Nota: Corregí el prologo porque me equivoque y subí fue el borrador en vez del original y el primer capítulo le puse los guiones que la pagina me borro, no le cambie nada más. Sorry por eso.


¡En siete días! De hecho, seis, ya que el mensaje era del día anterior.

-Sé lo que estás pensando… que siempre quise una gran boda con todos los adornos, pero sin mamá y mi papá esta en Alemania con su segunda familia no le importara y el tampoco tiene solo su padre, hemos decidido que sea algo pequeño. Solo tú, Miyamoto y amigo de él su padre esta nuevamente de viaje. Oh, y se que solo son siete días, pero si… Ya sabes que con el "JR Pass"podéis pillar los trenes que queráis, excepto el shinkansen más veloz, el Nozomi. Oh, si conduces todo el día estarás aquí en tres o cuatro días. De modo que espero verte al final de la semana. ¡Me muero de impaciencia!

Beeep.

La voz de Asuka pareció reverberar por toda la casa. Iba a casarse con ese miserable de poca monta, y solo disponía de seis días para frenar la boda. Seis días. No era suficiente para hacerlos entrar en razón. Durante un momento pensó en tomar un avión, pero la idea se desvaneció nada mas aparecer. Con semejante época todas las líneas debían estar congestionadas y sin reservas tendría que hacer una cola infernal que lo retrasaría más aun en su viaje. Tampoco se equivocaba en los horarios de la estación del metro. Y así mismo carecía de sentido tratar de razonar con ella por teléfono. Podía ser volátil, pero también muy obstinada. El único modo de enfrentar la situación era cara a cara. Lo que significaba conducir.

Sin perder más tiempo, abrió la maleta que aún contenía la ropa del viaje del que acababa de regresar a última hora de la noche del día anterior. Había ido a Barcelona – Venezuela para reunirse con un potencial director interesado en su último tema en un solo de cuerdas. El tema de Shinji era uno de los pocos en que el Maestro y Director Gustavo Dudamel había sentido interés, y tenía la corazonada de que el viaje había servido para sellar el trato. No obstante no había nada concreto, y lo último que necesitaba era que algo lo distrajera de ganar la puja.

Los amigos o "La familia", como solía referirse siempre Asuka, la Asuka después de NERV, sin importar lo que fuera, estaba primero. Si única elección era hacer lo que sugería Asuka: "JR Pass"pillar los trenes que quiera, excepto el shinkansen más veloz, el Nozomi. Oh, si conduces todo el día hasta Kioto. No para asistir a la boda, sino para detenerla. Nayako, su manager, podría manejar la puja de Barcelona en su ausencia.

Tomada la decisión, el siguiente paso de Shinji fue encontrar ropa limpia con la que reemplazar la que acababa de meter en la sesta de la ropa sucia. En el armario encontró unos vaqueros (Jeans) y polos (Sudaderas) impecablemente planchados por su asistenta. Casi sin tomarse tiempo para doblarlos, los metío en la maleta. Realizo una rápida comprobación para cerciorarse de que tenía la cartera, bajó ala carrera las escaleras de su casa del nuevo Tokio-3, Japón, salió a la calle y volvió a subirse al coche que había abandonado hacía poco.

El sueño de descansar un día, después del agotador regreso desde Venezuela antes de volver al trabajo, se había evaporado. Iba a tener que emprender un trayecto maratoniano a través del país para llegar donde su ingenua amiga casi que como una hermana iba cometer el mayor error de su vida. Como extrañaba la Asuka de NERV, cero ingenuidad y todo un has, una Cuaima (una mescla así de Anaconda con Cascabel).

Al menos le había dado seis días. Podía haber sido peor. Calculó que, forzando un poco, conseguiría llegar a Kioto en tres días. Eso le proporcionaría tiempo de sobra para ahuyentar al futuro marido y encerrarla a Asuka en un Convento. En ese orden. Claro si esta lo dejara.

Lleno de determinación, se puso el cinturón de seguridad y miro por el retrovisor. Vio un Ford negro aparcado demasiado cerca de su entrada de vehículos. El conductor seguía en el coche. Shinji tocó la bocina para indicarle que iba a salir. Al retroceder, le lanzó una mirada con la que quiso transmitirle que no le gustaba que le bloquearan la salida. El otro esquivó sus ojos.

