Disclaimer: No poseo a Harry Potter (en ninguna de las acepciones del verbo: ni la intelectual, ni la espiritual, ni la sexual...)

Advertencia: pues este capítulo es bastante "paratodoslospúblicos". Pero vamos, juzgad vosotros mismos.

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3. Lluvia de noviembre

Sus pasos resonaban en el inmenso atrio vacío. Las chimeneas hacían rato que se habían apagado y los ascensores descansaban de su ajetreada mañana. Llegaba tarde.

Muy tarde, para ser exactos. Vivir en una casa mágica no hacía incompatible usar aparatos eléctricos, pero parecía que las pilas tenían una vida demasiado efímera en Grimmauld Place. Por eso el maldito despertador no había sonado a la hora que debía haberlo hecho. Y en lugar de eso Harry se había despertado tres cuartos de hora tarde. Por eso llegaba tarde. Y no era la primera vez.

Comprarse un despertador mágico habría sido una buena solución. Pero Harry sabía por lo que Ron le había contado, que los despertadores mágicos cumplían perfectamente con su labor: te despertaban, al precio que fuese. Por lo que le había contado el pelirrojo, Charlie había despertado una mañana al borde de la asfixia con el despertador agarrado al cuello intentando estrangularlo, después de que esté lo hubiese avisado siete veces. Por suerte Bill, que pasaba por allí, agarró una silla y se lo quitó de encima. Así que de momento, aguantaría con uno normal. Aunque llegase tarde de vez en cuando.

Además no era el momento de pensar en eso. Bajó las escaleras a toda prisa (tanta prisa que casí baja rodando dos de los tres tramos de escalera que había subido por un tropezón) y se paró delante de la puerta de su despacho. Llamó con los nudillos.

Nada.

"Que raro...", puede que Violet todavía estuviese en la reunión diaria, pero Joe no solía retrasarse. Volvió a llamar.

Silencio absoluto. Bueno, absoluto no, se escuchaba el ulular de algunas lechuzas y el crujido de los correos voladores al chocar contra alguna pared.

- ¿Joe? - Harry habló a la puerta con pocas esperanzas - ¿Dónde demonios se habrán met...?

No necesitó acabar la frase. Había bajado la vista por pura casualidad y descubrió aprisionado debajo de su zapato un papel arrugado.

"Estamos en el despacho de e Harington. Espero que no tardes mucho. Si no, tendré que arrancarte la piel a tiras novato. Violet"

Harry conocía lo suficiente a Violet como para saber que cuando amenazaba con algo tan gráfico, es porque pensaba cumplirlo. Así que no perdió el tiempo y corrió como una bala hacia el despacho del jefe de la división de aurores.

Por suerte para Harry, el despacho se encontraba en aquella misma planta y no tardó mucho en llegar.

Se plantó delante de la inmensa puerta de roble. Respiró hondo, intento fallidamente de arreglarse el pelo yse secó el sudor de la frente. Iba a llamar a la puerta cuando una voz de mujer anunció con ausencia de entonación:

- Harry Potter está en la puerta, ¿le digo que pase?

- Por supuesto - gruñó el hombre.

La puerta se abrió lenta pero decididamente, mientras que la voz de la secretaria invisible de Harrington invitaba a Harry a pasar.

- Buenos días. Siento mucho el retraso, he tenido un problemilla... técnico - a Harry no le apetecía soportar una de las miradas de burla que Joe le dirigía cada vez que tenía problemas con algún aparato muggle.

- Tranquilo Harry, no pasa nada - aunque Harrington intentó sonar tranquilizador, era difícil teniendo en cuenta que tenía la voz áspera y grave, y una presencia imponente - Siéntate, por favor.

Harry obedeció y se sentó junto a Joe. Violet ni se había dignado en levantar la cabeza. Estaba muy enfadada.

