmuré un segundo antes de que nuestros labios se encontraran.
Continuara...
Lo sé, lo sé... otro capitulo que termina en un beso. Pero me gusta pensar que éste en realidad es diferente. El mismo Edward lo ha dicho. En fin, ¿Qué les ha parecido?, no demasiado cursi espero.
Quiero prometer que no tardaré tanto en el siguiente capitulo, pero nunca puedo estar segura. Mejor prometo que lo voy a intentar ;)... pero se sabe siempre que los reviews motivan, así que no se olviden de dejarme uno para saber lo que piensan del rumbo que está tomando la historia …
Besos, Ros.
PS. autopublicidad :P... estoy preparando un OS entre Carlisle y Esme que será publicado pronto, no se olviden de leerlo los que son también fans de ésta pareja ;)