-Maldito turista – musito.

"Cíñete al plan", se dijo "y esta pesadilla acabará pronto".

¿Se cavará alguna vez esta pesadilla? – se preguntó después de verse forzado a pisar otra vez el freno. Solo iba por el segundo día de viaje, pero a ese ritmo jamás llegaría a tiempo a la boda de su amiga. No cuando los vehículos que tenia delante insistían en conducir a la velocidad que lo haría su difunta bisabuela. Volkswagen Escarabajo y un vehículo pesado conspiraban contra él al ir a cien kilómetros por hora cada uno en el carril que ocupaba. Durante un instante pensó en adelantar al camión por el arcén, pero con la suerte que tenía, temió encontrarse con un bache y reventar una rueda. Lo que necesitaba era llamar la atención de la mujer que llevaba el coche que tenía delante.

Sabía que se trataba de una mujer por que costaba no ver la masa de pelo azul que se extendía por los costados del reposacabezas. Sin embargo, era evidente que ella no se percataba de su presencia detrás.

Encendió las luces delanteras. No hubo suerte. Tenía que estar demasiado distraída para no mirar por el retrovisor. Los risos de pelo se agitaban. De vez en cuando apuntaba al pasajero que llevaba en el asiento de al lado. Si Shinji debía realizar una conjetura, la mujer estaba sufriendo un ataque de epilepsia o le cantaba a un acompañante muy bajo. Debía ser su imaginación la que invocó la imagen de unas orejas puntiagudas asomándose desde el otro asiento. No podía estar cantándole a un gato.


-¿Cómo he estado? – preguntó Rei, un poco jadeante por cantar al ritmo de la radio. No era ninguna Cristina Aguilera, pero a la señorita Isabel pareció importarle.

Espero con ansiedad la siguiente canción. Mientras tanto evaluó dónde se encontraba. Un vistazo por el retrovisor le revelo un ominoso Mercedes negro prácticamente encaramado sobre su parachoques trasero.

-Cielos, lo siento, amigo – musitó con cierta timidez –. No me di cuenta que estabas ahí – después de todo Cristina requería de plena concentración. Pisó el pedal e intento acelerar lo suficiente como para intentar adelantar el camión que tenia al lado. Pero su escarabajo tenía otras ideas.

El coche tosió un poco y acelero seis kilómetros por hora cuesta abajo. Como el camión también ganaba velocidad, no había modo en que pudiera adelantarlo. Su único recurso era frenar un poco y situarse detrás de él.


¡Estaba frenando! Solo le quedaba una opción. Llevó la mano a la bocina (Pito) y la dejo allí dominado por la fustración. Fustración por que la mujer que tenía delante conducía despacio. Por que su amiga fuera casarse con el hombre equivocado. Por tener que dejar su negocio en un momento crucial. El sonido de la bocina resulto maravilloso y le causo un gozoso dolor de oídos. El ruido lleno el coche y reverberó por el vasto paisaje de Narita.


La señorita Isabel chilló y buscó cobijo bajo el asiento.

-¡Oh! – exclamó Rei indignada ante lo que consideró la actitud de un bravucón.

Había intentado hacerle un favor y a él no se le ocurre otra cosa que asustar a su pequeña. El camión pasó de largo y de inmediato ella se trasladó al otro carril. No tardó en perderlo de vista. Mientras tanto, no pudo evitar mirar al hombre del Mercedes cuando este llegó a su misma altura.


Con una última presión, Shinji dejó de tocar el claxon. Lo invadió una especie de paz onírica (paz de ensueño). Había sido liberador. Si fumara, habría encendido un cigarrillo. Nada como un buen bocinazo para soltar un poco de tensión. Diablos, una vez que el coche se había apartado, dejó de experimentar el súbito apremio de ponerse por delante. Se situó lentamente a la par del Volkswagen Escarabajo morado. Giró la cabeza para ver mejor a la conductora al tiempo que se preguntaba si sería tan bonita como su pelo, rea exactamente el mismo tono del color del de Rei.


