Disclaimer: Inuyasha y compañía pertenecen a Rumiko Takahashi; La historia por otra parte es toda mía.

N/A: ¡Hola! ¿Cómo están? Espero que super bien… ¡Muchas gracias a todas por los reviews! Jejejeje En verdad me dejaron muchos. Muchas gracias, ¡Me hacen muy felices!

Bueno pues hubo opiniones encontradas. A unos les gustó a otros no.

Pero lo que quiero decir es que mi intención no es que odien a Kagome ó a Bankotsu, los dos son victimas de sus adicciones. También es importante que Kagome se de cuenta de que Con sus acciones esta alejando a la única persona que realmente quiere y le importa. Es por eso que el capítulo anterior era tan importante, pero me da mucho gusto que sean sinceras conmigo y me hagan saber en lo que estoy fallando y lo que no les gusta.

Todos sus comentarios me hacen crecer como escritora, y los aprecio demasiado.

Recuerden que este fic esta dedicado a Eiko007. Sin más que agregar a leer se ha dicho.

"Quiero hacerte las cosas mas sucias de un modo elegante" El profe. Miranda

Capítulo 13

"Promesas"

Ese día el cielo era completamente gris, como si adivinara el estado de ánimo en el que se encontraba, iba de regreso a su enorme y solitaria mansión, Sango había logrado que la dieran de alta esa mañana…

El viento helado pegaba directo en su rostro demacrado, los edificios pasaban a su alrededor, podía ver a la gente caminando tranquila por la banqueta, familias caminando sin ninguna preocupación, parejas tomadas de la mano, gente caminando hacia su trabajo. Pareciera que todos tenían una vida normal… menos ella, sentía como si todo el peso del mundo estuviera sobre sus hombros, sentía como la gente la señalaba a su espalda. Todo su mundo se estaba cayendo a pedazos y no había nada que ella pudiera hacer para evitarlo…

Observo sus manos temblorosas por algunos minutos, habían comenzado a temblar hacia unos días atrás en el hospital… era por la falta de droga, la necesitaba, pero no quería recaer, aun tenia grabada la imagen de Inuyasha llorando en su cabeza, esa imagen de enojo, de tristeza, pero sobre todo de decepción. Se había sentido tan miserable en ese momento, como la peor de las perras. No había visto a Inuyasha desde ese día… y no tenía la intención de hacerlo ¿Como iba a verlo a los ojos? ¿Como verlo sin evitar sentirse miserable?

El cristal de la camioneta reflejaba sus ojos cansados y ojerosos. Las gotas de lluvia habían comenzado a caer provocando caos en la ciudad. Quería llegar a su casa y darse el baño mas largo de su vida hasta que quedara arrugada como una pasa, de hecho no quería salir de su casa nunca más, si por ella fuera se encerraría en su recamara a comer galletas de chocolate y observar programas de cocina durante el resto de su miserable vida al fin y al cabo tenia el dinero suficiente…

No quería sentirse culpable por sus acciones, de hecho nunca había sentido culpa ni arrepentimiento por nada de lo que hubiera hecho, pero ahora era diferente, ahora ya no estaba sola… ahora tenía a Inuyasha. Era irónico que tuviera que pasar todo eso para darse cuenta de que Inuyasha era una persona "especial", tal vez no lo amaba, pero le tenia un cariño que no había tenido por absolutamente nadie…

E l era la única parte amable de su vida y no se había dado cuenta hasta ese día… pero ahora el no quería ni verla y no lo culpaba ¿Quién iba a querer estar con una persona autodestructiva como ella? Que estúpida había sido, nunca le habían preocupado sus acciones porque nunca habían afectado a terceras personas, solamente a ella…

Sus manos comenzaron a temblar sin control, se cruzo de brazos para evitar que siguieran haciéndolo. Recargó su cabeza en el respaldo del asiento, cerró sus ojos y se durmió…

Sango la despertó en cuanto llegaron, pero no cruzaron palabra alguna… tal vez era porque no había nada que decir, pero no podían pretender toda la vida que nada había pasado. Subió las largas escaleras de mármol, recorrió a paso lento todo el pasillo hasta su habitación, en cuanto vio su cama se arrojo a ella intentando buscar el sueño… pero no lo consiguió, no estaba cansada, había descansado dos semanas en el hospital, solamente observo el techo, lo observo como nunca antes lo había hecho, giro su cabeza hacia donde estaba esa puerta que conectaba la habitación de ella con la de Inuyasha… lo extrañaba… lo extrañaba bastante.

