Es aquí donde pasamos a lo sobrenatural ;) Y por cierto, perdón el atraso, tenía un bloqueo enorme con este fic pero ya lo resolví.
Respondiendo a reviews:
Daniela: Me alegra que te haya gustado el capi anterior, aquí está el siguiente después de algunas semanas. Gracias por comentar siempre.
Messanne: Déjame decirte que amé tu review, y sí, me diste una buena idea, con tu permiso para utilizarla creo que ya tengo fic para cuando termine este. :D Me hace feliz que te esté gustando tanto.
.
Disclaimer: Bones no me pertenece. Como siempre, es de FOX, Hart Hanson, Stephen Nathan y todos sus productores. Incluyendo a Kathy Reichs quien hizo esos maravillosos libros sobre Temperance Brennan. No lo hago con fines de lucro sino por diversión, ningún personaje me pertenece.
.
Sálvame
Washington D.C. 2011
No iba irse, no lo iba a dejar ganar, iba a luchar de alguna forma.
De repente sintió como Antonio la liberaba, tomó una bocana de aire pero tan pronto como lo hizo sintió un par de labios posarse en los de ella, le costó unos segundos saber que pasaba, tan pronto como lo comprendió se separó de él con la respiración agitada.
-¿Qué? Lo sé, eso fue increíble.- dijo con un brillo malicioso en sus ojos. Vio hacia la puerta con una sonrisa igual de malintencionada. Brennan hizo lo mismo y se encontró con la mirada decepcionada de Booth.
Ella tardó microsegundos en entender que todo eso lo había planeado Antonio desde el principio, él intentó abrazarla, Brennan le pegó una cachetada. El agente del FBI sólo pudo ver impresionado como su rival recibía un golpe de su compañera, no pudo evitar sonreír a pesar de todo.
-¡Idiota!- le gritó. La había engañado completamente, su plan había sido tan minucioso que jamás lo hubiera pensado. ¿Qué ganaba él con destruir su vida amorosa con Booth?
La había ahogado para luego besarla, creando el efecto de un apasionado beso, pero era todo lo contrario, se sentía indignada, pero parte de ella, tenía miedo, no había forma de que él fuera tan fuerte como para que sus intentos de liberarse se volvieran inútiles, y si eso no era suficiente, ¿cómo diablos había sido tan rápido? Pasó de ahogarla a besarla.
¡Nadie podía hacer eso!
Pero lo había presenciado, lo había sentido. Años de ignorar sus instintos habían cobrado factura, desde que conoció a Antonio, algo dentro de ella no la dejaba en paz y le advertía que se alejara.
-¿Qué te pasa? ¡Me besas y luego me das una cachetada!- le gritó indignado.
-¿Qué? Yo no hice eso.
-Eres un loca, me ruegas que regresemos, que te dé otra oportunidad, me besas en tu despacho y después finges que no quieres.- vio hacia la puerta y fingió asombro, como si acabara de descubrir algo. -¡Claro! Eso lo explica todo, tratabas de darle celos a tu compañero ¿es eso? Eres una manipuladora.
-¿De qué hablas? ¡Tú me ahogaste! Y después… después ¡me besaste!
-¿Qué hice qué? ¡Eso no es posible, es irracional!
Brennan calló, era verdad, era imposible, no había forma pero esta vez, contra toda lógica, ella sabía con certeza que eso había pasado. Se sentó en el sofá, incapaz de entender, Antonio salió de la oficina, Booth simplemente le lanzó una mirada y él tuvo que luchar por esconder la sonrisa que casi escapaba de sus labios.
Booth, por su parte, tomó aire, algo extraño había pasado ahí adentro, conocía a Brennan, ella no era así. Tragó en seco al darse cuenta de que, creía conocer a su amiga, no, corrección, compañera de trabajo, quizás si fuera capaz de armar todo ese circo con tal de hacerle creer que no se había acostado con Antonio. Una parte de él, la que contenía su ego masculino, se sintió halagado y otra parte, le decía que no confiará en su cabeza ni en todo lo que veía.
Entró a la oficina, vio a la antropóloga sentada en el sofá, se preguntó qué pasaba por su cabeza luego recordó que no era su problema.
-¿Estás lista?- le preguntó, ignorando el hecho de que había visto toda la escena desde afuera.
