Narrador
La conferencia de prensa con los medios Mexicanos estaba a menos de diez minutos de comenzar, el personal veía la situación tensa y difícil a juzgar por las críticas de los primeros periódicos y por algunas "fans" que habían roto discos y quemado pancartas con los rostros de los cuatro adolecentes que ahora tenían enfrente. La furia descontrolada se había generado cuando se les informó que era hora de retirarse, aunque aún quedaban cientos de adolescentes histéricos, sin autógrafos.
Bill no dejaba de observarse en el espejo, una y otra vez. Sabía que su punto fuerte era su apariencia y debía usar sus mejores recursos si quería que Tokio Hotel saliera bien parado de la situación.
Mientras Tom trataba de dejar de observar embobado la silueta de su gemelo que se paseaba frente a él, de reojo se deleitaba con su imaginación evocando momentos no tan filiales que ahora se le hacían lejanos. Recuerdos que quedarían en solo eso si no lograba recordar que tanto había hecho para molestar a su gemelo. Se coloco los audífonos y cerró los ojos necesitaba concentrarse y con Bill luciéndose frente a él no iba a lograrlo.
Repasaba detalle a detalle el beso en la habitación, todo había ido bien ahí, tal vez demasiado bien rió recordando los esfuerzos que tuvo que hacer para evitar un problema. Sacudió la cabeza presionándose a pensar en otra cosa. La firma de autógrafos, Tom recordó claramente cómo durante el evento Bill le había "molestado" con su pie y nuevamente se sonrió sonrojándose.
- Ahí todo estaba bien… - dijo en voz alta.
- ¿Qué dices?- le preguntó Gustav
-Nada, deja de interrumpirme. - dijo el guitarrista sumergiéndose nuevamente en sus pensamientos, mientras Gustav le miraba extrañado-.
Luego, en el hotel todo había sido aburrido, cada uno en su habitación y Bill seguía estando bien.
- ¡Mierda! – gritó. Ya lo tenía.
- ¿Qué te pasa? – le preguntó Gustav tocando su hombro y mirándole con cara de estás enloqueciendo.
- No pasa nada – respondió Tom parándose y caminando hacia el baño tenía que recordar con detalle. Todo iba bien hasta la conferencia de prensa luego de eso Bill estaba molesto y él iba a pasar el cumpleaños mas mísero de su vida si no lo solucionaba. Lo que le dejaba menos de treinta y dos horas. Hizo un esfuerzo y recordó casi con memoria fotográfica esa pequeña entrevista.
Podía recordar la estúpida broma de llamarse "México City Hotel". Rió, a veces los periodistas querían ser simpáticos y solamente quedaban como imbéciles. Además sólo podía recordar haber dicho "Te quiero puta" y...
- ¡Ahhh! - dijo abriendo la boca desmesuradamente. Había echo un comentario acerca de su cumpleaños.
Repasó la respuesta que había dado y que luego sería su condena.
"No tenemos nada planeado pero seguramente será algo sucio". Tom quiso golpearse ahí mismo cuando cayo en cuenta de la estupidez que había cometido, como se le ocurrió decir la palabra sucio sabia que había lastimado a Bill, su gemelo odiaba como todo apuntaba a que eran unos pervertidos por estar en una relación así, y ahora Tom había dicho que harían algo sucio, cuando seguramente solo pasarían el día juntos y tendrían por fin sexo después de un mes….
Oyó un golpe en la puerta
-Bajemos- ordenó Dave. Salió del baño y su rostro preocupado fue casi imperceptible para el resto de la banda.
La seguridad se colocó al lado de los chicos mientras Georg y Gustav se levantaban haraganamente, resignados a tener que dejar de ver el nuevo capítulo de la novela de los gemelos y, especialmente, a tener que soportar la siguiente entrevista.
Aún no se habían acostumbrado a oír las críticas, en Europa, todo era diferente. Ellos no cometían errores y Tokio hotel era la superband. En cambio, América tenia una extraña forma de actuar por cada, ya que por cada fan salían cinco anti-Tokio Hotel en cada esquina, incluso pareciera que la prensa los odiaba.
-Dame la mano – le murmuró Bill a Tom un segundo antes de salir.
-¡¿Qué!? -fue la respuesta, sorprendido de que su gemelo le dirigiera la palabra.
-¡Que me des la mano!- dijo Bill perdiendo su poca paciencia.
Tom inmediatamente obedeció tomándole la mano frente a todo el personal, mientras Gustav codeaba a Georg para que no se perdiera la escena.
