Crepúsculo y todos sus personajes no me pertenecen, yo solo me adjudico las tramas de mis historias.
Miedo.
-¿Así que es esto lo que deseaba, futura señora Uley? - le preguntó un hombre alto y fornido, con las facciones bastante marcadas y las piel dorada, a la que desde esa noche era su prometida.
-Mmn, si – dijo ella con un suspiro casi seductor – Llevaba toda la noche esperando éste momento. Que conste que me estaba divirtiendo, pero para ser la fiesta de nuestro compromiso, eres la persona que menos he visto desde que empezó.
-Si, sé cómo te sientes – le contestó él, unos segundos antes de que sus labios se encontraran. Él la obligó a dar unos pasos hacia atrás, y así la aprisionó con un árbol, mientras ella apoyaba la espalda en el tronco de éste.
Sam Uley y Emily Young estaban festejando esa noche la fiesta de su compromiso. Por fin, después de años de noviazgo y de tanto insistir por parte de Sam, Emily le había dado el tan deseado "SI" a la pregunta : "¿Quieres casarte conmigo?". En la reserva todos estaban eufóricos, como la verdad es que para ellos cualquier motivo es bueno para hacer una fiesta, ahora la música estaba en su máximo volumen y todos lo estaban pasando bastante bien.
Pero como había apuntando Emily, la fiesta era para ellos dos y aun no había tenido ocasión de festejar la ocasión como se debe. Así que cuando decidieron que ya era prudente alejarse de los demás, y cuando su desaparición durante una hora no sería notada, y por lo menos iba a ser perdonada : los dos se escaparon. Después de todo, casi era la hora del amanecer, y la fiesta aun estaba en su máximo apogeo.
Habían llegado al acantilado que estaba cerca de la reserva, de donde los jóvenes amaban lanzarse al mar durante el verano. Estaba lo suficientemente cerca para llegar a pie, pero también lo bastante lejos para tener un poco de privacidad.
-Sam, la madera del tronco me está irritando la piel – se quejó Emily, no muy contesta de interrumpir el momento.
Pero Sam solo rió.
-¿Qué te parece la hierva? - No esperó a que ella contestara que ya los había sentando en la hierva que tenían cerca, junto a unos arbustos.
Ella se recostó y él empezó a depositar besos en su cuello y su hombro. Emily extendió el brazo para que Sam tuviera mejor acceso. Hasta que su mano entró en contacto con algo blando y frío.
-¡Ah! - se sobre saltó Emily, porque no se lo esperaba.
-¿Qué ocurre? - preguntó Sam alarmado.
-He tocado algo.
-¿Estás buscando ponerme celoso? - trató de bromear Sam, pensando que eso era lo que estaba haciendo Emily.
-¡Estoy hablando en serio Sam! - repicó ella – Creo que hay algo debajo de ese arbusto, me parecía carne.
Cualquier rastro de diversión desapareció del rostro de Sam y se levantó a inspeccionar el lugar que estaba señalando Emily.
-Quedate allí – le pidió, quería evitar que ella pudiese correr cualquier peligro.
Llegó al arbusto y se agachó, pero lo que encontró no era nada de lo que se esperaba.
-Hay alguien inconsciente aquí – le dijo a Emily, empezándose a preocupar por el pobre chico.
Era un chico, no un hombre, que a lo mucho debía de tener 20 años, pero Sam estaba seguro que era más joven, unos 18. Estaba frío como el hielo (clara señal de que llevaba ya varias horas que lo habían tirado en aquel lugar), inconsciente, golpeado y ensangrentado en prácticamente todo el cuerpo. Tenia varios moretones en la cara y la tenia tan hinchada que se le hacía difícil reconocer quien era, aunque Sam estaba seguro que no lo conocía. La polo que llevaba puesta estaba manchada con su propia sangre y los nudillo los tenía hinchados, era evidente que se había defendido de quienes quiera que fuesen sus agresores, porque era improbable que todo ese daño lo hiciera una sola persona. Sam no se entendía mucho de medicina, pero tenía la impresión de que el pobre tenia un hombro dislocado, y la pierna izquierda rota; de hecho ésta estaba en un ángulo bastante extraño, eso no podía ser bueno.
Emily se paró y se acercó a Sam para ver mejor. Ahogó un gritó de exclamación cuando ella también le vio.
-¿Crees que esté muerto? - le preguntó a Sam.
Él se acercó más y depositó su dedo indice y medio sobre la yugular del chico, soltó un suspiro de alivio al comprobar que había pulso.
-Aun respira – contestó - ¿Lo conoces? - preguntó entonces.
-No, no tengo ni la menor idea de quien es. ¿Y tú? - Sam negó con la cabeza - ¿Qué crees que le ha ocurrido?, ¿Qué vamos a hacer con él?.
Sam se levantó y adoptó un comportamiento decidido de inmediato.
-Tenemos que llevarlo a la reserva, necesita ayuda urgente. Pero no quiero moverlo solo, está tan herido que me da miedo hacerle más daño. Hay que desplazarlo con tiento y mucho cuidado. Quédate con él, yo voy a buscar ayuda.
Emily asintió y se levantó para depositarle un beso en los labios.
-Ten cuidado – pidió.
-Tú también – y con eso se dio la media vuela para salir corriendo en dirección de la reserva.
Emily volvió a sentarse al lado del joven que estaba inconsciente, olvidándose por completo de la rápida escapada que habían improvisado ella y Sam. Le tomó la mano y se apretó.
-Trata de resistir, la ayuda viene en camino – pensó en darle ánimo.
Se detuvo un momento a estudiarle las facciones, llegó a conclusión de que debajo de todos esos golpes y moretones había un joven muy apuesto.
Él empezó a agitar la cabeza de un lado a otro, y abría y cerraba los labios como si quisiera decir algo.
-B-B-Bel-Be – empezó a balbucear, pero daba la impresión de que el simple gesto de tomar aliento para decir algo fuera demasiado para él.
-Tranquilo, no te alteres. Tienes que estar tranquilo, ya la ayuda viene en camino – repitió Emily, apretando una vez más su mano. Y rogando que Sam y los demás se dieran prisa.
ECDT.
Abrí el microondas para sacar la taza que estaba calentando, tomé el sobre de manzanillas y la sumergí en el agua caliente. Necesitaba encontrar la manera de calmar un poco mis nervios, aunque no creo que esto sirva de mucho.
