Nurf: Aquí está el próximo! Ahh Blaise tiene un no se qué… es que los rumores siempre dan problemas ^^ Espero que este capítulo también te guste!.
Adarae: ¡Definitivamente el colegio salió perdiendo cuando ellos dejaron de estudiar alli!
Kari dark heaven: Gracias por tus palabras ^^ estoy de acuerdo contigo, no me gusta que dejen de ser quienes son porque a fin de cuentas es lo que nos gusta de cada uno ¿No? El personaje en sí es muy importante y yo trato de hacerlo lo más parecido posible a sus personalidades dentro de lo que puedo.
Sailor mercuri o neptune: Gracias otra vez! En serio me alegra que te guste porque es genial poder compartirlo.
BlueJoy: Miles de gracias! Obvio con palabras así dan ganas de seguir escribiendo!
Nagini27: Gracias y espero que el final también te encante.
Hekate ama: Gracias! Bueno, primero lee y así responderé a tu pregunta sobre los efectos secudarios y sobre Ron! ;) jajaja Es que Zabinni es único!
Gracias a todos por leer y comentar, por compartir vuestras ideas del fic.
Y ¿Qué decis? ¿Epílogo sí o no?
Besos y Saludos
AJ
Disclamer: El mundo de magia de Harry Potter es de JK R. Yo solo los pido prestado para escribir.
Decisiones
Cuando pasó todo y la tempestad remitió, ambos estaban sobre la enorme cama deshecha. Las piernas de Malfoy enredadas entre las sábanas de seda y las de Hermione en las de él. En realidad, pensó Draco mientras tumbado boca arriba intentaba recuperar el ritmo de su respiración, ella era como una enredadera a su alrededor, adherida a él con brazos y piernas. Aquello era algo que siempre había odiado. Esa necesidad que parecían tener las chicas de besuquearte y acariciarte después de hacerlo, era molesto. Aunque aún era bastante peor cuando esperaban que él devolviera el gesto... Absurdo según su opinión, una pérdida de tiempo porque no volvían a su cama después ¿Para qué darles alas? Era mejor que sutilmente entendieran que aquello era algo físico. Draco Malfoy no perdía el tiempo en tonterías como aquellas.
Ella se removió y besó su cuello, tocándole el pecho con sus dedos en una leve caricia, un pequeño pie ascendió por su gemelo un par de veces antes de atravesarse sobre sus piernas. Pudo sentir el muslo de la castaña encima de los suyos y de forma inconsciente lo rozó con las yemas de sus dedos, dibujando círculos sobre su tersa piel. Ella volvió a besarle y casi sin darse cuenta Draco giró la cabeza para buscar su boca en un beso suave en el que apenas frotaron sus labios, la atrajo hacia sí usando el brazo con el que rodeaba sus hombros y ya que estaba por ahí, acarició distraídamente su espalda.
No, Draco no pensaba caer en esos tópicos del "después" Reconocía que quería a Granger en su cama otra vez, más veces, todos los días quizás, durante mucho mucho tiempo porque algo en lo más profundo de él le decía que no iba a cansarse de ella nunca. Por Salazar eso había sonado horrible hasta en su cabeza, que conmovedor… Puag, estaba volviéndose tan patético como Weasley. Acarició su pelo y ella suspiró. No quería ni pensar en lo que había al otro lado de aquellas puertas, ¡Era un mortífago! ¡En una misión!... Una que había olvidado por completo, vaya inversión que había hecho el Lord Tenebroso con él, resultaba asqueroso pensar que se había convertido en un tierno cachorro cuando hacía unos días tenía en sus manos el poder. Que ridículo, se dijo en un arrebato de sinceridad, poder y una mierda, era el esclavo de un mago oscuro que encima era mestizo y que había vuelto de la muerte casi a trozos y oliendo a viejo. Se encogió mentalmente de hombros, prefería a Granger sin lugar a dudas, si tenía que comportarse como un cautivo servil, ella al menos tenía buenas curvas. Sonrió ante su ocurrencia y volvió a besarla mientras seguía acariciando su muslo y su cadera.
— ¿Draco? — Susurró ella sobre su piel aún con su rostro hundido en su cuello.
— ¿Hermione?