Se levanto de la cama y camino hacia el baño con pereza, los huesos le dolían y ese maldito temblor en las manos parecía que nunca iba a terminar. Esperó a que la bañera se llenara y se metió en ella, en cuanto estuvo dentro comenzó a hundirse poco a poco hasta que el agua cubrió su cabeza, se quedo ahí hasta que el oxigeno comenzó a escasear… hizo lo mismo durante 3 horas.

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- ¿Qué piensas decirle a la prensa esta vez? -

Sango levanto su cabeza lentamente y observo a Miroku que se encontraba frente a ella. Por primera vez sintió envidia de él… él no tendría que lidiar con todos lo medios de comunicación esa tarde. A veces solía pensar que su paga no era suficiente para todo lo que hacia ¿Como iba a lidiar con Kagome así el resto de su vida?... las mentiras para encubrir sus estupideces estaban comenzando a escasear, la gente había dejado de creer que Kagome era una muchacha estable y sin ningún problema…

- No lo se Miroku… ¿Qué puedo decirles esta vez?- Su voz denotaba cansancio, fastidio y desesperación… todo eso fue detectado por Miroku a la perfección.

- Puedes decir que se confundió con unos medicamentos… que fue sin ninguna intención - En verdad quería ayudarla, no soportaba verla así.

- ¿Tú crees que la gente va creer que fue un "accidente"? - Soltó un suspiro y se recargo en la barra de la cocina.

- Entonces… tal vez la verdad podría funcionar… -

- ¡Oh si claro! ¿Como no se me ocurrió antes?- Respondió sarcástica. - ¡Sí!… podría decirle a todo el mundo que Kagome se metió todas las drogas del mundo… ¡Sí, eso sería bueno! - Comenzó desesperadamente a golpear con sus dedos el borde de la barra… estaba comenzando a fastidiarse de todo.

- Bueno no tan especifica… solamente que tuvo una sobredosis -

- ¡Estas loco! En dos semanas es el desfile en Milán… los diseñadores podrían no quererla en los desfiles si se enteran de sus adicciones -

- ¿Entonces? ¿Qué planeas decir? - Se acerco hacia ella posando su mano sobre su hombro, pero para su sorpresa ella se movió de inmediato.

- No lo se… algo se me ocurrirá - Se levanto del banco y camino hacia puerta. - Por cierto… vigila a Kagome, no quiero que haga otra estupidez -

- ¿Qué no se supone que la "niñera" de Kagome es Inuyasha? -

Sango masajeo las sienes de su cabeza… no estaba para reclamos en ese momento y Miroku parecía no entenderlo. - ¡Solo vigílala Miroku! ¡No discutas! - Dejo de gritar en cuanto vio la cara de perro regañado que había puesto Miroku. - Le di unos días libres a Inuyasha… estaba muy estresado y cansado… recuerda que el estuvo todo el tiempo en el hospital, se merecía el descanso -

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La soledad y lo obscuridad de su departamento lo estaba volviendo loco, justo ese día la calefacción del departamento había dejado de funcionar… su contestadora estaba llena de mensajes de Kikyo, esa mujer cada día se volvía mas insoportable pero aun así seguía saliendo con ella. La lluvia seguía cayendo sobre la ciudad haciendo el frio de la noche aun mas insoportable, solo se podían ver los truenos a lo lejos iluminando de vez en cuando aquella estancia obscura en la que se encontraba…

Se había ido a su departamento con el pretexto de descansar unos días, de despejar de su mente todas esas imágenes dolorosas… pero no lo había logrado, aun seguía viendo a Kagome convulsionándose en sus brazos, aun podía sentir ese sudor frio que ella desprendía, podía ver a los paramédicos resucitándola cuando su corazón se detuvo por unos instantes. Le había desgarrado tanto verla así… tan frágil, tan vulnerable…

¿Por qué ella se hacia eso? ¿Qué era lo que la orillaba a tomar esas decisiones? Ella lo tenia todo… no podía quejarse, era exitosa, famosa y hermosa…

Su celular comenzó a sonar insistentemente; podía ver claramente el nombre en la pequeña pantalla de colores… Kikyo. Suspiro y tomo el teléfono, tal vez ella lo podría distraer, hacer que olvidara todo tan solo unos instantes… pero sobretodo quería olvidar a Kagome, quería sacarla de el fondo de su alma, no importaba el método que tuviera que utilizar, tenia que olvidarla…

