Disclaimer: tengo más de Rolling que de Rowling...
Advertencia: lo de siempre. No creo que os asustéis de nada a estas alturas.
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6. Piratas...
Harry sólo tuvo tiempo de hacer que de su varita surgiesen un puñado de chispas rojas para avisar al resto del barco del ataque, aunque dudaba que nadie en toda la embarcación hubiese ignorado el hecho de que un buque flotaba a escasos metros por encima de ellos.
Se oyeron dos fuertes detonaciones y Harry contempló como algunos de los hombres del Charybdis habían sacado de debajo de una lona verduzca tres cañones de aspecto vetusto y ahora se afanaban por agujerear el casco del barco pirata.
Cayeron entonces varios piratas sobre la cubierta. Al contrario de lo que las leyes de la física pudiesen sugerir, aterrizaron con gracilidad, como si una mano invisible los sujetase del cuello. "Maldita sea" pensó Harry. Aquello sólo podía significar una cosa: había magos entre ellos.
Si bien la calavera de dragón era el símbolo de los piratas en el mundo mágico, el hecho de que el barco hubiese sido puesto apunto con aquellos gigantescos ingenios mecánicos que hacían las veces de alas, habían hecho sospechar a Harry que podían tratarse simplemente de muggles demasiado bien informados.
Pero a la vista de los acontecimientos Harry enarboló su varita gritando Desmaius intentando parar la marea de piratas que se derramaba sobre la cubierta del Charybdis con lentitud, como la miel.
Algunos hechizos consiguieron impactar y varios piratas cayeron a la velocidad normal. Entonces un rayo verde pasó cruzando junto a la oreja de Harry que se lanzó al suelo instintivamente. Por el rabillo del ojo comprobó horrorizado que la maldición asesina se clavaba en el pecho de uno de los tripulantes del Charybdis.
- ¡Hijos de puta! – el marinero japonés gritó con furia unos metros por detrás de Harry y acto seguido pasó corriendo a su lado disparando a diestro y siniestro. Las balas alcanzaron a dos piratas, pero sus compañeros respondieron también con disparos y el japonés tardo sólo unos segundos en caer con varios orificios sangrantes en la espalda.
"Calma Harry, calma" se esforzaba el muchacho "sobretodo calma, piensa en lo que tienes que hacer." Harry repasó mentalmente la escena que se desarrollaba ante sus ojos. No se veía por ningún sitio a Joe, ni a Violet. El capitán ya no estaba en el puente de mando. Y el profesor probablemente siguiera en su camarote.
El doctor. Su misión era la de proteger al doctor Devous. De manera que se arrastró un poco hasta ponerse a cubierto junto a un barril y se incorporó. Se recolocó las gafas y maldijo el hecho de no haber aceptado el consejo de Hermione de ponerse lentillas o someterse a algún tipo de tratamiento mágico para la vista.
Echó a correr esquivando como podía la batalla que se estaba desarrollando en cubierta. Las balas y los hechizos volaban en todas direcciones, lo que le hizo pensar que Violet y Joe debían de estar colaborando aunque no pudiese localizarlos.
Harry acababa de divisar la puerta de acceso a los camarotes cuando una sombra se deslizó frente a él y abrió la puerta. El chico no podía estar seguro, pero habría jurado que era Fontana.
La luz que bañaba tenue el pasillo de madera de los camarotes ayudó a Harry a corroborar su teoría. Efectivamente, era Fontana el que corría como poseído. Y parecía dirigirse al camarote del doctor Devous.
"Una pena" pensó Harry mientras corría tras él "me hubiese gustado equivocarme en ese aspecto". Fontana los había vendido a los piratas. O quizás fuese simplemente uno de ellos.
La puerta del camarote del doctor apareció al fondo del pasillo. Fontana la aporreaba sin delicadeza y gritaba algo que Harry no pudo entender del todo. Al parecer el nerviosismo lo estaba haciendo hablar en italiano. Aunque Harry tenía el presentimiento de que era una de las innumerables lenguas que el doctor tenía apariencia de dominar.
