Ya sé que tengo que actualizar mis otras historias y no tanto ésta, pero acabo de regresar de la playa, donde he estado durante tres maravillosos días de Sol, mar y no hacer nada.

Además cumplo años mañana (22, que vieja), así que dadme un respiro.

Espero que os guste.

Rencor

Creía que lo tenía superado hasta que vio a su hijo delante suya, con la misma arrogancia que él, aunque más delgado y con los ojos de su madre. Fue un golpe, un duro golpe que lo catapultó sin previo aviso al pasado, a una época donde salir de su Sala Común era sinónimo de tener que mirar por encima del hombro, de aguzar el oído en las esquinas. De burlas y trampas. De Snivellus.

Lo peor de todo es que tenía que protegerlo. No porque Dumbledore se lo dijera, sino porque su propio sentido de la moralidad se lo exigía. Aún así no pudo evitar que el rencor que sentía se filtrase en su voz y en sus actos. Había dolido mucho y durante mucho tiempo para hacer borrón y cuenta nueva.

Cuando Lupin y Black volvieron, sintió que regresaba a una etapa de su vida que quería olvidar, que odiaba más que su época como mortifago, porque no podía controlarla. Porque a pesar de todo siempre había sido el malo. Porque daba igual si Black arremetía con los mismo prejuicios que decía rechazar. Él era el malo, el culpable. El mortifago. Del que todos se reían. Del que se apartaban.

Y eso dolía.