Crepúsculo y todos sus personajes no me pertenecen, yo solo me adjudico las tramas de mis historias.
Cumpleaños parte 1.
Me acerqué al escritorio de Charlie, estaba tan sumergido en los reportes que estaba leyendo que ni se había percatado de mi presencia. Coloqué una mano sobre su hombro para llamar su atención, levantó la cabeza y me miró, mostró una sonrisa irónica cuando nuestras miradas se encontraron.
-¿Y tú quién eres? - preguntó fingiendo que de verdad no me conocía.
-Papá – dije con exasperación.
Ya bastante que tenia con la manipuladora de mi madre y sus constantes comentarios sutiles.
-Ah, pero si es mi hija. Esa que no veo tanto como me gustaría y que últimamente solo vuelve a casa para dormir, aunque tiene su propia habitación en la casa de los Cullen. Menos mal por lo menos por eso, porque si fuera lo contrario empezaría a sospechar del pequeño Cullen.
Intenté inútilmente no sonrojarme por sus palabras. Sus afirmaciones no eran del todo equivocadas, desde esa noche en casa de Edward, consideraba más mi hogar, en un cierto sentido, la mansión de los Cullen que la casa de Charlie. Me invitaban a cenar prácticamente todas las noches después del trabajo, y Emmett había terminado bautizándome "La Cullen honoraria".
- Tú sigue así y ésta será la última vez que te traigo la cena a la jefatura – le amenacé.
Él por lo menos tuvo la decencia de mostrarse asustado ante esa posibilidad.
-De acuerdo, de acuerdo. No quiero arriesgar mi cena, intentaré reducir al mínimo mis comentarios.
Sonreí, esto para él ya era un gran paso, y le coloqué la bolsa con comida, que le había traído, sobre la mesa. Charlie hizo todo un espectáculo de deleitarse con el olor.
-¿A qué horas terminas ésta noche? - pregunté.
-No lo sé, me parece que voy a tener que hacer un turno doble, tenemos personas de baja por enfermedad y no hay casi oficiales para ésta noche.
-Bueno, entonces ten mucho cuidado. Nosotros seguro ya nos vamos mañana.
Elevó una ceja.
-¿Te acuerdas que te dije que ésta noche voy a trabajar en la tienda? - se lo pensó un segundo antes de asentir – Hoy ha llegado la nueva mercancía de verano y hay que hacer inventario antes de colocarlo todo en exposición.
-De acuerdo Bells, me fío de ti. Solo espero que te paguen esas horas extras.
-Sabes que si, Rose y Alice con muy correctas.
-Si, eso lo sé.
Miré el reloj, tenía exactamente quince minutos para llegar a la tienda.
-Yo ya me voy, papá – anuncié – nos vemos luego.
-Hasta mañana hija, espero no despertarte cuando llegue a casa.
Salí de la jefatura de policía sin decir nada más. No podía decirle che Edward me había propuesto che al finalizar el inventario, podía irme a pasar la noche en su casa, y yo le había dicho que si, sin ni siquiera pensarlo dos veces. Me subí en mi camioneta, suspirando cuando pensé en Edward.
Ya llevábamos casi tres semanas que eramos novios, pero en ocasiones me parecían años, con la intensidad con la que estábamos viviendo nuestra relación. Cuando no estaba con él, mi mente estaba llena de su presencia. Eramos también la noticia del día el Forks, cualquiera diría que después de todo éste tiempo, ya se tenían que haber acostumbrado. Pero aun nos veían como ese primer día en el cafetería del instituto.
Flash back
Estábamos de pie fuera de las puertas cerradas de la cafetería, teníamos las manos cogidas y su pulgar estaba trazado círculos en mi dorso, qué sensación tan agradable. Recibimos las esperadas miradas indiscretas de todos los que por allí pasaban, y esto solo era el aperitivo, aun nos faltaba el plato principal.
Edward miró un momento las puertas y se mordió el labio inferior, en un claro signo de nerviosismo.
-¿Estás seguro que lo quieres hacer? - quise confirmar – Porque si no es así, podemos volver a la biblioteca o ir a mi camioneta – sugerí.
Éste era nuestro primer día de clases después de ese viernes y nuestra primera hora de comida como pareja. Edward desde ayer me había comunicado su intención de que fuéramos a comer hoy en la cafetería, que todos se enteraran de nuestra relación. Pero ahora ya no parecía tan convencido.
Cerró un momento los ojos y suspiró, antes de volverlos a abrir y contestarme.
-Si, claro que quiero – me sonrió.
Levanté la mano que tenía suelta y le aparté los cabellos que habían caído sobre los ojos, nunca dejaría de asombrarme lo suaves que son.
-No quiero que te sientas obligado a nada, ya nos han visto así que la noticia no tardará en llegar a los oídos de todos; para cuando vayamos a historia, ya lo sabrá hasta el señor de la limpieza.
Negó con otra ligera sonrisa.
-No se trata de eso Bella, no quiero que se enteren de nuestra relación solo como un rumor. En esto quiero dejar de esconderme, quiero gritarlo al mundo, quiero que todos me miren a la cara y lean en mis ojos lo importante que eres y todo lo que significas para mi.
Sentí mis piernas de gelatinas y sin darme cuenta me apoyé en la mano de Edward para no caerme. Él se acercó y rozó suavemente mis labios. Compartía sus sentimientos, yo también quería gritarle que le amaba, que se había vuelto mi todo. Pero sabia que no era el momento, Edward aun no estaba preparado. Él no me había dicho esas dos palabras en concreto, sabía que las sentías, lo veía en sus ojos, pero no estaba listo para ellas, ni para oírlas.
-Lo único que quiero es que no te sientas presionada- susurró en mi oreja.
