Disclaimer: Este fic es de AU; Por lo tanto las personalidades de los personajes pueden variar a como están originalmente.
Los personajes de este fic pertenecen a Rumiko Takahashi, pero la historia es toda mía.
N/A: ¡Hola! Muchas, muchas gracias a todas por sus lindos comentarios, como saben me hacen muy felices.
Tengo que pedirles disculpas porque no actualice el sábado, lo que pasa es que no tenía internet, y pues después de mover cielo mar y tierra lo logre. Discúlpenme, en verdad hice todo lo que estuvo en mis manos, pero no se pudo. Incluso me fui a un ciber café pero mi archivo no se podía abrir por el tipo de Windows. Pero bueno aquí esta.
Bueno, pues se que muchas (Por no decir todas jeje) quieren matarme por hacer sufrir a Inuyasha, pero como lo eh dicho es necesario para la historia así que por favor ténganme un poquito de paciencia. Este fic ya esta en lo que se podría decir el nudo de la historia, así que los protagonistas enfrentan varios obstáculos.
Este capítulo va a ser narrado en su mayoría, así que no se me desesperen, este capi requiere de más narración que nada, ya que es un capítulo medio triste. Ya en el próximo capitulo prometo poner más conversaciones.
Pues después de todo este rollo, quiero agradecerles a todas ya que mi historia llego a los 104 reviews en , y, a 101 reviews en Fanfic.es. Muchas gracias a todas las que me han apoyado en este primer proyecto; Espero poder seguir escribiendo historias de su agrado.
Capítulo 19 "Una señal"
"I'm bringing sexy back" Sexy back. Justine Timberlake.
Una señal…
¿Qué clase de señal?
Por un momento se pregunto ¿Que haría si él?... probablemente lo mismo que hacia antes de que él apareciera en su vida, perturbándolo todo, cambiándolo todo. Inuyasha dio un giro de trescientos sesenta grados a su vida. Él había llegado arrasando con todo y con todos, él le había hecho ver la vida de otra manera, desde otro ángulo. Aunque a veces le costara trabajo admitirlo, Inuyasha había traído esperanza a su vida, había traído luz… sonaba ridículo, pero así era.
Ahora la vida, el destino, lo que fuera… se lo estaba arrebatando. ¿Qué se supone que debería hacer?, ¿Pelear por el?, ¿Pelear por algo que nunca considero suyo?, lo que mas le perturbaba, era pelear por alguien que no estaba segura si iba ha amar toda la vida. ¿Por qué quitarle la oportunidad de ser feliz?, ¿Qué derecho tenia ella a quitarle una posibilidad de ser feliz?, realmente no sabía si lo iba ha amar toda la vida, no sabia si era una aventura pasajera, o un juego como decía Sango. Ahora él le pedía una señal, la que fuera… solo una señal, ¿Debería de dársela?, ¿Debería alimentar su ilusión?, porque eso era… una simple ilusión, ya que ella jamás sería una esposa, una ama de casa, una madre… ella nunca iba a ser la mujer que el merecía. Inuyasha merecía algo mejor, alguien que no dudara de su relación, alguien que correspondiera sus sentimientos, alguien que gritara a los cuatro vientos que lo amaba… ella no era esa persona.
Poso sus ojos chocolate sobre los dorados de él. Lo observó como si fuera la última vez, tal vez era la última vez. Rozó su mano contra su mejilla y suspiró. Inuyasha tomó su mano y la beso como si presintiera lo que se avecinaba. Pasaron varios segundos antes de que ella rompiera el contacto visual, el simple hecho de observarlo la perturbaba y la hacía dudar. Podía sentir las lágrimas acumulándose en sus ojos, nublando su visión por completo, pero las reprimió. Lo observó nuevamente, grabando en su memoria cada detalle, cada facción, cada gesto que la volvía loca. Iba a ser tan difícil vivir sin él, pero iba a ser más difícil vivir con el remordimiento de haberle quitado la oportunidad de ser feliz. Tenia que dejarlo libre, tena que romper la cadena que los ataba, tenía que arrancarlo de raíz… aunque eso significara arrancarse el alma en el proceso.
"Es por su bien", "Es por su bien", entre más lo repetía en su cabeza, más ilógico se le hacía. El simple hecho de romperle el corazón la atemorizaba al máximo. Ella no quería dañarlo, pero si no lo hacía en ese momento nunca lo iba a poder hacer. Solo esperaba que él la pudiera perdonar algún día.
