Lo sé, no tengo palabras ni disculpas. Simplemente una vida muy ocupada, y la inspiración para éste capitulo se había escapado por la ventana. Fue un proceso muy duro escribirlo, y de gota en gota, por decir que la última escena la escribí antes, la del medio de último y cosas así, y después lo armé como si se tratara de un puzzle. Pero ahora por fin ya está aquí, y no me voy a alargar más, espero solo que les guste.
Crepúsculo y sus personajes no me pertenecen, yo solo me adjudico las tramas de mis historias.
Desaparecido.
Di la enésima vuelta en la cama … levanté la vista hacia el reloj, marcaba las 00:53. Llevaba ya dos horas intentando dormir sin éxito, supongo que no tenia que haber tomado tanto té helado en la cena. Era eso, o simplemente estaba emocionada por el día que me esperaba en unas horas, junto con Edward y su familia en la playa.
Ya sé que parece una tontería, pero estaba nerviosa ante la idea de que Edward me viera en bañador, sobre todo considerando el que Alice había escogido para mi. Era bastante bonito, eso si, de un azul Rey que tengo que reconocer le sienta muy bien a mi piel tan pálida; pero cuando me vi en el espejo de uno de los probadores de la tienda, me di cuenta de que las dos piezas del bañador no dejaban espacio a la imaginación, no sé si me explico.
Pero la única moraleja de todo esto es que no tienes que discutir con una mujer embarazada, mucho menos con dos. Porque tanto Alice, como Rosalie no me dejaron otra opción más que llevarme ese, ningún otro. Solamente logré convencerlas a que lo acompañaría con un pareo; mi única victoria.
Mi móvil empezó a sonar y yo me apresuré en salir de la cama para contestar antes de despertar a Charlie, tenia una ligera idea de quién era y no me entusiasmaba que mi padre supiera que hablábamos a éstas horas de la noche. No sé cómo se lo iba a tomar, a pesar de la gran opinión que tenia de Edward.
Sonreí un segundo al leer su nombre en el identificador de llamadas, y presioné el botón verde para contestar.
-Podría haber estado durmiendo, ¿Sabes? - le dije mientras volvía a la cama.
-Es un riesgo que tenia que correr – podía escuchar la sonrisa en su voz – Además yo suelo saber cuando duermes, incluso aunque esté cada quien en su casa.
-¿Ah si?, ¿Y cómo es eso? - No estaba muy segura de si quería saber la respuesta.
-Roncas peor que un camionero con enfisema.
-¿Qué!, ¡Eso no es cierto! - exclamé sin poderme controlar, después me acordé de Charlie que dormía del otro lado del baño y rogué por que no se hubiese despertado.
-Claro que si – prosiguió Edward – Declinas también los dientes. A veces te escucho desde aquí.
-¡Edward! - le reprendí, pero ésta vez procuré no levantar tanto la voz.
-Es una cosa muy tierna, en realidad. Como una mujer tan hermosa y delicada como tú puede hacer esos sonidos mientras duerme.
-¡Eso no es cierto! - repetí horrorizada.
¡Oh Cielos!, no voy a ser capaz de dormir otra vez en su presencia. Qué vergüenza.
Hasta que la risa de Edward se escuchó de la otra parte de la linea.
-Estoy bromeando cariño – me dijo – Es una lástima que no esté allí, me encanta la cara que pones cuando estás enfadada y apenada a la vez, es muy bonita.
Mi rostro se encendió.
-No es motivo para que digas esas cosas, ahora me has puesto la duda – admití y él volvió a reír.
-Te lo aseguro Bella, dices una que otra palabra sin sentido. Pero no te he escuchado roncar ni una sola vez.
-Bueno reconozco que no me sorprendería si ronco, quiero decir tanto Charlie como Renée parecen locomotoras.
-¿Renée también? - preguntó incrédulo.
-Oh, ella es la peor de los dos – no pude evitar reírme al recordar que incluso el mismo Phil no era capaz de dormir en sus primera semanas de casados. Le conté de lo que me estaba riendo y un par de anécdotas más y él también empezó a reír, estuvimos varios minutos así hasta que el silencio cayó.
-Ahora en serio – volví a hablar - ¿De verdad sabías que yo también estaba despierta?
-Ya te lo dije, era un riesgo que tenia que correr. Además era una corazonada, tenia la esperanza de que tú también estarías dando vueltas en la cama, pensando en mi.
-Qué presuntuoso es usted señor Cullen – le tomé el pelo – Reconozco que estaba despierta, pero ¿Qué te hace cree que estaba pensando en ti?
-Porque yo también estaba pensando en ti, y eso es porque te quiero. Por eso tenia la sospecha de que tú también te encontrabas en mi misma situación.
Por cada palabra que decía, sentía mis labios ensanchándose en una sonrisa.
-De acuerdo, está bien. Tienes razón, estaba pensando en ti, como siempre – reconocí.
-Si, yo también sufro de esa enfermedad llamada amor.
-Somos dos enfermos que no deseamos la cura.
Volvimos a reír, qué buen humor teníamos ésta noche. No dejaba de asombrarme y de gustarme lo mucho que se había abierto y relajado en las últimas semanas. Tiene una chispa que cuando él entra en una habitación, incluso sin querer llama tu atención. El Edward que siempre ha existido y estaba escondido. Fue por ese motivo que me atreví a sacar el tema a colación.
-Hoy en la cena Charlie lanzó su primera indirecta sobre la universidad – comenté como si nada.
Retuve el aliento mientras esperaba su respuesta. Qué alivio sentí cuando por fin habló.
-¿No es aun un poco pronto? Quiero decir ni siquiera hemos empezado el último año – dijo con nada más que confusión.