Seymour Harrington se había convertido en el jefe de la división de aurores poco después de la guerra. Había sido elegido por Kingsley Shackelbot después de que este se convirtiera en ministro. Harrington había sido uno de los hombres de confianza de Kingsley durante su estancia en el ministerio y compensó su dedicación y entrega con ese puesto. Harrington era un hombre madura, debía de rondar el ecuador entre los cincuenta y los sesenta. Tenía la cabeza pequeña, los ojos de color azul pálido, la nariz grande y recta y una musculatura nada desdeñable para su edad, ni para la de muchos aurores más jóvenes. Seguramente antes fue castaño, Harry no lo sabía, pues llevaba el entrecano pelo rapado casi a ras de cráneo, aunque había dejado enmarcar su rostro con unas frondosas patillas de color ceniza que contrastaban con su piel morena. Lo más curioso es que, para tener tanto vello facial, tenía las cejas finas y muy rectas.

- Bueno - comenzó Harrington - creo que sabéis por qué estáis aquí ¿verdad?

Violet asintió con gravedad. Joe y Harry se miraron nerviosos.

- Se os ha encomendado vuestra primera misión - Harry y Joe chocaron los cinco con disimulo. Violet seguía con la mirada un poco perdida - Si no tenéis inconveniente, vamos a ir deprisa con los detalles, tengo algo de prisa.

La espectación podía olerse a cientos de kilómetros de allí.

- Bien, a grandes rasgos vais a encargaros de la protección de un científico. Está a punto de emprender un viaje que según asegura él, será la culminación de su investigación - el desdén de Harrington no pasó desapercibido - De manera que lo acompañaréis hasta que regrese a Inglaterra.

- ¿Está diciendo que tenemos que hacer de guardaespaldas de un doctor chiflado? - preguntó Joe. Parecía enfadado. Aunque Harry no podía recriminárselo. - ¿Para eso no existe la protección privada?

- Este hombre es muy influyente, tiene muchos amigos en el ministerio. Mirad, a mi tampoco me hace ninguna gracia, pero...

- Pero cómo usted no tiene que ir - Joe no se mordía la lengua nunca. Harrington pasó por alto la insolencia.

- Si no queréis, siempre estáis a tiempo de decirlo, se la encargaremos a otro equipo.

- No - Harry respondió tan rápido que se había sorprendido incluso a sí mismo. Vale, aquella no era la misión excitante y peligrosa que todos estaban esperando ansiosamente, pero era mejor que pasarse el día encerrados en el despacho rellenando formularios. Mucho mejor.

- Está bien - concedió Joe. No parecía muy convencido, pero Harry hubiese apostada a que pensaba igual que él.

- ¿Señorita Fiennes? - Harrington se dirigió a Violet, que continuaba observando la alfombra meditabunda - ¿Señorita Fiennes, me está escuchando?

Violet salió de su sopor con un violento espasmo y miró a la cara a Harrington cómo si la acabaran de despertar con un cubo de agua fría. Cuando reconoció la situación, asintió lentamente.

- Pues entonces ya está. Comenzaréis esta noche. Tenéis que estar a las once en punto en el puerto de Aberdeen, en Escocia por si vuestra geografía roza el nivel de un troll. De allí sale el barco.

- ¿Barco? - Violet había vuelto a la conversación.

- Sí, ¿no lo he mencionado? El viaje será en barco.

- ¿A dónde? - Joe cada vez tenía la boca más abierta.

- Eso ya sí que no lo sé. Nosotros sólo ponemos a disposición del señor Devous a los escoltas. El rumbo no nos importa. - contestó Harrington.

- ¿Devous? ¿Así se llama nuestro protegido?

- Julien Devous, sí. Por cierto, deberíais coger ropa de abrigo, muggles a poder ser, no queremos llamar la atención. Ya digo que no sé a donde os dirigís, pero sé que en Escocia, en noviembre, hace mucho frío. Y si salí de allí... no creo que vayáis al Caribe precisamente.

