Disclaimer: el que me ponga una peluca rubia de vez en cuando para salir a cazar macizos no significa que tenga los derechos sobre los personajes y lugares de Harry Potter.
Advertencia: ninguna. Últimamente estoy muy blando.
18. La verdad
- ¿Puedes explicarnos ya qué es lo que hacemos aquí Harry? – preguntó George, visiblemente aburrido tras media hora en la que nadie había abierto la boca mientras Harry lanzaba constantemente miradas hacia la puerta.
El gemelo estaba sentado en uno de los sofás orejeros del salón del número 12 de Grimmauld Place. A su lado, en la esquina de un sillón de tres plazas, estaba Ron, mordisqueándose las uñas con la mirada perdida, y en la esquina opuesta Violet, que cruzaba y descruzaba las piernas tratando de encontrar una posición más cómoda. Joe se encontraba no muy lejos de ella con cara de pocos amigos, pues había tenido la mala suerte de ser el único que tenía que sentarse en una silla, y ésta no le resultaba muy cómoda dada la diferencia de tamaño.
- Sí, sería un detalle – dijo su compañero auror – O eso o me traes otra silla. Están empezando a darme espasmos en los omoplatos.
Harry lanzó una última mirada a la puerta de entrada a la casa. Esperaba que Diego apareciese. Le había escrito una larga carta nada más regresar a casa desde el puerto de Aberdeen. En ella le pedía perdón unas cien mil veces y le prometía que si acudía a su casa por la tarde, recibiría todas las explicaciones a su comportamiento y a todo lo que había sucedido. Pero ya pasaban cuarenta y cinco minutos de la hora acordada y Diego no había hecho acto de presencia. Ni siquiera había contestado a la carta. Así que el chico suspiró y encaró a sus amigos.
- Han secuestrado a Ginny – soltó a bocajarro.
A la sensación de déjà vu, pues no hacía ni veinticuatro horas que Diego había pronunciado unas palabras parecidas en ese mismo salón, se unieron las expresiones de sus interlocutores. Violet ahogó un gritito, Joe casi se cae de la silla, Ron había abierto mucho los ojos y George… bueno, George no terminaba de creérselo.
- Dime que nos estás vacilando – sonrió George. Pero la sonrisa se vio sustituida rápidamente por una mueca de ira cuando Harry negó tristemente con la cabeza – Pues entonces dime que no es culpa tuya.
El chico abrió la boca para decir que no, que no era culpa suya. Que había sido Ginny la que había acudido al almacén de Hermes S.L. por su cuenta y riesgo, desobedeciéndolos a Diego y a él. Pero en el fondo sabía que era sólo una excusa. Que la culpa de todo aquello era la tenía él, por haber tratado de lidiar con todo el tema de Devous, Salgari y los piratas sin pedir ayuda a nadie.
El silencio de Harry fue suficiente para que George se levantase del sofá dispuesto a torcerle los dientes de un puñetazo. Por suerte para él, Joe y Ron fueron más rápidos y consiguieron sujetarlo, mientras George le dedicaba una retahíla de expresiones malsonantes y amenazas muy imaginativas.
- ¡Voy a arrancarte los ojos y a ponértelos en el culo, para que veas como te lo pateo!
- Cállate George – le dijo su hermano.
- ¿Pero no lo has oído? Han secuestrado a Ginny y ha sido por su culpa – chillaba George.
- Lo sabemos, pero si Harry nos ha hecho venir, no creo que sea para que podamos pegarle una paliza grupal ¿verdad Harry? – preguntó Joe.
Un atisbo de sonrisa se asomó a las comisuras de su boca, pero fue lo bastante inteligente para reprimirla en el último segundo. No hacía falta añadir más leña a aquel fuego.
- No. Os he hecho venir por que necesito vuestra ayuda.
George prometió calmarse y se sentó de nuevo en el sillón, aunque Ron y Joe seguían sin quitarle ojo. Violet, que hasta ese momento había permanecido callada, se acercó un poco a Harry.
- ¿Quién ha sido?
- Enrico Salgari – contestó Harry casi automáticamente.
- ¿Qué? ¿Pero Salgari no estaba muerto? – preguntó Joe.
- ¿Quién demonios es Enrico Salgari? – preguntó Ron.
- ¿Y por qué ha secuestrado a mi hermana? – preguntó George.
Demasiadas preguntas y demasiadas respuestas. Harry obligó a los demás a tranquilizarse y pasó a relatar todo lo que había sucedido desde que aquello comenzó, en un noviembre que parecía tan lejano como su felicidad: la misión de Harrington de proteger a Devous, los días a bordo del Charybdis trazando círculos en la inmensidad del mar, las teorías del doctor, el ataque de los piratas de Salgari, la bajada al Maelstrom, el cementerio de barcos, Devous quitándose la máscara y lanzando a Salgari al pozo mágico…
- Osea que ¿le mentiste a Harrington? ¿Nos mentiste a todos? – Violet parecía dolida.
