Disclaimer: Esta historia es AU por lo tanto las personalidades de los personajes pueden variar.
Los personajes de esta historia pertenecen a Rumiko Takahashi, pero la historia es completamente mía.
N/A: Bueno… por lo menos esta vez recibí menos amenazas de muerte que la vez pasada jejeje.
Antes de continuar quiero agradecer a todas por sus reviews, que son los que hacen que esta historia continúe… Muchas gracias por todo.
Pues… alguien me pregunto que si la persona que secuestro a Kagome era la misma que la había intentado asesinar… bueno, pues eso lo descubrirán en los próximos capítulos. En cuanto a la boda de Inuyasha… ya verán, ya verán.
Les recuerdo que esta historia esta por finalizar. Nos quedan 4 capítulos y un epílogo. También les recuerdo que esta historia va dedicada para Eiko007.
Creo que eso es todo. A leer se a dicho.
"How long you been seventeen?" Bella -Twilight.
Capítulo 21 "Obscuridad"
Lo que había comenzado como una pequeña nevada, se convirtió en una feroz tormenta que caía con fuerza sobre la "gran manzana". Los neumáticos de los autos derrapaban en cada curva, obligando a los conductores a reducir la velocidad. Los limpiaparabrisas iban de derecha a izquierda tratando de limpiar la nieve que caía sobre el parabrisas. Algunas personas caminaban sobre la banqueta con rapidez tratando de refugiarse del frio. Las luces de la ciudad comenzaron a encenderse rápidamente tratando de disipar la obscuridad que reinaba en esos momentos. Algunos botes de basura ardían en llamas, estas eran provocadas por indigentes que no tenían un techo en donde cubrirse.
La camioneta giro a derecha y luego continuo sobre una larga avenida. Los grandes edificios comenzaron a ser reemplazados por enormes mansiones; algunas de estas con aspectos demasiado tenebrosos como para creer que realmente estaban habitadas. Los asientos negros de piel estaban más helados que de costumbre, el tablero apenas alumbraba lo suficiente como para ver la silueta de sus rostros. Cuando el enorme portón se abrió, los faroles de la camioneta no alcanzaban a iluminar más allá de dos metros. Los extensos jardines, el camino hacia la mansión, todo se encontraba completamente cubierto de nieve. La camioneta se detuvo frente a la inmensa puerta de entrada, todas las luces de la mansión se encontraban encendidas, dándole a esta un aspecto menos tenebroso, del cual estaban más que acostumbrados. Sango fue la primera en entrar a la mansión, seguida de cerca por Miroku. Sango subió las escaleras de mármol rápidamente, en busca de Kagome.
La habitación de Kagome se encontraba en penumbras a diferencia del resto de la mansión. Las cortinas blancas de seda se ondeaban bruscamente por el viento. Caminó hasta la ventana para evitar que la nieve siguiera filtrándose. Resbalo por la nieve derretida, y casi cae al suelo si no fuera porque un par de brazos la sostuvieron en el aire. En un principio se sintió agradecida, pero cuando lo pensó bien tembló… ¿Quién la había salvado? Miroku estaba en su recamara, y según tenia entendido Miroku era el único hombre que podía estar dentro de la casa. Observó los brazos que la sostenían…definitivamente eran brazos de hombre. Se giro lentamente hasta encarar a la persona que la sostenía.
-¿Inuyasha?-
Hasta ese momento, no se había dado cuenta de lo aterrador que podía lucir Inuyasha en cuarto obscuro. Sus ojos dorados brillaban intensamente… o al menos esa era la impresión que daban, y su sonrisa era tan extensa que casi rayaba en lo macabro. Lo observó más a detalle, y se dio cuenta de que aun llevaba puesto el traje de su boda… ¡Su boda! Era cierto, Inuyasha se había casado unas horas antes, ese era el motivo por el cual Kagome no se encontraba en casa. ¿Pero que demonios hacia Inuyasha ahí, en su noche de bodas?
- Se podría saber ¿Qué haces aquí? - La sonrisa que Inuyasha conservaba en ese momento se borró de inmediato.
- Ummm… esperando. -Respondió en voz baja, casi inaudible.
- Esperando. - Repitió Sango, al mismo tiempo que levantaba una ceja incrédula. - ¿A quien esperas? -
- A Kagome… ¿A quien más?- Respondió como si fuera lo mas obvio del mundo.
Sango lo volvió a observar pero esta vez con desaprobación. Kagome estaba hundida en la depresión, y él quería perturbarla aún más. Además aun no sabía en donde demonios se había metido Kagome, simplemente había salido corriendo a quien sabe donde, y les había prohibido a ella y a Miroku seguirla, ellos como buenos empleados le habían hecho caso. Pero ahora no estaba segura si eso había sido una buena idea.
