Crepúsculo y todos sus personajes no me pertenecen, yo solo me adjudico las tramas de mis historias.
Cumpleaños parte 2.
Su pecho cubierto por una sábana blanca subía y bajaba a un ritmo regular, la noche anterior hubo una tormenta bastante fuerte y había hecho un poco de frío, por lo cual nos tuvimos que terminar arropando. Su rostro estaba relajado y sereno, cuando dormía siempre le adornaba una expresión de paz. Sus cobrizos cabellos sobresalían en la almohada blanca en la que tenia apoyada su cabeza. Una pestañas tan largas que, ahora que tenia los ojos cerrados, parecían reposar sobre sus mejillas. Proferí un suspiro haciendo todo lo posible por no despertarle.
Siempre me había considerado una persona romántica, pero frases como "Es tan guapo que hasta te duele" o "Sabes que amas de verdad a una persona, cuando puedes pasar toda la noche viéndola dormir" o incluso la de "Mi vida comenzó el día que te conocí" las consideraba cursis y hasta falsas. Qué equivocada estaba. Ahora como penitencia por creer eso antes, yo como una tonta tenia constancia de que todas eran ciertas.
Me había levantado creo hace un par de horas atrás, no estoy muy segura, ya había perdido la noción del tiempo, para ir al baño, y cuando volví me encontré con que no fui capaz de apartar la vista de la forma dormida de Edward. Era difícil aceptar que un solo ser humano poseyera tanta belleza, pero así era, y cuando dormía se veía incluso más hermoso. Un Dios griego descansando, Eros.
-¡Jasper, eso es sal, no azúcar! - escuché la estridente voz de Alice proveniente del primer piso, de la cocina creo.
Me giré a ver a Edward, preocupada de que seguramente esto sí lo despertaría. Pero mis miedos se disiparon enseguida, no movió ni un músculo. Hacía ya rato que se escuchaba bastante ruido y desorden de abajo, supongo que su familia se estaba esforzando por prepararlo todo para cuando él bajara a desayunar. Todos estaban muy emocionados ante la idea de festejar su cumpleaños, según Emmett y Alice no había querido festejar ninguno después de sus ocho años, y para Jasper y Rosalie ésta era la primera vez. A veces tengo como la impresión de que la fiesta es más para ellos que para Edward.
Como había prometido, la noche anterior había venido a pasarla en la mansión de los Cullen. En realidad no me costó mucho convencer a mi padre, me bastó solo pedirlo y decirle que lo hacía porque hoy era el cumpleaños de Edward, para que Charlie me contestara "De acuerdo Bells, claro que puedes ir. Diviértete y dile a Edward feliz cumpleaños de mi parte". No sé qué había hecho Edward, pero prácticamente tenia a Charlie comiendo de la palma de su mano, sabia que antes le tenía en muy alta estima, pero ahora que era mi novio, era como si él hubiera ganado otro hijo.
No es precisamente la reacción que una se espera de su padre hacia su primer novio, pero no me puedo quejar.
Edward se removió un poco y terminó girándose a un costado. Yo alargué la mano y retiré los cabellos que le habían caído sobre la frente. Qué pequeño y frágil se veía en éste momento. Sabia que no había tenido una buena semana, mientras más nos acercábamos a éste día, más crecían y se oscurecían las bolsas debajo de sus ojos; no me lo había dicho, pero yo tenia la sospecha de que la razón de su falta de sueño eran pesadillas. Por eso fue que anoche, cuando subimos al ático y el sonido de la lluvia nos empezó a arrullar, no tardó mucho en quedarse profundamente dormido, sosteniéndome en sus brazos.
Un fuerte estruendo se escuchó desde la cocina, seguramente algo se había caído al suelo. Me giré hacia Edward, mordiéndome el labio inferior, no había manera de que no se despertara ante ese ruido. Efectivamente empezó a fruncir el ceño, hasta que abrió los ojos.
"Muy bien hecho quien quiera que haya sido" pensé con sarcasmo. Con lo cansado que estaba Edward anoche, hubiese preferido que durmiera un poco más.
Sus penetrantes esmeraldas se posaron en mi y me regaló una perezosa sonrisa. Una que correspondí como lo que soy, una tonta enamorada.
-Buenos días – me dijo con un susurro rasposo y perezoso. Se levantó y me dio un suave roce con los labios.
Esto se me hacía tan de vida cotidiana, como si fuésemos una pareja que llevaba años casados. Pero era una sensación bastante agradable y acogedora.
-Buenos días cumpleañero – su ceño se frunció por un solo segundo, antes de que cualquier expresión de incomodidad desapareciera de su rostro. Sabia lo difícil que ésto era para él. Pero por lo menos estaba haciendo el esfuerzo para festejar el día, y eso ya era un gran paso – Feliz cumpleaños cariño – le di otro beso – también de parte de Charlie.
-Gracias – dijo con una sonrisa tímida.
Se acercó lentamente a mi, y en su mirada intensa entendí lo que tenia intenciones de hacer. Me aparté un segundo antes de que sus labios se encontraran con los míos. Me observó herido y confundido por mi reacción al hecho de que estaba por besarme.
-¿Qué ocurre? - preguntó en un susurro.
Le sonreí y levanté una mano para acariciar su mejilla.
-No quiero que te ofendas, y en realidad lo digo más por mi que por ti. Pero ¿podemos primero lavarnos la cara y cambiarnos antes de besarnos de esa manera? – pedí.
Se me quedó mirando como si de repente me hubiese salido una segunda cabeza. Si ya lo sé, soy así de quisquillosa. Pero yo también tengo mis manías y mi aliento por las mañanas no huele precisamente a rosas.
-¿Edward? - le llamé cuando se me hizo claro que no contestaría, eso lo hizo reaccionar y estalló en una sonora carcajada, tanto que terminó con lagrimas en los ojos – Me alegra saber que mi vergüenza te divierte tanto – le contesté secamente.