- Creo que eso es lo de menos ahora Violet. La decisión que tuvo que tomar Harry era muy difícil. O nos lo contaba y se arriesgaba a que Devous nos hiciese daño, o se lo guardaba y trataba que las cosas no se fueran de madre.
Harry agradeció a Joe de todo corazón aquel comentario. Joe era así. Podía ser un hombre socarrón y algo despreocupado, pero cuando se trataba de asuntos serios, era el más sensato.
- Vale – comenzó Ron, tratando de ordenar sus ideas sobre todo lo que Harry les acababa de contar – Entiendo que tomaste una decisión y que por eso no sabíamos nada de todo esto, pero supongo que la historia no acaba ahí ¿no?
- No. Hay más – entonces Harry prosiguió con su repaso de los acontecimientos: las cartas del misterioso L.F. instándole a investigar sobre Devous y Hannibal Hellmouth, la cena en casa de Julia y la bitácora de Devous en su viaje a Haití.
Entonces llegó el momento más difícil de todos. El momento de explicar a sus amigos por qué en lugar de hablar con Diego, de contarle lo que sucedía para que lo ayudase a regresar el diario a casa de su novia, se había hecho pasar por él y había cenado con Julia. Por supuesto, omitió la parte en la que la chica le había insinuado que se acostaran, aunque por el color que habían adquirido sus mejillas, Harry estaba seguro de que los demás sabían que había ocultado algunos detalles.
Tras un incómodo silencio, Harry decidió acabar de una vez por todas con la historia: cómo Salgari había secuestrado a Julia, cómo Diego, Devous y él habían acudido a rescatarla y todo lo que había sucedido durante las negociaciones con Salgari, hasta que éste se llevó a Ginny y Diego, comprendiendo que Harry había tenido algo que ver con el secuestro de Julia, lo había abandonado en la nave de Hermes S.L.
De nuevo reinó el silencio en la habitación. La historia era demasiado densa y, en opinión de Harry, demasiado bizarra para digerirla a la primera. Casi podía escuchar los chasquidos que producían las neuronas de sus amigos, tratando de conectar ideas y comprender la situación.
Ron fue el primero en hablar.
- Bien, creo que no acabo de entender todos los detalles, pero está claro que mi hermana corre peligro. Ese Salgari ya era peligroso antes de… ¿morir? Así que supongo que ahora que está hasta el culo de magia pura es imprevisible.
- Lo más sencillo sería encontrar a Devous y llevarlo con Salgari – comentó Violet.
- Dudo que el doctor accediese a ayudarnos teniendo en cuenta que Salgari parece querer matarlo a toda costa – la rebatió Joe.
- Podríamos ofrecerle seguridad a cambio de que colaborase – Violet parecía no entender que, de los presentes en la habitación, ella era la única que aún consideraba a Devous un ser humano.
- Yo quiero recuperar a mi hermana sana y salva – estalló George – Me importa una mierda que se maten entre ellos.
- El problema es que no tenemos ni idea de dónde se encuentra – contestó Harry – Conociéndolo como lo conozco, estará buscando la manera de localizar a Salgari por sus propios medios.
- Entonces ¿qué? ¿Estamos en un callejón sin salida? – preguntó Ron.
- No, lo que tenemos que hacer es trazar un plan y acudir a la cita con Salgari. Si nos preparamos lo suficiente podremos salvar a Ginny.
Las palabras de Joe alentaron a todos. Excepto a George.
- ¿Y qué garantía tenemos de que Ginny estará bien hasta el día de la cita?
- Es cierto – Violet miró a Harry con gesto preocupado – Si como dices Devous está probablemente tras la pista del paradero de Salgari, nada le impide acudir a por él antes de ese día. Y si Salgari consigue matarlo, no necesitará a Ginny para nada.
- Devous no acudirá antes de la fecha acordada. No es imbécil y sabe que nosotros, bueno, que yo estoy planeando algo. Sabe que tendrá más posibilidades de recuperar su maldita vasija cuantos más fuegos abiertos tenga Salgari.
- ¿Por qué le importa tanto esa vasija Harry? – preguntó Ron – Es como si su vida dependiese de ello.
Ron tenía ese don. A veces, sin tener ni la más remota idea sobre un tema, daba en el clavo. Harry estaba a punto de contestarle cuando los hechizos detectores de la entrada los avisaron de que alguien esperaba en la puerta principal.
El muchacho corrió a abrir y ni siquiera echó un vistazo a la mirilla para ver quién era. Estaba seguro de que…
- Hola Harry – Luna Lovegood, visiblemente cansada después de un viaje muy largo y con una maleta llena de pegatinas de colores colgando del brazo izquierdo, estaba plantada frente a él.
