Crepúsculo y todos sus personajes no me pertenecen, yo solo me adjudico las tramas de mis historias.
Maldición.
Tenia un dolor de cabeza tremendo, era como si me estuviesen golpeando con un mazo o algo por el estilo. Cuando volví lentamente de la inconsciencia, reconocí que estaba acostada en una cama, tenia una cómoda y mullida almohada debajo. Pero lo agradable que se encontraba mi cuerpo, no aminoraba el sufrimiento de mi cabeza. Despegué lentamente los parpados, los tenia tan pesados que casi parecía que los tuviese pegados. Después de haberlo intentado como por décima vez, cuando por fin conseguí abrirlos, una luz me cegó y tuve que cerrarlos nuevamente enseguida. Una fuerte mareo me atacó.
Se me ocurrió pensar que era así que debía de sentirse tener resaca, y me hice la promesa de que nunca en mi vida bebería. ¿Cómo habían personas capaz de soportar esto cada vez que salían de fiesta?. Escuché murmullos a mi alrededor que parecían provenir de lejos, como a través de un túnel. Cuando se me hizo bastante claro que no iba a ser capaz de dormir una vez más, agudicé el oído para intentar comprender todo lo que estaba ocurriendo a mi alrededor. Intentar escuchar todo lo que se estaba diciendo.
Era una voz femenina, cantarina y melodiosa. Yo la conocía, pero con lo aturdida que estaba tardé un poco en entender que se trataba de Alice. Se le escuchaba un tanto agitada y preocupada, y eso no podía ser bueno para su estado y para el bebé.
-Emmett escúchame bien, no quiero que te apartes de él ni por un momento – casi gritó, quizás se había olvidado de mi por un segundo, o puede que supiese que ya estaba despierta y sabia que no corría más el riesgo de despertarme – No, no estoy siendo paranoica, lo conozco y sé como reacciona ante éstas situaciones, y sabes que tengo razón – hubo un breve momento de silencio, antes que de que volviera a hablar – Está bien, lo dejo en tus manos. Y dile a Jasper que te ayude, sabes que él tiene una gran capacidad para calmarle – silencio otra vez – Claro, te llamo apenas se despierte, adiós.
Hubo de nuevo un largo silencio, que fueron llenados por algunos suspiros, hasta que otra voz femenina habló, en ésta ocasión la reconocí enseguida, se trataba de Rosalie.
-¿Qué te dijo? - le preguntó me parece que a Alice. No sabia si ellas eran las únicas que estaban conmigo.
-Tu marido es un cabezota, pero sabe que al final yo siempre tengo razón – fue su única respuesta.
-¿Y Edward cómo está? - hizo otra pregunta Rosalie.
Al escuchar el nombre de mi amor, todos mis sentidos se activaron y de repente ya dejó de tener importancia el fuerte dolor de cabeza que tenia, o el hecho de que me sentía como si me hubiesen apenas drogado. A mi mente llegó la imagen de la camioneta que patinaba en la lluvia, mientras nosotros íbamos dentro. Habíamos tenido un accidente y enseguida me preocupé por Edward. Yo estaba bien, de eso estaba segura, pero y ¿Edward?. ¿Dónde estaba él? Y ¿Por qué escuchaba a Rosalie y Alice tan preocupadas?
-Emmett ha dicho que se ha encerrado en la habitación de mamá y papá desde que llegaron, y no ha dicho ni una palabra desde que se fueron de aquí. Rosalie no sé qué hacer, lo conozco y tengo una vaga idea de qué es lo que está pensando en estos momentos, y cómo se debe de estar sintiendo.
-Alice vamos un paso a la vez, ¿De acuerdo? - escuché el ruido sordo de movimientos y se me ocurrió pensar que se estaban abrazando – Por el momento vamos a esperar a que Bella despierte y la dejen marchar a casa, y después analizaremos la situación de Edward.
¿Qué situación?, no entendía nada, ¿Qué era lo que estaba ocurriendo?. Comprendí que haciendo creer que estaba dormida y escuchando la conversación que ambas estaban teniendo no iba a darme las respuestas que yo necesitaba y quería. Así que decidí que era el momento de "despertar" definitivamente. Solté un pequeño suspiro incómodo que esperaba fuese suficiente para llamar su atención y lentamente abrí los párpados, preparada en ésta ocasión para la luz que me encontraría. Escuché el sonido de tacones contra el suelo, y de repente Alice y Rosalie aparecieron en mi campo de visión.
-Oh menos mal – dijo Alice con alivio - ¿Te encuentras bien cariño? - me preguntó.
Pensé un momento en la respuesta a esa pregunta … Pero por supuesto que me encontraba bien, lo único que a mi me interesaba en éste momento era saber en dónde estaba Edward, y si era él quien estaba bien.
-Bastante – contesté finalmente, mi voz un poco ronca por el sueño. Ambas sonrieron por mi palabra.
-Gracias a Dios – me dijo Rosalie – Mira que nos has dado un buen susto – casi me reprendió.
Hasta aquí había llegado mi paciencia, basta con los formalismos. Yo lo único que quería era respuestas a mis preguntas.
-¿Qué fue lo que ocurrió? - pregunté por fin.
-Edward y tú habéis tenido un accidente con la camioneta – me explico Alice. Eso ya lo sabia – Han tenido suerte – habló de manera sombría – para tener esa clase de accidente y salir solo con una muñeca dislocada y un pequeña contusión, debes de ser la suerte personificada Bella.
