Cap.3

Rioko… el compromiso.

Fueron treinta kilómetros silenciosos hasta la siguiente ciudad. Una que tenia una gasolinera, una tienda, cinco edificios y nada más. Aunque hubiera querido esperar hasta que le repararan el coche, no había ni una habitación de hotel en ciento cincuenta kilómetros a la redonda. Sus opciones comenzaban a reducirse y su esperanza de evitar un viaje en coche de 296km con una chiflada se tornaba más sombría.

Lo único positivo fue Ayako, el encargado de la gasolinera. Acepto el número de la tarjeta de crédito de Shinji y le aseguró que le cobraría un precio razonable por repararle los daños del coche. Shinji le dijo que regresaría a buscarlo en menos de dos semanas. Ayako no planteo ningún inconveniente, ya que le sobraba espacio en el taller. También le menciono que Daiichi Hotel, justo al otro lado de la frontera de Tokio-3, disponía de coches de alquiler y un pequeño aeropuerto.

-¿Ves?, tus problemas se han solucionado. Te llevare hasta Daiichi Hotel. De todos modos pensaba parar allí. Y Ayako ha dicho que se ocuparía de tu coche –Rei había confiado en el joven en el acto.

-Lo más probable es que se ponga a conducirlo nada más arreglarlo –repuso Shinji con cinismo. Nadie era tan agradable. Aunque se recordó que acababa de aceptar la ayuda de una mujer que con altruismo se había ofrecido a llevarlo a donde necesitara ir. Quizá era él quien tenía el problema.

-Bueno, pues nos vamos –anuncio Rei.

-Shinji gimió y acomodo su cuerpo en el habitáculo del utilitario. Iba a ser el viaje mas largo de su vida. De eso no le cabía duda. Para mantener la mente ajena a las rodillas ya irritadas, miro alrededor en busca de algo que lo distrajera. Por desgracia, eso sería la camiseta demasiado ceñida de Rei. A pesar de que le irritaba la mente le agitaba el cuerpo. Una combinación letal.

De pronto Shinji tuvo un pensamiento, aunque titubeó en formularlo.

-¿Estas casada? ¿Qué digo? Claro que no lo estás.

Ella había abierto la boca para responderle que no, pero la cerró cuando él mismo se contestó.

-¿Y eso qué se supone que significa? ¿No parezco alguien que podría estar casada? ¿o crees que podría conseguir un marido si lo quisiera? ¿No consideras posible que alguien, en alguna parte, me encuentre lo suficientemente atractiva o interesante como para querer casarse conmigo?

-Veo que se trata de un tema delicado –comento Shinji ruborizándose.

-Miau –confirmo su alteza real desde el asiento de atrás.

Un poco abochornada, Rei trató de recuperarse. Quizás era verdad se hallaba un poco sensibilizada con el tema del matrimonio. Además, no tenía de qué preocuparse. Iba a casarse con Rioko.

-Lo único que quería decir era que si lo estuvieras, tu marido se encontraría contigo y llevarías un anillo. Como no he visto ninguna de esas dos cosas, di por hecho que no estabas casada.

La explicación lógica de Shinji solo sirvió para sonrojarla más.

-No lo estoy –respondió en voz baja.

-Es lo que pensé –corroboró él.

-Pero lo estaré.

-Claro –concedió él, sin saber muy bien el significado de ese comentario –. Casi todo el mundo piensa que algún día se casará y formará una familia.

-No, me refiero que voy a casarme. Cuando regrese a Gifu –aclaró.

Quedó desconcertado por la súbita sensación de pesar que lo invadió. Fue como si hubiera intentado atrapar algo pero se le hubiera escurrido de los dedos antes de haber podido asirlo. Estaba siendo ridículo.

-¿De manera que estás comprometida? En ese caso, ¿dónde tienes el anillo?

Rei pensó en alguna excusa legítima, pero ninguna le resultó convincente.

-Técnicamente… no lo estoy… aún no hemos… él no ha…

-Todavía no se ha declarado –afirmó Shinji. Lo invadió una sensación de triunfo. Aunque no tenía ni idea de la causa.

