Disclaimer: Que no, que no he vendido 400 millones de copias de ningún libro… bueno, ni uno siquiera.
Advertencia: fiesta, alcohol, insinuaciones… y de postre, sorpresón. Pero vamos, nada preocupante.
12. Sobre el amor y otros desastres
"Hannibal Hellmouth. Pirata. Nacido en 1843. Hijo de un marinero portugués y una mujer tunecina.
Documentación de más de 340 barcos saqueados. ¿Más?
Posibles muertes: 1902 en Bombay, asalto a un navío de la armada inglesa / 1916, naufragio en el atlántico cuando se dirigía a Madagascar / 1924 en Puerto Príncipe (Haití)"
Harry terminó de repasar por enésima vez en lo que iba de noche toda la información que había recopilado sobre Hannibal Hellmouth.
Desde que recibiera la misteriosa carta, Harry había dividido su tiempo libre en dos cosas: la primera había sido fingir delante de todos sus amigos y conocidos que Ginny y él volvía a estar juntos.
Eso había incluido la más incómoda de todas las cenas de Navidad que Harry recordaba en casa de los Weasley, con petición popular de beso incluida.
Cuando él y Ginny estaban acompañados, la cosa era bastante soportable. Apenas cruzaban unas palabras pues intentaban entablar conversación con otras personas. Aderezaban la situación con algún que otro cariño esporádico pero nada más. El problema es que cuando se quedaban sólos, Ginny volvía a su actitud pasivo-agresiva hacia Harry y a éste no le hacía ninguna gracia. Si estaban así, era por SU culpa.
El resto del tiempo lo empleaba en recopilar información acerca de Hannibal Hellmouth sin mucho éxito. Apenas algunas menciones a él en los libros de historia y sólo un par de reseñas en enciclopedias. De momento era todo lo que tenía y, teniendo en cuenta que se trataba de un fugitivo muerto hacía casi cien años, no estaba mal.
El asunto de la muerte de Hellmouth lo tenía escamado. Hasta tres versiones diferentes de cómo había acabado sus días el pirata. La más repetida era la del naufragio. Las otras dos, probablemente simples rumores. Pero Harry sabía, y mucho más ahora que su trabajo consistía en encontrar a magos que muchas veces estaban en paradero desconocido, que los rumores son verdades muy adornadas, pero verdades al fin y al cabo.
En cuanto a su trabajo en el ministerio, Violet, Joe y él habían conseguido varios casos. Ahora mismo andaban tras una red de tráfico de aparatos de tortura en Irlanda y hacía unos días que habían encontrado a un hombre acusado de matar a su mujer y a su amante con un Avada Kedavra.
Harry miró el reloj de su escritorio. Pasaban cuarenta minutos de la medianoche.
Pero sus ojos pasaron del reloj al periódico que descansaba a su lado. Era el profeta de ese día. No había podido leerlo pues había estado muy ocupado toda la mañana con unos informes y no se había vuelto a acordar de él.
No obstante, acababa de leer algo que le llamó la atención.
En una pequeña columna en la contraportada, dedicada a las noticias de sociedad, había una pequeña reseña sobre una cena benéfica.
"La Fundación Devous celebró ayer en la mansión de su fundador y presidente Julien Devous, una cena de gala para recaudar fondos. A la cena asistieron grandes personalidades del mundo mágico como el Ministro de Magia Kingsley Shackelbot, Seymour Harrington, el jefe de la División de Aurores o Minerva McGonnagall, directora del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. El destino de este dinero será la investigación para las enfermedades mágicas congénitas, muchas de las cuales aún hoy, siguen sin resolver.
Aunque se trató de una cena totalmente privada envuelta en las medidas de seguridad propias de un evento con tan ilustres invitados, Lollipop Karmatt, periodista de Corazón de Bruja, asegura haber conseguido fotos de la noche."
Tras la breve reseña, aparecía una foto con el pie "Una de las fotografías que Karmatt publicará próximamente, Devous y su hija reciben a los invitados."
En la fotografía se veía, efectivamente, a Julien Devous y un borrón en movimiento que Harry supuso que sería su hija.
Leer en el mismo artículo los nombres de Julien Devous y Lollipop Karmatt hizo a Harry evocar la popular frase "Dios los cría…"
Así que Devous seguía con su vida. Tan tranquilo. Sin remordimientos. Se permitía galas benéficas. Pues él haría lo mismo.
