¡Feliz año a todos!, siento mucho la tardanza, pero últimamente he estado tan desmotivada que no tenia ganas para nada, ni para escribir. Pero tengo que recordarme siempre que hay que ponerle buena cara a mal tiempo y ver el vaso medio lleno … así que aquí estoy. Espero solo que les guste …

Crepúsculo y todos sus personajes no me pertenecen, yo solo me adjudico las tramas de mis historias.

Novios.

Extrañamente no habían nervios, no escuchaba campanas en la distancia o nada por el estilo. Era solo un beso, con el chico del que estaba enamorada. Era dos labios que se habían juntado, mis manos en sus mejillas y las suyas enterradas en mis cabellos. Y la sensación de estar completa por primera vez en mi vida, y eso sin saber que antes me faltaba algo.

No sé cuánto tiempo estuvimos así, perdidos en mi pequeño pedacito de cielo, cuando empecé a escuchar la canción de "Viva la vida" de Coldplay y mi bolsillo izquierdo vibrar, traté de ignorarlo pero eso pareció hacer reaccionar a Edward, como si despertase de un sueño. Poco a poco se apartó de mi, pero solo para quedar a un centímetro de mi cara. Sentí nuestras respiraciones agitadas en medio de los dos.

–Está sonando mi móvil – susurré con afán.

–No puedo creer que haya ocurrido otra vez – dijo con ironía y se apartó de mi, hasta quedar apoyado en el cabezal de la cama. Noté sus mejillas sonrojadas y por el calor que sentía en las mías, estaba casi segura que le ganaba.

Me levanté de la cama y saqué el móvil de mi bolsillo.

"Oh vaya"

–Es mi madre – informé. Había olvidado llamarla y estaba sorprendida que aun no hubiese avisado a la policía o a seguridad nacional. Respiré hondo un momento para tratar de calmar mis nervios antes de contestar –. Hola mamá – Saludé lo más normal que pude sonar, sospechaba que había fracasado en mi intento.

–No me llames mamá – Escuché por la otra parte de la línea –. No me puedes llamar mamá después de haberte olvidado de mi por tantos días, yo aquí preocupa por mi única hija, por mi tesoro; pensando que le podía haber pasado algo y ella ni se acuerda que tiene una madre que la quiere.

Mi madre, dramática y manipuladora en todo su esplendor.

– Renée – La llamé con su nombre de pila, remarcando que no quería que la llamase por su titulo –, lo siento mucho, de verdad. He … – me giré a observar un momento a Edward – estado un poco ocupada. Me han ascendido en el trabajo y estamos al final del año, además tengo en mente otras … cosas. No lo he hecho apropósito y sabes que nunca podría olvidarme de ti.

Escuché una risita detrás de mi y cuando me volví a girar, noté la mirada pícara con la que Edward me observaba.

–Está bien cariño, no pasa nada – dijo casi apenada –. Sé que a veces puedo ser un poco exagerada.

–¿Solo un poco? – pregunté con retórica y, a pesar de que sabia que no me podía ver, elevé un ceja. Escuché su risa.

–Vale de acuerdo, lo reconozco. Soy muy exagerada. Pero solo porque te quiero.

–Yo también.

–Y cuéntame – Oh no, ese tono me sonaba a que quería que le hiciera un resumen detallado de todo lo que había vivido en estos días – ¿Cómo es eso de que te ascendieron en el trabajo?

–Si, mis jefas quieren que apenas empiecen las vacaciones de verano, sea la responsable de la tienda, segunda al mando después de ellas.

Me tuve que alejar el teléfono del oído, para protegerme del grito que soltó mi madre.

–Eso es fantástico cariño, una muy buena noticia. Sabia que se iban dar cuenta de lo capacitada que estás, lo sabia.

– Tu instinto materno nunca falla – contesté con sequedad –.Y ¿tú cómo estás? ¿Cómo va el entrenamiento de Phil?

–Ah no, no me vas a cambiar el tema. Estamos hablando de ti, no de mi. Y quiero que me expliques por qué te escucho así.

–¿Así cómo? – pregunté alarmada.

–Vamos Bella. Estás feliz, emocionada, me doy cuenta en tu voz.

–¿Lo estoy?