Por la expresión de Violet y Joe, Harry empezaba a plantearse si aquello no habría sido una mala idea. Pero Harrington no les dio tiempo a enmendarlo.

- Entonces tema zanjado. A las once os esperaré allí, os daré las últimas indicaciones. Bueno, ya os he dicho que tengo prisa - el viejo auror se levantó y los chicos lo imitaron.

Cuando salieron al pasillo, Harrington apretó el botón del ascensor y el equipo, encabezado por Violet reemprendió la vuelta al despacho.

- Por cierto, ¡enhorabuena muchachos, estáis a punto de convertiros en auténticos aurores!

A Harry le pareció escuchar a Joe articular un "yuju" con desgana.

***

Violet les había dado el resto del día libre para prepararse. Así que Harry y Joe habían decidido ir a celebrar, por así decirlo, pues todavía no tenían muy claro si se alegraban de ello o no, su primera misión. Violet no había querido acompañárles. Había pasado la mañana muy callada.

- ¿Que crees que le pasa? - preguntó Harry limpiándose el bigote de cerveza de mantequilla.

- Creo que tiene problemas con Hal... - contestó Joe. Harry habría jurado que apretaba la jarra con más fuerza.

- Oh, vaya - no sabía que decir a eso - Ya se le pasará.

- Eso espero, porque si no... - la mirada de Joe se tornó oscura por unas milésimas de segundo. Acto seguido volvió a adoptar aquella actitud socarrona que tanto le caracterizaba - tendremos que aguantarla de morros todos los días. Y si ya es insoportable de normal, imagínate...

Siguieron hablando, aunque Harry decidió que era mejor evitar el tema de Violet y Hal. Cuando acabaron la cerveza, Harry se disculpó ante Joe, que insistía en tomarse otra, alegando que tenía que hacer cosas antes del viaje, cosa que era cierta.

- Está bien, me tomaré una a tu salud entonces. ¡Hasta esta noche Harry!

Cuando salió del bar, el sol brillaba tímidamente en el cielo gris acero de Londres. "Maldita sea" pensó Harry "para un noviembre agradable que ha habido en años, yo me tengo que ir a pasar frío dónde Merlín perdió los calcetines".

Harry repasó mentalmente todo lo que tenía que hacer antes de irse: tenía preparar la maleta, avisar a sus amigos de que se ausentaría durante unos días...

En estos trances andaba cuando una voz pegajosa y aflautada habló a su espalda.

- Hola Harry - Lollipop Karmatt sonreía con aquella sonrisa suya de medio knut.

- Hombre Karmatt, ¿has venido a fastidiarme el día?

- No Harry. Sólo quiero hablar - "No te lo crees ni tú" pensó el chico.

- Bien. Hablemos. Emm... fin de la conversación. Adiós Karmatt - Harry ya había avanzado unas zancadas cuando el periodista lo agarró por la capa haciéndole frenar.

- Vamos, vamos Harry, sólo unas preguntas.

- No - contestó tajante.

- ¿Ni siquiera una? - Karmatt parpadeó imitando a una colegiala suplicante. Aunque más bien parecía un avestruz estrafalario.

- He dicho que no.

Por segunda vez, Harry se dió la vuelta, pero Karmatt no había jugado su última carta.

- ¿Ni siquiera quieres darme tu opinión sobre esto? - Karmatt sacó una fotografía de su bolsillo. Era la foto de la puerta de Grimmauld Place.

- Mira, ya te dije el otro día que no tengo ni idea de quién es.

- Eso no necesito que me lo digas tú Harry, sé de sobra quién es. Es Ginevra Weasley la cazadora de las Hol...

- ¿Cómo? - Harry le quitó la fotografía de las manos.

Pánico. Sería una buena palabra para definir la situación. La imagen no pertenecía a la chica que había estado con él unas noches atrás. La imagen correspondía a la noche anterior. Ginny y él estaban plantados delante del jardín de su casa.

