Siento el super atraso, no tengo tareas ni nada pero estoy llegando tardísimo a mi casa. :/

Les advierto que en este capi contiene violencia física y verbal.

.

Disclaimer:Bones no me pertenece. Como siempre, es de FOX, Hart Hanson, Stephen Nathan y todos sus productores. Incluyendo a Kathy Reichs quien hizo esos maravillosos libros sobre Temperance Brennan. No lo hago con fines de lucro sino por diversión, ningún personaje me pertenece.

.

Miedo

Inglaterra, 1815

-¡Anthony!- exclamó Teresa.

-Respóndeme.- le exigió, ella simplemente apartó la mirada.

-Deberías estar afuera, estoy cambiándome, no debes verme en estas condiciones hasta la noche de bodas.- le recordó.

-Claro,- musitó con una sonrisa irónica. –Tamara. Vete de aquí, necesito hablar con tu ama.

Teresa quiso gritarle que no se atreviera a tratar a Tamara así, y que ella no era su ama, era su amiga, pero calló al ver la mirada fría de Anthony.

-Pero señor, necesito terminar de…- fue interrumpida por él.

-¡Qué te largues!- le espetó. Muy a su pesar, la muchacha abandonó la habitación.

Al asegurarse de que la servidumbre estuviera muy lejos de ellos, cerró la puerta, y encaró a Teresa con una mirada que le envió un escalofrío por todo el cuerpo.

-Entonces, Teresa. ¿Dices que no debo verte así hasta la noche de bodas, eh?

-Sí, es exactamente lo que digo.- musitó, tomando una sábana para taparse el cuerpo, solamente vestía el corsé y su ropa interior.

-Oh, ¿Desde cuándo tan puritana?- dijo, con una sonrisa irónica.

-Yo… tú no me conoces, y si te digo que quiero espera a estar casada contigo para que tengas siquiera el derecho de verme entonces debes respetarlo.

Se acercó a ella con una mirada helada. –Por supuesto, así como tú me respetas a mí.- se acercó más mientras ella se alejaba, llena de miedo. –Porque tú nunca irrespetarías las leyes de la iglesia. ¿Verdad? Para ti, un amorío sería un pecado imperdonable.

-¿De qué hablas?- preguntó, por un momento, sintió que se desmayaba, sus piernas flaquearon, se sostuvo con la columna de madera de su enorme cama.

-Sabes de que hablo. ¿O acaso me imaginé a un joven muchacho escalar el muro hacia tu habitación y entrar en ella?

Ella se sorprendió por un momento, luego fingió una expresión indignada. -¡No puedo creer de lo que me acusas! ¡Vete de mi habitación!- le ordenó, enojada.

Intentó caminar hacia la puerta pero él la detuvo, sosteniéndola fuertemente de la muñeca.

-¡Suéltame!- gritó consternada, intentó pegarle una cachetada. Fue entonces cuando él la giró y la estrelló contra su cómoda, la misma en la que la noche anterior había estado peinándose antes de que Sebastián llegara.

-Nunca te atrevas a hacer eso de nuevo.- le susurró al oído como advertencia.

-¡Anthony! Me estás lastimando, suéltame.- le pidió con lágrimas en los ojos, sentía un dolor agudísimo cerca del abdomen.

-¿Por qué? ¿Qué acaso no soportas ver tu imagen el espejo?- le dijo, y la tomó del cuello. -¡Mírate!- y levantó su cabeza para que se viera al espejo.

-Pensé que eras mejor que cualquier mujer que había conocido, por ello soportaba tus desplantes. Pero he dado cuenta que eres igual de que todas, una zorra barata que se revuelca con otros.

-Anthony, por favor.- le rogó. El dolor se intensificaba. –No me acosté con él, te lo juro.

-Y sigues mintiéndome. Pero está bien, no te voy a dejar Teresa si era lo que esperabas. Ese será tu castigo.- y con esto último la soltó, ella se dejó caer al suelo, inhalando y exhalando rápidamente, sólo pudo ver como Anthony salía de la habitación y ella se quedaba sola.