-¿Y lo dices tú? - continué – Es tu familia la que lleva meses diciéndote las universidades a las que quieren que vayas.
-No, es distinto – especificó – aun no me lo han dicho abiertamente, solo me han dejado folletos en cada rincón de la casa para que yo sepa su preferencia. Espérate a septiembre, al primer día de clases, ya me lo estoy imaginando : Tendremos una conversación en la mesa que durará como mínimo dos horas, habrá gritos, discusiones, risas, algunas lagrimas y hasta abrazos. Tengo solo que prepararme mentalmente para ello.
-Me suena a una típica escena de una familia moderna – bromeé, aunque sabia que es muy probable que Edward hubiese acertado en su predicción.
-Ya conoces a mi familia.
-Si, ya los conozco – sin saber qué más decir.
-¿Y qué fue lo que dijo Charlie? - preguntó con curiosidad, prosiguiendo con el tema.
-Me hizo saber que no me tenia que preocupar, que entre los ahorros de él y Renée, ya tengo mis estudios cubiertos. Y aunque reconoció que hay mejores universidades, me dijo que le haría muy feliz si escogiera la universidad de Wasington.
-Osea que en pocas palabras, quiere que te quedes cerca cuando vayas a la universidad.
-Si, básicamente. Solo tengo la sospecha de que Renée me dirá lo mismo cuando se establezca en Florida – le dije.
La ultima vez que hablamos, me había contado que a Phil le habían ofrecido el puesto de entrenador en un instituto de Jacksonville, y que empezaría a trabajar una vez terminada la temporada. Así que volvían a establecerse en una ciudad. Ya Renée me había dicho que deseaba que me fuera a vivir con ellos, pero desde el inicio sabia que era la batalla perdida, ya me había acostumbrado a Forks y a la compañía de Charlie, eso sin contar a Edward; quien obviamente desnivelaba de mucho la balanza.
-¿Y tú qué quieres en realidad? - me preguntó con una ternura que casi me derrite el corazón.
-No lo sé realmente – admití – Supongo que la universidad de Washington está tan bien como cualquiera. Quiero decir, en realidad no estoy muy segura de qué voy a estudiar.
-¿En serio? - dijo incrédulo.
-Bueno creo que podría estudiar filología, la literatura siempre ha sido mi mayor pasión. Y ya después me dedicaría a ser profesora o quizás editora, pero es solo una idea, ya veremos. Después de todo, hemos repetido ya varias veces que aun falta un año.
-Si, creo que te quedaría perfecto, te veo trabajando como profesora. Tienes la paciencia de una santa. Solo hay que ver como has aguantado hasta ahora conmigo y mi familia.
Reímos un par de minutos por su comentario, porque vamos a ver, en el fondo tenia razón. A veces creo que cuando esos cinco están juntos, le harían perder la paciencia hasta a Mary Poppins.
-¿Y qué hay de ti?, ¿Tienes las ideas más claras que yo?. Recuerdo que la primera vez que nos vimos, me dijiste que querías ser doctor como tu padre – me sentía como si estuviese caminando sobre arenas movedizas, no sabia cómo podrían afectarle mis palabras.
Pero él solo suspiró antes de contestar.
-No, eso no ha cambiado. Aun sigo queriendo ser doctor. Es cierto que mi primera motivación cuando lo decidí era que deseaba ser como él, aun lo quiero. Pero ahora también me gusta la medicina, la ciencia es mi fuerte y quiero ayudar a la gente, salvar vidas.
Y si no hubiese estado ya completamente babeada por él, en éste momento me habría conquistado. Siempre, con cada palabra que decía, terminaba pasando lo mismo.
.Si, te quedaría perfecto. Te veo trabajando como doctor, tienes el corazón de un santo – repetí sus palabras, ajustándolas a él.
-Dios Bella, estás haciendo que me sonroje más que tú – dijo apenado.
Yo reprimí la risa que subía por mi garganta.
-Es solo la verdad – le dije con una sonrisa, y se me escapó un bostezo que no pude controlar – Acostúmbrate a oírla.
-¿Estás cansada amor? - susurró – Ya empieza a ser tarde.
Me giré a mirar la hora, ya marcaba las 2:15, vaya no me había dado cuenta de que llevábamos hablando más de una hora.
-Estoy bien – insistí – tan fresca como un vegetal apenas cosechado.
-Y te creo, no me tienes que convencer – dijo con una risa - pero en unas horas nos espera un día de diversión bastante ocupado, trata de descansar un poco.
-De acuerdo, ¿Cómo quedamos al final?, ¿Nos vemos allá, o quizás me puedes pasar buscando y vamos con tu volvo? - aventuré.
-Buen intento – me dijo, pero escuchaba la sonrisa en su voz – Que el coche esté aparcado en mi garaje, no significa que lo vaya a conducir de inmediato.
-Lo sé cariño, pero no puedo evitar seguir intentándolo – reconocí.
-Yo también lo sé, es uno de los motivo por los cuales te amo.
-¿Lo estás haciendo apropósito, verdad?, solo porque yo te hice sonrojar antes.
-Puede que si – rió, hay que ver – Pero igual te amo.
-Si, yo también. Pero aun no me has dicho cómo quedaremos nosotros mañana, o bueno en unas horas – me corregí.
-Mejor nos vemos allá, subiré mi bicicleta en el coche de Emmett; me gustaría ir a ver a mis padres en la tarde. Llevo todo el fin de semana sin ir.
-Está bien, entonces nos vemos allá – intentaba ocultar el orgullo de mi voz, qué gran paso era para Edward lograr estar dos días sin ir al cementerio – Nos vemos en unas siete horas.