-No, no es eso – dijo, secándose los ojos. Al ver mi expresión escéptica, enmendó – Bueno, un poco en parte. Pero me estoy riendo también de mi mismo. Yo aquí pensando en cuál podía ser el motivo de tu rechazo, y tú que me sales con la más tierna de la excusas.
-Es solo que no me siento cómoda así – expliqué.
Asintió y se levantó, me tendió una mano y me ayudó a levantarme.
-Está bien, vamos a lavarnos y a cambiarnos y retomaremos en dónde lo hemos dejado – dijo con diversión y picardía oculta en sus ojos.
A lo que yo asentí y bajé prácticamente corriendo las escaleras hasta el segundo piso, para poder empezar finalmente eso que yo le había interrumpido. Nunca había hecho parte del grupo de las típicas niñas o adolescentes que cuando se lavan y se arreglan se tardan horas antes de estar lista, de hecho, siempre era yo la que tenia que esperar a Renée. Pero en ésta ocasión batí cualquier clase de récord personal que pudiera tener, honestamente no creo que haya tardado más de dos minutos en hacer mis necesidades fisiológicas, lavarme la cara, cepillarme el cabello y levantarlo en una coleta y vestirme con unos tejanos y una camisa manga larga que Alice había insistido en que cogiera de la tienda, y que me la pusiera hoy para Edward, porque según ella "el azul es mi color". Sus palabras, no mías.
Cuando fui a la habitación de Edward, él aun estaba en el baño lavándose, de su equipo de sonido salía la música de Muse y yo me fui a sentar en la silla de su escritorio a esperar a que estuviera listo. Cuando los papeles que estaban sobre la madera llamaron mi atención: eran folletos, folletos de universidades. Y de las mejores del país, estaba Pricenton, Yale, Standford, George Town, y otras más que no pude llegar a ver, porque de repente la música desapareció y me alertó de la presencia de Edward.
-¿Qué estás haciendo? - preguntó con recelo a mis espaldas, aun teníamos que trabajar sobre su confianza y el hecho de que no estaba del todo cómodo con que yo invadiera su espacio, pero íbamos por buen camino.
Me encogí de hombros.
-Estaba aquí, y no pude evitar verlos –. le expliqué, levantando los folletos para que viera a qué me estaba refiriendo – Es una lista bastante larga de opciones – comenté como quien no quiere la cosa.
Él frunció un momento el ceño antes de contestarme.
-En los últimos días me los he estado encontrado por toda la casa, supongo que es la manera "sutil" que tiene mi familia de decirme la lista de universidades de dónde quieren que escoja.
-¿No es un poco temprano para eso? - pregunté confundida –. Quiero decir, ni siquiera hemos empezado aun el último año.
-Supongo que prefieren empezar con tiempo – dijo con gesto de resignación – Si esto es lo que hacen ahora, no me quiero ni imaginar dentro de unos meses.
-De acuerdo, pero éstas son las universidades que quiere tu familia. Pero, ¿Tú qué quieres? - pregunté con un nudo en la garganta que me tuve que tragar, cuando caí en la cuenta de que nuestros caminos se podían separar llegados ese momento.
Si, ya sé. Aun falta más de un año para que llegue ese momento, pero la sola idea de estar separada de Edward hace que se forme un hueco en mi corazón. Así de enamorada estoy.
-Aun no tengo ni idea – me dijo con honestidad – No me he detenido a pensarlo siquiera – Bajó un momento la cabeza y yo tuve que agudizar el oído para lograr ser capaz de escuchar lo que decía – La verdad es que hace ya diez años que no salgo de Forks por más de dos días, y solo pensar en un año entero me aterra … - confesó.
No me llevó mucho entender cual era el verdadero problema para él, sus padres. No quería separarse de ellos, dejar de visitarlos. Y supongo que después de diez años siguiendo esa rutina, ir a estar con ellos en el cementerio se había convertido en una seguridad para él.
Me acerqué a él con una sonrisa, que esperaba fuese comprensiva, y posé una mano sobre su mejilla.
-No tienes por qué angustiarte pensando en esas cosas todavía, tienes un año entero para analizarlo todo a consciencia y decidir el camino que quieres tomar. En un año pueden pasar muchas cosas. Hace un año atrás yo ni siquiera sospechaba que iba a estar viviendo en Forks, por elección propia ni más ni menos. Y con la persona más maravillosa del mundo como novio.
Me mostró una radiante sonrisa, y cuando entendió que yo estaba por ponerme de puntillas para besarle, él se agachó y recortó las distancias entre nosotros. Y esto era lo que yo había estado esperando desde ésta mañana, eso que había interrumpido. ¿Por qué lo había hecho exactamente?, ahora no lograba recordarlo. Todos mis pensamientos racionales se iban por la ventana cuando Edward me besaba de esa manera.
-Eso está mucho mejor – susurró Edward cerca de mi oreja, cuando se apartó de mi. Yo solo me limité a asentir, él tenía razón después de todo.
-Feliz cumpleaños – volví a repetir, enterrando una mano en sus cabellos.
Él alejó su rostro del mio y sonrió.
-Eso ya me lo dijiste – dijo con una sonrisa.
-No importa, tengo intenciones de repetirlo cuantas veces sean necesarias.
Se volvió a acercar y depositó un beso en mi mejilla.
-Pues entonces gracias otra vez.
-De nada.
-Y ya que estamos – comentó en tono serio – Tú no me haz dicho tu opinión sobre la cuestión de las universidades, ¿Tienes ya una preferida o sabes lo que te gustaría estudiar?
Le resté importancia a todo el asunto con un gesto de la mano.
-Por favor Edward, yo no tengo ni idea de qué es lo que voy a comer mañana. Mucho menos saber en dónde me voy a encontrar dentro de un año y medio – dije en broma.
La verdad era que tenia bastante claro lo que me gustaría estudiar, y si habían un par de universidades que estaban en mis preferidas y esperaba ser aceptada en una de ellas. Pero hoy no quería tener esa conversación con Edward, hoy era un día de festejos, no un día para hablar de cosas serias como lo es la carrera que definirá el resto de nuestras vidas.