-No lo creo.- fue su respuesta. –Lo que hizo fue imposible, ¡Tú lo viste! ¿Qué sucedido?
-Brennan no creo que sea el indicado para…
-¡Lo viste! ¿Cómo no puedes estar alarmado?- exclamó en un chillido, Booth la vio sorprendido, estaba perdiendo los estribos, la situación la sobrepasaba.
-¡Lo único que vi es que lo estabas besando!- le respondió.
-Booth, debes creerme, algo raro… no sé cómo explicarlo, no sé qué pasó pero algo pasó.
Él quiso ser indiferente a la situación, pero sabía que Bones no era así, estaba a punto de un colapso nervioso.
-¿Qué pasó?
Ella inhaló profundamente. –No lo sé.- murmuró entre dientes.
-No, dime ¿Qué pasó exactamente?
Brennan lo pensó por un momento. –Pensarás que estoy loca.
-Inténtalo.
Volvió a inhalar y exhalar despacio. –Bien, Antonio entró a mi oficina buscando, no estoy segura, quizás otra oportunidad, le dije que lo había dejado claro la noche anterior. Empezamos a discutir, luego él… me tomó de la muñeca, me apresó en la pared… intenté defenderme te lo aseguro, pero mis esfuerzos eran inútiles.
Booth asintió.
-Me tapó la boca, impidiendo que gritará.- Booth sintió su enojo aumentar. –Me estaba ahogando… Booth, no sé cómo, por primera vez en mi vida no sé cómo explicar lo que sucedido, pero luego de eso me besó, de alguna manera, notó tu presencia… quizás ya lo tenía planeado. No me veas así, es imposible lo sé.
Booth sonrió de lado. –No te estoy juzgando, pero es que suena tan…
-¿Irracional?- musitó.
Él asintió. Y, tan seguro como que el infierno existe, que vio miedo en sus ojos.
-Entonces, no me crees.- sus ojos se llenaron de lágrimas, había perdido su confianza.
-No, lo siento, pero no puedo… no.- le dijo.
-No, ¿sabes? Tienes razón. Es ilógico, debo saberlo.- dijo, tratando de convencerse a sí misma. –Tenemos trabajo, debemos… irnos.
Booth asintió, se sentía quizás derrotado, quizás confundido o ambos. Sabía que no era de su incumbencia lo que hiciera Temperance Brennan de aquí en adelante, pero no podía dejar de cuidarla, le importaba y sí de algo estaba seguro en ese momento, es que siempre le importaría.
-Brennan.- le llamó.
-No, Booth, tienes razón. Déjalo así.
Tomó su abrigo y salió de la oficina, Booth la seguiría o no, no le importaba, necesitaba salir.
.
.
-Entonces, Millie ¿tenía algún enemigo?- le preguntó a la muchacha en la barra. El bar donde trabajaba la víctima del caso era un bar nocturno, Booth agradeció que así fuera, no podría soportar la música ruidosa que nunca faltaba en uno de esos lugares.
-No, bueno, no pero…- Booth enarcó las cejas.
-¿Pero?
-En realidad, su novio, era una especie de… patán, una vez lo vi tomándola de la muñeca y arrastrándola al callejón.- dijo la chica apenada. –Sé qué debí hacer algo pero no podía desatender la barra, además, Millie y yo habíamos tenido esta enorme pelea, no era de mi incumbencia.
Booth vio hacia abajo. -¿Y cómo dices que se llama el novio?
-No recuerdo, pero hay cámaras de seguridad, deben haberlo filmado. Denme un segundo.
La señorita desapareció dejando a Booth y Brennan solos. El primero se sentía incómodo, siempre solían hablar de lo que fuera cuando una situación así aparecía, en ese momento era sólo silencio, en cambio, Brennan no tenía cabeza para otra cosa que no fuera Antonio. Aunque quería negarlo, sentía miedo, si Booth no le creía ¿quién lo haría?
Podía pedir una orden de restricción pero un papel no la defendería de él.
-Brennan, sé qué esto es incómodo pero debemos encontrar una manera de pasar esto… somos adultos, lo que pasó… no volverá a pasar. Debemos ser maduros y aceptarlo.
Ella vio en dirección hacia la muchacha, estaba llamando por teléfono, suspiró y luego enfrentó la mirada de Booth. –Lo entiendo, pero… dijiste que me amabas.
Cerró los ojos, como si sus palabras dolieran. –Y lo hago. Tú me mentiste.
