Crepúsculo y sus personajes no me pertenecen, yo solo me adjudico las tramas de mis historias.

Mamá y Papá.

Tenia frío, mucho frío. Se sentía el cuerpo entumecido y era como si dos trozos de hielo hubiesen sustituido sus piernas y pies. Intentó mirarse las manos, pero era tanta la oscuridad que ni siquiera al tenerlas a un palmo de la cara fue capaz de distinguir nada.

Casi enseguida sintió como todo su ser entraba en un ataque de pánico, ¿Dónde estaba?, ¿Qué le había ocurrido?, ¿Dónde estaban los demás?, ¿Por qué se sentía el cuerpo en esas condiciones?. Intentó recordar qué fue lo último que vivió y cómo había llegado hasta allí. Cerró los ojos para concentrarse mejor, aunque la oscuridad detrás de sus párpados no hizo ninguna diferencia con la que había a su alrededor. Pero decidió ignorar éste hecho y se obligó a recordar.

La primera imagen que se le presentó fue la de Bella, lo cual no le sorprendía, últimamente sus pensamientos estaban siempre ocupados por Bella. Estaban en el agua, jugando, riéndose y divirtiéndose. Nunca le había parecido tan hermosa; no creía posible que pudiese ser más divina. Habían comido, habían tomado el sol, y pasado un fantástico día con la familia de él. Entonces lo recordó todo y su respiración se detuvo...

Se había despedido de Bella y de su familia, había subido a su bicicleta y se había ido a visitar a sus padres, aunque nunca había llegado. Cuando se bajó de su bicicleta en la entrada del cementerio, alguien lo tomó por detrás (tenia la impresión de que había sido más de una persona), le taparon la cara con una saca y lo arrastraron hacia un coche. Él intentó liberarse, pero había sido inútil.

Había intentado mantener la calma, incluso aunque no veía nada. Preguntó quienes eran y qué querían de él. Fue cuando sintió el primer golpe a su mandíbula.

-¡Cállate Cuidador de tumbas!- le gritó una voz enfrente suyo y él la reconoció enseguida, era Mike Newton.

Risas se escucharon después de eso, y Edward distinguió que eran todas masculinas. Decidió que lo mejor que podía hacer era precisamente estar en silencio y estudiar toda la situación, entender quienes eran los cómplices de Mike, a dónde lo estaban llevando y qué buscaban de él. Entonces fue que entendió por qué no se podía mover, varias manos lo mantenían con fuerza sentado en su lugar. Y dedujo que para que pudieran estar sentados en esa posición tenían que encontrarse en la parte trasera de una furgoneta.

Tenia que ser la de Tyler, lo cual no le sorprendió, era el mejor amigo de Mike.

Bien, ya tenia dos nombres.

De repente el coche se detuvo y esas mismas manos lo empujaron hacia afuera, hasta que cayó a cuatro patas sobre lo que me parecía grama. Entonces le sacaron la saca de la cabeza y él se puso de pie para encarar a sus agresores.

Eran cuatro. Había acertado con Mike y Tyler, y también estaban Eric y Conner. No les dijo nada, y se limitó solo a mimarlos con odio; por nada del mundo les iba a mostrar debilidad. Notó también que Tyler bajaba su bicicleta y la tiraba por el acantilado que tenia en frente.

-¿Qué haces! - por fin habló con rabia. Esa bicicleta había sido un regalo de su tía Elizabeth y le tenia mucho afecto.

-¡He dicho que te calles imbécil! - gritó Mike - ¡Todo esto es culpa tuya!, ¡Tú mismo te lo has buscado!

-¿Culpa mía? - preguntó con incredulidad -¿El que cuatro psicópatas hayan decidido secuestrarme cuando yo no les he hecho nada es culpa mía?

-¡Tenías que haberte alejado de Bella!, ¡Ella era para mi! - poco a poco Mike parecía estar perdiendo el control, tenia una expresión desencajada en el rostro, y se empezaba a asemejar a un animal salvaje.

-Bella no es un objeto – dijo intentando mantener la calma – Y jamás hubieses conseguido conquistarla, como se ve que no la conoces.

Mike apretó los dientes antes de contestar.

-Claro que si, iba a ser mía, lo tenia todo perfectamente planeado. Seríamos la pareja ideal. ¡Pero tenias que meterte en medio y quitármela!

-Al corazón no se manda Mike – no pudo evitar decir con una sonrisa de auto-suficiencia.

