No es que las tenga abandonadas, ni que me haya pasado algo, (la crisis literaria es algo, pero nada grave), incluso ni que haya tenido demasiado tarea, para ser honesta, la semana pasada no tuve casi nada.
Pero jamás había editado un capi tantas veces en mi vida! Así que mis disculpas si me atrase mucho, pero aquí esta. Espero que les guste. Porque es lo más M que he descrito hasta el momento.
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Disclaimer:Bones no me pertenece. Es de FOX, Hart Hanson, Stephen Nathan y todos sus productores. Incluyendo a Kathy Reichs quien hizo esos maravillosos libros sobre Temperance Brennan. No lo hago con fines de lucro sino por diversión, ningún personaje me pertenece.
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Amantes
Inglaterra, 1815
Sin saber cómo, ni cuando, se encontró respondiendo fervientemente a ese beso, tampoco supo en qué momento sus brazos rodearon su cintura, ni mucho menos cuando el mismo tomó el liderazgo de ese acto. Cada vez, sus bocas exigían más, las manos de Teresa se enredaban en los cabellos de él, Sebastián la apretaba contra sí, lo único que podían sentir era ese beso, nada más existía para ellos, hasta que sus pulmones comenzaron a gritar por aire, fue ahí cuando se separaron.
La vela que yacía en un tronco les dejaba ver perfectamente sus caras, tenían los labios hinchados, y un brillo en sus ojos que ninguno de los dos reconocía, Sebastián hizo el intento de alejarse pero una sola mirada a esos labios que lo habían vuelto loco de pasión hacia unos segundos atrás hizo que volviera a besarla.
Teresa se sorprendió al sentir nuevamente sus labios cálidos sobre los de ella, pero no se opuso, mientras la besaba se podía olvidar de todo lo que había sufrido, o de lo que sufriría, sólo existía Sebastián en su mundo.
Pero esta vez no fue la falta de aire lo que los separo, sino el carraspeo de una persona junto a ellos. Se alejaron inmediatamente, Sebastián alzó la vela para ver quien los había interrumpido. Teresa divisó a un hombre de cabellos rubios, rizados, con una ligera barba, y ojos azules refulgentes, también pudo notar sus dientes blancos, porque sonreía.
-Veo que no pierdes tiempo.- dijo el hombre. Para luego posar su mirada en ella. -¿No le conozco?
Ella negó con la cabeza, pero el joven se acercó y puso la vela a la altura de su cara.
-Claro que le conozco… ¡Oh Dios mío!- exclamó. -¿Cómo se te ocurre, hermano?
¿Hermano? Pensó Teresa.
-¡Es una Belmonte!- volvió a exclamar.
-Yo…- intentó defenderse Sebastián pero fue cortado por su "hermano".
-No, no me vengas con mentiras. Vi muy bien lo que estabais a punto de hacer.- exclamó otra vez con una voz chillona.
- Oiga, usted no me va a hablar así.- replicó Teresa, mosqueada.
-Oh, lo siento señorita si la he ofendido.- se disculpó. –Mi nombre es James Hodges.
Tomó la mano de Teresa y la besó en un gesto de caballerosidad.
-Curioso.- musitó. Ambos la vieron desconcertados. -¿Por qué su apellido es diferente si son hermanos?
Sebastián y James lanzaron una pequeña risita.
-No Teresa, no somos hermanos de sangre. Él es James, hemos sido amigos desde que éramos pequeños. Casi como hermanos sin llegar a serlo realmente.
Ella simplemente asintió. Nunca había tenido hermanos, y nunca había tenido amigas como para llamarlas sus hermanas. Conocía a muchas jovencitas de su clase, pero todas le parecían niñas mimadas y malcriadas.
-Bien, creo que estas no son horas para que vosotros andéis fuera.- les advirtió. –Vengan os invito a mi morada.- Y comenzó a andar hacia delante.