-¡Imbécil! – gritó Rei mientras bajaba la ventanilla en un esfuerzo por hacerse oír. Por desgracia, era dudoso que la oyera, ya que él llevaba la ventanilla subida.

Aun que semejante comentario tampoco lo ofendería mucho. Debía practicar todo ese asunto de los insultos y maldiciones. Había vivido demasiado tiempo con las palabras de su madre resonando en su cabeza. "Una señorita no maldice". El mundo era injusto, sus hermanos maldecían todo el tiempo ¿por que ella no podía hacerlo?. Las palabras de su madre resonaron nuevamente en su cabeza. "Por que tu eres una señorita Rei, no un hombre, las señorita no maldice, los hombres si, esta en su naturaleza se brutos…". Era obvio que su madre jamás había tenido que enfrentarse a imbéciles en Mercedes.


"¿Qué problema tiene?", pensó Shinji. No la había oído, pero no hacía falta ser un genio para entender que estaba furiosa. Después de todo, era ella quien no había pasado al camión. Cuando había intentado animarla a avanzar, había tenido el descaro de frenar. Desde luego, en ese momento se daba cuenta de que lo había hecho para situarse detrás del otro vehículo. Lo más probable era que el cochecito que conducía no tuviera la aceleración requerida para un adelantamiento a alta velocidad. Fue su turno de sentirse un poco avergonzado.

Lo único que cabía hacer era disculparse. Era imposible que lo oyera de coche a coche. Improvisó un encogimiento de hombros y una sonrisa inofensiva que decía: "Lo siento. No era mi intención dar tantos bocinazos".


Rei se quedó boquiabierta.

-¡Qué descaro el de ese hombre! Me hace muecas y se encoge de hombros como si le importara un bledo haberme sacado canas con esa condenada bocina.

En su mente cobró forma la acción más mezquina que se le pudo ocurrir. Sin un segundo de vacilación, la realizó.


¡Le había sacado la lengua! Mientras él intentaba disculparse, ella le sacaba la lengua. Era evidente que se trataba de una perturbada. Probablemente se había fugado de una institución mental. Lo mejor que podía hacer era largarse de allí antes de que se le ocurriera algo realmente demencial.

Como poner cara de cerdo. Odiaba que una persona se levantara la nariz y se estirara los ojos hacía lasa orejas. Solo pensar en ello le daba escalofríos. Con una última mirada centelleante para demostrarle que no le gustaba su ética de conducción, pisó el acelerador con toda la fuerza del pie.

Fue un error, teniendo en cuenta que no había apartado la vista de ternura que tenia al lado. No llegó a ver a la vaca que lentamente había salido por la abertura que había en el cercado en el borde de la carretera, hasta en el minuto en que vio al enorme bovino. Ajena al daño que estaba a punto de causar, la estúpida vaca mugió hacia el coche lanzando en su dirección.

Shinji pisó los frenos con tanta fuerza que temió sacar el pedal a través del suelo del coche. El vehículo se escoró y luego perdió el control. Antes de darse cuenta se lo que sucedía, se salió del camino y chocó contra el poste de una valla. El airbag se infló y se vio empojado contra el asiento.

Todo en dos segundos.

-Muuuu.

Al menos la vaca se había salvado.

-¿Estás bien? ¡Contéstame!

El airbag se desinfló. Pudo moverse. Primero evaluó su cuerpo. Tanto las piernas como los brazos estaban bien. El pecho y el resto de su cuerpo habían sido protegidos por el airbag. Se había golpeado la cabeza y experimentaba una sensación ardiente donde el airbag le había rozado la mejilla. Aparte de eso, se encontraba bien.

Aunque no sucedía lo mismo con su coche.

-¡Contéstame!

Giró la cabeza y encontró los ojos rojos y preocupados de su ternura de némesis. Tan bonita como su pelo, rea exactamente el mismo tono del color del de… dee.. ¿Rei? Se parecía a sus ojo..s eran exactamente iguales a los de Rei. Pero no podía ser Ayanami.

-¿Por qué?

Rei se puso en cunclillas. Esa era una respuesta extraña.