Lo cual pareció hacerle enfurecer aun más.

-Tenías que haberte quedado en el cementerio, nunca te tenías que haber acercado a ella. Es más ¿Por qué no te moriste junto con tus padres hace años?. No eres más que un desperdicio de aire y espacio, y al final Bella pagará por tu culpa. Tú y solo tú la vas a hacer sufrir y llorar como nadie.

Edward sabia que no debía perder el control, que lo mejor que podía hacer en la situación en la que se encontraba era mantener la cabeza fría y analizarlo todo, para encontrar la mejor manera de salir. Pero las palabras de Mike, las amenazas hacia su Bella eran inaceptables, fue lo que le hizo perder el control y hervir la sangre.

-¡A ella no le vas a hacer nada! - gritó a todo pulmón y fue tanta la furia en él, que cuando se abalanzó sobre Mike, ni siquiera Conner y Eric fueron capaces de detenerle - ¡No te atrevas a meter a Bella en todo esto! - y su puño contactó con la mejilla de Mike.

Fue después de eso que los cuatro se abalanzaron encima, golpeando y atacando cualquier parte de su cuerpo que a ellos se les antojase, incluso en una ocasión sintió que lo estaban haciendo con un bate. Él intentó por todos lo medios defenderse, y consiguió dar más de un puñetazo. Pero aunque Emmett y Jasper le hubiesen enseñado muy bien, cuatro contra uno era estar en clara desventaja en cualquier parte del mundo.

Hasta que todo se volvió negro y lo último que supo era que se encontraba en ese extraño lugar.

No tardó mucho en llegar a la conclusión de que eso quería decir que estaba muerto, o por lo menos a un paso de estarlo y éste lugar debería de ser el limbo.

Una vez más entró en estado de pánico, él no podía estar muerto, no podía. Sobre todo en ese momento de su vida. Por fin después de diez años empezaba a estar en paz con el mundo, empezaba a de verdad aceptar la muerte de sus padres, iba a empezar su último año de instituto y después iría a la universidad para ser doctor como Carlisle, iba a tener dos sobrinos a los que malcriaría, y lo más importante : Bella. Ella había llegado a su vida como un milagro, como un soplo e aire fresco después de haber estado tanto tiempo sin respirar, y no podía dejarla ir, no ahora que la había apenas encontrado.

No supo cuanto tiempo estuvo en ese estado, desesperándose y haciendo una larga lista de todos los motivos por los cuales no podía morir. Hasta que se dio cuenta de que estaba ahora sentado en el suelo, había subido las piernas hacia el pecho y las abrazaba mientras se balanceaba hacia delante y hacia atrás.

Hasta que se dijo a sí mismo que no podía quedarse así, tenia que hacer algo, encontrar alguna solución. Nunca había sido un cobarde, y no tenia intenciones de empezar ahora. Decidió que por el momento iba a intentar afirmar en dónde se encontraba y hallar un salida.

Así que se puso de pie y empezó a caminar, no sabiendo muy bien la dirección que podía tomar pero aun así fiándose de su instinto, Carlisle siempre le había dicho que él tenia un muy buen sentido de la orientación, y era el momento de comprobar si era cierto o eran solo las palabras parciales de un padre.

No supo muy bien cuánto tiempo estuvo caminando, a lo mejor eran solo diez minutos, o quizás ya había llegado a las horas, en ese lugar no se tenia muy buena noción del tiempo. Pero no se podía detener, tenia que seguir avanzando, porque sabía que en el momento exacto en el que sus piernas se pararan, el pánico y la incertidumbre atacarían de nuevo.

-Edward – alguien lo llamó, y después se escuchó un llanto - ¿Edward, dónde estás? - era su Bella de eso estaba seguro, reconocería su voz en cualquier parte.

No, ella no podía estar aquí. Porque el que ella se encontrara también allí solo significaba una cosa. Y era algo inconcebible, si aun no había terminado de aceptar su presencia en aquel lugar... imaginemos la de ella.

-Edward – lo volvió a llamar, pero ésta vez se escuchaba más lejos.

-¡Bella! - le gritó, y decidió correr siguiendo la dirección de donde provenía la voz, y el sollozo de ella que se escuchaba.

No estaba bien que ella llorara.

Empezó a correr, con cada segundo que pasaba la voz de ella se escuchaba todavía más lejos, hasta que dejó de escucharla. Se detuvo en seco, empezando a respirar otra vez con dificultad por el miedo, ¿A dónde se había ido?, ¿Qué dirección debía de tomar ahora?.