- ¿Se puede saber cómo has conseguido esto? - la ira empezaba a fluirle por el esófago. Le temblaban las aletas de la nariz.

- Tengo mis métodos - antes de que pudiera Hacer nada, Karmatt volvió a guardarse la fotografía en el bolsillo.

- ¿Qué quieres?

- Hacerte una oferta Harry. Tienes dos opciones: o bien me cuentas tu versión, o me dejas hacer la mía. Y creo que te saldría mucho mejor la primera.

- ¿Crees que voy a seguirte el juego? - respondió Harry muy serio.

- Veinte preguntas, tienes derecho a vetarme tres.

- Ni lo sueñes Karmatt, esa foto no demuestra nada.

- Pero eso a la gente le da igual Harry. Cuando dos personajes famosos como vosotros empiezan una relación, las pruebas son superfluas.

- Ginny y yo no tenemos ninguna relación.

- ¿Ginny, eh? La llamas por el diminutivo... eso demuestra que "alguna" relación si que tendréis - Harry había empezado a sudar - Vamos, quince preguntas.

A Harry se le acababa la paciencia.

- Te lo advierto Karmatt, como publiques algo...

- ¿Me estás amenazando? - la sonrisa de Karmatt se había congelado.

- No - respondió Harry - Solo estoy avisándote. Si publicas algo, lo único que te llevaras de mi parte será una demanda. Pero conozco lo suficiente a Ginevra Weasley - remarcó el "Ginevra" - como para saber que si te pilla, te hará puré.

- En ese caso creo que tendré que ir a hablar con la señorita Weasley. Última oportunidad Harry: quince preguntas y derecho a no contestar tres. ¿Qué me dices?

- Que te vayas al infierno Karmatt.

Por tercera y última vez Harry se giró para perder de vista al periodista. Maldita sabandija.

Desde que Harry tenía uso de razón, y mucho más desde la batalla de Hogwarts, la prensa mágica se había mostrado interesada en él. Estaba acostumbrado a que le pidieran que posase cuando acudía a alguna fiesta importante con sus amigos, y a que los redactores de Corazón de Bruja lo llamaran casi todos los meses para hacer alguna portada y contar alguna tontería. En esas ocasiones Harry no estaba molesto, quizás un poco apabullado por tanta atención, pero aún así era halagador.

Pero aquella nueva horneada de reporteros rebuscabasuras le daba muy mala espina. De momento Karmatt era el único lo suficientemente listo como para ponerlo contra las cuerdas. Pero no tardarían en emerger algunos más. Y a Harry, el hecho de que tuviesen su casa vigilada día y noche le producía un profundo desasosiego. Una cosa era el Harry Potter público y conocido, y otro (quizás no muy diferente pero sí más débil frente a los ataques) el Harry Potter persona.

Entonces una chispa se encendió en su cabeza. Si recuperaba la foto, Karmatt no tendría nada con lo que respaldar sus rumores. Se volvió con rápidez y gritó "¡Accio fotografía!". El bolsillo del periodista se abrió y la imagen viajó volando hasta las manos de Harry, que esbozó una sonrisa de triunfo.

Pero Karmatt también sonreía.

- ¿Crees que soy tan estúpido como para tener sólo una copia de esa foto Harry? - Karmatt cambió su expresión de falsa amabilidad a una cercana al asco - No me subestimes.

Y le dio la espalda. Aquel cabrón era muy inteligente. Peligrosamente inteligente.

***

Lo primero que hizo Harry al llegar a casa fue buscar a Hendrix.

Hendrix era una lechuza que se había comprado al poco tiempo de salir de Hogwarts. Aunque Harry se mostraba reacio a sustituir a Hedwig, Hermione le había recmendado comprarse una lechuza nueva, remarcando el hecho de que los aurores necesitaban estar siempre en contacto con el ministerio y viceversa. Así que la había comprado. Era de un color gris oscuro, con un ligero moteado de un color blanco muy puro. Era como si estuvieras observando el negativo de una fotografía de Hedwig. Harry la había elegido principalmente por eso.