-Vamos a bajar – sugerí – me estoy muriendo de hambre, y me gustaría probar esa sorpresa que te estaba preparando tu familia. Después de todo el escándalo que han tenido ésta mañana, espero solo que sea minimamente comestible.
Rió entre dientes y me tendió la mano para que la tomara, pero no dijo nada más. Bajamos hacia el comedor, la enorme mesa estaba llena por cada rincón, platos y platos con tortitas, que la verdad tenían un aspecto para chuparse los dedos, fruta cortada y jarras con zumos. Detrás de la mesa, en frente de nosotros se encontraban los otros, con una expresión ansiosa en sus rostros, como esperando la reacción de Edward.
Él a mi lado observó la escena con una sonrisa nostálgica, y por su mirada desenfocada, me atrevería a pensar que su mente estaba más perdida en los recuerdos, que en lo que estaba ocurriendo en ese momento.
-Típico – le escuché susurrar, aunque lo dijo tan bajo que no estaba segura de ello.
Tal perece que no había sido la única en escucharle hablar, porque esa sola palabra fue suficiente para lograr mover a su familia y se acercaron a felicitarle.
La primera fue Alice, que se tuvo que poner de puntillas para poder estar a la altura de darle un beso en la mejilla, aun estaba con las zapatillas de casa y no con los tacones que suele usar todos los días, por lo tanto estaba en su estatura natural. Le susurró algo en el oído, lo que provocó que Edward riera.
-Gracias – le dijo a su hermana.
-De nada – le contestó alargando el brazo hasta alborotarle los cabellos.
Después se acercó Jasper, que le pasó un brazo por la espalda, tenia una sonrisa bastante pícara en el rostro, muy extraña en él la verdad.
-Hoy es un día muy importante Edward – anunció de manera concisa.
-¿Ah si? - preguntó Edward elevando una ceja.
-Claro, hoy cumples dieciocho años, eres oficialmente un hombre. A partir de hoy te puedes alistar en el ejercito si quieres, puedes beber legalmente en algunos países, aunque éste no sea el caso, para eso tienes que esperar otros tres años. Y ya te podrías casar sin ningún problema.
A su comentario sentí mis mejillas hirviendo. ¿De qué se supone que estaba hablando?.
-Claro que es un día importante en tu vida – continuó - ¿Cómo te sientes ante ésta idea?
Edward se encogió de hombros.
-La verdad es que me siento igual que ayer. No noto ninguna diferencia a cuando tenia diecisiete.
-No sé por qué no me sorprende – dijo Jasper – Oh en fin, ya nos encargaremos tu hermano y yo de hacerte ver luego todas las opciones que tienes a partir de hoy.
-¡Pero claro que si! - exclamó Emmett.
Ambos recibieron miradas de desaprobación de sus mujeres, pero ninguno de los dos se molestó en hacerle más caso. Jasper envolvió por fin en un abrazo a Edward, y cuando se separaron le sonrió.
-Feliz cumpleaños chico – le dijo.
-Gracias – fue la respuesta de Edward.
Luego fue el turno de Rosalie, que se acercó a Edward hecha un manojo de lágrimas. Se limitó a abrazar a Edward y habló solo cuando se apartó.
-No me puedo creer lo mucho que has crecido. Aun recuerdo la primera vez que te vi, el día que Emmett nos trajo a pasar acción de gracias aquí en Forks. Era un niñito tan pequeño, tan tierno. A malas penas me llegabas al pecho, y ahora mírate. Jasper tiene razón, estás hecho todo un hombre – volvió a sollozar.
Edward puso los ojos en blanco.
-Por favor Rose, yo sé que las hormonas te tienen toda descontrolada. Pero hoy no podría soportar lágrimas, sería demasiado duro – pidió.
Rosalie le asintió y se secó la comisura de sus ojos. Lo cierto era que el embarazo la estaba volviendo muy sensible, y se echaba a llorar por cualquier cosa que la conmoviera. Para nosotros era bastante extraño ver a una mujer como ella, con un carácter de acero, fuerte e independiente de ésta manera. Y mientras que Alice estaba teniendo los antojos más extraños que una se podía imaginar (para gran tortura de Jasper), Rosalie se había vuelto un mar de lágrimas viendo Dumbo.
-Anda que ahora es mi turno – pidió Emmett, se abrió paso entre los otro y quedó en frente de Edward. Le posó una mano sobre su hombro - ¿De verdad pensabas que se nos iban a olvidar las tortitas? - preguntó de manera retórica. Pero aun así Edward contestó.
-La verdad es que ni siquiera yo me acordaba de ellas, así que no se me pasó por la cabeza de que las ibais a hacer.
-Tonterías – dijo Emmett acompañado con un gesto de la mano – Es una tradición que no podía faltar, el día de tu cumpleaños se desayuna tortitas, no hay nada más que pensar o discutir.
Cogió a su hermano y lo envolvió con su más que conocido abrazo de oso. Hasta que Edward empezó a quejarse y murmuró que no podía respirar.
-Lo siento – le dijo cuando lo soltó, sin hacer desaparecer de su rostro la sonrisa que hacia que se le dibujara en sus mejillas esos hoyuelos tan adorables.
-No pasa nada – aseguró Edward tomando una gran bocanada de aire.
-Feliz cumpleaños Campeón – le dijo con la misma sonrisa.
Algo en esa felicitación hizo reaccionar a Edward de manera diferente, sus ojos se humedecieron con lagrimas y parecía que de repente tuviera un enorme nudo en la garganta que no le dejaba respirar.
-Gracias – contestó en un susurro sin fuerzas – Vamos a comer ¿no? - pidió cuando el silencio bajó entre nosotros y todos se habían quedado expectante de ver qué era lo que iba a decir a continuación.