-Bella no está aquí cariño, meno mal. Y tú tampoco deberías de estarlo – le dijo un voz cristalina a su espalda.

Se tensó y todo su cuerpo se puso rígido. Esa voz él la conocía muy bien, habían pasado ya diez años desde la ultima vez que la escuchó y en ocasiones tenía problemas en recordarla, y aun así sabia que se trataba de ella. No podía ser, tenia que estar teniendo alucinaciones.

-Edward, campeón – y ahora se le sumaba también la voz de él. Esto ya era demasiado.

Cerró los ojos con fuerza y apretó los puños. Que estuviese escuchando a sus padres solo podía significar una cosa.

-Date la vuelta hijo – le dijo Carlisle.

Negó la cabeza y apretó los dientes. Se negaba incluso a dirigirles la palabra.

-¿Por qué no? - preguntó Esme con amabilidad, con esa bondad que trasmitía siempre con su sola presencia.

-Porque hacerlo significaría reconocer que estoy muerto – dijo entre dientes. ¿Qué otro motivo podía estar teniendo él para ver a sus padres sino que habían venido a buscarle?. Alice le había explicado todas sus teorías, como según ella funcionaba el otro mundo.

-No estás muerto cariño – le dijo ella.

Pero él no podía terminar de creerlo, además le daba miedo darse la vuelta y volver a verlos. Por lo menos consigo mismo no lo podía negar.

-Date la vuelta hijo – volvió a repetir Carlisle. Usando el mismo tono autoritario que usaba con sus hijos, y haciendo que Edward se sintiera otra vez como si tuviera ocho años.

Supuso que eso era algo que podían conseguir solo los padres, porque ni siquiera Emmett, que había sido su principal figura paterna durante los últimos diez años, lograba que él se sintiese de esa manera.

Respiró profundo y obedeció, recordando que a él no le gustaba desobedecer a su padre, pero aunque se dio la media vuelta, mantuvo los ojos cerrados.

Entonces sintió una suaves manos frías que acariciaban sus parpados aun cerrados, y no pudo evitar sobre saltarse por la sorpresa; era el tacto de ella, aun lo recordaba.

-Abre los ojos cariño – le dijo mientras le acariciaba la mejilla.

Y él lo hizo.

Se encontró con los verdes ojos de su madre, idénticos a los suyos como siempre observaban todos. Y no pudo evitar soltar un sollozo ahogado. Allí estaban ellos, justo como eran, incluso llevaban la mismas ropas que él recordaba se habían puesto para ir a festejar su cumpleaños. No habían cambiado nada, y supuso que era de lo más normal. Era él el que había envejecido, no ellos.

Su madre estaba preciosa, precisamente como había sido en vida. Con su sedoso cabello color caramelo, de unas tonalidades más claras que el suyo, que le caía sobre la espalda, brillantes ojos color esmeralda, una piel de porcelana, y la eterna sonrisa que siempre asomaba por sus labios. No era una sorpresa que su padre se hubiese enamorado perdidamente de ella desde el primer momento que la vio.

Los ojos azules de Carlisle se iluminaron cuando los de su hijo se encontraron con ellos, y una encantadora sonrisa torcida iluminó todo su rostro. Era una replica de la sonrisa característica de Edward. Sus facciones siempre habían sido marcadas, y con el pasar de los años Edward se asemejaba más a él. Era como decía Alice, había tenido la suerte de heredar los mejores rasgos de ambos. Había algo en la presencia de Carlisle que rezumaba poder, era un líder por naturaleza y hacía todos quisieran seguirlo. Y ahora que lo tenía en frente Edward puso constatar que nada de eso había cambiado. Siempre había querido ser como él.

Esme volvió a acariciar su mejilla, aunque en realidad en ningún momento había apartado la mano.

-Mi pequeño bebé del milagro – dijo en su susurro lleno de orgullo, alzando a la vista para mirarlo a los ojos. Ahora él era más alto que ella – A pesar de que ya no eres más un bebé.

Edward no lo soportó más, sin pensar en lo que hacía, se lanzó sobre sus padres y los abrazó a los dos en un extraño abrazo de grupo. En la parte posterior de su cabeza se preguntó como era posible que lograse tocarlos si ambos estaban muertos, pero desechó enseguida esos pensamientos. Ya lo preguntaría después. En ese instante quería saborear el momento.