Faltaban pocos minutos para las ocho de la mañana, y con cada segundo que marcaba ese maldito reloj yo me encontraba cada vez peor. La incertidumbre y la angustia de lo que le podía haber pasado a Edward, hacia que por mi mente se pasaran las posibilidades más aterradoras. Charlie insiste en que tenia que por lo menos haber intentando dormir un par de horas durante la noche, ¿Pero como se espera él que yo pueda dormir cuando allí afuera está mi novio en sabe solo Dios qué situación?.
Charlie desde la noche anterior había movilizados a sus hombres y lo estaban buscando por el pueblo y sus alrededores, Emmett y Jasper estaban con ellos, mientras que Rosalie y Alice se habían quedado en la mansión con la esperanza de que pudiese llegar en algún momento de la noche. Y yo no había tenido más remedio que quedarme en casa esperando y rogando por que todo saliese bien, y lo encontraran sano y salvo.
"Podría hasta estar muerto". Susurró un voz en la parte posterior de mi cabeza. Un estremecimiento recorrió mi espalda.
-¡NO DIGAS ESO! - grité como si en la habitación hubiese otra persona conmigo, en lugar de estar discutiendo con mi propia mente.
Respiré hondo para detener las lagrimas que ésta idea me estaba provocando. Llegar a gritarme a mi misma tenia que ser el primer indicio de que empezaba a volverme loca. Me llevé el liquido a los labios, recordando el motivo por el que me lo había preparado. Pero la imagen de Edward frío, inmóvil y sin respirar hizo que un sollozo desesperado se escapara de mi garganta, y antes de que me diera cuenta estaba lanzando la taza que tenia en la mano hacia la pared de enfrente.
Tuve la impresión de que mi cuerpo no se movió en las siguientes horas, aunque muy probablemente habían sido solo unos pocos minutos, me quedé mirando las piezas de porcelana de la taza que se había apenas roto, con el liquido de la manzanilla rodeándolas. Pensé en que tendría que limpiar el desastre que había apenas provocado, pero hasta que no vi una de mis manos temblorosa recogiendo el trozo más grande, no caí en la cuenta de que me había movido a hacerlo.
Parecía como si estuviese funcionando en piloto automático, y la preocupación me estaba haciendo perder la cabeza, tenia que hacer algo, ayudar de alguna manera. Nunca en mi vida me había sentido tan inútil.
-¡Maldita sea! - volví a gritar - ¡Esto no es justo! - estaba enojada con el vida, con el mundo, con el destino, con lo que fuera, incluso con Edward.
Él tendría que estar bien, tendría que estar feliz y contento; a salvo. Nadie más que él se merecía no tener que sufrir más un solo día en su vida. Hoy se iba a levantar, y acompañaríamos a su familia a Port Ángeles. En lugar de todo lo que estaba ocurriendo, hoy íbamos a tener esa cita que en realidad nunca habíamos tenido. Y después yo estaría a su lado durante su terapia con Peter.
Peter, ¡eso era!. Volví a tirar los trozos de porcelana que tenia en las manos, ya sin importarme si tenia que limpiarlos o menos. Se me había ocurrido algo que valía la pena intentar, era poco probable pero algo tenia que hacer. Además si me quedaba un solo minuto más en la casa, empezaría a prenderle fuego a las paredes.
La único que hice antes de salir de casa fue desviar las llamadas del teléfono fijo a mi móvil, en el caso de que alguien me llamara a casa.
"Gracias Jasper por enseñarme estas cosas de la tecnología que antes no sabia que se podían hacer", pensé mientras cerraba la puerta principal y me subía en el coche.
Me dirigí hacia el hospital, por una vez no me importaba la velocidad a la que avanzaba. De algo tenia que servir el ser la hija del jefe de policía, y si me ponía una multa, pues ya la pagaría. Lo único que de verdad tenia importancia para mi en éste momento era Edward. Después de aparcar y entrar, me fui la planta de consultorios, sabia perfectamente dónde quedaba en el Peter.
Su secretaria aun no había llegado pero yo tenia que confiar en que él ya estuviese adentro, en que a lo mejor una de sus primeras consultas del día era temprano en la mañana. Llamé a la puerta un par de veces, y me alegré cuando adentro escuché movimiento. Me abrió en me sonrió un momento, era obvio que me había reconocido, a pesar de que solo nos habíamos visto una vez. Era un hombre maduro bastante atractivo, más o menos a mitad los cuarenta, con el cabello entre castaño claro y rubio oscuro, una facciones delicadas y unos cálidos ojos marrones.
-Buenos días Bella – me saludó con una sonrisa triste.
Eso me dio a entender de inmediato que él sabía lo de Edward, pero aun así no pude evitar preguntarle :
-¿Sabes lo de Edward? - me dirigí directamente al grano.
-Si, lo escuché apenas llegué al hospital. Nos sabes cuanto estoy preocupado por él, espero tanto que lo encuentren pronto – Edward en una ocasión me había comentado que él y Carlisle eran amigos.
-¿Tú sabes algo? - solté de repente, delatando en mi voz toda la agitación que sentía.
Por la forma en la que me miró supe que lo había tomado de sorpresa.
-¿Perdona? - preguntó extrañado.
-Tú eres su psiquiatra, tiene que haberte dicho algo, algún inicio de dónde se puede encontrar en estos momentos.
Empecé a llorar una vez más y me sorbí la nariz en un gesto muy poco femenino y elegante. Él me tomó del codo, sin decirme una palabra y ayudó a sentarme en el sofá en el que sabía que se sentaban sus pacientes durante las consultas. Me entregó una caja de clinex y yo utilicé uno para secarme las lagrimas y la nariz.
-No puedo violar la privacidad de mis pacientes, ni mucho menos traicionar la confianza que Edward ha depositado en mi, contando las cosas que hablamos cuando estamos entre éstas cuatro paredes. Pero te prometo que Edward no tiene nada que ver en su desaparición, él no me dio en ningún momento indicios de que haría algo así. De hecho, estaba avanzando tan bien en su terapia, había hecho grandes logros – me aseguró sin que, en mi opinión, fuera necesario.
- Lo sé que él no haría algo así, yo también estoy segura de ello. Soy su novia, lo conozco. Pero quizás se me ha ocurrido que a lo mejor a ti te ha hablado de si alguien le ha causado algún problema, o si lo estaban siguiendo, algo por el estilo. Se me ha ocurrido pensar que a lo mejor se trata de un secuestro, Edward acaba de recibir una gran herencia de sus padres, y tú podrías saber si a lo mejor él sospechaba de algo.
-No, lo siento - dijo casi apenado.
Yo le asentí y me levanté del sofá.
