No sé ni donde meter la cara… siento haber prometido una fecha y no cumplirla de veras que no tengo excusa. Se me fue la mano con la edición y estado un poco (mucho) ocupada.

Espero les guste.

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Disclaimer: Bones no me pertenece. Es de FOX, Hart Hanson, Stephen Nathan y todos sus productores. Incluyendo a Kathy Reichs quien hizo esos maravillosos libros sobre Temperance Brennan. No lo hago con fines de lucro sino por diversión, ningún personaje me pertenece.

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Promesas

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Inglaterra, 1815

-¿Sebastián?- gritó desde la entrada. –¿Estás dormido? Mira a quien me he encontrado en el camino a casa.

-Aquí estoy, ¡salgo en un momento!- pasaron unos segundos hasta que él salió. -¡Papá! Y James…

Él lanzó una risa. –No pareces emocionado de verme, amigo.

-¿No deberías estar dormido?- comentó su padre, extrañado.

-No, no he podido pegar un ojo.- dijo, tratando de mantener la poca calma que le quedaba.

-¿Y por qué? ¿Será por la hermosa dama de la que está enamorado?- se burló su amigo.

-Oh, la señorita Catherine. Hermosa, claro. Tienes mucha suerte hijo mío.- dijo su padre mientras dejaba sus bolsas en una esquina.

-Claro. Tiene mucha suerte que una señorita tan honorable se fije en él.- Sebastián le lanzó una mirada asesina. –Y él está tan enamorado de ella que es casi adorable. De no ser porque Anthony le molesta tanto que está con esa chiquilla, sería un amor tan perfecto, él para ella, ella para él. ¿Verdad, Max?

-Cierto, mi hijo ha estado escondiéndola de mí todos estos meses. Ya sabía yo que había una señorita que lo traía de cabeza.

-Papá…

-No hijo, no trates de negarlo. Y este tal, Anthony. ¿Es su hermano?

Sebastián vio a James, quien tenía una sonrisa de diablillo en su rostro. –Es el hermano de Catherine.

-Se ha estado hablando mucho de él en el pueblo y el muelle, se va a casar con la hija de Maximiliano.- rió entre dientes. –Quien manda mis padres, que bajo la gloria de nuestro creador descansen, llamarme igual a ese hombre tan perverso.

Sebastián carraspeó, Max le vio confundido y se dirigió a la cocina. -¿Qué sucede hermano?- se burló James. –Ningún familiar suyo está aquí para oírnos…

Sus ojos color café viajaron rápidamente a su habitación, fue entonces cuando su amigo entendió lo que estaba pasando.

-¿Estás loco?- susurró, con los ojos muy abiertos. -¿Cómo se te ocurre? Espera, ¿por qué está ella en tu habitación? Oh, Dios.- James palideció por un momento. –Oh, Dios. Esto está mal, muy mal. Mal en proporciones inimaginables. ¿Qué te sucede? ¿Cómo… si Anthony se entera… el rey va a ordenar corta tu cabeza por ofensa a la corona y luego Maximiliano va a bailar en tu tumba.- musitó exaltado. –No, todo fue por ese tal William ¿verdad? Te metió esas ideas en la cabeza, te dije que ya no fueras a ayudarnos al puerto pero no. Diablos, el hecho de que ese chico haya estado con la mitad de las muchachas del pueblo no quiere decir que tú tengas que empezar a… ya sabes. Ey, no me veas así. No digo que tú vayas a estar con la otra mitad el pueblo pero… ¡Es una Belmonte! ¡Su prometido un duque y estás cortejando a su hermana! ¡Maximiliano es el jefe de tu padre y el mío! Esto está mal en proporciones gigantes. ¿Y si lo descubre? ¿Qué haremos? ¡Nos despedirá! Tu padre perderá el taller… tú perderás tu vida.

Sebastián lo vio, anonadado. Jamás se hubiera imaginado los problemas que traería estar con Teresa pero, ¿qué podía hacer si no era luchar por ella? O quizás, debía hacer lo que ella quería. Alejarse.

-¿Me oyes? – le preguntó James, claramente mosqueado.

-Él no, pero yo sí.- Ambos se congelaron en sus posiciones y palidecieron.

-¿Padre?- fue lo único que pudo decir Sebastián.