- Kreacher – le dijo al elfo – Me voy a la cama. Despiértame mañana a las 7 para prepararme. No quiero que Hermione me decapite y se manche las manos de sangre el día de su boda.
El elfo contestó con un curioso ronquido y Harry subió las escaleras muerto de risa.
Demasiadas horas de sueño más tarde.
- Llegas tarde – le recriminó Ginny.
Harry avanzaba a paso rápido intentando no mojar el pantalón de su frac con el agua que cubría el asfalto. Se había aparecido en un callejón a apenas una manzana de la casa de los señores Granger, donde Hermione estaba preparándose para la boda.
Frente a la puerta principal estaba aparcado el flamante nuevo Rover 45 que el señor Granger había comprado poco después de su regreso a Inglaterra y engalanado para la ocasión con alguna que otra guirnalda.
Ginny se encontraba acomodando algunas cosas en el maletero del coche cuando vio acercarse a Harry, jadeando y con paso rápido.
- ¿Hermione ya está lista? – preguntó el chico tras recuperar la respiración.
- No – contestó la pelirroja – pero es la novia la que puede llegar tarde. No el padrino.
Había veces que sentía un irrefrenable deseo de lanzarle una maldición.
- Dame un beso – dijo Ginny – Pero suavecito, no te emociones mucho.
- Ja, ja – sonrió Harry con sarcasmo y acto seguido le plantó un fugaz beso en la mejilla.
- ¿Has acabado Ginny? – Robert Granger asomó la cabeza, hasta que reparó en la presencia del chico - ¡Hola Harry! ¡Qué elegante vas!
- Hola señor Granger. Gracias – contestó Harry algo avergonzado. Llevaba un traje de chaqueta muy oscuro, a juego con los zapatos de charol, una camisa blanca y una corbata Burdeos que le había regalado Ron por Navidad para que estrenase en la boda. Había intentado peinarse pero su pelo se había resistido y había acabado por ir con su peinado de siempre, pero cubierto de gomina – Usted también va muy elegante.
- Yo no soy muy dado a estas cosas, pero ya sabes, no todos los días se casa tu única hija – sonrió el señor Granger – Además – dijo acercándose a Harry, como si no quisiera que nadie más que él lo oyese – a las mujeres les gustan los hombres trajeados ¿me entiendes, no? – y tras guiñarle un ojo, se carcajeó con su estilo característico.
- Ya he terminado Robert. Espero que no se arrugue mucho el vestido de Hermione… - habló Ginny, haciendo lo posible por recordar que ella también estaba allí.
- No te preocupes. Mimi está casi a punto. ¿Quieres subir Harry?
- ¿Eso no da mala suerte? – preguntó Harry levantando una ceja.
- Qué poco sabes de nada, cariño – comentó Ginny – Da mala suerte si la ve mi hermano. Tú eres el padrino, puedes verla antes de la boda… ¿o cómo pensabas llevarla al altar?
Cómo única contestación Harry simplemente sonrió y entró en la casa siguiendo al señor Granger. No quería reconocer que había estado varios días ensayando como acompañar a Hermione con los ojos completamente cerrados.
- Es aquí – dijo el hombre golpeando con los nudillos en la puerta de la habitación de Hermione – Mimi cariño, ha llegado Harry ¿puede pasar?
- ¡Espera un minuto! – contestó la chica desde el otro lado - ¡Y no me llames Mimi!
El señor Granger le dirigió a Harry una sonrisa divertida. Exactamente un minuto más tarde (Harry se sorprendió de la precisión de su amiga) se abrió la puerta.
El muchacho se quedó boquiabierto. Hermione lo miraba muy seria, con un precioso vestido blanco hielo de cuello de barco con mangas de encaje muy ceñido en las caderas y una cola muy corta pero con vuelo. Se había recogido el pelo en una suerte de moño desordenado que le daba un aspecto elegante pero a la vez muy juvenil.
- ¿Qué tal? – preguntó la chica expectante ante la mirada de su amigo.
- Diría que estás preciosa, pero creo que me quedaría muy corto – la halagó Harry con toda la sinceridad del mundo.
Hermione se ruborizó sin remedio y el señor Granger halagó el buen gusto de Harry para las mujeres, haciendo alusión a Ginny, que entraba entonces en la habitación.
- ¡No mires tanto hijo, que me la vas a desgastar! – comentó Robert Granger - Aunque con ese vestido, no puedo culparte...
Harry reparó entonces en Ginny. No es que no se hubiese dado cuenta de que estaba allí, obviamente. Sólo que hasta ahora no se había fijado. Simplemente estaba allí.