-¿Ah? - pregunté confundida, ¿Qué muñeca dislocada?. Ya lo sospechaba que tenia una contusión, el fuerte dolor de cabeza que no me abandonaba tenia que ser indicativo de eso. Pero no me había percatado de nada más. Bajé la vista al resto de mi cuerpo y solo entonces noté que no era en una cama que me encontraba, era una camilla, pero no por eso dejaba de ser increíblemente cómoda. Tenia el brazo derecho enyesado, de hecho era extraño que no lo hubiese notado antes, porque ahora que sabia que estaba allí, me pesaba mucho esa extremidad – Oh – fue lo único que dije, sabiendo que mi boca había formado el arco perfecto de una O.
Hubo un largo silencio, en el que las dos mujeres que estaban conmigo en el pequeño cubículo de urgencias del hospital, se me quedaron viendo como esperando no sé qué. Cuando yo lo único que deseaba era preguntar por mi novio, pero de repente tenia miedo de hacerlo. Era como la cuestión filosófica del gato dentro de una caja, que hasta que no se abría la tapa, el gato estaba sea vivo que muerto. Así que ahora había la misma posibilidad de que Edward estuviese bien o no, y no me gustaba pensar en que la respuesta pudiera ser negativa.
Pero la cobardía no lleva a ninguna parte, así que inhalé una larga bocanada de aire antes de hacer la tan temida pregunta.
-¿Y Edward? - susurré.
No obtuve una respuesta enseguida y eso me asustó aun más, había escuchado a Alice decir que Edward estaba en la habitación de Carlisle y Esme, pero eso no hacia que estuviese más tranquila. Y ¿Si había imaginado todo y en realidad esa conversación nunca había tenido lugar?. Pero cuando estaba por entrar en pánico y repetir la pregunta, Rosalie me sonrió de manera tranquilizadora, aunque el gesto no llegó del todo a sus ojos.
-No te preocupes Bella, a Edward no le pasó nada serio. De hecho tú estás más herida que él, solo un pequeño corte en la ceja. Unos puntos, nada más.
Un enorme alivio recorrió todo mi cuerpo, y de repente me sentí veinte kilos más delgada. Edward estaba bien.
-¿Estás seguras? - quise confirmar - ¿En dónde está?.
Ante esa pregunta, cualquier rastro de sonrisa que pudiesen tener las dos en los labios desapareció, y fue sustituido por una mueca de preocupación.
- Estaba aquí hasta hace una media hora, pero … – me contestó Rosalie nuevamente, que de repente se detuvo, como tratando de pensar bien las palabras que quería decir – tuvimos que mandarlo a casa.
Eso no aminoró mis sospechas.
-No me mientan – exigí con toda la autoridad que era capaz de trasmitir en estos momentos – Sé que me están ocultando algo.
Ésta vez fue Alice la que habló.
-No te estamos mintiendo Bella, es la verdad – Ante mi mirada escéptica siguió – Déjame que te explique un poco lo que ocurrió desde nuestro punto de vista. Cuando estábamos en el restaurante esperando a por ustedes, nos llamaron de urgencias para decirnos que habían tenido un accidente y estaban aquí en el hospital. Aparentemente Edward llamó a una ambulancia después que chocaron. Apenas llegamos nos encontramos con tu padre y él nos contó que estabais bien, que Edward sufrió solo un pequeño corte y tú estabas descansando porque te habían dado un sedante. Nos dijo que Edward estaba aquí en el cubículo haciéndote compañía. Y así era, estaba qui a tu lado, sentado en ésta misma silla.
Me apuntó a la silla que estaba al lado de la camilla en la que me encontraba.
-¿Y qué ocurrió entonces? - pregunté - ¿Por qué tuvieron que mandarlo a casa? - sospechaba que no me iba a gustar la pregunta.
Otra vez la expresión sombría se hizo presente.
-Parecía no querer apartarse de tu lado – continuó Alice – Hubiese sido algo muy tierno y romántico si no fuera porque su estado nos alarmó a todos.
-¿Qué estado? - sentía la preocupación bullendo dentro de mi otra vez.
-No dijo ni una sola palabra en todo el tiempo que estuvimos aquí, Charlie nos dijo que estaba así desde que llegó y los para-médicos lo encontraron de esa manera – respiró un momento hondo, como tratando de controlar lagrimas que quisiesen escapar – Después de un poco nos empezamos a preocupar, temíamos que hubiese caído en un estado en shock, y el doctor sugirió que quizás era mejor mandarlo a casa, que al fin y al cabo tú te encontrabas bien y no era necesario que él estuviese aquí. No costó mucho conseguir que Emmett y Jasper se lo llevaran, prácticamente parecía un zombi.
Ya estaba, eso era todo lo que podía escuchar. Me senté en la camilla, con la clara intención de levantarme, pero Rosalie me lo impidió por completo colocando sus manos sobre mis hombros cuando estaba por tocar el suelo con los pies.
-¿Qué estás haciendo? - me preguntó como si yo fuese una niña de solo tres años, lista para ser reprendida. De repente me sentí mal por el bebé que estaba esperando, iba a tener una madre demasiado sobre protectora.
-Me voy a buscar a Edward, - apunté a lo obvio – es evidente que en éste momento él me necesita y no pienso quedarme aquí acostada mientras lo pasa tan mal.
- No te puedes ir del hospital hasta que el doctor te dé el alta, además te recuerdo que tienes una pequeña contusión. No puedes ir por allí caminando como si nada – me regañó – si tanto estás preocupada por Edward, piensa en él. ¿Cómo crees que reaccionará si te desmayas en frente suyo?.
Y tuve que reconocer que en esto tenia razón. Aunque acepté la derrota de mala gana.
-Entonces ¿Podéis ir a buscar al doctor por favor? - casi supliqué.
-Charlie está hablando con él, no deben de tardar mucho en volver – me contestó Alice.