-Debí saber que Catherine Wildham no era la muchacha que pretendías realmente. Lo curioso es que lo sabía pero te dejé porque, bueno, eres joven y no sabes lo que quieres. Pero esto está patas arriba, así que ahora, ambos se van a sentar aquí a explicarme exactamente cómo sucedió esto y Sebastián, hijo. Dile a la muchacha que puede salir.

Él asintió, tragando audiblemente. E hizo lo que su padre le ordenó.

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Todos estaban sentados en la mesa junto a la cocina. El viento soplaba afuera creando una atmosfera para nada agradable. Teresa no sabía que hacer ahí, el padre de Sebastián le había dicho que podía irse pero ella se negó rotundamente. No iba a dejarlos solos. La tetera hizo un ruido escandaloso indicando que podían sacarla del fuego.

Max la tomó y sirvió cuatro tazas.

-¿Y bien? ¿Qué está sucediendo?

-Es todo mi culpa,- comenzó Sebastián. –pude detenerlo y no quise.

-¡No digas eso!- exclamó Teresa. –Si alguien aquí pudo detenerlo era yo y jamás lo hice.

-Ya que estamos en esas yo os pude detener y no lo hice.

-¡Qué ya basta con el acento!- le espetó Sebastián. -¿Qué tienes tú que ver en esto?

-Ey, hermano. Estamos juntos en esto ¿recuerdas? Todo empezó cuando te vi en el bosque besando...

Max sonrió, definitivamente no quería oír eso. –Cálmense todos. Sólo quiero saber ¿qué ha pasado?

Teresa se mordió el labio inferior. –Conocí a Sebastián hace unos meses, cuando escape de casa en la noche. Me caí y raspé mi rodilla, él me curó.- Max enarcó las cejas pero no interrumpió a la muchacha. –Seguimos viéndonos por un mes más, hasta que me comprometí con el duque de Berkshire. Desde ahí, hemos tratado de separarnos… pero…

-Les resulta imposible.- completó Max. -¿Saben? Lo entiendo, yo también estuve enamorado pero siento una curiosidad enorme por saber las razones detrás de tu interés por Catherine Wildham.- vio a su hijo.

-Bueno, yo… Catherine está interesada en mí porque encuentra divertido hacer enojar a su hermano. Seamos realistas, nunca estará realmente interesada en mí… de la forma en que, Teresa lo está...

-Al grano, Sebastián. ¿Por qué alimentas esa obsesión?

-Porque quiero ir a la boda de Teresa, para verla al menos por última vez antes de que se mude a Dios sabe donde.

Su padre asintió. –Bien, eso tiene sentido pero, primero, estás usando a Catherine y lo sabes, sé que te sientes avergonzado de tal comportamiento porque estoy seguro que te he educado bien.- Sebastián asintió, bajando la cabeza. –Segundo, ¿saben lo mucho que ponen en juego?

Ambos asintieron.

-No lo creo, si los descubren…

Teresa apartó la mirada. Anthony lo sabía, pero ninguno de ellos sabían que él sabía.

-sus vidas correrán peligro. Tú Teresa, serás degradada y humillada, si no es que hasta te cortarán la cabeza por adulterio.- le dijo. –Y tú hijo mío, te matarán.

-Traté de evitarlo, se los advertí jovencitos.- dijo James.

-Y tú no te salvas, si descubren que los encubrías pasarás el resto de tus días en la cárcel.

James bajó la cabeza, como niño regañado.

-Y seamos honestos, si un hijo nace de esta relación…

Teresa tragó audiblemente, ¿un hijo? ¿Qué tal si quedaba embarazada? ¿Por qué no lo había pensado antes? ¿Se darían cuenta todos de que ese hijo no era de su marido? Pero, sería un hijo de Sebastián. Lo único que tendría de él cuando tuviera que irse. Ella o él y sus recuerdos.

Inconscientemente, acarició su vientre y sonrió.

Sebastián vio como ella sonreía y él lo hizo también. No habían pensado en ello pero, el pensamiento de que Teresa llevara a su pequeño o pequeña por nueve meses no le parecía aterrador.

Sólo esperaría que naciera con todos los rasgos de su amada, de lo contrario, sólo le traería problemas.