Sonreí y acaricié su mejilla.
-Yo también quiero hacerlo, y siempre y cuando sea importante para ti, también lo será para mi.
Apretó mi mano.
-Vamos allá.
-Si.
Usó su otra mano y empujó las puertas. Como el caballero que era, la sostuvo permitiendo que yo entrara primero y después lo hizo él. El murmullo de nuestros compañeros cesó de inmediato cuando se percataron de nuestra presencia, en particular cuando repararon en nuestras manos entrelazadas.
Nosotros fingimos que no nos habíamos percatado de nada y avanzamos hacia la cola para comprar la comida. En diez minutos ya la habíamos escogido y nos fuimos a sentar en la única mesa completamente vacía, esa en la que se sentaba Edward en mis primeros días de clases.
-¿Será así que se sienten los famosos? - dijo Edward con ironía después de beber un sorbo de su coca cola.
Me encogí de hombros.
-Una podría llegar a acostumbrarse a esto – le quité la lata y tomé un poco yo también – Es una lastima que el año termine en unos días.
Empezamos a hablar como siempre y pronto nos olvidamos de todas las miradas a nuestro alrededor, del silencio, o de que cuando hablaban, claramente lo hacían de nosotros.
-Te dije que debíamos comprar dos - le regañé cuando la coca cola de la que estábamos bebiendo se terminó.
Él me mostró una expresión que parecía casi la de un niño y sonrió.
-Es que me me encanta compartir las cosas contigo. No pasa nada – le restó importancia con un gesto de la mano, el mismo que yo usaba y que él imitaba por diversión – ya voy a comprar otras, eso es todo – se levantó y fue a comprarlas.
Yo me quedé un momento observándole mientras se alejaba de mi, antes de volver a mi pizza. Alguien ocupó el lugar de Edward y me extrañó, no pensaba que volvería tan pronto, pero cuando levanté la vista comprobé que no se trataba de él. Era Mike Newton. Fruncí el ceño y ni me molesté en ocultar la mueca de disgusto que tenerlo al lado me provocaba. Si después de lo que ocurrió con él la semana anterior había terminado con la poca simpatía que sentía hacia su persona; lo que me contó Edward sobre lo que le hizo años atrás, lo agregó de inmediato en mi lista negra.
Las ganas que tenía de darle un puñetazo a Lauren cuando hablaba mal de Edward, no eran nada en comparación a lo que sentía en estos momentos. Estaba controlando mis manos para que no atacaran su cuello y le hiciera como se les hace a las gallinas. Ugh, pobres gallinas.
Él me sonrió como si fuésemos amigos de toda la vida.
-Hola Bella.
-¿Qué quieres Mike? No recuerdo haberte invitado a sentarte conmigo – le solté lo más calmada que me fue posible.
-Oh vamos Bella, somo amigos ¿Recuerdas?
-No, lo cierto es que no lo somos.
Él sonrió como si nada.
-Así que tú y Cullen ¿eh?. No me gusta.
-No veo por qué tú opinión me tendría que importar.
Pareció no afectarle mi respuesta y continuó.
-Es que parece que no te das cuenta de con quien has empezado una relación, sinceramente creo que puedes aspirar a alguien mejor.
-¿Cómo quién?, ¿Cómo tú? - pregunté con retórica.
-Precisamente, cualquiera diría que no me has visto bien, o que no le has visto a él. Es el Cuidador de tumbas, Bella – y prensaba que ya con eso lo estaba explicando todo.
Yo por mi parte tuve que respirar profundo en un intento por calmarme antes de responder.
-Primero Mike y repito, lo que haga o deje de hacer con mi vida privada no es asunto tuyo. Y segundo y más importante, vuelve a llamar a Edward de esa manera y te juro que no respondo.
Estaba por decirme algo más, cuando yo me percaté de la presencia de Edward detrás de él. Mike siguió la dirección de mi mirada y se giró a verle.
-Newton – dijo con una calma que escupía miedo – estás sentado en mi asiento.
-No veo tu nombre escrito en ninguna parte – contestó desafiante.
Edward sonrió triunfal.
-Veo que el morado de la mejilla casi ha desaparecido y ya sé la mentira que has contando a todos sobre cómo te lo hiciste – Mike se tensó en seguida por sus palabras - ¿Qué va a pasar con tu reputación cuando todos se enteren que ha sido El Cuidador de tumbas en hacértelo?
Mike se levantó despacio con un gesto que supongo pretendía ser de amenaza.
-Ésta me la vas a pagar.
-Tú lárgate ahora si no quieres que todos aquí conozcan al verdadero Mike.
Newton, como el cobarde que era, se alejó de nosotros in decir ni una sola palabra. Pero había algo en su expresión furiosa y herida que, no sé por qué, me causó un escalofrío que recorrió toda mi espalda. Una sensación como la que tuve el viernes, cuando nos veía en el aparcamiento. Edward se sentó en su lugar y me entregó una de las latas.
-Gracias.
-De nada - murmuró, aun girado viendo con el ceño fruncido a Mike que se alejaba – No me gusta verlo cerca de ti – me dijo cuando se giró.
Sonreí y apoyé una mano sobre su mejilla.
-¿Mi novio está celoso? - pregunté con diversión.
Él tomó mi mano y le dio un beso en la palma.
-No necesito leer la mente para saber lo que provocas en Newton, pero me fío de ti.
Entrelacé mis dedos con los suyos y apreté su mano.
-Y haces bien – aseguré – Pero en realidad soy yo la que no soporto cuando está cerca de ti o lo que dice – volvió a reaflorar la rabia que hervía dentro de mi unos minutos atrás.
Ésta vez fue Edward quien sonrió.
-Mi novia, la sobre protectora – medio bromeó.