-Habla diferente a nosotros. ¿Por qué?- susurró Teresa a Sebastián.
-Sólo trata de impresionarla o jugar con su mente, cualquiera de las dos opciones es probable. En algún momento se olvidará de ello.
-Te oí Born.- dijo James sin dejar de andar.
Él negó con la cabeza, divertido. –He tenido que advertirle.
-¿Por qué? ¿Temías que te la quitara?- Llegaron a su casa, la cual no estaba demasiado lejos. Abrió la puerta, y la pregunta simplemente quedó en al aire. Dejando a Teresa confundida. ¿Qué había significado ese beso? ¿Eran algo más que amigos? ¿Acaso había sido sólo la desesperación del momento?
-Bien.- empezó James. -¿Gustaría de un delicioso plato de sopa? Puede que no sea como le traten en casa pero es lo mejor que tengo.
Teresa le sonrió. –Claro, me encantaría.
-Bien, y una cosa más, aunque considere que los burgueses son sólo un montón de creídos que intentan oprimir al pueblo y ostentar cosas que han conseguido a través de la oligarquía, es bienvenida a mi casa. Pronto les traeré la cena.
Ella le vio extrañada, y cuando se fue, se acercó a Sebastián.
-¿Otra vez tratando de llamar mi atención?
Él negó con la cabeza. –Lamentablemente, esa es su verdadera forma de ser. Muchos lo consideran agrio y directo, pero es una gran persona. Verá que cuando lo llegue a conocer bien le agradara.
Dijo, esperando que Teresa no se fuera a causa de su amigo.
-No lo creo.- respondió. Él la vio sorprendido, no lo iba a poner a decidir entre ella y su amigo. Saldría perdiendo. –Ya me agrada.
-¿En serio?- exclamó, extrañado.
-Claro, prefiero que las personas sean directas y sin rodeos.
Luego pensó en que estaba evitando la verdadera conversación, sonrió ante la ironía. Se acercó a un marco que estaba en un mueble. Era un retrato a mano de un señor y una señora, y en su regazo había un niño, lo tomó sin pensarlo.
-Sebastián.- le llamó mientras llevaba los dos platos del líquido a la mesa. Ambos voltearon, Teresa aún tenía el retrato en su mano. –Se me había olvidado, tu padre te busca. Está preocupado. Deberías ir a decirle que estás aquí.
-Claro.- asintió. –Volveré dentro de poco.- Teresa le vio con preocupación.
-No se preocupe, James la tratará bien, sino más tarde me las paga.
James le hizo una mueca. –Ya vete Born, o yo me encargo de que te vayas.
Sebastián lanzó una carcajada y salió del lugar. Hubo un pequeño silencio que fue interrumpido por James.
-Es el retrato de mi familia.- dijo señalando el retrato en al mueble pasados unos segundos. Ella no se había percatado que aún lo tenía. -Murieron cuando yo tenía algo así como diez años. Los Born me criaron desde entonces.
Teresa se sentó junto a él en la mesa, dejando el retrato en su lugar.
-Hasta que hace tres años murió la madre de Sebastián.
Ella le vio curiosa. -¿Tres años? Me dijo que había sido hace ya bastante.
James sonrió. Sonaba a Sebastián. –No le gusta hablar de ello. En realidad, es un milagro que se lo haya dicho. No confía en mucha gente.
Teresa alzó las cejas en desconcierto. Las últimas semanas le había demostrado que confiaba en ella, todo había sido demasiado rápido. Incluso llegó a pensar que era así con todos.
-Por lo cual me sorprende que no la haya mencionado.- musitó más para sí mismo que para ella.
-En fin, desde ese entonces vivo solo a unos cuantos pasos de la casa de los Born. Y por cierto, trabajo para su padre.- agregó. Teresa comenzó a comer de su sopa. Ella sonrió con amargura, lo menos que quería en ese instante era hablar de su padre.