-No se ha declarado, pero lo hará. Espera ha que llegue a casa –eso le pareció razonable. Y también era la verdad.

Shinji se sintió confuso. Se dijo que nada de eso era asunto suyo. Debería cambiar de tema, echar la cabeza hacia atrás y tratar de dar una cabezadita. Sería lo más sensato.

-Sí.

-¿Durante cuanto tiempo?

Ella se movió incómoda y musitó algo.

-Perdona, no lo he captado.

-Siete años –repitió con claridad.

Al principio no hubo reacción. Durante un segundo, Rei pensó que tal vez se había quedado dormido. Eso fue hasta que miró a su derecha y vio la cara que enrojecía y los ojos húmedos. Poco después, sonó la carcajada.

Cinco minutos más tarde, él seguía riendo. La furia de Rei creció de forma proporcional. En primer lugar, no supo qué la había impulsado a responder. No era verdad. Quizá había querido compartir la historia con alguien. Obtener la opinión de otra persona antes de decidir si estaba cometiendo un grave error. Y lo que había conseguido era una fuerte sensación de humillación.

Entre jadeos, Shinji intentó recuperar el control de su cuerpo. No sabía por qué la historia le resultaba tan divertida. Siete años. En cuanto se calmó, pudo formular su siguiente serie de preguntas.

-Muy bien. Me estás contando que tu futuro novio te ha esperado siete años. ¿Y qué diablos hacías tú, elegir los vestidos de las damas de honor? –se respondió a sí mismo con esa broma ingeniosa.

La pregunta recibió un silencio pétreo. Analizó el perfil de ella y vio que tenía levantado levemente el mentón orgulloso. Mientras esperaba su reacción, se tomó tiempo para estudiar sus otras facciones. No pudo evitar darse cuenta de que tenía una nariz un poco respingona. Los labios eran firmes, pero se veían tensos por la irritación. Si miraba con atención, hasta podía contar el número de pliegues en sus labios. Diecisiete.

-Lamento haberme reído –se disculpó, poco acostumbrado a emitir ya esas palabras –. Se verdad quiero conocer toda la historia.

-¿Por que? ¿Para poder burlarte más? –no era ninguna masoquista.

La larga carretera se extendía ante ellos y Shinji se sentía encerrado en el espacio pequeño del coche. La pregunta y la respuesta eran un modo de pasar el tiempo. Al menos fue lo que se dijo así mismo.

-No me burlaré. Yo tampoco estoy casado.

-¿Por qué no me sorprende? –replicó.

¿Ves? Ni siquiera morderé tu anzuelo. Háblame de ese hombre… ¿cómo se llamaba?

-Rioko –respondió tras controlar su indignación.

-¿Rioko?

-Rioko. Se llama Rioko y lo conozco desde que tenía 16 años. Crecimos juntos. Salimos en el instituto. En la universidad. Todo el mundo daba por hecho que íbamos a casarnos. Pero antes de sentar la cabeza yo quería experimentar algo más del mundo. Mi familia se empecinó en que no me marchara. A Rioko también lo molestó. Supongo.

-¿Supones?

-Hay que conocer a Rioko. Es el tipo de persona sensible y que te apoya.

-Oh, por favor –gimió y la frenó –, ahórrame la historia de los hombres sensibles. A quien quiera que haya unido esas dos palabras habría que fusilarlo.

Rei soslayó el sarcasmo y continúo:

-Bueno, pues él lo es. De modo que cuando le dije que quería irme a Tokio, dijo que no pasaba nada. Que me esperaría y que me amaba. Mis padres no se mostraron tan comprensivos. Me hicieron prometer que si al cumplir los treinta años no me había casado, regresaría a casa, donde estaba mi sitio, y me casaría con Rioko.

-Bromeas. ¿Y eso funcionó?

-Mi cumpleaños es dentro de tres semanas, ¿recuerdas?

Shinji le daba ultimátums a Asuka todo el tiempo. Jamás funcionaban. Debería conocer más a Rei. Quizá se le contagiaría algo y… "Olvídalo".