- ¿Bueno? -

Una voz chillona se dejo escuchar en la bocina del teléfono - ¡Inuyasha! ¡Amor! ¡Te extraño… quiero verte! - La mujer comenzó a sollozar insoportablemente. - Me tienes tan abandonada… ¡ella! ¡Te esta alejando de mi! -

- Kikyo… no estoy de humor para tus reclamos - Coloco una mano en su frente tratando de aliviar el dolor de cabeza que había aparecido de repente. - ¿Por qué no vienes al departamento? -

No tuvo que repetirlo dos veces… 30 minutos después Kikyo ya estaba dentro de su cama, gimiendo y revolcándose debajo de el, solo como ella sabia hacerlo. Terminó cansado, sudado e insatisfecho, Kikyo no había llenado y nunca llenaría ese vacio que Kagome había dejado en su alma, pero sobre todo en su corazón…

Tal vez lo mejor para el y para Kagome sería no volver a verla…

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Se despertó sudada, temblorosa y con la boca seca. Observo a su alrededor, tal vez eran como las 11:00 de la mañana pero no quiso averiguarlo. Se levanto de cama y camino perezosamente hacia el baño, observó con repulsión su imagen en el espejo del baño; se había convertido en todo lo que siempre quiso evitar durante toda su vida, en esa imagen que había repudiado, esa imagen que odiaba… se había convertido en su madre.

Trato de cubrir sus enormes ojeras lo mejor que pudo, aliso su cabello y se arreglo hasta lograr verse medio decente; bajo las escaleras hasta el hall en donde la esperaba todo su sequito de casi 25 personas, desde Sango, Miroku, hasta la maquillista. Los observó por un momento tratando de buscar el rostro de Inuyasha, pero simplemente no lo encontró. Odiaba admitirlo pero se sentía tan sola desde que el no estaba a su lado, habían pasado dos semanas desde que ella había salido del hospital y no lo había visto ni una sola vez.... probablemente aun seguía molesto, o tal vez ya no iba a volver nunca más. Por lo menos estas semanas en Milán esperaba estar lo suficientemente ocupada para no pensar en él.

Subió a una camioneta negra seguida muy de cerca por Sango y Miroku, tampoco había cruzado palabra alguna con ellos… tal vez la razón era que no quería recibir sermones de nadie, bastante tenia con su conciencia en esos momentos…

Subió a su jet privado aun con la esperanza de que Inuyasha llegaría para irse con ellos, más que nada con ella... desgraciadamente el avión despego llevándose así todas sus tontas ilusiones, por supuesto que el no iba a volver ¿Quién iba a querer estar junto a una drogadicta?... un increíble nudo se formo en su garganta, pero no iba a permitir que algo así la venciera, ella era una mujer fuerte no había llorado por nada… nunca había llorado por nada y no quería que fuera esa la ocasión. Giro su rostro hacia la ventanilla del avión y vio como poco a poco la ciudad se hacia pequeña…

- ¿Tomaste tu medicina?- Pregunto una voz conocida.

Una sonrisa burlona se formo en sus labios. - Es increíble como pretendes controlar una adicción de 4 años a la heroína con un poco de metadona y chocolates. - Suspiró y se giró para ver a Sango que la observa fijamente ¿Era lastima lo que veía en sus ojos?

- ¡Podrías dejar de verme así! Me enferma… - Se puso de pie molesta y se dirigió hasta la pequeña cocina del avión en donde tomo un vaso de jugo y unas galletas de chocolate… se recargo en un pequeño estante y sus manos comenzaron a temblar rápidamente ¡como odiaba esos malditos síntomas!

- Deberías de tomar las medicinas… así no temblarías como silla masajeadora - Le dijo Sango burlonamente.

Kagome la observó con ira, pero evito hacer cualquier comentario. Sabía de antemano que cualquier palabra salida de su boca Sango la iba a usar en su contra. Salió de la pequeña cocina y se sentó en su asiento nuevamente.

- ¿Kagome? - La llamo Sango. Ella simplemente la observo con fastidio. - ¿Estas bien Kagome? -

- Yo sí… ¿y tú? - A diferencia de muchas otras ocasiones su mirada no era neutral… esta vez se podía ver el dolor y una infinita tristeza.

- En cuanto lleguemos a Milán… trata de mantenerte libre de drogas, ¿ok? - Observó como Kagome se movía incomoda en su asiento… pero no le dijo nada simplemente asintió con su cabeza.