Llevaba un vestido de tirantes finos, color esmeralda, muy corto y ajustado y con un pequeño vuelo de tul a la altura de la falda. Su larga melena pelirroja estaba recogida en una coleta que descansaba sobre su hombro izquierdo. Estaba realmente arrebatadora.
- Ha sido un regalo mío papá – respondió Hermione poniéndose los zapatos cuando Ginny estaba a punto de hacerlo.
- Mimi cariño, en las bodas se les regala a los novios, no al revés – sentenció su padre sonriendo.
- Lo sé, pero quiero que todo sea perfecto. Y eso incluye que mis invitados y especialmente mi mejor amiga deslumbren – contestó la chica con la cara iluminada – Bueno, ya casi estoy. A ver, repaso. Algo viejo: el vestido.
- ¿El vestido es viejo? – preguntó Harry admirando aquella tela que brillaba como el primer día.
- Con este vestido Jane me dio el "sí quiero", así que tampoco puede decirse que sea "viejo" – aclaró el señor Granger mirando a su hija de reojo – Pero Mimi lo ha retocado un poco… "mágicamente" – añadió con picardía, como un niño que acaba de decir una palabrota.
- Eso es. Bueno, algo azul: la gargantilla – y se colocó en el cuello un precioso colgante de zafiro engarzado en oro blanco.
- Algo nuevo – continuó Ginny – la ropa – y le guiñó un ojo.
- Creí que había dicho que el vestido era viejo – se sorprendió Harry.
- Esa ropa no, cielo – respondió Ginny con picardía.
Harry tardó unos segundos en comprender, hasta que finalmente asintió con gravedad y desvió la mirada. Le incomodaba hablar de lencería femenina, y mucho más frente a su mejor amiga, el padre de esta (aunque a Robert Granger no pareció molestarle en absoluto) y su supuesta novia.
- Sólo me falta algo prestado… - concluyó Hermione.
- De eso me encargo yo – contestó Harry sintiéndose útil por una vez en mucho rato – Sabía que algo me sonaba de todo esto, así que te he traído una cosa.
Rebuscó en el bolsillo de su americana y lo sacó.
Allí estaba, el cromo de Dumbledore que Harry había encontrado en una rana de chocolate el primer día que, subidos en el expreso de Hogwarts, Ron, Hermione y él se habían conocido.
La chica comprendió al instante lo que aquello significaba.
Aquel cromo era el principio de todo. El principio de más de diez años de amistad. De aventuras, de risas, de lágrimas. El principio de la historia que Ron y ella habían escrito junto a Harry.
A Hermione se le empañaron los ojos.
- Es precioso Harry – y lo abrazó.
- Hermione no llores, que estás muy guapa con ese maquillaje y te lo vas a estropear – dijo Harry con un nudo en la garganta aguantándose él también las ganas de llorar.
- ¿Nos vamos entonces? – Ginny se había levantado y se dirigía hacia la puerta – Yo no tengo prisa, pero mi hermano puede morir de un infarto si tardamos un poco más.
- Bien, vamos – concedió Hermione, y se agarró del brazo de Harry, que acompañó a la flamante novia hacia el coche que los esperaba fuera.
La ceremonia se celebraba en un castillo gótico del siglo XIII a las afueras de Londres. Hermione no quería una boda tradicional mágica, pero tampoco quería casarse en una celebración propiamente muggle dada su condición, la de Ron y la de la mayoría de sus amigos.
Así que fue una boda mágica en un castillo algo tétrico pero en el que todos los invitados (excepto los magos más ancianos, como la inmortal tía Muriel) vestían ropas muggles.
Cuando el señor Granger frenó bruscamente al principio del camino enlosado que serpenteaba por la loma donde el castillo había sido construido, ya llevaban doce minutos de retraso.
El camino hasta el recibidor del castillo, dónde se celebraría la ceremonia, les costó aún otros diez, pues Hermione no podía ir más deprisa. Además, Ginny insistía en que lo mejor era darle intriga al asunto.
Los invitados los recibieron con un caluroso aplauso cuando al fin atravesaron el arco de piedra que daba entrada a la amplia sala abovedada dónde ya estaban dispuestas las hileras de bancos y Ron esperaba impaciente al final de una alfombra color crema.
Su amigo respiró aliviado. Harry sabía que no dudaba en absoluto de su novia. Pero no sería la primera mujer en cambiar de opinión de manera inesperada e inexplicable.