-… pero nos estamos adelantando. Ella se casa dentro de unos días, puede quedar encinta de su propio marido. Que así debería de ser. Miren, niños, no intento condenarlos o algo así, espero y deseo con todo mi corazón que todos salgamos de esta. Y lo más importante, que salgamos vivos.

Un silencio incómodo se formo después de las palabras de su padre. Los tres sabían que tenía razón.

-Aún así, estoy feliz por ustedes. Conocieron lo que es el amor verdadero y ni todos los reyes del mundo pueden quitarles eso.

Teresa y Sebastián se tomaron de las manos bajo la mesa y sonrieron. Era un desastre, lo sabían pero sólo les quedaban exactamente dos días para que todo aquello acabara. Su amor, por otra parte, jamás lo haría.

-Creo que es hora de que Teresa se vaya a casa.- dijo Sebastián, todos asintieron, incluyéndola.

-Fue un gusto conocerla, jovencita. Desearía que las circunstancias hubieran sido más agradables.

-El placer fue todo mío, conocer al padre de Sebastián es un honor, señor Born.

-No, llámame Max. A menos que así llame a su padre…

-No, Dios me libre de llamarle así algún día.- dijo, cortando a la mitad la oración. Me mataría por irrespetarlo, seguramente.

-Bien, le deseo lo mejor en su vida. Espero que su esposo sepa lo que tiene.

Teresa sonrió cortésmente. –Claro.

Ella y Sebastián salieron por la puerta delantera, James se quedó con Max, quien le vio con reproche.

-¿Lo sabías?

El muchacho suspiró largamente. –Sí, lo sabía. Ea, pero antes de preguntarme por qué no te lo había dicho es porque… míralos. Están hechos el uno para el otro, si ese tal Anthony no estuviera forzando a Teresa a casarse con él, tu hijo estaría comprometido en este momento. Es más, su boda estaría planeada para este verano después de terminar su educación.

-¿Están obligando a la niña a casarse?

James encogió los hombros. -¿Por qué más estaría con Sebastián si amara a su prometido? Me lo dijo, igual que su amiga, Ángela.

-¿La prometida de Francoise Moreau?

-Ella misma.

Max cambió su posición, incómodo. El adulterio estaba mal, pero obligar a una criatura a casarse por intereses económicos era peor en su opinión. ¿Quién podía culparlos en realidad?

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-¿Se encuentra bien señorita?- le preguntó Tamara mientras la ajustaba el vestido.

Ella salió de sus pensamientos para contestarle. –Claro, estoy bien. ¿Por qué no habría de estarlo?

Tamara sonrió. –Parece distraída, ¿espera que alguien especial llegué a la cena?

Ella esbozó una sonrisa. –Sí, Ángela Montenegro y su prometido llegarán esta noche, he estado esperando verla desde nuestra agradable velada en su fiesta de compromiso.

La mucama lanzó una risa. –Seguramente ha encontrado en ella una amiga muy peculiar, con todo respeto, no le agrada mucha gente.

–Tamara, sabe que no me puedo tomar nada de lo que diga como una falta de respeto. Y sí, Ángela es peculiar. Además, hoy conoceré a la hermana de mi prometido.- sonrió nuevamente al recordar la promesa que le había hecho Sebastián.

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-Te veré en la noche.- le susurró Sebastián antes de tener que separarse.

-Sebastián… no- le pidió ella. –Recuerda que estaremos en un salón lleno de gente.

-No importa, sabremos controlarnos. Y no te preocupes, te trataré de usted.- Se acercó a ella, y la besó suavemente. –Además, podré invitarte a bailar.

Ella sonrió y no intentó oponerse más, la presencia de Sebastián en su cena de ensayo la ayudaría mantenerse cuerda durante toda la velada.

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-No hace falta que finja frente a mí, Teresa. Sé muy bien que la idea de unir su vida con Anthony Wildham, protegido eterno del rey, aunque beneficioso, no la emociona ni un poquillo.

Teresa se vio al espejo y suspiró. –Ni un poco.

-Pero vamos, pronto tendrán un hijo o hija, y ese pequeño será todo lo que necesite para soportarlo los años siguientes.