- Por cierto… ¿En donde esta? -
Sango se encogió de hombros, y se sentó en uno de los pequeños sillones de piel que estaban en la habitación. Inuyasha la imitó y se sentó en el sillón que estaba a un lado, pero a diferencia de Sango el no se sentó con delicadeza, simplemente se dejó caer sobre el pequeño sillón.
- Me ausento por unas horas, y tú pierdes a Kagome. - Se burló
- Yo no la perdí… simplemente… - Suspiró y acomodo su larga cabellera. - Este bien la perdí -
- Lo sabía... me voy y todo el mundo se viene abajo. -
Sango rolo sus ojos, y por un momento se preguntó ¿Cómo le hacían el y Kagome para estar juntos? Ya que ambos tenían un ego del tamaño del mundo. No creía que hubiera suficiente espacio en esa relación para Inuyasha, Kagome, Kikyo, y el inflado ego de los tres. Hablando de Kikyo…
- ¿Que no se supone que deberías esta con tu "esposa"?-
Él rascó su cabeza y sonrió con autosuficiencia. - Si tuviera una estaría con ella- Giro su cabeza para mirar fijamente a Sango, y volvió a sonreír.
Sango lo observó incrédula. Eso significaba que… ¿No se había casado?
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El constante goteo de una llave abierta fue lo que la despertó. Intentó acomodarse ya que se encontraba incomoda, pero algo la apresaba fuertemente por las muñecas. Solo en ese momento se dio cuenta de que se encontraba hincada en algún lugar frio e incomodo. Intento abrir los ojos pero no pudo, cada vez que lo intentaba parecía como si su cabeza fuese a explotar. Su boca se encontraba muy reseca, cómo si no hubiese tomado agua en días, y su estomago hacia ruidos extraños, probablemente porque tenía hambre. Intentó recordar el motivo por el cual se encontraba ahí, pero no pudo recordar nada, su cabeza se encontraba completamente en blanco. Lo último que recordaba era su intento fallido de evitar la boda de Inuyasha, recordaba haber caminado un par de horas por las banquetas de la ciudad, y después de eso no recordaba nada. Era cómo si alguien hubiera borrado esa parte.
Escuchó un irritante chirrido, probablemente de alguna puerta oxidada. También escuchó unos fuertes pasos acercarse peligrosamente hacia donde ella estaba. En ese momento recordó todo… el callejón, el trapo con un olor penetrante… la habían secuestrado. El ruido de pasos se detuvo frente a ella, y simplemente dejo de respirar. No quería dar algún indicio de que había despertado. Al menos no todavía, pero no era lo que esa persona tenía en mente, ya que un balde de agua helada le fue arrojado a la cabeza, y no pudo hacer otra cosa más que soltar un pequeño grito. La tomaron por el cabello obligándola a ponerse de pie, sus muñecas que se encontraban apresadas ardieron en ese momento. Su rostro se contrajo del dolor pero eso no evito que su opresor la pusiera de pie.
- No es hora de dormir princesita- Le susurró al oído una voz masculina con un acento bastante familiar para ella.
- ¿Qué es lo que quieres? - Fue lo único que se le ocurrió preguntar. Sabia que no debía ponerse altanera porque aquella persona no dudaría un segundo en matarla. Aunque si lo analizaba bien no iba a importar mucho que ella muriera.
- No es lo que quiero yo… es lo que quiere alguien más - Una vez más aquel acento se le hizo familiar. -
Solo en ese momento se dio cuenta de que tal vez esa persona no quería dinero. Su vida se encontraba al filo de la navaja, y tal vez más pronto de lo que todo el mundo creía ella iba a morir. A pesar de el miedo que tenia, lo único en lo que pudo pensar fue en Inuyasha, y en que nunca le dijo lo que realmente sentía. Ahora al borde de la muerte deseaba desesperadamente estar junto a él. Pero él ya no quería estar con ella…él ahora tenia a Kikyo, ¿Y ella que tenia?... nada, absolutamente nada.
De nuevo el chirrido volvió a oírse y el hombre que la sostenía la dejo caer como si fuera un objeto. Sus rodillas fueron las primeras en tocar el frio cemento. El frio fue rápidamente reemplazado por caliente fluido de la sangre, ella sabía que estaba sangrando pero no lo podía ver. El ardor de sus muñecas fue insignificante junto al ardor que sentía en las rodillas. Nuevos pasos se acercaron hasta ella, pero estos pasos no eran pesados como los anteriores, estos eran frágiles, ligeros, por lo que pudo deducir que tal vez era una mujer… o un hombre bastante delicado al caminar. Algo de metal golpeó contra el suelo, y solo en ese momento maldijo el no poder ver. Aquella persona la tomo por la barbilla e introdujo un líquido viscoso y desagradable en su boca, ella lo escupió por reflejo, cuando lo hizo un duro y fuerte golpe fue a parar en su mejilla derecha.