Nos sentamos en la mesa y empezamos a desayunar. Tengo que reconocer que me sorprendió lo buenas que estaban las tortitas, eran las mejores que había probado en mi vida. Y yo, siendo tan delicada como soy, no pude evitar soltar el comentario sin controlarme.
-¡Por el amor de todo lo que es divino! - exclamé – Están deliciosas.
-Vaya, Bella – dijo Emmett con mofa – cualquiera pensaría que acabas de tener un orgasmo.
Sentí mi cara en llamas y Edward se atragantó con el zumo de naranja que estaba bebiendo, hasta que empezó a toser.
-¡Emmett! - le gritó Rosalie.
Jasper se acercó a su cuñado y empezó a darle ligeros golpecitos en la espalda. Después de un par de minutos, consiguió su cometido y la tos de Edward cesó.
-Gracias por el cumplido, Bella – dijo Alice, como si todo lo que había desencadenado el ultimo comentario de su hermano mayor no hubiese ocurrido – Es una vieja receta de familia, Esme era bastante conocida por sus tortitas especiales.
-Saben igual que las suyas – admiró Edward, finalmente comiendo otro bocado.
-Me alegro haberlo conseguido – contestó su hermana, añadiendo a sus tortitas mayonesa. ¿No había contado ya de sus extraños antojos?
-Tienes que darme la receta – pedí, emocionada con la idea de poder prepararle yo misma a Edward algo que le gustaba tanto.
-Claro, encantada – me dijo después de haber tragado.
Cuando habían pasado unos veinte minutos y ya estábamos por terminarnos de comer todo aquello que estaba en la mesa, sonó el teléfono. Emmett, que era el que estaba más cerca de la puerta, se levantó y fue a contestar a la sala.
-¡Edward! - llamó después de un poco - ¡Ven aquí, que es para ti!
Edward, sin decir nada, se levantó de su lugar y fue en dirección de la sala. Unos segundos después entró Emmett y se volvió a sentar en su asiento. Ante la mirada de curiosidad de su familia, contestó a la pregunta que nadie había hecho.
-Es la tía Elizabeth – explicó – como es obvio ha llamado para felicitar a Edward.
La tía Elizabeth. La hermana de Esme que vivía en San Francisco. Recordé.
-No podía faltar – dijo Alice con una enorme sonrisa – Todos los años llama a felicitarle – me explicó – No importa qué tanto Edward nos diga que no va a festejar nada y que quiere que nos comportemos como si hoy fuera cualquier otro día. La tía Elizabeth siempre lo llama e ignora sus peticiones, y Edward la quiere demasiado como para hacerle un desplante. Hasta ahora era la única que lo podía felicitar, sin correr el riesgo de que él le arrancara la cabeza – dijo con una risilla.
Yo sonreí dudosa, ¿Tendría que interpretar su última frase como una broma o era que estaba hablando en serio?. Conociendo el carácter de Edward, no me sorprendería si se trataba de la segunda opción.
-Creo que es porque le recuerda a mamá – razonó Emmett con seriedad – Las dos se parecen mucho – ahora me hablaba a mi – los mismos ojos esmeraldas, piel de porcelana y expresión tierna. Podían pasar por gemelas, las únicas diferencias relevantes eran que mamá era unos centímetros más baja y más delicada de figura, y su cabello era varias tonalidades más claro, el cabello de la tía Elizabeth es más como el de Edward. Seguro que para Edward, cada vez que ve o habla con la ella, de alguna manera es como si estuviera otra vez con mamá. Por lo menos a mi me pasa en muchas ocasiones.
-Si, tienes razón. A mi también me pasa – le comentó Alice
-Parece una gran mujer – dije con una sonrisa. Pensando en que me gustaría mucho conocerla.
-Lo es –. confirmó Alice – Estoy segura que tú le caerás muy bien.
En ese momento Edward volvió a entrar en el comedor y el silencio descendió sobre todos. No sabría decir si él se dio cuenta de que hacia parte de nuestro reciente tema de conversación y había decidido ignorarlo, o de verdad no se había percatado de ello. Pero cuando se volvió a sentar en su asiento, habló de otra cosa.
-La tía Elizabeth os manda saludos – anunció a todos los que estaban en la mesa – y también el tío Jonh y Bree.
Todos asintieron y el tema terminó allí. Pronto terminamos de desayunar y recogimos la mesa y las mujeres lavamos los platos, mientras que los hombres estaban en la sala de juegos, viendo el partido de no sé qué. ¿No hay todos los domingos un partido de algo?. Cuando terminamos de limpiarlo todo, llegó la hora de los regalos.
Ese había sido otro gran tema de debate con Edward. El muy cabezota había anunciado que no quería ninguno, y mientras que sus peticiones me recordaban mucho a las que yo misma hubiese hecho, tenia que quitarme el sombrero y reconocer que él era mucho peor que yo. Al final había accedido, poniendo como condición la cantidad máxima que podíamos gastar en su regalo. Dicha cantidad era bastante pequeña, y no daba muchas opciones sobre lo que se podía comprar con ella.
Para mi había sido todo un quebradero de cabeza escoger qué regalarle. ¿Qué se le puede regalar a una persona que lo tiene todo y no quiere nada en especial?. Por lo menos nada material, porque si hay algo que a mi me encantaría darle y sé que él quiere con toda su alma, son sus padres. Pero no puedo. Después una noche, en medio de mis sueños, me acordé de algo que él me había dicho, y que para él tenia mucha importancia ; de inmediato supe lo que le podía dar. Era algo insignificante que a mi no me iba a costar ni un céntimo, pero confiaba en que a él le encantaría.
Entramos en la sala de juegos y Jasper se levantó de su asiento en el sofá, para dejar que yo me sentara en el lugar, al lado de Edward. Rosalie se sentó en el regazo de Emmett, y Alice y Jasper en el otro sillón, ella acurrucada en los brazos de su marido. Sobre la mesilla auxiliar al lado del sofá, estaba un regalo, una carpeta y varios papeles.