Percibió la humedad de sus lágrimas sobre sus mejillas, cerró los ojos, se sentía incapaz de moverse, luego sintió dos manos tomarla con suavidad para que se levantara.

-¿Señorita, está bien? ¿Qué le ha hecho?- preguntó Tamara, preocupada.

-Me duele.- se quejó, la muchacha quitó la mano de su ama de su abdomen. Al hacerlo notó una mancha de sangre.

-¡Oh, Dios!- exclamó. -¡Vengan señorita, acuéstese en la cama!

Al levantarla, Teresa se gimió de dolor. Tamara la recostó, y revisó la herida.

-Traeré el botiquín, será sólo un momento.- Teresa la tomó fuertemente del brazo.

-¡No! No me deje. ¿Y si vuelve?- exclamó, Tamara jamás la había visto así, tan temerosa de nadie, por más que quiso quedarse sabía que debía irse.

-Sólo será un momento, lo prometo.- Ella sólo asintió, y la soltó.

.

.

Mientras limpiaba la herida, Tamara se debatía entre preguntarle o no. Si era quien creía que fue debía decirle al padre de Teresa, estaba segura de que él nunca permitiría que lastimaran a su hija así.

-Señorita, ¿Quién le hizo esto?- preguntó al fin.

Teresa bufó con desdén. –Ambas sabemos quién es el monstruo.

-Debería decirle a su padre, él nunca permitiría…

-¿Qué cosa?- musitó con ironía. -¿qué alguien me pegara? Tamara, él mismo se atrevió a hacerlo, no creo que le importe mucho que su querido futuro yerno lo haga también.

Ella calló, no sabía que Maximiliano había dañado físicamente a su hija, definitivamente, el poco aprecio que le quedaba hacia él había desaparecido. Cuando terminó de limpiar, se fijo en la forma que había dejado.

-¿Qué pasa?- le preguntó Teresa.

-Es sólo que la herida tiene forma de media luna.

Teresa suspiró. –Va a quedar una curiosa cicatriz. Debió haber sido por la perilla de la gaveta.

-Pero está cerca de su ombligo. Nadie lo verá.- dijo en un vano intento de consolarla.

Teresa sólo asintió.

-Vamos,- le ánimo. –Debe levantarse, recuerde que tiene que ir a una fiesta.

Volvió a suspirar. –Claro. Qué emoción. Muero por fingir una sonrisa, por pretender que soy feliz con Anthony, por fingir que soy la novia más dichosa del pueblo, que espero mi boda con ansias y que todo está bien.

Esta vez fue el turno de Tamara para suspirar. –Vamos señorita, no hay mal que por bien no venga. Sé que ahora todo parece perdido, pero tenga un poco de fe.

Y con esas palabras, se levantó y se dispuso a cambiarse.

.

.

Entró al salón, en el lugar había sólo gente de la alta sociedad, era la fiesta de compromiso de los futuros señores Moreau. Anthony tenía su brazo sobre su cintura, en un gesto que la hacía sentir como si fuera de su propiedad, como si lo que le había hecho esa tarde no importaba.

El baile empezó, y aunque al principio Teresa se negó a bailar, principalmente porque le dolía la herida, aunque también porque no le gustaba estar entre los brazos de su prometido, terminó haciéndolo porque Anthony la amenazó con que si no se comportaba siempre podía ir tras su amante.

Bailaron un par de piezas, fingiendo sonrisas hasta que el dolor en la herida fue demasiado y le exigió sentarse, justo a tiempo para el brindis a la feliz pareja. Anthony conocía al novio personalmente, así que le pidió a su prometida que se levantara para ir a felicitarlos.

-Vaya Francoise. Felicidades, te has conseguido una esposa preciosa.

-Claro, siempre obtengo lo mejor de lo mejor. ¿Verdad Ángela?

-Si amor, seré la mejor esposa, no mereces menos.- respondió la muchacha.

-No espero menos. Ahora, si me disculpan necesito hablar con mi amigo.- Ambas asintieron y vieron como sus prometidos se alejaban. Teresa suspiró aliviada, por primera vez en la noche estaba lejos de él, notó que Ángela la miraba con algo que se podría definir como interés.