El nombre era otra historia. Hendrix se llamaba así en honor al famoso guitarrista muggle, que Harry había descubierto en su último año en Hogwarts y al que se había aficionado. Además, como se parecía al nombre de su antigua lechuza, Harry lo consideró una especie de homenaje. Todavía a veces se equivocaba y llamaba a la lechuza Hedwig.

Harry se apresuró a tumbarse en la cama, cogió el primer libro que alcanzó con la cama y fingió mucho interés. No quería que supiesen que había estado mirando por la venta.

Las últimas dos semanas habían sido horribles. No sólo Ginny le había retirado la palabra (lo cual ya era suficientemente duro) sino que la mayoría de sus amigos parecía haber tomado la misma actitud. Hermione apenas si lo miraba cuando él se acercaba para comentarle algo y Ron, por extensión (y probablemente extorsión) de su hermana y su novia se mostraba distante. Y para colmo, Luna, la dicharachera y simpática Luna, lo observaba como queriendo embrujarlo con la mirada cuando se lo encontraba por los pasillos. Y por supuesto, estaba Diego.

La actitud de Diego era la más desconcertante de todas. Si Harry le hablaba, él contestaba, pero con una voz tan mecánica y distante que parecía que lo hubiese hecho una máquina.

Por eso, aunque era sábado por la noche y sus amigos se habían escapado a Hogsmade a tomar unas cervezas, Harry se había quedado en su habitación digiriendo su enfado y maldiciendo su mala suerte.

No había actuado de la manera correcta. Pero Diego se lo había buscado. Y Ginny también. ¿A qué habían venido esos abrazitos, aquellas conversaciones a solas, esas bromas tan picantes que les gustaba hacerse? Además, era bastante obvio que Harry tenía algo con ella. Si Diego era imbécil noera su culpa.

En ese momento la puerta de la Buhardilla se abrió y entró Diego. Harry decidió hacer como que no lo veía. Venía sólo, como había podido comprobar por la ventana.

- ¿Dónde está Ron? – la pregunta era un poco estúpida, porque sabía perfectamente dónde estaba su amigo.

- Hermione y él se han quedado un rato más en Hogsmeade. Nosotros hemos venido antes. - Ron y Hermione aprovechaban las visitas a Hogsmeade para tener un rato de intimidad. Si es que se puede considerar intimidad darse el lote en una taberna abarrotada de estudiantes como era Las Tres Escobas.

- ¿Nosotros? - preguntó Harry fingiendo inocencia. Eso también lo había visto por la ventana.

- Ginny y yo – Diego pareció morderse la lengua..

- Fantástico. - aunque ya lo sabía, no puedo evitar que las orejas le ardieran.

- Buenas noches – y Diego se dio la vuelta camino del baño. Harry interpretó el gesto como uno de sus numerosos momentos de "chico bueno que no busca problemas" y prendió la mecha.

- ¡Me parece increíble que aún sabiendo que estamos juntos sigas intentándolo!

Diego se detuvo en seco.

- No estoy de humor para aguantar tus celos, Potter. - aquello era lo más parecido a odio que Harry había visto en los ojos de Diego.

- ¿Me vas a negar que intentaste ligarte a mi novia delante de mis narices?

- ¿Me vas a negar que cuando te pregunté por ella no me comentaste nada de eso?

- No había que ser un lince para darse cuenta. - estaban empezando a gritar. Por suerte, a parte de ellos sólo había un par de estudiantes más, roncando como hipopótamos.

- Pero hay que ser muy "cabrón" para no decirme nada.

- ¿Qué me has dicho?

- Nada, olvídalo. Mira Potter, no sé que mosca te ha picado, pero a mi me parecías un tío genial antes de esto. Y sólo voy a darte un consejo – Harry torció la boca con gesto sarcástico – si eres la mitad de inteligente de lo que aparentas, irás a pedirle perdón a Ginny y dejarás de comportarte como un capullo. Ahora ¡buenas noches! – y Diego reemprendió el camino hacia el aseo.