-Ahora vamos a la mejor parte del día – dijo Emmett en tono jovial, tomó el regalo de la mesa y se lo tendió a su hermano – Los regalos.
Edward lo cogió y con una expresión escéptica empezó a romper el papel de regalo.
-¿Éste de quién es? - preguntó en voz alta.
-Termina de abrilo, y después te lo decimos – le contestó su hermano.
Él hizo lo que se le decía y terminó de liberar el regalo de su envoltura. Resultó ser un cuaderno en cuero, que en la portada tenia en dorado las iniciales EAC, Edward pasó un momento la yema de los dedos sobre las letras y me lo entregó para que yo también pudiera verlo. Al pasar las paginas, me di cuenta de que se trataba de pentagramas, no era un cuaderno cualquiera, era para componer.
-Es demasiado caro – dijo cuando se le volví a entregar – esto obviamente supera de mucho el límite que había puesto para un regalo.
-Ah, pero es allí que está la cuestión – dijo Alice en tono triunfal – Ese regalo es de parte de los cuatro – explicó – Nos hemos puesto de acuerdo y entre todos te lo hemos comprado y mandado a hacer el grabado de tus iniciales. Así que técnicamente no hemos faltado a tu condición, porque cada uno se gastó precisamente lo que tú marcaste como límite. Nunca especificaste que no podíamos hacer nada por el estilo.
Él empezó a reír por la explicación que le ofreció su hermana y meneó la cabeza como gesto de resignación.
-Tenia que haberseme ocurrido – dijo.
-Pero te gusta, ¿cierto? - preguntó Rosalie con ansiedad y un toque de miedo. Si, éste era otro de los efectos que las hormonas del embarazo estaban teniendo en ella.
-Por supuesto que me gusta – le aseguró Edward – me encanta. Muchas gracias.
-Son para tus composiciones más importantes – le dijo Jasper – No pude evitar notar que te habías quedado sin cuadernos para componer. La última vez vi que lo estabas haciendo en una simple hoja blanca.
-Sabemos que tienes muchas como para que allí entren todas – siguió su mujer – Pero ese cuaderno es para las que más significado tienen. Como tu primera canción, las que has escrito para mamá y papá, las que tocaste en nuestros matrimonios o … la de Bella – culminó con una sonrisa y un guiño de ojo. A lo que me puse toda colorada.
"Muchas gracias Alice", pensé con sarcasmo. Hasta que escuché a Edward murmurar a mi lado las mismas palabras.
-Muchas gracias Alice – dijo con mordacidad.
-Bueno, ahora falta Bella – dijo Emmett.
Todos se giraron a ver cual iba a ser mi regalo. La única cosa era que no lo tenia aquí conmigo.
Tomé la mano de Edward y la apreté.
-Tu regalo te lo daré más tarde – le dije.
Él me sonrió, acercó mi mano a sus labios y le dio un suave beso en los nudillos. Después se acercó a mi oído, lo suficiente para que solamente yo escuchara lo que tenia que decirme.
-Tú ya eres mi mayor regalo – susurró y yo me estremecí todas por sus palabras.
-Oh en fin, - siguió Emmett – tenia curiosidad por ver el regalo de Bella, pero si es así. Entonces sigamos.
Tomó la carpeta de la mesa y se la dio a Edward. Él la miró extrañado.
-¿Que no se supone que al final resultó ser solo un regalo? - preguntó extrañado.
-En realidad no es un regalo –. contestó Emmett – Como ha dicho Jasper antes, a partir de hoy tienes derecho a muchas cosas, y me gustaría que conocieras todos los que recibes al llevar el apellido Cullen –. le dijo con seriedad – A partir de hoy ya tienes acceso a tu fideicomiso de la herencia de papá, y que hasta ayer administraba yo por ser tu tutor legal. Como sabes un tercio de la casa y la propiedad te pertenece, así como de las acciones. En la primera pagina está el monto al que asciende todo lo que es tuyo hermanito.
Edward abrió la carpeta y sus ojos se abrieron cuando leyó su contenido. Alcancé a leer la cifra por encima de su hombro y sentí la sangre que abandonaba mi rostro. Juro que nunca en mi vida había visto tanto dinero junto.
-Nunca pensé que fuera tanto – dijo Edward en un hilo de voz, me consolaba saber que no había sido la única sorprendida.
Emmett le sonrió.
-Papá siempre se preocupó de que los tres tuviéramos un futuro asegurado.
Si, ya me doy cuenta de ello.
-Y ahora hay algo que me gustaría entregarte –. dijo Alice con emoción. Se levantó del sillón y sacó del bolsillo de sus pantalones un papel, se arrodilló en frente de Edward y tomó su mano con la que tenia libre – El día que supe que estaba embarazada, me sentía un poco nostálgica y entré en la habitación de mamá y papá. Me puse a buscar entre sus cosas, para encontrar ropas que aun conservaran su olor, y encontré esto en la mesita de noche de mamá –. le entregó el papel doblado que tenia en la mano – Es para ti cariño, no sé exactamente qué estaba haciendo allí guardada, pero después de todo mamá escribió ésta carta para ti, así que es tuya. Estaba solo esperando el momento indicado para dártelo, y ¿qué mejor momento que hoy?. Espero solo que no te moleste que lo haya leído.
Edward no le contestó nada enseguida, solo se quedó observando fijamente el papel que tenia en la mano, y parecía como si se hubiese quedado hipnotizado con él.
-Bueno yo creo que deberíamos dejar a Edward un momento de privacidad, mientras leer la carta – anunció Jasper ayudando a levantar a Alice.
Todos asintieron, y pronto solo quedamos nosotros dos en la sala de juegos. Yo también me levanté, y estaba por seguir el ejemplo de los otros, cuando la mano fría y temblorosa de Edward aprisionó mi muñeca. Su mirada era vidriosa y su expresión suplicante.
-Quédate por favor – me pidió, no necesité más. Le asentí y me volví a sentar a su lado. El silencio reinó entre nosotros por varios minutos, hasta que Edward pareció volver a encontrar las fuerzas para hablar – No creo que logre leerla – susurró.