-Siento mucho haber venido a molestarte.
Con eso nos despedimos, después de que me hiciera prometerle que le avisaría cualquier cosa, y salí otra vez del hospital.
Entonces decidí que mi siguiente destinación sería la comisaría de policía, tenía que ir a ver cómo avanzaban las cosas, si había alguna noticia, lo que fuera. Eso sin contar que ya me había dado cuenta de que me tenia que mantener activa, porque de lo contrario iba a sufrir una crisis nerviosa y no me lo podía permitir, tenia que ser fuerte, por Edward y por nosotros. Ya me derrumbaría cuando supiera que él estaba bien.
Dentro de los edificios era un torbellino de actividad y, aunque me gustaría pensar que los esfuerzos de todos ellos estaban puestos en encontrar a Edward, sabia que en éste pueblo habitaban otras personas que necesitaban de los servicios de la policía. Me dirigí a la oficina de Charlie, y lo encontré sentado en el borde de su escritorio observando, el que sabia, era el plano del pueblo, Emmett estaba a su lado, y parecía que estuviesen discutiendo algo entre susurro. Jasper estaba en una esquina hablando por el móvil, y ahora sabia porque no estaban hablando más alto los otros dos.
Llamé a la puerta y carraspeé la garganta para delatar mi presencia, en el mismo momento en el que Jasper terminaba su llamada. Los tres se giraron a verme con la clara sorpresa escrita en el rostros. Honestamente yo no veo por qué tendría que extrañarles mi presencia aquí.
-¿Bella, qué estás haciendo aquí? - preguntó Charlie desconcertado.
Yo decidí ignorar cualquier pregunta o evitar dar una explicación.
-¿Hay algún avance, alguna noticia?, ¿Cómo están avanzando las cosas? - esperaba que la desesperación de mi voz fuera suficiente para que entendiera que no me tenía que endulzar nada. Quería la verdad, por muy dolorosa que ésta fuera.
Negó con la cabeza y el corazón se me cayó a los pies. Una sola mirada a los rostros de Emmett y Jasper me dieron una imagen mental del aspecto que debería de tener el mío propio.
- No, todo sigue igual – contestó Charlie con cansancio.
- Lo voy a matar – murmuró Emmett por lo bajo – juro que lo voy a matar. Más le vale que se encuentre bien, porque si le ha pasado algo se las va a ver conmigo.
No estaba muy segura si el comentario estaba dirigido a uno de nosotros, o si estaba hablando solo. Pero como nadie le molestó en contestarle, supongo que no era la primera vez que lo hacía.
-El pueblo ya sabe de la desaparición de Edward y todos estarán alertas, pero hemos decidido extender la búsqueda a los bosques y los acantilados que nos rodean. Marks fue a buscar los perros, y cuando lleguen nos pondremos en marcha – continuó explicando Charlie.
-Muy bien, yo voy con vosotros – dije con resolución.
Tres pares de ojos me miraron como si de repente me hubiese salido una segunda cabeza, la verdad era que esa reacción ya me empezaba a resultar fastidiosa.
-Bella no puedes venir – Charlie me estaba hablando como si fuera una niña de cinco años. Debe ser que aun se pensaba que yo lo era, o que quizás todavía tenía el poder para detenerme cuando yo decidía algo.
- ¿Y por qué no? - pregunté desafiante, cruzándome de brazos para intentar parecer más firme.
-Es muy peligroso – trató de explicar – podría ocurrirte algo a ti también.
-¿Por qué no te vas a la mansión a hacerle compañía a Rosalie y Alice?. Seguro que ellas te lo agradecerían – intentó proponerme Jasper.
Si, claro que a ellas no les molestaría tenerme allí, pero mi lugar estaba aquí, ayudando a buscar a Edward.
-No. ¡NO! - casi grité – estamos hablando de Edward papá, Edward. De mi novio, del amor de mi vida. Voy a ir a buscarlo, con tu permiso o sin él.
Algo en la histeria de mi voz debió de haber hecho mella en Charlie, porque profirió un suspiro resignado y asintió. Mientras que por un momento los ojos de Emmett y Jasper brillaron, como si se tratara de orgullo.
-Está bien – me dijo Charlie – pero vas a tener que comprarte calzado adecuado – bajó un momento la vista a mis bambas – No tengo nada en contra de las tuyas, pero con ellas te caerás a cada roca que pises – Sacó un billete de cincuenta dolares de su billetera y me lo entregó – Anda, ve a comprarte unas botas de montaña en la tienda de los Newton. Nosotros te esperaremos aquí.
Con un solo asentimiento, tomé el billete y salí de la comisaría. Decidí que no era necesario llevarme el coche, después de todo la tienda de los Newton estaba a solo dos manzanas de aquí. Mientras atravesaba la calle se me ocurrió pensar que una vez que todo esto se hubiese solucionado, le iba a proponer a Alice que vendiera en su boutique también artículos de campo y pesca. No era posible que los Newton fueran el único negocio del pueblo que se especializara en éste tipo de ventas, más que nada porque en estos momentos no me apetecía para nada ver la cara de Mike Newton.
Supe que ni siquiera en eso había tenido suerte, cuando al entrar en zona de aparcamiento de la tienda, vi el coche de Mike a pocos metros de la entrada. Pero me dije a mi misma que eso no me iba a afectar. Así que entré y fui directamente a la zona de calzado, rechazando la ayuda de la empleada que empezó a acercarse a mi en cuanto me vio.
Escogí las primeras botas que vi que entraban en mi presupuesto, agradecí que uno de los pares que estaban a disposición del público era de mi talla y los tomé para ir a la caja. No tenia tiempo que perder.
-Hola Bella – dijo una voz melosa a mis espaldas. Me tensé de inmediato e intenté suprimir las arcadas que sentía.
Me di la media vuelta sin dignarme de lanzarle una mirada.
-Adiós Newton – le contesté con dureza.
-¿Pero qué te pasa?. Mira la cara tan preocupada que tienes, parece que hubieras estado llorando – me hablaba como fuéramos grandes amigos, cuando él sabia que yo a mala penas le toleraba – No me digas que estás así porque Cullen te dejó.
Flexioné los dedos, para soportar el impulso que tenía de lanzarle un buen puñetazo, pero cuando por fin me giré a verle comprobé que había llegado tarde. Ya tenía un labio roto y la mejilla izquierda hinchada y morada.
-¿Quién te hizo eso en la cara? - no pude evitar preguntar, se sabe que la curiosidad mató al gato. Además tenía ganas de darle las gracias a esa persona, por haberle dado algo de lo que se merecía.