-Lo digo muy en serio Edward – contesté.
-Cariño, estoy bien. Te lo prometo.
- Tú solo ten cuidado – murmuré, tratando de sacudir todos los pensamientos oscuros que estaba teniendo.
Fin flash back.
Él año escolar terminó hace una semana atrás y desde entonces veíamos a nuestros compañeros de instituto cuando alguno venía a comprar a la tienda, pero como era de esperar, no nos hablaban más de lo estrictamente profesional.
Para gran consternación de Alice, tanto Edward como yo nos negamos a ir al baile, porque vamos hubiese sido una perdida de tiempo y dinero, ninguno de los dos nos encontrábamos a gusto con esas personas, no nos gustan las fiestas, eso sin contar que no yo bailo, nunca; y Edward me apoyaba en mi decisión. Por el contrario la pasamos muy bien en su casa, fue una noche de juegos en familia y después nos dedicamos a ver películas.
Me aparqué cerca de la entrada de la tienda, detrás del Jeep de Emmett. A pesar de que ya estaba cerrado para los clientes, aun había luz dentro del local. Apagué la camioneta y me bajé. Entré en la tienda y fui directa hacia la oficina, saludando de pasada a Zafrina, una de las empleadas del turno de mañana. Como sospechaba, las demás no habían tomado del todo bien que yo ahora fuera su supervisora directa, pero en el fondo no tenían de otra, así que procurábamos llevarnos bien, para mantener un ambiente de trabajo agradable.
Usé las copias de las llaves que me había dado Rosalie y abrí la puerta de la oficina. Adentro me conseguí con Alice que estaba buscando algo que los archivos.
-Hola Alice – saludé.
Se giró a verme y me sonrió.
-Hola cariño, ¿Lista para la noche de trabajo que nos aguarda?
-Tan lista como podría estar de que me saquen las muelas.
-Ese es el espíritu – rió y me entregó unas hojas - ¿Me puedes comprobar los códigos de estos pedidos?
-Si, claro – tomé la lista – Tú solo procura no esforzarte demasiado, mamá – le dije un momento antes de disponerme a salir de la oficina.
Ella sonrió y me guiñó un ojo.
-Bella, espera un momento – me llamó cuando estaba por posar mi mano sobre el pomo de la puerta.
Me giré.
-Dime.
-Necesito pedirte un favor.
-¿Qué ocurre?
Pareció insegura un momento antes de contestarme, era una Alice a la que no estaba muy acostumbrada.
-Es una cosa bastante delicada.
-Alice, sabes que si se encuentra en mis manos, haré lo que sea para ayudarte.
-Se trata de Edward.
Me tensé cuando escuché su nombre.
-¿Qué pasa con Edward?
-Su cumpleaños es en unos días.
-El veinte, ¿cierto?
Asintió.
-Nos gustaría tanto darle una pequeña fiesta, pero él se niega.
Y comprendía perfectamente por qué.
-Alice, es su decisión y es normal. No solo es su cumpleaños, también es otro aniversario.
-Lo sé, créeme que sé perfectamente qué otra cosa ocurrió ese día. Pero han pasado diez años, jamás olvidaremos a nuestros padres, eso es evidente. Pero quiero que Edward deje de vivir en el pasado, que festeje sus dieciocho años, es un momento muy importante de su vida.
-Está bien, en eso estoy de acuerdo contigo. Pero ¿para qué exactamente necesitas mi ayuda.
-Tienes que convencerlo.
-¿Yo? - pregunté incrédula.
-Tú te has vuelto el centro de su universo, hará cualquier cosa que le pidas, incluso lanzarse por un precipicio.
Me ruboricé toda.
-Yo no voy a obligarlo a hacer nada.
-No se trata de eso, en el fondo él lo quiere, yo lo sé. Por favor Bella, por favor.
Suspiré derrotada ante esa mirada, aun necesitaba mucha práctica antes de logar ser capaz de resistirla.
-Muy bien – accedí y Alice se acercó a mi para darme un abrazo, yo levanté una mano y la detuve – Lo voy a intentar, eso es lo único que te prometo. Al final de todo respetaré la decisión que Edward tome, sea cual sea.
Ella cortó la poca distancia que nos separaba y vino a abrazarme de igual manera.
-Aun así te lo agradezco – dijo cuando nos separamos.
Después de eso salí de la oficina, tenía trabajo que hacer. Llegué al almacén y me encontré con Jasper que movía algunas cajas. ¿Cómo era que decía Alice? Ah si, "Hay que aprovechar a los hombres para que se encarguen de los objetos pesados."
-Hola Jasper – saludé cuando llegué en frente suyo.
Él me regaló su cálida sonrisa y un brillo amigable en sus ojos.
-Bella. Siempre es un placer pasar tiempo en tu compañía.
Me sonrojé y sonreí apenada, estaba por contestarle cuando unos fuertes brazos me cogieron por detrás y me abrazaron, solté un corto grito asustado, mientras daba vuelta con esa persona.
-Aquí está mi otra hermanita – dijo Emmett con su voz grave, riendo.
-Emmett, te juro que a veces eres un bruto – le reprendió Rosalie – baja a Bella de una buena vez, podrías hacerle daño.
Emmett por fin me bajó, pero su risa no aminoró.
-Lo siento – se disculpó, pero por su tono sabía que menos no podía sentirlo.
-¿Te encuentras bien? - me preguntó Jasper.
Comprobé que hubiese ya recuperado el equilibrio y respiré para controlar el ritmo desbocado de mi corazón.
-Si – aseguré – poco a poco me voy acostumbrando – era cierto, cada vez que nos veíamos, me saludaba de la misma manera.
Emmett me pasó un brazo por la espalda.
-Sabia que eras la indicada – anunció la mar de feliz.