-Soy Teresa Belmonte.- se presentó.

-Lo sé.- contestó la mujer de ojos marrones. –Yo soy Ángela Montenegro. Como ya sabe, la prometida de Francoise Moreau.- afirmó sin mucha convicción.

-Claro. No la noto muy entusiasmada con la idea.

-¿Qué? ¿De qué habla?- exclamó consternada. -¿Cómo se atreve a decir eso?

-Creo que usted y yo nos parecemos, ambas estamos condenadas a un matrimonio sin amor.

Ángela intentó protestar, pero ella le interrumpió.

-Escuche, no vine aquí a causarle problemas. La entiendo, si no quiere aceptarlo frente a mí, no lo haga, pero conozco esa mirada que le lanza a su prometido y no es de amor precisamente.

Ella le vio con una expresión indescifrable. –¿Me acompañaría al jardín? Creo que ellos dos tardarán un poco.

Teresa asintió.

.

Ángela la dirigió a la fuente, se sentaron en la orilla, bajo en silencio de la noche se podía oír el flujo del agua.

-Así que, ¿usted tampoco ama a su prometido?- Y con eso, quedó confirmado que ella tampoco deseaba casarse.

-No. No lo hago.- confesó, muy a su pesar. Por alguna razón, confiaba en esa muchacha de cabellos marrón y rasgos asiáticos.

Rió suavemente. –Por un momento pensé que sólo me sucedía a mí.

-Ya ve que no, y deben haber muchas más. Sólo que todas fingimos ser felices.

-¿Sabe? Es raro poder hablar con alguien francamente.- le dijo con una sonrisa. -Todos en mi hogar me presionaban para que aceptara a Moreau, excepto mi padre, él decía que contraería matrimonio con quien yo quisiera y sería feliz con o sin dinero. Hasta que un día, los hombres de Moreau lo atacaron, lo dejaron en la puerta de nuestra casa con el mensaje de que si no aceptaba a Francoise, la próxima vez tendríamos que organizar un funeral.

-Y así fue como se comprometieron.- Ángela asintió, con los ojos empañados.

-¿Y usted? ¿Qué pasó?

-Mi padre. Él me presentó ante Anthony, arreglo nuestro compromiso y aquí estoy. A punto de casarme con un hombre que no amo, que me ataca tanto física como verbalmente, y sé que nunca llegaré a amarlo.

-Sí, entiendo ese sentimiento. Sabes que nunca podrías amar a un hombre tan nefasto como él y sientes que estás condenada a una vida de infelicidad

-Y que a pesar de que encuentres al hombre que te corresponda, estás atada a ese matrimonio sin amor.- dijo, y al terminar, oyó el canto de un ave. -¿Un canario a estas horas?- musitó Teresa.

-Creo que es un ruiseñor, siempre vienen aquí.- comentó Ángela viendo hacia arriba. -No es un ruiseñor. Estoy segura… ¿Cómo…- vi hacia los árboles, luego hacia la enredadera, y fue cuando lo vio. -¡James!

-¿Quién?- preguntó Ángela alzando su vista también.

Fue entonces cuando vio a dos jóvenes indicándoles con las manos que se acercaran, y no pudo contener el grito que escapó de su boca.


Washington D.C. 2011

Brennan se sentó en su silla, por primera vez en mucho tiempo, sentía que no sabía lo que hacía en ese momento, aún no estaba segura de cómo iba a enfrentar a Booth luego de la horrorosa pelea que tuvieron, en realidad, de lo único que podía estar segura era que había llegado el momento. Todo o nada. Ya no podían ser sólo compañeros y amigos.

Ángela se detuvo por su oficina. -¿Cómo estás?

Ella sonrió. –Bien, tanto como lo puedo estar. – La artista hizo una media sonrisa. No quiso tocar el tema de Booth así que terminó diciendo:

-Recuerda, no debes estresarte tanto o tu cortisol aumentara. Te mantendré vigilada, Bren.