Y como si esa hubiese sido la señal, la cortina que separaba mi cubículo de los otros o del pasillo se descorrió, y entraron Charlie y otro hombre que yo ya había visto antes. Era el doctor Marco Volturi, el mismo que me había atendido cuando tuve el accidente con la moto, esa noche que descubrí a quien pertenecía esa tumba que Edward visita todos los días. Ninguno de los dos perdió tiempo en posar sus ojos sobre mi, y darse cuenta que yo ya estaba despierta y sentada en la camilla.
-Ah señorita Swan – me dijo el doctor en tono afable – Qué bueno ver que ya se ha despertado.
Charlie se acercó a mi, y con un gesto muy poco propio de él, retiró los cabellos que me habían caído sobre la frente.
-¿Cómo te sientes Bells? - me preguntó con una extraña voz, y supe que de verdad había estado muy preocupado por mi. Pobre Charlie.
-Me siente bastante bien, la verdad – le contesté, y después me dirigí hacia el doctor - ¿Cuándo me puedo ir a casa?
El doctor Volturi me sonrió compresivo y se acercó hacia mi.
-Enseguida, solo déjeme comprobar un par de cosas – acercó la luz de una linterna a mis ojos e hizo los chequeos de pupila que se hacen siempre en estos casos – Muy bien, ya está. De verdad señorita Swan que no sé que ángel deben de tener usted y el joven Edward, mire que tener un accidente como el que ustedes tuvieron y salir con heridas que son prácticamente mínimas. Eso si que es tener suerte.
-Si, supongo que es suerte - Contesté con una sonrisa insegura.
-Ya se puede marchar a casa – firmó unos papeles que había traído consigo y se los entregó a Charlie – Pero apenas sienta algo, como un mareo o nauseas, quiero que vuelva de inmediato aquí, por favor.
-Claro doctor – le dije bajándome por fin de la camilla y tratando de acostumbrarme al peso que mi brazo enyesado representaba.
El doctor lanzó un asentimiento en dirección de Charlie, murmuró un "Hasta luego" y se alejó de nosotros. La siguiente fue Rosalie.
-Si me disculpan, voy a llamar a Emmett para decirle que ya te dieron de alta Bella, y que pronto llegaremos a casa – y con eso ella también se alejó, marcando unas teclas en su móvil y llevándoselo a su oreja.
-Vamos a casa Bella – me dijo Charlie, caminando a mi lado.
Yo le negué con la cabeza, y me giré a mirar a Alice.
-Yo me voy contigo – le dije a la pelinegra.
-¿Que? - fue la respuesta simultánea y asombrada de los dos.
Al parecer no entendían mis motivaciones, cuando para mi era más que evidente, así que me apresuré a explicárselas.
-Tengo que ir con Edward – más simple que eso.
El rostro de Alice fue de comprensión, cariño y agradecimiento, y si no supiese ya que ella me aceptaba como la novia de su hermano, seguro que con esto me la hubiese ganado.
-Bella créeme que te entiendo, de verdad que si. Yo también estoy muy preocupada por Edward. Y aunque me cueste reconocerlo, y espero que nunca se lo digas a los demás, Emmett tiene razón. Mi hermano en éste momento lo que necesita es estar solo, sospecho que todo lo que le ha ocurrido le ha abierto las heridas de hace diez años atrás, y necesita tiempo para asimilarlo todo. Además recuerda lo que te dijo Rose, primero tienes que pensar en tu salud. Lo que deberías hacer ahora es ir a casa y descansar.
Odiaba admitirlo, pero su razonamiento no daba lugar a discusiones.
-Está bien – accedí, y le asentí a Charlie para hacerle saber que sí me iría con él.
-Cuidate mucho – me dijo Alice, y se acercó para darme un abrazo – Y haznos saber cualquier cosa – siguió después de haberse apartado de mi.
Asentí.
-Lo mismo digo – le pedí, esperando que entendiera que hablaba de su hermano.
Claro que lo hizo, porque me contestó con su manera característica : un guiño en el ojo.
-Muchas gracias por todo – le dijo Charlie posando una mano sobre su hombro.
-No hay de qué jefe Swan, nos vemos pronto.
Y con eso Charlie y yo nos alejamos de ella, caminando hacia la salida. Mientras ella se quedaba esperando seguramente a Rosalie.
Cuando salimos del hospital, noté lo oscuro que se había puesto el cielo y la cosa me sorprendió. ¿Tan tarde así era?, cuando Edward y yo salimos del cementerio era apenas la una de la tarde. ¿Cuánto tiempo había estado en el hospital?.
-¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? - le pregunté a Charlie.
Él se giró a observarme.
-Unas cuatro horas, minuto más, minuto menos – al ver la cara de asombro que seguramente debía de tener en esos momentos, soltó una risotada – La verdad es que despertaste en un par de ocasiones, pero no hacías más que decir incoherencias, y después te volvías a dormir. No te acuerdas de nada ¿verdad?.
Negué con la cabeza, aun sorprendida.
-Supongo que es normal cuando uno se golpea la cabeza de esa manera, aunque el golpe haya sido tan pequeño como el tuyo – siguió hablando, hasta que llegamos a su coche patrulla.
-Siento mucho el susto que te di – murmuré después de habernos subido en nuestros asientos.
Él sonrió como con pesar.
-Hija, lamento decirte esto, pero a mi parece que tu segundo nombre debería haber sido "accidente" - dijo con ironía, y tengo que admitir que lo prefería así a angustiado.
- Eso ya lo sé – contesté con falsa resignación.
Charlie sonrió un momento, antes de volver a ponerse serio.
-Doy solo gracias de que no fue nada grave.
Arrancó el coche y solo en ese momento caí en la cuenta de que íbamos a volver a casa con su coche, justo lo que intentaba evitar siempre : ir por la ciudad con el coche oficial del jefe de policías.
-¿Dónde está mi camioneta? - le pregunté.
Todos no paraban de decir que era una suerte que Edward y yo hubiésemos salido casi ilesos después del accidente tan fuerte que tuvimos. Y eso me hacia pensar en mi camioneta, ¿Cómo había quedado la pobre?.
