Cap.6
Daiichi Hotel.
No puedo creer que haya pasado esto.
-Parece algo normal para ti en este viaje. ¿Has roto algún espejo últimamente? – preguntó Rei, acomodando a Isabel sobre el hombro. Hasta el momento la gata había cooperado bastante, pero si no la dejaba pronto en el cuarto para que durmiera, al día siguiente sería imposible viajar con ella.
-No, no he roto ningún espejo ni caminado por debajo de una escalera. Aunque he pasado demasiado tiempo con una gata negra y su chiflada madre.
-Oh, ¿también esto va a ser por culpa mía? – quiso saber Rei. Se hallaban en exterior del local de alquiler de vehículos, que apenas estaba a unas manzanas del motel donde había aparcado. Le había sugerido que fueran primero a ocuparse del coche por que se hacía tarde y luego podría estar cerrado. Shinji había aceptado. Para estirar las piernas, había decidido ir andando entre la muchedumbre de turistas que llenaba las calles de la renacida ciudad. Entre turistas, por supuesto, siempre había carteristas…–. Yo no te robé la cartera – le recordó.
-¡Tú tuviste la idea de caminar! – era una acusación ridícula por la frustración. No obstante, hizo que se sintiera mejor.
No tenía cartera. No tenía tarjetas de crédito. Ni siquiera un carné de conducir con el que alquilar un coche aunque hubiera dispuesto de dinero. Podría pedirle a su manager que le transfiriera algo de efectivo a primera hora de la mañana, pero ¿qué iba a hacer para conseguir una habitación esa noche?
Por desgracia, la respuesta a su última pregunta tenía el pelo azul y representaba una inagotable fuente de irritación.
-¿Te das cuenta de lo que esto significa? – le preguntó Shinji.
Claro que se daba cuenta. Significaba que iba a hacer el trayecto entero con ella hasta Kioto. La idea la desasosegó. En un principio, al ofrecérselo, había pensado que la presencia de él podría representar una buena compañía, protección y alguien con quién compartir la conducción. Pero eso había sido antes. Lo que Rei había llegado a comprender durante la distancia recorrida era que estaba mucho más interesada en ese nuevo hombre que es Shinji ahora que lo que debería estar una mujer a punto de comprometerse. Le gustaba. Hasta cuando discutían. Ya de por sí eso era nefasto, pero el hecho de que cada vez que lo miraba a los ojos el corazón se le aceleraba, la sangre se le espesaba y por su mente pasaban imágenes de los dos desnudos… eso resultaba terrible.
Todo gracias a Mari, sino fuera accedido a ver esas películas con elementos de contenido A, B y C que solo pueden ser vista por adultos mayores de edad o bajo supervisión de su padres o representantes. Y a eso debo sumar haberme leído solo por curiosidad *"Diario De Una Desvergonzada", *"Dulces Degenerados" y *"Casanova"…
-"…Anda Rei, léelo no seas tan mojigata" – me incitó Mari –, como quieres aprender a ser normal como todo el mundo, si no experimentas por lo menos lee y entérate. – insistió, arrojo los libros sobre la cama y la seguí a la sala donde puso el DVD del Kama-Sutra –. Que no te da curiosidad…"
La verdad, era interesante hasta cierto punto… pero he quedado con la mente sucia.
Lo primero que había querido hacer era al llegar a Daiichi Hotel había sido que alquilara su propio coche. No podía correr el riesgo de tener que pasar otro día con él. Y en ese momento daba la impresión de que iba a pasar más tiempo.
-Significa – concluyó Shinji – que iremos juntos hasta Kioto. Siempre que tú oferta siga en pie, desde luego.
-Mmm – farfulló Rei.
-¿Qué digo? Claro que sigue en pie. No me dejarías tirado en Daiichi Hotel, ¿verdad?
-¿No? – preguntó ella, no tan segura como parecía estarlo él.
-No.