Brennan asintió. –Bien, no podré convencerte de lo contario.- dijo, condescendientemente, para luego agregar. –Pero el cortisol no es del todo malo, además de ser la hormona del estrés, contribuye a elevar el nivel de glucosa en la sangre y regula el sistema inmunológico. Interviene en el metabolismo, es muy importante para el cuerpo.- Ángela sonrió, sabía porque se lo decía.

-Claro, ¿algo más que quisieras agregar?

-También se le conoce como hidrocortisona, a pesar de que no tiene nada que ver con la cortisona. – Dijo con una pequeña sonrisa. Necesitaba decírselo porque eran hechos, podía lidiar con los hechos, eran concisos, irrefutables, sin dobles interpretaciones.

No como los sentimientos.

-Como digas cariño, pero no evitarás que mantenga un ojo en el trabajo y otro en ti.

-No veo como podrías hacer eso.

-Porque soy Ángela Montenegro.- dijo con una gran sonrisa.

Negó con la cabeza. –Como te llames no tiene nada que ver con eso.

-Déjalo así cariño. Nos vemos, y ya sabes, lo que necesites. Estoy a pocos pasos de distancia.- y así dejó la oficina.

¿Por qué todos insistían en cuidarla como si de una niña pequeña se tratara? Booth era el peor, él siempre tenía que estar vigilándola…

Cortó su línea de pensamientos justo ahí, no quería pensar en él. Sólo le haría daño. –Booth.- susurró frustrada. ¿Por qué todo tenía que complicarse así?

-A mí también me alegra verte.- comentó con ironía.

Levantó la vista sorprendida, lo encontró recostado en el marco de la puerta. -No, yo no… ¿Qué haces aquí?- dijo sin molestarse en disfrazar su enojo.

-Vine a trabajar con mi compañera.

Los labios de Brennan se volvieron una fina línea mientras fruncía el seño. –Claro, ahora sí soy tu compañera.

-Siempre lo has sido.

-Pero he sido más que eso.

-En fin, Brennan. Tenemos un caso.

El enojo de ambos se podía palpar, sabían que caminaban en una delgada línea donde cualquier cosa haría explotar a alguno de los dos o a ambos.

-Bien, vamos.- dijo, sin mucho ánimo.

Booth dio media vuelta para dirigirse a la salida, pero se encontró con alguien que sólo hizo que su enojo aumentará de maneras inimaginable.

-Hola Booth.- le saludó.

Lo vio como si fuera a tirársele encima, pero él no retrocedió ni un centímetro. –Estaré en el auto.- le dijo a Brennan, ignorando el saludo del hombre que había destruido todo lo que ellos tenían.

Ella simplemente le lanzó una mirada y asintió. Booth salió de la oficina como un rayo, Ángela se acercó preocupada por su amiga, no se había percatado de la presencia de Antonio hasta que estuvo frente a la puerta.

-Bren, ¿Estás…- vio al hombre parado en medio del lugar. –Lo siento, ¿Interrumpo algo?

-No Ange, él es Antonio.

Lo vio, algo dentro de ella le advirtió que se alejara de él y que su amiga debería hacer lo mismo.

-Claro, es un gusto conocerlo. Soy Ángela Montenegro.

-¿Ángela Montenegro?- dijo sin ocultar su sorpresa. Ella asintió, confundida.

-¿Lo conozco?

Él negó con la cabeza. –No, no lo creo. Aunque quizás nos conocimos en otra vida.- le dijo con una sonrisa, ella simplemente fingió una.

-Bren, te necesito en mi oficina.- mintió, no la necesitaba, pero su instinto gritaba alto y claro, Bren tenía que alejarse de él.

-En un momento iré.- le respondió.

Ángela asintió, intentó salir de la oficina pero algo se lo impedía, parecía que sus pies eran incapaces de moverse.

-¿Ángela, estás bien?- preguntó Brennan.

-Sí, estoy bien, cariño.- dijo, y salió de la oficina no sin antes ver hacia atrás. Lo último que vio fue a Antonio acercase a su amiga con una mirada que no le gusto para nada.

.

.

-¿Qué haces aquí?- le espetó Brennan cuando Ángela se fue.

Antonio se acercó a ella. –Vine a verte.

-Te dejé claro la otra noche que no quería verte más.