Respiro y lo enfrentó…
-Inuyasha…- Se separó de el, y lo observó a los ojos intentando no llorar en el proceso. -Yo… no te amo… nunca te eh amado. -
Inuyasha la observó negándose a creer esas palabras. Tenía que ser una mentira, una vil mentira. Ella no podía hacerle eso, el la amaba. La amaba con todo su corazón. No podía vivir sin ella.
-No… - La observó con ojos suplicantes, tratando de encontrar alguna facción de arrepentimiento en el rostro de ella, pero todo lo que vio fue un rostro neutral, sin sentimiento alguno. Ella en verdad no lo amaba. El había sido un juego, diversión por un rato. - Dime que no es cierto. - Tomo sus manos entre las suyas, y las volvió a besar. Ella las alejo rápidamente, como si su simple tacto le provocara asco.
- Solo fuiste un juego - Lo pronuncio lento y claro, tratando de que el se diera cuenta de lo que acababa de decir.
El movió la cabeza negándose a reaccionar. - Solo estas confundida… -
-¡No! - Tragó saliva evitando que la voz se le quebrara patéticamente. - Esto fue un juego… yo nunca te amé… y nunca te voy a amar, ¡entiéndelo!- Se giró dándole la espalda, esperando a que se alejara. Él no se movió de su lugar.
-Tú… no puedes hacerme esto… no puedes - La tomó por los hombros y la giró, quedando frente a frente. La tomó por la nuca y la besó vorazmente. Ella lo alejó por el pecho, y lo abofeteo.
-¿!Qué parte no entendiste!? ¡No te amo! -
Por más que lo intento, no pudo encontrar ningún rastro de arrepentimiento en los ojos de ella. La observó por última vez, y salió de la habitación.
Caminó lentamente por los lúgubres pasillos de la mansión. Aún se negaba a creer aquellas palabras, y entre más las recordaba más lo lastimaban. Su corazón se había roto en millones de fragmentos, y no había nadie que pudiera repararlo. Él la había amado, y ella había jugado cruelmente con él. Ni siquiera sabía lo que sentía por ella en esos momentos, pero no la odiaba, nuca la odiaría. Ella era su corazón, su razón de existir, el aire que respiraba, su mundo… ella era todo, absolutamente todo. ¿Por qué nunca lo amo?, ¿Por qué?, él le había entregado su corazón en bandeja de plata, y ella lo había pisoteado hasta cansarse. Él hubiera entregado su vida por la de ella, nunca lo hubiera dudado por un segundo. Él le había entregado su existencia, y a ella no le había importado.
Subió a su moto, y salió apresurado de la mansión. No quería mirar hacia atrás, ya que si lo hacía probablemente regresaría suplicando, arrastrándose, humillándose. Condujo hasta casa de sus padres en New Jersey. La lluvia había comenzado a caer desde que había salido de la mansión; sus ropas se encontraban empapadas, pero no le importó. Entró por la puerta trasera, como la hacía cuando era adolescente. No quería saber de nadie, de nada, simplemente quería dormir y nunca despertar. Su pecho dolía… dolía como nunca antes había dolido. Subió las escaleras, encontrándose con su madre en el camino. Ella lo observó, y como cualquier madre lo abrazó. Ella no le preguntó nada, simplemente lo abrazó. Él se desahogo en los cálidos brazos de su madre, se desahogo como cuando tenía seis años.
Caminó hasta su habitación sin dejar de abrazar a su madre. Se recostó sobre su cama, que se encontraba cubierta por un hermoso edredón azul, ahí se quedo dormido en los brazos de su madre.
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Una mujer cruel…
Una perra, que no merecía perdón de dios…
Su corazón se había roto… se había roto cuando el partió. Nunca se había sentido tan desgraciada en toda su vida, ¿Por qué tenía que lastimar a todos los que la rodeaban?, la verdadera pregunta era: ¿Por qué lastimaba a las personas a las que amaba?, ¿Por qué lastimó a la única persona que mostro un poco de amor hacia ella?, tal vez era porque ella no sabía lo que era la palabra amor. Había intentado durante años que sus sentimientos no la dominaran, había intentado no mostrar ningún tipo de sentimiento hacia alguien, que simplemente la palabra amor la asustaba. Muchos lo decían, pero ella se había negado a creerlo, se había convertido en el ser que más odiaba en este mundo… su madre. Intento no ser como ella, pero a la larga no pudo evitarlo, simplemente lo llevaba en las venas. Su madre había amado a una sola persona: "A si misma", se había amado a si misma, siendo incapaz de amar a alguien mas… ni siquiera pudo amara a su propia hija.