Sabia lo bien que me conocía esa mujer y lo perspicaz que es, pero ¿Tanto así se me notaba lo bien que me sentía en estos momentos para que ella lo detectara a través del teléfono?

–Seguro que tú lo sabes mejor que yo – contestó –. ¿Tiene algo que ver con el chico del que me hablaste la otra vez? – fue directa al punto.

Lancé una mirada de soslayo nerviosa a Edward y mentalmente me visualicé lo roja que me había puesto, al reparar en su expresión curiosa. ¿Será que sabia de quién estaba hablando Renée?

–Si, algo – admití. Nunca había sido capaz de ocultarle nada y no creo que pudiera comenzar ahora.

–¡Estaba segura! – dijo triunfal –. Sabía que solo era cuestión de tiempo para que me dijeras que te habías hecho novia de ese chico.

–No somos nada de eso – aclaré.

–¿Y entonces qué son? – preguntó confundida.

–Aun no lo sé. Hay que discutirlo – Esperaba solo que pudiésemos hacer eso en cuanto terminara la llamada. Tenia que saber en qué punto nos encontrábamos, necesitaba saberlo. No podía dejar de pensar en que él me había besado y en todo aquello que había dicho antes, eso tenia que ser una buena señal, pero hasta no saberlo con claridad no podía estar segura.

–Pero te ha besado, ¿cierto?

–Er … si – contesté, sintiéndome azorada.

–Eso ya es un paso, pero sabes que estaba pensando que …

– Oye mamá – le interrumpí –, ¿Te acuerdas el verano pasado, el día de la Independencia? – esperaba que entendiera la indirecta, le estaba haciendo referencia al hecho que ese día yo la estaba llamando para saber por dónde andaba y resulta que ella estaba buscando un poco de intimidad con Phil.

– Si – contestó insegura –, ¿Por qué lo … Oh, ya veo. ¿Estás con él ahora?

Por fin.

–Si.

–Bueno, entonces te dejo cariño. Le daré tus recuerdos a Phil. Y quiero saber todo lo que pasa luego.

Y sin darme el tiempo de contestarle, me cortó el teléfono sin más.

–Yo también te quiero mamá – dije con sarcasmo a nadie en particular, y guardé el móvil en mi bolsillo. Me giré hacia la cama y me encontré con Edward que hacia esfuerzos increíbles por controlar la risa –. Lo siento – me acerqué a la cama y me senté en el lugar que antes había dejado vacío.

Edward negó con la cabeza y soltó otra pequeña risita.

–No pasa nada, la verdad es que creo que me cae muy bien tu madre.

–Si, ella es todo un personaje.

Se alejó del cabezal de la cama y se acercó lentamente a mi.

–Estoy seguro que si. Pero ya hablaremos de ella más tarde, mucho más tarde – dijo en un medio ronroneo, mientras su rostro se acercaba centímetro por centímetro al mío.

Mi corazón se empezó a acelerar y yo no pude evitar sonreír por sus palabras.

–Qué osado estás señor Cullen – bromeé –, no te hacia así cuando te conocí.

–Es todo merito tuyo señorita Swan, tú me estás volviendo así.

–Pues entonces nos estamos cambiando mutuamente, porque yo tampoco era así – aclaré, antes de que nuestros labios se encontraran una vez más.

Éste era incluso mejor que el anterior, si era posible, Edward había perfeccionado su arte de besar. Ésta vez fui yo quien enterró las manos en sus cabellos, eran tan suaves y sedosos como me los había imaginado. En cambio Edward colocó ambas manos en mi cintura y me atrajo más hacia él. Nos apartamos cuando el oxígeno se echó en falta y Edward empezó a darme besos en la mandíbula. Cuando entendí su intención, eché hacia atrás la cabeza para que él tuviera mejor acceso a mi cuello, mientras él me dejaba un rastro de fuego a su paso.

–Qué bien hueles – me susurró en el oído, y a pesar de haber sentido el calor de su aliento, todo mi cuerpo se estremeció –. ¿Cómo haces para oler siempre a fresas?

–Champú c-con aroma de fre-fresas – expliqué de forma entrecortada.

Sentí la sonrisa de Edward contra mi piel, antes de que él me contestara.

–Adoro tú champú con aroma de fresas.