Con todas las miradas puestas en su amiga, y algunas en él, Harry acompañó a Hermione con solemnidad hasta el pequeño altar dónde los esperaban Ron y el mago que oficiaría la ceremonia.
Ron los recibió con una mirada cómplice y acaricio la mano de Hermione con ternura.
Y comenzó la ceremonia.
- No he estado tan nervioso en toda mi vida.
No era Ron el que hablaba, sino Harry, que comentaba con Diego como había preparado concienzudamente con Ron sus responsabilidades como padrino, pero en el último momento le había entrado el pánico y no recordaba muy bien cuándo tenía que hacer qué.
Por eso, cuando finalmente sus amigos pronunciaron el "sí quiero" y se besaron entre aplausos y gritos de júbilo, él respiró tranquilo.
- ¡Pues ahora relájate y a disfrutar! – le aconsejó Diego mientras tomaba un sorbo de su cerveza de mantequilla.
- Eso haré – Harry imitó a su amigo – Por cierto, ¿Julia no ha venido?
- No – contestó el chico – No se sentía muy cómoda acudiendo. Llevamos poco tiempo saliendo y apenas os conoce. Además, tenía asuntos familiares.
- Bueno, no pasa nada – lo consoló Harry al percatarse de que Diego la echaba de menos - ¿Sabes? Tengo ganas de conocerla. Para ser tu novia apenas si la he visto.
- También es amiga de Ginny – añadió Diego.
- ¿Y? – preguntó el chico sin entender.
- Pues que como ahora estáis juntos otra vez… Por cierto, no me has contado como es que ahora salís de nuevo ¿ha pasado algo?
- ¿Qué? – Harry se estaba poniendo casi tan nervioso como en la ceremonia – No, es… ¿no te lo he contado? Pues, es que, no hay nada que cont… ¡Oh, me encanta esta canción! – y se largó pitando a la pista de baile dejando a Diego aturdido.
Ron y Hermione habían contratado a una orquesta de magos (y con orquesta hablamos de sólo cinco) que tocaban éxitos tanto muggles como los que surcaban la Red de Ondas Hechizantes. Para ello disponían de unos instrumentos que, según el hechizo que se les aplicase, sonaban de una manera u otra. De manera que Harry comprobó sorprendido como el mismo mago, un chico joven con el pelo largo y rubio y las orejas perforadas, tocaba con el mismo instrumento la guitarra acústica, la eléctrica, el violín y el ukelele.
Y ahora mismo, la banda comenzaba a inundar de funky la carpa que habían instalado en el prado junto al castillo (y que se mantenía cálida gracias a la magia a pesar del frío polar que se respiraba en el exterior) con los primeros acordes del Canned heat de Jamiroquai.
You know this boogie is for real…
Entonces aparecieron Ron y Hermione, esta ya cambiada con un vestido corto de lentejuelas azules, a juego con su colgante, preparados para su primer baile como marido y mujer. Habían elegido aquella canción por dos razones: la primera es que como aquella no era una boda típica en ninguno de los dos mundos, ni el mágico ni el muggle, tampoco iban a bailar el típico vals. La segunda y quizás las más importante, es que Hermione adoraba esa canción y Ron aseguraba que prefería bailar algo más animado antes que destrozar una canción más seria con sus tropezones.
Y así empezó una de las mejores noches que Harry recordaba en muchos años.
Había vuelto con Diego, que parecía haber olvidado la conversación que habían mantenido antes anonadado por la coreografía que los recién casados habían preparado.
Mientras Faith de George Michael, levantaba a muchos de los asistentes a la pista de baile, Harry echó un vistazo a la multitud.
Aunque el muchacho no conocía a la mayoría de la gente, supo reconocer a los tres grandes grupos que componían a los invitados:
La familia Weasley, con sus cabezas pelirrojas cabezas alocadas marchando de un lado para otro.
La familia Granger, en su mayoría muggles estupefactos ante todas aquellas demostraciones de magia gratuita que más de uno apenas hubiese imaginado que venían de la estudiosa y responsable Hermione.
Y, por supuesto los compañeros y profesores de Hogwarts que Ron y Hermione habían invitado al enlace.
Neville y Hannah (Harry sonrió al recordar el episodio en El Caldero Chorreante) charlaban animadamente con Susan Bones, Justin Finch-Fletchley y Ernie McMillan, compañeros de casa de esta última y con Terry Boot y Padma Patil los únicos Ravenclaw a parte de Luna que habían asistido.