-¿Quieres que lo haga yo? - me ofrecí. Sabiendo que en éste momento yo tenia que ser fuerte para él.
Asintió y yo tomé la carta de su mano. Empecé a leer.
21 de junio 1992
Mi querido niño.
Aun no comprendo qué es lo que estoy haciendo, creo que las hormonas siguen haciendo fiesta conmigo porque no puedo parar de llorar, y hay tantas cosas que me gustaría decirte. Hacerte saber lo mucho que te quiero y que agradezco que hayas llegado sano y fuerte. Hemos apenas superado una batalla fuerte tú y yo, dónde nos hemos ganado el más grande de los premios : tu llegada.
No puedo ni contarte con palabras lo feliz que estoy el día de hoy. Soy la mujer más feliz del mundo. Ayer fui madre por tercera vez, tú llegaste a nuestras vidas y no sabes la gran sorpresa que fuiste para todos. Mi pequeño bebé del milagro. Porque eso es lo que eres, tus hermanos han sidos unos regalos maravillosos en la vida de papi y mía, pero tú eres un milagro, un hermoso milagro. Y eres el pequeño más hermoso que hay, y no es porque sea tu madre, pero estoy segura que tu belleza no hará otra cosa que crecer junto contigo.
Temí tanto no verte llegar, que no lo lograrías, más de una vez me diste un gran susto. Pero que equivocada estaba, naturalmente. Tú eres un luchador, un vencedor, era obvio que lo ibas a conseguir, que ibas a nacer. Por eso no creo que pudiera escoger mejor nombre para ti, Edward es nombre de guerrero.
Eres un pequeño muy afortunado, tienes una familia que te adora. Dos hermanos que han esperado ansiosos tu llegada y tienen una lista larga de cosas que quieren hacer contigo, y unos padres de los que te haz vuelto la luz de sus ojos. Papi te quiere tanto, estaba él también tan asustado, aunque por mami quería hacerse el fuerte. Ahora está contigo, yo lo sé. A mi me dijo que bajaba a la cafetería a comprar algo de comer, pero yo sé que en estos momentos te está viendo, babeando a través del vidrio, a tu mami no se escapan esas cosas.
Tengo que irme mi niño, la tía Elizabeth acaba de llegar con tu tío Jonh, tus hermanos y tu prima. Espero solo que pronto vuelva papi contigo, así podrás estar junta ésta familia que tú acabas de completar.
Recuerda que mami te quiere muchísimo y que siempre serás su pequeño bebé.
Esme Cullen.
Para cuando terminé de leer fue que me di cuenta de que estaba llorando y mi voz ya empezaba a temblar. Edward no estaba en mejores condiciones que yo, pero cuando se dio cuenta de que lo estaba viendo, se limpió enseguida las lagrimas y me observó tratando de recuperar la compostura.
Le volví a entregar la carta y pasé mi mano por sus desordenados cabellos, acariciándolos.
- Lo siento tanto cariño – le susurré.
-No, no. En realidad estoy bien, mejor que bien. Ha sido un regalo maravilloso, solo que no me lo esperaba. Eso es todo – me aseguró.
Le sonreí y me acerqué más a él, poniéndome de rodillas en el sofá de modo que quedaba más alta que él y nuestros labios se conectaron. Él sonrió contra mi beso y acarició mis cinturas con sus manos, mientras que las mías se enterraban en sus cabellos. Estos eran de esos besos que me dejaban sin aliento, que me contaban la pasión que se podía esconder detrás de Edward, y me demostraban con simples gestos cuanto me ama.
Una hora después estábamos saliendo todos de la mansión Cullen, aprovechando que finalmente había parado de llover. Íbamos todos en dirección del cementerio. Hoy era el cumpleaños de Edward. Cierto, pero no había que olvidar que hace diez años atrás Carlisle y Esme Cullen perdieron la vida en un accidente. Y mientras que Edward no permitía festejar su cumpleaños, hoy los tres conmemoraban el aniversario de la muerte de sus padres. Y como familia, iban todos los años en éste día a visitarlos. Tal parece que ahora yo también era parte de la familia, porque iba con ellos.
Decidimos irnos con los tres coches, aparentemente después iríamos a Seattle a comer, y Alice y Rosalie se nos querían adelantar porque deseaban visitar una tienda al mayor, de cuya ropa estaban interesadas para vender en la tienda. A mi me costó mucho más tiempo que ellos conseguir aparcamiento, mi camioneta parece un tanque de guerra en comparación a sus coches, necesitaba mucho más espacio que el Porsche o el BMW de Rosalie. Así que para cuando Edward y yo nos bajamos de mi camioneta, los demás ya llevaban varios minutos dentro del cementerio.
Edward bajó antes que yo, y vino al lado del conductor para abrir mi puerta y ayudarme a bajar. Tomó mi mano y empezamos a encaminarnos a la entrada, había encontrado puesto bastante lejos, así que era bastante lo que había que caminar. Me acercó más a él, hasta que sus labios se posaron cerca de mi oreja.
-¿Te he agradecido ya que aceptarás venir hoy? - susurró.
-No quiero que me lo agradezcas, yo estoy encantada con la idea de que me consideren parte de la familia y quieran que venga con ustedes – le contesté.
-Eres mi novia, por supuesto que eres parte de la familia, tan importante en ella como yo.
Se acercó más a mi rostro y rozó sus labios con los míos. Estaba por profundizar el beso, cuando nos interrumpieron, y no era precisamente alguien que me gustaría ver en éste momento.
-Pero mira quién está aquí –. escuché la petulante voz de Mike Newton – Es nuestra feliz pareja.