-¿Cómo se hizo eso?- le preguntó, refiriéndose al moretón que tenía en la mejilla. Ella simplemente mantuvo su vista baja en su comida. Luego de haber dado un sorbo a ésta, habló.
-Me gustaría omitir el tema. Si no le molesta.
-Claro, lo entiendo.- se acercó a ella. –Entonces, dígame. ¿Usted y Sebastián…
-¡Señor Hodges!- chilló.
-No, dígame James.- le pidió. –Es sólo que, ¿Hace cuánto se ven?
-¿A qué se refiere?- preguntó con recelo.
-Me refiero a que ¿Hace cuánto son amigos?- replicó con una sonrisa irónica. -¿A qué más puedo referirme?
-Yo… a nada más, y respondiendo a su pregunta anterior, hace como un mes.- Poso su mirada en la sopa nuevamente para zanjar la conversación, pero la duda la termino venciendo. -¿Por qué?
Fue entonces cuando su sonrisa se hizo más ancha, si sus cálculos no fallaban. Sebastián andaba más feliz que de costumbre desde hacía un mes. –Por nada. Simplemente curiosidad.
Ella asintió con desconfianza. Y siguió comiendo su sopa. En eso estaba cuando entró Sebastián, agitado.
-¡Teresa!- exclamó. –Debe irse.
Ella le vio desconcertada, no se esperaba eso.
-Pero… pensé que…- tartamudeó pero él la detuvo.
-No, no quiero que se vaya. Pero tiene que. Su padre la busca como loco, está preocupado.- dijo con cierto desdén. Claro, después de la paliza que le dio seguro no quiere que nadie se entere. Pensó para sí mismo.
Enhorabuena. Ahora se preocupa por mí. Pensó Teresa con ironía.
-Está más preocupado por lo que pueda decir la gente al verme.- dijo en voz alta.
Fue entonces cuando James entendió. -¿Acaso Maximilliano le ha pegado?- dijo alterado. En su vida se atrevería a tocar a una mujer, mucho menos a una joven tan delicada como ella. -Le juro que, en cuanto lo vea… el pueblo se va a enterar de lo que le ha hecho a su propia hija.
-No, James. No se meta en problemas, sabe... sabe como es mi padre, por favor. Se lo pido.- le rogó.
Él encajó la mandíbula, pero vio la mirada suplicante de Teresa, así que no tuvo otra alternativa que ceder.
-Bien, no lo haré,- dijo conteniendo su ira. –pero sólo porque usted me lo ha pedido.
-Se lo agradezco.- Sebastián la tomó de la mano, y salieron corriendo de la casa. Pasaron por el denso bosque hacia su enorme hogar, corrieron varios metros hasta llegar, sólo se podía oír sus respiraciones agitadas y sus corazones acelerados. Temían ser encontrados, sabían que Sebastián no sería perdonado si lo hallaban con ella, y Teresa tenía miedo de ello.
Llegaron a la hondonada que separaba su casa del inmenso bosque, y aunque siguió corriendo tomada de la mano de Sebastián, este se detuvo.
-Yo me quedo aquí.
Teresa asintió, luego dirigió la vista hacia sus manos unidas. Se planteó la posibilidad de quizás no volverlo a ver, no porque ella quisiera, sino por su padre, de seguro la tendría más vigilada. Así que sin pensarlo dos veces, se acercó a él y posó sus labios delicadamente en los de Sebastián.
Él al sentir el roce de sus labios, casi inconscientemente cerró los ojos, pero ese beso era diferente, era más sosegado, más calmado, menos urgente, ambos se permitieron sentir las descargas eléctricas que recorrían su ser. Cuando finalmente se separaron, entendieron que quizás sería la última vez que se verían. Pero Sebastián no estaba dispuesto a rendirse, ni a dejar que eso pasara.
-Le prometo que nos seguiremos viendo. Cueste lo que cueste.
-Sebastián, no…- pero él la calló con otro beso.