Seamus Finnigan y Dean Thomas hacían lo propio con Parvati, la otra gemela Patil, y Lavender Brown, aunque su intención parecía más la de emborracharlas que la de hablar con ellas.
Baby, I know you're asking me to stay, say please, please, please, don't go away...
Por su parte, los profesores estaban sentados en una pequeña mesa al fondo de la carpa. La directora de Hogwarts, Minerva McGonnagall, lanzaba de vez en cuando miradas reprobatorias a sus antiguos alumnos, dominada por ese espíritu de disciplina maternal.
A su lado, Horace Slughorn daba cuenta de su séptima copa de whiskey de fuego, y ahora resoplaba quejándose del ardor que este había dejado en su garganta.
Para Hagrid, que había estado a punto de asfixiar a los recién casados al abrazarlos tras la ceremonia, las copas de contaban ya por decenas pues nadie había tenido en consideración que él necesitaba un vaso al menos del tamaño de una botella para satisfacer sus necesidades.
Septima Vector, profesora de Aritmancia también había asistido al enlace. Era una mujer seria, eso Harry lo sabía, pero verla rodeada de gente ebria (tanto de alcohol como de euforia) con su expresión calmada e inescrutable le producía escalofríos.
En el centro de la pista, George Weasley bailaba con su cuñada Fleur Delacour, Bill con su hermana pequeña y Luna Lovegood y Angelina Johnson parecían estar compitiendo por cuál de las dos realizaba el paso más extravagante, mientras el, ahora oficial, novio de la primera las observaba a una distancia prudente.
Acabó la canción y, sólo tres acordes de guitarra más tarde, Harry notó como su tímpano se resquebrajaba. La culpa era de Diego, que había reconocido el I can't stop thinkin' 'bout u de Iron Spoon y se alejaba dando botes y cantando como un auténtico demente hacia la pista de baile.
Parte de la gente que ya estaba allí también se había emocionado al reconocer el archiconocido tema del grupo de magos rockeros.
Kiss me this night, just this night, 'cause I can't stop thinkin' 'bout u...
Harry cogió otra cerveza de mantequilla y se dispuso a disfrutar de la "actuación" de sus amigos. George daba manotazos concentrado en su batería imaginaria. Angelina y Ginny agitaban la melena en el aire y un recién incorporado Ron punteaba en el aire como si tocara la guitarra eléctrica.
- Hola Harry – Luna se había acercado con tanto sigilo que el chico casi se muere del susto - ¿Qué tal?
- Hola Luna – contestó cuando comprobó que su corazón seguía latiendo – Bien, aquí, disfrutando de la fiesta. Antes no he podido saludarte, ya sabes, deberes de padrino – se excusó Harry.
- No te preocupes. Vas muy guapo – comentó la chica con tranquilidad.
- Gracias, tu también – era verdad. Luna llevaba un vestido largo de color magenta de escote halter y un broche que representada un mapache haciendo malabares, muy a su estilo.
- Gracias – sonrió su amiga – Mira, te presento a Rolf. Rolf, este es Harry Potter.
Harry no se había equivocado. Aquel hombre alto y delgado de nariz afilada, gafas diminutas, tupé y esmoquin verde oliva no era otro que Rolf Scamander.
Rolf le tendió la mano solemnemente y Harry la estrechó. Para estar tan enjuto, tenía mucha fuerza, pensó el muchacho.
- Encantado de conocerle señor Potter – Rolf tenía una voz atercipelada que inspiraba serenidad.
- Lo mismo digo, señor Scamander – contestó el chico con la misma seriedad, tratando de aguantarse la risa.
El momento se vio interrumpido por un improperio que voló desde la pista de baile hasta el último rincón de la carpa.
George se escondía tras Angelina mientras su hermana trataba de alcanzarle la cabeza con los puños.
Al parecer, o eso comentaban los invitados minutos después de que Ginny consiguiera tranquilizarse, en pleno frenesí musical el gemelo y ella se habían enzarzado en un baile algo salvaje que había terminado con un resbalón de George. Éste, tratando de no caer, se había agarrado al vestido la de chica y el tirante izquierdo no había soportado el estirón.
La noche continuó con más música y más fiesta. Harry se turnaba entre charlar con sus antiguos compañeros (a algunos, como las gemelas Patil, llevaba sin verlos prácticamente desde su salida de Hogwarts), conocer a las respectivas familias de sus amigos (en especial los primos y tíos de Hermione, puesto que ya conocía a la mayoría de los Weasley) y disfrutar un poco de algunas de las canciones que la banda tocaba.