-Siete largas e interminables horas – suspiró con dramatismo.
Reí un momento.
-Hasta dentro de unas horas cariño.
-Te esperaré en la playa.
-Te amo- fue lo último que dijo antes de disponerme a terminar la llamada.
-Y yo a ti – y con eso presioné el botón rojo del móvil.
Después de eso no me costó dormirme, digamos que desear que las horas pasaran más deprisa para lograr ver a Edward, hizo que el sueño me envolviera. Todos saben que el tiempo pasa más rápido cuando duermes.
-ECDT-
Aparqué el coche en el primer lugar disponible que encontré, por suerte no estaba bastante lejos de los coches de los Cullen, había visto el Jeep de Emmett hacía unos ocho coches atrás. Forks estaba tendiendo uno de sus insólitos días soleados y calurosos. Supongo que más de uno aprovechará el clima, así que es de esperarse que en unas horas ésta playa estaría a rebosar.
Me bajé del coche y saqué del maletero mi bolsa con las cosas. Levanté la cara un momento para absorber los rayos del sol que me llegaban.
-¡Allí está mi chica! - alguien llamó a mi izquierda.
Yo me tensé pero conseguí no demostrarlo, a pesar de que había reconocido su voz, por el rabillo del ojo vi a Mike Newton y a los bufones que le seguían. Continué ignorándolos y caminé, escuché como se subían en la furgoneta de Tyler y se alejaban de aquí. Sacudí la cabeza mientras seguía avanzando, no valía la pena que les dedicara más de un pensamiento a esa pandilla de inútiles, tenia un gran día por delante como para preocuparme por otras cosas, además Edward me estaba esperando. Ese simple pensamiento fue suficiente para hacerme acelerar el paso.
Llegué a donde ellos de encontraban, ya había predispuesto una silla plegable para cada uno de nosotros, los bolsos en la arena y un par de toallas extendidas, sobre las cuales estaban sentados Jasper y Alice, un poco apartados de los demás, viendo el mar, abrazados.
Edward estaba de espaldas a mi, hablando con Rosalie y Emmett, que estaban también muy acaramelados y me vieron cuando me empecé a acercar a ellos, aunque Edward no se había percatado de mi presencia.
Una idea juguetona se me pasó por la cabeza y me llevé un dedo a los labios, para pedirles a Emmett y a Rosalie que no le dijeran a Edward que me habían visto. Rosalie realizó un asentimiento casi imperceptible para hacerme saber que no había problema, pero a Emmett le brillaron los ojos y apretó los labios, era obvio que se le estaba escapando la risa.
-¿Emmett, qué haces? - le preguntó Edward con sospecha.
-Nada – le contestó su hermano, parecía que se estuviese sofocando.
-Si, claro – estaba segura que el rostro de Edward ahora reflejaba escepticismo.
Tuve que darme prisa, antes de que Emmett estropeara mi sorpresa. Recorrí los pocos pasos que nos separaban y me paré detrás de él, levanté los brazos y tapé su ojos. En ese momento Emmett no soportó más y soltó una carcajada que llamó incluso la atención de Jasper y Alice, no pude evitar poner los ojos en blanco. Pero tenia cosas más esenciales entre las manos.
-Adivina quién soy – le dije a Edward, intentando en todo lo posible cambiar el tono de mi voz.
Debajo de mis manos, sentí lo músculos de Edward que se ensanchaban en una sonrisa, no pude evitar imitarle. Carraspeó antes de hablar.
-Mmm, no estoy muy seguro. Debes de ser aquella chica que vino a visitarme ayer en la noche, te dije que teníamos que ser discretos, no sea que Bella se entere de lo nuestro.
Así que él también quería jugar, muy bien.
-¿Bella?, no tengo ni idea de quien hablas, recuérdame quién es.
-Es mi novia, y es por eso que no se puede enterar, tiene un carácter muy fuerte, a veces me da miedo.
-¿Y cómo es eso? - pregunté con intriga, curiosa de ver cómo me contestaría.
-Cuando se molesta tiene un genio de los mil demonios, tendrías que verla.
-Pues entonces esperemos que nunca nos encuentre juntos.
-Esperemos – tomó una de mis manos y le dio un beso en la palma. Después de giró a verme y mis manos se entrelazaron en su nuca – Buenos días preciosa.
Descendió hasta mis labios y los besó; todo mi cuerpo se estremeció, mordisqueé suavemente su labio inferior y me deleité con el momento. Hasta que empezamos a tener dificultades para respirar y nos tuvimos que separar.
-Hola – sonrió y acunó mi mejilla entre su mano – Por fin han pasado las horas que esperaba para verte – declaré.
-Yo también estaba impaciente por que llegaras. Aunque ahora que estás aquí tengo un secreto que contarte – dijo con picardía.
-¿Tiene eso algo que ver con tu pequeña amiga?
Él sonrió con diversión.
-Ella sabe que eres tú la única que amo, siempre se lo he dejado claro.
-Más te vale – intenté sonar lo más celosa y amenazadora posible, pero sabia que había fracasado.
-Pero lo que quería contarte es que anoche soñé contigo – hablaba como si estuviese compartiendo un secreto que no quería que nadie más supiera.
-¿En serio? - asintió y yo sonreí – Qué coincidencia, porque yo también soñé contigo.
-Interesante. ¿Crees que nos encontramos en nuestro sud-consciente?
-Es posible, esa es una idea que me gusta mucho.
Me puse de puntillas, y estaba por iniciar otro beso, cuando alguien carraspeando la garganta nos interrumpió. Nos giramos a ver a los cuatro miembros de su familia, ya en bañadores, que nos observaban expectantes. Sabia que no tenia que sorprenderme, siempre que estaba con Edward el mundo a mi alrededor simplemente dejaba de importar.