Edward y yo nos volteamos a verle, no estaba solo. Se encontraba en compañía de Jessica y los dos estaban en condiciones bastante deplorables. Él tenia un brazo alrededor de los hombros de ella, con la ropa bastante arrugada y desalineada, y más de un botón fuera de lugar. Sus cabellos parecían que no hubiesen visto un peine en días y olían bastante a alcohol, incluso a pesar de lo temprano que era. Quizás habían empezado en el desayuno ésta mañana o puede que aún no han acabado de la cena de anoche. Pero como sea, al final no es asunto mío.
-Mike, Jessica – murmuré con intenciones de pasar por su lado y zanjar aquí el encuentro. Edward ni siquiera se molestó en pronunciar sílaba.
Pero se ve que ellos nos tenia los mismos deseos que nosotros.
-Pero qué sorpresa tan agradable – dijo Jessica con fingido entusiasmo – No me esperaba que nos íbamos a encontrar.
¿Que no sentía arcadas al hablar?, ¿O era yo la única que las sentía al escucharla?
-¿Qué están haciendo por aquí? - siguió con inocencia.
-¿Qué no es obvio cariño? - le respondió Mike – El personaje más famoso de Forks, El cuidador de tumbas quiere compartir su hobby con Bella.
Todo mi cuerpo se tensó cuando le escuché hablar, era una reacción involuntaria de mi cuerpo. Métete con Edward y sentiré el impulso de querer sacarte los ojos. Edward entendió lo que estaba ocurriendo y apretó mi mano, no sé si lo hizo para hacerme saber que no le importaba o para impedir que cometiera un homicidio, pero de cualquier manera funcionó.
-Lo que nosotros hagamos o dejemos de hacer no es de vuestra incumbencia Newton – fue su calmada respuesta.
-Oh Bella, ¿Que no te lo dijimos Lauren y yo?, esto es lo que pasaría si te metías con él – le habló Jessica con tono de compasión – Tú misma te las buscado todo lo que te ha ocurrido al escogerlo al él.
Esto ya era el colmo, hasta aquí había llegado mi paciencia. Lo sentía mucho por Charlie, un padre no se merecía eso. Pero pronto tendría que arrestar a su propia hija por haber atacado dos de sus compañeros de clase. Estaba por dar el primer paso hacia ellos, cuando la voz de Edward, impasible y segura, me detuvo.
-Tienes razón Jessica, Bella ha renunciado a mucho para estar conmigo. Es maravillosa, sencillamente maravillosa, la mejor persona que puede existir. En ocasiones pienso seriamente que no me la merezco, y no logro entender cómo es que me ha elegido a mi, pero así es y doy gracias por ello. Ha traído tanta luz a mi vida, tanta felicidad que ya no sabría qué hacer si no estuviera a mi lado. Y sé que hay muchos hombres que darían lo que fueran por estar en mi lugar y saben lo afortunado que soy, empezando por tu novio que desde que ella llegó a Forks, no ha hecho otra cosa que babearse detrás de sus huesos y suplicarle migajas. Pero Bella se ha dado cuenta de la clase de enclenque que es, así que lo ha rechazado. Por lo tanto él no ha tenido más remedio que conformarse contigo, que eres su plato de segunda mesa – culminó de la misma manera tranquila que había empezado.
Yo no tenia palabras. WOW. Los había puesto en su lugar, nos había defendido, los había insultado, me había puesto en un pedestal y me había impedido de cometer en crimen; todo en el mismo discurso.
Jessica estaba tan sorprendida como yo, pero quizás para ella era más por la noticia que había apenas tenido de su novio. Después de todo, según la información que le había dado Lauren, era yo la que estaba detrás de Mike. Mientras que él estaba completamente rojo, y por su expresión se podía deducir que era por la ira y quizás también por la vergüenza. Se apartó de Jessica y apretó los puños, parecía listo para atacar, y Edward a mi lado parecía preparado para algo. Nunca entenderé el código de comunicación de los hombres.
-¿Hay algún problema? - nos interrumpió la grave voz de Emmett, parándose al lado de Mike, cogido de la mano de Rosalie. Detrás de ellos venían su hermana y su cuñado. Los cuatro tenían la misma expresión de curiosidad y escepticismo en el rostro.
Mike abandonó su posición de ataque, pero la tensión seguía acumulada en sus facciones y músculos.
-No, por supuesto que no señor Cullen – le contestó Jessica por él – Nos encontramos por coincidencia con nuestros compañeros y nos estábamos poniendo al día, visto que estamos de vacaciones y no nos vemos.
Emmett se giró a mirarnos y elevó una ceja desconfiado.
-¿Es eso cierto Edward? - le preguntó a su hermano. Era obvio que no se creía ni una de las palabras que habían salido de la boca de Jessica.
-¿No se fía de nosotros señor Cullen? - se fingió herido Mike – Soy su mejor estudiante y estrella del equipo después de todo. Sabe que en mi puede confiar.
-Perdona la franqueza Newton, pero no. No me fío de ustedes, y aquí no son mis estudiantes. Como Jessica ha apuntado antes, ahora están de vacaciones. En éste momentos son dos jóvenes que están hablando con mi hermano y su novia, y que desde fuera no me gusta como se ve la conversación.
Vaya. Los Cullen saben ser bastante elocuentes cuando están molestos, pero te hablan con esa calma que da miedo.
-Va todo bien Emmett – le dijo finalmente Edward – de verdad que si. Simplemente estábamos intercambiando opiniones, eso es todo – aseguró.
-Solo queríamos estar seguros, Edward – le dijo Jasper, parándose al lado de Emmett.
Daban miedo, los tres con esa posición amenazante pero tranquila. Y eso que yo no era el receptor de esa rabia, solo podía imaginarme como Mike debía de sentir que estaba a punto de hacerse encina en estos momentos. Y no me equivoqué, porque no aguantó mucho tiempo. De repente tomó la mano de Jessica y murmurando un casi ininteligible "Adiós", y una última mirada de desprecio a Edward, se alejó de nosotros, arrastrando con él a su novia.
-¿Estás seguro que te encuentras bien? - le preguntó Jasper a Edward, una vez que ya los habíamos perdido a vista.
-Claro que estoy bien, no veo por qué no iba a estarlo.