Una dulce y melodiosa voz le susurro al odio.- Lo vuelves a escupir y tu lindo rostro quedara irreconocible- Había sido una extraña combinación entre dulzura y amenaza que la hizo temblar involuntariamente.
Abrió la boca y trago aquel liquido. En ese momento algo fue retirado de sus ojos, y se dio cuenta que habían estado cubiertos todo el tiempo, esa era la razón por la cual no podía ver. Instantáneamente dirigió su mirada hacia las personas que se encontraban a unos metros de ella. Unas enormes sonrisas adornaban los rostros de ambas personas; una mujer y un hombre, bastante jóvenes y atractivos, ni siquiera parecían secuestradores. La mujer rubia, llevaba un traje sastre de color beige, y aquel hombre pelirrojo vestía un traje gris… demasiado elegantes para ser secuestradores. Los observó a detalle pero no encontró nada familiar en ellos, únicamente el acento era lo único que se le hacia un poco conocido.
- Sabes… - Habló la mujer. - Realmente te vez mejor en las revistas que en persona-
Ella no respondió al tonto comentario que había hecho aquella mujer rubia, lo único que hizo fue observar el pequeño y sucio cuarto en el que se encontraba. Había algunos botes de pintura, un par de llantas viejas, algunos tubos de metal oxidados, una pequeña televisión que se encontraba sobre una vieja mesa de madera, y una pequeña puerta de metal, que al parecer era la única por la cual ella podía escapar. No podía distinguir si era de noche o de día ya que no había ninguna ventana o rendija que se lo indicara, además había perdido el sentido del tiempo por completo. Intentó analizar un poco más el lugar, pero al parecer el asqueroso liquido que le habían obligado a tomar estaba haciendo efecto rápidamente. Su visión se nubló y sus parpados comenzaron a cerrarse involuntariamente.
- Dulces sueños Higurashi- Eso fue lo último que escucho antes de caer inconsciente… solo había una persona en este mundo que le llamaba Higurashi.
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La mañana llego mas rápido de lo planeado. La nieve aun caía con fuerza sobre la ciudad. La mansión se encontraba mas fría que de costumbre. Abrió los ojos con pesadez y se sentó sobre la el borde de la cama. Por un momento se desubico, pero después recordó que se había quedado a dormir en la mansión… mas bien se había quedado esperando a Kagome. Se puso de pie y camino con pereza hasta la puerta que conectaba su habitación con la de Kagome. La cama se encontraba intacta y no había rastro de que alguien hubiera movido algo… tal vez ella se había que dado dormida en el baño; usualmente ella se quedaba dormida en el baño cuando llegaba ebria. Abrió la puerta del baño con rapidez, pero tampoco encontró nada.
Salió de la habitación y camino hasta la oficina de Sango. Ella se encontraba hablando por teléfono, y al parecer no era una conversación muy amistosa ya que ella tenía una cara de pocos amigos. Miroku también se encontraba ahí, y por primera vez desde que lo conoció él no tenia una cara amable, al contrario tenia una cara bastante seria y pensativa… eso no era normal en Miroku. Sango dejo de hablar en cuento lo vio en parado enfrente de su escritorio, simplemente susurró un "Gracias por nada idiota". Sango no era de las que solían decir groserías así que algo muy malo debía estar pasando. Sango le entregó un sobre a Miroku y este salió de la habitación no sin antes lanzar una mirada de preocupación a Inuyasha.
-Inuyasha… - El tono en el que había pronunciado su nombre no le había gustado ni un poco. - Tenemos que hablar -
Él asintió con la cabeza, y Sango le indicó sentarse sobre una silla que se encontraba frente al escritorio. Él se dejo caer pesadamente sobre esta y esperó a Sango hablara.
- Kagome fue secuestrada - Sango era de las personas que no suavizaban las cosas, si de todas maneras lo iban a saber ¿Por qué no soltarlo todo de una vez.
Inuyasha había escuchado las palabras de Sango como si estuvieran a metros de distancia. Su cerebro se negaba a procesar la información. Su tono de piel fue cambiando de color hasta convertirse en uno muy pálido, casi enfermo. Las piernas le temblaron, y la cabeza comenzó a darle vueltas rápidamente, cómo si se encontrara sobre un carrusel. Tomó su cabeza entre sus manos intentando controlar las vueltas imaginarias. Observó a Sango sentada del otro extremo del escritorio… sin hacer nada ¿Por qué?... ¿Por qué ella no se movía? ¿Por que estaba estática? ¿Por qué no estaba tratando de encontrar a Kagome?
Antes de que el pudiera reclamarle algo, Sango habló, y de nuevo no eran buenas noticias.