-Nosotros nos vamos a bañar un poco – nos dijo Rosalie, que en bañador estaba aun más espectacular, incluso con la tripita de embarazo que ya se le estaba asomando - ¿Tienen intenciones de unirse a nosotros?.
Edward se giró a verme y yo solo asentí.
-Si claro, enseguida vamos – le dijo.
-Te has puesto el bañado azul, ¿Verdad Bella? - preguntó Alice.
Yo puse los ojos en blanco.
-Si Alice, tranquila que lo llevo puesto. No es que tú me hayas dejado mucha elección.
-Las dos sabemos que me lo agradeces. Bueno nosotros vamos, no se tarden.
Y con eso se apartaron de nosotros. Edward me miró otra vez con el interrogante escrito en el rostro.
-¿De qué bañador habla Alice? - preguntó.
-Lo verás en un momento – le dije con resignación - ¿Te parece si nos quitamos la ropa los dos a la vez? - sugerí.
-Claro.
Él tomó el borde de su camiseta y yo el de mi vestido, y nos los sacamos por la cabeza a la vez. Cuando ya estábamos en bañador, una en frente del otro, no sé quien de los dos había abierto más los ojos o se le había caído más la boca.
Desde el primer momento siempre supe lo guapo que Edward es, pero su pecho desnudo es toda una visión. Su cuerpo es tonificado, atlético y fuerte, pero sin exagerar. Jamás llegaría al nivel de su hermano. Algo dentro de mi interior se encendió y en la parte posterior de mi mente sospeché que se trataba de deseo.
"ContrólateBella,éstenoeselmomento", me reprendí a mi misma.
-Estás … vaya – Edward fue el primero en recuperar el habla de los dos – Estás WOW.
-Gracias – contesté con un esbozo de sonrisa – tú también estás "WOW".
Sonrió por mi chiste y los dos nos acercamos a nuestros bolsos para guardar la ropa.
-¡Bella! - escuché un grito a mis espaldas, cuando me giré me encontré con Jacob que trotaba en nuestra dirección, detrás de él venían Quil y Embry a un paso más moderado.
No pude evitar alegrarme al verle, hacia ya tiempo que no veía a mi amigo de la reserva.
-¡Jacob! - saludé cuando estuvo a una distancia razonable, en la que no fuera necesario gritar. Yo, a diferencia suya, no necesito avisar a las personas de mi presencia cuando aun estoy a un kilómetro de distancia.
Cuando Jake llegó en frente mio se paró en seco y me regaló una sonrisa que cegaría al sol, eso sin duda era lo que mejor que caía de él, era el tipo de persona que está siempre de buen humor.
-Hola – le dije reprimiendo una risa, cuando se me hizo evidente que no deseaba ser el primero en hablar.
-Siento como si hubiesen pasado años desde la última vez que nos vimos – me contestó, recortando la distancia que nos separaba y atrapándome en un enorme abrazo.
Escuché el pesar en su voz y reconozco que tenia razón, tenia un poco abandonados todos los aspectos de mi vida que no tuviesen que ver con Edward, pero no puedo evitarlo y honestamente no creo que alguien se capaz de culparme.
Jacob hizo un rápido recorrido de mi cuerpo y vi como se tensaban todos sus músculos. Reprimí el impulso de poner los ojos en blanco, un chico muy simpático y amigable, cierto, pero no dejaba de ser un adolescente lleno de hormonas.
Edward llegó a mi lado y observó de forma especulativa a Jake. Qué extraño.
-Es que he estado muy ocupada últimamente – traté de justificar patéticamente el motivo de mi ausencia cada vez que Charlie va a visitar a Billy – Hola chicos – saludé a Quil y Embry cuando finalmente dieron alcance a Jacob, ellos me contestaron con un asentimiento y una sonrisa.
Los ojos de Jake se posaron sobre Edward y una pícara sonrisa se dibujó en sus labios.
-Si, eso ya lo veo – dijo con sorna y yo sentí mi rostro arder, y eso nada tenia que ver con el calor del sol.
Edward tomó mi mano entre la suya y entrelazó nuestros dedos.
Oh madre mía. ¿Edward estaba celoso?. ¿De Jacob? ¿De mi?. No, seguro que estaba imaginando cosas, él sabe que no tiene motivos para estar celosos.
-Y no he tenido el placer de conocerte – dijo Edward entre dientes, alzando la vista para que sus ojos verdes se cruzaran con los negros de Jake. Pues resulta que Jacob es incluso más alto que él, y eso que mi novio tiene al altura orgullosa de casi un metro y noventa - ¿Tú quién eres? - apretó la mandíbula, demostrando que estaba haciendo un gran esfuerzo por aparentar indiferencia.
Me estaba confirmando la sospecha que había tenido solo un segundo atrás. Intenté disimular el agrandar de mis ojos por la sorpresa y la risa que quería subir por mi garganta. Si, Edward estaba celoso, y aunque para mi no tenia ningún motivo para estarlo, una pequeña parte no pudo evitar emocionarse.
-Visto que se está haciendo evidente que Bella no tiene intención de presentarnos, lo haré yo – escuché la voz de Jake que me sacaba de mis pensamientos – Mi nombre el Jacob, y ellos son mis amigos Quil y Embry – señaló a cada uno al decir su nombre, y después alargó su mano hacia Edward.
Él lo miró un solo momento, alargó su propia mano y la estrechó.
-Edward Cullen – se presentó.
-Edward Cullen - Repitió Jake algo ensimismado y en sus ojos brilló lo que me pareció ser reconocimiento.