-Tuve un pequeño accidente ésta mañana – se encogió de hombros, como restando importancia al tema – De cierto nadie manda a la policía para estar seguros que todo está bien, como están haciendo con tu noviecito. Yo no sé por qué se molestan honestamente, creo que están perdiendo el tiempo. Tanto, no lo van a encontrar.
Habló con una seguridad que hizo que se me erizara toda la piel.
-¿Qué quieres decir con eso?
-Es obvio que se fue, que el mismo ha desaparecido. Seguro que no tiene intenciones de volver.
Antes de contestarle, me recordé a mi misma otra vez que no tenia tiempo para éstas cosas, así que me di la media vuelta para alejarme de él.
-Piérdete Newton – le dije a mis espaldas.
Pero una fuerte presión en el antebrazo hizo que me detuviera mientras él me acercaba otra vez a su lado.
-Te lo dije que él no te convenía, que era a mi que tenías que escoger. Las cosas hubiesen sido tan diferentes, tú y yo estamos hechos el uno para el otro. ¿Cómo es que no lo vez?.
-¡Estás loco! - traté de zafarme de su agarre, pero éste solo se hizo más fuerte.
Cuando bajé la miraba para observar la mano que me estaba apretando, noté que tenía los nudillos hinchados y enrojecidos. Entonces todo mi ser se tensó y la adrenalina empezó a desbocarse una vez más. Ese es el aspecto que tiene una mano cuando se da un puñetazo a alguien o algo. Todas las piezas del puzzle empezaban a cobrar forma. Su presencia ayer en la playa cuando yo llegué, las miradas de odio que nos lanzaba últimamente, las ocasiones en las que Edward lo había puesto en su lugar y humillado, su extraña obsesión conmigo, la convicción de que no iban a encontrar a Edward. Todo tenía sentido.
Había sido él.
-Fuiste tú – acusé en apenas un susurro, pero sabía que él me había escuchado, cuando sus ojos se agrandaron y la presión de su mano se aflojó.
-¿De qué hablas? - preguntó con falsa inocencia.
En ese momento no pensé más, no hubo más razonamiento. Me olvidé de la caja de zapatos que tenia bajo el brazo, de la cartera que balanceaba sobre mi hombro. Me olvidé de todo y me abalancé sobre Mike con toda la rabia que poseía y empecé a golpear su pecho, dejando descargar la adrenalina.
-¿QUE LE HAS HECHO!, ¿DONDE ESTÁ!, ¡RESPÓNDEME!, ¿DONDE ESTÁ! - creo que grité, en realidad no estoy muy segura de que fue todo lo que ocurrió en esos momentos.
Mike intentaba apartarme de él, pero creo que incluso una cosa pequeña como yo en situaciones como ésta puede tener mucha fuerza, porque constaté que le estaba haciendo daño. Hasta que sentí que dos personas me alejaban de él y su madre se acercaba a nosotros.
Yo intenté que me soltaran, solo quería volver a rodear el cuello de Newton con mis manos, y que me diera respuesta. ¿Dónde estaba Edward?.
-¿Qué es lo que está sucediendo aquí? - preguntó alarmada la señora Newton, mientras parecía estar consolando a mi hijo.
-¡ESTE ENGENDRO! - medio grité, medio escupí con desdén, apuntándole con un dedo -¡ESTE ENJENDRO ES EL RESPONSABLE DE LA DESAPACIDIÓN DE EDWARD!, ¡ÉL LE HIZO ALGO Y AHORA MISMO ME VA A DECIR DONDE ESTÁ! - intenté acercarme otra vez a él, pero los dos hombres que me mantenían alejada me lo impidieron.
Mike me miró como ofendido, escupiendo sangre antes de hablar. Le había hecho aun más daño en el labio.
-¡Te has vuelto loca!, ¿Cómo se te ocurre pensar algo así?.
Maldito mentiroso.
-¿DONDE ESTÁ! - volví a repetir.
-Señorita Swan, ¿Cómo se atreve a decir algo semejante? - dijo la señora Newton indignada – Mi Mickey nunca haría nada por el estilo. ¿Todo esto lo dice por ese chico, por el cuidador de tumbas?, si está claro que él mismo se ha fugado. Seguro que en unos días aparece campante y sonante, después de haber malgastado los recursos y el tiempo de todos.
Ahora no solamente quería hacerle daño a su hijo, también a ella. Al cuerno el respeto por nuestros mayores.
-Yo sé que fue él, no tengo dudas – dije, ahora un poco más calmada.
-Le voy a tener que pedir que se vaya, de lo contrario llamaré a la policía – intentó advertirme ella. Mike me sonrió con descaro.
-Si, eso es lo que tiene que hacer. Llame a mi padre para que venga a arrestarle y se lo lleven.
El rostro de ella adquirió un tono rojo escarlata por la ira.
-¿Pero cómo se atreve? ¡Fuera de mi tienda!, ¡Fue... - pero se interrumpió cuando miró en dirección de la entrada – Oh jefe Swan, menos mal que ha llegado. Llévese a su hija por favor, y trate de controlarla un poco mejor.
Cuando me giré yo también comprobé que efectivamente Charlie estaba caminando en mi dirección, me observaba preocupado.
-¿Bella, qué estás haciendo? - me preguntó cuando llegó a mi lado, las dos personas que me tenían agarradas de los brazos me soltaron.
-Llévatelo papá, - casi le supliqué, apuntando con un dedo otra vez a Mike – es él el que le hizo algo a Edward. Que te diga dónde está, por favor que te lo diga.
Ya tenia la visión por completo borrosa a causa de las lagrimas que estaban inundando mis mejillas. ¿Por qué nadie quería hacerme caso o creerme?
-Bells, Bella escúchame – Charle sostuvo mi rostro entre sus manos – Edward está bien, le hemos encontrado.
Éste sin duda tenia que ser el mejor segundo de mi vida.
-¿Qué? - sabia que yo no había sido la única que lo preguntó, visto que mi tono no era más que un simple murmullo cargado de esperanza. En cambio la otra persona lo había preguntado con incredulidad - ¿Dónde está?; ¿Cómo se encuentra?
Charlie me sonrió un momento antes de hablar. Él sabia que mis nuevas lagrimas ahora eran de felicidad y alivio.
-Está en el hospital, vamos te llevaré con él, y por el camino te cuento los detalles.
Me ayudó a salir de la tienda, mientras yo embobada dejaba que él me guiara. Por un segundo vi como Mike Newton palidecía y nos observaba con pánico.