Cuando se separó de ellos se percató de una cosa en la que antes no había pensado : podía verlos, incluso podía verse las extremidades de su cuerpo. Hasta antes de escuchar sus voces, no había sido capaz de distinguir nada a su alrededor.

-¿Dónde estoy?, ¿Qué están haciendo aquí?, ¿Es cierto que no estoy muerto? - no pudo evitar preguntar.

-Creo que ya tú lo sabes dónde estás Campeón – le dijo Carlisle, y él recordó cuanto le gustaba que su padre le llamara de esa manera.

Pensó un momento en sus palabras antes de volver a hablar.

-¿Entonces sí estoy en el limbo? - preguntó de alguna manera satisfecho de que por lo menos ahora tenia una respuesta o certeza.

Lo que recibió en respuesta fueron las melodiosas risas de sus padres.

-Si, era de suponer que tu hermana hiciera que tomaras sus mismas posturas en estos temas – dijo Esme aun riendo.

Él no sabia si tenia que molestarle o menos las risas y ese comentario. Pero escucharlos otra vez reír hizo que ello perdiera importancia.

-Si quieres puedes llamarlo así – ahora le dijo su padre – Después de todo es uno de sus nombres.

-Eso no explica por qué estáis aquí.

-Estamos solo aprovechando que tú nos puedas ver – respondió Esme.

-¿Qué quieres decir?, no entiendo nada.

-Déjalo estar Edward – le dijo Carlisle – Hay muchas cosas que no se entienden hasta que no pasas al otro lado. Y te puedo asegurar que eso es algo que ni tu madre ni yo queremos para ti, ni ahora ni nunca. Es como ha dicho Esme, hay que aprovechar que por una vez tú nos puedes ver y nos puedes escuchar.

-¿A qué te refieres? - se detuvo cuando comprendió el significado de lo que le decía Carlisle – Siempre han estado con nosotros, ¿Cierto?. Nunca se han apartado de nuestro lado – afirmó más que preguntar.

-Así es mi vida, Bella tenía razón ese día. Siempre hemos velado por vuestra seguridad y siempre lo haremos – Esme levantó la mano y apartó de la frente de Edward los cabellos que le habían caído.

-Por mucho que me enorgullece lo que haces por nosotros Edward, eso no es necesario – le dijo Carlisle, posando una mano sobre su espalda – Sé que es algo muy propio de ti, y nos lo teníamos que esperar. Pero no hace falta que vayas a visitar nuestra tumba para que te sientas cerca de nosotros, cuando nos tienes siempre aquí – movió esa mano hasta llevarla al pecho, dónde se encontraba su corazón – Ha llegado el momento de avanzar.

Edward asintió y nuevas lágrimas se asomaron en sus ojos. Y volvió abrazarlos, quería hacerlo lo más que podía, mientras tuviera la oportunidad.

-Los he echado tanto de menos, y me han hecho tanta falta. Ustedes no saben cuanto – dijo enterrando el rostro en el cabello de Esme.

Pero ésta vez fue ella la que rompió el abrazo y acunó entre sus manos el rostro de Edward.

-Yo lo sé mi vida, créeme que lo sé. No sabes cuanto lamento que hayan tenido que crecer sin nosotros, pero al final de cuentas no nos podemos lamentar.

Edward los miró confundido y Carlisle se apresuró a explicar.

-Estamos orgullosos del hombre en el que te estás convirtiendo. Tus hermanos lo hicieron muy bien contigo y ellos se han convertido en dos adultos maravillosos. Habéis permanecido unidos como una familia, y sois felices. Eso es lo único que nosotros podemos querer para ustedes.

-Gracias papá – le dijo con una sonrisa.

-Y tenías razón en algo – le dijo Esme con picardía - Rosalie y Jasper son perfectos para tus hermanos, y de haber tenido la oportunidad, ellos habrían sido como dos hijos más para nosotros.

La sonrisa de Edward creció, eso siempre lo supo. Pero esa misma afirmación hizo que en él naciera una duda.

-¿Y qué hay de Bella? - preguntó algo preocupado, no podía concebir la idea de que sus padres pudieran no aceptar a Bella como su novia, y no la quisieran.

Pero las sonrisa que ambos les regalaron apaciguaron sus temores.

-De todas las cosas que han ocurrido a lo largo de los años, tu relación con Bella sin duda es la que menos me sorprendió.

-¿Por qué lo dices?

-Siempre supe que esa chica tenía algo especial para ti. Desde que la vi en ese restaurante, cuando teníais cuatro años, sospeché que terminarían juntos. No lo sé, llámalo instinto materno.