Cuando estuvo más cerca comprobó que el profesor estaba contestándole a Fontana en italiano en lo que pretendía ser un grito, pero que no excedía demasiado de su volumen normal.
- Fontana, déjalo – Harry se plantó a escasos metros del primer oficial y le apuntó con la varita – Quédate quieto.
- Señor Potter, no sé que estará pensando pero...
Fontana no tuvo tiempo de acabar la frase. Un estruendo inundó el pasillo y una bala impactó en su estómago a la altura del bazo. Fontana se tambaleó y acto seguido se desplomó.
Harry se giró justo a tiempo de evitar que otra bala le atravesase un pómulo. Un hombre de unos cuarenta años con la cabeza rapada y una larga barba oscura y descuidada le apuntaba con una pistola.
- No sé mueva señor Potter. Sí se le ocurre sacar la varita le dejo el entrecejo lleno de plomo.
Por alguna extraña razón, Harry comprendió que aquel hombre podía tener alguna manera de matarlo antes de que él siquiera hubiese comenzado a pensar en un hechizo. Así que obedeció.
- Dile al viejo que salga.
Harry retrocedió muy despacio hasta que su espalda tocó la puerta del camarote del doctor.
- Doctor Devous – levantó la voz para que el hombre lo escuchara con claridad – Salga aquí por favor. O esto se pondrá peor – añadió al ver al pirata juguetear con el arma entre sus manos. – Confíe en mí doctor.
Pasaron unos segundos que a Harry se le hicieron eternos y en los que sólo se escuchó el repiqueteo de la marejada contra el casco del Charybdis y el roce metálico de la pistola contra las manos de aquel energúmeno.
Poco a poco la puerta del camarote se abrió y el doctor Devous asomó la cabeza vacilante y pálido como la cera.
- Salga de ahí, rápido – Harry intentó que su voz sonase lo más calmada posible.
Pero el doctor no estaba muy convencido y negó con vehemencia.
- ¿Es que no le ha oído? – gritó el otro - ¡Salga de una puta vez! ¡Vamos!
El pirata se había cansado de su posición de espectador agresivo y pasó a la acción, más agresiva incluso. Se acercó a la puerta del camarote con dos zancadas, agarró al doctor del cuello de la túnica y lo sacó casi a rastras.
- Tú por delante, gafapasta – gruñó el hombre, para acto seguido reírse de su propio chiste – Que yo te vea.
Harry le dedicó una última mirada al cuerpo inerte de Fontana, sentado sobre un charco de su propia sangre y con los ojos cerrados. Al final se había equivocado.
No necesitó que el pirata le indicara la dirección a seguir. Conocía de sobra su plan. Los piratas, por lo general, no son muy imaginativos a la hora de urdir sus estrategias de abordaje.
Ahora que habían conseguido al doctor, que Harry sospechaba que era el motivo del ataque, exhibirlo en cubierta a sus enemigos como trofeo haría que la batalla llegase a su fin. La tripulación del Charybdis se rendiría, ante la amenaza de que el cuello del doctor sufriese un corte transversal más sangriento de lo deseado.
Pero algo le decía a Harry que la tripulación, y sobretodo el capitán Buchan, no iban a dejar de pelear por un barco que constituía su vida y su sustento económico, sólo por evitar la muerte de un anciano con claros síntomas de falta de oxígeno en el cerebro.
Así que cuando Harry abrió la puerta nada de lo sucedido a continuación lo sorprendió demasiado.
Había empezado a llover y la cubierta estaba pintada de un color transparente brillante, como un barniz.
- ¡Tengo a Devous! ¡Rendíos de una vez, imbéciles, o le rajo el cuello al viejo! – gritó el pirata.
Pero nadie lo escuchó. Los disparos y el continuo vaivén de las alas mecánicas del barco pirata, que había vuelto a detenerse sobre el Charybdis tras maniobrar a su alrededor, unido al fuerte viento y al embravecido oleaje que acababa de montar en cólera apagaron su ronca voz.