Charlie soltó un largo suspiro.
-Lo siento Bells, pero la tuvieron que llevar al desguace.
Oh no.
-¿Tan grave así es?
-Me temo que si, no hay nada que hacer. Lo siento mucho hija, ya te compraré otro coche. Podemos ver si Jacob está dispuesto a reconstruirte otro – ofreció.
-No pasa nada, papá. Son cosas que pasan, lo entiendo – traté de restarle importancia, pero tenia que reconocer que me dolía haber perdido a mi pequeña. Después de todo fue mi primer coche.
-Esa es mi chica – dijo con una sonrisa orgullosa, continuando con la conducción.
Estuvimos en silencio varios segundos, antes de que se me ocurriera otra cosa.
-¿Se lo has dicho a mamá? - pregunté en tono de alarma.
A Renée la paranoica, a mi madre la que exageraba todo, la que cuando me corté la uña con un cuchillo a los 14 años se acusó de ser una mala madre, porque no había estado a mi lado para impedirlo. Si sabia lo que me había ocurrido, sería una emergencia de estado para ella.
Charlie sabia de lo que estaba hablando, a qué me refería. Pero parecía reacio a darme la razón.
-Intenté llamarla al móvil, pero parece no tener cobertura. Después me acordé que me habías dicho que hoy tomarían otro avión, así que supuse que era por eso. Pensé en dejarle un mensaje, pero al final decidí que era mejor esperar a que despertaras, para que ella misma pueda comprobar que estás bien. Ahora cuando lleguemos a casa, la llamaremos.
Bien, aun podía convencerlo de lo contrario.
-Mejor que no se lo digamos – pedí, con mis mejores ojitos de cachorro. Esos que había aprendido de Edward y Alice.
Pero sabia que aun me faltaba practica, porque él me miró perspicaz.
-Bella, no puedo hacer eso. Es tu madre, tiene derecho de saber. Ya la ultima vez me dejé convencer, pero hoy … - no le dejé seguir y le interrumpí.
- Papá tú la conoces, sabes como es ella. Si se enterara, por mucho de que yo hablara con ella y le asegurara que estoy bien. Es muy capaz de venirse para Forks, y aparecer mañana por la mañana en la casa para cuidar de mi.
Sabia que lo que estaba haciendo era chantaje puro y bueno, pero era mi ultima carta. Se quedó callado un buen momento, y pensé que no iba a contestarme más, pero al final soltó un suspiro resignado y asintió.
-Está bien, lo dejo a tu juicio. Decide tú si se lo quieres decir o no.
No pude evitar sonreír por la victoria.
-Gracias.
-Ni lo menciones – me atajó con un murmullo – Pero si se llega a enterar, que conste que cargaras tu con la culpa.
-De acuerdo – acepté su compromiso.
Llegamos a casa y Charlie apagó el motor del coche. Bajamos sin más y entramos. Yo tenia bastante claro lo que tenia que hacer ahora. Fui a coger el teléfono y marqué un numero que ya me sabia de memoria, era bastante incómodo hacerlo todo con la izquierda.
Repicó dos veces antes de que alguien me contestara.
-¿Diga? - era la voz de Jasper.
-Jasper, soy Bella.
-Oh Bella – escuchaba la sonrisa en su voz – Ya Rosalie nos llamó para decirnos que te habían dado de alta, ¿Cómo estás?, ¿Cómo te sientes?
-Estoy perfectamente, te aseguro que parece más de lo que es.
-Me alegro mucho escuchar eso, nos has dado un buen susto a todos.
Asentí y después recordé que él no podía verme.
-Lo siento mucho, pero de verdad que estoy bien. ¿Rosalie y Alice ya han llegado?
-No, han dicho que pasarían antes por el restaurante para comprar algo de comida, como entenderás aquí nadie tiene ganas de cocinar nada.
Claro que lo entendía, porque a mi me pasaba lo mismo. Suerte que la nevera estaba llena de sobras, porque eso era lo que íbamos a cenar Charlie y yo. Pensé que hasta aquí habían llegado las conversaciones educadas, había un solo motivo por el que había llamado.
-¿Y Edward? - pregunté en un hilo de voz, esperando que me hubiese escuchado de todas formas.
Lo escuché suspirar.
-Supongo que Alice y Rose te han contando lo que ocurrió en el hospital, ¿Cierto?.
-Si.
-Se ha encerrado en la habitación de Carlisle y Esme desde que llegamos, y aun no ha dicho ni una sola palabra. Estoy muy preocupado por él, Bella – habló como si me estuviese confesando algo.
-Yo también – fue lo único que logré decir.
Cambió el tono de su voz a uno más alegre cuando me volvió a hablar.
-Estoy seguro de que únicamente necesita tiempo, pronto volverá a ser el de siempre. Ya verás – me dijo de manera alentadora, pero tenia la sospecha de que ni él mismo creía en sus propias palabras.
-De acuerdo – aun así las acepté – Pero prométeme que me vas a llamar si ocurre cualquier cosa – pedí.
-Sabes que sí, eso no hace falta ni que lo digas.
-Te tengo que dejar Jasper – le dije cuando vi a Charlie bajando las escaleras con el chandal que usaba para estar en casa y una camiseta blanca, seguro que tenia hambre.
-Claro, descansa Bella. Ya hablamos.
-Hasta luego – Y con eso terminé la llamada.
Me fui hacia la cocina y calenté algo para Charlie, después comí hasta que mi estómago protestó. Me tomé un par de aspirinas para el dolor de cabeza y decidí que necesitaba un buen baño caliente. Que el agua relajara todos mis músculos, lavarme el cabello y acostarme limpia.