-Deberías confiar en mí.
-Hechos, Brennan. Hechos.
-Yo confió en ti, he confiado en ti durante muchos años a pesar de que tu instinto no estaba basado en hechos. ¿Qué te dice tu instinto ahora?
Que confié.–No lo sé, ya no sé si debería escucharlo.
El móvil de Brennan los interrumpió. Ella trató de ignorarlo.
-Deberías contestar.
-No lo haré.
-Podría ser el laboratorio.- Brennan tomó el aparato, contestó sin molestarse en ver el identificador de llamadas. Desearía haberlo hecho.
-Brennan.
-Hola, soy yo.
-¿Qué? ¿Cómo conseguiste este número?- le reclamó.
-No importa, lo importante es que te he perdonado por tu comportamiento totalmente irracional esta mañana. Lo entiendo, tienes miedo pero te aseguro que no te lastimaré.
Brennan resopló enojada. –¿Mi comportamiento irracional? ¡Intentaste ahorcarme! ¿Ahora dices que no me lastimarás?
-Tempe…
-No me digas, Tempe.- Teresa. Recordó. Me llamó Teresa.-¿Quién es Teresa?
-¿Quién?- preguntó. Brennan pudo percibir una nota de sorpresa en su voz.
-Así me has llamado.- Booth vio hacia otro lado, molesto. Ella decidió que lo mejor sería alejarse para no complicar más las cosas.
-¿Acaso no está tu agente celoso?
-¿Qué tiene que ver eso con lo que te he preguntado?- le espetó.
-Tiene todo que ver. Imaginó que ahora mismo se estará muriendo de celos y te aseguro que tienes ganas de matarme.- dijo, Brennan casi podía ver la sonrisa que se había formado en sus labios si eso no fuera completamente absurdo. –Justo como antes. Me pregunto que se sentirá ver cómo te quitan a la mujer de tu vida por segunda vez.
-No entiendo. Primero, no soy un objeto el cual le puedes arrebatar y segundo, tú no lo conoces. Es…
-¿Imposible?- preguntó con sorna. –Mi querida Tempe, aprenderás que nada es imposible. Tarde o temprano.
-¿Qué quieres decir?- La antropóloga no se había percatado de que había llegado a un corredor totalmente vacío.
El celular cayó al suelo al sentir el peso de alguien aplastarla contra la pared. –Verás, quizás esta vez no te tenga bajo mi merced, pero si puedo impedir que esa rata de clase baja se quedé contigo entonces bienvenida sea la oportunidad. No serás mía, mas tampoco de él.- le susurró al oído. Brennan estaba petrificada. Era… debía estar soñando, tenía al mismísimo Antonio frente a ella, el mismo con quien momentos antes estaba al teléfono.
-¿Te ha comido la lengua el gato, Tempe?
-¿Quién eres?- susurró.
-Tu peor pesadilla.- dijo con una sonrisa maligna, y desapareció.
Ella se quedó totalmente quieta, temía que si se movía él pudiera aparecer de nuevo.
-¿Estás bien?
Esa voz la tranquilizó, relajó sus músculos y volteó hacia Booth, quién la observaba preocupado. Abrió la boca para hablar pero las palabras no salieron. ¿Y si no le creía? O peor, ¿la creía loca? Quizás lo estaba, lo que había visto era imposible. …aprenderás que nada es imposible. Resonó en su cabeza.
-Eh, sí lo estoy. ¿Por qué?
-Bueno, estás pálida… y temblando.- comentó.
-No, estoy bien. Hace mucho frío aquí.
Booth resopló divertido por su intentó de mentirle. –Bones este lugar parece Florida en verano. ¿Segura de qué estás bien?
-Ya te dije que estoy bien, pero claro… ya no confías en nada de lo que te digo.- le espetó.
Booth encajó la mandíbula. –Quizás porque me sigues mintiendo.- dijo entre dientes.
-Quizás te esté mintiendo ahora, pero no te he mentido antes.
Silencio. Le mentía ahora pero no antes. Sentía que debía confiar en ella, algo malo le estaba pasando lo podía ver en sus ojos. Miedo, desesperación, dolor. Esos antes profundos ojos azules eran grises en ese momento. Y eso le mataba porque sabía que él era causante del dolor en ellos.
Su instinto lo invitaban a tomarla entre sus brazos y protegerla del mundo.