- Creo que no te han hecho mucho caso. – murmuró Harry girándose lentamente hacia el pirata y con el sarcasmo colgándole de la sonrisa.
- Quédate quieto Potter, o lo mato aquí mismo.
- ¿Y de qué te serviría? Lo queréis vivo – la expresión de sorpresa del pirata le indicó a Harry que no andaba muy desencaminado en sus suposiciones.
- ¿Quieres arriesgarte?
En ese momento, la suerte le guiñó descaradamente un ojo al joven auror y una de las gotas de lluvia se metió en el ojo del pirata. En las escasas décimas de segundo que este tardó en llevarse la mano al rostro, Harry sacó su varita del pantalón y le lanzó un hechizo Impedimenta, haciendo caer al pirata y al doctor.
Harry agarró con todas sus fuerzas a Devous y se lo llevó casi arrastrando bajo uno de los botes salvavidas.
- No se mueva de aquí ¿entendido?
Harry no esperó siquiera a que el doctor asintiera. Tenía otras cosas en la cabeza.
Agazapado tras otro de los botes, observo el caos que reinaba en la cubierta del Charybdis. Por fin localizó a Violet, que lanzaba hechizos desde lo alto del techo del puente de mando, y parecía tener controlados a cuatro piratas que intentaban acercarse.
Pocos segundos después la profunda voz de Joe regalando improperios y maldiciones a los piratas le llegó desde unos barriles a pocos metros de dónde él se encontraba. Las balas silbaban sobre su cabeza pero él se escondía tras los barriles...
Joder.
- ¡Joe! – gritó Harry a la desesperada – ¡Sal de ahí! ¡Eso es combustible!
Joe no reconoció la voz que lo alertaba, pero su instinto de auror lo empujó a saltar justo en el instante en que una bala atravesaba uno de los barriles que todavía contenían líquido inflamable. La deflagración no fue tan devastadora como Harry había esperado, aunque aquella lengua de fuego de varios metros acompañada de una nube de humo negro y espeso, se habría llevado por delante más de la mitad del cuerpo de Joe.
Harry salió de su escondite dispuesto a ayudar a su compañero cuando un alarido de rabia se elevó por encima de todos los demás sonidos.
Buchan corría como poseído hacia la grúa de proa. Cuando llegó, comenzó a manejar frenéticamente las palancas que movían el aparato. Aquel gigante de hierro emitió un chirrido desquiciante y comenzó a moverse lentamente, mientras Buchan observaba con ojos enloquecidos el barco volador de los piratas.
- ¿Qué coño piensa hacer? – preguntó Joe con el miedo en la voz.
- No estoy seguro, pero por si acaso lo mejor será ponerse a cubierto – contestó Harry agarrando a su compañero de la túnica.
La grúa fue adquiriendo inercia a cada centímetro que su pesada estructura giraba hacia el imponente buque volador. Harry estaba preparado para cubrirse de la lluvia de astillas y metal cuando algo rompió por completo sus esquemas.
La grúa se deformó en el aire con un estruendo metálico, como si hubiese chocado con un muro invisible. Buchan, y la mayoría de los espectadores de la escena, se quedaron mirando boquiabiertos al amasijo de hierro que antes había sido la grúa.
Fue entonces cuando apareció.
Era un hombre de poco más de metro sesenta. Tenía la cabeza pequeña y redonda y le crecía en la papada una barba blanca y algodonosa. Tenía el pelo muy corto y también cano. Iba vestido con una camisa blanca, un chaleco y un corbatín de color granate y unos ajustados pantalones oscuros de pana. Remataba el conjunto con unas elegantes botas de cuero negro.
- Ya basta caballeros – y su voz se asemejó a la calma después de la tormenta. Y sus ojos verdes azulados relucieron en el silencio. Movió la mano izquierda y su varita desintegró el encantamiento escudo. Él era el mago.