Cubrí mi yeso con plástico y una bolsa y me fui hacia el baño de arriba. Abrí el grifo de la ducha, para que el agua se calentara mientras me quitaba la ropa. Cuando me metí en la ducha, el agua estaba que hervía, pero mi cuerpo le dio la bienvenida a esa sensación. No estoy muy segura de cuanto tiempo tardé en ducharme, pero creo que incluso más de una media hora. Siempre se tarda más cuando se tiene la mano dominante imposibilitada, hacia ya varios años que no me encontraba en ésta situación. Pero al final supongo que esto es como conducir en bicicleta, nunca se olvida, porque después de un poco conseguí lavarme el cuerpo y el cabello con la mano izquierda.
Cuando acabé mi piel emanaba humo de lo caliente que estaba el agua, salí del baño y me sequé. Me vestí con un pijama que básicamente consistía en un pantaloncillo corto y una vieja camisa. Bajé las escaleras con la ropa sucia hecha una bola debajo de mi brazo derecho, y un cepillo para el cabello en la otra mano. Estaba entrando en el lavandero cuando escuché llamar a la puerta, pero dejé que fuera Charlie quien contestara, al fin y al cabo él estaba en la sala viendo en la tele el partido del día.
-Edward hijo, ¿Qué estás haciendo aquí? - escuché que decía Charlie desde la sala.
Al escuchar su nombre, dejé la ropa sucia en el suelo del lavandero, sin preocuparme por meterla en la lavadora, y me di la media vuelta para volver hacia la sala. ¿Había escuchado bien?, puede que a lo mejor no, quizás mi mente me estaba jugando una mala pasada y estaba imaginando cosas, puede que …
Me paré en seco al llegar a la entrada, Charlie lo había dicho bien, allí estaba él … Apoyado en el marco de la puerta, jadeando y sudando como si hubiese apenas corrido la maratón, con los cabellos más desordenados que nunca, noté en seguida la tirita blanca que protegía los puntos que tenia en la ceja derecha, seguro que le dejaría una cicatriz.
-Edward – modularon mis labios, pero la habitación estaba tan en silencio que se escuchó como si lo hubiese gritado.
Eso pareció hacerlo reaccionar, porque atravesó el espacio que nos separaba casi corriendo, hasta que me abrazó. Sus brazos rodearon mi cintura con fuerza, no me hacía daño pero aun así el apretón era bastante firme, y enterró su rostro en mis cabellos mojados. Mis brazos automáticamente se enroscaron alrededor de su cuello, teniendo mucho cuidado con mi yeso. Estaba temblando, a simple vista no era perceptible pero yo lo tenia entre mis brazos, y podía sentir como su cuerpo se convulsionaba suavemente. Tracé un unos cuantos círculos en su espalda, que esperaba fuesen de consuelo, antes de encontrar la voz para volver a hablar.
-Edward, ¿Qué estás haciendo aquí? - repetí la pregunta de Charlie.
Él se apartó de mi, pero no me contestó, solo se me quedó mirando a los ojos. Recordé la primera vez que vi los ojos de Edward, en ese momento pensé que parecían no tener vida; ahora en cambio estaban llenos de sentimientos. ¿Cuántas emociones eran capaces de contener esas hermosas esmeraldas?. Había amor, alivio, dolor, adoración … ¿culpa?.
Cuando entendí que no iba a obtener una respuesta a la pregunta que había hecho, pensé que quizás podía cambiar de táctica y probar con otra.
-¿Cómo has llegado hasta aquí? - aunque en el fondo sabia que no me iba a gustar la respuesta a ésta en particular.
-Con mi bicicleta – me dijo, como si fuera lo más obvio del mundo.
Y no me equivoqué en lo que había pensado antes. Ahora, yo no me quiero comportar como Renée, Charlie, o incluso como su familia. Pero ¿Es que estaba loco?. ¿Cómo se le podía ocurrir cruzar toda la ciudad en su bicicleta a éstas horas de la noche? Forks tenia un bajo indice de delincuencia, pero la gente asquerosa vive en todas parte. Y si no era una cosa, era la otra. Se veía que estaba por empezar a llover nuevamente dentro de poco, y podía haberle cogido la tormenta.
Me mordí la lengua antes de empezar a regañarle como se merecía, yo era su novia, no su madre. Pero aun así me costó bastante conseguirlo. Aunque al final fue él mismo que hizo que me olvidara de todo, cuando posó su mano en mi mejilla y la ahuecó. Después de lo que pareció un largo minuto, con el pulgar empezó a acariciar mi pómulo y habló.
-Lo siento tanto, Bella – susurró, con lo que parecía remordimiento.
Sus palabras me dejaron confundida, ¿Qué podía lamentar él?.
-¿Por qué? - pregunté.
Pero nuevamente no me respondió, y me continuó mirando como si yo fuese una divinidad a la que él rinde culto. Hasta que escuchamos a alguien aclarándose la garganta a nuestras espaldas, y nos encontramos con Charlie al girarnos. Vaya, había hasta olvidado que estaba aquí.
-¿Sabe tu familia que estás aquí, Edward? - preguntó Charlie. Daba la impresión que se encontraba incómodo en nuestra presencia, y creo que puedo entenderlo. Me imagino solo la clase de imagen que trasmitíamos Edward y yo hace un segundo.
-Si – contestó Edward de inmediato, quizás demasiado de prisa … cerró los ojos un momento y suspiró antes de volverlos a abrir – No – rectificó – Puede que sí. No lo sé, si ya se dieron cuenta que no estoy, seguro que imaginan que vine para acá. Pero si no han notado mi desesperación, entonces no saben nada.
Ésta vez fue Charlie el que suspiró, aunque el suyo más bien parecía de cansancio, como si los eventos vividos el día de hoy lo hubiesen envejecido diez años.