-No Creo que deba indicarte que eres una adulta. No tienes que obedecer a tus padres. Aunque respeto el hecho de que cumplas tu palabra –era una característica que admiraba profundamente.

Rei pensó que ahí había alguien que sabia lo que era respetar la palabra dada. In embargo, debía reconocer que no era la única causa por la que se dirigía al este.

-No quebrantaría mi palabra, eso es verdad. Pero también creo que ya es hora de que me case. Quiero establecer una casa y tener hijos. Una familia. Rioko me puede aportar eso. La verdad es que casi con treinta años, empiezo a creer que el verdadero amor romántico ni existe.

-¡Tienes toda la razón! –convino Shinji sin esfuerzo.

-No sé por que pero sabía que coincidirías conmigo. Lo que quería decir –aclaro – es que el amor no es como aparece en los libros. No te llega de repente. No es apasionado, encendido o descontrolado. Algunas personas afirman experimentar eso. Pero, ¿cuánto dura? Yo he llegado a la conclusión de que el amor es como un edredón cálido. Acogedor. Suave. Seguro. Rioko y yo nos queremos y querremos a nuestros hijos. No será un cuento de hadas, pero estos solo son ficción – asintió con convicción. No le cavia duda de que hacia lo correcto. ¿Cómo podía estar mal formar parte de una familia cariñosa y acogedora, que ella misma ayudaría a crear?

-Muy practico –añadió Shinji. No es que entendiera su necesidad por casarse y tener hijos, pero al menos no era una de esas mujeres que creía que el amor lo solucionaría todo. Sin embargo, la idea de Rei atrapada en un matrimonio sin amor y sin vida no terminaba de gustarle. La veía como una mujer inteligente, ardiente y apasionada.

¿De donde rayos había salido ese pensamiento? Una cosa era notar los pechos de una mujer bajo una camiseta y otra muy distinta imaginar esos pechos desnudos. "No", le dijo a una cierta parte de su anatomía. "Ni siquiera pienses en eso. Ni te muevas, canalla. Ella no. Queda completamente descartada".

Pero esa parte de su cuerpo no escuchaba. De hecho, la sola imagen de los músculos delante de él, abiertos y a espera de que la reclamara, bastó para que su sexo hiciera algo más que moverse.

-¿Te encuentras bien? –Rei captó una expresión dolorosa en su cara –. ¿Es la cabeza? ¿Te está molestando?

-Sí –repuso con tono hosco –. Es la cabeza –no dejaba de ser verdad.

-Tu problema es que sigues mal humorado. ¿Por qué no descansas un rato? Te despertare cuando lleguemos –sugirió.

Quizá no fuera una mala idea. Podría cerrar los ojos y recuperar parte del sueño que tan desesperadamente necesitaba. Luego, despertaría renovado y al mando de su propio cuerpo. Mientras dormía desterraría todo pensamiento de Rei como un ser sexual y la vida volvería a tener sentido. Era una idea maravillosa. Cerró los ojos, Bostezó una vez y emitió un suspiro hondo. Antes de flotar a la deriva, se le ocurrió un último pensamiento.

-Has dicho que me despertarías cuando lleguemos a donde íbamos, pero faltan horas para Daiichi Hotel. No dormiré tanto –y de camino no había nada más que mereciera la pena.

-Oh, me refería cuando lleguemos a Nikkó Tóshó-gú, por supuesto.


Y en el próximo capitulo…

-¡Nikkó Tóshó-gú! ¿El santuario sintoísta de Nikkó Tóshó-gú? No tenemos que pasar por el santuario para llegar a Daiichi Hotel. Eso esta al sur nosotros queremos ir al este –se apretó en puente de la nariz en un esfuerzo por tratar de mitigar el dolor de cabeza…

…Las lágrimas quemaron los ojos de Rei. Aparecieron tan súbitamente que la aturdieron.

… la vida de Asuka esta en juego. ¿Se encuentra enferma? –si era el caso, estaba dispuesta a conducir veinticuatro horas si fuera necesario…