Levantó la cabeza y volvió a besarme en los labios; envalentonada por la situación, mordí suavemente el labio inferior de Edward, jugueteando un poco con él. Por el suspiro complacido que se le escapó, tengo que suponer que le había gustado.

De repente escuchamos un solo golpe seco sobre la madera y la puerta de la habitación se abrió de golpe.

–¡Oh mis ojos! – escuchamos la exclamación de una voz profunda – ¡Mis ojos, mis pobres e inocentes ojos!

Edward y yo nos apartamos enseguida, yo sentí todo mi rostro en llamas y sabia que debía de tener la misma expresión de una niña a la que habían descubierto en medio de su travesura. De Edward no sabría decir si estaba más azorado o molesto, mientras observaba a su hermano. En el umbral de la puerta se encontraba Emmett Cullen, con una mano apoyada en el pomo y la otra cubriendo supuestamente sus ojos, en el rostro tenía una mueca de fingido horror.

–Estoy traumatizado – se quejó.

–Emmett – le reprochó Edward –, ¿Que nos sabes tocar antes de entrar en una habitación ajena?. Cualquiera diría que mamá y papá no te enseñaron nada.

–He avisado, no es culpa mía si estabais los dos distraídos y no me escucharon – contestó a la defensiva, como si él tuviera la razón. Si solo había llamado una vez –. En fin, Rosie ha dicho que mi estofado no se lo comería ni un perro hambriento. Así que vamos a ordenar unas pizzas, tú la misma de siempre ¿no, Edward? – su hermano asintió, después se giró a mirarme –, ¿A ti cómo te gustaría, Bella?

Me lo pensé un momento, antes de contestar.

–Una vegetariana, por favor.

–Pero mira qué coincidencia, igual que nuestro Eddie.

–Emmett – murmuró Edward a forma de advertencia.

–Te aguantas – lo atajó su hermano –, algo tengo que recibir a cambio, por el horror que acabo de presenciar – y con eso me volví a sonrojar –. Bueno tortolitos, ya les avisaremos cuando llegue la cena – no dijo nada más y salió de la habitación, cerrando la puerta detrás de él.

–Ahora soy yo quien lo siente – dijo Edward a mi lado y me giré a ver la expresión apenada que tenia, se estaba también mordiendo el labio en un gesto de nerviosismo.

Hice un gesto con la mano para restarle importancia al asunto, con una pequeña sonrisa.

–Aunque aveces tengo que reconocer que me sorprende el cambio de personalidad que sufre cuando está fuera del instituto, y no es el profesor o el entrenador Cullen – admití.

Edward se dejó el labio y sonrió por mi comentario.

–Mi hermano es muy polifacético – confirmó –. Se puede comportar peor que un niño de diez años, pero cuando se le necesita, siempre estará allí para ti – habló con un brillo de admiración en los ojos, el cual desapareció en solo un segundo y fue sustituido por algo más primitivo –. Pero remandemos también éste argumento, ¿En qué estábamos?.

En ésta ocasión me encontraba más lúcida, lo suficiente para colocar una mano sobre sus labios e impedirle que acortara la distancia que separaba nuestros rostros. Si empezábamos una vez más, de seguro que me olvidaba otra vez de mundo, y no podía volver a hacerlo si antes no sabia hacia dónde nos iba a llevar todo esto.

–Edward – le detuve y bajé la mano de su cara.

–¿Qué ocurre? – me preguntó preocupado y herido. Me sentí horrible al pensar que había sido yo quien le causó ese dolor –. ¿No quieres besarme?, ¿Es que no te gusto?

¿Qué?, ¿Cómo me podía preguntar algo así?, ¿No se daba cuenta de todo lo que me hacia sentir? Y él no tenia ni idea de las ganas que yo tenia de repetir besos como los de hace un momento atrás.

–Me gustas, me gustas mucho – confirmé y la más hermosa de las sonrisa se dibujó en sus labios –. Pero necesito saber que los dos nos encontramos al mismo punto, quiero estar segura de que nuestros sentimientos sean mutuos. Creo … no, no creo. Lo sé – rectifiqué –. Estoy enamorada de ti.