-Sí, eso dijiste, pero no me daré por vencido tan fácilmente.- tomó su barbilla entre sus dedos, se acercó para besarla, Brennan retrocedió bruscamente.

-Antonio, por favor. Mantengo lo que dije aquella noche, esto no funcionaría nunca.- fue entonces cuando su sangre empezó a hervir de ira. –Te dije que no buscaras más, ni me llamaras, te rechace y aún así hiciste todo lo que te dije que no hicieras, ¿no se supone que deberías estar molesto conmigo?

-Jamás podría molestarme contigo.- le dijo con una sonrisa.

-¿Por qué me llamaste? Es más, ¿por qué me has dejado ese mensaje tan sugestivo cuando no hemos hecho nada?

-Vamos Tempe…

-No me digas Tempe.

Se acercó. -¿Sabes Tempe? No me tomó mucho tiempo averiguar porque me rechazaste.- Brennan le vio entre enojada y sorprendida. –Vi como veías a ese agente. No soy ingenuo, supe desde el momento en que lo conocí que lo amabas. No me tomó mucho suponer que irías a tu casa, con él, así que te dejé el mensaje para detenerte. Mejor dicho, detenerlo ¿Funcionó?

Ella le vio como si se tratase de su peor enemigo, cosa que sólo hizo que su sonrisa se ensanchara. -No tenías derecho. Pensé que lo había dejado muy claro la otra noche, pero al parecer no pareces tener la habilidad mental para comprenderlo así que lo diré otra vez. No quiero volverte a ver en mi vida, déjame en paz. Y si alguna vez vuelves a entrar a este laboratorio, pondré una orden de restricción contra ti.

-¿Sabes? Eres tan directa como cuando te conocí.

Ella le vio incrédula. –Sal de mi oficina.- Al ver que no la obedecía, quiso ir hacia la puerta, pero Antonio la detuvo tomándola del brazo.

-¡¿Qué te sucede?- exclamó, tratando de soltarse. –Antonio, suéltame.- le advirtió. Él la empujó contra la pared, apresándola entre su cuerpo y tapando su boca con una mano.

-Lo siento, pero no quisiste escuchar.- Brennan intentó darle un rodillazo pero tenía más fuerza que ella. –Tranquila, no estaré aquí mucho tiempo.

Ella sentía su muñeca arder, la tenía doblada detrás de su espalda, temía que se le quebrara.

-Supe que eras para mí desde el momento en que te vi. Pero tú insistías en amar a este pobre diablo. Si tan solo hicieras lo que te digo y me quisieras a mí todo estaría bien, sabes cómo termina esta historia Teresa. Sólo ríndete.- le susurró en su oído. Brennan empezaba a sentir desesperación.

-¿Lo harás?

Ella negó con la cabeza.

-Escúchame. Ya me cansé de tus juegos, ahora, harás lo que te digo o tú sabes quién sufrirá.

-No sé de qué me hablas.- dijo al encontrarse libre de hablar. –Suéltame o llamaré a seguridad.

Intentó luchar pero al parecer nada lo haría ceder.

-¡Auxili…- volvió a tapar su boca.

-¿Qué crees? ¿Qué él volverá a salvarte? No lo hará, seguramente cree que estás conmigo, tú sabes, como pareja.- le guiñó un ojo, Brennan se sintió asqueada.

Nunca. Pudo leer en sus ojos, fue entonces cuando Antonio vio algo familiar en ellos. –Ahí está otra vez esa mirada.- Le temía, en sus ojos se veía el mismo dolor que ya hacia muchísimos años había visto, pero a la vez, había algo diferente.

Algo que no pudo reconocer en ese momento.

Brennan intentó soltarse, pero su peso empezaba a asfixiarla. Sus sentidos se estaban adormeciendo, no entendía como nadie en el Jeffersonian había visto la escena aún, volvió a luchar, la mano de Antonio comenzaba a dejarla sin aire.

Booth. Pensó con desesperación, como si pudiera llamarlo con su pensamiento.

.

.

Continuará…

Espero que les haya gustado, ya saben, para que dejen un review, y si no les gusto pues también déjenme un review para expresa sus pensamientos. :D