-Lo sabíamos todos Emmett – contestó su mujer – Ahora déjala y ven conmigo, que tenemos mucho trabajo – se empezaron a alejar de nosotros - Y recuerda que necesito que hagas gran parte del trabajo, que yo no puedo – medio susurró y supuse que nadie más tenia que escuchar esas palabras.
De repente supe el motivo del malestar que estaba sufriendo Rosalie últimamente.
Me giré hacia Jasper.
-¿Has visto a Edward? - pregunté sin andarme con rodeos.
Él era el único con el que me sentía cómoda haciendo esa pregunta, porque a diferencia de los otros, no hacia ningún comentario que me dejara completamente azorada. Solo la típica mirada pícara, y con esa era capaz de lidiar sin problemas. Lancé una rápida mirada al almacén, buscando esa cabellera cobriza que yo tanto amaba. No le veía por ninguna parte.
-Estaba aquí hasta hace unos diez minutos, debe estar por la tienda – explicó con un encogimiento de hombros.
-Gracias – contesté, y salí del almacén a buscarlo.
Sé que sonaba un poco cursi, y quizás hasta infantil, pero no podía empezar a trabajar si antes no le veía, así de sencillo. Esperaba tanto estos momentos. Cuando llegaron las vacaciones y empecé a trabajar a tiempo completo, tenia la idea de que Edward y yo nos íbamos a ver con más frecuencia, pero pronto descubrí que él quería seguir con su rutina de visitar a sus padres durante las mañanas o las tardes, y mi trabajo como responsable requería más atención de la que suponía. Pero cuando nos encontrábamos en los pasillos de la tienda... Oh esos eran los momentos más dulces.
-¡Ah! - exclamé sorprendida cuando una pálida mano tiró de mi brazo y ambos quedamos escondidos detrás de unos estantes, uno de nuestros lugares preferidos para nuestros "encuentros" durante mi horario de trabajo.
Al fin y al cabo estos encuentros los manteníamos en la clandestinidad, él era familia de las dueñas, pero yo trabajaba aquí. Que fuera una de las responsables y tuviera tan buena relación con mis jefas, no quería decir que no fuer una empleada más.
Enseguida los suaves labios de Edward rozaron los míos, para luego dejar un rastro de besos por mi mandíbula y cuello.
-Hola – susurró, sentí su sonrisa en mi piel mientras me saludaba.
Enterré la mano en sus cabellos y los acaricié.
-La próxima vez podrías evitar darme ésta clase de sustos – pedí en un tono de falso reproche.
Él se apartó en mi cuello y me miró a los ojos, regalándome su adoraba sonrisa torcida.
-Es que me encanta sorprenderte, eso los sabes – explicó.
-Si, claro que lo sé – me levanté sobre las puntas y empecé otro beso, él colocó las manos sobre mi cintura y me ayudó en mi posición elevada.
Hasta que el aire se hizo en falta.
-Deberíamos volver al trabajo – anuncié aun con la respiración elaborada.
Él reprimió un momento un gemido de protesta.
-No me lo recuerdes. Aunque podría siempre hablar con Alice para convencerla de que te libere del inventario- sugirió esperanzado.
- No quiero un trato privilegiado. Además se supone que yo tengo que dar el ejemplo – contraataqué.
Él me sonrió y me dio otro pequeño beso.
-Mi novia, la responsable.
-Siempre pareces agregarme otro titulo, después de definirme tu novia – bromeé.
-Es que tienes muchas cualidades con las que definirte – explicó.
-Pero ¿Sabes qué es lo que más me gusta de esas definiciones? - él se quedó expectante de mi respuesta – Que siempre me llamas tu novia.
-Eso es lo que eres.
-Aun así me gusta escucharlo decir.
-Y a mi me encanta decirlo y que lo seas.
Reí como las "sin cerebro" que en ocasiones tanto criticaba.
-Somo los peores cursis que hay.
Se encogió de hombros.
-Los he visto peores.
-Ahora sí que deberíamos ir a trabajar – volví a recordar.
-¿Ésta noche te quedas en mi casa?
-¿Tú qué crees? - contesté con una pregunta retórica.
-Entonces hasta más tarde – me dio otro beso y ambos salimos de nuestro escondite, para ir a dónde nos requería el trabajo de inventario. Tuve que recoger del suelo los papeles que había dejado caer en medio del momento.
No pudimos coincidir más de esa manera durante las horas siguientes, pero nos bastaban las miradas que nos lanzábamos cada vez que nuestros caminos se encontraban. Terminamos poco después de la media noche y todos se marcharon a casa, felices de que ahora era domingo. Decidí dejar la camioneta en ella tienda e irme con ellos en el Jeep de Emmett, ya la buscaría por la tarde. Me senté en el asiento trasero junto a Rosalie, mientras Emmett ocupaba el lugar del piloto y Edward el del copiloto. Había notado que era un patrón que se repetía cada vez que se subía en un coche, pero aun no lo había hablado con él. Quizás antes era más importante tocar el tema de su inminente cumpleaños.
Entre conversaciones sin importancia, llegamos pronto a la mansión Cullen. Alice y Jasper se nos habían adelantado y ya estaban dentro. Entramos en la casa con bastante calma, aprovechando que el cielo estaba despejado y no se esperaban lluvias, por lo menos hasta mañana. No me recordaba muy bien del clima en Forks durante el verano, pero aparentemente durante estos escasos meses, la lluvia daba una tregua a sus habitantes y logramos ver el sol más seguido.
Apenas atravesamos la entrada, me llegó el olor a comida china, que Alice había comentado antes que comprarían de camino a casa, suerte que el único restaurante chino del pueblo abría hasta pasada la una los fines de semana.