Nunca pensé que algún día llegaría a tener el valor de declararme a alguien, ni tanto menos ser yo la primera que dijese esas palabras, sin estar segura de lo que él sentía. Pero lo había hecho y me sentía genial, me sentía libre. Independientemente de la respuesta de Edward, ahora le había dicho mi verdad al mundo y no me arrepentía de ello, porque sería como avergonzarme de ser yo misma.

Edward se me quedó mirando fijamente durante un buen minuto. Abrió los labios un par de veces, pero enseguida los volvía a cerrar, quizás pensándoselo mejor antes de empezar a hablar. De repente se sobre saltó y se levantó de la cama para ir hacia su escritorio. Yo me quedé sin palabras, aquí confesándole cómo me siento, y mira él como se comporta …

–Eso es – dijo triunfal, pero era como si estuviese hablando solo y con conmigo –. Si, eso es. Prefecto, ¿Cómo no lo había visto?

–¿Edward? – le llamé, casi preocupada. Me levanté de la cama y fui a su lado. Para cuando llegué, él tenia entre las manos unas partituras y parecía estar buscando un lápiz –. ¿Qué ocurre? – pregunté, posando una mano sobre su hombro.

Eso logró llamar su atención, se giró a verme y me asombró su expresión determinada y feliz. ¿Serán así todos los músicos?.

–Dame un minuto Bella, solo eso te pido. Te prometo que enseguida todo tendrá sentido para ti. Por favor.

Yo solo le asentí y Edward volvió a la caza de algo con lo que escribir, encontró un lápiz debajo de un cuaderno y empezó a escribir notas en los pentagramas de las partituras. Al cabo de unos minutos, pareció estar satisfecho con el resultado y dejó caer el lápiz sobre el escritorio, apretó las partituras con una mano, y con la otra tomó una de las mías.

–Ven conmigo Bella – dijo, y empezándome a sacar de su habitación.

Yo no le dije nada, solo le seguí. Salimos al pasillo y bajamos las escaleras. Cuando llegamos a la sala, me llevó a su piano y esperó a que yo me hubiese sentando en el banco, antes de sentarse él a mi lado. Escuché la risa de Emmett a lo lejos, junto con la de los otros tres un poco más moderada. Por la dirección de dónde provenía, supuse que se encontraban en la sala de juegos. Pero todo eso perdió importancia en el momento en el que Edward empezó a reproducir notas en su piano.

Nunca antes había escuchado esa melodía, pero sin duda era la más hermosa que existía. Tenia un toque de ternura, de fuerza, pasión, melancolía, y dicha. Después de unos tres minutos las notas llagaron a su fin y culminaron en armonía, trasmitiendo paz. Para cuando me di cuenta, tenia las mejillas mojadas por la emoción que me hacia sentir la canción. Edward levantó una mano de dónde la tenia apoyada sobre las notas y secó mis lagrimas.

–Tú eres esa canción – me susurró.

–¿Qué? – pregunté confundida.

–Esa canción es para ti. Tú la has inspirado con todo lo que me haces sentir, le faltaba el final, pero tus palabras me lo han hecho llegar y es perfecta, como tú – sonrió un momento irónico, antes de continuar –. Pensaba que había quedado claro antes de besarte, pero tal parece que no. ¿Lo has entendido con mi canción?

–Si, por supuesto que si – contesté con emoción.

–Solo para estar seguros, yo también estoy enamorado de ti.

Ahogué un sollozo emocionado por sus palabras y me lancé a sus brazos, con una confianza que no sabia que poseía. Y por primera vez esa noche, fui yo quien empezó un beso, solo por eso, éste fue el más dulce. Él me correspondió de inmediato y usó sus manos para atraerme más a sí, yo me deslicé hasta sentarme en su regazo y profundicé el beso. Ahora si escuché el ruido de una campana, pero lo ignoré; en la parte posterior de mi cabeza, registré que se trataba de un timbre, pero no me importó. Yo solo quería continuar y alargar éste momento lo más que podía.

Hasta que escuché el sonido de alguien que se aclaraba la garganta detrás de nosotros. Nos separamos enseguida. Esto ya era increíble, ¿Otra vez, ¿Cuántas veces más nos podían interrumpir? Apoyé la frente en el hombro de Edward, ocultando mi rostro de Jasper Hale, que nos observaba con una expresión seria. A pesar de no hacer ver nada, sentía la chispa y la diversión que brillaba en sus ojos. No pude evitar que mi cuerpo temblase con la risa que intentaba reprimir, sentí la mano de Edward que subía y bajaba por mi espalda, intentando calmarme.