-Entonces voy a llamarlos para avisarles, antes de que me llamen ellos a mi – dijo, alejándose de nosotros para dirigirse a la cocina, pero antes de llegar se dio la media vuelta y nos miró – Para lo que puede contar chico, Feliz cumpleaños – le dijo a Edward.
Edward hizo una mueca imperceptible antes de contestar.
-Muchas gracias Jefe Swan, y lamento el susto que pasó el día del hoy.
Charlie le sonrió con comprensión.
-Lo importante es que los dos estáis a salvo – volvió a girarse y entró por fin en la cocina.
Una vez más, volví a centrar toda mi atención sobre Edward, aun me parecía increíble que estuviera aquí.
-¿Cómo estás?, ¿Cómo te sientes? - pregunté, recordando lo que me habían dicho sobre cómo se encontraba. ¿Había salido ya de su estado de shock?.
Él me sonrió con ironía.
-Esa pregunta debería haberla hecho yo, después de todo tú fuiste la que se llevó la peor parte – dijo nuevamente con esa sensación que trasmitía culpa.
¿Qué era lo que le pasaba?
-¿Lo dices por esto? - pregunté en tono jovial, mientras levantaba el brazo que tenia enyesado – No es nada a lo que ya no esté acostumbrada, de hecho lo único que lamento es que se ha roto el récord que tenia sin ninguna extremidad enyesada, pero para el resto me da igual.
-¿Y no se te ha ocurrido pensar que el récord se rompió por mi culpa? - pensaba que debería ser una pregunta hecha a forma de broma, pero la seriedad con la habló y la intensidad con la que me miraba, me pusieron en estado de alerta.
Algo en mi estómago se comprimió, y supe que las cosas no iban bien. Pero antes de que pudiera decirle alguna otra pregunta, él me quitó el cepillo que yo tenia en la mano, el cual había olvidado que estaba allí.
-¿Me dejas peinarte? - me preguntó con timidez.
Sentí mis mejillas arder cuando recordé que mis cabellos estaban hechos una completa maraña, seguro que tenía un aspecto espantoso. Le asentí, sin ser capaz de decir nada, y Edward tomó mi mano y me llevó a uno de los dos sofás que se encontraban en la sala. Una vez que estuve sentada, él lo hizo a mis espaldas y empezó a peinarme. Sus movimientos eran tiernos y delicados, incluso cuando se encontraba con algunos de esos nudos que mi cabello era bastante famoso por crear, y pronto me encontré relajada con mi espalda casi apoyada sobre su pecho, mientras él continuaba con su labor.
Hasta que volvió a aparecer Charlie de la cocina y nos interrumpió.
-Acabo de hablar con tu hermano, Edward – dijo Charlie – Has tenido suerte, ni siquiera se habían enterado de tu desaparición. Le he dicho que si quieres, puedes pasar la noche aquí. En el sofá – me especificó, cuando vio la cara que asombro que yo tenia por su ofrecimiento – mientras tú Bella, dormirás en tu habitación. Después de todo ha empezado a llover bastante fuerte. Emmett ha dicho que no hay problema, pero que si cambias de opinión, llames y alguien vendrá a buscarte. Ha dicho también que mañana él pasará a recogerte sobre las nueve de la mañana.
-Muchas gracias señor.
Charlie asintió a su agradecimiento.
-Me voy a acostar, mañana tengo que madrugar. Pero que no se les ocurra a ustedes dos pasarse de listos. Ésta casa es bastante pequeña, y las paredes en ocasiones parecen de cartón. Tengo la habilidad de dormir con un ojo abierto, una pistola y poseo permiso para usarla.
Suprimí una risa avergonzada, esto era más del Charlie que yo conocía.
-Papá – me quejé con un gemido.
-Lo digo en serio Bella.
-No se preocupe señor, yo jamás sería capaz de propasarme con su hija – le aseguró Edward.
-Eso lo sé, y por eso es que te permito pasar la noche en mi casa. Pero las advertencias nunca están de más, un día lo entenderéis – suprimió un bostezo – En fin, ahora sí me voy a la cama. Buenas noches chicos – nos dijo, subiendo las escaleras.
-Buenas noches papá.
-Buenas noches señor.
Dijimos Edward y yo a la vez.
Cuando volvimos a quedarnos solos, Edward reanudó lo que estaba haciendo y el silencio reinó entre nosotros, mientras él terminaba de peinar los últimos mechones de mi pelo que faltaban por ser desenredados. Al acabar, dejó el cepillo sobre la mesilla que estaba en frente del sofá, y lo sentí acercar su rostro a mi cuello. Inhaló profundamente y depositó un beso en la base de mi nuca.
-Dios, cómo voy a echarte de menos – lo escuché murmurar, y tuve como la impresión de que yo no tenia que haber escuchado nada, que hablaba para sí mismo.
Sentí la adrenalina corriendo por todo mi cuerpo, ¿De qué estaba hablando?. Algo no iba de verdad bien, ya estaba segura de ello. Éste no era mi Edward, por lo menos no del todo. Algo estaba pasando por esa cabeza suya, y sea lo que sea, sabia que no me iba a gustar.
Me giré hacia él, y me aseguré que observaba directamente sus ojos mientras le hablaba.
-¿Qué has querido decir con eso? - le pregunté.
Él me miró sorprendido, evidentemente no se esperaba que yo captaría sus palabras. Se mordió un momento el labio inferior, dudoso. Aunque después volvió a cerrar los ojos y a suspirar, por la expresión de su rostro, cualquiera diría que se estaba preparando para ir al pabellón de fusilar.
-Primero que nada Bella, necesito que me perdones.
-¿Perdonar qué? - Yo no tenia nada que perdonarle a él.
-Todo lo que te he hecho pasar desde que nos conocimos – dijo con remordimiento – Los malos momentos, las peleas en el instituto, que te hayan apartado de todos. Tú no te merecías nada de eso.