- Ellos no quieren dinero… quieren a Kagome - Tragó difícilmente y suspiró. - La quieren muerta-
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Había intentado soltarse de los amarres tres veces, pero las tres veces la habían atrapado. Así que para evitar que escapara habían cambiado sus cuerdas por unas relucientes esposas de metal. Ahora estaba más incomoda que nunca, y sus muñecas ardían mas que con las cuerdas. Por lo menos las heridas de sus rodillas habían cicatrizado ligeramente y dolían como en un principio. La mujer rubia, que por cierto se llamaba Nicole; ella había sido al persona encargada de alimentarla y de vigilarla cuando estuviera en el baño. También podía ver la tele, pero solo en las ocasiones en las que estaba Robert, el hombre pelirrojo. En esas pequeñas ocasiones pudo darse cuenta de cuantos días eran los que había estado encerrada ahí, cuatro días no eran muchos, pero a ella cada día se le hacia eterno.
Aun no sabía lo que hacia ahí, ni que era lo que ellos querían de ella. Al parecer Nicole y Robert solo eran empleados de alguien más, ya que los había escuchado hablar en más de una ocasión con alguien a quien llamaban "Gee". Tampoco sabía si realmente alguien la estaba buscando, o si sus captores habían pedido algún tipo de rescate… tal vez era su cabeza lo que realmente buscaban. En algunas ocasiones solía platicar con Nicole, y si no fuera por las circunstancias Nicole seria una de las pocas personas que le caerían bien, era una chica amable, dulce y con un humor negro bastante agradable para ella… sí era patético… Nicole le caía bastante bien, pero era la chica mala y tenía que hacerse a la idea. En ocasiones bastante raras, cuando Nicole no se encontraba platicaba con Robert. Él no era un chico tan amable, pero al menos podía sacarle más información que a Nicole. Hasta ahora se había enterado que su "secuestro" había sido planeado el mismo día que la raptaron. Tenia la corazonada de que conocía a quien la había mandado secuestrar, pero prefería no crearse locas ideas en la cabeza.
Nicole se encontraba sentada sobre una no muy cómoda silla de madera, estaba barajeando un par de naipes, y al parecer se preparaba para jugar un "divertido" juego de solitario. Ella se encontraba ideando millones de conversaciones con las cuales tal vez podía persuadir a Nicole de dejarla libre, pero sabía que Nicole era demasiado leal a quien quiera que fuera su jefe.
- Debe ser divertido secuestrar modelos adolescentes -
Nicole le lanzó una mirada divertida. - La verdad es que nunca lo había hecho - Continuó barajeando las cartas, y comenzó a distribuirlas sobre la mesa.- Pero no es tan malo… al menos no estoy detrás de un escritorio contestando llamadas-
No podía evitar quedar impresionada con la confesión de Nicole, pero lo que mas llamó su atención fue lo último que ella dijo. -¿Eras secretaria? - Se negaba a creer que una simple secretaria se hubiera convertido en una secuestradora.
- No… era asistente… bueno… después de esto seguiré siéndolo -Le mostró una encantadora sonrisa y continuó con su juego.
Tal vez si hubiera visto más episodios de CSI Miami hubiera podido resolver todo ese lio que Nicole le acababa de decir, pero generalmente se quedaba dormida antes de que los casos se resolvieran. Unos fuertes pasos se escucharon a lo lejos. Nicole se puso de pie rápidamente y caminó hasta la puerta. La observó tensarse y salir de la habitación. Todo lo que pudo escuchar fueron un par de voces entre ellas las de Nicole y Robert, pero la otra voz aun no la reconocida, se le hacia demasiado conocida.
La puerta de metal se abrió bruscamente. Un hombre alto de cabello castaño y ojos castaños entro a la habitación. No era viejo pero tampoco joven como Robert ó cómo Nicole, probablemente tendría como unos cuarenta y cinco años máximo. El hombre se paro frente a ella, y en ese momento lo reconoció. A pesar de los años nunca iba a olvidar su cara…
-Tú- Murmuro Kagome entre dientes.
- Me alegra que me recuerdes- El hombre se puso de cuclillas frente a ella, y le sonrió.
- George-
Continuara…
"Are you afraid?" Edward- Twilight.
N/A: Muajajaja… soy mala, muy mala. ¿Quieren saber quien es George? Pues tendrán que esperar… muajajaja.
Bueno pues no actualice ayer porque no me llego la inspiración. Lo siento mucho, pero es que no me gusta forzarme mucho porque si no las cosas no salen bien.
¡Ah! Ya salió el tráiler oficial de "Twilight" esta buenísimo, cuando lo vi casi me cago en los pantalones jajajajaja.
Bueno espero muchos reviews.
Besos Diana.