–Acaban de llegar las pizzas – anunció Jasper, fingiendo que no había visto, ni interrumpido nada.

– Está bien, ya vamos para allá – contestó Edward, con el mismo tono jovial que yo sentía.

Jasper solo asintió y se dirigió a lo que supongo era la cocina; lo digo porque era la única parte de la casa que Edward no me había mostrado o indicado. Esa y el ático.

–Supongo que las interrupciones están al orden del día hoy – susurró Edward en mi oído.

–Eso mismo creo yo – respondí, apartándome de su hombro.

Me fijé en la sonrisa soñadora que Edward mostraba y en lo feliz que se le veía, estaba segura de que yo debía de tener la misma expresión, solo quizás un poco más tonta.

–Tienes una familia de cotillas – comenté como si nada.

Edward asintió.

–Al final terminarás queriéndoles, incluso con esos defectos.

Tomó mi mano y ambos nos levantamos del banco.

–Ya seguiremos hablando más tarde, por el momento vamos a cenar. Antes de que Emmett se termine comiendo también nuestras pizzas. Te lo juro, es peor que un pozo sin fondo.

Reí.

–Cualquiera diría que las chicas y tú estabais seguros que al final terminarían ordenando comida.

Asintió.

–Si, básicamente. Esos dos son capaces de quemar hasta el café.

–Entonces, ¿Por qué los juntan para cocinar? – pregunté confundida –. Si tan malos son, ¿No sería lógico que uno de ellos cocinara con uno de ustedes tres, que obviamente se saben mover mejor en la cocina?.

–Antes lo hacíamos – confirmó –. Solíamos organizar los turnos por una especie de sorteo. El problema era que siempre se aprovechaban de que sabia cocinar, o cuando tocaban juntos una de las dos felices parejas, lo que menos hacían era la comida, créeme – había una expresión de horror que me recordó tanto a la que tenía su hermano antes, que solté una risotada.

–¿Han traumatizado alguna vez tus pobres e inocentes ojos? – pregunté con ironía, haciendo referencia al comentario de antes.

–Más de una vez – dijo con fingido pesar.

Levanté la mano que tenia libre hacia su rostro y aparté de su frente los cabellos que le habían caído.

–Oh pobrecito.

Él se encogió de hombros.

–Ésta es una casa llena de amor, fue construida de esa manera y por eso, según Alice, es destino que dentro de sus habitaciones ocurran escenas de ese tipo. O por lo menos, esa fue la explicación que dio la primera vez que los sorprendí a ella y a Jasper.

–Muy original – me cumplimenté.

–¿Verdad que si?. Por eso los turnos están de esa manera y al final decidimos que Emmett y Jasper se quedaran con la cena del viernes por la noche, porque se esa manera terminamos ordenando siempre algo para comer. Ahora si, ¿Vamos?

–Por supuesto, me estoy muriendo de hambre.

–Yo también.

Rodeamos el banco y Edward lideró el camino para salir de la sala. Llegamos a la habitación contigua, que era el comedor. Dominado por una enorme mesa ovalada de madera de roble para diez personas, con otras tantas sillas. Emmett y Jasper estaban colocando los cubiertos, las servilletas y los vasos en la mesa ; cuando nosotros entramos, desviaron la atención de lo que estaban haciendo a nuestras manos entrelazadas, pero no dijeron nada. No hizo falta, sus miradas traviesas ya hablaban por ellos.

–¿Hay algo en lo que pueda ayudar? – pregunté un poco incómoda. Jasper fue quien me contestó.

–Puedes ayudar a las chicas en la cocina – hizo un gesto con la cabeza hacia la izquierda, indicando la puerta que seguramente llevaba a la cocina.

–Si, claro – dije, agradecida de tener un pretexto para poder escabullirme del escrutinio de estos dos hombres. Confiaba solo que con las chicas fuera más fácil.

Muy a mi pesar me solté de la mano de Edward, sintiendo aun una corriente eléctrica atravesar todo mi cuerpo, incluso ahora que no había contacto físico entre nosotros. Me encaminé a la cocina con una cierta rapidez, teniendo mucho cuidado de no tropezarme con nada.