-Es evidente que lo estoy, o no habría sido capaz de responderte, ¿verdad? Tenía sentido. Se lo veía pasmosamente sereno para alguien que acaba de sufrir un accidente de coche. Y por el aspecto que presentaba, el vehículo era un siniestro total. La capota se hallaba prácticamente enroscada alrededor del grueso poste. Sin embargo, a este no le había pasado nada.

-¿No viste la vaca?

No hacía falta palabras. La expresión agria de Shinji lo dijo todo y pensó "es su voz pero no puede ser ella, es muy diferente… el cabello largo la ropa el cuerpazo".

-De acuerdo, no la viste – concluyó Rei.

Shinji intentó abrir la puerta. No resultó tarea fácil, ya que toda la estructura había sido empujada hacia dentro. Rei captó su intensión y lo ayudó, tirando mientras él empujaba. Juntos lograron crear suficiente espacio para que saliera. Con piernas un poco inestables, respiró hondo varias veces antes se inspeccionarlos daños.

-Deberías sentarte mientras esperamos a la policía.

-¿Qué policía?

-Ya sabes, los que aparecen después de un accidente – respondió ella con

Ingenuidad y mucha seguridad.

Shinji alzó los brazos para indicar el vasto espacio que los rodeaba. Lo único que había en kilómetros a la redonda era el Escarabajo de Rei, la ruina de Shinji y una vaca.

-¿Y de dónde esperas que surjan esos magníficos policías?

-Oh – de pronto vio que el camino por el que viajaba no era un hervidero de actividad. El camión era el único otro vehículo que Rei había visto en horas y ya había desaparecido –. No tengo teléfono móvil.

-¿Quién no tiene uno hoy en día? – preguntó con incredulidad. No sabia por qué le importaba, pero no parecía propio que una mujer viajara sola sin un móvil.

-Yo. Soy profesora con un presupuesto reducido. Era comprar un móvil o mi corte, mi secado y mi manicura mensual.

-Los teléfonos móviles son muy útiles en casos de emergencia o accidentes…

-Sí, pero unas uñas bien pintadas y un cabello bien arreglados son una fuente de gozo todos los días – extendió sus preciosas uñas de su mano derecha para que las inspeccionara mientras con su mano izquierda agitaba su hermoso cabello asía atrás volviendo a caer este en su rostro ovalado. Él no pareció muy impresionado –. Supongo que tú tendrás uno.

-Desde luego – afirmó con altanería. Llevó la mano al bolsillo derecho de los pantalones y lo encontró vacío. Luego, siguió el izquierdo con igual resultado. Bajó la vista y se dio cuenta de que no eran los mismos pantalones que llevaba en el viaje de vuelta de Venezuela. Los que tenían el móvil en el bolsillo. Se hallaban en el suelo del cuarto de baño, donde él los había dejado. No allí. Con él. En el corazón de Narita.

-¿No hay móvil?

Tuvo ganas de gruñirle.

-Y bien – continuó Rei –, ¿qué vamos a hacer?

Una vez más Shinji no tuvo palabras. Rodeó el coche lenta y cuidadosamente. La capota, el motor, la carrocería… todo el… ma…el mal… el vendito auto era una ruina. Comenzó a maldecir con la habilidad de un marinero.

Rei sonrió incómoda. No es que no hubiera oído esas palabras antes. Al crecer con cinco hermanos, podía dar clases de vocabulario de maldiciones. Simplemente, envidiaba la facilidad con que las pronunciaba. Si su madre pudiera oírlo, le metería suficiente jabón en la boca como para mantenerle limpio el lenguaje durante años.

Cuando llegó a la conclusión de que esa manera no iba a llegar a ninguna parte, centró su atención en la mujer.

-Tú – acusó.

-¿Yo? – inquirió Rei.

-¡Es tu culpa! – era mentira. Como cuando jugaba los video juegos y Touyi y Kensuke lo culpaban a el por una mala jugada. Era él quien había estado conduciendo demasiado deprisa, pero sentaba bien culpar a otra persona por su estupidez.

-¡Mi culpa! Tú estuviste a punto de atropellar a esa pobre vaca y fuiste quien se salió de la carretera.

-¿pobre vaca? – giró la cabeza y la vio a un lado del camino comiendo hierba –. ¡La vaca está perfectamente! ¿Qué me dices de mi coche?

