Bien, este capi se divide en dos partes, una de Sebastián y Teresa. Otra de Seeley y Temperance. Luego el epílogo.
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Disclaimer:Bones no me pertenece. Es de FOX, Hart Hanson, Stephen Nathan y todos sus productores. Incluyendo a Kathy Reichs quien hizo esos maravillosos libros sobre Temperance Brennan. No lo hago con fines de lucro sino por diversión, ningún personaje me pertenece.
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"Por Siempre"
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Inglaterra, 1815
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Mientras bailaba con Anthony, Teresa no pudo evitar preguntarse cuando conocería a la hermana de su prometido. O mejor dicho, cuando vería al acompañante de su futura cuñada. Al terminar el cuarto baile, una pareja se acercó a ellos. Teresa pudo reconocer a una persona, la otra era una estruendosa adolescente de rizos dorados y ojos perturbadoramente azules. Teresa sonrió mientras ella le saludaba.
-¡Teresa!- exclamó la joven, saltando cual niña ante un regalo. -¡No puedo creer que al fin nos conocemos! ¡Anthony no ha querido presentarnos pero como hemos de ser familia, no puedo más que considerarte como una hermana!- dijo Catherine con una sonrisa enorme. -¡Eres hermosa! Anthony, has sabido elegir muy bien.- Catherine se volvió a su hermano cuando dijo eso, Anthony sólo pudo hacer una mueca y deslizar su mano posesivamente en la cintura de Teresa al ver al acompañante de su hermana.
-Oh, claro. Él es Sebastián Born. Mi acompañante.- Sebastián extendió su mano, primero, para Anthony, su apretón de manos estaba marcado por la rivalidad, así que fue casi brusco, luego Teresa hizo la típica reverencia, para reconocer la presencia del hombre frente ella. Irónicamente, no podría ignorar su presencia, aunque lo intentara.
-Hum.- resopló Anthony, despectivamente. Teresa vio a Sebastián, a él le molestaba que las personas hicieran ese sonido, aunque en vez de hacer una mueca o algo parecido, Sebastián simplemente sonrió.
-¿Por qué no Señor?
Sebastián negó con la cabeza. –No, Señor Born es mi padre, prefiero que el ostente ese título.
-Claro, es comprensible, no todos pueden ser señores, ¿verdad?- Anthony lanzó una risa sarcástica, cosa que molesto a Teresa y aparentemente, también a Catherine.
-Lo será cuando contraiga matrimonio conmigo.- dijo la joven tomando la mano de su acompañante, algo que impresionó a los tres por igual.
-No te casarás con él, Catherine. Iremos a Netherfield para la boda y jamás lo verás de nuevo.- le espetó Anthony, sin importarle que Sebastián estaba frente a ellos.
-No seas ridículo, lo llevaré a la boda.
-No harás eso.
-¡No eres mi padre!
-No, pero el nuestro está muerto así que soy lo más cercano a un padre que jamás tendrás.
Los cuatro se sumieron en un silencio luego de que Anthony dijera aquello. La orquesta seguía tocando pero lo único que ellos podían percibir era silencio, Catherine fue la primera en reaccionar y soltar un sollozo. Salió corriendo con su mano en la boca. Anthony la siguió, no sin antes lanzarle una mirada asesina a Sebastián.
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Sebastián no sabía si quedarse dentro o ir a buscarlos, si lo hacía, Anthony probablemente le partiría la cara por atreverse a aparecer mientras ellos discutían asuntos privados. Buscarlos no era una opción, pero para ser sincero, la opción de quedarse dentro, junto a Teresa le parecía muchísimo más atrayente. Por su parte, Teresa estaba nerviosa. Tarde o temprano Anthony se daría cuenta que se había quedado "sola" con Sebastián.
-¿Quiere bailar?- preguntó el muchacho, sonriendo.
Teresa rió suavemente. –¿Cree que será buena idea?
Sebastián negó con la cabeza. –Para nada… pero se va en unos días, ¿no cree que vale la pena compartir un baile?
-Creo que vale toda la pena del mundo.- dijo. Sebastián no podía estar más feliz. Teresa extendió su mano, él la tomó.
-Un único baile.
Teresa sonrió tristemente.
-No ponga esa cara, disfrutaremos este momento.
Cuando se unieron a los demás bailarines, sintieron como si fueran los únicos en la habitación. Querían disfrutar el momento lo más que pudieran. Teresa se casaría y en unos días se iría, con ella, todo lo que habría sido su amor. Si podían guardar ese último momento en sus corazones, sobrevivirían. Durante una vuelta que todos los hombres dieron, Sebastián le sonrió a Teresa y guiñó un ojo. La joven le respondió con una sonrisa y un guiñó también. En ese momento, supo que no podía dejarla ir, no quería. No podía imaginar la vida sin ella. Al terminar de bailar, las parejas hicieron una reverencia y aplaudieron a la banda. Sebastián se acercó a Teresa.