-Eddie se puede quedar con nosotros a organizar los vasos, ¿Verdad que si hermanito? – anunció Emmett con una evidente falta inocencia, mientras pasaba por su lado.

No me quedé a esperar la respuesta.

Llegué a la cocina. La cual, al igual que el resto de la casa, era preciosa, como la de los famosos, esas que se ven en las revistas. De color azul eléctrico y gris claro, daba quizás hasta lástima cocinar, solo por el hecho de que había que ensuciarla. Alice estaba sacando refrescos y zumos de la nevera, y Rosalie unos platos de la despensa.

–He venido a dar una mano – anuncié desde el umbral de la puerta, las dos se giraron a verme.

–Por supuesto – contestó Rosalie con una sonrisa –. Puedes ayudarme a colocar las pizzas en los platos. ¿Puedes coger un par de paletas de aquel cajón de allá?

Asentí y fui hacia donde me indicaba. Tomé las paletas y me uní a ellas, en la mesa del centro. Alice sacó tres cervezas de la nevera y las puso junto a las otras botellas. Supuse que debían de ser para los hombres y Rosalie, porque evidentemente ella no podía en su estado, y era ilegal que lo hiciésemos Edward y yo.

–Yo tampoco quiero, Alice – le dijo Rosalie –. Hoy me apetece más un zumo.

–Está bien – cogió una y la volvió a guardar en la nevera. Cuando la cerró, se giró a observarme con una sonrisa –. Bienvenida a la familia, Bella – me dijo con un guiño de ojo. Inevitablemente yo me sonrojé y bajé la vista un tanto avergonzada.

–Alice, deja de azorar a la pobre chica – reprochó Rosalie –. Con lo roja que se ha puesto, cualquiera diría que está a punto de sufrir una combustión humana espontánea.

–Lo lamento si te estoy agobiando Bella. Oh, ¿Pero qué digo?. No es cierto – se acercó en dos pasos a mi y me abrazó –. Es que me encanta tenerte aquí – dijo cuando se separó de mi –. ¡Eres tan perfecta para mi hermano!

Se dio la media vuelta, yo no sé cómo, cogió todas las botellas entre sus brazos y salió de la cocina como si nada hubiese ocurrido, dejándome de piedra parada donde estaba. Rosalie rió de lo que seguramente debía de ser mi expresión en esos momentos y alargo los brazos para quitarme las paletas que yo aun tenia en las manos.

–Discúlpala, ella al igual que todos nosotros, solo quiere lo mejor para Edward.

Eso logró sacarme de mi estado de mutismo, me giré hacia ella y me encogí de hombros.

-No pasa nada.

Tomé un plato de la pila que tenia en frente y se lo pasé, cuando entendí que su intención era usar las paletas para sacar la pizza de la caja y colocarla en el plato.

–Sé que en teoría la pizza se come con las manos, pero no soporto que más gente de la necesaria toque la comida que después uno se va a comer – me explicó, como justificando sus acciones. Yo solo le asentí. Desvió la atención un momento de las pizzas y me sonrió –. Justo para que quede en acta, yo también estoy muy contenta por vuestra relación.

¿Relación?, ¿Qué relación?. Aun no habíamos hablado de nada de eso. Aunque claro, considerando lo que había sucedido antes, supongo que ese era el siguiente paso.

–Gracias – murmuré y continuamos con nuestra labor.

–Edward es como un hermano menor para mi, al igual que Alice. Antes de conocer a Emmett, Jasper y yo solo nos teníamos el uno a la otra. No me voy a poner a aburrirte con historias que pertenecen al pasado, pero en ésta casa encontré a mi familia y un hogar.

Yo sabia parte de esa historia, pero no se lo podía decir, no podía traicionar la confianza de Edward de esa manera, así que solo asentí para que supiera que la estaba escuchando.

Cuando terminamos de colocar las pizzas en los platos, yo empecé a juntar las cajas en una pila para tirarlas luego, mientras Rosalie se dio la media vuelta para dejar las paletas en el lavaplatos. En el movimiento hizo caer una bayeta al suelo, y cuando se volvió hacia mi, me lazó una mirada de falsa exasperación que me causó gracia. Se agachó a recogerlo, pero cuando se levantó otra vez, me alarmó. Pareció haberse mareado y tiró la bayeta sobre la mesa, para apoyarse sobre la espalda de la silla que tenia en frente.