Ella sintió la sonrisa en su voz y no pudo evitar sonreír en respuesta. Aquello era surrealista. Si alguien le hubiera dicho aquella mañana que al caer la noche estaría en una cama en la Sala de los Menesteres con Draco Malfoy, tras pasar las horas más increíbles de su vida, le hubiera dado un buen repaso acerca de todos los motivos por los que aquello era imposible y después se hubiera reído a mandíbula batiente con Harry y Ron sobre la horrible ocurrencia. Sin embargo ahí estaba, abrazada al Slytherin y sin ánimo alguno de soltarle. Seguía siendo un déspota y un idiota si, aquello no parecía que fuera a cambiar al menos en un futuro próximo, pero ella había descubierto algo más, algo que no podría explicar con palabras, solo estaba ahí. El deseo físico y la necesidad habían ido cambiando poco a poco y la última vez que lo habían hecho fue revelador. Habían entrelazado sus manos mientras se besaban, unidos y satisfechos, solo llevados por el suave movimiento de sus caderas. Se habían mirado a los ojos en todo momento, dejando sus almas al descubierto, los gemidos y los gritos ya solo fueron susurros y suspiros mientras el clímax los encontró de forma suave, se estremecieron juntos, deleitándose con los temblores del otro, bebiendo sus sonidos, calmándose mutuamente. No habían hablado desde entonces, pero no hacía falta. ¿Qué podían decir? Daba miedo solo pensar en todo lo que había pasado en menos de veinticuatro horas. Hermione era sincera consigo misma y consecuente con sus actos. Empezó aquello creyendo que estaba enamorada de Ron, esperando vivir aquella aventura con su amigo pelirrojo pero había necesitado que esto pasara para ver que tan equivocada había estado.
Quería a Ronald, claro que sí. Pero lo quería del modo en que adoraba a Harry. Tal vez el hecho de que Ron fuera tan posesivo y pareciera consumirse de celos cuando algún chico… Krum más concretamente, le hacía caso a ella, había inclinado la balanza a su favor. Era un cariño sincero, suave y fácil. Ronald era un buen chico, valiente cuando no pensaba demasiado, listo a su manera, leal y cariñoso. Tímido y algo fantasma pero un gran amigo, de los que siempre están detrás de ti para evitar que caigas. Estar con él era algo lógico, fácil, proveía un futuro satisfactorio y sencillo. Pero entonces algo había ido mal y Draco había entrado como un huracán en su vida y en sus planes, azotando todo lo que ella daba por hecho y enseñándole que había mucho más. Él era todo lo contrario. Draco no era valiente. En realidad no era el cobarde que ella siempre había creído, pero era egoísta y ladino, capaz de vender su alma por seguir sobreviviendo. Era un vanidoso, desvergonzado y caprichoso. Pero a ella, pese a todo aquello la pidió disculpas cuando creyó que le había hecho daño. Le dijo muchas cosas o al menos intentó balbucearlas cuando la vio enfadada y ahora acariciaba su cuerpo y la besaba con ternura aunque seguramente no se diera cuenta de lo que estaba haciendo. Draco era contradictorio, un mortífago, lo sabía porque el brazo con que la rodeaba estaba tatuado con la marca tenebrosa, él no se lo ocultó y cuando Hermione lo había visto se quedó quieto, esperando su rechazo o que ella lo empujara lejos. Y si, la castaña había sentido ese impulso porque él representaba todo aquello contra lo que ella luchaba, pero se dio cuenta de que también ella era la antítesis de lo que él siempre había proclamado y sin embargo allí estaba, besando su cuerpo con reverencia, agasajándola no con palabras si no con hechos a ella, Hermione Granger, una hija de muggles con la sangre sucia. Así que no le empujo, le abrazó con fuerza, temerosa de saber qué motivos le habían llevado a formar parte de ese mundo de oscuridad del que, ahora estaba segura, no quería formar parte y aquel abrazo había hecho gemir a Draco y clavarse en ella temblando. Había hundido su cara en el hueco de su hombro y Hermione juraría que sintió la humedad de sus lágrimas en la piel. Pero cuando volvió a mirarle sus ojos estaban límpidos e insondables como siempre, aunque ya no eran fríos si no ardientes y posesivos cuando se clavaban en ella. Sí, nada con él sería fácil, si decidían seguir manteniendo aquella extraña relación una vez todo el encantamiento desapareciera no sabía como podrían hacerlo. Una guerra se cernía sobre ellos, cada día más cerca, esperando el momento de estallar y cada uno estaba en un bando distinto. Con él no habría nada sencillo y relajado, nada de la comodidad que podría encontrar con Ron… Pero Hermione había descubierto ese día que no quería un futuro predecible, no quería ser madre, esposa y amiga. Quería ser amante, esposa y enemiga. Quería discutir, quería sentir aquella mezcla de sensaciones que Draco le provocaba, quería esa montaña rusa emocional que hacía que se sintiera viva. Porque Malfoy conseguía que ella le odiar y al minuto siguiente quisiera devorar su boca hasta hacerle perder el control. Hacía que su sangre bullera y que se calmara de igual modo. Pura intensidad, fuego y hielo.