-¿Podemos ir afuera?
Teresa dudó un momento. -¿Por qué?
-Necesito decirte algo.- Teresa no sabía que decir, pero la mirada en sus ojos la desarmaba por completo.
-Sebastián yo…- Fue interrumpida por su futuro esposo, Anthony.
-Cariño, ¿qué sucede?
Teresa se sobresaltó un poco al sentir la mano de Anthony en su cintura.
-Nada, ¿dónde está Catherine?
En ese momento, Catherine apareció. –Aquí estoy, Teresa. ¿Te divertiste con mon amore?- preguntó con un brillo malicioso en sus ojos.
-¿A qué te refieres?
-Los vi bailar.- Catherine enarcó sus cejas. Teresa la vio, sorprendida. -¡Oh Teresa! ¡Eres tan ingenua! ¡Sólo estaba jugando contigo!
Teresa no rió ante la broma, pero Anthony estaba encantado y rió enseguida. –Sí, cariño. Eres tan ingenua.- dijo halándola por la cintura, casi bruscamente –Pero así te amo.
Sebastián tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no lanzársele a golpes. Catherine tomó su mano, él entrelazó sus dedos muy a su pesar, vio a Teresa bajar su mirada y luego apartarla.
-¿Ya no está enojada?- preguntó Teresa, levantando la vista sólo para ver a Catherine.
La joven soltó un bufido y sacudió su mano. -No, claro que no. No puedo permanecer enojada con mi hermano en su propio baile.- dijo, y vio a Anthony fingiendo una sonrisa.
-Vamos a bailar, querido.- dijo la rubia con su exagerado acento inglés, llevando a Sebastián al otro lado de la habitación.
Teresa tuvo que morderse la lengua para no soltar un comentario sarcástico sobre el apelativo de su futura cuñada para Sebastián. La joven sintió como Anthony apretaba más su agarre, su prometido sabía muy bien que ella veía con tristeza a la pareja, era su advertencia para que dejara de hacerlo.
Por suerte para ella, en ese momento llegaron Françoise y Ángela. Ambas tuvieron que retener un abrazo mientras sus futuros esposos se saludaban. Después de saludar el prometido de la otra, se abrazaron finalmente.
-Gracias por estar aquí.- dijo Teresa.
-No me lo perdería por nada.
Anthony carraspeó, ambas suspiraron y luego se separaron. Empezaron a hablar sobre negocios, la boda, los planes de mudanza y las obligaciones de Teresa como duquesa. Pero en todo lo que ella podía pensar era en la pareja bailando no muy lejos de ellos. Sebastián le sonreía a Catherine cada vez que uno de los dos tenía que saltar, o cuando sus manos se tocaban. Era doloroso pero no podía dejar de verlos.
Aunque Sebastián volteaba a ver en su dirección cada vez que Catherine no lo veía. Ángela se acercó a Teresa y entrelazó sus brazos.
-Ahora si nos disculpan caballeros, iremos a dar un paseo por el jardín.- anunció e ignoró a una muy confundida Teresa.
-Claro, vayan.- les espetó Françoise. Anthony frunció el ceño e intentó oponerse.
-¿No hace demasiado frío? No quiero que mi Teresa se enferme.- dijo con cariño fingido.
Teresa negó con la cabeza.
-No, estaremos bien.- continuó Ángela, e hizo una reverencia en forma de despedida.
-Estarán bien, ya déjalas.- le dijo Françoise a su amigo. Anthony asintió, no tan convencido.
Teresa hizo la misma reverencia y ambas se alejaron del lugar. La joven lanzó una última mirada hacia Sebastián y Catherine.
-Epa, ojos en el camino. Te puedes caer.- le regañó su amiga juguetonamente. Teresa hizo una media sonrisa. Sebastián lo había negado. Había tachado a su futura cuñada de malcriada, pero él parecía divertirse con la niña arrogante y maleducada.
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-Cariño, sabes que Sebastián te ama.- le dijo Ángela, una vez fuera, bajos los sauces llorones.
-Lo sé, pero no me extrañaría que sintiera algo por Catherine. Es hermosa.
-Por fuera, pero por dentro está más podrida que una manzana bajo el sol.
La joven soltó un bufido y se sentó en una banca. -¿Cómo lo sabes?
