El libro abierto en el célebre soneto número cinco estaba todavía sobre la mesilla de se había empeñado en oír la voz de Davide agitándose en el clímax ,en tanto recitaba los versos prohibidos,la herencia lujuriosa del pasado renacentista.

Davide se sentó en el lecho,apartando a un lado los cojines de seda verde en los que se reclinaba su cuerpo desnudo,y encendió un cigarrillo,aspirando el humo del tabaco turco con fruición casi erótica.

Estiró el brazo,y tomó el bloc de notas del bolsillo de su abrigo.

Giulio se había quedado dormido,exhausto tras la violencia de un coito casi brutal.

David releyó,en silencio,una carta amarilla de tiempo,todavía oliendo a tabaco rancio,a violetas...

Entrecerró los ojos.

En veinticuatro horas sabría,por fin,la verdad.

Unos ojos negros con froma de almendra triste asomaron a su aferró a ellos.

Se levantó en silencio,se vistió,y abandonó el lujoso piso de Campo dei fiori.

Finalmente,con aquellos mismos ojos negros en forma de almendra triste aferrados a su corazón,se dejó tragar por la penumbra que precedía al alba...

...

LA TORRE DEL SILENCIO

CAPÍTULOII

ALLEGRO MA NON TROPPO

(Ville d'Autrémont,Combourg, la mañana siguiente)

Paulatinamente,Spencer Reid volvió del pozo oscuro .El olor ambiente se hizo acre,quizás rancio,y se halló con el rostro sepultado en la almohada,la cama intacta,el cuerpo aterido,pero sudando...

Se sentó en el lecho, e intentó reordenar los jirones de su ó hacia la ventana.

Había sol.

Un reloj antiquísimo indicaba que acababan de dar las nueve.

Tres discretos golpecitos en la puerta hicieron que se pusiera de pie,como movido por un resorte invisible.

-Monsieur le jeune docteur?S'il vous plait?

Era la voz de la señora Dutertre.

-Allez,Madame,s'il vous plait!En avant!-dijo,procurando sonar creíble en francés.

La anciana entró,con la bandeja del desayuno,.exquisitamente dispuesto en un servicio de porcelana de Sajonia.

Café con leche,a la manera francesa,croissants(que tanto le gustaban),pan campesino tostado,mantequilla batida,mermelada casera de naranjas...Miró los alimentos con fruición.

Tenía hambre.

Sonrió,y agradeció a la señora,quien le hizo un guiño.

-Carta para usted,Monsieur le jeune docteur.

-Merci-respondió,tomando suavemente el papel de hilo,que olía a gardenia.

La señora se retiró.

Era una nota de Gideon.,escrita en francés:.

"El profesor J.M. Gidéon d'Autrémont invita al doctor Spencer William James Reid a participar de una excursión

a la Torre del castillo de Combourg(la Tour du Chat,)a las once de la mañana del día de la fecha,.29 de setiembre de 2012..Se agradecerá su puntualidad".

Sonrió por la idea,que le pareció graciosa,pintoresca,y muy propia de Gideon,por otra parte:conducirse como en el siglo diecinueve.

Entretanto,había creído oir unos acordes apagados,pero vigorosos,que provenían de la planta baja.

Era,sin duda,el piano,ese mismo piano de gran cola cuya sombra había visto al llegar.

Pero...quién era el ejecutante?

Terminó su café lo más rápido que pudo,se cambió de ropa(chaqueta cazadora,pantalones breeches ,botas y una gorra),y bajó al salón.

Se asomó tímadamente al estudio de Gideon.,que tenía un ventanal que daba al jardín de invierno.

El pianista no era otro que el mismísimo Gideon.

Reconoció las notas del Estudio Trascendental número doce,en si bemol menor,La Chasse Neige(La tormenta de nieve,.)de Liszt,magistralmente interpretado por quien había sido durante tanto tiempo su jefe y mentor en un universo completamente diferente.

Le pareció increíble.

Era un perfilador profesional,un genio,un monstruo de memoria eidética absoluta,pero JAMÁS había logrado conocer verdaderamente a Jasón Gideon..

(CONTINUARÁ...)