-¿En serio? - preguntó excéntrico.

-Oh sí – fue Carlisle quien contestó – No sabes cuantas veces me lo dijo, que ella era la que te iba a hacer feliz.

Edward sonrió aun más, si es que eso era posible.

-Es el amor de mi vida.

Y en ese momento, como si la hubiese llamado con la mente, la volvió a escuchar.

- "Ya he vuelto, espero no haberte hecho esperar demasiado" - pero en ésta ocasión era como si se encontrase a su lado, la escuchaba con la misma claridad que a sus padres.

-Ya es el momento de volver cariño – le dijo Esme, que le agachó la cabeza hasta depositarle un beso en frente – Siempre serás mi bebé del milagro – susurró en su oído.

-¿Volver? - preguntó confundido - ¿Cómo?.

-Es el momento de despertar – le contestó Carlisle, que revolvió sus cabellos como lo hacía cuando era pequeño y sonrió – Te quiero mucho Campeón.

Entonces los dos se alejaron un paso de él.

-¿Cómo puedo despertar?. Llevo horas aquí, y si supiera cómo, lo hubiese hecho antes.

-Sigue la voz de Bella, es el amor que sientes por ella y que te guía. Por eso antes estaba lejos, porque no estabas listo.

Asintió, no muy seguro de que tuvieran razón, pero tanto valía intentarlo.

-Sé feliz hijo – le dijo Carlisle, mientras tomaba la mano de Esme – Tienes muchos motivos para serlo.

-Y recuerda que el amor es el sentimiento más fuerte que hay – siguió ella.

-Los quiero mucho – susurró.

-Nosotros también cariño. Y una ultima cosa que te quiero decir, cuando salga la discusión sobre los sexos de los bebés, apuesta por una vez en contra de tu hermana. En ésta ocasión, ella no tendrá razón.

Y así antes sus ojos, sin que ni siquiera pestañeara, ambos se desvanecieron. Pero la oscuridad no volvió, todo lo contrario, poco a poco todo a su alrededor se empezaba a iluminar.

– "Edward por favor despierta. Yo te necesito, no sé qué haría sin ti" - Volvió a escuchar a Bella, y de repente entendió que su madre tenía razón, estaba en paz con el mundo y listo para despertar - "¿Qué va a ser de mi vida si te pasara algo?."

Y fue con esas palabras que respiró profundo, cerró los ojos y cuando los volvió a abrir estaba otra vez en el mundo de la conciencia. Junto a su Bella.

Lo sé, lo sé. No tengo perdón, pero por lo menos quiero decir que lo siento mucho. Pero la vida real, junto con la falta total de inspiración no es una buena combinación, no importa lo mucho que yo quiera traerles el final de ésta historia. Conste que éste outtake no estaba previsto, pero no me pude resistir, espero solo que les guste. Si es que todavía hay gente que lee ésta historia. ¿Creen que estaba soñando, o de verdad eran ellos?. Ni yo lo sé :P

Ahora si, aviso que el siguiente capitulo será el último. Espero tenerlo listo para dentro de dos semanas, tres como mucho. Pero como siempre no puedo prometer nada, crucemos los dedos.

Una nota un poco fuera de contexto que quería anunciar a todos, no tiene nada que ver con la historia, pero igual les pido un minuto de su tiempo para detenerse a leerla. Sé que todos estamos felices porque ya se acerca el verano, y de consecuencia las vacaciones, pero desafortunadamente éste es el momento en el que nos olvidamos de nuestras fieles mascotas, del amor que nos dan y lo mucho que significan para nosotros. Por favor no abandonen a sus perros solo porque no pueden irse de vacaciones, hay siempre otras soluciones. Y yo les puedo garantizar que las vacaciones se pueden adaptar a ellos, hay muchos hoteles que los aceptan. Yo misma he viajado con mi Augusto y lo he pasado igual genial. RECUERDEN QUE ELLOS NUNCA NOS ABANDORARIAN. Pensemos una cosa : ¿Quienes son los animales, ellos o las personas que los abandonan?.

Gracias, sé que puedo ser fastidiosa, pero éste es un tema que me afecta mucho.

Nos leemos en la próxima, y algunas de las historias que estoy preparando para después del final de ésta.

Besos, Ros.

PD : Una pequeña encuesta (aunque en realidad yo ya he decidido los sexos de los bebés), ¿A ustedes qué les gustaría que fuesen?.