- Ever fallen in love with someone, ever fallen in love, in love with someone, ever fallen in love... – cantaba Harry mientras aquellos virtuosos de los instrumentos cambiantes emulaban a los Buzzcocks.
Hasta que terminó la canción. Y empezó una lenta. Muy lenta.
Si Harry conocía a Hermione tan bien como creía, aquello debía ser More than I can bear de Matt Bianco.
Efectivamente, Harry no tardó en encontrar a sus amigos abrazados y meciéndose al ritmo de la música.
- La primera vez que escuché esta canción, me pareció una auténtica basura – Ginny se acercó por detrás y lo abrazó – No te hagas ilusiones, mi madre dice que llevamos toda la noche sin hablarnos y creo que se huele algo. A ver si consigo que cambie de opinión.
Harry no se había emocionado. En absoluto. Simplemente no había podido evitar sentir como se le llenaba el estómago de mariposas.
- Te apetece un bailecito agarrado – preguntó Ginny dándole la vuelta y colocándole los brazos alrededor del cuello.
- ¿Puedo negarme? – preguntó Harry mientras dejaba sus manos en las caderas de la chica.
- Obviamente, no. A no ser que quieras que la gente empiece a sospechar.
- No hables como si traficasemos con droga Ginny – se quejó Harry mirándola fijamente a los ojos, aunque apartó la mirada rápidamente al sentir otra vez aquel cosquilleo en la tripa – Me da igual que sospechen. Nos queda poco tiempo que fingir.
- Ciertamente – Ginny apoyó la cabeza en el hombro de Harry y el chico respiró hondo. Aquello empezaba a superarlo.
Por suerte para él, la canción terminó tan sólo un minuto después.
Ginny se separó de él como si le hubiera dado una descarga y se dio la vuelta.
- Ginny… - comenzó Harry.
- ¿Qué? – preguntó con sequedad. Tenía las mejillas coloradas y parecía molesta con algo. ¿A qué coño venía eso ahora?
- Nada. Simplemente que deberías arreglar el tirante. Vas enseñando el sujetador – contestó Harry. En otra circunstancia lo habría hecho con más tacto, pero su tono reflejó más enfado que otra cosa.
- Joder. Ya es el tercer reparo que le hago y sigue deshilachándose. Voy a buscar a Luna.
Y desapareció entre la multitud de invitados que ahora bailaban el You make me feel like crème caramel de la bruja estrella del pop Allison Stardust.
Demasiadas horas sin dormir después.
Harry estaba sentado en una mesa, cuyo mantel había conocido tiempos mejores, apurando una botella de whiskey de fuego.
Apenas quedaban una treintena de invitados, los más jóvenes y los que iban lo suficientemente bebidos como para no importarle los achaques de la edad. Ron y Hermione ya se había retirado a disfrutar de su noche de bodas.
Cuando apareció Ginny.
- Veo que has solucionado el problema de tu vestido – comentó Harry, al percartase de que el tirante de Ginny volvía a estar en su sitio.
La chica debió entonces de explicarle cómo lo había hecho. Pero Harry no prestó atención. Estaba demasiado ocupado contemplándola a ella.
No estaba muy borracho. No todavía. Simplemente había llegado a ese punto en el que el alcohol te hace sentir en una burbuja y tu mente selecciona aleatoriamente los detalles que quiere que analices.
Y ahora, su mente estaba fija en los labios de Ginny, que se movían dibujando palabras que Harry no llegaba a entender.
- ¿Me estás escuchando? – preguntó entonces la chica. Aquello si que lo había oído – Bueno, es igual. ¿Qué haces aquí solo? Creía que estarías allí, desfogándote con los otros machos de la manada.
Ginny señaló al centro de la pista, dónde Diego daba volteretas, George señalaba al cielo con la corbata anudada en la cabeza y Dean Thomas y Seamus Finnigan se empujaban como si estuviesen en un concierto de punk.
- Me duelen los pies – explicó el chico – Además, creo que tanta fiesta me está pasando factura.
- Es que te haces mayor – sentenció Ginny con una sonrisa.
- Sólo soy un año mayor que tú.
- Pero eres auror, en tu trabajo los años pasan más rápido – razonó la chica medio bromeando.
- Será. ¿Tú no estabas enfadada conmigo? – preguntó Harry recordando el momento del baile agarrado.