Ángela la imitó y suspiró. –Porque mi madre fue su sirvienta por unos años.
-¿Sirvienta de Anthony y Catherine?
La castaña asintió. Teresa levantó ambas cejas, confundida. -¿Y cómo eran?
-Los niños más malcriados y abusivos que pudieras conocer. Por eso no entendía como podías amarlo la primera vez que te vi. Al principio, supuse que era por su dinero…- Teresa la vio, fingiéndose molesta. Ángela rió. -… pero luego supe le verdad, ¿qué esperabas? ¡No podía saberlo!
Teresa rodó los ojos. –Lo sé, lo sé. Jugaba contigo.
Hubo un silencio, donde Teresa se imaginó de lo que sería su vida de ahí en adelante, tendría un hijo o hija que bien podría ser de Sebastián o Anthony. Ni siquiera sabía si estaba embarazada en ese momento, una parte de ella esperaba que no fuera así, otra parte quería que su hijo o hija fuera de Sebastián y no de ese monstruo sin alma que tendría como esposo.
Ángela estaba lista para romper el silencio y decirle la verdadera razón por la cual la había sacado de la fiesta, pero Teresa habló primero.
-Podría estar embarazada.
Teresa volteó a verla, con una expresión de dolor en su rostro.
-¿Qué?- fue lo único que alcanzó a decir.
-Estoy asustada, Ángela. Primero, he roto una ley de Dios, y segundo, ¿qué haré si el bebé se parece a Sebastián? Anthony lo sabrá de inmediato. No puedo casarme…- Ángela la detuvo.
-Espera, espera. ¿Tú y Sebastián…? Dios, ahora sé porque tenía tanta urgencia por sacarte de aquí...
Teresa frunció el ceño. -¿A qué te refieres?
Ángela suspiró, por segunda vez. –Cariño, no… te castigues por eso. Aún no sabes si estás embarazada, así que no hay que preocuparse por ello, aún.
-Ángela, ¿cómo que Sebastián me quiere sacar de aquí?
-Bueno, él… tiene un plan. Consiste en que no puedes casarte con ese idiota.
Teresa se levantó de la banca. –Quiere sacarme. Le dije no puedo hacerlo, se lo he dicho miles de veces. ¡Pero al parecer no me escuchó ninguna de ellas!- exclamó.
La otra muchacha se puso de pie también para tratar de tranquilizarla. –Escúchame, James ha preparado un barco para todos nosotros, zarpa a media noche. ¡Podemos irnos de aquí!
-¿Pero qué hay de tu familia?
-Irán con nosotros también, no podría dejarlos para que Françoise, bueno, tú sabes.
Teresa dudó un momento, había soñado con ese momento desde el día que se comprometió con Anthony, dejarlo todo e irse muy lejos para no verse forzada a casarse con él; pero una cosa es soñar y otra muy distinta es cumplirlo.
-No quiero casarme, no con él.- susurró Teresa.
-No tienes que hacerlo.- le aseguró su amiga. –Sólo tienes que escalar una pared, y serás libre.
Ángela señaló la pared detrás de ellas, Teresa sonrió. Si escalar el muro era todo lo que requería para encontrar la libertad, entonces qué bueno que era experta en escalarlos.
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Al otro lado del muro, estaba Sebastián, esperando por ellas. Teresa estaba sorprendida, ¿cómo le había hecho para salir del baile? También estaba preocupada, ¿se daría cuenta Anthony? Si no, ¿cuánto tardaría en notarlo? Al estar en tierra firme, lo único que pudo hacer fue verlo incrédula. -¿Qué… qué haces aquí?
Sebastián la abrazó. –Esperándote. Siempre lo hice, siempre lo haré.
La muchacha sonrió, jamás se había sentido tan querida en su vida.
-Siento interrumpir el momento, pero hay un barco que está a punto de zarpar.- dijo Ángela, sonriendo también. Le encantaba ver a sus amigos juntos, serían muy felices si todos lograban salir de ese lugar a tiempo.
-Claro.- dijo Sebastián, separándose de Teresa. –Tenemos que irnos.
Ambos se tomaron de las manos, Teresa se permitió disfrutar ese pequeño momento antes de que su huida empezara. Los tres jóvenes corrieron lo más rápido que sus cuerpos les permitía, sus acompañantes no tardarían en darse cuenta que se habían fugado.
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Pasaron por las calles menos transitadas, pero aún así, podían oír el alboroto que se estaba formando. Al parecer, guardias buscaban a Teresa y Ángela, preguntando a cada habitante que podía encontrar si los había visto.
-¿Y si nos encuentran?- susurró una asustada Ángela.