-Siniestro total – respondió después de inspeccionarlo.

-Ahhhh – gritó él lleno de fustración –. ¿Qué voy a hacer? – sabía que estaba metido en serios problemas. Destruir su coche no formaba parte del plan. Tampoco estar atrapado en medio de ninguna parte con una ternurita.

Rei se contuvo de hacer algún comentario, aunque se había formado una pregunta similar momentos antes. Seguían solos. Sin contar a la vaca.

Fue en ese instante cuando experimentó inquietud. Se hallaba sola en Narita con un hombre extraño al que le gustaba hacer sonar la bocina y maldecir. El curso de defensa personal, sería subirse al coche, ir hasta la cabina más cercana y llamar a alguien para que lo auxiliara. Pero esa idea no terminaba de convencerla, ya que aún se sentía ligeramente culpable.

Además, el pobre parecía desesperado. Estaba con vencida de que no había planeado el accidente como una trama diabólica para secuestrarla, violarla y asesinarla. De lo contrario, no había conducido un Mercedes. Nadie destruía un coche un coche de sesenta mil dólares solo para cometer un asesinato. Podría lograr lo mismo con un Ford.

-Escucha, podría llevarte hasta la gasolina más próxima para que desde allí llames a una grúa.

Shinji guardó silencio y analizó sus alternativas. No existía ninguna. Eso ya había quedado establecido. Lo que sucedía era que tenía la sospecha de que subirse al Escarabajo morado con la mujer de cabello azul sería una decisión que alteraría toda su vida. No veía cómo, pero su instinto nunca fallaba. Y le indicaba que esa mujer representaba problemas. Pero ¿y si era Rei? ¿Por qué no lo había reconocido? No, no lo es… pero y si lo es… Ayanami nunca le daría problemas. Y si lo es ¡vaya que ha cambiado!

Rei abrió la puerta del lado del conductor y se sentó ante el volante luego, sacó la cabeza por la ventanilla.

-¡Eh! ¿Vienes i qué?

Shinji sacó la maleta del Mercedes, abrió la capota del viejo Escarabajo y la guardó allí. Luego cerró y la contempló a través del parabrisas.

Ella le devolvió la mirada y se encogió de hombros, como si le preguntara qué lo hacía tardar tanto. Él suspiró, rodeó el coche y subió. O al menos lo intentó. Fue un esfuerzo, pero logró acomodarse en el automóvil compacto y sintió cómo el coche bajaba al recibir su peso.

-¡Miauuuuuu!

-¿Qué diablos ha sido eso? – bramó él.

-Pobrecita, Su alteza real. ¿El hombre grande te ha quitado el asiento? – sostuvo a Isabel en brazos y la acunó como si fuera una niña consentida. Lo que de hecho era.

-Un gato – de modo que le había estado cantando a un gato.

-Espero que no seas alérgico – anunció Rei –, porque deja que te diga que si lo eres, serás tú quien se largue de aquí.

La sonrisa que le dedicó fue perversa. Él se la devolvió.

-¿No el gato?

Satisfecha, Rei decidió mostrarse agradable.

-De llama Elizabeth Alexandra Mary, Mayfair. Pero puedes llamarla su alteza Isabel II o Isabel, o si lo prefieres, su Alteza Real. Ese es el nombre que más le gusta, pero intento no fomentar sus ilusiones de grandeza demasiado a menudo.

Estaba en Oz. Debía de ser eso. Su coche se había salido del camino y un tornado lo había atrapado y transportado a Oz. Jamás esta podría ser la Rei Ayanami que yo conocí. Estaba en Oz. Debía de ser eso. Eso, o acababa de aceptar ir durante los próximos treinta kilómetros con una lunática.

Rei presentó a su gata al nuevo pasajero.

-Su alteza Isabel II, este es… No sé cómo te llamas.

-Ikari. Me llamo Shinji Ikari – pensó en ofrecerle la mano, pero maldita la gracia que le hacía estrechar la pata de una gata.

-Oh – comentó ella. Arranco el coche y salió a la carretera. Al recordar lo que acababa de hacer con su gata se ruborizo –.