-No intente impedírmelo.- le dijo seriamente, y acarició su mejilla con el dorso de la mano. -Ahora vaya antes de que nos encuentren.
Se alejó con una sonrisa, pero sólo unos cuantos pasos, luego volteó.
-Siento el "usted" muy formal, dado el caso, deberíamos tratarnos de "tú".- le sugirió.
Él rió entre dientes, y luego sonrió de lado. –Los mejores amantes se tratan con distancia aún en la intimidad, para así no equivocarse en público.*
Teresa se mordió el labio inferior, lo vio una vez más a modo de despedida, y echó a correr. Sebastián se recostó en el árbol más cercano y la vio partir.
Amantes. Pensaron con satisfacción. Eran amantes. Y les gustaba como se oía.
Washington D.C. 2011
Vio la habitación en la que había pasado los últimos siete días, las maletas estaban el suelo, por un momento recordó lo que pudo haber tenido, quizás de no haber sido tan idiota el día anterior Brennan hubiera pasado la noche con él. Pero el hubiera no existe. Y ahora ella tenía a alguien más, y bueno… él no se podía quejar.
Lo que no se esperaba era ver a su compañera cruzar el umbral de la puerta en ese momento. Ella lo vio, con una mezcla de enojo y un sentimiento que no supo definir.
-¿Qué haces?- le preguntó señalando las maletas.
-Mi semana aquí ha terminado.- le dijo con algo que intentó ser una sonrisa pero se quedó a medias.
Luego hubo un silencio incómodo.
-Pensé que no vendrías.- musitó con los ojos en el suelo.
-No quería preocuparte.- agregó.
Él rió con ironía. –No, está bien.- Alzó su maleta del suelo, dispuesto a irse.
-Yo, agradezco que hayas venido a cuidarme.- comentó Brennan.
-No me lo agradezcas. Para eso están los amigos.- Ella fijo su mirada en el suelo. –Además, ya tienes a alguien que te puede relajar mucho más de lo que yo jamás podré.
Brennan alzó la vista del suelo, le vio con rabia. –No tienes el derecho de reclamarme.
-No es un reclamo, Bones. Es un hecho.- le espetó. -¿O acaso ya no crees en ellos?
-Claro que lo sigo haciendo. Y el único hecho aquí es que eres un egocéntrico, macho alfa, sobreprotector.- dijo alzando la voz y acercándose más a Booth.
-Perdón por querer protegerte de desconocidos, pero al fin de y al cabo ¿quién soy yo para hablar?
-¿Por qué lo dices?- preguntó confundida, con una nota de miedo en su voz.
-Porque hoy conocí a una chica.- Se acercó más a su compañera. –Y déjame decirte que era muy linda.
Brennan quiso pegarle una cachetada por el descaro, pero no tenía un motivo concreto, en realidad no tenía nada más que ese sentimiento en la boca del estómago de vacío y su cabeza dando vueltas.
-¿Y han hecho...- se interrumpió. Estuvo a punto de decir, hecho el amor. -¿Has tenido sexo con ella?
-Eso no te incumbe.- le espetó. –Compañera.
-Tomaré eso como un sí.
-Tómalo como quieras.- Se acercó más a él.
-Tú…- intentó acusarlo de algo pero no encontró argumentos. –Argh.- suspiró en frustración. –Eres la persona más desesperante que he conocido. Eres un… un… un cabezota.
-Gracias por el halago.- comentó sarcásticamente.
-Eres un cabezota porque,- su propia impaciencia y frustración no la dejaban hablar, pero también le impedían detenerse. -porque ignoras los hechos. No puedes ver lo que es obvio porque simplemente guías por tus sentimientos. No puedes ver que te quiero.
Booth negó con la cabeza. -¿Estás de broma?- dijo con cierta indignación. Brennan negó con la cabeza.