Caminó por los extensos jardines, hasta que perdió de vista la mansión. Nunca había notado lo grande que era su casa, realmente no le interesaba. Se recargo el tronco de un enorme árbol, y se deslizo hasta que, quedo sentada sobre las raíces de este. Intento pensar en otra cosa que no fuera Inuyasha, pero era imposible, él era en lo único que podía pensar en esos momentos. Se odiaba a si misma por haberlo lastimado, se odiaba por hacerle creer que había jugado con el, se odiaba por haberle roto el corazón, pero mas se odiaba por haberle hecho todo eso, porque de alguna manera ella pudo haber evitado que él se enamorara de ella, pero no lo hizo, dejo que él cayera completamente enamorado, dejo que él se creara una falsa ilusión sobre ambos.
Observó las truenos golpear en algún lugar de la tierra. Por primera vez no tuvo miedo de los truenos, o de la obscuridad, de lo único que tenía miedo era de no ver a Inuyasha nunca más. Probablemente se lo merecía… se merecía cualquier cosa que le ocurriera de ahora en adelante. Aún tenia grabados aquellos ojos dorados llenos de dolor, todavía podía sentir la mirada de él buscando algún indicio de duda en su rostro. Por un momento quiso salir corriendo a buscarlo, y decirle que nada de lo que había dicho era verdad, pero no podía hacerle eso. Aunque le doliera en el alma, Kikyo lo iba a hacer más feliz que ella, por lo menos ella no dudaría en decirle que lo amaba. Tenia que dejarlo ser libre, ya que la felicidad no estaba al lado de ella.
Recargo su cabeza contra el árbol, y cerró los ojos, dejando que el sueño la invadiera poco a poco…
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Por un momento llego a pensar que su hijo se había convertido en una especie de "zombie", lo observaba dormir, bañarse, comer, pero realmente creía que lo hacía todo por inercia. Aún no le había preguntado ¿Por qué estaba ahí?, aunque realmente no era necesario que Inuyasha diera explicaciones para llegar a casa, el era su hijo y siempre sería bienvenido en su casa. Se levantó de su asiento y caminó hasta donde se encontraba él, recostado sobre el sillón de la sala y cambiando constantemente los canales de la televisión. Sabía que Inuyasha era un muchacho fuerte, inteligente, optimista, pero por más que buscaba no encontraba indicios de aquel muchacho que había sido su hijo hacia no mucho tiempo.
Se sentó a su lado mientras él la observaba con ojos vacios. Quería curar su corazón de cualquier daño que hubiera sufrido, ¿Pero como?, él no iba a hablar y nunca lo haría. Inuyasha continúo cambiando los canales de la televisión hasta que se detuvo en uno. Su madre lo observó tensarse, pudo ver nuevamente aquella cara de dolor que había tenido cuando llego a casa la noche antepasada. Observó a una mujer siendo entrevistada, una tal "Kagome Higurashi", los ojos de su hijo se llenaron de lágrimas. No pudo evitar soltar un pequeño gemido de dolor cuando una lagrima surco el rostro de su hijo. Él no se merecía eso, él era un muchacho bueno, respetuoso, amable… él no merecía sufrir por nadie, mucho menos por una mujer que no lo apreciaba. Lo abrazó instintivamente cuando otra lágrima amenazó con salir de los ojos de su hijo. Cualquiera que fuera su dolor ella iba a intentar sanarlo.
Lo abrazó hasta que quedo dormido en sus brazos…
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Caminó detrás de su nuevo guardaespaldas. Era un hombre alto, robusto, de cabello corto y negro, tendría unos treinta años, la verdad es que no estaba de humor para intentar conocerlo. En el instante en que lo vio lo comparo con Inuyasha, aunque nadie se podía comparar con Inuyasha, él era simplemente perfecto. Se detuvo en el momento en el que su nueva "sombra" lo hizo. Lo miró a los ojos y se dio cuenta de que aquel hombre no tenía ni una pizca de amabilidad en su rostro, tal vez era porque ella tampoco tenía dibujada la palabra "amigable" en la cara.