— ¿Qué va a pasar ahora?
Era una pregunta que atormentaba a los dos.
Él suspiró.
— ¿Qué más puede pasar? Me has condenado — Ella se tensó pero Draco siguió acariciándola y la pegó a su cuerpo — soy un traidor a la sangre — dijo sin sentimiento alguno en su voz.
Lo cierto era que a Draco le importaba una mierda ahora todos aquellos valores que defendían la pureza. Obviamente estaba seguro de que él era mejor que los demás, de eso no había duda. Su sangre era la más pura del mundo mágico y aquello era indiscutible. Los demás estaban por debajo de su estatus… pero le importaba poco que aguaran su sangre porque él seguiría siendo mejor que todos y al final era lo importante. Ahora bien, no quería que le mataran, eso no entraba en sus planes de un futuro probable así que estaba en problemas porque si no cumplía su misión, si se enteraba el Lord de todo esto… era hombre muerto.
— Nadie lo sabe, Draco.
Él soltó una bronca carcajada
— Todo el colegio lo sabe, Hermione. Aunque a saber qué es exactamente lo que saben, pero ¿Qué quieres hacer? Leona como eres supongo que enfrentarte al mundo ¿Verdad? ¿Saldrías por esa puerta dispuesta a luchar?
— Si eso es lo que quieres, Draco… sí, lucharía. Pero me temo que esta es tu elección y no la mía.
— ¿Mi elección? — Dijo con brutal ironía — ¿Acaso tengo elección?
— Siempre la hay.
— Yo no quise la marca — Hermione se quedó callada, esperando que continuara — Mi padre falló al Lord y como forma de solventar la afrenta decidió que me daría la oportunidad a mí de limpiar nuestro apellido — hablaba con asco y furia — Lo cierto es que solo fue la forma de castigar a mi padre por el error. Invadió mi casa usándola como lugar de reunión, como si fuera el amo y el señor del lugar, un mestizo de mierda.
Hermione obvió el modo en que llamó mestizo a Voldemort, intentando no ofenderse por lo que sabía él sentía hacia los "seres inferiores como ella"
— Te obligaron…
— Por supuesto. ¿Dónde estaba allí la elección? Ni siquiera me pidieron opinión, pero yo sabía de sobra ¿Mortífago o morir? Yo no sé tú, pero no tengo madera de mártir Hermione. Si seguir con vida significaba tatuarme el brazo — Se encogió de hombros — Además mi madre también corre peligro y yo… — Su voz se quebró y Hermione acarició su pecho consolándole sin palabras. La quería, estaba claro.
— Lo entiendo.
— Hay más, mucho más… Me entrenaron durante el verano — dijo con voz grave — Mi tía Bellatrix se encargó de mi pese a las quejas de mi madre que alegaba que yo era solo un niño — Arrugó el ceño — aquello hirió mi orgullo, debo reconocerlo. Me dediqué en cuerpo y alma a ser el mejor — Se removió incómodo — No parece algo de lo que estar muy orgulloso ¿Verdad? Pero si era mi destino al menos…
Hermione comprendía, era un superviviente, estaba más que claro.
— Luego llegó la misión
Hermione se tensó
— ¿La misión?
— Si — el silencio cayó sobre ellos durante lo que fueron minutos — No puedo hacerlo Hermione.