La muchacha castaña sonrió, sí, tendrían hijos. Posó sus manos en su vientre. –Sí, tendré un hijo o hija dentro de poco.- le dijo a Tamara.

-Bien, primero lo primero, la cena de ensayo. Vaya y diviértase.- Teresa se recompuso y caminó hacia la puerta.

-Gracias por todo, Tamara. Estoy sumamente agradecida.- Ella sonrió.

-Es un placer servirle.

Y salió de la habitación. Sería una noche especial, se dijo a sí misma, lo que no esperaba era que esa noche fuera la que cambiaría el rumbo de su vida y su destino en sí.


Washington D.C., 2011

Lo único que podía hacer era mirar al vacío, entonces ¿era cierto? ¿Había perdido la razón finalmente? Las palabras de la neuróloga seguían en su cabeza, como en una especie de bucle. Sus tomografías no muestran ninguna anomalía. ¿Acaso ha sufrido de mareos o nauseas que le hagan pensar que podría haber un tumor en su cerebro?

Y se repetía otra vez. Sus tomografías no muestran ninguna anomalía.

Y otra vez. Ninguna anomalía.

Y otra vez. Ninguna anomalía.

-Bones,- la suave voz de su compañero la sacó de su ensimismamiento. Se sentó junto a ella en su cama y tomó su mano. –vamos a sobreponernos, ¿sí? Estaremos en esto juntos.- ella asintió, sintiéndose vacía. Eso no le podía estar pasando a ella.

Booth la vio perderse de nuevo en sus pensamientos. Sus ojos se humedecieron, se veía tan… perdida. ¿Por qué le pasaba aquello? No se lo merecía.

-No quiero ser un peso para ti, Booth.- le dijo. –No quiero que tengas que pasar toda tu vida…- él la tomó del mentón y la besó suavemente en los labios.

-No, no… no empieces, no.- le dijo. –Lo primero que hay que hacer es ir a ver a un especialista. Después, nos preocuparemos por los demás.

Brennan asintió, había algo que no quería admitir pero retenerlo más tiempo, no le haría bien. –Tengo miedo.

El agente asintió y apretó ligeramente su mano.

-Y sé que tú también.

Booth asintió despacio, claro que tenía miedo. Era normal, pero no podía deshacer en ese momento, ambos tenían que ser fuertes. –Tienes razón. Lo tengo.- entrelazaron sus manos.

-Bones, necesito que me prometas algo.

Ella levantó la mirada. -¿Qué cosa?

-En realidad, que nos hagamos una promesa. La promesa de que no importa cuando duro se ponga, estaremos ahí para el otro.

Los ojos de la antropóloga se humedecieron, sabía que prometerse algo no era suficiente, nadie podía asegurar que no cambiarían de opinión.

Pero era Booth, él nunca rompía una promesa.

Tampoco ella.

-Sí, lo prometo.

-Y yo también.

Ella hizo una sonrisa a medias. Estaba asustada, claro, pero tener a su compañero junto a ella, le hacia sentir que no estaba tan sola después de todo.

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Al día siguiente, Brennan insistió en ir a trabajar. Tenía que concentrarse en algo más que en la posibilidad de tener un desorden mental. Terminó el papeleo del caso anterior temprano. No tenía nada más que hacer, así que se dispuso a escribir en su ordenador. A pesar de todo lo que le pasaba, escribir logró sacarle una sonrisa, ahí, Kathy no tenía ningún problema más que resolver crímenes, no veía cosas ilógicas, irreales, tampoco se había convertido en un manojo de nervios. Extrañaba eso.

-Brennan, necesito saber si has…- se detuvo en la puerta cuando la antropóloga se sobresaltó en su asiento. Vio extrañada la apariencia cansada y abatida que tenía. -¿Te encuentras bien?- preguntó, Cam.

-Claro, estoy bien. ¿Por qué no habría de estarlo?

-Te ves cansada.

-No, estoy bien. Sólo he tenido una mala semana, nada de que preocuparse.

-¿Sabes? Eres una pésima mentirosa.

Brennan apretó los labios y bajó la mirada.

-Es una buena cualidad, Brennan. ¿Segura que estás bien? Te puedo dar el día libre si lo deseas…

-¡No!- le interrumpió, -Me gusta estar aquí, estoy bien, Cam. Soy perfectamente capaz de seguir trabajando y no creo que sea de ninguna utilidad lejos del laboratorio…

-Está bien, está bien, ya entendí. No intentaré enviarte a casa pero creo que deberías.