-Algo huele muy bien – dije en voz alta, esperando que mi comentario llegase hasta la cocina.
-Espero que si, llevo horas cocinando – fue la respuesta de Jasper.
-Ese sería un milagro que me gustaría presenciar – me susurró Edward, sin molestarse en bajar lo suficiente el tono de su voz para que no le escuchasen.
-Lo he oído – fue la respuesta de su cuñado.
-Esa era mi intención.
Queriendo evitar alguna especia de semis-discusión familiar, tomé su mano y llamé su atención.
-¿Me acompañas a mi habitación? - pedí cerca de su oreja, de modo que solo él escuchase mis palabras.
Su expresión se suavizó enseguida y sus ojos brillaron de excitación. No habíamos llevado nuestra relación al siguiente nivel, y por el momento no teníamos intenciones de hacerlo, aun no estábamos preparados. Pero eso no quería decir que los besos que nos dábamos en la intimidad, cuando sabíamos que nadie nos observaba, no fueran más apasionados.
Subimos juntos las escaleras hasta llegar a la primera habitación de invitados de la segunda planta, la que ahora se podía considerar como mía. Con la extraña aprobación de Charlie, ya era una ocurrencia normal que yo pasara la noche en ésta casa, así que había traído un pijama de repuesto, un pequeño neceser y ropa para cambiarme. Entré en la habitación y me cambié los zapatos por las zapatillas que estaban debajo de la cama, y encima de ésta dejé mi chaqueta. Mi padre no necesitaba saber que en realidad dormía en la cama de Edward. Me giré y le vi apoyado sobre el marco de la puerta.
-¿Qué estás haciendo? - le pregunté cuando noté que no tenía intenciones de apartarse y sus ojos nunca abandonaban mi figura.
Se encogió de hombros.
-Te estaba esperando para pedirte que me acompañaras a un parte.
-¿A dónde? - pregunté curiosa e interesada.
Tendió su mano para que yo la tomara.
-Tú solo ven conmigo.
Hice lo que me pidió y salimos al pasillo, para subir por las escaleras que llevaban al ático, uno de los dos lugares de la casa en los que aun no había entrado. Abrió la puerta y me sorprendió el aspecto de la habitación, me esperaba un lugar lleno de polvo, con las cosas de los hijos Cullen de cuando eran niños y muebles viejos; en sustancia, el aspecto que tienen los áticos en la mayoría de las casas. Éste estaba perfectamente limpio, con el suelo lleno de mantas, cojines y almohadones, como preparado para una fiesta en pijamas. Era la única habitación que, a pensar de encontrarse en la parte sur de la casa, no tenía una pared sustituida por vidrio, pero si tenia parte del techo de esa manera, proporcionándole una vista panorámica.
-Tú casa nunca deja de asombrarme – comenté admirada.
-Te he dicho ya que a mi padre le gustaba llevarnos a acampar ¿Cierto? - asentí – Pero como imaginaras el clima de Forks no siempre te da esa oportunidad, así que mis padres pensaron en inventarse esto. Además, con el techo trasparente puedes disfrutar de la maravilla de cielo que hay en las noches de verano en las que no está nublado, y eso estando calentito dentro de casa.
En la última parte de su discurso, habló como si se tratase de un anuncio de ventas y me reí con él. Se recostó sobre los almohadones y abrió sus brazos para que me uniese a él, no esperé a que hiciese la petición en voz alta para complacerle.
Una vez recostada sobre su pecho, Edward pasó una mano sobre mis hombros y me atrajo más a él, mientras en silencio nos dedicábamos a ver las estrellas. Eran hermosas, brillaban tanto y se veían tan cerca que daba la impresión que con solo alargar el brazo podía cogerlas. Si, definitivamente me podía pasar todas las noches de éste verano deleitándome con su vista.
-Tus padres sí que pensaron en todo cuando construyeron ésta casa – dije.
Sentí como Edward asentía antes de hablar.
- Recuerdo que cuando era niño, solíamos pasar muchas noches aquí en familia, y me divertía de verdad tanto. Pero un día Emmett y Alice ya eran demasiado mayores y guay para esas cosas, así que poco a poco se fue perdiendo esa tradición. Aunque mis padres me traían cada vez que tenían la oportunidad, quizás no fueron tantas veces como a mi me gusta pensar, pero aun así son recuerdos que atesoro mucho.
No dijimos nada más en varios minutos y yo volví a mi contemplación, mientras permitía que el armonioso sonido del corazón de Edward me arrullase. Después de un poco me pregunté por cual motivo los demás aun no nos habían llamado para bajar a cenar, ¿Sería que pensaban que nos habíamos quedado dormidos?. O era tal vez que nos quería dar un poco de intimidad, no, muy poco probable. Luego pensé que a lo mejor Alice esperaba que yo estuviese usando estos momentos para hablar de su cumpleaños, y por eso nos estaban dejando solos. Cosa que muy claramente no estaba haciendo, y me recordaba lo que había acordado con ella horas antes. Así que no había mejor momento como el presente.
-Edward – le llamé, intentando ocultar lo mejor que podía la tensión que ésta futura conversación me hacía sentir. Sospechaba que era una mala idea, pero la parte racional de mi no podía dejar de estar de acuerdo con Alice, Edward merecía festejar sus dieciocho años como cualquier otro chico.
-Dime – me contestó.
-¿El veinte es tu cumpleaños?- pregunté fingiendo inocencia.
Dio un largo suspiro antes de contestar.
-Eso es lo que pone en mi acta de nacimiento – dijo con sarcasmo.
-¿Por qué no me lo dijiste?, ¿Por qué tuve que enterarme gracias a los demás? - no quería acusar a nadie, pero estaba segura que Edward ya había entendido que si yo sabia ésta fecha, era por algún miembro de su familia.