La castaña sintió que se le encogía el pecho ante el dolor que vislumbró bajo sus temblorosas palabras. El la abrazó con fuerza y ella se apretó a su cuerpo dándole su calor, pues de pronto parecía haberse quedado helado. Ella no podía ni imaginar que podría ser aquello tan terrible.
— No soy un asesino.
Esas palabras confirmaron sus peores temores, Voldemort le había ordenado matar.
— ¿Harry? — Preguntó en un susurro.
— No, mucho peor — dijo tras lo que pareció una eternidad — Dumbledore.
La confesión fue como una bomba que dejó a Hermione abrumada y confusa.
— ¿Te mandaron a matar a Dumbledore?
Se incorporó sentándose para mirarle a los ojos, con los suyos abiertos de par en par.
— ¿Cómo espera que mates al mago más poderoso del mundo? — La chica no cabía en sí de asombro — ¿Cómo espera que mates a Dumbledore cuando él no fue capaz de hacerlo?
Draco suspiró cansado.
— Supongo que lo que en realidad espera es que fracase.
Se sentó con ella y allí, desnudos sobre aquella cama que había sido testigo de sus caricias, le contó todo. Le habló del modo en que pensaban introducirse en Hogwarts, de cómo llevaba meses arreglando aquel armario evanescente, de cómo había hechizado el collar que Katie Bell tocó por accidente, de cómo había dado a Sloughorn una botella envenenada para que le regalara al director… Le contó todo sin dejar nada en el tintero.
Cuando acabó ella se echó sobre él y le abrazó, cayeron sobre la cama besándose con más desesperación incluso que la primera vez.
— Ahora sí tienes elección — Habló sobre sus labios.
— ¿A si?
— Hablar con Dumbledore. La Orden puede ayudarte — susurró la castaña.
— ¿Y crees que querrán ayudarme a mí? Soy Draco Malfoy… y además un motífago.
Ella pensó en Snape y se mordió el labio.
— Eso no importará. Siempre ha habido renegados en las filas de Voldmort, Draco, No serías el primero.
— ¿Esa es mi elección?
— Sí Draco — ella acarició su mejilla con la punta de su dedos — Seguir tu destino o cambiarlo. Ellos o nosotros
— La pureza de la sangre o tú — terminó él sonriendo sin humor — ¿Crees de verdad que tengo elección?
Ella tragó sintiendo un nudo en la boca de su estómago.
— ¡Claro que la tienes Draco! — Exclamó tratando de separarse de él sin lograrlo.
— No Hermione — su voz, una caricia sobre sus labios — Hace horas que la perdí… no tengo elección. Ya no. Tú eres el único camino — Y la besó.
Si Hermione tenía alguna duda aún sobre si aquello era lo correcto se perdió junto a su respuesta en un murmullo de seda y de piel.
…..
Zabinni estaba sentado en la Sala Común repasando el trabajo de pociones de un metro de pergamino que tenía que entregar al día siguiente, cuando Pansy entró hecha una furia dando un portazo y lanzando un libro contra la pared.
— Si algo tenemos en estas, nuestras amadas mazmorras, es genio.
Bueno, algunos son la excepción, miró a Theo que estaba en lo que Blaise llamaba Momento Nott, es decir con la vista perdida divagando y filosofando sobre temas de los que solo él sabía… Theo aseguraba que pensaba en el futuro y en todos los sangre sucia que mataría. Blaise sabía que a Nott le importaba la sangre tanto como a él un problema de Aritmancia, es decir nada. A saber en qué mundos se perdía su amigo, pero por el tiempo que pasaba en el debía ser un sitio estupendo. Frunció el ceño preguntándose si habría alguna forma de entrar en ese lugar y hacerle compañía ya que se veía tan interesante…
— Blaise despierta
La voz de la chica le sacó de sus pensamientos, a veces tenía un pequeño déficit de atención que, según Malfoy debería tratarse.
Sonrió.
— ¿Qué pasa Pansy? ¿Se te ha roto otra uña?
— Estúpido — Dijo la chica antes de dejarse caer en uno de los sofás — Es increíble, Draco es un idiota.
—Dinos algo que no sepamos — soltó Theo saliendo de sus reflexiones.
— No os vais a creer que ha hecho
Oh si…Blaise se frotó mentalmente las manos, él si se lo creía.
— ¿Qué ha hecho? — Preguntó Nott con inocencia.
