Cap.5
Era como un anuncio
-¡Hemos llegado!
Shinji sintió que el coche frenaba. Sorprendido de haber vuelto a quedarse dormido, necesitó unos minutos para orientarse. Había coches delante de él, detrás, a la derecha y a la izquierda. O se hallaban en un atasco descomunal o en un aparcamiento.
-Vamos, dormilón – le informó, al tiempo que con dificultad, ya que Isabel era reacia a poner fin a su momento de reposo, sacó a la gata del asiento de atrás –. Juro que no sois más que unos bebés. Ya dispondrán de tiempo para dormir más tarde. Ahora mismo tenemos un tesoro nacional que ver.
-Miau – se quejó Isabel.
-Estoy de acuerdo con la gata. Despiértanos cuando vuelvas – gimió Shinji. Había estado en medio de un sueño maravillosamente sexy quería volver a él. Ante sus ojos pasó una visión de Ternura y de pronto comprendió que ella había sido el tema central del sueño. Como aquella mañana se había prohibido esos sueños, se obligo a despertar, aunque sus ojos no quisieron cooperar.
Rei decidió animarlo.
El sonido estruendoso de una bocina reverberó por todo el coche; Shinji se preguntó si se hallaba en un estado que permitía las azotainas. Pero no le quedó más remedio que abrir la puerta y bajar del coche.
Satisfecha, Rei apartó la mano del claxon y alzó a Isabel en brazos. Rodeó el coche y siguió a Shinji en la dirección de los demás turistas.
-Lamento esa táctica de guerrilla para despertarte, pero estoy convencida de que habrías quedado destrozado si te hubieras perdido esto – se disculpó ella.
-Destrozado – le aseguró sin sinceridad.
Delante de un amplio claro donde estaban situadas las fuentes termales, Shinji pudo ver un reloj enorme en el costado del centro de recreo. Faltaban cinco minutos en la cuenta atrás hasta que saliera el siempre fiable chorro.
Los dos se acercaron hasta la barrera que mantenía a los turistas a distancia segura del agua caliente. De algún modo, el enorme entusiasmo de Rei resulto contagioso. Hasta su Alteza Real había erguido las orejas.
-la presión del calor del manantial se acumula hasta que al final ha de ser liberada – indicó la guía turística al grupo situado en torno a la barrera. Prosiguió con una explicación completa de cómo funcionaba el manantial.
Rei no perdió ni una palabra. De pronto, el agua comenzó a brotar de la abertura que había en el suelo. Aún no manaba a chorros, solo borbotaba, indicando que se acercaba el momento.
-¿No es fantástico? – Rei se volvió y con la mano libre aferró la de Shinji, apretándola a medida que el agua se elevaba más y más.
Shinji contempló sus manos unidas. No sintió ninguna chispa de electricidad. No vio fuegos artificiales en la distancia ni oyó el clamor de campanas. A cambio, se sintió apretujado por la gente, aun que experimentó una especie de remolino en el estómago que atribuyo a que tenía hambre.
-¡Vaya!
El agua ya alcanzaba los ocho metros de altura y es tallaba desde el suelo como un cohete encaminado hacia el espacio. Rei daba saltos, imitando subconscientemente el movimiento del líquido. Isabel gemía por el tratamiento que recibía.
Pero terminó demasiado pronto. El agua decreció, igual que sus saltos. Se volvió hacia Shinji, quien parecía más cautivado por ella que por el espectáculo.
-¿No ha sido maravilloso?
-Sí – respondió con sinceridad.
A Rei le pareció que sonaba un poco críptico, pero no ahondó más en el asunto.
-Bueno, hemos de irnos. Queremos llegar a Daiichi Hotel al anochecer. Allí habrá un sitio donde alquilar un coche. Y mañana podrás poner rumbo al sur – por el motivo que fuere, las palabras se agriaron en su boca.
Y también sonaron mal a oídos de él. Pero resultaba lógico conseguir un coche. ¿O no? "Desde luego que sí", se dijo. Esa mujer representaba problemas. Y se sentía demasiado atraído por ella. No podía manejar la atracción y salvar a su hermana a mismo tiempo. Además, cualquier atracción representaría un acto de futilidad. Quizá fueran en la misma dirección, pero emocionalmente cada uno seguía su propio camino; una hacia un hogar y una familia, y el otro lo más lejos posible de su hogar y una familia. Lo único que podían hacer era continuar separados.
Sin hacer ningún comentario, la siguió hasta el coche. Adrede, fue hacia el lado del conductor. Una vez decidió que la iba a dejar, quería hacerlo lo más rápidamente posible antes de comer alguna estupidez, como reconsiderar sus opciones.
Rei lo miró con suspicacia.
-Si quieres que lleguemos a Daiichi Hotel al anochecer, créeme, esta es la única manera – arguyó él y alargó la mano para que le diera las llaves. Ella accedió. En cuanto las tuvo, Shinji completó su pensamiento –: Tú condices como una anciana.