-Porque no tiene importancia, por eso – atajó.
Me aparté de él para sentarme y así poder verle la cara mientras le contestaba, él siguió mi ejemplo y ambos quedamos mirándonos a los ojos. Café contra esmeralda.
-Es tu cumpleaños, ¿Cómo no va a tener importancia? - repuse incrédula. Si ya lo sé, yo soy la primera que no me gusta festejar mi cumpleaños, pero más que nada por la atención que recae sobre mi ese día. Incluso yo le doy la importancia que se merece.
No me contestó y desvió la vista de mis ojos a sus manos.
-¿Edward? - le proporcioné a mi voz el tono más dulce y paciente que podía adoptar. Nada - ¿Edward? - volví a intentarlo. Alargué una mano y la posé sobre una de las suyas. Eso pareció romper con su barrera, levantó la cara y me miró una vez más.
-Porque el hecho de que ese día muriesen mis padres hace que pierda todo su significado para mi, por eso – me soltó y se pasó una mano por el cabello repetidas veces, claro signo de que se encontraba estresado.
-Eso lo sé. Por supuesto que lo sé. ¿Cómo no voy a hacerlo?. Pero cariño, la vida sigue. Lo reconozco, en éste momento sueno cínica, pero es así. Tu familia te quiere dar una fiesta. Vas a cumplir dieciocho años una sola vez y desean que los festejes como se debe. Piensa en tus padres, pienso que a ellos nos le gustaría saber que te has quedado atrapado en el pasado, tienes que mirar hacia el futuro y seguir siempre adelante...
-Eso hago – me interrumpió – Eso es lo que llevo haciendo desde hace diez años.
-¿Y es por ese motivo que no eres capaz de sentarte en el asiento trasero de un coche o no tienes intenciones de aprender a conducir, porque has dejado atrás el pasado? - no pude evitar apuntar y me llevé enseguida una mano a los labios, horrorizada cuando me di cuenta de lo que había apenas dicho. ¿Cómo habíamos llegado a esto? ¿En qué momento la conversación se salió tanto de control? - Edward yo … - Empecé a disculparme pero él me interrumpió.
-No comprendo qué es lo que te da el derecho de estarte inmiscuyendo en asuntos que no son tuyos – contestó con dureza.
Eso fue suficiente para hacerme callar, me dolió, tengo que admitirlo. Sus palabras me hirieron más que cualquier golpe físico que podía haber recibido. Soy su novia, pensaba que ese simple hecho me daba todo el derecho que necesitaba, aparentemente no era así. Me aparté ligeramente de él y giré el rostro, para no hacerle ver la mueca de dolor que en esos momentos debía de tener. Respiré hondo y me sentí complacida al ver que había logrado detener esas lagrimas que estaban amenazando con salir.
-Tienes razón, estos son solo problemas tuyos. Lamento mi indiscreción – susurré.
-Bella, lo siento – podía escuchar el remordimiento en su voz – Oh Dios, soy un imbécil. Siento tanto haberte dicho eso. Dios acabo de arruinarlo todo.
Escuché su voz sofocada y su respiración acelerada y por inercia me giré hacia él otra vez. Tenía el rostro enterrado en las manos y parecía el retrato de la desesperación. Alargué una mano y acaricié sus cabellos, él bajó las manos con mi gesto, y mi corazón se detuvo cuando vi sus ojos humedecidos.
-Tú eres lo más importante para mi, y quiero que hagas parte de cada aspecto de mi vida. Pero a veces me resulta tan difícil – terminó con voz quebradiza.
Eso fue suficiente para que saliera a relucir la nueva Bella, esa que había visto la luz desde que conocí a Edward. Gatoneé los pocos pasos que me separaban de él y me puse a horcadas sobre su regazo, con cada rodilla a un lado. Tomé su cabeza, dándole un suave beso en la frente y la apreté sobre mi pecho. Sus brazos enseguida rodearon mi cintura.
-Lo sé cariño, lo sé – murmuré contra su cabello.
-No puedo pensar en festejar ese día, simplemente no puedo. ¿Cómo voy a disfrutar si ellos no están aquí? La última vez que quise festejar mi cumpleaños, mis padres terminaron muertos – dijo de forma atropellada.
-Shh – le silencié – Ya está bien. Le aclaré a tu hermana que respetaría tu decisión y lo voy a hacer. Ya no hablemos más del tema.
-Siento mucho lo que te dije – alzó los ojos y me miró - ¿Serás capaz de perdonarme?
-Por supuesto que sí. Además tú me personaste a mi la última vez que yo te herí.
-Eso no tiene punto de comparación con lo que yo acabo de hacer.
-Si, porque lo mio fue mucho peor – Estaba por contestarme cuando yo puse un dedo sobre sus labios – No quiero más dramas por ésta noche, quiero volver a lo que estábamos antes.
Él sonrió y se acercó para depositarme un beso.
-Eres mi luz al final del túnel.
Volvimos a ver las estrellas y no pasó mucho tiempo hasta que Jasper nos vino a buscar para que bajásemos a cenar. ¿Era que nos habían estado escuchando?
Así como yo lo pedí, la noche pasó sin más drama, pero no todo el fin de semana. Cenamos tranquilamente y después de eso volvimos otra vez al ático, que fue en dónde terminamos pasando la noche, hablando hasta altas horas de la madrugada. Por eso despertamos pasado el medio día del domingo.
Cuando terminamos de cambiarnos y bajamos a la sala, ya llegaba el olor desde el comedor de la comida que habían preparado las chicas.
-Tuve que mentirle al jefe Swan – dijo Emmett apenas llegamos a la mesa del comedor, sin molestarse siquiera el saludar – No sabes lo culpable que eso me hace sentir – siguió con una fingida expresión de pesar.