Bill no pudo más que sonreír soltándose de su gemelo
- Tom, de veras que estas hecho un manojo de nervios, tranquilízate, que de todas maneras el que hablara soy yo.
El de rastas soltó un suspiro de alivio tratando de conservar la última gota de testosterona que le quedaba en el cuerpo, agradeciendo que su hermano no supiera que los nervios eran en realidad por la discusión que seguro le esperaba en el hotel...
-Me refería que me des la mano, debajo de la mesa, en la conferencia. Estoy muy nervioso, Tomy –le susurró en su oído.
Al entrar, los gritos no se hicieron esperar, no iban a extenderse mucho tenían un vuelo a Los Ángeles, y descansar un poco, ese era el único ideal de los chicos por el momento.
La sonrisa eclipsante de Bill Kaulitz era capaz de convencer al mismísimo diablo de poner aire acondicionado en el infierno, y esta vez no sería la excepción. Bill dio las declaraciones necesarias para librar del problema a la disquera y a su manager. Su sonrisa y la forma en que posaba sus ojos por milésimas de segundos frente a quien ansiara su atención dejaba desarmado a cualquier periodista malintencionado. La fórmula mágica había resultado...poner a Bill al frente de todo.
Tom no dejaba de moverse nervioso. Veía al frente y rápidamente bajaba la mirada, al contrario de su gemelo odiaba el contacto visual y no lo hacía a menos que fuera totalmente necesario. Había aprendido a posar, refugiando cualquier parte de su cuerpo contra Bill y con eso podía ver de frente lo que fuera, aunque en este momento lo que menos necesitaba era ver gente y recordar rostros. Su concentración estaba completamente enfocada en la mano que por debajo de la mesa se aferraba a él.
Podía sentir la ansiedad de su gemelo y sólo el podría saberlo. Bill estaba muerto de miedo, como siempre, aunque la promesa de apoyarse en Tom resultaba un antídoto contra cualquier cosa.
No había critica que derrumbara a Bill a ojos del manager, sin embargo, sólo Tom sabía que después de leer algo realmente duro Bill sonreía y alzaba una ceja como clave para ir a un lugar privado y derrumbarse, aferrado a los brazos de su gemelo, su Tom.
Mi tomy ...ahh mi tomy, como decía en los momentos de pasión, casi podía oír los gemidos de Bill cuando lo decía. Ese pensamiento le produjo un escalofrió que recorrió todo su cuerpo, se sonrojó y se tensó, ligeramente agitado. Georg le dio un codazo, mirándolo con el ceño fruncido.
Bill tapo con la mano el micrófono y se acercó para susurrarle a su hermano .
- ¿Estás bien?
- Sólo estoy nervioso por todo esto.
- Cálmate Tomy todo va a estar bien, vas a ver.
- Tomy… - repitió bobamente, Tom.
- ¡Tom Kaulitz! - dijo Bill oprimiendo la mano de su gemelo para que se controlara.
Bill seguía hablando a los periodistas, hipnotizados. Mientras él, pensaba en su terrible situación. Hacía un mes que no podía ni tocar a su gemelo, nada de nada, y el último beso en su habitación, antes de la firma de autógrafos no había logrado más que alborotarlo.
Su cabeza daba vueltas alrededor de Bill, en sexo y en hacer el amor con Bill. En tocar cada centímetro de su delicioso cuerpo, en besar cada milímetro de su piel en sentir su aterciopelada piel contra la suya frotándose o aún mejor, él meciéndose dentro de su gemelo. Sacudió la cabeza tratando de espantar sus pensamientos y decidió tratar de poner atención a lo que se decía en la conferencia.
Tom, veía las gesticulaciones de su hermano mientras hablaba... luego se centró en sus labios, recordando la boca de Bill dándole placer. Ése placer que sólo él le podía brindar. Dejó escapar un pequeño gemido casi inaudible y su rostro se encendió. Cerró sus ojos sintiendo la atención de Georg y Bill sobre él...
- ¿Qué diablos te pasa? – le preguntó el castaño, disimulando su frase con una sonrisa por si los fotografiaban, mientras Bill lo observaba serio. Él sabía que pasaba... claro que lo sabía y eso era lo que más le molestaba...
-Tom te calmas o te calmo- fue la sentencia de Bill dándole un ligero pellizco en la ingle.