*Dulces degenerados de Marco Vassi / * Diario De Una Desvergonzada de un autor anónimo distribuida por el Circulo de Lectores. / * Casanova, auto-biografía de Giacomo Girolamo Casanova.
Derrotada, asintió. Iba a tener que mantener a raya sus pensamientos descarriados y a sus hormonas debocadas.
Regresaron por donde Habían ido por si a Shinji se le hubiera caído la cartera. Como la había guardado en el bolsillo de atrás, parecía imposible, pero ambos querían cerciorarse, cada uno por sus propios motivos. Tras una minuciosa búsqueda, mantuvieron la primera conclusión. Se la habían robado. Rei sugirió que presentaran una denuncia ante la comisaría. El agente de guardia le solicitó detalles, aunque Shinji no pudo aportarle mucho. De igual manera, el agente no pudo ofrecerle muchas esperanzas de que la cartera fuera a aparecer.
Al volver al motel, él mantuvo la puerta abierta para dejarla pasar por delante. Juntos se acercaron a la recepcionista.
La joven con una sonrisa luminosa y una coleta rubia fue complejamente ajena a la tormenta que acababa de entrar en su pequeño vestíbulo. Parecía dos personas normales y un gato. Jamás sabría que había caído sobre ella.
Diez minutos más tarde, una furiosa Rei Salía del vestíbulo con la señorita Isabel en una mano mientras con la otra sostenía la puerta abierta.
En cuanto Shinji llegó hasta ella, Rei soltó la puerta con la intención se matar. O al menos con el propósito de darle un golpe fuerte en la nariz.
Si los reflejos de él no hubieran sido veloces, quizá hubiera tenido éxito. Por suerte para ella, por ese entonces Shinji la conocía lo suficiente como para esperar una jugada sucia.
-Te has comportado como una niña. Podría esperar ese comportamiento de Asuka pero jamás de ti. No sé dónde está el problema – bufó él mientras la seguía hasta su habitación Nunca en la vida se Había sentido tan humillado. Algo que hasta entonces había sido una emoción desconocida comenzaba a tornarse corriente gracias a una Ternura tan irracional.
-No podrías saberlo – replicó ella –. Pero créeme, es muy importante.
-Miau – coincidió Isabel.
-¿Lo ves?, hasta ella está de acuerdo conmigo – anunció Rei.
-Claro, ahora he de creerme que la maldita gata lo ha dicho.
Rei alzó a Isabel del hombro para poder mirarla a la cara.
-¿Has oído lo que te ha llamado?
-Miau.
-Es evidente que este hombre carece del sentido de la decencia – volvió a acomodar a Isabel en el hombro.
Con un movimiento coordinado, Shinji adelantó a la gata y a su dueña de camino a la habitación y le quitó la llave de la mano. Había decidido no caer en su última provocación. Estaba descubriendo que Rei le encantaba tener la última palabra. Si elegía responder al comentario, sabía que se producirían más. Y entre las discusiones mantenidas a lo largo del día, ya no se hallaba preparado para entrar en otra a esas horas.
Una vez dentro de la habitación, no pudo soslayar el jadeo que oyó a su espalda.
-¡Mira qué pequeña es!. Es minúscula, una miniatura, diminuta, ínfima…
-Ya lo he entendido – interrumpió él.
-Pero dijiste que probablemente no estaría tan mal. Dijiste que ni llegaríamos a notar a presencia del otro. Dijiste que hasta olvidaríamos que la otra persona se hallaba presente – protestó con las palabras que había empleado Shinji.
-Dije que intentaríamos olvidar que la otra persona estaba aquí, y créeme, haré todo lo que se encuentre en mi poder para que así sea. Ayudaría mucho si tú lograras cerrar la boca durante más de cinco segundos seguidos. – cielos pensó Shinji como extrañaba a la antigua Rei callada, solo hablaba lo necesario o cuando le preguntabas algo –. Aunque creo que no podrías conseguirlo, ni aunque quisieras. – le dijo para ver si mordía el anzuelo.