–¿Te encuentras bien, Rose? – pregunté preocupada, parándome a su lado y colocando la mano sobre su espalda.

–Si, claro – se llevó una mano a la sien y la masajeó suavemente –. Me levanté muy deprisa, eso es todo.

–¿Segura? – Alejé la mano de su espalda, pero me mantuve cerca por si acaso.

–Si – me aseguró y se apartó de la silla.

Una vez que estuvimos las dos seguras, tomamos dos platos cada una y fuimos al comedor.

-Osito, acuérdate que soy tu dama en apuros – le dijo Rosalie a Emmett.

Él salió hacia la cocina y volvió con los platos que faltaban. Nos sentamos en la mesa y cada uno tomó el plato con su propia pizza.

–Antes de empezar – dijo Jasper –, a los negocios, Emmett.

Alargó el brazo hasta el otro lado de la mesa y le tendió la palma a Emmett. Él gruñó algo ininteligible y sacó un billete de veinte dolares del bolsillo, que colocó sobre la mano de Jasper. Él sonrió triunfal y se guardó el dinero, alzó su vaso con cerveza y observó a Edward.

–A tú salud, Edward.

–Déjame adivinar. ¿Otra apuesta? – Preguntó Edward con sequedad.

–Si, pero ésta la gané yo.

–Estoy orgulloso – contestó con ironía.

Nunca me había divertido tanto durante una cena, para cuando terminamos de cenar, me dolía a horrores el estómago y no sabría decir si era porque había comido demasiado, o por toda la risa.

–Bueno, creo que es hora de que vuelva a casa – dije cuando terminamos de recoger los platos y estos se estaban lavando en el lava vajillas.

–Oh no, tú no vas a conducir con ésta lluvia – me detuvo Alice.

–¿Está lloviendo? – Pregunté confundida.

–Está lloviendo desde hace más de una hora – apuntó a lo obvio.

–No lo sabia – admití.

–Si, ya me doy cuenta – contestó con ironía –. Comprendo perfectamente.

–¿Ah si?

–Si, el comedor está en la parte interna de la casa y no se escucha el temporal, y considerando que estabas con mi hermano cuando empezó a llover … – no terminó la frase y solo dejó el significado al aire.

–Alice – dijo Edward a forma de advertencia, entrando en la cocina y parándose a mi lado.

–Solamente estoy comentando lo evidente – dijo con inocencia y mostró una carita que parecía la de un pobre cachorro degollado, tan buena que se me hizo imposible estar molesta con ella.

–Estoy seguro que si – comentó Edward con sequedad, quizás y era inmune a esa mirada de su hermana.

–Pero hablando seriamente – cambió el argumento Alice –. No voy a permitir que salgas con éste tiempo.

–Ni yo – secundó Edward.

–¿Cómo que no? Tengo que volver a casa, ¿En dónde voy a dormir si no?

–Oh vamos Bella, aquí tenemos lugar más que de sobra para un invitado más – ofreció Alice.

–¿Qué? Alice, muchas gracias por tu oferta, pero no puedo aceptar.

–¿Por qué no? – Preguntó Edward.

–No tengo ropa para cambiarme, además mañana tengo que trabajar, tendría que levantarme muy temprano para volver a casa y cambiarme, si no quiero llegar tarde a la tienda … – expliqué.

–Tenemos ropa que prestarte – atajó Alice –, te puedes duchar aquí mañana en la mañana. Además, te quedarías en casa de tus jefas, sería casi imposible llegar tarde al trabajo.

–Pero – empecé a protestar, pero Edward me interrumpió.

–¿Entiendes por qué no queremos, verdad? – había un brillo de pánico y tristeza en sus ojos, por supuesto que lo entendía, ¿Cómo podía no hacerlo? Le asentí –. Por favor quédate – me suplicó. Y ahora supe por qué no pareció afectarle la mirada Alice antes, porque la suya era la versión perfeccionada.

–Está bien – cedí ligeramente derrotada, pero en el fondo reconociendo que no me molesta el resultado final.

