"Es curioso como todos damos algo, pero algunos dan todo"
Esta oscuridad se ha llevado todo, no puede ser así… No puedo ver, ya no puedo creer en nada. ¿Pero qué es eso que se acerca? – Decía casi susurrándose, mientras se tendía en el suelo, sus heridas le dolían demasiado, al mismo tiempo que varias gotas de sangre escapaban al unísono de ellas.
Pero si mis ojos están completamente abiertos- Decía, tratando de justificar que esa luz era producto del inmenso dolor que sentía, y que quizás era uno de los últimos momentos de su vida.
"Creo que, tengo un nuevo objetivo, y eres tú la luz que estoy buscando"
Si tan solo estuvieses de pie frente a mí – Una frase más para sus adentros – Quizás no me rendiría tan fácilmente…
"Odio nuestra separación, no es aquí donde debería estar"
Debemos estar juntos, no hay nada más que este mundo pueda ofrecerme – Mientras miraba a su compañero – No te dejaré aquí, te prometo que no morirás hoy. No voy a renunciar, ni me voy a rendir.
¿Puedes escuchar ese sonido? – Le susurro esta vez su acompañante, en ese momento, se había dado cuenta que la luz era visible para los dos.
"Quizás los dos estemos muriendo ya" – Se permitió pensar eso, justificando su deplorable condición y más aún la de su acompañante pero luego notó que la luz de hecho estaba aclarando el panorama a su alrededor.
En ese momento no había retumbo más dulce que los pasos de alguien que se acerca, ya sea para acabar finalmente todo, o ayudarlos a volver en sí.
Ven, encuéntranos, ven, llévanos a casa de una vez – Rogaba, con la cabeza baja, soltando una tibia lágrima por su mejilla. Sin duda el dolor está afectando de sobremanera sus sentimientos.
Ven a encontrarnos, estamos aquí, ven, por favor…
Sentados, esperando, sintiendo el ardor, el fuego que quema cada una de sus heridas, calcinadas, desgarradas.
Mirando a su izquierda, al ver que su amigo se encontraba bien, volvió con una sonrisa al oscuro túnel, no le importaba más.
Podría haber muerto allí, pero estaba más que feliz. Estaban mal heridos pero conscientes, y si podía confiar en alguien, era en él, aunque fuese él aquel que estuviese más cerca del borde de la muerte
Su acompañante apenas levanto la cabeza, y la dejo caer de un movimiento seco contra el suelo. Trato de extenderse para ayudarlo, pero el frío había mermado sus fuerzas enormemente, y la pérdida de sangre, además de las heridas abiertas al aire, no hacía más fácil la situación.
Le dijo, en un tono casi de susurro…
Puedo escuchar los pasos, los escucho acercarse, solo aguanta, ellos nos llevaran de vuelta a casa.
Termino de decir esto, y se desplomo, mientras la brillante luz al notar e movimiento, aceleró su paso, desenfocando un poco su punto de iluminación, cuando finalmente había notado las serias heridas que llevaban los dos. Los pasos se aceleraban, mientras su respiración disminuía…
¡Misty! ¡Misty! ¡Misty!….
..
.
Mientras tanto, en una Isla, en una ubicación que solo algunos de los mejores entrenadores conocían, un ser de apariencia humanoide espera pacientemente, casi como si estuviese seguro que no correría el mismo destino que sus colegas, ya atrapados y siendo usados como meros artefactos, mientras observa como una lancha de desembarco se acerca. Un poco oculta por la puesta de sol que se formaba detrás de ella.
De ella descendían un puñado de soldados, tres vestidos con boinas negras, con apariencia de mercenarios, y otros cuatro con brillantes armaduras rojas, con una gran letra M inscrita en el peto. Llevaban unas armas bastante extrañas, y acompañados por 3 pokémons cada uno, a los cuales liberaron cuando estaban en la cabeza de playa.
Algunos de ellos observaron con mirada furiosa al ser que no los perdía de vista, que en contraste les devolvía el gesto tan apaciblemente, antes de lanzarse al combate con una sed de sangre asombrosa, en contra del Laboratorio derruido. Específicamente hacia la alta ventana desde donde los veían.
Dos Salamence, un Aerodactyl, un Charizard, un Dragonite y un Gliscor se aproximaban a alta velocidad hacia su posición, haciendo pensar que en realidad a estos no les importaba morir con tal de llegar a dañar a Mew-two.