Ofendida, aunque no mucho, ya que más o menos era verdad, Rei ocupó el asiento del pasajero y acomodó a Isabel en el regazo. Las piernas golpearon la nevera (Cava) y recordó que esa mañana había puesto otras seis botellas de *Polar Light y algunos Yogures con cereal a enfriar.
-¿Quieras una cerveza? – preguntó.
-¿Light? – preguntó y obtuvo un gesto de asentimiento –. No, gracias.
Ella se encogió de hombros, sacó una y la abrió. Bebió larga y ruidosamente y cuando la separó de los labios, suspiró. Era como un anuncio; impulsó a Shinji a mirarla. No bebía simplemente la cerveza, la consumía. No pudo evitar sentirse distraído por el chisporrotear del líquido, el sonido del suspiro, la visión del cuello arqueado hacia atrás y la garganta mientras tragaba. Entonces, para volverlo loco de verdad, se llevó la botella a la frente, las mejillas, al cuello y el escote de su pecho para refrescarse.
*Polar Light: Cerveza de Dieta. Todo lo que contenga la palabra "Light" es de dieta bajo en calorías.
-¿Estás seguro de que no quieres una? – preguntó ella al captar la dirección de su mirada.
-No me gustan las cervezas dietéticas, el sabor nunca es el mismo – explicó –. Además, yo prefiero tomar la *Solera Verde por su sabor. Y ¿para qué necesitas tú una Polar Light? Tienes una figura perfecta.
-En absoluto – sonrió ante el cumplido y se ruborizó un poco –, pero la que tengo la debo a los refrescos dietético y cervezas light. No están tan mal cuando te acostumbras.
Bebió otro sorbo y Shinji se derrumbó.
-De acuerdo, dame un trago.
-¿Por qué no te doy una botella?
-No sé si me gustará y no quiero que desperdicies una botella entera por mí – "Quiero esa", pensó. "Quiero poner mis labios donde han estado los tuyos y probar la dulzura de tu boca, que seguro será mucho más dulce que cualquier manjar".
Rei pareció casi reacia a entregársela. También ella pensaba dónde había tenido la boca, dónde se posaría la de Shinji y dónde volvería a ponerla una vez que él hubiera terminado. ¡Prácticamente sería como besarse!
Él alargo la mano y casi tuvo que arrancársela de los dedos.
-Estoy sano.
Con una risa carente de humor, Rei soltó la cerveza. Lo observó mientras posaba los labios sobre el pico de la botella y con burbujas. El labio inferior era más pleno que el superior, y se pegó contra la botella, dejando un rastro de humedad donde el aliento caliente había formado rocío en el metal frío.
Glup. Rei tragó saliva. Y no era la que estaba bebiendo. Con un suspiro de satisfacción, Shinji le devolvió la botella.
*Solera Verde: Cerveza que viene en dos colores (Verde y Azul) diferentes de botellas para diferenciarlas una de la normal a la más fuerte en su alcohol.
Y esperó.
Rei bajó la vista a la botella. Vio la marca de los labios y sintió que él se alternaba para mirar la carretera y a ella. Lo único que tenía que hacer era limpiar con los dedos la presencia de la botella. Habría sido una señal clara de que quería mantener la distancia con ese desconocido que de pronto había entrado en su vida.
Pero se llevó la botella a los labios y bebió un buen trago. "Que diablos", pensó. Quizá era hora de empezar a vivir más peligrosamente. Después de todo, regresaba a casa para casarse con Rioko. Jamás podría tener una vida menos peligrosa.
Por algún motivo, Shinji se mostró desmesuradamente contento.
-¿Eres una de esas fanáticas de la dieta que siempre controla su indigestión de grasa? – preguntó, aliviando la tensión que acababan de crear.
-Sí – suspiró –. Lamento decir que lo soy. Pero de vez en cuando cometo algún desliz. De hecho, más que de vez en cuando, como habrás podido notar por el modo en que los pantalones cortos me ciñen el trasero.
Lo había notado, pero le había gustado el resultado.
-Siento debilidad por las galletitas de chocolate – reconoció ella –. Es como una adicción.
La conversación duro horas. La tarde dio paso al anochecer mientras hablaban de sabores, texturas, manices. No fue hasta llegar a Daiichi Hotel y localizar un motel cuando ambos se dieron cuenta de que habían dedicado una tarde entera a hablar de comida.
Bajaron del coche, se estiraron y se miraron.
-Estamos locos, ¿te has dado cuenta? Hemos dedicado horas a hablar de galletitas – comentó Shinji mientras se dirigía al vestíbulo del motel para registrarse.
-Espera un minuto, espera. Vayamos a buscar un sitio donde puedas alquilar un coche, luego nos registramos.
-Perfecto – aceptó a regañadientes –. Una vez solucionado eso, saldré de tu vida para siempre.
"Para siempre", pensó Rei.
"Para siempre", pensó Shinji.