-¿Ah? - fue mi inteligente respuesta.
-Tu padre llamó ésta mañana – explicó Alice – quería saber si habías pasado la noche aquí. Y obviamente si habíamos controlado que tú y Edward durmieran en habitaciones separadas – culminó de manera significativa, a lo que me puse roja como un tomate, pero Edward apretó mi mano a mi lado.
-Gracias – le contestó a sus hermanos diplomático.
-De eso nada – fue la respuesta de Emmett – nuestro silencio tiene un precio – mostró una mueca de superioridad y malicia.
-Si, y que te lo has creído – replicó Edward, mientras nos sentábamos en nuestros lugares.
-Eddie, ¿Te has puesto a pensar en lo que pasaría si él supiera que le he mentido?
Respondí por él, después de todo era yo la que le estaba engañando...
-Él no tiene por qué enterarse, después de todo lo que no sabe, no puede afectarle. Pero en el caso remoto de que alguien se lo fuera a decir. ¿De verdad piensas que no se fiaría de la hija que siempre lo ha mantenido orgulloso? - contraataqué.
Sé que no soy una santa, pero nunca he defraudado a mis padres. Además Edward y yo no hacíamos nada malo, no tenía por qué avergonzarme de nada.
La mesa se quedó en silencio por algunos segundos, hasta que la risa de Emmett resonó por toda la habitación y se convulsionó en su asiento.
-Esa ha estado de verdad muy bien – se cumplimentó – Mis felicitaciones Bella, por fin alguien capaz de competir contra Eddie, y quizás incluso ganar.
-Emmett cierra tu bocaza de una buena vez – murmuró Edward entre dientes. A lo que todos en la mesa reímos, incluido Edward.
Pasamos a otros temas para acompañar la comida, cosas sin importancia que aun así era muy interesantes de discutir. Hasta que llegó el momento del postre y Alice carraspeó fuerte para llamar la atención de todos. Nos giramos a verla.
-Tengo algo que anunciar – dijo con una sonrisa.
Enseguida entendí a qué se refería. Tarde o temprano tenia que decirlo, no era algo que pudiera ocultar en eterno. Alice miró un momento a Jasper y éste le sonrió, antes de que ella continuara.
-¡Estoy embarazada! - soltó y yo escuché algo metálico caerse a mi lado.
Cuando me giré, me encontré con Edward que había dejado caer la cucharilla sobre el plato y él estaba completamente petrificado, como si fuese una estatua. No hice tiempo a preguntarle si estaba bien, que escuché a Rosalie hablar.
-¿En serio?, ¡Yo también!
¡Lo sabía!, pensé triunfal. A éste punto ya estaba casi segura que ese era el motivo de sus malestares.
El ambiente se volvió un aglomerado de festejos, las mujeres se abrazaron, los futuros padres chocaron los cinco y los cuatro empezaron a reír. Hasta que el ruido de una silla arrastrándose lo silenció todo.
-Disculpen – dijo Edward saliendo de la habitación con paso constante, pero aun así veloz. Sus hermanos y sus cuñados se miraron un momento preocupados, antes de girarse hacia mi. Solo en ese momento me di cuenta de que estaba de pie, aparentemente me había levantado en el mismo momento en el que Edward lo hizo.
-Sabia que no lo iba a tomar bien – murmuró Alice más para ella misma, pero eso no impidió que los demás escuchásemos.
-¿Qué crees que le pasa?- le preguntó Emmett, pero ella le ignoró y continuó observándome.
-Bella, ¿Puedes ir a ver cómo está? Tengo el presentimiento de que en éste momento solamente te escucharía a ti – pidió.
Asentí, no tenia ni que pedírmelo. El corazón y el cerebro se habían juntado y me estaban gritando que me moviese y fuese a ver qué había ocurrido. Creo solo que aun estaba esperando alguna especie de permiso por parte de ellos.
-Para lo que puede contar, estoy muy contenta por ustedes. Felicidades – les dije antes de salir por la puerta.
-Gracias – contestaron cuatro voces a mis espaldas.
Subí al segundo piso, directa a la habitación de Edward, solo que durante mi camino encontré una puerta abierta que no me esperaba, aun no había estado allí, era la habitación que perteneciera a Carlisle y Esme Cullen. Entré en ella por instinto. Estaba decorada de manera armoniosa, con colores crema y dorado, siguiendo el mismo patrón del resto de la casa, sencilla pero elegante. Estaba tan llena de fotos como la sala, pero dos en particular dominaba sobre las otras, las que estaban sobre la peinadora.
Una era de ellas dos, abrazados mirando el objetivo, se les veía bastante jóvenes, quizás de unos veinte años antes de que todo ocurriese. La segunda era de toda la familia Cullen al completo, estaban los cinco recostados, o cerca de lo que parecía ser una cama de hospital, en el centro de ella estaba Esme Cullen junto con su marido a su lado. Ella sostenía a un bebé recién nacido, con la piel rosada y los ojitos cerrados, era Edward sin lugar a dudas. A cada lado de ellos estaban sus dos hijos mayores, Emmett y Alice, de diez y ocho años respectivamente. Era indiscutible la sonrisa de felicidad que adornaba la cara de los padres.
Aparté la mirada de las fotos y la centré en la cama a cuatro postes que dominaba la habitación, tal parece que los Cullen tenían cierta predilección por éste tipo de camas. Allí era dónde se encontraba sentado Edward, enfrente mio pero no parecía ni haberse percatado de mi presencia. Tenia la mirada clavada en algún punto del suelo, pero era evidente que lo que veía en su mente eran los recuerdos.