Los dos hombres asintieron satisfechos.
-Por cierto esa respuesta ha estado muy bien – admiró Emmett.
-Si – corroboró Rosalie - Me ha encantado el rostro de Jessica cuando le has dicho que Mike en realidad está interesado en Bella.
-¿Lo han escuchado? - pregunté sorprendida, no me había dado cuenta que llevaban tanto tiempo cerca.
-Oh si –, me contestó Emmett – absolutamente todo. Llegamos en el momento en el que estabas por saltar sobre sus cuellos. Por cierto me hubiese tanto gustado ver el ojo negro que le ibas a dejar a Mike. No sé por qué la detuviste Edward.
Me acaloré toda. Ahora me daba cuenta del ridículo que iba a hacer atacando a dos personas.
Edward se encogió de hombros antes de contestar, y apretó mi mano.
-No quería que Bella se ensuciara tocando la piel de alguien como Newton, aunque sea solo por dos segundos.
Todos empezaron a reír por su ocurrencia. Un momento después Alice se quejó que llegarían tarde a la tienda y la encontrarían cerrada. Nos despedimos y ellos se adelantaron hacia Seattle, con planes de encontrarnos allá en el restaurante.
Nosotros nos dirigimos hacia la tumbas de sus padres en silencio, aun cogidos de la mano. Cuando llegamos él se agachó y arrancó un par de malas hiervas que estaban en la esquina, yo me senté a su lado y me quedé observando fijamente las flores que Alice había traído antes. Rosa y tulipanes, todas blancas.
-Muchas gracias por las cosas tan bonitas que dijiste de mi antes – le dije, sin apartar la vista de las flores.
-Son todas verdad – soltó mi mano y sentó detrás de mi, apoyando mi cuerpo sobre su pecho y pasando un brazo alrededor de mi cintura.
-No sabia que tuvieras esa opinión de mi, y de nosotros. En todo caso soy yo la que debería pensar eso. Tú eres demasiado bueno para mi.
-Bella no digas tonterías – dijo como si yo le hubiese apenas dicho la cosa más absurda del mundo.
-¿Por qué no? - me giré un poco hasta poder verle el perfil - ¿Que no te das cuenta que entre los dos, eres tú el que está a años luz de mi que …
-Bella, por favor – me interrumpió –. No vayamos a empezar una discusión sobre quién de los dos tiene razón. No ahora, ni aquí, en frente de la tumba de mis padres. De cualquier manera sabes que yo ganaría, eso está más que descontado – me dio un beso en la mejillas y apoyó mu mentón sobre mi hombro.
- De acuerdo – accedí, no era más que arcilla en sus manos – Vamos a dejarlo estar por el momento. Pero solo por respeto a tus padres. Que quede claro, esto no se acaba aquí.
-No, claro que no – dijo con una risilla.
-En fin, ahora mi gustaría darte mi regalo.
-Pensé que ya habíamos acordado que tú eras mi regalo.
-Eso lo dijiste tú, en ningún momento me escuchaste darte la razón – aclaré.
-Ah, ya veo. ¿Cuál es entonces?
Suspiré profundo antes de empezar mi discurso.
-El otro día dijiste que lamentabas que tus padres se estuviesen perdiendo tantas cosas, y que te gustaría tener la oportunidad de presentarme como tu novia.
-Si – contestó, no entendiendo a dónde quería llegar.
-Bien, pues ahora lo puedes hacer. Estamos aquí los dos, en su tumba. Presentame y diles quién soy yo.
Sonrió contra mi piel y me volvió a besar en la mejilla.
-¿Lo ves?, por eso es que eres maravillosa – se giró hacia la lápida y habló con seriedad – Mamá, papá – dijo después de un suspiro – Ella es Isabella Swan, la chica de la que les hablé. Mi novia.
Sonreí feliz de saber que mi idea le había gustado. Y me dirigí a mis suegros, como si de verdad los tuviera en frente.
-Es un verdadero placer, por todo lo que he escuchado de ustedes, estoy segura que nos hubiésemos llevado muy bien. Tienen unos hijos fantásticos, muy educados y simpáticos, pero si duda mi preferido es el pequeño. Deben saber que es el dueño de mi corazón.
-Y tú del mio – susurró Edward en mi oído –. Gracias, ha sido un gran regalo.
-Me alegro.
Nos quedamos en silencio unos minutos, viendo la foto de los dos. Cuando varias gotas empezaron a caer y nos tuvimos que levantar. Allí fue cuando me di cuenta que quizás no había sido tan buena idea sentarnos en la grama, tenia casi todos los pantalones mojados. Menos mal que por lo menos y camioneta tenia calefacción, esperando que para cuando llegáramos a Seattle ya se estén secos.
Nos subimos en la camioneta, riendo de lo tontos que debíamos de vernos corriendo debajo de la lluvia y yo arranqué el motor para partir. Intenté conducir a una velocidad moderada y prestar el triple de atención, pero incluso a pesar de que no llovía tan fuerte, la carretera mojada era bastante resbaladiza. A un cierto punto la camioneta empezó a patinar y yo perdí de control el volante. Todo ocurrió muy deprisa, sé solo que al final terminamos chocando contra un árbol. Cuando acabó yo controlé mentalmente mis daños, sabia que estaba bien, solo tenia un ligero fastidio en la muñeca y un dolor de cabeza insoportable.
Edward que gritaba mi nombre fue lo último que escuché antes de desmayarme.
Continuará …
No tengo excusa, espero solo que se me perdone la tardanza. Pero entre los estudios, el trabajo, mi vida personal y la falta de inspiración, éste capitulo tardó más de lo previsto en llegar. No estoy del todo convencida del resultado, pero no sé qué más hacer. Espero solo que se me perdone. Y no se preocupen que no voy a abandonar la historia...
Ya saben a comentar... ¿Ustedes qué creen que va a ocurrir ahora?, ¿Estarán bien Edward y Bella?
Besos, Ros.