-¡Ya tendrán noticias de mi abogado! - exclamó la señora Newton cuando pasamos por su lado – Eso que ha hecho se llama difamación, acusar a mi Mickey de algo tan horrible …
Pero ya todo eso carecía de importancia, lo único que ahora mi mente podía pensar era que Edward estaba bien.
ECDT
Odiaba las sillas de las salas de esperas del hospital, tenían que ser sin duda las cosas más duras de éste mundo, incluso más que las rocas. ¿O será que lo que más odiaba era la espera y la incertidumbre?. Si, supongo que debe de ser eso.
Edward estaba bien, según los doctores no corría peligro de vida, pero ahora estaba en la sala de operaciones porque tenía todos los huesos de la pantorrilla izquierda rotos y era necesario colocarlos en su lugar quirurgicamente. Y las operaciones por muy simples que fueran, eran siempre operaciones. Por eso no podía dejar de estar nerviosa.
Aparte de eso, Edward tenia también un hombro dislocado, un par de costillas fisuradas, la mandíbula magullada y unos cuantos cortes que necesitaban puntos. Era rico en heridas, se había sacado la lotería.
Maldito fueran Mike y sus amigos, porque a mi nadie me sacaba de la idea de que habían sido ellos. Sobre todo después de que el doctor confirmara las sospechas que Sam nos había dicho que tenía, de que había sido más de uno en contribuir en su golpiza.
Nunca voy a dejar de agradecerle a Sam, Emily y Jacob el papel que habían jugado en la salvación de Edward, así como en la ayuda de todos los demás. Tal parece que Sam y Emily lo encontraron en uno de los acantilados de rodea la reserva. Con la ayuda de los demás, le habían llevado a la tribu, aunque éste proceso había tardado casi dos horas, porque iban muy despacio por miedo de hacerle más daño a Edward. No fue hasta que Jacob lo vio y lo reconoció, porque se habían conocido el día anterior, que decidieron llamar a Charlie.
Tengo entendido que La Push tiene su propio cuerpo de policía, y ellos tenían intenciones de llevar el caso dentro de la reserva, hasta que supieron que Edward había desaparecido de Forks, y se le estaba buscando.
Por eso ahora estábamos aquí, esperando a que terminase la operación. Charlie había vuelto a la comisaría para terminar todo el papeleo y seguir con la investigación sobre quienes habían sido, y para eso necesitaba la declaración de Edward. No importa cuántas veces yo le dijera de mis deducciones.
Jasper había convencido a Alice de que bajaran a la cafetería a comer algo, Rosalie estaba sentada a mi lado, y Emmett paseaba por toda la sala; en ocasiones salia y caminaba por el hospital. Rosalie me había asegurado que era de lo más normal, que era esa su forma de comportarse cuando estaba nervioso. Y cuando lo vi por primera vez pasarse las manos por el cabello, supe que en determinadas situaciones todos los Cullen reaccionan de la misma manera.
-Yo siempre he entendido por qué lo hace, ¿sabes? - me sacó la voz de Rosalie de mi concentración. Cuando levanté la vista, vi que Emmett nos había dejado solas en la sala de esperas otra vez.
-¿Ah? - pregunté sin entender.
-Lo que hace Edward, ir a visitar a sus padres todos los días al cementerio. Siempre he comprendido su punto de vista, y por qué lo hace. Y la verdad es que a veces le tengo envidia sobre el hecho de que él puede hacerlo y yo no.
No sabia qué decirle, así que solo me limité a mirarla extrañada. Ella me regaló una sonrisa nostálgica antes de seguir hablando.
-¿Qué tanto te ha contado Edward de Jasper y de mi? - preguntó.
-Solo lo básico, que conocieron a Emmett cuando estaban en el primer año de universidad, y visto que no tienen una muy buena relación con vuestro padre, adoptaron a los Cullen como su familia – contesté un poco incómoda, no quería poner en problemas a Edward por lo que me había contando.
Pero ella nunca dejó de sonreír.
-Di mejor que no tenemos ningún contacto con él – me dijo con mordacidad – mi madre murió de cáncer cuando nosotros teníamos apenas cinco años. Mis padres se amaban mucho, y su muerte le afectó demasiado. Siempre he pensando que el motivo por el que nos mandó a estudiar lejos era que no soportaba tener un recordatoria constante de la mujer que había perdido. Volvíamos a casa solo durante las vacaciones, pero ni siquiera entonces le veíamos porque estaba siempre trabajando. Hasta que se casó otra vez, cuando Jasper y yo teníamos once años. Al inicio no le dimos importancia, después de todo no conocíamos a nuestra madrastra. Pero ese verano que estuvimos en casa fue el último que pasamos allí. Ya en la vacaciones siguientes, nos mandaba con algún pariente lejano o de excursiones por el mundo.
-Mi nana fue la que me contó lo que había pasado, al parecer su nueva y flamante esposa no era capaz de darle otros herederos. Y ella temía que nosotros le pudiéramos quitar su parte de la fortuna. Al fin y al cabo ya habíamos heredado la mitad de nuestra madre. Los Cullen no son los únicos que vienen de una familia con dinero, ¿sabes? - me dijo con una sonrisa divertida, al reparar en mi expresión de incredulidad – Así que ella hizo que mi padre cortara con nosotros los pocos lazos que aun mantenía.
-Vaya, lo siento mucho Rosalie – le dije, de verdad apenada por ellos.
Ella se encogió de hombros.
-Ya no me importa como antes, Jasper al inicio intentaba llamarlo y contactar con él, pero después de un poco ya él también lo dejó. Lo último que supe era que se había divorciado de su mujer, y se había casado con una mucho más joven. Como quien dice, cambió el modelo por uno más reciente.
A pesar de la conversación, reímos un momento por su comentario.
-Al final todo fue para mejor, y ellos tres son mi verdadera familia. Pero siempre me pesó el hecho de haber crecido sin una madre, son muy pocos los recuerdos que tengo de ella, y son los que más atesoro. Se ve que Jasper y yo llevamos la perdida de manera diferente, porque una de las cosas que más me dolía era que ni siquiera podía llevarle flores a su tumba, visto que había sido incinerada y habían arrojado sus cenizas al mar. A mi hermano eso pareció que nunca le importó.
-Hasta que conocí a Edward, y entendí que él estaba pasando por un dolor similar al mío. Y que lo que él ha hecho siempre, era su manera de sobre llevar la perdida, de tratar de mantener aunque sea un pequeño vínculo con sus padres. Por eso en el fondo le envidié, él estaba haciendo lo que yo nunca había podido.
