Después de todo este tiempo por fin publico el capítulo cuatro del fic. Espero que no sea demasiado fuerte pero es que leer Millenium ha sacado mi vena feminista y me apetecía escribir sobre algo relacionado con el maltrato a la mujer, aunque el fic no va del todo sobre eso... Os dejo que lo averigüéis vosotros mismos.

En el capítulo anterior: Malfoy consigue dejar inconsciente a Dobby. Entonces Ron y él escuchan a una mujer gritar y se disponen a salir de allí para socorrerla.


Capítulo cuatro

Los gritos de la mujer se escuchaban cada vez más fuerte a medida que Malfoy y yo avanzábamos en la oscuridad del pasillo que llevaba a la parte de arriba de la sala de los Menesteres. Una luz tenue se vislumbraba a medida que avanzábamos por el pasillo, que acababa en una estrecha escalera de caracol que no tenía barandilla y que, a parte de eso, presumía de tener los peldaños de cristal.

Subimos las escaleras haciendo el menor ruido posible, mirando hacia atrás por si veíamos el pequeño cuerpo de Dobby corriendo desesperado detrás de nosotros. Aunque era un gesto inútil: la única luz de la que disponíamos era la que producía la vela casi consumida que le habíamos quitado al elfo después de que Malfoy le dejara inconsciente. A medida que avanzábamos los gritos de la mujer cesaron.

Cuando llegamos arriba no vimos a nadie por ninguna parte, a pesar de que la sala, dividida en pequeñas habitaciones, era bastante pequeña teniendo en cuenta cómo la había descrito Draco. Instintivamente nos quedamos quietos, con los sentidos alerta listos para actuar en cuanto fuera necesario. De repente los gritos volvieron a escucharse. Y esa vez reconocí a quién pertenecían.

Salí corriendo como alma que lleva el diablo hacía la última habitación de todas, la que se encontraba al fondo a la izquierda, sin ser consciente de que no hubiera sido capaz de hacer nada por Hermione ni aunque hubiera llevado una varita encima. Estaba indefenso. Solamente podía utilizar mis puños contra Harry, pero cuando entré en la habitación respirando agitadamente me di cuenta de que no hubiera sido capaz de derrotarle ni aunque hubiera tenido toda la fuerza del mundo.

La habitación, que era tal y como la había descrito Draco, lucía un antiguo tapiz en las paredes que representaba una batalla entre Adán y el mismísimo Diablo. Observando el tapiz detenidamente me di cuenta de que peleaban por Eva, que se encontraba encadenada en una jaula de barrotes oxidados, con la cabeza gacha y el cuerpo amoratado y repleto de pequeños cortes que supuraban sangre.

La escena que se vivía en la habitación era igual o más estremecedora que los hechos bordados en el tapiz. Harry, vestido con ropas negras que lucían detalles del color de la sangre que supuraba de las heridas de Eva, parecía el mismísimo Diablo salido del tapiz. Llevaba una varita en la mano que hubiera sido capaz de matar por ella misma. Su sonrisa era malévola. Hermione, a diferencia de él, estaba dentro de la misma jaula oxidada en la que se encontraba Eva. También estaba encadenada, y su cuerpo se encontraba amoratado y herido, pero sus heridas no sangraban tanto como las de Eva. De algún modo, eso me tranquilizó un poco. Pero cuando volví a observar el Diablo bordado del tapiz y las heridas supurantes de Eva, vi que a medida que la mujer sangraba las negras ropas del diablo se iban llenando de detalles rojos como su sangre. Entonces até cabos. Los detalles color rojo sangre en las negras ropas de Harry eran a causa de la sangre que brotaba de las heridas de Hermione. Las ropas del Diablo no estaban tan llenas de sangre porque Eva hacía poco que había empezado a sangrar. En cambio, las ropas de Harry estaban llenas de detalles rojizos porque Hermione ya no sangraba. Hacía demasiado rato que había dejado de hacerlo.

Me di cuenta de lo que tenía que pasar cuando Hermione dejó caer su cabeza y Harry me miró triunfante. Debía pelear con él a vida o muerte. Si ganaba yo, salvaría a Hermione y con el paso del tiempo sólo quedarían las cicatrices en su cuerpo y el horror del horrible recuerdo. Sin embargo, si ganaba él… No quise ni pensarlo.

-Me preguntaba cuánto tiempo tardarías en venir –me dijo Harry a modo de saludo-. Veo que tu nuevo amigo, Malfoy, te ha dejado tirado –comentó viendo que el miembro de Slytherin no estaba por ninguna parte.

-Esta no es su guerra –contesté para olvidar el hecho de que finalmente había roto su promesa de ayudarme a salir de la Sala de los Menesteres.

-Ya lo creo que lo es.

Le miré confundido y aterrado al mismo tiempo. No tenía ni idea de dónde me había metido.