Por un momento me tensé, se me ocurrió pensar que Jacob había reconocido el nombre de Edward, seguro que su reputación había llegado incluso a La Push. Y aunque quería tener la confianza de que Jacob no iba a decir nada que metiera la pata, preferí adelantarme antes de que cualquiera de ellos hablara. Carraspeé para llamar la atención de todos.
-Eh si, Jacob es el hijo del mejor amigo de Charlie – le expliqué a Edward – solíamos jugar juntos cuando venia de visita a Forks.
Edward respiró profundo de manera disimulada, sin saber que yo lo había notado, y volvió a centrar su atención en Jake, tratando de suavizar un poco su mirada.
-Es un placer conocerte – casi suena hasta sincero.
Jacob aumentó su sonrisa, si es que eso era posible.
-Lo mismo digo – le contestó.
-¡Jacob Black! - llegó el grito de una aguda voz femenina a lo lejos - ¿Se puede saber por qué tardas tanto?.
Era Leah, que se encontraba a unos doscientos metros de nosotros, sobre una duna de arena. En cuanto me vio pareció esbozar una sonrisa, con la distancia que nos separaba no podía estar muy segura.
-Oh, ¡Hola Bella!
-¡Hola! - grité, esperando ser escuchada.
-Chicos, llegamos tarde – le dijo a los tres adolescentes en frente de nosotros.
-Bueno, supongo que esa en mi señal para desaparecer – nos dijo Jake – Ha sido un placer verte Bella.
Se acercó y me dio un abrazo mucho más corto que el anterior. Edward en ningún momento soltó mi mano.
-Pasa de vez en cuando por La Reserva a vernos, sé que a Billy le dará mucho gusto verte.
-Lo intentaré.
Jacob me asintió y sonrió a Edward.
-Ya nos veremos.
-Claro – fue la respuesta de Edward.
-Hasta luego – dijeron Embry y Quil a la vez, y con eso se alejaron.
Un manto de absoluto silencio descendió sobre nosotros dos, y era la primera vez en mucho tiempo que resultaba incómodo. ¿Qué acababa de ocurrir?.
-Edward, ¿Qué – pero él me interrumpió, tirando de la mano que tenia cogida y caminando hacia el agua.
-Vamos que nos están esperando – atajó antes de que pudiera decir nada más.
Yo decidí que lo mejor era esperar un poco para abordar la cuestión, tenia que pensar la mejor forma de hacerlo; pero seguro que lo haría, no iba a permitir quedarme con la duda.
-Oh mira, como que tu familia ya se cansó de esperarnos – le dije cuando noté que mientras que nosotros empezábamos a mojarnos los pies en el agua, ellos se dirigían hacia nosotros con intenciones de salir.
-Vamos a comer algo – anunció Emmett cuando los tuvimos en frente – mi nena y mi nene se tienen que alimentar.
-Está bien – le contestó Edward.
-No se remojen mucho – nos dijo Alice cuando pasó por nuestro lado – A pesar del sol, el agua está bastante fría y podrían pillar un resfriado.
Edward puso los ojos en blanco, pero aun así contestó :
-Claro, no hay problema … Pobres críos – murmuró por lo bajo, cuando estuvo seguro que ninguno de los cuatro escucharía sus palabras.
Me mordí los labios para no soltar una risotada. Estaba más que de acuerdo. Él se giró a verme y se llevó la mano que aun teníamos cogidas a los labios, y les dio un beso a los nudillos.
-¿Estás segura de que aun te quieres dar un baño, quiero decir ahora estaremos solos tú y yo? - el tono de su voz era bastante inocente, pero sus ojos hablaban de toda la picardía detrás de sus palabras.
Sonreí fingiendo indiferencia.
-Bueno, si para ti es importante, seguro que puedo sacrificarme – me encogí de hombros antes de volver a sonreír – Te reto a una carrera – solté su mano y eché a correr antes de que me contestara.
Escuché su risa detrás de mi, mientras me seguía, estábamos salpicando agua a nuestro paso, pero como no molestábamos a a nadie, no me importaba. El mar siempre tenia ese efecto en mi, era como si su agua me convirtiera otra vez en una niña que solo quiere pasarlo bien.
A pesar de haber empezado antes que él, Edward pronto me dio alcance y sentí sus manos que me tomaban de la cintura, y sus brazos me cargaban como si fuese una esposa, se ve que en agua pesaba mucho menos. Quiero decir, sé que soy delgada, pero Edward estaba haciendo ver como si yo pesara solo cinco kilos. Pero las risas y el movimiento de los dos hicieron que nos cayéramos, lo que paradójicamente hizo que nos riéramos aun más.
-¿Estás bien? - me preguntó Edward mientras me ayudaba a levantarme, conservando un esbozo de sonrisa en los labios.
-Si – le dije, apartando los cabellos mojados que se me habían caído sobre la cara – Somos unos tontos – anuncié con dramatismo.
Él continuó sonriendo mientras se acercaba a mi, y depositó un suave beso sobre mis labios.
-No, estamos enamorados.
-¿Hay alguna diferencia?
-Bueno no. Solo que mi definición me gusta más.
Sonreí otra vez y él se alejó y se sumergió en el agua un segundo, antes de volver a salir con el cabello hacia atrás. Me miró pero no dijo nada, y yo pensé que éste era el momento indicado para preguntarle por su comportamiento de antes.
-¿Qué fue – empecé, pero como siempre él pareció entender lo que yo quería hacer, porque me interrumpió.
-¿Cuántos años dijiste que tenia tu amigo Jacob? - preguntó de repente.
Y aquí vamos otra vez con los celos.