Pero aparte de mago tenía otro oficio. Podría haber sido panadero, policía, científico, poeta, actor, político... cualquier cosa menos pirata. Aquel hombre no podía ser un pirata. Y mucho menos el sanguinario capitán.
Pero lo era.
- Devous, ¿serías tan amable de salir a saludarme? – no era una pregunta. Era una orden.
Harry miró hacia el bote donde había dejado acurrucado al doctor y rezó porque no fuese tan inconsciente como para salir. "Bien Harry" pensó. "Es el momento de pensar rápido y actuar aún más rápido."
- ¿No quieres salir pequeño Julien? Está bien. Hansen, tráeme a ese.
Hansen resulto ser un pirata con pinta de alemán cabreado que tenía sujeto por el cuello a uno de los tripulantes más jóvenes del Charybdis, un muchacho un par de años menor que Harry con la cabeza rapada.
- Tienes diez segundos para salir de dónde quiera que estés, si no – rápido como un relámpago sacó un elegante trabuco del chaleco y apuntó entre los ojos del chico – le vuelo la cabeza. Diez, nueve, ocho...
Había algo en aquella frialdad tan amable que a Harry no le daba buena espina. Pero actuar sin un plan era demasiado peligroso, y mucho más en aquel momento.
- ...tres, dos, uno. – el hombre contempló la oscuridad - ¿No sales? Vale – y al chasquido del percutor lo siguió un disparo que destrozó media cabeza del marinero.
Algunos ahogaron un grito. Otros no pudieron ahogarlo.
- ¡Hijo de puta! – Buchan observaba desde el puente de mando, dónde dos piratas lo habían apresado durante el shock de la grúa - ¡Voy a abrirte la garganta y llenártela de sal, hijo de puta!
Harry se había quedado mudo. Aquello se les estaba yendo de las manos.
- ¿No sales todavía? – preguntó el capitán de los piratas – Fantástico. Traedme a la chica.
Un morlaco de dos metros y cabeza cuadrada apareció sujetando del pelo a Violet, que intentaba resistirse por todos los medios.
- ¡Violet! – alcanzó a decir Harry.
- ¡Como le toques un pelo te mato! – Joe se levantó violentamente pero cayó al suelo cuando el dolor de la quemadura de su pierna derecha le taladró el hueso hasta el tuétano.
- Hombre, los aurores están vivos. Pensaba que habrían muerto señores – hizo una pausa para humedecerse los labios. Se estaba poniendo nervioso. – Devous, voy a volver a contar. Ya sabes lo que le pasará a esta preciosidad si no haces acto de presencia. Diez, nueve...
El murmullo de la lona que cubría los botes salvavidas atrajo las miradas de todos los presentes. Devous se acercó lentamente a dónde se encontraba el pirata. Cuando la luz fue suficiente como para iluminar su silueta, se paró en seco. Estaba temblando.
- Cuanto tiempo Julien – comenzó el hombre sin apartar la pistola de la nariz de Violet - ¿Sabes por qué estamos aquí verdad?
- Sí – susurró el doctor Devous.
- Bien, pues sé bueno y diles a tus amiguitos que ahora están a nuestras órdenes. Y que como alguno se pase de listo acabará como su amigo – señaló con un ademán el cadáver del joven marinero.
Devous miró a la multitud como dispuesto a decir algo.
- Es una manera de hablar Julien, me han oído perfectamente – añadió con sorna el pirata. – Bien muchachos – ahora se dirigía a su tripulación – quiero que el Hecate siga el rumbo del Charybdis, a una milla de distancia. Mantened la velocidad y estad atentos. Grosskopf, Weikath, estáis al mando. Llevaos a Buchan y a los dos aurores. Quitadles las varitas, no seais tan ingenuos como Deris. La chica y el doctor se quedarán aquí conmigo. ¿No queremos sacar a un científico de su hábitat verdad? – los piratas rieron el chiste de su capitán.