- No puedo enfadarme con mi compinche – Ginny lo miró con sorna. Al menos al principio. Harry pensó que podía ser cosa de la bebida, pero juraría que ahora lo miraba con… ¿ternura? – A veces soy un poco estúpida. Ya me conoces.
- Tengo ganas de acabar con todo esto – Harry llevaba toda la noche deseando decirlo.
- Yo también – contestó Ginny, aunque no parecía muy convencida – Siento… siento haberte metido en todo esto Harry.
Aquel comentario no sorprendió en absoluto a Harry. Ginny podía ser temperamental y apasionada, pero ante todo era una buena persona, y sabía disculparse cuando era necesario. Incluso ahora.
- No sé que contestar a eso – Harry intentó ser lo más sincero que pudo.
- Da igual – respondió la chica – sólo quería que lo supieses.
El ritmo de una nueva canción interrumpió el incómodo silencio. El cantante de la banda se aclaró la garganta y profirió un grito agudo que se le clavó a Harry en los oídos. Of love and other disasters, de la banda de Glam-rock mágico The Black Cats. Conocía aquella canción y, para que mentir, le gustaba. Así que empezó a tamborilear con los dedos en la mesa y a canturrear.
Love it's not a feeling it's a fucking disaster. Like a bullet in your head from a golden gun gangster...
- Cuanta razón tiene la canción – comentó Ginny que había sonreído con la letra – El amor es un maldito desastre…
- No dice "maldito" – contestó Harry levantando una ceja.
- Lo sé, pero soy una señorita y no digo esas cosas.
- Claro - Harry se rió de buena gana y se sirvió otra copa - ¿Quieres? – ofreció a la chica.
- Por supuesto, ¿por quién me has tomado?
Y, poco a poco, conforme la madrugada avanzaba y la botella iba vaciándose, el resto de los invitados que aún se tenían en pie se les fueron uniendo, hasta que la luz del alba les indicó que quizás, sólo quizás, era hora de volver a casa. O por lo menos, de dormir en algún sitio.
¡Extra, extra!
- Así que no se puede decir que su elección fuera muy correcta. Pero así, al menos, pudo desviar la atención del penoso partido de los Cannons hacia ella.
Lollipop Karmatt terminó de dictar el artículo sobre presencia de la novia de Oliver Wood, guardián de los Chudley Cannons, en el último partido de éstos a su máquina de escribir mágica.
El pergamino, con la tinta todavía fresca, se dobló en el aire con un movimiento de varita del periodista y marchó volando hacia el buzón de entrada del editor de Corazón de Bruja.
Era ya de madrugada y Karmatt se encontraba sólo en la redacción, terminando de dar las últimas pinceladas a sus artículos. Le había costado afinar en aquel último: quería ser ácido, pero se le acumulaban las denuncias por calumnias y difamaciones.
No obstante, estaba contento con el resultado. Había que ser polémico si se quería conseguir un nombre. La gente que no arriesga, que no se salta alguna norma ética o moral, no triunfa.
Con esta retahíla de pensamientos narcisistas Lollipop Karmatt comenzó a recoger sus cosas. Cuando de pronto, escuchó un ruido en la puerta de la redacción. El ascensor acababa de abrirse.
Karmatt pensó que debían de ser los elfos que se ocupaban de la limpieza. Pero ¿por qué iban a usar los elfos el ascensor pudiendo aparecerse? Seguramente no serían los elfos. Sería alguno de sus compañeros. Algún fotógrafo que había olvidado un carrete.
Pero la puerta se abrió y el periodista no reconoció a ninguno de sus compañeros. De hecho, le costó distinguir en la penumbra a la figura encapuchada que avanzaba a trompicones hacia su despacho.
Karmatt se quedó quieto, muy quieto, mientras aquel ser giró el pomo de la puerta y entró, con un zumbido envolviéndole. Agarró su varita y le apuntó.
- ¿Quién..? ¿quién eres? – preguntó con la voz temblorosa.
La capucha se irguió un poco y Karmatt pudo apreciar un extraño brillo multicolor que parecía salir de bajo la túnica.
El desconocido no pronunció ninguna palabra.
Pero de pronto, la máquina de escribir mágica de Karmmat comenzó a funcionar, con un chac, chac, chac intermitente.
El periodista se acercó al escritorio y cogió el escrito cuando la máquina anunció con un cling que había terminado.
"¿Eres Ludwig Von Karmatt?" leyó.