Su cabeza le hizo decir lo siguiente. –¿Y cómo sé qué no mientes en eso también?
Brennan le vio incrédula. –Vámonos.- le dijo, enfadada y decepcionada. –Tenemos un caso que resolver.
Inglaterra, 1815
-¿James qué hace aquí?- siseó Teresa viendo hacia arriba. Luego de explicarle a Ángela que eran dos jóvenes que ella conocía y no les haría daño, así que no había necesidad de gritar por ayuda se acercó a muro que separaba la mansión del mundo exterior para hablar con James y Sebastián. –Los pueden descubrir saben.
-Venimos por usted, fue más fácil de lo que pensamos. Teníamos planeado entrar en la mansión a sacarla de ahí.
-¿Y cómo es qué pensaban llevarme, eh? ¿Frente toda a esa gente?
-Bueno, eh… no lo habíamos pensado, pero ahora que está aquí será mucho más fácil. Venga, sé qué sabe cómo escapar de aquí.
-Pues no iré.- dijo, decidida.
-¿Por qué?- le preguntó Sebastián, quien hablaba por primera vez.
-Porque… porque no puedo dejar todo aquí, por eso.
-¿Por qué?
-Porque no es responsable.
-¿Por qué?
-¿Sabe? Hace demasiadas preguntas.- Respondió como evasiva, sabía que si se iba, si dejaba a Anthony los perseguirían y al encontrarlos, los matarían. Matarían a Sebastián y no podía permitir eso.
Oyó el crujido de una rama, volteó rápidamente sólo para encontrar que Ángela ya había escalado todo el árbol y estaba en el borde de la pared.
-¿Ángela qué hace?
-Salir de aquí.- fue su respuesta.
-¿Y qué hay de su familia?- Intentó razonar. –Le puede pasar algo.
Ángela se detuvo, Teresa tenía razón, tenía que pensar en su familia. –Tiene razón… pero, ¿y si sólo salimos? Digo, nadie lo notará.
-¿Es decir, no vendrán con nosotros?- preguntó Sebastián. Teresa negó con la cabeza.
-Pero… sí podemos salir, está fiesta está muy aburrida.
-Ange, ¿y si nos descubren? O mejor dicho, ¿y si no nos encuentran?
-No hay problema, regresamos dentro de un momento. Apuesto que nuestros prometidos pensarán que estamos enfrascadas en alguna charla sobre ropa, viajes o cosas banales. Piensan que somos tan sumisas.
Teresa se encontró con tres miradas expectantes. -¿Por favor?- dijo Ángela.
-No, no podemos.
-¿Por favor?- le pidió James con cara de niño perdido.
-No
Pero basto una sonrisa y unos ojos marrones para desarmarla. -¿Por favor?
Lo pensó nuevamente. –Bien.- dijo, intentando parecer indiferente. –Pero volveremos pronto.
Sonrieron de manera triunfal y en menos de cinco minutos ya estaban caminando por el denso bosque que separaba la mansión del pueblo.
-Pensé que no volvería a verla.- susurró Sebastián, él y Teresa se encontraban detrás de James y Ángela, quienes parecían caerse muy bien.
-¿Por qué lo dices?
-Por lo que pasó la otra noche, me extralimité. Jamás me había sucedido eso, me siento avergonzado por mi comportamiento.
Teresa sonrió dulcemente. –Está bien. Siempre he dicho que se necesitan dos personas para bailar un vals. No se avergüence, ambos cruzamos la línea.
-No, no está bien. Verá, desde esa noche yo… me encuentro incapaz de pensar en otra cosa que no sean sus labios, en sus manos, en sus caricias.
Ella le vio confundida por su comportamiento. Sebastián vio de reojo a su amigo, parecía demasiado concentrado en Ángela como para notar lo que iba a hacer. Abrazó a Teresa por la cintura y la besó.
-Teresa… la amo. No puedo seguir negándolo.- le dijo.
-Lo sé, lo sé. Y yo también lo amo. Lo amo.
-Quisiera poder salvarte, quisiera poder alejarte de todo eso, especialmente, alejarte de él.
-Yo también quisiera lo mismo.- susurró, viéndolo a los ojos.
-Entonces vámonos, escapémonos. Teresa, no me creo capaz de vivir sin usted.