-Gracias, aprecio tu preocupación pero estoy bien.

Cam vio hacia abajo. –En fin, venía preguntarte sobre los informes.

Brennan tomó el folder frente a ella y se lo entregó. -¿Eso es todo?

-Sí,- la forense abrió el folio esperando encontrar los primeros informes del caso.

Se encontró con unos resultados de exámenes médicos. Leyó: Nombre: Temperance Brennan. Vio hacia la antropóloga quien parecía distraída con su ordenador, leyó un poco más.

Resultados: No se ha encontrado ninguna anomalía. Las tomografías están limpias.

Salió de su ensimismamiento. –Creo que esto es tuyo.- le dijo a la castaña. –Tiene tu nombre en él.

Brennan le vio extrañada, no fue hasta que tuvo la hoja en su mano que cayó en cuenta que eran sus resultados. No sabía si estar molesta, reírse o dejarlo pasar.

Decidió dejarlo pasar.

-Gracias, Cam.

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Cam estaba en su oficina, sus ojos iban de las hojas que tenía enfrente a la oficina de Brennan, ¿por qué se habría hecho tomografías? ¿Sentiría algún tipo de molestia? Una tomografía podía significar muchas cosas, ¿podía ser un mero requirimiento por su desmayo hace un tiempo?. Podían haber muchas razones pero, en realidad, no todas eran buenas.

Lo bueno, era que habían salido limpias. O al menos eso pensaba.

¿A quién engañaba? Algo le estaba pasando a la antropóloga y eso le preocupaba. Booth pasó frente su oficina.

-¿Booth?- le llamó. Él volteó a ver, Cam se acercó a la puerta.

-¿Puedes entrar? ¿Quiero preguntarte algo?

-¿Qué sucede? ¿Pasa algo con el caso?- preguntó, extrañado por la expresión de su amiga.

-No, el caso está bien. ¿Brennan está bien?

Booth la vio extrañada. –Bueno, sí, lo está ¿por qué lo preguntas?

-Por nada, es que parece, distraída. A lo mejor es mi imaginación pero me preocupa, ya se desmayó una vez aquí en el laboratorio, no quiero que eso pase de nuevo.

El agente intentó sonreír de lado pero lo único que logró fue una mueca. –Ella está bien pero sé a lo que te refieres. No te preocupes, todo está bien.

Cam asintió y suspiró. –Bien, te creo.- en realidad no lo hacia, pero no estaba segura si él sabía de los resultados de laboratorio. Confió en que lo que sea que fuera, Booth estaría ahí para la doctora. –Bueno, tengo que ir a entregar estos informes. Nos vemos Booth.

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-Hola.- le susurró su compañero al oído cuando llegó a la oficina, ella ni siquiera le había visto entrar.

-Booth, me asustaste.- le dijo sin alejarse, él le dio un suave beso en los labios.

-¿Quieres ir a comer?- le preguntó.

Brennan vio su ordenador. –Bueno, estoy libre ahora. Sí, vamos.

Booth caminó hacia la puerta y volteó. -¿Sabes? Cam está preocupada por ti. Dice que deberías descansar, Bones.- Ella ladeó la cabeza, cansada de la misma oración.

Tomó su bolso. –Está preocupada porque vio mis resultados, no porque me veo cansada como tratas de implicar.

-¿Los vio? ¿Y… preguntó algo?

Ella negó con la cabeza. –No, pero supongo que sus dudas se aclararan pronto, hice una cita con un psiquiatra dentro de dos días. Es amiga mía, así que es una doctora muy dedicada.

Booth la tomó de la cintura mientras se dirigían a la salida.

-Bien, dime la hora y ahí estaremos.

-Booth, no tienes porque…

-Ey, uno para el otro ¿recuerdas?- le dijo mientras cruzaban la puerta.

Temperance sonrió y vio a su compañero a los ojos. –El uno para el otro. Siempre.

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¿Qué les pareció?

Ya no volveré a prometer fechas! :|

¡Sólo dos capítulos y el epílogo! ¿Qué creen que pasará?