A Harry había muchas cosas que le molestaban de Diego. Pero la que sin duda más llegaba a irritarlo era que siempre, fuera lo que fuera sobre lo que daba su opinión, tenía razón. De pronto el enfado, los celos y todo lo que había sentido desde hacía semanas se convirtió en un molesto sentimiento de culpabilidad y vergüenza que daba vueltas en su estómago.

Diego regresó a los poco minutos con el pijama puesto. Se tumbó en la cama y sacó su discman. Las pilas duraban muy poco en Hogwarts, de manera que Harry había visto pocas veces a Diwgo usarlo... sólo cuando quería aislarse de todo para estudiar. Apagó la lámpara de su mesita.

- Perdón – consiguió decir Harry minutos después con una voz tan tenue, que dudaba que su compañero le hubiese oído. Además cabía la posibilidad de que ya se hubiese dormido...

- No es tan simple Potter – Diego hablaba de espaldas, tumbado de lado en la cama. No se escuchaba el murmullo de la música.

- ¿Y qué debo hacer? - la voz de Harry sonó ansiosa.

- Para empezar, darte cuenta de que Ginny está colada por ti y que todos esos celos que te comen por dentro te los inventas.

- Pero es que... pasabais tanto tiempo juntos qué... bueno...

- Mira - Diego se giró y sus ojos relucieron en la oscuridad - En parte lo comprendo. Ginny se ha criado con vosotros. Y a parte de sus hermanos y de ti, siempre has visto al resto de hombres como competidores. Por eso te molestó.

- Puede, aunque... Si te soy sincero creo que lo de Ginny fue una excusa muy barata para hacerte daño. No tenía celos por ella... sino por ti.

Harry había dicho eso sin pensar, pero le salió tan natural que por un momento, la culpa pareció desinflarse un poco.

- Explícame eso – preguntó Diego, al que la frase le había parecido lo suficientemente malinterpretable como para necesitar cerciorarse de su significado.

- Verás, antes de que tú llegaras yo era la comidilla de este colegio. Todo el mundo cuchicheaba cuando yo pasaba, las adolescentes hormonadas estaban encandiladas conmigo... Nunca me gustó. Te lo puedo asegurar. Pero era mi vida y... bueno, cuando tú apareciste, todo eso cambió - Harry dio gracias de que las luces estuviesen apagadas, porque se había ruborizado como una colegiala.

Diego continuaba de espaldas pero Harry notó como se revolvía un poco. Incómodo quizás.

- Sé que es una estupidez. Que eso sólo demuestra que soy un egocéntrico y un inmaduro pero... - Harry no se había sentido tan sincero en su vida.

- No me parezca lógico.

- No lo pretendo.

- No me has dejado terminar - le pareció percibir un deje diversión en la voz de Diego - No me parece lógico. Pero creo que es una excusa plausible.

El silencio volvió a adueñarse de la estancia.

- Soy un imbécil.

- Lo eres.

- Soy un gilipollas.

- Yo diría que incluso más.

- Tampoco te pases.

Ambos rieron un momento.

- Ahora en serio Diego, aunque no sirva de nada, quería pedirte perdón.

- Tienes suerte Potter, de donde yo vengo, el rencor no es un rasgo común. Así que supongo que puedo perdonarte. Aunque no creo que esto se me olvide en mucho tiempo.

- Lo comprendo.

- También te digo que a la que deberías de pedir perdón es a Ginny, no a mí.

- ¿Por dónde sugieres que empiece? - Harry todavía no se sentía cómodo, pero la conversación con Diego lo estaba relajando un tanto.

- Creo que ponerte de rodillas y besarle los pies sería un buen comienzo...

- Ya pensaré algo - murmuró Harry aguantando la risa.