- ¡Luna! – falsa alarma, no era Diego - ¿Qué haces aquí?
- Me he enterado que algo muy grave le ha sucedido a Ginny y he venido por si necesitabas algo. ¿Puedo pasar? – preguntó la chica. Su mirada, habitualmente soñadora, se había tornado decidida, casi agresiva.
- Claro – Harry cerró la puerta detrás de ella - ¿Cómo te has enterado?
- Diego me ha enviado una lechuza – Harry se sintió aliviado por un momento. Puede que Diego siguiera dolido con él, pero al menos se preocupaba lo suficiente por Ginny como para enviarle a alguien – Y he cogido el primer vuelo hacia aquí.
- ¿Vuelo? – preguntó Ron mientras ayudaba a la chica a quitarse el abrigo.
- Sí. Para preparar un traslador internacional hacen falta unos cuantos días y esto parecía urgente – contestó como si nada – Los muggles están más preparados para estos imprevistos.
- Visto así… - concedió Joe que no tenía muy claro quién era la recién llegada.
Harry presentó a Luna a sus compañeros aurores, agradeció su presencia y le resumió la situación lo mejor que supo, que no era muy bien. Por suerte sus amigos completaron la historia con algunas cosas que Harry había olvidado mencionar.
- ¿Tenéis alguna idea ya? – preguntó Luna en cuanto el consenso general indicó que la historia había concluído.
- No, precisamente hablábamos de ello cuando has llegado – le contestó George.
- Bien, recapitulemos – Violet, poseída por su papel de jefa de unidad, se levantó del sofá y paseó lentamente su alrededor – Salgari quiere que aparezcas dentro de una semana donde Ludwig Karmatt te indique, con el cadáver de Devous.
- Efectivamente – asintió Harry – Dijo que no aceptaría otra cosa.
- Y no sabemos dónde está Devous.
- No.
- Pues estamos muy jodidos – comentó Joe. Probablemente no quería hacerlo en voz alta, a juzgar por la cara que se le quedó y la mirada de disculpa que le lanzó a Ron y George.
- No importa lo difícil que sea – Harry trataba de animarse más a sí mismo que a los demás – Vamos a salvar a Ginny.
- Harry tiene razón – lo apoyó Luna – Son demasiadas cosas para asimilarlas de golpe, así que es normal que por el momento no se nos ocurra nada. Lo mejor que podemos hacer es tratar de comprender todos los detalles para formarnos una idea más clara y actuar en consecuencia – así era Luna. Lo mismo te hablaba de seres fantásticos que sólo ella conocía que te soltaba un discurso digno del mejor pensador de todos los tiempos.
- Así se habla Luna – Violet se había animado con la perorata de la chica - Lo primero que deberíamos hacer es ir a hablar con Karmatt.
- He ido esta mañana a buscarlo a la redacción del Corazón de Bruja y no estaba. Dicen que lleva casi una semana sin aparecer por allí. Me han dado la dirección de su casa pero parece que tampoco ha estado allí estos últimos días. No obstante mañana pensaba acercarme a comprobarlo, pero antes quería hablar con vosotros - explicó Harry.
- ¿Creéis que Salgari lo tendrá retenido? - preguntó Ron.
- Lo dudo - contestó Harry - Dudo si quiera que sospeche hasta que punto está metido en este follón. Lo que aún no me explico es por qué lo eligió a él. ¿Se conocerían de antes?
Nadie contestó, pero Luna levantó la mano para pedir formar parte de la conversación, como si estuviesen en medio de una clase en Hogwarts. Harry sonrió y le cedió la palabra.
- Tengo una pregunta – se colocó bien las gafas para enfocar a su amigo - ¿Por qué Devous apenas trató de salvar a su hija? Quiero decir, es cierto que fuisteis hasta el almacén y que en un principio se mostró preocupado, pero a la hora de la verdad…
- Devous está pirado – comentó Joe – Aún recuerdo aquel tono de histérico que puso cuando nos contó en el Charybdis hacia dónde nos dirigíamos. Vive para su trabajo y con el exceso del mismo y la edad, ha acabado perdiendo la cabeza, lo raro hubiese sido que…
- Te equivocas Joe – lo cortó Harry.
- ¿Qué?
- Devous no está pirado, es simplemente que…
Los hechizos de detección volvieron a sonar y esta vez los acompañó el timbre de la puerta. Harry se acercó, esta vez más relajado, esperando a Hermione, que probablemente hubiese terminado antes de trabajar y acudiese a la cita. Pero cuando estaba a apenas dos metros, escuchó una voz que le resultó muy familiar.
- ¡He dicho que te estés quieto! – Diego parecía realmente enfadado. Harry no pudo reconocer a la otra persona que hablaba con él, pues gimoteaba en un tono apenas audible, aunque sus agudos hipidos se escuchaban con claridad – ¡Cállate jodido cobarde! ¡Cállate!