— Está liado con la sangre sucia
Theo se empezó a reír. Cosa curiosa ya que él rara vez se dejaba llevar por emociones intensas. Theo sonreía, ladeaba la boca en muecas torcidas… pero nunca reía.
— ¿De qué te ríes? ¿No te das cuenta de lo que ese idiota ha hecho?
— ¿Granger? — su amigo no podía parar, miraba a Pansy como si se hubiera vuelto loca.
— Vaya Parkinson — soltó de pronto Blaise — No sabía yo que eras de las que escuchaban rumores de ese calibre — Sonrió con maldad — ¿Y cuál de todos es el que te tiene furiosa? ¿El que habla del embarazo de Granger? ¿O tal vez el que dice que van a fugarse juntos? — Chasqueó la lengua — Aunque antes de salir del comedor oí otro aún mejor — que ella se había unido a las filas del Lord y por eso había dado plantón a Weasley y a Potter en los pasillos.
La chica hizo un gesto ofensivo con la mano y miró la chimenea en silencio.
— Eso solo son chismes Zabinni. — Entrecerró los ojos, furiosa porque para ella Draco siempre había sido suyo aunque de todos era sabido que él no la quería y que solo la usaba cuando le interesaba hacerlo — Les vieron en el pasillo del séptimo piso entrando a la Sala que viene y va… al parecer Draco se estaba declarando a la sangre sucia tras admitir que no fue solo sexo.
Theo dejó de reír y a Blaise se le borró la sonrisa de la boca.
Oh Oh definitivamente aquello no tenía pinta de rumor.
Cerró los ojos perdido en un debate interno de lo más problemático. No sabía si preocuparse por lo que se les venía encima a aquellos dos o reír porque Draco estuviera comiéndose todas las palabras que había escupido durante años. Curiosamente irónico el destino ¿Quién lo iba a decir?
Así que Zabinni se levantó y salió silbando de la sala común de Slytherin con las manos en los bolsillos.
— Ey Blaise ¿Dónde vas? — Preguntó Nott
— A la lechucería, tengo que mandar una carta.
…..
Cuando Draco y Hermione salieron del despacho del director y la gárgola se cerró tras ellos el chico se apoyó contra el muro y suspiró.
— Ya está hecho
— ¿Cómo te sientes? — La castaña acarició su brazo y le miró inquisitiva — ¿Mejor?
¿Se sentía mejor? Acababa de condenarse en más de un sentido. Había ido al despacho de Dumbledore y le había contado todo, tal como hiciera con Hermione la noche antes. Para su sorpresa el viejo director había llamado a Severus que, tras escuchar, le miró con un brillo de lo que bien podría ser orgullo mezclado con miedo pintado en sus ojos. Draco se sorprendió, y mucho al descubrir que Snape era miembro de la Orden del Fénix y se quedó aún más asombrado cuando el anciano mago le ofreció su ayuda. No para esconderse, no. Si no para luchar. Y Draco quiso levantarse de allí, cargarse al hombro a Granger y desaparecerse a cualquier rincón del mundo, muggle o mágico ya le daba igual a aquellas alturas, donde esconderse con ella hasta que todo pasara. Pero la miró y vio en sus ojos aquel brillo Gryffindoriano que ellos llamaban valor y a él le parecía enajenación fanática pura y dura y suspiró. Porque ella lucharía hasta las últimas consecuencias y él… él iba a luchar con ella y resultaba humillante saberse vencido de ese modo. Era la deshonra de su linaje.
— Creo que si — contestó al fin y tomó su mano, porque ya más patético no podía ser ¿No? Pues disfrutaría de ello— ¿Y ahora qué?
Ella le miró y sonrió con una de esas sonrisas que iluminaban sus ojos.
— Ganar.
Esa mañana comprobaron que la poción había perdido su efecto, pero aún así no estaban dispuestos a soltarse ya. Por eso, Hermione Jane Granger se aferró con decisión a la mano de Draco dispuesta a enfrentar al mundo.
Maldita sea, pensó él mientras caminaba a su lado y sacudía la cabeza.
Sentirse orgulloso de tenerla al lado no podía ser más que otra muestra de lo mal que tenía la cabeza. Y acarició la piel de su palma con el pulgar, porque era suave y a ella le gustaba.