- Buenas noches Harry.

- Buenas noche Diego.

Diego volvió a acurrucarse en la cama y Harry pudo apreciar como su discman se ponía en marcha. Unos acordes de guitarra distorsionados por los circuitos de los auriculares llenaron un poco el silencio.

- ¿Diego?

- Harry, no hace falta que me pidas perdón otra vez, ya te he dicho... - Diego habló sin quitarse los auriculares, elevando la voz más de lo necesario.

- No es eso. ¿Qué estas escuchando?

Diego se incorporó un poco.

- "All along the watchtower" - pronunció con algo más de acento del que tenía cuando hablaba inglés normalmente - de Jimi Hendrix. Es una versión de Bob Dylan pero...

- Suena genial - murmuró Harry - ¿Me lo dejas?

Diego lo contempló un poco extrañado.

- Coge este auricular, creo que llega. - le extendió el brazo y Harry lo cogió.

Harry tuvo que sacar casi medio cuerpo fuera de la cama para que el cable del discman no saliera disparado debido a la tensión.

Pero mereció la pena. Aquella guitarra afilada y vibrante, que te transportaba a mundos de colores insultantemente brillantes y transformaba tus pensamientos en nubes de vapor ácido, le proporcionó las fuerzas necesarias para enfrentarse a su nuevo reto: conseguir el perdón de la pequeña de los Weasley. Aunque parecía más fácil aprender a tocar la guitarra como aquel hombre.

Gracias a Diego, la cultura musical de Harry se había ampliado considerablemente. Aquella era una de tantas cosas que los Dursley habían excluido de su educación muggle y él, demasiado emocionado con su nuevo mundo mágico, y demasiado dolido con su experiencia en el otro, nunca había indagado. Aún así, aquella canción seguía trayéndole muchos recuerdos, y cuando sonó en la minicadena del despacho cerró los ojos instintivamente.

Encontró a Hendrix picoteando la madera de una de las ventanas del piso de arriba.

- Pero bueno, ¿qué haces aquí? - le dijo a la lechuza - No creo que eso sea muy saludable para tu estómago amigo.

Hendrix se subió a su dedo ululando alegremente.

- Necesito que hagas unos viajes - dijo Harry atándole un pequeño pergamino enrollado a la pata - Este es el más importante. Date prisa. Después podrás ir un poco más relajado.

La lechuza emprendió el vuelo con gracilidad y se alejó, convirtiéndose en un pequeño punto plateado en el horizonte, como la cabeza de un alfiler.

Mientras, la lluvia de noviembre había comenzado su monótono y húmedo compás.

***

Harry estaba terminando de meter sus utensilios en la maleta cuando sonó el timbre. Dejó el chivatoscopio encima de la mesa del escritorio y bajó a abrir. Había llegado pronto.

- Buenas tardes señor Potter - saludó educadamente una chica castaña de pelo muy rizado y con unas gafas azul marino tras las que se adivinaban unos ojos de color verde oliva. Iba ataviada con una túnica y una falda larga de un negro muy sobrio, una camisa blanca, un corbatín oscuro a juego con su paraguas.

- Buenas tardes Michelle.

La muchacha entró con una leve inclinación de cabeza y pasó al comedor. Era allí siempre donde hablaban.

Michelle Stevens era abogada. Aunque era sólo un año menor que él, ya había destacado en el Departamento de Leyes Mágicas, por encima incluso de Hermione, a la que Harry consideraba la mujer más inteligente del mundo. De hecho se habían conocido gracias a ella y ahora Harry dejaba en manos de aquella Ravenclaw sobresaliente todos sus temas legales.

- Perdona que te haya avisado con tanta urgencia, pero es un tema importante.

- Sin problema señor Potter, ya sabe que siempre estoy a su disposición.

Michelle usaba tanto esa expresió que Harry había dejado de reírse con picardía cada vez que la decía.