Este ni siquiera mostraba preocupación alguna, pero un pequeño suspiro se le escapo cuando finalmente vio los pokémons que tenía el único de los mercenarios con una insignia dorada en su boina.
Eran Moltres, Zapdos y Articuno, el trio de aves legendarias.
Al fin habían logrado atraparlas –Penso para sí mismo- La batalla será mucho más difícil de lo que había planeado.
En ese momento hacían su entrada dos hombres, uno se aproximaba desde el sur de la Isla, en el lomo de un Unfezant, mientras que otro venía por el Este sobre un Archeops.
El menor de ellos tenía un tono de piel clara, el cabello corto y de un tono negro azulado medio verdoso. Sus ojos marrones miraban impacientes el lugar a donde se dirigía su Pokémon. Era Max, antiguo compañero de Ash, con el cual viajo hace mucho tiempo. Ahora había crecido, y tenía 18 años.
El segundo llevaba el cabello bastante ordenado, ojos oscuros, tez clara y un atuendo que recordaba a un arqueólogo un poco mayor, precisamente lo que se especializaba, este era Valente, el As del Frente Batalla de la Pirámide Batalla de Hoenn.
¡Velocidad extrema! – Gritaba el primero, mientras su Unfezant se lanzaba por una ventana ubicada detrás de Mew-two, arremetiendo contra el Gliscol, que inmediatamente caía desde la altura debido al golpe descomunal que le propinó el ave.
Rodo desde la espalda de su Pokémon, lanzando otros tres de sus pokebolas, liberando a Banette, Mightyena, y Shelgon.
¡Afilagarras, ahora! – Vociferaba el segundo, que rodaba a un lado del edificio, liberando a Regirock, Registeel y Regice.
Mientras el Archeops golpeaba salvajemente a Dragonite, Regirock lanzaba la lancha por los aires, Registeel disparaba pequeños proyectiles al gran Charizard, y Regice paralizaba en seco con un ataque congelante a los dos Salamence que habían amenazado con atacar al entrenador.
Mew- Two se quedaba asombrado del poder que mostraban estos dos entrenadores, que peleaban de manera tan fiera por evitar que él fuese atrapado.
Mientras Max saltaba por la ventana donde había estado observando todo, le perfiló una pequeña sonrisa, y cuando finalmente estaba en el aire, le terminó de gritar.
"Se retrasó un poco, pero no se va a perder la fiesta"
Parecía que había dibujado un esbozo de expresión al escuchar eso, imaginaba al "Maestro Pokémon" en apuros tratando de llegar a la que quizás sería una de las batallas más importantes de su vida.
Él es el único capaz de atrasarse al final del mundo –Al acabar de decir esto, el mismo bajo levitando de la ventana, y la batalla había empezado.
En ese instante una figura se vislumbraba en el horizonte, volaba a toda velocidad sobre el lomo de su Charizard, seguido de cerca por el Mandibuzz de su colega.
Rayos, no puedo creer que apenas me haya enterado que debíamos llegar aquí hace dos horas, es increíble esta cadena de mando que tienen, no me sorprende que ya hayan capturado a tantos Pokémon legendarios – Finalizaba para sí mismo, mientras su Charizard le dedicaba una mirada escéptica – Solo míralo, va tan tranquilo, quizás no salgamos de esta, y él ni se inmuta, ¿No te parece genial? – Dijo en un tono sarcástico a su Pokémon, mientras este resoplaba fuego por sus fosas nasales. Por suerte no traje a Pikachu, no lo iba a obligar a venir en una misión suicida –Pensó para sus adentros.
"¿En qué rayos está pensando que le permite estar tan tranquilo? Ojalá yo pudiese estar así"
Al observar de lejos la batalla que se llevaba a cabo bajo él, la adrenalina al fin había recorrido como un impulso violento de electricidad todo su cuerpo. Charizard volaba bajo para aumentar su velocidad, seguido de cerca por la gigantesca Mandibuzz.
Y si algo no le gustaba a este indomable y orgulloso ser, era ser igualado, mucho peor, derrotado por otro Pokémon. Agitó con mucha más fuerza sus alas, percatándose muy tarde que había llegado demasiado lejos por la ligereza que llevaban.