-Tienes que. Porque no puedes venir ahora y decirme que me quieres luego de haberme rechazado dos veces. No, no puedo aceptarlo.- Brennan iba a discutir pero la interrumpió. –Y no me vengas con que tuviste miedo porque yo también lo tuve y me lancé, aposté por ambos pero tú tenías miedo de perder todas tus fichas. No quiero estar contigo sabiendo que estarás cambiando de opinión todo el tiempo.
-Es que no cambie de opinión, Booth. Yo, simplemente…
-¿Tú qué?- siseó. -¿Tú qué Brennan?
Ella le vio enojada, si no la dejaba hablar entonces por qué quería que le contestara. –Tuve que estar a punto de acostarme con otro para darme cuenta. ¿Es qué no lo ves? Te necesito junto a mí, necesito tu egocentrismo de macho alfa, necesito tu afán de sobreprotegerme, necesito tus abrazos de chico, tu necedad.
Se acercó a él, y susurró, muy cerca.
-Te necesito.- Se aferró a su camisa, sin dejar de verlo. -No pude tener sexo con Antonio porque no podía hacer otra cosa que pensar en ti.
Y eso fue todo lo que necesitaba oír para que sus dudas se disiparan.
Soltó la maleta, y acortó la distancia entre ellos, besándola con vehemencia, como si la vida dependiera de ello, como si tuviera miedo de que si dejaba de hacerlo, desaparecería.
La besaba con dulzura, y pasión, primero acariciando su labio inferior con la lengua, para luego succionarlo lentamente. Había deseado eso desde hacia tanto tiempo, soñado noches enteras con poder besarla sin miedo a que ella retrocediera. Brennan gimió cuando Booth mordisqueó su labio delicadamente.
Las manos de Brennan suavizaron su agarre hasta convertirse en una suave caricia en su pecho, mientras él la atraía más a su cuerpo. Despegó sus labios de los de ella, y bajó su boca por el mentón de la antropóloga. Sus piernas flaquearon cuando sintió los besos abiertos del agente succionar suavemente la delicada piel de su cuello, sentía que se derretía entre sus brazos.
Enredó sus manos entre sus cortos cabellos y acarició su nuca.
-Booth.- susurró al sentir como él besaba con total devoción su lóbulo de la oreja.
Sus manos bajaron acariciando cada centímetro de su ancha espalda.
Él al sentir aquello, acarició la curva de su cintura, para después introducir su mano bajo la tela de su blusa, siguió su camino tocando cada centímetro de piel hasta sus pechos, los cuales apresó con la palma de su mano. Empezó a quitar los botones uno por uno, la sangre le empezó a circular más abajo al sentir los pezones de su compañera endurecerse bajo sus caricias.
Brennan lanzó un gemido y la prenda cayó al suelo. Sintió como su miembro se endurecía al ver sus pechos solamente cubiertos por la fina tela del sostén de encaje.
Se pegó más a ella, haciéndole sentir su erección firme. -¿Nunca te he dicho que me encanta el encaje?- dijo con una voz ronca, y los ojos casi negros de deseo. -Y he descubierto que me gusta más cuando tú lo llevas puesto.
Se abalanzó a su boca nuevamente, y volvió a apresar sus senos entre sus manos, acariciando con la yema de los dedos sus pezones, haciéndola gemir entre sus labios.
-Quiero hacerte el amor.- le susurró seductoramente. Ella detuvo sus caricias para verle a los ojos, el ex ranger hizo lo mismo, temió por un instante haber hablado demasiado pronto, pudo ver como esas pupilas azules se derretían, quizás por miedo, quizás por placer, pero sólo había una forma de averiguarlo.
Se acercó a ella, y le besó, despacio, simplemente juntando sus labios, como una adolescente empezaría su primer beso. Brennan pensó en resistirse, aún tenía miedo de enamorase tanto para luego resultar herida, pero no pudo. Ese simple beso le decía demasiado. Amor. Eso era lo que sentía, amor puro y sincero. Así que se dejo llevar.