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Estaba cansada, desesperada y fastidiada…los constantes cambios de ropa, las entrevistas, los flashes de las cámaras, las diversas luces de colores, toda la gente a su alrededor observándola con una sonrisa hipócrita, exactamente igual a la sonrisa que ella traía en esos momentos. En su cabeza solo planeaba terminar con todo ese circo y regresar de nuevo a su casa. Sus huesos ya cansados comenzaron a pesar cada vez más, la visión había comenzado a nublarse. Solo faltaban unos metros para llegar al final de la pasarela, después de eso podría ir a su hotel y tal vez al día siguiente podría ir a su casa.

Llevaba ya dos semanas en Milán. Creyó que así iba a dejar de extrañarlo, pero entre mas pasaban los días, mas y mas pensaba en él… de pronto esos ojos dorados invadieron toda su mente, como deseaba estar frente a el y decirle tantas cosas, como deseaba poder recibir un abrazo, unas palabras de apoyo… todo lo que había recibido ese mes eran reproches y sermones de Sango.

Sentía que un día de esos iba a colapsar o simplemente iba a morir, ya no quería esa vida… ya no… su cuerpo no aguanto hasta el final de la pasarela y simplemente se desplomo.

Despertó con una lámpara pegándole directo a su rostro. Intentó ubicar el lugar en donde se encontraba, había personas a su alrededor pero ninguna cara conocida, no fue hasta que Sango se coloco frente a ella que se dio cuenta de lo que había pasado, estaba en un pequeño cuarto tras bambalinas. El doctor le media la presión mientras una enfermera pasaba un algodón con alcohol sobre sus fosas nasales, haciéndola despertar por completo.

Observó como Sango corría a todos de la habitación alegando que ella necesitaba descanso, no fue hasta que estuvieron solas que la mascara de Sango cayo por completo… se veía tan furiosa ¿Ahora que había hecho para hacer enojar a esa mujer? No se desmayo a propósito, solamente estaba muy cansada y estresada, pero parecía que Sango creía otra cosa…

- ¿¡Se podría saber que demonios te metiste esta vez!? -

Kagome se sentó en el borde de la cama y apoyando su cabeza en sus manos… no quería escuchar esa mierda, no tenía por que escucharla, simplemente observó al suelo como si encontrara algo más interesante en el que en las palabras de Sango…

- ¡Contéstame! - La tomo por el rostro haciendo que la observara fijamente, pero solo consiguió enojarse más cuando Kagome soltó un risilla. - ¿Crees que esto es gracioso? ¿Crees que quiero cuidar a una drogadicta el resto de mi vida? - Sango observó como Kagome se recostaba nuevamente en la cama. - ¿Estas si quiera escuchándome? -

- Trato difícilmente de no hacerlo… pero gritas demasiado - Colocó sus brazos detrás de su cabeza y cerró sus ojos. - Quiero regresar a casa… -

- ¡Oh no! ¡No lo harás! Tienes dos días mas desfile… y ahora regresa a ese desfile en este momen.. -

- ¡Podrías callarte! ¡No entiendes que estoy harta! ¡QUIERO regresar a mi casa Sango! No entiendes que mi vida se esta desmoronando poco a poco… ya no aguanto mas - Un nudo se formo rápidamente en su garganta.

Sango solamente escucho atentamente. Nunca en los años que llevaba trabajando con Kagome, nunca la había visto tan derrotada, tan demacrada… tal vez ese era un indicio de que ella estaba dispuesta a cambiar.

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Llegaron a Nueva York un día después del incidente en Milán. Podía ver como las gotas de lluvia golpeaban fuertemente el techo de la camioneta, los truenos retumbaban fuerte en sus oídos… tenia tantas ganas de llegar a su casa porque sabia que había vuelto hacia 3 días, quería pedirle perdón… sí, increíblemente le quería pedir perdón por todo, quería empezar de cero… quería comenzar una nueva relación con el, tal vez algo mas serio…

No espero que alguien le brindara una sombrilla para cubrirse de la lluvia, en cuanto la camioneta estaciono en la puerta de la mansión ella salió corriendo sin importarle nada ni nadie, sin importar que casi se medio mata al subir los escalones, sin importarle que todos la vieran como una loca. Se quitó las zapatillas para poder subir más rápido los escalones, corrió por los pasillos como maniática. Tenía la sonrisa más grande que jamás alguien hubiera visto, su corazón latía tan rápido que parecía salirse de su pecho.

No le importo si el pudiera haber estado haciendo algo… quería verlo, quería verlo mas que nada en este mundo, pero en cuanto lo tuvo frente su sonrisa desapareció, el parecía no querer verla ya que frunció el ceño y le lanzo una dolorosa mirada de desprecio. Se perdió por unos segundos en esa mirada dorada hasta que le rompió el contacto…

Dolor… sintió como su corazón se partía en pedazos, sintió aun mas dolor cuando el salió de la habitación para no estar con ella, lo siguió con la mirada hasta que lo perdió en los largos pasillos de la mansión.