A Harry le hubiese gustado resistirse. Gritar, revolverse, lanzar alguna maldición al oscuro cielo nocturno. Darle un poco de dramatismo a aquella situación inabarcable. Pero no pudo.
Porque un fuerte golpe en la nuca lo dejó inconsciente casi al instante y las pocas luces que iluminaban la noche desaparecieron de un soplido.
Ginny estaba, como Harry había imaginado, sentada junto al lago. El calamar gigante chapoteaba a lo lejos. El sol de media tarde desprendía reflejos de rojo intenso de su cabello. Llevaba puesto todavía su uniforme de Quidditch y parecía absorta en el horizonte, mientras se acariciaba distraída el vientre.
- Has acabado muy pronto - Harry se sentó a su lado - ¿Qué tal ha ido?
- Bien. Bueno, no lo sé. Me han dicho que probablemente entraré en el equipo..
- ¡Eso es magnífico Ginny! – se esforzó Harry por parecer entusiasmado. En el fondo se alegraba por ella.
- Pero, no estoy segura de que quiera ir – Ginny le había leído el pensamiento.
- No puedes estar hablando en serio. La oportunidad de jugar con las Holyhead Harpies no se presenta todos los días.
- Ya lo sé Harry – Ginny lo miró a los ojos – Por supuesto que jugar con las Harpies ha sido uno de mis sueños desde que era niña. Pero lo que no sé es si quiero que sea en este momento.
- ¿Por qué? – preguntó el chico, aunque intuía la respuesta.
- Porque ya me han dicho que si decido aceptar la oferta debo despedirme durante un tiempo de mi vida social. Tendré que trasladarme a Gales y me limitarán el tiempo libre – Ginny parecía estar recitando una aburrida lección, estaba claro que se había preparado aquella parte – Y no estoy dispuesta a separarme de ti.
Harry se quedó un momento en silencio. Sabía lo que tenía que decir y aún así, una pequeña vocecita en su interior le repetía una y otra vez que lo pensase mejor, que podría haber otra solución. Pero no la había, no al menos en ese momento.
- En ese caso puedo ayudarte – Ginny lo interrogó con la mirada y Harry deseó que un meteorito cayera del cielo y aplastase su cabeza antes de que sus labios pronunciasen la frase que su cabeza estaba pensando – Creo que lo mejor será que lo dejemos.
El silencio fue más corto de lo que Harry había esperado.
- No puedes estar hablando en serio – la chica esbozó una sonrisa esperando que él hiciese lo mismo, pero al no obtener el efecto esperado volvió a ponerse seria – Oh, estás hablando en serio. Mira Harry, no es sólo por ti. Está mi familia también. Mi madre nos necesita más unidos que nunca y me marchara me sentiría fatal.
- Ahí sí que no puedo ayudarte – Harry suspiró con desgana – pero no me vas a hacer cambiar de opinión. Creo que lo mejor sería dejarlo. – Si había empezado, tenía que terminarlo.
Ahora el silencio fue mucho más prolongado y tan tenso, que la brisa podría haberse tocado como las cuerdas de una guitarra.
Ginny cerró los ojos, como encajando el golpe y arrugó la túnica por debajo de su pecho, dónde tenía colocada la mano.
- ¿Y puede saberse que noble y a la vez terriblemente estúpida razón tienes para proponerme eso? – estaba realmente enfadada.
- ¿Sabes lo que he escuchado cuando venía hacia aquí? – como Ginny no hizo un sólo movimiento, Harry lo interpretó como un "obviamente, no" – Dos chicas de cuarto estaban comentando tu prueba con las Harpies. Decían que no lo habías hecho particularmente bien y que había muchas chicas en Hogwarts con más talento que tú para el Quidditch... pero que aún así te cogerían. ¿Y por qué? – Ginny parecía haberse quedado congelada y lo miraba con el mismo interés que a una piedra - Porque eres la novia de Harry Potter.