-No sé, pero no lo harán.- le aseguró, Sebastián.
Se escabulleron por los callejones, tratando de no llamar la atención con sus movimientos sospechosos. Todos estaban asustados, Teresa sabía que si los atrapaban, Sebastián seguramente moriría, Ángela y ella serían humilladas por el resto de sus vidas, pero no enfrentarían el mismo destino que él. Se les prohibiría verse de nuevo, y probablemente, tener alguna clase de amistad nuevamente con cualquiera. De todos modos, ¿quién querría ser amiga de quienes intentaron fugarse a pocos días de sus nupcias? Teresa sacudió su cabeza, no estaba pasando eso, no aún, y en el mejor de los casos, nunca pasaría y lograban llegar a puerto antes de ser encontrados.
Estaban a pocos pies del lugar, Teresa y Ángela podían sentir la libertad cerca de ellas, sólo unos cuantos pasos más. James estaba esperándolos parado debajo de un farol, era casi medianoche y el barco estaba a punto de zarpar.
-Llegan a tiempo.- dijo, abrazando a Ángela. Luego le dio un beso en los labios.
Teresa alzó las cejas y no pudo evitar sonreír. -¿Tú y James?
-¿Qué puedo decir? Es perfecto para mí.- respondió Ángela.
James sonrió. –Le seguirá diciendo lo grandioso que soy cuando lleguemos al barco.
Sebastián rodó los ojos y tomó la mano de Teresa. La muchacha soltó un suspiro de alivio cuando se encontraron cerca del barco. Todo había terminado. James y Ángela subieron, pasando una rampa.
-Todo ha terminado.- dijo Teresa. Sebastián asintió y tomó su mano para ayudarla a subir; fue entonces cuando se oyó un disparo.
Teresa quedó petrificada, ¿acaso…? Vio hacia abajo, y su peor temor se hizo realidad. Alguien le había disparado a Sebastián. Rápidamente, apagó la vela que iluminaba su camino.
-¡Quién anda ahí! ¡Los he visto! ¡Salgan de donde quieran que se encuentren! ¡Señorita Belmonte, a su padre no le gustará esto!
Ella posó sus manos en su boca, tratando de evitar un grito ahogado. Era uno de los embarcaderos, la había reconocido y disparado a Sebastián. Ella bajó la rampa, tratando de encontrarlo, temiendo por su vida. Oyó un susurro, y lo siguió. Encontró al joven, escondido bajo esa misma rampa. Se inclinó.
-¿Estás bien?- le preguntó.
-No, digo, estoy bien pero… me ha disparado.- susurró.
Teresa pudo sentir lágrimas formarse en sus ojos.
-Sube, Teresa.
-¿Qué hay de ti?
Sebastián tomó su mano entre las suyas. –No puedo ir, no así. No quiero... no quiero que me veas morir...
-Te podemos curar, estoy segura que….- se soltó de su agarre, buscando la herida. Su corazón se heló al encontrarla junto a su pecho.
-Oh, amor…
-Lo siento.- susurró Sebastián.
Teresa pasó su mano por la frente del muchacho. Estaba sudando. –No, por favor. No. No. No. Esto no puede estar pasando.
-No tengo fuerza para levantarme.- susurró. –No puedo ir.
Teresa seguía negando con la cabeza, casi histérica. –Por favor. No, si te quedas… me quedaré contigo.
Sebastián buscó sus manos nuevamente, no podía permitirlo, no, ella pasaría su vida sufriendo. No cuando había una oportunidad. –Escucha, no me queda mucha fuerza. Quiero que… seas feliz. Y no lo serás, si te quedas. Por favor, es lo último que te pido.
-No digas eso…
-Sí, porque es la verdad.- remarcó.
-No seré feliz sin ti.
-Entonces, sé libre.
Teresa pegó su frente a la de él, sintiendo sus lágrimas rodar por sus mejillas. ¿Por qué pasaba aquello? No se lo merecían.
-No es justo, no lo es. Te amo.
-También te amo. Y por eso te pido que te vayas. Prométeme que serás libre.
La joven asintió, y besó sus labios. No quería que así fuera, pero por más que lo negará no iba a desmentir lo que pasaba. Sebastián iba a morir, y ese habría de ser su último beso. Lo prolongó lo más que pudo, pero el trabajador de su padre se acercaba cada vez más. Se separó, muy a su pesar.
-Vete.
-Lo siento.- susurró Teresa.
-Te amo. Por siempre.- dijo Sebastián, apretando su mano.
-Yo también, te amo, siempre lo haré.- le dijo entre sollozos.