-¿No te has preguntado nunca el motivo por el que Malfoy estuviera encerrado en el calabozo, justo cuando ordené a Dobby que te encerrara a ti también? ¿No has caído nunca en la cuenta de que nos cruzamos con él antes de venir aquí? –Prosiguió Harry.- Él… Era mi cebo. Y tú, tan tonto como siempre, has picado. Él era la manera de que llegaras a mí…

-Eso no tiene sentido –le interrumpí, intentando apartar a Malfoy de mi mente-: si tanto me querías, ¿por qué no me has llevado a ti directamente? ¿Por qué todo esto? ¿Qué tiene que ver ella en todo esto? –pregunté señalando a Hermione, que parecía morir poco a poco a medida que avanzaba el tiempo.

-Nada.

-Pero… Entonces…

-Calla –me interrumpió-. Eres igual de estúpido que tu hermana.

Fue en ese momento cuando caí en la cuenta. La otra voz. Era Ginny, fue ella quien gritó antes de que lo hiciera Hermione. Y yo estaba tan asustado que no fui capaz de reconocerla.

El corazón empezó a latirme fuertemente a causa del miedo, me latía tan fuerte que hasta pensé que me delataría ante Harry.

-¿No te ha parecido muy extraño no ver a Ginny durante el desayuno? –Preguntó. Tragué saliva, cada vez más asustado. Me desconcertaba que me hiciera tantas preguntas a las que yo tenía respuesta, respuestas que nunca me había parado a pensar. Harry continuó.- La pasada noche, mientras charlabas con Hermione en la Sala Común, Ginny y yo nos encontramos frente la Sala de los Menesteres. ¿Puedes creer que la muy estúpida pensó que tenía alguna oportunidad conmigo? Hasta se puso guapa… Vino maquillada, con un peinado que debió de costarle horas de dedicación. Incluso llevaba una mini falda, la muy guarra…

La ira fue más grande que el miedo y me abalancé contra Harry sin tener en cuenta que solamente disponía de mi fuerza física contra su varita y sus puños, aunque en comparación conmigo él era un canijo. No fui capaz ni de rozarle la cara con la fuerza de uno de mis puñetazos porque antes de que me diera cuenta Harry me había lanzado una maldición Cruciatus y me retorcía de dolor tirado en el suelo.

-Ya sabes cuál es el castigo si osas interrumpirme de nuevo –me dijo cuando apartó de mí su varita.

No fui capaz de levantarme y tuve que seguir escuchando las atrocidades que salían de su boca tirado en el suelo, hecho un ovillo.

-Pensé que si te dabas cuenta de que Ginny no volvía y yo sí lo hacía te preocuparías, y entonces, como buenos amigos que somos, te hubiera acompañado a buscarla hasta llegar aquí… ¡Y no hubiera hecho falta todo este numerito para atraerte hacía aquí! Te hubiera matado en cuanto hubiéramos estado dentro.

-¿Y por qué no me mataste en cuanto llegamos aquí? Pudiste haberlo hecho, pudiste haberme matado y acabar con todo esto.

-El Diablo no mata frente a mujeres… A no ser que éstas estén al borde de la muerte –dijo con naturalidad y frialdad al mismo tiempo-. Y, como supongo que habrás deducido, a las mujeres se las ha de torturar sin nadie más mirando. Malfoy era el encargado de hacerte llegar a mí, porque yo no podía hacerte salir del calabozo si no escuchabas los gritos. Le necesitaba…

-¿Y Dobby? –pregunté indignado, pensando en Hermione y en sus ideas revolucionarias a favor de los derechos élficos.

-Al igual que Malfoy, es un de mis siervos. El Diablo tiene siervos, no pienses que todo se reduce al Señor Tenebroso y sus apestosos seguidores. Mis siervos tienen la misión de protegerme y servirme, sin importar que eso provoque algún riesgo para su vida.

-Eres un monstruo…

-No, soy el Diablo –contestó.

-¿Por qué yo? –No pude evitar preguntárselo sabiendo que no tenía muchas posibilidades de seguir con vida.

-No hay Mal sin Bien. Y tú, Ronald Weasley, eres el Bien. Tu existencia es la que me impide el dominio de los mundos y de los cielos. Solo los infiernos están bajo mi poder.

-¿Cómo iba a ser yo el Bien si nunca nadie me ha dicho nada? –pregunté.

-Porque durante todos estos años has sido mi mejor amigo… Eres el Bien porque de haber conocido la existencia de mi verdadero yo me hubieras traicionado –explicó.

-Todo aquél que hubiera sabido quién eras en realidad te hubiera delatado –le contesté gritando a causa de la rabia que me producía toda esa situación.

-No hablo de delatar –dijo-. Hablo de matar.


Espero leeros en los reviews. A todo el mundo le anima ver reviews en un fic, y son una ayuda para mejorar y saber lo que los demás piensan de lo que escribes. Así que os agradecería mucho que me dejárais un review después de leer este capítulo.