¿Por qué no?
Negó nuevamente.
—No —dijo.
—Pero, ¿por qué no? —cuestionó la azabache una vez más.
—Dije que no y punto —respondió él, serio como siempre.
—Dime el por qué y te dejo de molestar, Ichigo —insistió, interrumpiendo su caminar al plantarse firmemente frente a él, mirándolo con fijeza.
El peinado de zanahoria soltó un bufido y rodó los ojos. ¿Una explicación?, ¿eso era lo que quería?... ¿Por qué Kurosaki Ichigo tendría que darle explicaciones a aquella chiquilla insolente?, había dicho que no, y no es no.
—Te vas a quitar o qué —guardó las palmas en los bolsillos y la miró con desgano—me he cansado de tus niñadas. —agregó.
Rukia quedó pensativa y tras un momento, una sonrisa traviesa tomó posesión de su rostro. —¿quieres que llame a "ya sabes quién"? —preguntó.
—¿A quién?, ¿a Keigo? —Habló en tono sarcástico mientras reprimía una risilla.—¿a Byakuya? —.
—Ichigo… —murmuró con voz apenas audible, con la mirada baja y su cabello cubriendo parte de ojos —… dime, ¿por qué no? —indagó en algo parecido a una advertencia, una última oportunidad de responder.
Y ahí iban de nuevo. ¿Qué no se daba por vencida?...
—¿A quién llamarás si no lo hago? —Preguntó nuevamente, ahora movido por una pizca de curiosidad, además de la sensación de desafío que le provocó lo antes dicho por la chica—¿eh, Rukia?— Alzó una ceja divertido.
Ella resbaló una mano hasta el pequeño bolsillo de su falda y lentamente sacó una esferita de color, alzó la mirada y le sonrió al chico, adoptando una pose de superioridad.
—Chappy.
No. Todo menos Chappy, aquella infernal alma modificaba que lo hastiaba hasta llevarlo al borde del suicidio. Le desesperaba aun más que la Rukia misma, eso ya era mucho decir. Acceder al capricho de Rukia, dejándola ganar así la lucha… o soportar a Chappy, ¿qué era peor?
Cerró los ojos y se froto la sien con frustración al tiempo que pensaba, lanzó un hondo suspiro y abrió los orbes nuevamente, dirigiéndole nuevamente la mirada.
—Está bien. Tú ganas, cegadora —se rindió—: haré lo que dices.
Rukia sonrió complacida: ¡Había ganado! Ahora Ichigo tendría que llevarla al parque de diversiones. Estaba ansiosa por subir a la montaña rusa, por comer ese delicioso algodón de azúcar del que tanto le había hablado Orihime, y sobre todo quería ganar un conejito de peluche en una de esas casetitas de tiro al blanco.
Kon estaría contento con su nuevo contenedor.