-Edward, por Dios. Nada de eso ha sido culpa tuya – lo corté con exasperación.
Pero él parecía no haberse ni percatad de la interrupción, porque siguió hablando como si nada.
-Y lo que es peor aun, perdoname por lo que ocurrió hoy. Perdoname por el accidente, podías haber muerto y todo ha sido culpa mía . Esto es lo que me pasa por querer festejar mi cumpleaños otra vez – concluyó y desvió la atención de mis ojos a sus manos.
A éste punto no lo aguanté más, ¿Qué clase de tonterías estaba diciendo?. Posé la mano "buena" sobre su mejilla para llamar su atención, y parece que tuvo resultado porque volvió a levantar el rostro, y noté que sus ojos estaba brillosos, con lagrimas que estaban amenazando con querer escapar.
-¿Cómo puedes decir que el accidente ha sido culpa tuya? - pregunté de manera retórica – Nada de todo eso que has dicho es culpa tuya, y tanto menos el accidente. De cualquier manera, si alguien tiene la culpa aquí, esa debería ser yo. Era yo la que conducía, la que perdió el control de la camioneta y si nos hubiese pasado algo, si tú hubieras mu-muerto – un espantoso escalofrío recorrió mi espalda solo de pensar en esa idea, y me obligué a ignorarlo. Edward estaba bien, no había pasado nada – la culpa sería solo mía. Debería ser yo la que pida perdón.
No sé si mis palabras fueron registradas por su cerebro y simplemente las estaba ignorando, o si de verdad tenia la cabeza en otra parte. Porque lo siguiente que dijo no tenia nada que ver con lo que estábamos hablando, y me dejó de piedra.
-Creo que deberíamos terminar nuestra relación.
Literalmente pude sentir como la sangre desaparecía de mi rostro, y bajaba la mano. Por un momento pensé que tendría que volver al hospital, porque sentí unas nauseas terribles. ¿Había escuchado bien?. Ésto tenia que ser una broma de muy mal gusto.
Edward desvió la mirada y continuó …
-Esto no va a ninguna parte, y creo que es mejor para los dos y acabamos las cosas aquí.
Quizás soy demasiado presuntuosa, quizás tengo el auto-estima muy alto, pero supe que era una mentira en el mismo momento en el que las palabras salieron de sus labios. Volví a levantar la mano, solo que ésta vez la llevé a su barbilla para obligarlo a girar la cara en mi dirección, necesitaba verle los ojos.
-Mírame a los ojos y vuelve a decirme eso último que has dicho. Dime que no me quieres Edward, que no sientes nada por mi, que éste tiempo que hemos estado juntos no tiene ningún significado para ti. Dímelo y te prometo que te dejo en paz, que yo misma accederé a terminar nuestra relación – nunca había hablado con tanta fiereza en mi vida, pero necesitaba saber. Que él fuera honesto conmigo.
Pero la pregunta era, ¿Y si me había equivocado?. Si Edward no mentía, ¿Sería yo capaz de cumplir con lo que había prometido?.
Me pareció que estuve esperando horas por su respuesta, pero seguramente se trató solo de segundos.
-Yo … n-no … y-o no... Yo no te … - empezó a tartamudear. Hasta que pareció darse por vencido y soltó un suspiro derrotado, volvió a desviar la vista de mi a sus mano.
Yo solté el aliento que no sabia que estaba reteniendo.
-Dime por favor qué es lo que te pasa, y ésta vez sé honesto conmigo – pedí, casi supliqué.
-¿Que no lo entiendes que lo hago por tu propio bien! - casi me gritó, poniéndose de pie y empezando a caminar como un animar enjaulado por la sala.
Parecía haberse olvidado de la presencia de Charlie en el piso de arriba. Esperaba solo que esto no llamara su atención, lo que menos necesitaba ahora era una interrupción por parte de mi padre.
-¿Qué es lo que no entiendo? - por poco igualé su tono de voz, de la desesperación. Pero logré controlarme. Me levanté yo también y caminé hacia él, para pararme a su lado y detenerlo en su andar frenético.
-Estoy maldito, Bella – me dijo cuando nuestros ojos se encontraron. Las lagrimas que antes estaba aguantando había ganado la batalla, y ahora había dejado un rastro de humedad en sus mejillas.
De todas las explicaciones que yo no me podía haber imaginado, lo que es evidente es que ésta no es una de ellas.
-¿Qué? - pregunté en un susurro confundida. La verdad, cada vez entendía menos.
-Estoy maldito – repitió, como si no lo hubiese escuchado ya la primera vez – Estoy destinado a hacerle daño a las personas que yo más quiero en éste mundo. A matarlos … - concluyó, y puso toda mi piel de gallina.
-No digas eso – pedí, notando que mis propias mejillas estaban más empapadas que las suyas.
Mi pobre Edward.
-¿Te he dicho alguna vez que yo fui un niñito de mamá y papá? - preguntó, yo solo le asentí. Preguntándome internamente qué tenía esto que ver con nada – Supongo que tiene que ver con las circunstancias de mi nacimiento, pero mis padres me veían de una manera especial, casi diferente de como miraban a Emmett y a Alice. Y yo los adoraba, tú no tienes ni idea de cómo quería yo a mis padres. Quería a toda mi familia, por supuesto. A mis hermanos, a mis tíos, a mi prima, incluso a los amigos que tenia en esa época. Pero nadie ocupaba el lugar de mis padres, ellos estaban en lo alto de mi lista de afectos.
-Entonces los perdí. Y no lograba entender por qué, ¿Por qué si yo los quería tanto, la vida tenia que habérmelos arrebatado?. Pero lo que nunca comprendí fue la verdad, los detalles que antes se me escapaban. El día de mi cumpleaños, que se fuesen los dos casi a la vez, que de ese maldito coche, solamente yo saliese con vida. No lo vi claro hasta el día de hoy, fue todo por mi culpa. Yo maté a mis propios padres.