Miró de nuevo al desconocido, sorprendido. ¿Cómo había echo aquello? Aquella máquina era un invento suyo. Sólo el conocía el hechizo que permitía usarla.
- Si, soy yo ¿y tú eres? – preguntó Karmatt cada vez más asustado.
La máquina volvió a teclear.
"Estoy buscando a alguien. Julien Devous. Quiero saber dónde vive."
- Lo siento mucho señor… desconocido, pero me temo que el paradero de la residencia del señor Devous sólo la conoce él. Bueno, él y su hija – contestó el periodista.
Chac, chac, chac.
"¿Entonces no es usted el periodista que alardea de esas exclusivas fotos de la fiesta privada de Devous en su mansión?"
Ego de Karmatt, uno. Seguridad de Karmatt, cero.
- Vaya, parece que está usted muy bien informado – estaba empezando a sudar.
"Dispongo de buenos informadores. Y ahora dígame dónde vive Devous."
- Pues verá, no sé si puedo darle esa información señor… ¿no me ha dicho su nombre verdad? – Karmatt intentaba desviarlo del tema. Aquel "lo que fuera" no le gustaba un pelo. Puede que fuese un sicario. O peor aún, un entrevistador que quisiese robarle alguna exclusiva.
"¿Nombre?" escribió la máquina "Sí. Creo que una vez tuve un nombre."
Y, horrorizado, Karmatt contempló como el desconocido se quitaba la túnica, dejando a la vista un cuerpo carbonizado surcado de enorme grietas, que brillaban como si por las venas de aquel hombre corriesen miles de luciérnagas arcoiris. El hombre abrió la boca, o lo que le quedaba de ella y emitió un zumbido escalofriante.
La máquina volvió a funcionar y Karmatt leyó la nota.
"Enrico Salgari, así me llamaban."
¡Viva los novios!
Disculpadme hipotéticos lectores, me meto demasiado en la historia.
He de decir, que hacía mucho que no disfrutaba tanto escribiendo un capítulo. Este capítulo lo tiene todo: cursilerías, fiestas, música, intriga… soy un hacha, coño.
Bueno, varios comentarios antes de despedirme de vosotros hasta el próximo capítulo:
1. Espero haber captado esa sensación de buen rollo que se respira en las grandes fiestas.
2. Gracias a Laura, que me revisa el capítulo antes de que sea publicado para minimizar los errores y además me asesora en temas de chicas... ya sabéis, tecnicismos de ropa y tal ¿o pensáis que yo sé lo que es un escote halter? (un escote halter, para ahorraros la búsqueda, es cuando los tirantes se cruzan detrás del cuello).
3. Para los melómanos como un servidor, adjunto las canciones de la boda (las que existen, claro):
Jamiroquai – Canned heat
The Buzzcocks – Ever fallen in love with someone (you shouldn't've)
George Michael - Faith
Matt Bianco – More than I can bear
4. Iron Spoon, Allison Stardust y The Black Cats son invenciones mías. Si alguno conocéis algún grupo real con ese nombre, decídmelo, nunca está de más echarle un ojo.
5. Este es el peinado de Hermione: parasaber.com/estilo/bodas/la-novia/peinado/fotogaleria/peinados-novia-propuestas-estar-perfecta-gran-dia/34793/
6. Mi gran amigo Allwen me hizo un apunte interesante: la cronología que puse en el capítulo 9 no era muy clara, así que pongo aquí la nueva, con la trama de los flashbacks desarrollados.
Junio 1998 – Batalla de Hogwarts.
Agosto 1998 – Ron y Hermione regresan de Australia.
Septiembre 1998 – Regreso a Hogwarts y presentación de Diego.
Octubre 1998 – Diego se declara a Ginny en la cena de Halloween.
Diciembre 1998 – Harry se disculpa con Diego.
Diciembre 1998 – Harry y Ginny se reconcilian.
Junio 1999 – Harry y Ginny vuelven a discutir y lo dejan definitivamente.
Junio 1999 – Ginny sufre un aborto en mitad de la noche.
Septiembre 1999 – Harry entra a estudiar a la escuela de aurores.
Diciembre 2002 – Cena de Navidad en casa de los Weasley. Ginny aparece con Henry Towers.
Agosto 2003 – Conversación entre Harry y Neville
Noviembre 2003 – Comienzo de esta historia.
Enero 2004 – Boda de Ron y Hermione.
Nada más chumachos, cuidaos mucho. Y recordad… la verdad está ahí fuera. L.F.