La mano de Booth se deslizó por su espalda hasta llegar al sujetador, el cual quitó con un movimiento ágil, sus besos bajaron al nacimiento de su pecho, para luego besar, y succionar los delicados pezones rosa de la antropóloga.
Ella gimió al mismo tiempo que los labios del agente se cerraron alrededor de uno. Enredó sus piernas en sus caderas, sintiendo aún debajo de varias capas de tela la erección que gritaba por salir de esos vaqueros, y entrar en ella.
El agente la cargó hasta su habitación, ambos cayeron en la cama, donde él le quitó los vaqueros a su compañera, e hizo lo mismo con sus pantalones.
Volvió a acostarse encima de ella, besando cada centímetro de piel. Al llegar al abdomen, muy cerca del ombligo, notó algo que no conocía de ella.
-Lindo lunar.- musitó, y besó la media luna que formaba la manchita de piel. Ella sintió como una corriente eléctrica le erizaba la piel al sentir los labios de Booth besarla justo ahí. Dentro de las brumas de su pensamiento encontró la manera de responder.
-En realidad, tiene una forma muy extraña, parece más una cicatriz.
-No es extraña, es única, como la persona que lo tiene.- le dijo con una sonrisa, para luego subir y besar sus labios.
Un cumplido. Este hizo que sintiera un calor agradable, que su pecho se hinchara inundado por ese sentimiento, también hizo que percibiera un revoloteó en su estómago. Sus mejillas se sonrojaron, Él no pudo hacer más que besarla con más dulzura si es que cabía.
Se quedaron así un momento, jugueteando en la boca del otro hasta que Booth empujó su erección contra ella. A lo cual ambos gimieron.
La antropóloga tomó sus bóxers por el elástico y se los quito.
-Es mejor de cómo lo recordaba.- le dijo a Booth al ver su masculinidad, él simplemente sonrió engreído.
Se volvió a acostar junto a ella, acariciando cada centímetro de su piel, queriendo llegar a su ropa interior y quitársela de una buena vez, pero fue sorprendido por un rápido movimiento que lo dejo boca arriba en la cama.
Ella suspiró al sentir la mano de Booth bajar por sus costados, luego dio una vuelta en la cama dejándola encima.
El ex ranger no pudo hacer más que sonreír. Siempre había sido dominante, le agradaba saber que no dejaba de serlo ni cuando hacía el amor.
En cuanto a ella, comenzó a besar sus pectorales, luego bajo por su abdomen, Booth disfrutaba sentir sus labios recorrer sus abdominales y su vientre. Emitió un siseó al sentir la lengua húmeda de la antropóloga recorrer la longitud de su miembro, vio hacia abajo para encontrarse con una mirada traviesa fija en sus ojos.
-Bones.- susurró.
-¿Te gusta?- le preguntó seductoramente. -¿Quieres más?
Tragó saliva audiblemente, no sabía cómo responder a esa pregunta.
-Vas a hacer que me corra.- le advirtió.
-¿Y eso es malo?- preguntó con fingida inocencia.
-¡Temperance!- g al sentir la mano de la antropóloga moverse de arriba abajo, no conocía ese costado tan seductor de Brennan, pero le encantaba intentar no enfocar su mirada en lo que su compañera estaba haciendo, pero no pudo evitarlo, la escena simplemente era demasiado buena para no hacerlo, sentía que estaba a punto de explotar, le enloquecía la manera en que su mano le proporcionaba un placer inigualable; cuando emitió un gemido prolongado, supo que debía detenerla.
-Para.- le pidió en un hilo de voz. –Para, bebé. Por favor. Para.
Brennan se detuvo, viéndolo confundida. –Pensé que te gustaba.