Se secó las pocas lagrimas que se le habían escapado, y en un reflejo inconsciente apoyó ambas manos sobre su aun pequeño vientre. Envalentonada yo tomé una de sus manos y se la apreté, ella me miró con una sonrisa y correspondió el apretón.
-No sé cómo explicarte lo que sentí la primera vez que vi a Edward – siguió – Desde que Emmett y yo nos besamos supe que se trataba del amor de mi vida, y que iba a aceptarlo con todo. Con su pasado, sus errores, sus defectos y su familia; sobre todo ese hermanito de nueve años que estaba bajo su total responsabilidad y tutela. Eso era todo parte de él y yo no iba a pedirle que cambiara nada por mi, así que me preparé mentalmente para ese encuentro, no tienes ni idea de lo nerviosa que estaba el día que iba a conocer a sus hermanos.
-Estaba segura de que me iban a caer bien, Emmett me había contado tantas historias de ellos que de alguna manera ya sentía que los conocía. Pero algo en mi corazón se detuvo la primera vez que tuve a Edward enfrente. Con esos enormes ojos verdes que dan la impresión de que te atraviesan el alma. Oh, y que triste, ningún niño debería tener esos ojos tan tristes. Quería defenderlo, y cuidarlo y protegerlo del mundo, de cualquier daño. Jasper siempre ha dicho que es porque él representa el hermanito que siempre quisimos, pero de alguna manera él activa mis instintos maternales, lo que siento por él es muy similar al amor que ahora experimento por éste bebé.
-Sé que le quieres mucho Rose – le dije con una sonrisa.
-No sé supongo que lo que intento decir con toda ésta parrafada, y el sentimentalismo provocado por las hormonas, es que pase lo que pase Edward siempre va a contar con mi cariño y mi respaldo. Que su felicidad para mi es muy importante, y me alegro mucho que tú hayas llegado a su vida, para devolverle el brillo a sus ojos y hacerle sonreír de nuevo. Creo que intento darte las gracias, porque sé cuánto le amas y eso significa mucho para todos nosotros.
-Madre mía, creo que me estoy quedando sin lagrimas – bromeé después de haberme secado las mejillas.
-¿Muy cursi? - preguntó con una sonrisa pícara.
-Solo un poco – le contesté y de manera sincronizada, las dos nos acercamos para abrazarnos.
Hasta que alguien carraspeó la garganta y nosotras de inmediato nos separamos para ver al doctor parado en el umbral de la puerta. Nos levantamos y fuimos a su encuentro, en el mismo momento en el que Jasper y Alice entraban en la sala de esperas.
-¿Qué ocurre? - le preguntó Jasper a su hermana.
-No lo sé, el doctor acaba de llegar. ¿Cómo está Edward doctor? - ahora le preguntó al hombre ya entrado en los cincuenta con la bata blanca.
-La operación ha sido un éxito – todos soltamos sendos suspiros de alivio por esas palabras – hemos logrado restablecer los huesos, y aunque Edward va a necesitar hacer terapia física antes de lograr caminar bien otra vez, por el momento todo va bien encaminado.
Ahora sí podía sentir un gran peso que abandonada por fin mi espalda, todas mis preocupaciones habían desaparecido por fin. Edward estaba bien.
-¿Podemos verlo? - pregunté esperanzada.
Pero antes de que el doctor pudiera contestar, Emmett se acercó a nosotros y lo interrumpió.
-¿Qué ocurre? - preguntó ahora él.
-La operación de Edward ya ha acabado, osito – le dijo Rosalie con una sonrisa y tomando su mano para apretarla – y el doctor ha dicho que ha sido un éxito.
-¡Eso es maravilloso! - contestó él, estrechando con su otra mano la del doctor – Muchas gracias.
-No hay de qué, hijo. Es mi trabajo. Ahora mismo están trasladando a Edward a su habitación, y si quieren pueden ir a verle – contestó a mi pregunta – Solo les pido que vayan con cuidado y traten de no molestarle, después de todo va a seguir dormido hasta que se le pase el efecto de la anestesia – todos asentimos a su petición – pasaré a controlarle en un par de horas, para ver cómo está.
Después de decirnos la habitación en la estaría Edward, y todos nuestros agradecimientos, él doctor se marchó.
-Voy a avisarle a la tía Elizabeth que todo salió bien – dijo Alice, tomando su móvil y alejándose un poco de nosotros.
Con todo el ajetreo del momento, a los hermanos Cullen se les ocurrió que a lo mejor la hermana de Esme podía saber algo de dónde se encontraba Edward, inútil decir que lo único que habían hecho era agitar a la pobre mujer, que estando lejos no sabia de que manera podía ayudar; y estaba a un grano de arena de tomar un avión y venir hasta Forks. Y por mucho que me encantaría conocer a la hermana de la madre de mi novio, no creo que éstas fueran las mejores condiciones para hacerlo.
Se me escapó un bostezo antes de que lograra llevarme la mano a la boca para cubrirlo.
-Deberías ir a casa a descansar un poco, Bella – me dijo Jasper con una ternura casi paternal.
-No – contesté de inmediato – Yo quiero ir a ver a Edward.
-Vamos no tiene caso – intentó secundar Rosalie la sugerencia de su hermano – como ha dicho el doctor, Edward va a seguir dormido durante un buen rato, ¿Qué sentido tiene que estemos los cinco en su habitación disturbandole?. Ve a casa, duerme un poco, come algo y cuando vuelvas ésta tarde vamos nosotros.
-¿Y por qué no lo hacemos de forma diferente? Vayan ustedes a casa y yo me quedo aquí, y después ésta tarde nos cambiamos.
-Pero … - empezó a protestar, pero después de meses pasados junto a ellos, ya me conocía todas sus jugarretas y las formas que tenían de convencer a los demás para hacer como una quiere.
-Como justamente has apuntado, sería inútil que nos quedáramos los cinco aquí, pero al mismo tiempo no podemos dejar a Edward solo. Y no soy yo la que está embarazada y tiene que pensar antes en la salud del bebé.
Sabia que con esto tenia la partida ganada.
- Tiene razón – dijo Emmett, apoyando una de sus manos sobre el vientre de Rosalie.
Para entonces Alice ya había terminado de hablar, y observaba nuestra conversación con una sonrisa divertida. Cuando se dio cuenta que yo la estaba mirando, me guiñó un ojo. Sabia que todo esto lo había aprendido mayormente de ella y de Edward.