Me senté a su lado y posé una mano sobre su hombro, pero no le dije nada, preferí aguardar a que él estuviese listo para hablar. No tuve que esperar tanto, a los dos minutos escuché su suave y aterciopelada voz. No se giró a verme, aun así su mirada recuperó la lucidez, había vuelto al presente.
-Se están perdiendo tantas cosas – murmuró y tuve que agudizar el oído para escucharle bien - ¡No es justo! - una sola lagrima descendió por su mejilla, y tuvo que limpiarla con fuerza – A veces me gustaría gritarles que no es justo que se hayan ido.
Se me partió el corazón de verlo así, esto era aun mucho peor que la noche anterior.
- Oh cariño – le susurré.
Lo atraje hacia mi y recosté su cabeza sobre mi pecho, la ultima vez había funcionado, así que no veo por que ésta tenia que ser diferente. Me apoyé en el cabezal de la cama y respiré profundo para retener mis lagrimas, no podía ponerme a llorar, tenia que ser fuerte para Edward, él me necesitaba.
Empecé a acariciar sus cabellos.
-Ahora tenemos dos cosas más que agregar a la lista de todo eso que se están perdiendo. Dos nietos, dentro de poco nacerán sus primeros nietos y ellos no van a estar aquí para verlo y festejarlo junto a sus hijos. ¡No es justo! - repitió.
-Lo sé cariño, lo sé – contesté con voz ahogada.
-Los hecho de meno Bella, diez años y aun los hecho de menos.
No sabia qué decirle, ¿Tenia que repetir otra vez "Lo sé"?. Así que solo deposité un beso sobre su cabeza.
-Estoy muy feliz por mis hermanos, claro que si. Pero no puedo evitar pensar en mis padres. Es lo que llevo haciendo estos años, con cada evento nuevo que vivimos siempre termino recordando que ellos no están aquí para verlo. Tú también estás incluida, nunca te los voy a poder presentar, nunca van a conocerte como mi novia, como la chica que amo.
Mi corazón dio un brinco por sus palabras. ¡Me había dicho que me amaba! Lo había hecho. Aunque no había sido consciente, no se había dado cuenta de ello, pero para mi había sido igual de hermoso.
-Edward, cariño. Mírame a los ojos – le pedí mientras me sentaba derecha y lo apartaba de mi. Él lo hizo y yo sostuvo su rostro entre mis manos - ¿Por qué vas a visitar a tus padres todos los días? - pregunté - ¿Cuál es el motivo por el cual en el pueblo se te conoce como El Cuidador de tumbas?
Él me contestó enseguida, sin siquiera pensar en su respuesta.
-Porque lo necesito, lo necesito como el aire, la comida, o a ti.
Asentí, sintiendo mis mejillas herviendo.
-¿Y qué haces cuando les visitas? - no podía decirle que yo lo sabia, que Alice me lo había dicho (aunque quizás lo sospechaba), o yo misma lo había visto. Necesitaba que él mismo me lo dijera.
-Les hago compañía, hablo con ellos y les cuento todas las cosas que han ocurrido.
Allí era dónde yo quería llegar.
-¿Y no crees que lo haces porque crees que ellos te pueden escuchar y por lo tanto lo saben todo? Yo no quiero pecar de presunción diciendo que imagino por lo que has pasado, la única persona que he perdido en mi vida en mi abuelita Marie, y sé que no hay punto de comparación; pero quiero tener fe, por ti y por mi. Me gusta pensar que ella no me ha dejado todo éste tiempo, que me ha acompañado en cada paso y cuida de mi. Y seguro que tus padres hacen lo mismo con ustedes. Sé que tú también lo crees, de lo contrario no irías a visitarlos todos los días. Eso quiere decir que ellos no se están perdiendo nada, están aquí y seguro que están festejando la noticia de sus nietos.
Él se quedó en silencio durante un largo tiempo, solamente mirándome a los ojos, ya me estaba empezando a preocupar; pero antes de que le preguntara si se encontraba bien, él se acercó y depositó un beso apasionado sobre mis labios. Uno que me dejó sin aliento.
-Ya no sé qué seria de mi vida sin ti, simplemente ya no lo sé – me dijo con la respiración entrecortada cuando se apartó de mi. Tuve que hacer esfuerzos increíbles para obligar mi corazón a que calmara sus latidos erráticos.
Acaricié su mejilla con una sonrisa segura.
-No quiero que pienses en eso, nunca.
-Tengo que ir a felicitar a mis hermano.
Asentí.
-Te acompaño, yo también tengo que dar una felicitación como se debe.
-Pero antes, ¿Sabes qué me acabo de dar cuenta que quiero hacer? - preguntó.
-¿Qué cosa?
-Quiero festejar mi cumpleaños – anunció.
-¿Éstas seguro? - pregunté asombrada.
-¿La verdad?, no completamente. Pero sí lo suficiente. Tienes razón, tengo que darme una oportunidad, o por lo menos intentarlo.
Sonreí orgullosa.
-Así es cariño.
-Solo quiero pedirte una cosa.
-¿Sería?
-Que te quedes a mi lado todo ese día.
-Claro que si – contesté segura.
Lo cierto es que en ese momento me di cuenta de que quería estar al lado de Edward, pero durante toda nuestras vidas.
Continuará...
Lo siento muchísimo... de verdad no saben cuanto lamento todo lo que tardé en publicar éste capitulo. Pero la vida como se sabe llama, y ella es la prioridad.
Aunque como ven, en compenso les he dejado un capitulo bastante largo y con todo un poco. Incluso spoilers para los futuros capítulos, veamos si alguien ha sido capaz de encontrarlos.
Espero que les haya gustado y la próxima vez tendremos la fiesta de Edward. No se olviden de hacerme saber qué les ha parecido.
Besos, Ros.