-Shh, te va oír. Todo estará bien, amor, estarás bien.
Ella se soltó del agarre del muchacho, alejándose lentamente. No podía creer que ese fuera su último momento, juntos. Quería cargarlo y llevarlo dentro del barco, pero era imposible. No ella sola. ¿Por qué James no había salido a ver que sucedía?
Lanzó una última mirada a su silueta, si tan sólo pudiera ver su rostro… en ese instante, como si el cielo la hubiera escuchado, su cara se iluminó por la luna. Teresa se inclinó una vez más, para besarlo por última vez, parecía casi imposible dejarlo. Con toda la fuerza de voluntad que le quedaba, se levantó y corrió dentro del barco. Sintiendo como una parte de su corazón moría al dejarlo, al no quedarse con él.
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La joven se escondió detrás de unos barriles, un trabajador quitó la rampa y dio anuncio para que el barco saliera del puerto. Cada parte de su cuerpo le pedía regresar con Sebastián, pero había hecho una promesa. No lo haría. Cuando el barco comenzó a moverse, ella se desmoronó. Lloró y lloró, hasta quedarse dormida, no sin antes oír un disparo a lo lejos.
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-¿Teresa?- le llamó alguien, sacudiéndola para despertarla.
La muchacha abrió los ojos con dificultad, estaban hinchados y el sol no ayudaba en absoluto. Alguien la abrazó con fuerza, ella sólo se dejó hacer, escondiendo sus ojos en los hombros de la persona.
-Cariño, pensé que… habían muerto. ¿Dónde está Sebastián?
En ese momento, todos los recuerdos de la noche anterior, aparecieron en su mente. Teresa comenzó a sollozar, aferrándose a su amiga con todas sus fuerzas. Ángela entendió y sólo abrazó más a Teresa.
Todos los presentes también sacaron sus deducciones. James golpeó el mástil con su puño.
-Debí haber salido, cuando… cuando oí el disparo. Sabía que debía salir ayudarlos…
Max, el padre de Sebastián, posó su mano en el hombre del muchacho. Haciendo que se tranquilizará. –Habrías muerto también, lo sabes.
-Eso fue cobarde.- le espetó.
-Fue sensato.
-No habrías podido hacer nada.- dijo Teresa, calmando sus sollozos y separándose de Ángela. –Yo estuve ahí, él… la herida estaba en el pecho. Nadie habría podido… ayudarlo.
-Lo siento, Teresa.- dijo, James.
-Yo también.- La muchacha vio al padre de Sebastián, sintiéndose culpable, si ella jamás hubiera aparecido en su vida, Sebastián estaría vivo. Era su culpa. –Lo siento tanto, señor. Si yo jamás hubiera aparecido en su vida… lo siento. Fue mi culpa, lo siento.
Max exhaló, y se inclinó junto a ella.-Niña, tú lo hiciste muy feliz. Nunca lo vi sonreír tanto, no desde que murió su madre, que en paz descanse. No te culpo, sólo culpo a los que le hicieron daño. Y tú, no fuiste uno de ellos. No fue tu culpa, ¿oíste?
Teresa dejó caer un par de lágrima más, abrazándose a sí misma. Max la abrazó, dejando que llorara en su hombro.
Ella se sentía perdida, ¿qué haría sin el amor de su vida? Lo había amado con tanta intensidad, que le era casi imposible creer que ya nunca más lo vería. Le enfurecía saber que habían estado tan cerca de estar juntos por el resto de sus vidas. Cada recuerdo de él, traía consigo otra lágrima, le dolía el pecho, justo donde se encontraba el corazón. ¿Qué haría sin él?
Sé libre.
Tardó un poco en entender esas palabras, pero Sebastián querría que ella fuera feliz, tanto como pudiera serlo. Le llevaría un tiempo, mas aprendería a sobrellevar su ausencia. Lo amaría por el resto de su vida, y por respeto a su recuerdo, daría lo mejor de ella para disfrutar de esa libertar que él le había brindado. Cada día, le demostraría lo mucho que le agradecía haberla salvado, porque eso fue lo que hizo. La salvó.
Además, era posible que tuviera que luchar por alguien más aparte de ella misma de ahora en adelante.
Con un poco de suerte. Pensó.
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Bien, como verán, es un capi largo, y triste, por eso me llevó un rato escribirlo. Espero que les haya gustado y trataré de escribir la continuación tan pronto como pueda. Siento el atraso, pero he estado muy atareada tratando de entrar a la universidad. Intentaré escribir más rápido, de hecho, este capi lo escribí a las 5 de la mañana xD
¿Qué opinan? ¿Será que la historia se repetirá?