-Está bien – accedió Rosalie – ya cuando vengamos más tarde te hacemos el relevo.
No pude evitar sonreír, ya encontraría la forma luego de quedarme también más tarde.
-Vamos cariño que te acompaño a casa, después me gustaría ir otra vez la comisaría de policía, para ver como está avanzando la investigación sobre quien fue que lo hizo eso a mi hermano – le dijo Emmett a Rosalie, mientras sus ojos mostraban un brillo peligroso. Casi sentí miedo por Mike cuando por fin pudiera probar que había sido él. Casi. - Nos vemos más tarde Bella – me saludó, y salió de la sala con su mujer.
-¿Necesitas algo Bella? - me preguntó Alice antes de que ellos dos también se marcharan - ¿Quieres que te traigamos algo cuando vengamos en un par de horas?.
-No, no hace falta. Ahora voy a comprarme algo en la cafetería antes de ir con él.
Ambos asintieron complacidos.
-Llámanos si ocurre cualquier cosa – me dijo Alice antes de que también ellos se fueran.
Así como había prometido, bajé a comprarme un zumo y un bocadillo, que tardé solo dos minutos en devorar. Creo que ahora que ya había pasado lo peor, me daba cuenta del hambre que tenía.
Subí a la plata donde estaba su habitación, y fuera de la puerta respiré profundo varias veces para tratar de calmar mis nervios, me restregué las manos en los pantalones para secar mis manos y me las pasé por el cabello. Después me reprendí a mi misma, no sé por qué estaba intentando verme bien. Pero estaba nerviosa, esa era la realidad, nerviosa de cómo vería a Edward. Así que cerré los ojos y manteniéndolos así, abrí la puerta.
Cuando los volví a abrir, mi mirada se posó en él. De acuerdo que mi mente tenía una imagen algo peor, pero aun así me dolió como estaba. Cubierto por una sábana hasta la cintura, no podía ver el estado en el que estaba la pierna que le habían apenas operado, tenia cortes en los brazos, de los cuales algunos cosidos con puntos. Una intravenosa en una muñeca y el hombro que se había dislocado cubierto por una venda, y algunos moretones en la cara.
Me acerqué lentamente a la cama y me senté en la silla que tenia al lado.
-Hola novio mio – le dije en un susurro, mientras que con la mayor vehemencia que poseía aparté de su frente los cabellos que le habían caído. Tomé nota mental de que una vez que Edward hubiese salido del hospital, le iba a decir que necesitaba un corte de cabello si quería seguir viendo – Nos has dado a todos un susto de muerte, pero eso tú ya lo sabes. No eres de los que hace nada a medias, todo es a lo grande – bromeé – Creo que Emmett y Jasper han envejecido diez años en el día de hoy, y no me sorprendería que tus sobrinos naciesen estresados.
Noté un pequeño círculo de humedad en la sabana, y allí fue que supe que había empezado a llorar otra vez. Vamos esto era ridículo, no tenia por que llorar. Edward estaba bien, tenia que estar solo contenta. Pero a pesar de toda la felicidad que había en mi corazón, la ansiedad y la preocupación seguían sin querer dejarme.
-Y ni te cuento cómo he estado yo, creo que estoy a un grito de que me pongan una camisa de fuerza – solté una risa histérica combinada con el llanto – Aunque te voy a contar un secreto, en el fondo me alegra que no me hayas visto perdiendo el control – suspiré un momento – Pero ahora quiero que me veas, abre tus ojos por mi Edward, por favor – tracé suavemente con el dedo indice el contorno de sus ojos – echo mucho de menos esas esmeraldas que tú sabes que son me perdición.
Después de eso me quedé callada y simplemente me dediqué a verlo mientras dormía, era una visión que no me cansaría nunca. Había algo que hipnotizaba en la forma en la que subía y bajaba su pecho al ritmo suave de su respiración. Me gustaba verle el rostro y pensar que en éste momento estaba teniendo sueños placenteros y maravillosos, y que no estaba reviviendo para nada los momentos que lo trajeron aquí. No sé exactamente cuanto tiempo estuve así, pero no me sorprendería que hubiese pasado más de una hora desde la última vez que le dije algo.
Hasta que la necesidad de ir al lavado empezaba a resultar fastidiosa, e incluso estando sentada me encontraba incómoda. Me levanté de la silla y deposité un suave beso en la frente de Edward.
-Enseguida vuelvo – susurré cerca de su oído – No te vayas a mover – casi me río de lo tonta que era con mis chistes.
Fui al lavabo que estaba en una esquina de la habitación, y después de haberme lavado las manos al acabar, me mojé también el rostro con agua fría para despertarme más, y eliminar de mis mejillas en rastro que las lagrimas habían dejado. Cuando regresé a su lado en la silla, volví a tomar su mano. No soportaba la idea de no comprobar su presencia, aunque lo viese, necesitaba palpar que seguía aquí. De manera tonta, temía que si cerraba los ojos un segundo, él podría desaparecer otra vez.
-Ya he vuelto, espero no haberte hecho esperar demasiado – resultó una pérdida de tiempo que me lavara la cara antes, porque había empezado a llorar una vez más – Edward por favor despierta. Yo te necesito, no sé qué haría sin ti. ¿Qué va a ser de mi vida si te pasara algo? - Me sequé las lagrimas y cerré los ojos, apoyando la cabeza en el respaldo de la silla. El sueño me estaba venciendo. Supongo que todas las horas que llevaba sin dormir me empezaban a pasar factura.
-Supongo - dijo una voz ronca desde la cama y su mano se movió para apretar la mía. Yo me giré velozmente hacia él, tan rápido que me sorprendió que mi cuello no sonara - que entonces te tocaría a ti sentarte a hacerle compañía a mi tumba.
-¡OH! - no pude evitar exclamar, aquí estaban mis esmeraldas - ¡Cariño, estás despierto! - sin pensar en lo que hacía me arrojé a sus brazos y me aferré a su bata de hospital como si fuera una niña pequeña. Tengo que esperar que por suerte no le hice daño porque Edward rió suavemente y me rodeó con el brazo izquierdo, teniendo cuidado con la intravenosa. Mientras yo me acostaba a su lado en la cama – Ya estás despierto – volví a repetir en un susurro.
-Ya estoy despierto – me contestó con una voz cansada – Pensé que te había perdido – me dio un beso en la coronilla – estaba muy oscuro y no lograba alcanzarte, y cada vez que te llamaba tú te alejabas más – no sabia si en realidad hablaba conmigo, o lo estaba haciendo para sí mismo. Pero como sea tenia a la necesidad de asegurarle.