- ¿Y tú te crees eso? – ahora si le prestaba atención - Por Merlín, Harry, tú mejor que nadie deberías haber aprendido que la rumorología es la única asignatura que aprueban todos los alumnos de este colegio. Me da igual lo que hablen de mí.
- Sí, pero a mí no. Que hablen mal de mí no me importa. Que hablen mal de otra persona, y más tratándose de ti, por mi culpa, es harina de otro costal.
- ¿Me estás diciendo que romper conmigo es un mecanismo para protegerme de las malas lenguas? – la voz le había salido más aguda de los esperado.
- Y de que la gente te valore por quién eres y no por quién soy yo.
- Es cierto, se me olvidaba – Ginny entrecerró los ojos – Sin ti no soy nadie.
- Ginny, no he dicho eso.
- No, claro que no lo has dicho. Pero lo has dejado suficientemente claro. Yo soy sólo la damisela en apuros. Tú eres el héroe – Ginny parecía más enfadada con cada bocanada de aire que exhalaban sus pulmones.
- Por favor no saques las cosas de contexto.
- ¿Qué no saque las cosas de contexto? ¡¿Qué no saque las cosas de contextos?! – la pelirroja explotó - ¡Tú eres el que me está proponiendo mandar a la mierda más de un año de relación porque eres incapaz de dejar atrás tu actitud de "salvador del mundo" y sigues pensando que necesito que me protejas de algo! Me prometiste que nunca más lo harías... ¿De verdad crees que esto me puede ayudar?
- Sí – Harry había perdido demasiadas horas de sueño cavilando las opciones como para estar seguro al cien por cien.
- ¿Pues sabes qué? ¡Qué tienes toda la razón! Si de verdad piensas que lo que más necesito en este momento es que la única persona que esperaba que no me fallase nunca desaparezca de mi vida, es que todavía no tienes claro lo que significa estar con alguien.
Setenta por ciento.
- Gracias por abrirme los ojos de una maldita vez Harry. No sé que haría sin ti. Probablemente, ser feliz.
Treinta por ciento. Ginny se levantó sin ni siquiera mirarlo y se encaminó hacia el castillo. Estaba a solo unos pasos del chico cuando se volvió, señalándolo con un dedo.
- Y que no se te pase por la cabeza la idea de que podemos volver a ser amigos. Para mí, Harry Potter, quedas relegado a mera anécdota del mundo de las celebridades y los libros de historia. Que es lo que deberías haber seguido siendo siempre. Se acabó. Adiós, Potter.
Cero por ciento.
Si Ginny lloró, Harry nunca lo vió. Sólo sintió como las lágrimas le caían a él por las mejillas y como su mente daba un portazo en alguna parte de su cabeza, gritando algo como "gilipollas, eres el perfecto gilipollas".
Harry sintió como si miles de carámbanos de hielo se clavaran en sus poros. Abrió los ojos y boqueó con ansiedad notando como sus pulmones rozaban la congelación. Intentó moverse. No lo consiguió.
Poco a poco recobró la consciencia de dónde se encontraba. Estaba en una oscura bodega, sentado en un banco de madera. Tenía las manos atadas al respaldo del banco. Eso explicaba la inmovilidad.
Le habían quitado las gafas. Por eso tardó casi medio minuto en enfocar a la persona que le había tirado aquel cubo de agua helada en la cara. Era un hombre muy alto totalmente imberbe, con nariz aguileña y el pelo rubio muy largo y enmarañado.
- Despierrta maldita sea – hablaba inglés con un profundo acento germano – No estás aquí para dorrmir.
- ¿Y para qué estoy aquí entonces? – preguntó Harry. Hacerse la víctima con aquellos cabrones no le serviría de nada.
- Mirra Weikath, el gafotas no tiene miedo – le dijo a su compañero, escondido en la penumbra.
- Pues esta temblando – este tenía menos acento.
- Sí que tengo miedo, tu amigo es demasiado feo – se estaba pasando, pero sin un plan medianamente eficaz, lo único que podía hacer era desquitarse con la agresión verbal.