-¡Pero por supuesto que no! - ahora sí que grité, estaba al punto de la histeria – Fue un accidente, y tú no tienes la culpa de nada. Si quieres echarle la culpa a alguien, hazlo a ese conductor borracho que se atravesó en vuestro camino. Él tiene toda la culpa de todo, de que ellos ya no estén aquí con ustedes, de lo que has sufrido y todo lo que has tenido que vivir en los últimos diez años.
Sonrió con ironía a través de la lagrimas que brotaban de sus ojos.
-Tú no lo entiendes, ¿Verdad? - me habló como si yo fuese una niña de tres años – La vida está empeñada en quitarme todo lo que yo más quiero en éste mundo. Porque primero fueron mis padres, y mis hermanos tuvieron que sufrir por mi maldición, y ahora estás tú. Porque mientras que cuando era pequeño, mis padres eran las personas que más amaba. Ahora tú eres el centro de mi universo. Te amo, Bella. Te amo como jamás pensé que llegaría a amar a nadie. Cada centímetro de mi cuerpo, cada célula te pertenece. Y no puedo permitir perderte. No voy a dejar que sufras por algo que no es para nada culpa tuya. Aunque me mate, prefiero verte viva lejos de mi, que muerta en mis brazos.
Si mi corazón hasta éste punto no estaba ya acelerado, con sus palabras llegó a la velocidad de a mil por hora. Me amaba, había dicho que me amaba con la palabras claras. Y mientras que las circunstancias en la que lo había hecho no eran precisamente de las mejores, una parte de mi no podía dejar de sentirse dichosa ante esa revelación. Pero ahora mismo tenía otro problema entre manos, tenia que hacerle entender todo lo absurdo que era eso que estaba diciendo. Bueno, menos la parte en la que me amaba.
Volví a levantar la mano y la ahuequé en su mejilla.
-¿Edward te estás escuchando? - le hablé con ternura – Nada de lo que dices tiene sentido. El accidente que tuvimos hoy fue precisamente eso, un accidente; no el resultado de una maldición. Y la culpa ha sido mía, no tuya. No permitas que nada de lo que ocurrió hoy te haga creer todo eso. Son cosas que pasan, y tenemos que dar gracias a Dios, y quizás a tus padres y a mi abuela, que estamos bien y salimos casi ilesos. Y mirar hacia adelante, eso es todo.
Él me miró por un largo rato, como perdido.
-Yo no podría soportar perderte – me dijo en susurro, como si todo los eventos del día lo hubiesen dejado agotado, y ahora se sintiese derrotado.
Sonreí, deseando poder prometer que nunca lo haría, pero sabia que sobre esas cosas uno no tiene control. Pero si podía hacerle ver las cosas desde otras perspectiva.
-A mi me pasa igual, ¿sabes?. Yo también te amo, te amo con todo mi ser. Y antes cuando me dijiste que querías terminar conmigo, por un momento sentí que me moría.
-Y ¿si el accidente de hoy es una advertencia?, ¿Si la próxima vez es peor?. ¿Si te pasa de verdad algo por mi culpa? - lo volvió a intentar.
Coloqué el dedo indice sobre sus labios para silenciarlo, y fui a apoyar la cabeza en su pecho, enseguida sus brazos rodearon mi cintura, mientras yo me deleitaba con su embriagado aroma.
-Quiero correr mis riesgos, estando a tu lado todo vale la pena. Si se trata de eso, de que quieres dejarme porque crees que es lo mejor para mi, no es un motivo suficiente. Y te equivocas, tú eres mejor para ni, yo lo sé. Por lo menos deja que sea yo la que tome esa decisión. ¿Lo harás?
Levanté el rostro para mirar es suyo, mientras me daba su respuesta. Él solo me asintió.
-Yo te amo Edward, y ahora que sé que tú también me amas, eso es lo único que tiene importancia para mi.
Sonrió ligeramente, pero aun así era la primera sonrisa sincera que le veía mostrar esa noche.
-Te amo – fue lo único que me dijo, antes de descender para darme finalmente el beso que estaba esperando desde que lo vi en la puerta de mi casa.
No tenia ni idea de lo que nos aguardaba el destino, qué nos encontraríamos en el mañana. Pero en ese momento nada de eso importaba. Lo importante era el hoy, nosotros y el amor que compartíamos. Todo lo demás podía espera.
Continuará …
Lamento todo lo que tardé, no saben cuanto. Pero así como ocurrió el año pasado en ésta época, estaba en exámenes y rara vez tenia tiempo para escribir. Pero por fin he regresado y lo hecho de la mejor manera posible, publicando el capitulo nuevo en el cumpleaños de Edward. ¿A que es maravillosa la coincidencia :P? De verdad que no me había dado cuenta hasta hace unas horas de que encajaba perfectamente de esa manera...
En cuanto a éste capítulo, sé que muchas se esperaban ésta reacción por parte de Edward. Y es como yo creo que Bella tenia que haber reaccionado en Luna Nueva cuando él la deja. Pero bueno, es mi opinión.
En unos días estoy de vacaciones, y tengo una nueva meta para el verano : Lograr terminar la historia en estos meses. Faltan unos cuatro capítulos para el final. Espero solo cumplir con lo prometido :P..
No se olviden de comentar y hacerme saber lo que piensan... ¿Ustedes qué creen que ocurrirá ahora?. Yo ya lo tengo planificado, pero estoy abierta a las ideas ;).
¡Con éste capítulo llegamos a los 500 reviews!, nunca imaginé esto cuando empecé a escribir la historia... ¡Sois los mejores!
Besos, Ros.