Él le sonrió reconfortantemente, luego se acercó a ella, calmándose un poco, sabía que el más mínimo roce lo haría correrse si no tenía cuidado. –Me encanta.- le dijo en un tono ronco, y la besó suavemente. –Pero, como he dicho. Quiero hacerte el amor,- se acercó a su oreja, y tomó su lóbulo entre sus dientes, acostándose otra vez encima de ella, sonrió para sí mismo. Había encontrado el punto débil de Brennan. –Terminar dentro de ti. Sentir como llegas al orgasmo. Necesito sentirte.
Brennan gimió ante sus palabras, y ante el hecho de que le estaba bajando su ropa interior lentamente, apenas rozándola con sus manos. Tiró la prenda a algún lugar donde no estorbara.
Pegó su cadera a la de su compañera, sintió lo húmeda que estaba; mantuvo la mirada fija en la de ella, Brennan enredó nuevamente sus piernas en las caderas masculinas ansiando un contacto más íntimo, más profundo. Enterró sus uñas en su espalda al sentir como se sus silenciosas peticiones se cumplían. Booth emitió un gemido ronco al entrar en ella, para lo dos, el momento era simplemente perfecto, las palabras sobraban.
Comenzó a moverse, primero lentamente, dándole tiempo a Brennan para acostumbrarse al vaivén.
-Booth, más rápido. Más rápido.- le pidió rayando la desesperación.
Sus caderas chocaban, sus gemidos eran cada vez más profundos, más audibles, sintió como el orgasmo se acercaba a pasos agigantados, su mano ágil bajo hacia el punto donde sus cuerpos se unían y acarició su clítoris.
-¡Booth! ¡Sí!- gritó su compañera. Siguió con su tarea hasta que la ola de placer llegó. Brennan creyó morir al mismo tiempo que su cuerpo se tensaba, y dejaba pequeña marcas rojizas en la espalda de su amante.
Hubiera jurado que vio estrellitas al sentir su orgasmo invadir sus sentidos, cosa ilógica pero que nunca le había sucedido antes. Salió de ella, exhausto pero rebosante de felicidad, ambos luchaban por aire, como si de repente todo el que había en la habitación fuera insuficiente.
Luego de un rato, abrazó a Brennan por la cintura para que ella se recostara en su pecho. Acarició de arriba abajo su columna vertebral.
-Mm. Eso me encanta.- susurró. Él no pudo más que sonreír.
Ella levantó la cabeza, vio esas lagunas azules mirarlo con intensidad, contuvo las ganas de decirle un te amo. Le sonrió en vez, aún tenía un ligero rubor que la hacía ver hermosa. Siempre es hermosa. Pensó.
Sentía una paz inmensa, y Brennan se sentía relajada por primera vez en mucho tiempo.
-No hemos usados protección.- susurró Booth, al borde del sueño.
-Confió en ti. ¿Confías en mí?- le preguntó, con algo de miedo en su voz.
-Más que en mí mismo,- le respondió, seguro. -pero, ¿Acaso no temes quedar embarazada?
Ella sonrió mientras hacía círculos imaginarios en el pecho de Booth. . –No temo quedar embarazada. Sería tu hijo.- le respondió. –Pero no lo haré. Estoy con la píldora.
Booth soltó un suspiro, entre cansancio y alivio. El teléfono comenzó a sonar.
-Ignóralo.- le pidió Booth.
-Lo haré.
Cerraron los ojos, y entrelazaron sus manos, esperando que Morfeo los llevara entre sus brazos. A la distancia pudieron oír un tono muy conocido para ambos.
-Tempe,- dijo, usando su apelativo cariñoso. -Quisiera volver a repetir lo que vivimos hoy. No puedes negar que tú también.- agregó con una voz seductora. –Pero necesito saber cómo quedamos esta noche. ¿Somos sólo amigos? ¿O algo más?
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No me maten DX si lo hacen no sabrán cómo termina el fic.
Ya en serio, díganme que piensan, aunque sea para amenazarme, o para criticarme, para comentar el fic, lo que sea. Presionen el botoncito.
*Por cierto, es una frase que leí u oí en no sé donde, así que no quiero que piensen que es mía.