También había notado que pese a la velocidad que llevaban, sentía menos peso en su lomo. No fue hasta que finalmente paró que notó que su entrenador no estaba. Se encontraba muchos metros por detrás, arrojando pokebolas hacia el fragor del combate, cubierto de una capa de arena pegajosa sobre su atuendo.
Al notar que estaba bien, dejó de prestarle atención, y de lejos observó a un Articuno, un rival digno de su porte, sin pensarlo dos veces muy al estilo de su entrenador, se arrojó hacia él, entablando un combate brutal.
¡Heracross! ¡Sceptile! ¡Squirtle! ¡Klinger! ¡Vamos a demostrarles de lo que estamos hechos! – Gritaba mientras se lanzaba al combate, y de reojo pudo ver a Mew-two, el cual instantáneamente cruzo mirada con él, a manera de saludo. Cuando de repente escucho esa voz de nuevo en su cabeza.
"Dijiste que no te perderías la fiesta, me alegra saber que estas bien, ahora, a pelear"
El solo asintió la cabeza, sonriendo un poco, y se preparó a dar órdenes a sus Pokémons.
Tres minutos habían pasado, y el campo de batalla se había tornado irreconocible a como estaba hace momentos.
Paso de ser una calmada playa, con aguas verdosas-azuladas, a una mezcla de quemaduras, pedazos de roca, acero y hielo, árboles caídos, una lancha incendiándose y muchos Pokémons en estado de inconsciencia total.
¡Vuelve Heracross! Lo hiciste bien, chico, tú también Wartortle, lo hicieron impecable, ahora se merecen un descanso – Decía mientras un pequeño rayo de luz roja se introducía en la piel de estos pequeños, regresándolos de donde habían salido. El Squirtle de Ash había evolucionado en el fragor de la batalla, en la cual termino derrotando a un Magmotar, un Quilava y un Chimchard antes de sucumbir a un ataque certero de Zapdos.
Heracross, pese a su gran fortaleza, había sucumbido primero, ante un certero lanzallamas de Torcoal, al cual no tuvo tiempo de contestar.
El Regice de Valente también había caído ante un ataque especial de Moltres, mientras que Charizard aún continuaba luchando contra Articuno en las alturas, negándose a ser ayudado por la Mandibuzz de N.
N había perdido a su Kabutops y su Omastar pero aún conservaba a su Klinklang y su Carracosta. Estos dos, estaban sin embargo, en un estado bastante deplorable.
Siete de los nueve soldados que habían llegado se encontraban en el mismo estado de inconsciencia de sus Pokémons. Los únicos que quedaban era su líder, aquel con la boina que tenía una insignia dorada, y un miembro del Equipo Magma que aún no había peleado, que estaba de pie, impasible, sobre la arena, mirando todo con calma.
Ash lo había reconocido, era el Lider del Equipo Magma, ese que antes lo había colocado en Jaque en una ocasión, cuando tuvo que evitar la pelea de Kyogre contra Groudon hace ya algún tiempo.
Magno – Cuando lo dijo, el mencionado le propino una mirada sarcástica, seguida de una sonrisa burlona, sin embargo, no se movió.
El otro de los soldados que aún permanecía de pie, vocifero al aire, mientras las miradas se posaban en él, a excepción de la de N, quien miraba con ternura a sus pokémons heridos.
¡Y yo soy Menek! ¡El segundo eslabón del Equipo Plasma! ¡Así que ríndanse de una ocasión o sufrirán las consecuencias! – Levantando la voz significativamente ante esta última frase.
Al momento que decía esto, el Articuno que tenía bajo su mando caía precipitadamente hacia el suelo, siendo arrojado por el Charizard de Ash, que pese a su muy mal estado, se mantenía volando. Al golpearse contra el suelo, un pequeño dispositivo se despendió del lomo de esta ave, cayendo a los pies de Magno, el cual lo destrozó sin pensarlo dos veces.
Al hacer esto, su compañero ordenaba a las aves volver a sus pokebolas, estas lo obedecieron al pie de la letra. Todos los soldados hicieron lo mismo con sus Pokémons.
Sin embargo, el articuno emprendió vuelo dolorosamente, rehusando a ser capturado, con dirección hacia el sur. En ese momento, Magno, con una calma asombrosa, liberó su brazo derecho que había estado cubierto detrás de su capa, lo dirigió hacia delante de un solo movimiento, mientras gritaba:
¡Vamos Groudon! ¡Movimiento sísmico!