Definitivamente estaba derrotado.
…..
Cuando a la hora del desayuno Draco Malfoy y Hermione Granger entraron en el Gran Comedor tomados de la mano el tiempo se paró. Nadie se movía, ni siquiera un parpadeo interrumpía aquella postal que parecía una foto muggle.
Blaise Zabinni nunca había disfrutado tanto de algo, ni siquiera el día anterior en el baño de los prefectos era comparable a esto. Sus ojos brillaban emocionados y miraban a todas partes como locos tratando de absorber en lo posible aquel momento.
Weasley, sentado en primera fila cerca de la puerta tenía los ojos tan redondos que no le hubiera extrañado verlos rodar por el suelo, el tenedor a medio camino entre el plato y sus labios, la boca abierta casi a punto de babear preparada para recibir el alimento y Blaise dio gracias a que hubiera decidido sentarse frente a él y no de espaldas. Potter tenía la mirada clavada en su amiga sin más, una máscara muy Malfoy todo había que decirlo ¡Diez puntos para Potter! Pensó feliz y siguió recorriendo los rostros de los presentes. Quitando la sonrisa de la pequeña comadrejita Weasley todos los demás parecían estar viendo a Voldmort vestido de bailaora flamenca taconeando en el suelo del comedor y tocando castañuelas. Tales eran las caras de absoluta estupefacción que tuvo que morderse el labio con fuerza para no soltar una estruendosa carcajada.
Carcajada que no pudo contener más cuando, de pronto, la voz de Lunática Lovegood que venía tras ellos rompió el casi reverencial silencio
— Ron, si no cierras la boca se te llenará la cabeza de torposoplos. Hoy parece haber muchos por aquí.
Fue como abrir la compuerta, como si la contención se hubiera quitado de golpe y lo que empezó como un ligero murmullo fue ascendiendo en un crescendo que acabó convertido en un gallinero demencial.
Blaise vio como los causantes de aquel colosal alboroto se miraban, sin hablar dieron la vuelta y huyeron como gatos escaldados tras sembrar el caos en el Gran Comedor.
La pelirroja frenaba con más pena que gloria los avances de un enfurecido Weasley y un aturdido Potter que intentaban salir tras los dos fugitivos. Seamus Finnegan y Dean Thomas, al más puro estilo gemelos Weasley tenían un pergamino en la mano y recorrían la mesa de Gryffindor anotando apuestas. Un par de Ravenclaws y tres Hufflepuff se acercaron a ellos con varios Sickes en la mano y hablando a voz en grito entre ellos. Pansy Parkinson había apuñalado la mesa con saña y temblaba mientras Nott se pinchaba el brazo con las puntas del tenedor intentando comprobar si estaba despierto o dormido. Crabbe y Goyle miraban aún el dintel de la puerta sin saber muy bien que era lo que habían visto ni por qué todos en el comedor parecían ser víctimas de un extraño brote psicótico.
Zabinni nunca se lo había pasado mejor. Sobre todo cuando su lechuza dejó en la mesa frente a él una carta lacrada con el sello de Sortilegios Weasley y, tras abrirla leyó con atención.
A la atención de Blaise Zabinni.
Encontramos la carta sencillamente impresionante. Al parecer la poción es magistral. Ya hemos decidido comercializarla, incluso vamos a tentar a la suerte proponiéndoles que nos presten su imagen para el envase. ¡Aumentaría las ventas de un modo fabuloso!
En cuanto a la posibilidad de invertir en nuestra humilde empresa solo decirte ¡Bienvenido! Cuando quieras concretaremos una reunión para firmarlo todo.
Y en respuesta a tú pregunta: No, "Enlazados" no tiene ningún efecto secundario, hemos tenido problemas con el folleto en dos ocasiones, creemos que el que se llevó Hermione se mezcló en la imprenta con el de "Bombones ven a mi" que tienen una ligera cantidad de amortentia y filtro potenciador del deseo. Pero ese artículo aún no está a la venta por… problemas de calidad. Tratamos de hablar con Ron para que le dijera a Hermione que no se preocupara por los efectos secundarios pero empezó a gritar incoherencias y lo dejamos por imposible, con nuestro hermano es mejor así.
Saludando a nuestro nuevo inversor con reverencia se despiden:
Fred y George Weasley.