Harry abrió la puerta, asustado por el tono de Diego y la escena que se presentó ante lo dejó boquiabierto. Diego llevaba sujeto a Lollipop Karmatt por el cuello de la camisa. El periodista parecía muy asustado. Diego, por el contrario, sonrió a su amigo.
- Siento el retraso, tenía que recoger la basura.
Harry se apartó un poco y Diego empujó a Karmatt dentro de la casa.
- Tranquilo, es inofensivo – comentó el chico ante la expresión de Harry – Le he quitado la varita. Además, dudo que suponga ningún peligro siempre y cuando no abra la boca.
- ¿Dónde lo has encontrado? – Harry no salía de su asombro.
- Cuando Salgari dijo su nombre, supe que me sonaba de algo. Y recordé cuando te asaltó a la salida del ministerio a principios de noviembre – explicó Diego tras saludar a todos y sin dejar de apuntar con su varita al aludido – También recordé que Julia lo había mencionado alguna vez, haciendo hincapié en el empeño que ponía el señor Lollipop Karmatt – acompañó su nombre con una suave patada en el costado del periodista – en acceder a los eventos que organizaba el Doctor Devous. He ido a su casa tras pasar por la redacción del Corazón de Bruja. Por cierto, saludos de parte de la recepcionista - Diego señaló a Harry, que no supo como encajar aquello.
- Me habían dicho que no estaba tampoco en su casa.
- Claro que estaba en su casa, pero había utilizado un hechizo de camuflaje y no se le distinguía del horroroso papel pintado de leopardo que tiene en su apartamento. Lo que no sabía es que es muy difícil engañar al instinto de un auror. Y tras una agradable charla, el señor Karmatt ha accedido a acompañarme y a confesar ante todos vosotros que...
- ¡Yo no quería, él me obligó! - no hizo falta que nadie hablase. Que nadie lo acusara de nada. Karmatt se derrumbó solito y sin ayuda – Maldita sea, vosotros lo habéis visto, sabéis el poder que tiene… Estaba asustado ¿qué otra cosa podía hacer?
- Cerrar la puta boca por una vez en tu vida – Harry sintió el agradable cosquilleo de poder pasar parte de su culpa a una persona por la que no sentía ningún aprecio – ¿Fue así como Salgari encontró la casa de Devous?
- Sí, pero parece que nuestro amiguito no sólo le habló de eso – continuó Diego, que parecía querer torturar a Karmatt con la mirada, mientras el periodista del corazón se arrastraba hasta un rincón de la sala – Sino que puso a Salgari al día de todos los acontecimientos que rodeaban a Julia, incluidos Ginny, tú y yo.
- Osea, ¿que Salgari sabía que Ginny acudiría con vosotros? – preguntó George.
- Es muy probable – le contestó Diego.
George se abalanzó sobre Karmatt como un animal herido y comenzó a golpearle la cabeza con los puños. Una vez más, hicieron falta las grandes y musculosas manos de Joe y Ron para detenerlo, aunque Harry y Diego también tuvieron que colaborar un poco para tranquilizar al gemelo Weasley.
- Bueno – habló Harry – Creo que no obstante es buena idea tener a Karmatt con nosotros. Puede tener información que nos sea útil.
- ¡Claro que sí! – exclamó el periodista emocionado – Ayudaré en todo lo que me pidáis…
- Cállate Karmatt – le espetó Diego – Cuando necesitemos tu lengua de víbora te avisaremos.
Karmatt obedeció sin rechistar y se acurrucó en un rincón del salón, junto a la chimenea.
- ¿De qué estábamos hablando? – preguntó Joe, todavía sin aire tras tratar de sujetar a George.
- Le había preguntado a Harry por qué Devous no hizo nada más por recuperar a Julia – contestó Luna.
- Devous no pudo hacer nada más porque está muerto – sentenció Harry.
Bueno, bueno, bueno... ¿cómo va eso mis hipotéticos lectores? Este capítulo es muy corto. Lo sé, lo he escrito yo, jaja. Pero se presentó antes mí una disyuntiva con este capítulo: ¿lo dejaba corto y con ese final tan jodidamente brutal? ¿o lo hacía más largo a riesgo de que ese momento perdiera el dramatismo? Pues como véis, me decidí por la primera opción.
Lo bueno es que con esta dosis, podréis aguantar hasta el próximo capítulo sin que que la espera se os haga muy larga.
Nada más... ¡bueno sí! En 4 días esta historia cumple dos añazos, así que me gustaría antes de irme, agradeceros a todos (los que lleváis desde el principio y los que os habéis estado incorporando últimamente) el apoyo y el cariño mostrado. ¡Sois grandes!
¡Un abrazo, y cuidaos mucho!