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Los truenos eran a lo que más miedo le tenía, le hacían recordar todas las noches que su madre la había dejado sola sin importar que tuviera seis años. Aún tenía esa sensación de quedarse sola, desprotegida… indefensa. Esas noches que su madre la había prácticamente abandonado, esas noches habían sido las ultimas veces que ella había llorado, el sentirte sola a esa edad es la sensación mas horrible del mundo… tal vez era por eso que se había vuelto tan dura de grande…

Un nuevo trueno volvió a caer haciendo que la lámpara de su pequeño buro se apagara. Buscó desesperadamente una vela, algo para iluminar la habitación… tampoco le gustaba la obscuridad… ¿Por qué la vida era tan desgraciada con ella? Esa era la única pregunta rondando por su mente, la desesperación, la tristeza, el dolor… todo pareció acumularse en ese instante haciéndola refugiarse en una esquina de la habitación. Se abrazaba a ella misma, porque no tenia nadie que la abrazara… se consolaba ella misma, porque no había nadie que le diera palabras de consuelo…

Una pequeña luz alumbro su rostro, al principio no percibió quien era, pero esa voz… esa hermosa voz… era inconfundible…

- ¿No se supone que deberías estar dormida? - Le preguntó en un tono duro, haciéndola sentir peor.

- No puedo dormir… los truenos me dan miedo. - Le respondió casi en un murmullo. - Además tengo frio -

Su mirada fue de dulzura por unos segundos, pero su rostro cambio en cuanto ella lo miro directo a los ojos. - Duérmete… con tanto ruido no me dejas dormir a mi. -

Observó como ella se ponía de pie rápidamente y se recostaba en la cama abrazándose a si misma. A pesar de la obscuridad ella se veía tan acabada, tan triste… pareciera que se acostaba para no hacerlo enojar más.

Ella escuchó como la puerta se cerró evitando hacer el menor ruido posible. Él se había ido, se había ido y la había dejado sola una vez más. Un nudo se formó en su garganta, pero esta vez ya no era capaz de controlar sus lágrimas, estaba completamente acabada, destrozada y sola…

De pronto unos brazos la rodearon por la cintura fuertemente y la jalaron hacia atrás… el abrazo era tan cálido, tan amoroso, justo lo que ella necesitaba en esos momentos. Se volteó para encontrarse con unos ojos dorados que la observaban fijamente… cuando él le sonrió sintió como las lagrimas de acumularon en sus ojos nublando así su visión. Lo abrazó tan fuerte tratando de comprobar que no era un sueño… y lloró, lloró como hacia años que no lloraba. Escondió su rostro en el pecho de el sollozando aun mas fuerte, mientras el acariciaba sus cabellos y le decía casi en susurros que "todo estaba bien"

-Perdóname… - Pronuncio entre sollozos.

Él la tomo por la barbilla haciendo que lo mirara fijamente y le dio un beso en la frente. - No tengo nada que perdonarte… - La atrajo mas hacia él y la abrazo fuerte muy fuerte.

- Prométeme que nunca me dejaras sola… - Lo observó por unos instantes y se volvió a recostar en su pecho, aspirando aquel aroma tan masculino característico de él, quería estar con el así por siempre, quería que la protegiera siempre, que la amara por siempre… así como ella lo amaba, si alguna vez había tenido dudas de lo que sentía, ahora estaba muy segura… lo amaba con todo su corazón…

- Te lo prometo.- Fue lo ultimo que alcanzo a escuchar antes de caer profundamente dormida entre ese par de brazos… ahora el estaba con ella… ya no estaba sola.

Continuara…

"¿Por qué será que las personas que mas queremos son las que mas nos lastiman?"

¡Hola, otra vez! Espero que este capítulo haya sido de su agrado, verán que estuvo más sentimental y estuvo enfocado a los pensamientos y tristezas de Inuyasha y Kagome.

El próximo capítulo se va a llamar "Por ti" y va a contener lo que ya se que les gusta más… ¡Lemon!

Como siempre esperaré la opinión de todas y todos ustedes ¡Atásquenme de reviews!

XOXO Diana.

Sábado 16 de agosto del 2008. Puerto Vallarta, Jalisco; México. 7:05 P.M.

Corregido el 15 de febrero del 2009.