En este momento, todo empezó a temblar, y todos a excepción de los Pokémons voladores, y Mew-two, cayeron al piso.
Un ser muy grande se aproximó corriendo hacia la playa a una velocidad asombrosa, cada uno de sus pasos se sentían. Era él. El señor de la Tierra. El legendario Creador de los continentes, Groudon, que ahora obedecía las ordenes de un grupo de bandidos.
Sus ojos estaban rojos de furia, y tenía un dispositivo a manera de agujas en toda su espalda, enterrándose en ella.
Lo mismo hizo con sus garras, las enterró en la cabeza de playa, causando un sismo gigantesco, al momento que las grietas se esparcían por debajo de los pies de los entrenadores.
No pasaron muchos segundos antes de que magma a presión surgiera de ellas, lo cual Mew-Two presintió, al levantar a los entrenadores amigos y sus compañeros del suelo. Con esto, Magno le ordeno otra cosa al ahora Zombie Pokémon Legendario.
-¡Bomba humo y rayo solar a esos infieles! ¡Ahora!
Al terminar la frase, una gran luz se formó en la boca de Groudon, Todos cerraron sus ojos, y cruzaron sus brazos a modo de protección, pero extrañamente luego de un par de segundos solo quedaba una gran masa de humo frente a ellos.
Al revisar si su cuerpo se encontraba bien, se sorprendió de no encontrar más que pequeñas quemaduras en la ropa, y observo a sus compañeros, todos estaban bien, a excepción de uno.
Mew-two estaba de pie, pero claramente cansado. Cuando Ash se acercó a preguntar su estado, este se desplomó.
¡Rápido! ¡Saquémoslo de aquí, esta zona no es segura! – Les gritaba a sus compañeros, mientras cargaba y colocaba a su amigo Pokémon en el lomo del cansado Charizard.
Vamos Charizard, sé que estás cansado, pero por favor llévalo a donde me encontraste, en la base de operaciones, yo estaré bien, una vez allá, cuídate mucho, ¿Esta bien? – El Dragón rojo solo asintió, y emprendió el vuelo.
Ash soltó un respiro, y se dirigió corriendo hacia sus compañeros de operación, indicándoles que debían irse de la zona lo más rápidamente posible. Todos asintieron al mismo tiempo, y llamando al Archeops, en el cual Valente regreso hacia el norte, Max montó su Unfezant, al tiempo que N y Ash subían al lomo de Mandibuzz.
Mientras se alejaban de la Isla que ahora se hundía muy lentamente, Ash recordaba ahora el motivo de su retraso.
Flashback de Ash, hace unas cuantas horas
Quédate esta noche, si tú quieres puedo mostrarte de lo que están hechos mis sueños, pues sueño con tu rostro – Le decía sonriendo suavemente a la figura de cabellos rojos que se perdía en sus brazos, claro, el hecho de que estuviese inconsciente la hacía ver tan apacible, tan hermosa, pese a las heridas que tenía sobre su cuerpo.
He estado lejos desde hace mucho tiempo, te extrañaba- Un suspiro corto- Extrañaba tenerte tan cerca de mí, poder sentir tu olor en mi nariz – Sonreía – Sé que tú siempre pensaste en mí.
No puedo imaginar estar en otro lugar, que no sea este.
¿Cómo fue que me escogiste? Pues puedo cantarte una canción, pero no creo que exprese todo lo que siento –El recordaba esas palabras que se habían marcado a fuego en su mente- Traes lo mejor de mí.
"Me enamoraste más al besarme, desde entonces fuimos historia"
Dicen que el amor es para siempre, y eso es justamente lo que necesito, por favor quédate cuanto tú quieras – Volvía a recordar esas palabras dichas hace algunos años, cuando su felicidad estaba a flor de piel.
"Tu "para siempre" es lo que yo necesito."
No puedo prometer que las cosas sean perfectas, pero sí puedo decirte que trataré de hacerlas funcionar. Y que jamás me iré. –A lo que ella contesto- Por favor quédate siempre conmigo.
Se sobresaltó cuando entendió que ella había estado escuchando casi todo lo que dijo, por la pequeña sonrisa que esbozaba pese a las serias heridas que tenía. Él solo continuó con su narración.
Y cuando yo me enamoré, tú también lo hiciste, nada pudo significar más para mí – Otro corto suspiro, sabiendo que al llegar de vuelta al campamento, el cual ya se encontraba a la vista, no la podría retener en sus brazos- Esto es todo para mí.