-No te lo dije, pero tiene 15 años. Creo que en unos meses cumple 16.
-Si con 15 ya es así, no quiero ni pensar como será cuanto termine de crecer – dijo con mordacidad.
Y aquí no lo pude soportar más, exploté a reír, la misma risa que antes había procurado aguantar. Era tan absurda la idea de Edward celoso de nosotros.
-¿Cuál es el chiste? - me preguntó con fastidio.
-¡Estás celoso! - le dije entre una carcajada y otra.
Él abrió los ojos como platos y me miró como si de repente me hubiese salido una segunda cabeza.
-¿Qué!, eso es ridículo. ¡Estás loca!, ¿cómo puedes pensar una cosa así?. Yo no soy así. Eso es … es … - empezó a decir a la defensiva, pero ésta vez fue mi turno de interrumpir.
- … cierto – culminé por él, ahora ya de manera seria – Aunque si estoy de acuerdo contigo en algo. Es ridículo. No entiendo cómo es posible, ¿que no tienes confianza en mi?
-¿Qué pregunta es esa?. Por supuesto que confío en ti, te confiaría mi vida. Es en tu amigo que no confío.
-Eso no tiene sentido y tú lo sabes. Jacob no es más que un niño. Además, ¿tienes presente la chica que lo llamó desde la duna, Leah? - asintió – bueno pues ella es su novia, así que no entiendo por qué él tendría algún tipo particular de interés en mi – traté de hacerle entender.
Puso los ojos en blanco ante mi afirmación.
-Ciertamente la expresión de su rostro cuando te vio con es bikini no es la de un niño, si casi se le salían los ojos. Ademas el que tenga novia no significa nada, cualquiera tiene ojos y puede ver.
Ahora fue mi turno de agrandar los ojos, ¿Jake me había visto de esa manera?. Si, sé que me había notado, pero nunca lo hubiese considerado de la forma que lo estaba haciendo Edward.
-¿No te habías dado cuenta, verdad? - dijo con sarcasmo al notar mi rostro asombrado. Yo solo negué con la cabeza – Si, ya lo sospechaba.
-Entonces, ¿Lo admites que estabas celoso? - volví a presionar, con el asomo de una sonrisa en el rostro.
-Pero claro que estoy celoso – soltó de repente - ¿Cómo quieres que no lo esté cuando veo a un crío que le cae la baba cuando ve a mi novia, y después descubro que ella parece también tenerle mucho cariño?
Volví a reírme. Todo era tan surreal. Acorté la distancia que nos separaba y alcé los brazos para entrelazarlos detrás de su cuello, y subí las piernas y las enrosqué al nivel de su cintura. La ventaja de estar dentro del agua era que no me tenia que preocupar por mi peso. Él sonrió suavemente cuando nuestros rostros estuvieron a un palmo de distancia y me dio un delicado beso en los labios.
-Hay muchas cosas que no sé, y de las que no tengo mucha seguridad. Pero si hay algo por lo que metería las manos en el fuego es por el gran amor que siento por ti. Nunca tienes que sentir celos de mi, porque mi corazón entero pertenece a estos dos maravillosos ojos verdes que tanto adoro – le dije, dándole en ésta ocasión yo un beso en los labios.
Él sonrió con una ligera nostalgia y apartó la vista.
-Eso lo sé a nivel racional, pero éste pensamiento no impide que me sienta de esa manera. En ocasiones me pregunto qué es exactamente lo que ves en mi, y supongo que cuando te vi en compañía de Jacob esa inseguridad se hizo mucho más fuerte, y por eso me puse celoso – admitió.
Mi corazón se detuvo y dio un brinco al mismo tiempo, si es que eso era posible.
-Yo lo veo todo en ti Edward – dije con determinación y supongo que la fiereza de mi voz era tal que se giró otra vez a verme.
Después de un minuto entero en el que los dos nos mirábamos fijamente sin decir una palabra, hasta que Edward sonrió y me sujetó con más fuerza. Se acercó y me dio otra beso.
-Te amo – dijo con vehemencia y mi corazón se aceleró aun más, no importa cuantas veces me dijera que me amaba, siempre tendría la misma reacción a esas palabras – Eso lo sabes, ¿verdad?.
Volví a sonreír, ésta vez fui yo quien le besó.
-Claro que lo sé, de la misma manera que yo te amo a ti – y así volvimos a besarnos.
Dios, qué cursis somos, pero no me importa.
Cuando ya nuestros labios empezaron a ponerse azules, y los dedos se nos habían arrugado hasta parecer uvas pasas, los dos decidimos que había llegado el momento de salir. Llegamos a las dos sillas que estaban vacías para nosotros. Rosalie le lanzó una toalla a Edward y yo saqué una de mi bolso, nos empezamos a secar.
-Toma Bella – me dijo Alice, entregándome un emparedado.
-¿Ah? - fue lo único que pude preguntar con curiosidad.
-Hemos hecho también un par para ti – explicó.
-Gracias – le di un mordisco y no pude evitar sentirme conmovida, habían incluso tenido en cuenta mis gustos a la hora de prepararlo. Eran gestos como estos los que me hacían sentirme por completo parte de ésta familia, independientemente de mi relación con Edward.
-Yo aun no tengo hambre, Alice – Edward rechazó el emparedado que le estaba ofreciendo y tomó un sorbo de la botella que tenia Jasper en las manos.
Nos sentamos en las sillas, y por unos minutos reinó el silencio entre los seis. Hasta que Emmett se aclaró la garganta y enderezó su espalda, parecía como si se estuviese preparando para dar un discurso delante de mil personas. Intercambió una mirada con Rosalie antes de hablar.