- ¿Sabes quién es Lollipop Karmatt?

- No, pero tiene un nombre cuanto menos curioso.

- Que suerte tienes, pero no es su nombre. Se llama Ludwig Karmatt. Es paparazzi.

Michelle lo miraba con atención. Se le tensaba la nariz cuando lo hacía.

- El caso es que tiene unas fotos mías un tanto... comprometidas.

La expresión de la chica no se movió un ápice.

- No me mires así Michelle, no es lo que piensas - Harry se rió de su propia broma - Es una tontería pero no quiero que mi vida se convierta en un circo. - "Otra vez" pensó con amargura.

- No le entiendo.

- De momento no ha publicado nada, pero si lo hace, quiero que le busques las cosquillas. Me explico - continuó Harry - quiero que revises la foto y todo lo que tenga que ver para encontrar algo que usar contra él. Si la realizó desde una propiedad privada, si se puede considerar espionaje por mi condición de auror, calumnias, difamaciones... cualquier cosa.

- Comprendido. Entonces ¿todavía no ha publicado nada?

- No. Pero me tengo que ir por unos días y no voy a poder estar al corriente. ¿Cuento contigo para tenerlo controlado?

- Por supuesto señor Potter.

- No esperaba menos. No te entretengo más Michelle, que tendrás cosas que hacer. Siento las molestias.

- Tranquilo señor Potter.

Harry la acompañó a la puerta.

- Le notificaré todo en cuanto vuelva señor Potter. Le deseo un buen viaje.

- Muchas gracias Michelle - la chica ya se iba cuando Harry la llamó - Por cierto Michelle, ¿cómo va Ingrid con su embarazo?

- Muy bien - se le iluminó la cara - Se queja de que se está poniendo gorda, pero yo la veo igual de guapa que siempre.

- Vais a ser unas madres estupendas - sonrió Harry.

- Se intentará. Adiós señor Potter - pese a los formalismos, la chica se despidió con dulzura.

Hendrix no tardó mucho en volver de llevarle el mensaje a Ron. Ya sólo quedaba por decirle a Diego que se marchaba. Esperaba que a su amigo le hubiese ido mejor que a él en la cita con Julia. Desde luego, no había podido salir peor que su velada con Ginny.

Miró por la ventana y consultó la previsió meteorológica. Finalmente, noviembre había dado su brazo a torcer y la lluvia lo acompañaría durante todo el viaje. Si no pareciese una locura, hubiera jurado que Karmatt se estaba asegurando de que no se le olvidara la que le iba a caer encima como esa foto saliera a la luz.

"Yuju" murmuró Harry, y se puso a rebuscar en su armario en busca de un abrigo.

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¡Hey! Bienvenidos una vez más.

Ya me perdonaréis el retraso (aunque creo que no tenía plazo fijo para publicar ¿verdad?) pero ultimamente ando muy atareado y mi inspiración ha estado más remolona de lo normal. Pero bueno, aquí tenéis una nueva entrega.

Tras mucho darle vueltas al título, he decidido que Guns n' Roses y su "November rain" eran la elección perfecta. La lluvia me produce una sensación extraña. A través de una ventana consigue relajarme, pero si estoy en la calle y me empieza a llover, la reacción es la contraria. Espero haber expresado bien esas dos caras en esta historia.

En cuanto a Jimi Hendrix, recomendaros que le echéis un ojo a la canción que he nombrado (que os sonará, seguramente) porque es una auténtica obra maestra.

Nada más por ahora. No sé cuando estará el siguiente, pero espero no demorarme mucho.

Saludos a todos. ¡Cuidaos mucho!

PD: me he dado cuenta de que el ministerio es una especie de sótano con muchas plantas, y no sé porque yo estaba empeñado en que era un edificio. Así que cualquier alusión a "subir escaleras" de los capítulos anteriores debería reemplazarse por "bajar". Es un detalle un tanto banal, pero me parecía importante aclararlo. =D