Empezaba a llorar, la sola idea de perder a su pelirroja lo ponía de esa manera, era para él, lo más importante que hubiese tenido alguna vez, y no se dejaría vencer, no por su falta de fuerza.
¡Vamos Charizard! ¡Nos estamos quedando sin tiempo! –El gigantesco dragón sentía la preocupación en la voz de su entrenador, algo que jamás había escuchado, junto a su voz entrequebrarse. Al mismo tiempo que sentía la tibia sangre de la chica que rozaba su lomo, y la sentía evaporarse en el viento.
"Mientras tú sigas a mi lado, sé que estaré bien, por favor, aguanta un poco más"….
Le fue inevitable recordar la noche en que todo se materializo finalmente.
Acércate un poco, mientras la noche se vuelve más fría- Le decía mientras empezaba a tiritar, y los dos estaban cubiertos de la lluvia dentro del pequeño departamento que habían alquilado en Ciudad Celeste.
"Permítele a mis manos explorarte"
¿Qué acabé de pensar? – Se decía para sus adentros, mientras la idea de sus frías manos sobre la cálida piel de su amada recorría su mente.
Estaba sentado en un sofá simple, con las manos entre las rodillas, esperando a que la chica contestara a su proposición.
Tengo mi estómago hecho nudos, tengo miedo de lo que me encuentre si hablo contigo esta noche.
El problema no eres tú, soy yo, lo sé –Le contestaba ella, pensando que sería el final de su corta relación de 6 meses, los más intensos y felices que había tenido en su vida, pero que también estaban plagados de las discusiones entre el par de orgullosos. Unas lágrimas se colaban por entre sus pestañas, pero ella, con un solo gesto de sus manos, las borro, dejando solo visibles pequeñas gotas entre sus párpados.
¡Yo nunca quise alejarte de mí. Y creo que fue lo más estúpido que pude hacer! -Le contestaba Ash, levantándose de repente de su sillón.
Ya no puedo vivir sin ti ahora. Y no quiero a nadie más. ¿Lo comprendes? – Habiendo dicho esto, se precipitó a abrazarla.
¿Crees que podríamos comenzar de nuevo? Porque yo ya no puedo vivir, al menos sin ti.
Ni bien acabo de decir eso, las lágrimas cambiaron de sentido, y sin duda del sabor, ahora era felicidad lo que rebosaba, con esa simple expresión, si bien Ash Ketchum nunca había sido romántico, las palabras que acababan de salir de su boca lo expresaban en su máxima expresión. Romance, cariño, y entrega en una frase.
Empecemos de nuevo, por favor- Fue lo único que pudo decir ella, antes de entrecerrar sus labios junto a los de él, mientras se aproximaban a toda velocidad hacia el campamento.
Final del flashback
Mientras se alejaban junto con su compañero N de esa apocalíptica Isla que ahora yacía como un cráter volcánico estéril, le comentó algo.
¿Acaso tú no tienes miedo de morir? ¿En qué momento dejaste de sentir, dejaste de ser humano?
Yo jamás dejé de ser humano, pero si me obligué a no volver a sentir nada por nadie que no fuesen los Pokémons, Ash – Le contestaba calmadamente, mientras le sonreía.
Pero se ve que tú sigues sufriendo por la chica, ¿Verdad?
Ash solo pudo asentir mientras mantenía su mirada baja
Tranquilo, que ella va a estar bien, no solamente reclutamos a los mejores maestros y criadores, sino también a los mejores médicos y enfermeras, tranquilo – Decía mientras le palmeaba su hombro suavemente.
Cuando el entrenador subía su mirada, pudo encontrar al Articuno, que se encontraba viajando hacia el polo sur. Rápidamente señaló en esa dirección, causando que su acompañante viera al ave, acción después de la cual, devolvió la mirada a Ash, y le dijo con una sonrisa sincera esbozada.
Ese es el Ash que conozco, ahora, vamos a conseguir su ayuda.
Sin pensarlo dos veces, se dirigieron en persecución de la hermosa ave color cielo.
Todavía me quedan dos pokemóns, esperemos que sean suficientes – Pensó, cuando levanto la vista de manera orgullosa – Quizás no sea mi hora de morir después de todo, quizás si pueda volver a tu lado.