-Edward, hay algo que tendrías que saber – le dijo.
-¿De qué se trata? - no parecía preocupado, simplemente intrigado. Volvió a beber agua.
-Visto que estos días la tienda estará cerrada, mañana tenemos una cita con un arquitecto en Port Ángeles.
-¿Y eso para qué? - elevó una de sus cejas.
-Verás, - ésta vez fue Alice la que habló – lo hemos estado pensando mucho; y visto que en unos meses llegaran no uno, sino dos bebés – apoyó una de sus manos sobre su vientre y con la otra tomó la de Jasper – y tú el año que viene irás a la universidad. Creemos que ya es hora para nosotros de formar nuestro propio hogar.
Mi giré a observar a Edward, un poco nerviosa por su reacción. Él tragó saliva lentamente y se pasó una mano por los cabellos.
-Está bien – dijo él despacio.
-Ten presente Edward que para cuando esté listo, tú ya estarás en la universidad – trató de animarle Jasper.
-¿Y a qué parte del pueblo se quieren mudar?, ¿Qué va a pasar con nuestra casa? - preguntó.
-No, no – contestó Rosalie – construiremos las casas al lado. Estaremos cerca. Después de todo en la propiedad entera hay espacio más que de sobra para hacer dos casas, del mismo tamaño que la principal.
-¿Y qué va a pasar con la casa? - volvió a preguntar.
Emmett y Alice se miraron un momento, antes de que él le contestara.
-Bueno, Alice y yo lo hemos estado hablando, y hemos decidido poner la casa a tu nombre.
-¿Qué! - casi chilló Edward. Lo entiendo, si yo estaba asombrada, no puedo ni imaginarme como se sentía él - ¿Por qué quieren hacer eso?, no es necesario.
-Nos parece lo más justo – continuó Emmett – De esa manera cada uno de los tres tendría su propia casa, pero la propiedad seguiría estando a nombre de los tres. Como Rosalie ha apuntado antes, las tres casas serán del mismo tamaño. Así que no tienes que sentir como si nos estuvieras quitando nada, cuando somos nosotros que lo decidimos así – Edward abrió la boca para interrumpir, pero su hermano se le adelantó – Te conozco chico, sé cómo razona tu mente.
-Está bien – dijo Edward con falsa resignación – Me rindo, muchas gracias por el gesto – entonces mostró una radiante sonrisa – Estoy muy contesto por ustedes – su familia lo miró un momento sorprendido – De verdad que sí, creo que habéis tomado una decisión excelente.
Y esto hablaba de todos los progresos que había hecho Edward en las últimas semanas, estaba tan orgullosa de él.
Varias horas después, el sol calentaba fuerte en el cielo, el día mejoraba por momentos. Emmett y Jasper se divertían jugando a la lucha en la orilla de la playa, Edward había empezado con ellos, pero después de un poco renunció, quejándose de que eran unos tramposos y unos malos perdedores. En realidad tenia razón , pero como él ahora estaba solo conmigo, no me quejaba. Rosalie y Alice animaban a sus correspondientes maridos, mientras mantenían un interesante debate sobre quien de los dos se merecía más ganar. Definitivamente la competitividad era un rasgo muy marcado en ésta familia.
Mientras tanto Edward y yo estábamos recostados en una toalla del tamaño de África, como hubiese dicho Renée solo para decir que es enorme, con mi cabeza apoyada sobre su pecho y su brazo alrededor de mi cintura.
-Después de varias noche viendo las estrellas, está bien admirar de vez en cuando las nubes – murmuró suavemente, acariciando mis cabellos mojados.
-Mmnhmn – contesté rozando mi fría nariz sobre su pecho mientras asentía. Sonreí cuando sentí su cuerpo estremeciéndose. -¿Estás seguro que no te molesta lo que quieren hacer tus hermanos? - pregunté.
-Estoy un poco triste, pero no me molesta. Quiero decir que las cosas avanzan, y mis hermanos también, ya era hora de que pensaran también en ellos. Siempre supe que el motivo por el cual a dos parejas de recién casados no les molestaba vivir bajo el mismo techo, era yo. Los cuatro intentaban darme un poco de estabilidad, mantener a mi familia unida. Pero ya ha llegado la hora de que ellos creen su propia familia, sobre todo ahora que mis sobrinos vienen en camino.
Me levanté de su pecho para poder mirarle a la cara, el otro brazo lo tenía detrás de la cabeza, sosteniéndola. Cuando nuestras miradas se encontraron noté que estaba sonriendo, y por inercia imité su gesto. Ya empezaba a enrojecerse por efecto del sol, sus ojos brillaban y la cicatriz que le había quedado en la ceja, después del corte en el accidente, le daba un aspecto ligeramente peligroso. Por extraño que pareciera, una imperfección lo hacía más perfecto.
-Todos estamos muy orgullosos de ti – me acerqué y deposité un beso sobre sus labios.
-A riesgo de sonar vanidoso, yo también estoy orgulloso de mi mismo.
-No es vanidoso, tienes que estarlo.
-El mérito es todo tuyo, nunca habría llegado hasta donde estoy ahora si no hubiera sido por ti.
Negué con la cabeza, con los ojos llenos de lagrimas, la voz cargada de emoción y el corazón en la mano, le contesté.
-No, todo esto lo has hecho tú, yo solo me alegro de ser la persona que está a tu lado para compartir estos momentos.
Ahora él fue el que sonrió.
-Estos y muchos más momentos, no te desharás de mi en muchos años – bromeó.
Yo me reí y volví a recostarme sobre su pecho, mientras él me daba un beso en la frente. ¿Qué había hecho en mi vida o en la anterior para merecer el amor de una criatura tan angelical?.