Ambos me mostraron sonrisas tan similares que me dejaron sin palabras. Rosalie me prestó un pijama, que me cambié en el baño de la habitación de invitados que me habían dejado. Era un vestido de tirantes celeste, que de seguro a ella le caía a mitad de los muslos, pero visto que yo era varios centímetros más baja, a mi me llegaba a nivel de las rodillas.

Bajé las escaleras y fui hacia la sala de juegos, que era en donde sabia que me estaría esperando Edward, antes quedamos que veríamos una película antes de ir a dormir. Cuando entré, lo encontré cerca de la pared-ventana, viendo la lluvia que caía. Al escuchar la puerta cerrarse, se giró a verme y me sonrió, yo sonreí a cambio. Llevaba un pijama de pantalón y camisa manga corta color gris, me había dicho que se iría a dar una ducha, tenia los cabellos mojados y estos le caían sobre la frente; se veía mucho más sexy de lo que tenia derecho cualquier otro ser humano.

–¿Dónde están los demás? – pregunté cuando me di cuenta que estábamos solos en la habitación.

–Se han ido a la cama, siempre se acuestan temprano, si entiendes a lo que me refiero.

Levanté una mano para detenerle.

–Si, por favor no continúes.

Él rió por mis palabras. Yo fui hacia el sofá y me senté en él, era más cómodo de lo que parecía.

–¿Qué película te apetece ver? – Fue a uno de los estantes y esperó mi respuesta.

–¿Quieres que te diga la verdad? – reprimí un bostezo –. Creo que al final no me importa, lo más probable es que me duerma en medio de la historia. Estoy que me caigo del sueño.

Estaba agotada, no solo físicamente, todo lo ocurrido el día de hoy me había dejado exhausta también a nivel mental.

–Bueno, entonces tengo la película perfecta para ti – cogió una del estante y colocó el CD en el DVD.

Cuando la imagen partió vi que era un dibujo animado, una película de la Disney.

Edward se sentó a mi lado y me pasó el estuche del CD. Reí incrédula cuando leí el titulo.

–¿ "Alicia en el país de las maravillas"?

–Te aseguro que te hará dormir antes de que te des cuentas. Mi padre decía que era mi somnífero particular, siempre me dormía antes de que terminara.

–Nunca la he visto – admití.

–¿En serio?

–Si, no lo sé por qué. Supongo que nunca había tenido ocasión.

–Yo llevaba años sin verla, era la película preferida de Alice, creo que era porque tiene el mismo nombre del personaje principal. Y cuando era niño, me obligaba a verla cada vez que podía.

La historia pronto comenzó y nosotros nosotros nos quedamos callados, viéndola. Edward tenia razón, porque entre el conejo blanco, los gemelos idiotas, un chiflado adicto al té y un gato que aparecía y desaparecía, no tardé en sentir mis párpados caer. Eso sin contar con el sonido de la lluvia, que me arrullaba como si fuese una canción de cuna.

–Bella, ven para acá.

Edward llamó mi atención, tenía los brazos abiertos en una invitación a que me acercara. No esperé una segunda petición y fui hacia él, pasó un brazo por mis hombros y colocó la manta que estaba en el brazo del sofá sobre nuestras piernas. Yo apoyé la cabeza sobre su pecho y cerré un momento los ojos.

–Después me cuentas cómo termina – dije con una ligera sonrisa.

–Es todo un sueño.

–Y yo que pensaba que se había golpeado la cabeza – bromeé.

–Es también plausible como explicación – rió.

–Yo espero solo que cuando me despierte mañana por la mañana, todo esto no sea un sueño.

–No lo será – me aseguró – ¿Bella?

Mnf – Era la mejor manera para decirle que tenia mi atención, ya no poseía ni fuerzas para hablar.

–Yo también estoy por dormirme – admitió –. Pero antes quiero hacerte una pregunta.

–¿Cuál es? – medio murmuré.

–¿Quieres ser mi novia?

Mi corazón se aceleró y sonreí.

–Si – contesté sin dudarlo. Edward depositó un beso sobre mi frente y Morfeo me acogió entre sus brazos.

Continuará …

Como ven es bastante romántico y ligero … Lo quería hacer de esa manera, porque ahora llegara un poco de drama, hasta les estoy dando spoiler ;)...

Hacedme saber lo que piensan …

Besos, Ros.