Había hecho berrinche como niña mal criada en el momento en el que Sango le dijo que tendría un nuevo guardaespaldas. Incluso Sango había intentado en darle la habitación de Inuyasha a aquel hombre, si no fuera porque se puso a gritar como loca probablemente Sango hubiera logrado su cometido. Nunca iba a permitir que alguien usurpara el lugar de Inuyasha, mucho menos un idiota con cara de "mongol", Inuyasha era único e irremplazable, él era el único hombre que iba a ocupar un lugar en su podrido corazón. Nunca en su vida iba a volver ha amar ha alguien como amó a Inuyasha, no le importaba quedarse sola por el resto de su vida…nadie iba a ocupar el lugar del único amor de su vida.
Mostró sonrisas falsas a las diversas cámaras que la fotografiaban. Era lo que mejor sabía hacer. Sango la seguía de cerca junto con Miroku, ambos tenían una cara de lastima tatuada en el rostro, estaban esperando a que ella se derrumbara en cualquier momento. Desfiló sobre la pasarela dando lo mejor de si. Su madre siempre decía que los problemas se dejaban tras bastidores, también decía que nunca debías mostrarle al mundo tu debilidad, ya que eso te hacia vulnerable. Se tomó un par de fotos junto a otras modelos, saludo a varias personas que no había visto en su vida, o que probablemente había visto pero no se acordaba. Intentó poner buena cara cuando los medios le preguntaron sobre Inuyasha… todo el mundo sabía que ella había tenido un romance con él. Su guardaespaldas trató de tomarla de la mano cuando los periodistas se aglomeraron a su alrededor, pero ella simplemente rechazó su agarre. No iba a permitir que ese hombre la tocara, no iba a permitir que ningún hombre la tocara, ningún hombre que no fuera Inuyasha.
Subió a una camioneta negra seguida nuevamente por su manager. Por la cara que tenía Sango se podía suponer que no aprobaba la actitud que tenía hacia su nueva "sombra". Trató por todos los medio de no cruzarse con la mirada de Sango, ya que sabía que estaba más que lista para darle un sermón. Desgraciadamente Sango no era de las que esperaban hacer contacto visual para hablar.
-Deberías de dejar de ser tan majadera-
- No puedo evitarlo…es parte de mi encanto- Se giró para mostrarle una sonrisa vacía.
- No debiste haber corrido a tu antiguo guardaespaldas si no te iba a gustar uno nuevo -
Kagome le lanzó una mirada que congelaría hasta el mismo infierno. - Yo no lo corrí - Murmuro entre dientes.
-¿Ah no? ¿Entonces se fue por su propia cuenta?-
-Aunque no lo creas así fue- Respondió tajante.
- Tal vez se harto de ti - Comentó de repente.
- Él no se harto de mí- Intentó ignorar los comentarios de Sango, pero no pudo su voz era como un taladro que le perforaba la cabeza.
- Entonces tu te hartaste de él… te encanta jugar con la personas… -
- Ya basta Sango - Masajeó sus sienes intentando mantener la calma, no iba a permitir que unos tontos comentarios la perturbaran. Ella no sabía nada, así que podía pensar lo que se le viniera en gana.
-¡No!... ¿Sabes cual es tu problema?,! tu no amas a nadie!, solamente te amas a ti misma… igual que tu madre- Tomó a Kagome por el rostro y la obligó a mirarla. - Por eso no te mereces a Inuyasha… porque… estas podrida por dentro… - Antes de que pudiera terminar Kagome la abofeteo con fuerza, y con lagrimas en los ojos.
- No tienes ningún derecho… ninguno - Lagrimas rodaron por sus mejillas, por una parte sabía que Sango tenía razón, pero por otra no quería aceptarlo.
- Kagome… ¿Qué estas haciendo?-
Kagome mostró una mirada confusa.
- No vas a ser feliz sin él - Meditó por un momento, y la volvió a mirar directo a los ojos. -¿Por qué no te das cuenta de que lo amas? -
- El merece algo mejor que yo -
- Hazme un favor… deja que él decida eso-
- Pero…-
- ¡Pero nada!... en todo caso ¿Crees que Kikyo es lo mejor para Inuyasha?-
-No-
- ¿Entonces? ¿Qué esperas?, corre… ¡ve por él!-
- Pues mas vale que te des prisa - Comentó Miroku desde el asiento copiloto, llamando la atención de ambas mujeres. -Hoy es su boda -
Continuará…
N/A: Creo… que mejor corro antes de que alguna de ustedes me asesine. Espero no recibir muchas amenazas de muerte. Dejen sus reviews si les gusto, si no les gusto… también dejen reviews.
El próximo capítulo se llamará… "Corre", ya verán porque el titulo. Y empieza la cuenta regresiva, faltan seis capítulos para que esta historia finalice.
Un beso muy grande a todas.
Diana.