Ella sonrió suavemente. –Si no lo hace por usted, lo hará por mí, seguirá con su vida tal como lo hacía antes de conocerme.- dijo y lo besó nuevamente. Fueron interrumpidos por un carraspeó, sonrieron mientras se besaban, no había prisa en detenerse, sabían muy bien quienes eran.
.
.
-Entonces, James ¿verdad?- el aludido asintió.
-¿Y usted señorita? ¿Cuál es el nombre que posee esta delicada rosa?- le preguntó, sabiendo que todas empezaban a caer luego de eso.
-Ahórreselo, no crea que caeré por su encanto de novelas románticas. He visto y oído demasiado. Por cierto, mi nombre es Ángela.
James se quedó impresionado. -¿Ha leído Shakespeare, Ángela?
-Sí, he leído. Encuentro su poesía sumamente…- Buscó en su cabeza la palabra correcta.
-¿Pesada? ¿Sosa? ¿Carente de significado real?
-Exacto.- le dijo. –Aunque debo admitirlo es bastante romántica.
-Sí, lo es.
-¿Sabe? Lo que lo hace tan carente de significado es que Shakespeare no sentía lo que sus personajes vivían. Es como si fuera indiferente al dolor de Romeo, o a las lágrimas de Julieta. Además, el sentido misántropo de sus libros los hace, hasta cierto punto, deprimentes. Pero claro, las pocas personas que conozco y lo leen no se dan cuenta de ello.- concluyó dejando a un James con la boca abierta.
-Yo me he dado cuenta, y ahora, me conoce.- agregó.
Ángela rió. –Supongo que usted será el primero que concuerda conmigo.
-¿Ángela? ¿Se casara a la fuerza?- Ella le vio, confundida y descubierta. –Lo digo porque conozco al señor Francoise, trabaja mucho con el padre de Teresa, y usted no parece una mujer digna de la inmun… digo, simplemente digna de él.
-Yo… yo… ¿Qué están haciendo Teresa y Sebastián?- preguntó claramente divertida.
James volteó, no pudo contener la carcajada limpia que salió de su boca. –Eso mi lady, es un beso real.
Ángela rodó los ojos, luego le sonrió para dirigirse hacia sus amigos.
James la siguió, quería a esa mujer tan asombrosa, o al menos, quería salvarla de casarse sin amor.
.
-¿Cuántas veces te he dicho que eso no se hace, hermano? Mira que besar a una mujer comprometida.- bromeó. La pareja se separó y los vio sin ningún tipo de vergüenza.
-No tiene nada de malo besar a la mujer que amas.- dijo, tomando la mano de Teresa que descansaba en su pecho.
-Pero si está mal besarla si tiene prometido. ¿Qué pasa con usted Teresa?
-No amo a Anthony, lo odio. Lo detesto. Le aborrezco más que a nada en este mundo, pero como usted, tengo personas que proteger.
Ángela vio hacia abajo, al menos eso respondía a la pregunta de James. Fue entonces cuando Sebastián comprendió porque no quería fugarse con él.
-¿Sabe? Creo que usted y yo nos estaremos viendo seguido, ¿por qué no dejamos la formalidad de lado dadas las circunstancias? ¿Te puedo tratar de tú?
-Me parece apropiado, Ánge.
-¡Al diablo lo apropiado!- exclamó. –Solamente siento que está mal tener tanta formalidad con una persona en la que confías.
Teresa sonrió. Había pasado tal vez media hora desde que se abandonaron la fiesta, era hora de regresar.
-Tenemos que volver.- dijo de repente. Vio a Sebastián y le dio un pequeño beso, uno que le recordaba que lo amaba también.
-Nos vemos.- le dijo, pero en sus ojos se podía ver la preocupación de que quizás ya no fuera así.
Se separaron, Ángela y ella se despidieron y volvieron a subir el muro. Los dos jóvenes sólo pudieron ver como subían y se iban, sabían que podría ser la última vez que las veían.
.
Al regresar al jardín, limpiaron sus vestidos, hicieron un pacto silencioso de no hablar sobre lo sucedido y así, sellaron su amistad. Amistad que duraría muchos años, a pesar de lo que estaba por suceder. Amistad que traspasaría la muerte misma.
.
.
Continuará…
¿Qué opinan?
Eh, y por lo de Shakespeare, quiero aclarar que yo no opino eso pero me pareció una opinión que ellos compartirían.