-No voy a ir a ningún lado, aquí estoy. Ahora y para siempre. Pero por favor no nos asustes otra vez de esa manera.
Volvió a reír otra vez por lo bajo antes de contestar.
-Lo intentaré.
Quería preguntarle qué había pasado, quién le había hecho esto. Pero ahora mi prioridad era él y saber que estaba bien, ya más adelante habría tiempo para preguntas y recuerdos desagradables.
-¿Cómo estás?, ¿Cómo te encuentras? - le pregunté, levantando mi cabeza de su pecho para poder mirarle a la cara.
-Estoy un poco magullado y me duele la cabeza y la pierna, pero creo que sobreviviré – aseguró – aunque sí tengo un poco de sed.
-Espera un momento.
Me levanté de la cama y le serví un vaso de agua, de la jarra que estaba en la mesilla auxiliar. Con el mando levanté el respaldo de su cama hasta que estuvo sentado. Pero considerando que no podía mover el brazo derecho por el hombro, y estaba tan débil que no podía levantar el izquierdo, resultaba complicado lograr que bebiese agua sin mojarse.
-Creo que tengo una idea – le ayudé a apartar un poco la espalda del colchón, hasta que hubo el espacio suficiente para que yo me pudiera sentar detrás de él en la cama, y él se apoyara en mi pecho – A ver si esto funciona – llevé el vaso a sus labios y consiguió beberse toda el agua sin problemas – Ya está – coloqué el vaso en mesilla.
-Muchas gracias – recostó su cabeza sobre mi hombro y me miró con los palpados caídos – me gusta mucho ésta posición.
-A mi también – sonreí.
-Hazme saber si te resulto demasiado pesado.
-Estoy perfectamente – aseguré.
Nos quedamos en silencio unos momentos, hasta que él carraspeó la garganta.
-Vi a mis padres, ¿sabes? - anunció de repente.
-¿En serio? - pregunté emocionada. Había escuchado situaciones en las que los pacientes inconscientes o en coma reciben visitas de sus seres queridos fallecidos, y quería tener fe en que eso era lo que le había ocurrido a Edward. Él más que nadie se lo merecía.
-Si, no estoy muy seguro si fue un sueño o si de verdad estaban allí, pero yo prefiero pensar que es la segunda opción. Mi madre estaba preciosa, tal y como era. Y mi padre me recordó el hombre que quiero llegar a ser algún día. Pude volver a abrazar a mis padres – una lagrima se me escapó con esa afirmación – Y tenías razón, como siempre.
-Siempre la tengo – dije con fingida arrogancia – Pero, ¿sobre qué?.
-Me han dicho que durante todo éste tiempo no se han apartado de nosotros. Que han seguido cada uno de nuestros pasos y no dejaran jamás de hacerlo. Que están muy orgullosos de nuestra familia. Y siempre nos querrán. Me dijeron también que no necesitaba ir a visitarlos todos los días, que ellos siempre estaban cerca de mi, porque estaban en mi corazón. Que por mucho que ellos amaran lo que yo hago, ya había llegado el momento para mi de seguir adelante.
-Es fantástico Edward, estoy muy feliz por ti.
-Creo que después de diez años, solo ahora acepto de verdad la muerte de mis padres. Ya estoy listo para dejarlos ir.
-Mnn – no sabia muy bien qué le podía decir, ya sabia lo rebosante de alegría que yo estaba por él, así que solo me incliné un poco y deposité un beso en sus cabellos.
-¿Te puedo hacer una pregunta un poco egoísta?
-Te tengo aquí a mi lado, te aseguro que no me importa que seas todo lo egoísta que quieras en estos momentos.
-¿Serías capaz de hacer lo mismo que yo hago? - lo miré confundida, así que se tuvo que explicar – Quiero decir visitar mi tumba todos los días para estar conmigo, si de verdad las cosas hubiesen terminado mal.
Su pregunta me tomó por sorpresa y se me formó un nudo en la garganta. No quería pensar otra vez en que las cosas podían haber terminado de esa manera, creo que ahora yo también iba a necesitar de la ayuda de Peter para poder superar lo que había ocurrido. Pensé en una vida sin Edward, en que sabia que si las cosas hubiesen sido así, habría hecho lo que fuera para sentir que estaba un poco más cerca de él. Me acordé de las palabras de Rosalie antes y las relacioné con la opinión que siempre había tenido sobre lo que hace Edward. Y entonces no tuve dudas de cual iba a ser mi respuesta.
-Pero por supuesto que si. Ahora más que nunca te entiendo, hasta ahora creía solo que lo hacía. Sé por qué lo haces y que yo también lo haría. Es más creo que necesitarían hacerme un refugio al lado de tu tumba, porque estaría contigo las 24 horas del día.
Rió un momento, hasta que una pequeña mueca de dolor le obligó a parar.
-Eres tan competitiva – dijo aun con una leve sonrisa – Hasta en eso tienes la necesidad de ganar.
Sabia que estaba bromeando así que no me ofendí por lo que me decía.
-Ya me conoces, sabias en dónde te estabas metiendo cuando me pediste que fuera tu novia.
-Y no me arrepiento de … - se interrumpió un momento para bostezar - … nada.
-Vuelve a dormir, anda – le sugerí … bueno está bien, le ordené – tienes muchas energías que recuperar.
-¿Asi en la posición en la que estamos?
-Yo estoy muy cómoda, ¿Y tú?.
-En las nubes – murmuró ya con los ojos cerrados.
-Duerme, estaré aquí cuando despiertes – aparté otra vez los cabellos de su frente.
-Te amo, Bella – me dijo, antes de caer profundamente dormido.
-Yo también te amo – le contesté, apoyando la cabeza sobre la almohada y cerrando los ojos.
Y así, con Edward en mis brazos. Me quedé dormida junto a él.
Continuará …
Vale, está bien me tardé un poco más de lo que había prometido, pero creo que dos días no está tan mal. La verdad es que éste capitulo no terminaba de convencerme y lo revisado y cambiado tantas veces que ya perdí la cuenta. Pero creo que esto es lo mejor que logro conseguir.
Ya solamente nos queda el último capitulo (parece increíble :( ), en donde se ataran los cabos que se han quedado sueltos, y nuestra hermosa pareja por fin tendrá su final de "vivieron felices y comieron perdices".
Espero con ansias vuestros comentarios, y prometo no tardar mucho para el final.
¡Un feliz año nuevo a todos y nos vemos en el 2012!
Besos, Ros.