- No te pases – el otro pirata surgió de entre las sombras. Y resultó ser la antítesis de su compañero. Tenía una larga y enmarañada barba rubia adornada con varias trenzas, y la cabeza afeitada.
- ¿Quiénes sois?
- ¿Tú que crrees? – preguntó Weikath socarrón.
- Ya sé "qué sois", sois piratas. Lo que quiero saber es "quiénes" sois.
- Si piensas que tenemos una especie de nombre estás muy equivocados. Somos ladrones. Asesinos. Marineros. Piratas, al fin y al cabo. No necesitamos un maldito nombre como "Los fantasmas de la medianoche" para que la gente se mee en los pantalones cuando se divisa nuestra bandera desde un puerto.
Harry se quedó sin palabras. Aquellos hombres no se andaban con tonterías.
- ¿Dónde está mi compañero? – preguntó entonces Harry, rebajando considerablemente su nivel de voz.
- ¿Te refierres al pelirrojo narrisotas? – se carcajeó Weikath – Está ahí – señaló vagamente a una esquina del compartimento – todavía no se ha desperrtado.
Joe estaba bien y además en la misma habitación. Eso lo tranquilizaba.
- ¿Para qué queréis a Devous?
- Esa es una buenísima prregunta – Weikath se giró hacia su compañero, se le notaba ligeramente irritado - ¿Tienes idea de que piensa haser el capitán con ese viejo chocho, Grosskopf?
- No tengo ni la más remota idea – contestó el otro con tranquilidad – Pero el capitán es un hombre inteligente. Sabe lo que le conviene. Y lo que le conviene es que nosotros estemos contentos.
- Ya perro... hemos recorrido medio oséano en busca de ese maldito pesquero ¿para qué exactamente?
- No lo sé Weikath. Y sinceramente me importa muy poco. Si Salgari quiere jugar con fuego, el sabrá. Si no nos gusta como acaba esto, lo abrimos en canal, y punto.
La serenidad con la que Grosskopf pronunciaba aquellas frases tan salvajes hacía que a Harry se le erizasen los pelos de la espalda.
- Se está hasiendo tarrde señorr Potter, deberría usted descansarr.
- No tengo sueño, gracias.
- No importa – contestó Grosskopf.
Y mientras miraba a aquel hombre de voz tranquila y alma podrida, Weikath, haciendo honor a su aspecto de buitre carroñero, le propinó el segundo golpe en la nuca en menos de un día.
El mundo se volvió negro y Harry se sumergió en una pesadilla que supuso casi un descanso a la frenética realidad.
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¡Arrr! ¡Bienvenidos intrépidos lobos de mar!
Lo primero, feliz año y esas cosas. Espero que os guste mi particular regalo de Navidad.
No tengo mucho que comentar del capítulo, sólo lo de siempre, que presiento que podría ser mejor. Pero si no voy publicando me eternizo. Y tampoco es cuestión. Espero hayáis quedado satisfechos con (esta es la definitiva) la explicación de la ruptura entre Ginny y Harry.
Como pequeño "bonus track", he estado buscando algunos actores/actrices que podrían interpretar a algunos de los nuevos personajes de este fic. Así que aquí van unos cuantos (me hubiera gustado poneros el link a unas imágenes muy majas que tengo... pero por alguna extraña conjunción del cosmos, ¡no puedo poner hipervínculos!):
Joe Carrick (Chris O'Dowd)
Violet Fiennes (Kathryn y Megan Prescott)
Diego Hernández (Leonardo Centeno)
Por supuesto, tenéis que entender que el color de ojos, de pelo, quizás el tono de piel no son como los describí. Así que ya sabéis, leer las descripciones y pintar a estos muchachotes con vuestra imaginación.
Nada más. No sé cuando volveré a actualizar, que comienzan los exámenes... aunque como escribir me relaja bastante, no creo que se retrase mucho. ¡A cuidarse zagales!