-ECDT-
-¿Entonces nos vemos mañana? - me preguntó Edward mientras descargaba su bicicleta del coche de Emmett.
Ya eran las cinco de la tarde y había llegado el momento de volver a casa.
-Si, estaré en tu casa a primera hora de la mañana. No te sorprendas si te despierto.
Edward y yo habíamos quedado que mientras su familia iba a ver el arquitecto y la constructoras por lo de las casas, nosotros dos podríamos tener una cita en Port Ángeles, que durase todo el día, para después volver a Forks a tiempo para su cita con Peter.
-Como siempre, te estaré esperando.
Nos despedimos con un beso, y después cada uno de nosotros tomó su camino : los dos coches de ellos hacia la mansión de los Cullen, Edward hacia el cementerio a ver a sus padre y yo a casa.
Llegué unos minutos después y me aparqué al lado del coche patrulla de Charlie, no tenia ni idea de que ya estaría en casa ; se ve que había salido antes de la comisaría.
-¿Bella eres tú? - me preguntó Charlie escaleras arriba cuando atravesé la puerta principal.
-Si papá, soy yo – grité.
Él bajó las escaleras, vestido con un chandal y una camiseta blanca.
-Espero que te hayas divertido – me dijo cuando pasó por mi lado.
-Si, bastante – le contesté con una sonrisa, recordando los eventos del día de hoy – te prepararé la cena – dejé mi boldo en el pie de las escaleras y empecé a caminar hacia la cocina.
-No te molestes – me giré a ver de qué estaba hablando – como no sabia a qué hora ibas a llegar, me pedí una pizza. Tenia hambre, ¿sabes? - levantó las mano, como si se estuviera disculpando por algo.
-Está bien - ¿Qué más se esperaba que le dijera?.
-Te he guardado la mitad.
-Gracias – Y sí que estaba agradecida, porque ahora que me detenía a pensarlo, era genial que no tuviese que cocinar y después organizarlo todo.
Estaba exhausta.
Después de comer y meter en la lavadora la ropa sucia, subí a darme un buen baño. Fue genial que el agua se llevara consigo toda la sal de la playa, y poder ser capaz de peinar mi cabello otra vez. Cuando me terminé de secar y vestir, me recosté un momento en la cama, y no me di cuenta del momento en el que me quedé dormida.
-Bells – me despertó Charlie, que pronunciaba repetidamente mi nombre y sacudía mi hombro.
Abrí suavemente los ojos y por la pequeña ranura que se había creado, vi su silueta parada al lado de mi cama.
-¿Qué ocurre? - pregunté con la voz aun ronca por el sueño.
Me desperecé y vi que el despertador marcaba las 22:07, ésta tenia que ser la siesta más larga que había hecho en mi vida.
-Emmett Cullen te llama por teléfono – y me pasó el coreless que antes no había notado que llevaba en la mano.
Eso me extrañó, ¿Por qué motivo podría estar llamándome Emmett a éstas horas?
-¿Emmett? - le hablé al otro lado de la línea.
-Hola Bella – parecía tenso y preocupado - ¿Está Edward allí contigo?
Esas palabras hicieron que algo frío recorriera mi espalda, y no pude deshacerme del mal presentimiento que se apoderó de cada célula de mi cuerpo. Charlie seguro que se dio cuenta del cambio en mi expresión, porque me observó con la pregunta en la punta de la lengua, pero yo no le presté atención.
-No, aquí no está.
-¡Maldición! - gritó Emmett y yo me sobresalté porque era algo que no me esperaba.
-¿Emmett, qué ocurre? - pregunté en un susurro.
-Edward no ha vuelto a casa y no contesta a su móvil.
-¿Y no es posible que esté aun en el cementerio? - sugerí esperanzada, quería aferrarme a algo, cualquier cosa que me ayudara a seguir creyendo que todo iba bien.
-No, Jasper ya fue a buscarlo y no estaba, tampoco su bicicleta, fue también a la tienda por si acaso, pero nada. Y se nos ocurrió pensar que a lo mejor había ido a verte.
Me giré hacia Charlie.
-¿Edward ha venido? - le pregunté.
Aun había la posibilidad de que él estuviera abajo en el salón, y ninguno de los dos me había dicho nada porque no querían despertarme. Pero una simple negación por parte de Charlie fue suficiente para hacerme entrar en pánico. En el espejo vi como la sangre había abandonado por completo mi rostro, y sentí la adrenalina que empezaba a subir.
-Pásame a tu padre, tengo que hablar con él – me dijo Emmett, con al autoridad que se espera del hombre que tuvo que hacerse cargo de sus hermanos, y asumir la responsabilidad del cabeza de familia hace diez años atrás.
Yo sin decir una palabra, le pasé el teléfono a Charlie, él aun me miraba preocupado.
-¿Emmett muchacho, qué ocurre? - le preguntó, sin apartar la vista de mi.
Y no es que yo lo estuviese viendo, pero sí lo sentía. Mis ojos a éste punto se habían inundado de lagrimas que aun no caían, y los oídos empezaban a pitarme. Lo único en lo que podía pensar era que Edward había desaparecido, que podría estar en cualquier parte, le podía haber sucedido algo terrible. Mi corazón se partió por él, por la preocupación, por todos los escenarios que se cruzaron por mi mente. Yo no podía perderle. NO. No lo soportaría.
Entonces fue cuando empecé a llorar.
Continuará …
No tengo nada que añadir, solo que agradezco que nadie sepa mi dirección :P...
No se olviden que comentar, en ésta ocasión les tengo una sorpresa : un adelanto para el próximo capitulo a los que dejen su review ;)
Besos, Ros.