- ¡Ouch!- se quejó, tomando de la mano a su hermano masajeándola suavemente y volteando a ver al frente. Estaba seguro de que un segundo más y esa mano se iba a colocar en otro lugar si dejaba a sus fantasías actuar.
Los aplausos de los periodistas dieron por terminada la entrevista, mientras los miembros de la banda se retiraban de la sala de conferencias para volver a refugiarse en el camerino, para las nuevas instrucciones de Dave.
- ¡Eso fue genial Bill! - fue el efusivo saludo del manager al cerrar la puerta tras él-. Eres un genio.
- Lo sé - dijo Bill sonriendo mientras se secaba la frente del sudor que el miedo le había provocado. Pero no era momento de sentir miedo, algo más importante ocupaba su mente en ese momento, ahora su prioridad era el terrible y revoltoso ser que le había tocado por hermano Tom Kaulitz, pensó mientras le daba una mirada severa de reojo.
Aunque era casi imposible enojarse con él cuando lo veía sentado casi esperando el regaño, además del rostro apenado. Trataría de soportar y le pondría las cosas en perspectiva.
- ¡Bueno chicos! Vamos a un sitio apartado en el restaurante del hotel, subimos para una última reunión, una entrevista y tendrán dos horas para descansar. Luego partimos al aeropuerto.
- ¿Cuánto tiempo tenemos antes de la comida? - preguntó Bill llevándose la mano a la cintura. Tom supuso que había llegado el momento de su respectivo regaño.
- Diez minutos - dijo Dave quien tenía el tiempo exacto para todo. Provocar un retraso sería el Apocalipsis.
- Necesito esos diez minutos a solas con Tom - fue la voz clara y demandante del cantante, que más que pedir estaba demandando.
- Bill lo que...
- Tengo que hablar con él.
- Vamos Bill por favor. – Dave no estaba dispuesto a perder los minutos que ya tenía organizados.
- Creo que me lo merezco después de esa entrevista, luego del lío que se armó en la firma, y también estoy salvando tú trasero porque ayer fuiste tú el que nos sacó de allí. Y déjame recordarte que me arrastraste hacia la camioneta.
- ¿Quién te empujo? ¿A dónde? - fue la voz de Tom poniéndose de pie y mirando fijamente a su hermano.
Tom era bastante claro con la seguridad. Nadie debía tocarlos. Y si alguien se había dignado a poner un dedo sobre su gemelo se las vería con él.
-No Tomy espera…- se acercó Bill para tranquilizarlo, lo que menos necesitaba era una pelea. Tenía que hablar con él y explicarle lo que en realidad le molestaba. La mano de Bill se poso en el abdomen de Tom para frenarlo.
- Dave - fue la voz de Tom que demandaba la atención de su manager. Bill no tenia idea de cómo lograr que Tom se tranquilizara, una rápida idea vino a su cabeza la única forma de controlar a Tom era seduciéndolo.
-Dave te estoy hablado- decía sin quitar los ojos de Bill, quien no quitaba su mano del bien formado abdomen de su gemelo. El pelinegro le arqueo la ceja a tiempo que se chupaba el labio inferior viendo fijamente a su hermano. Tom sintió como inmediatamente se le seco la boca y como sus neuronas se fueron apagando una a una, imágenes lujuriosas fueron envolviendo cada uno de sus sentidos su Bill … su Billy pensaba mientras soltaba un suspiro – Si alguien vuelve a tocar a mi no..digo a mi tu ya sabes a Bill se va a arrepentir- logro decir por fin consiente que por poco los hecha de cabeza.
A lo que Georg sonreía y le susurraba a Gustav - "a mi novio "-.
-Esta bien, esta bien, quieren diez minutos, tienen diez minutos. Es más, tienen todo el tiempo que quieran pero no me pidan un lugar privado, ¡De dónde sacaría un lugar privado! – gritó Dave, molesto. Tenía que lidiar con mucho como para tener que soportar a Bill demandándole y a Tom enojado por haber tocado a su hermano- ¡Así que si quieren un lugar privado... métanse al baño! -gritó burlándose de los gemelos sabiendo que tendrían que esperar hasta que hubiera tiempo.
El rostro de Bill se enrojeció de enojo, la razón que Dave no cumpliera su petición, había hecho mucho por la banda, por la disquera y por su trasero apenas dos segundos antes liberándolo de la furia de su gemelo. Tom le miró suplicándole que no hiciera lo que imaginaba.
Demasiado tarde, Bill tomó la mano de su gemelo y lo arrastró hacia el baño lo metió dentro y cerró la puerta tras él.
