¡Hola! Y sí, siento el retraso de nuevo. Tenía el capítulo escrito desde hacía ya tiempo pero me fui de campamentos y al final no lo subí... Típico en mí. Pero bueno, ya está aquí. Es muy corto, todo ha de decirse. Espero que disfrutéis.
En el capítulo anterior... Ron descubre que Draco Malfoy está también encerrado en la mazmorra y éste le confiesa que sabe una forma de salir de allí, pero que para eso tienen que distraer a Dobby, que está ayudando a Harry. Ron se tira al suelo y finge estar agonizando de dolor para llamar la atención del elfo.
Capítulo tres
Mis gritos agonizantes desgarraron el silencio. Empecé a convulsionarme tirado en el suelo, todo eso mientras Malfoy se hacía el disimulado y se dejaba caer al suelo, apoyado contra la pared y abrazándose las rodillas.
Unos pasos ligeros recorrieron el pasillo iluminado por la tenue luz de una vela que se movía y avanzaba al ritmo que lo hacían los pies. Dobby recorrió los pocos metros que había andado desde que me tiré al suelo, abrió la puerta bruscamente y se abalanzó sobre mí.
-¡Señor Weasley! –Exclamó horrorizado- ¿Qué le pasa, señor Weasley? ¿Ha sido la comida, la humedad…? ¡AAAAAAh, he matado al señor Weasley! –gritó desesperado mientras sus ojos se inundaban de lágrimas.
No sentía nada, no me estaba retorciendo de dolor. Fingía. Sólo fingía porque había decidido confiar en Malfoy para ayudarme a salir de ese infierno. Hice creer a Dobby que me encontraba al borde de la muerte porque quería que Hermione estuviera sana y salva, lejos de ese húmedo y apestoso lugar que estaba comenzando a nublarme los sentidos.
Mientras seguía con mi farsa y Dobby se volvía cada vez más loco, vi como, gracias a la luz de la vela que había traído el elfo con él al bajar del calabozo, Malfoy se movía poco a poco. Primero se levantó del suelo y se puso en pie, arrimado lo máximo posible a la pared. Paso a paso fue alejándose de ella y, cuando las cadenas no le permitieron seguir avanzando, extendió los brazos y murmuró débilmente unas palabras:
-¡Impero Karpencio!
De las puntas de los dedos de Malfoy salió un débil resplandor dorado que, rápidamente, se fue haciendo más fuerte. La luz se dirigió directamente a Dobby e impactó de lleno en su cabeza, haciendo al elfo retroceder sobre sus delgadas y pequeñas piernas y cayendo inconsciente al suelo, cerca de mí.
-¡Date prisa! –Me chilló Malfoy desde la otra punta de la habitación.
Utilizando la poca libertad de movimiento que tenía al estar encadenado en la pared, me arrastré hacia Dobby y, no con poco esfuerzo, conseguí quitarle el manojo de llaves que llevaba dentro de uno de los bolsillos de su túnica. El tacto frío del metal tocando mis manos me devolvió la esperanza. Una por una, fui introduciendo las llaves en la cerradura de las cadenas hasta dar con la acertada. Cuando quedé liberado de ellas sentí como la sangre volvía a circular con normalidad por mi cuerpo. Rápidamente corrí hacia Malfoy y le liberé de las cadenas.
-Registraré al elfo –dijo cuando se hubo puesto en pie.
-¿Es necesario? –pregunté. Al fin y al cabo era Dobby, le conocía desde hacía mucho tiempo y le tenía cierto cariño, por más que me retuviera en ese infierno bajo tierra.
-Bueno… No, pero deberíamos aprovechar y registrarle ahora que está inconsciente. Tal vez lleve algo encima que pueda sernos útil para salir de la sala de los Menesteres.
Tan rápidamente como la adrenalina recorrió mi cuerpo al darme cuenta de que era libre, ésta se desvaneció.
-Tengo que rescatar a Hermione –le dije fríamente.
-No dijiste nada de salvar a tu novia.
Me sentí humillado. Me tragué mi orgullo y confié en él, llegando a creer que, después de todo era digno de mi confianza. Pero me di cuenta demasiado tarde de que ese maldito niño pijo me utilizó a su antojo para hacer lo que le vino de gusto. Ya iban dos traiciones en muy poco tiempo…
-¡Maldito seas, me has engañado! –me abalancé sobre él y le empecé a zarandear cogiéndole del cuello de su túnica. Descargué sobre él toda la furia acumulada durante los últimos acontecimientos. Golpeé su cara con mi puño, imaginando que era la cara de Harry, aunque también estaba realmente enfadado con él.
-¡Estás loco! –dijo cuando consiguió apartarse de mí.
-Juraste que me ayudarías…
-Dije que te ayudaría a salir de aquí, no ha encontrar a Hermione.
-Sabías perfectamente que iba a salvarla… De algún modo sigue siendo una traición. Llegué a pensar realmente que, a pesar de todo, eras un buen chico. Normal y corriente… Pero está claro que la arrogancia y la avaricia siguen dominando tu vida –le confesé. Todavía no me creo que lo hiciera.
Lentamente, Malfoy y yo recobramos el juicio y nos tranquilizamos. Me miró y me dijo:
-Sé como salir de aquí. Estamos bajo tierra, Harry no mentía con eso. No sé que peligros nos esperan en los pasadizos, pero no creo que sea algo bueno. He estado arriba. Es como una mansión gigantesca…
-Como tu casa.
-Déjate de tonterías, es más grande que mi casa.
Dobby se movió y murmuró algo ininteligible, pero no despertó. Por si acaso, Malfoy y yo permanecimos en silencio hasta que el elfo volvió a su estado de inconsciencia.
-Es simple: estamos una planta bajo tierra. No sé si hay algo más debajo de nosotros pero, de todos modos, Harry está arriba.
-¿Arriba? –Pregunté- ¿Qué hay arriba?
-Algo mejor que este pudiente y sucio lugar –contestó mirando con asco a su alrededor-. He estado arriba. Sólo vi la sala en la que estaba, pero había más, no puedo hacerme una idea de cuantas.
-¿Cómo era la sala en la que estabas?
Malfoy desvió su mirada de mis ojos. Miró al frente y, por un momento, creí que había olvidado quién era y dónde se encontraba. Al chascar los dedos frente su cara volvió en sí, pestañeando rápidamente.
-La sala en la que estabas, que cómo era –le recordé la pregunta.
-Ah… -Cogió aire y dijo:- Era un lugar iluminado por una elegante lámpara de araña, que parecía antigua a pesar de todo. Un gran tapiz que reflejaba una batalla entre dos magos cubría las paredes… No recuerdo quienes eran los magos, pero eran bastante importantes. De todos modos, no creo que eso tenga mucha importancia.
-Bueno, reconoceremos la sala por el tapiz –le dije intentando animarle por el hecho de no recordar más detalles.
-Había algo más. Una jaula. Yo estaba encerrado en una jaula situada en el centro de la habitación, justo debajo de la lámpara de araña. Tenía los barrotes oxidados, y dentro de ella había una bandeja que Dobby llenaba cada día con comida.
-Hermione estaba dentro de una jaula… -recordó el chico pelirrojo.
Un grito salido de la garganta de una mujer devolvió a los dos chicos a la realidad. Los gritos de la mujer iban en aumento. No era Hermione la que gritaba. De repente, Malfoy y Ron salieron de los calabozos, dispuestos a rescatar a todo aquel que estuviera encerrado.