-¿No me consideras capaz de mantener la boca cerrada?
-Así es. No por un período prolongado de tiempo.
Rei cerró la boca, decidida a no hablar. Fue su desgracia, ya que aún le quedaban muchas cosas por decir. Era como sacudir una lata de gaseosa y luego negarse a abrirla. Todo el gas se moría por salir. Aunque si lo pensaba bien, ya lo había dicho todo.
En la recepción, había pedido una habitación para Isabel y ella, y luego se había hecho a un lado para que Shinji pudiera solicitar su cuarto.
Ese fue el momento en que le recordó que le habían robado la cartera.
Le dijo que no podían compartir cuarto. Que era impensable. No era esa clase se chica.
Él le dijo que no era esa clase de chico, pero que dónde diablos pensaba que iba a dormir.
Ella le informó se que no podía pagar dos habitaciones. Agotaría demasiado pronto el límite de su tarjeta de crédito, con todo el trayecto que les quedaba. Y que no tenía no idea de dónde iba a dormir.
Él le dijo que se tranquilizara. Que iba a quedarse con ella. Luego añadió todo eso de que la habitación era tan grande que ni siquiera se verían.
En ese momento se sentó en su cama. La que estaba a apenas treinta centímetros de la de él, y avivó la rabia que la dominaba. De vez en cuando hacía muecas y suspiraba, pero no dijo una palabra. Él estaba tendido en la cama, al parecer ajeno a su irritación.
-Uh…hhh…hhh – suspiro una vez más, en esa ocasión de forma tan audible que él tendría que haberla oído. Aguardó su reacción.
Bump. Una masa blanca, grande y blanda, la golpeó de lleno en la cara. Durante un momento quedó demasiado aturdida para pensar. Luego comprendió lo sucedido. ¡El muy arrogante, inútil, apestoso, desgraciado, taimado… imbécil! ¡Canalla! Le acababa de tirar la almohada.
Tomó el arma y se plantó ante él, sorprendida de que hubiera tenido el descaro de cerrar los ojos. Alzó la almohada sobre su cabeza en posición de ataque, dispuesta a hacerla caer con fuerza sobre su cara.
Fue cuando comprendió que había cometido un error táctico. Había caído en una trampa. La más obvia de todas. Se estaba haciendo el muerto. Después de haberla empleado con sus hermanos un montón de veces, debería haber sabido reconocerla.
En un instante Shinji abrió los ojos. Levantó las manos y le tomó de las muñecas. Sin embargo, no era suficiente detener el ataque. Tenía que desarmarla antes de que pudiera considerarse realmente a salvo. La atrajo hacia sí al mismo tiempo que rodaba, de modo que el impulso natural la tendió junto a él en la cama. En un abrir y cerrar de ojos, se situó sobre ella y le inmovilizó los brazos por encima de la cabeza. Un rápido vistazo le confirmó que aún tenía la almohada.
Jadeante por el esfuerzo y sonrojada por la humillación de haber sido engañada tan fácilmente, Rei lo encaró. Ese fue su segundo error. Esos ojos almendrado.. no ¿azules? que flotaban sobre ella exhibían un color extraordinario tan intensos como el mar. ¿Acaso Shinji usaba lentillas de contacto? o ¿era realmente este su color? Si recordaba la primera vez que lo vio en NERV su ojos eran azules, pero a lo largo del viaje se los había visto almendrados o.. era que se ¿camuflaban con el paisaje?. Pero no lo eran más que el hombre al que le pertenecían. De pronto vio que una expresión rara cruzaba por la cara de él. Debía de haberse dado cuenta de la situación en que los había metido a ambos.
Shinji observó a su prisionera. Había estado preparado para jactarse de su victoria, pero en cuanto se sumergió en las profundidades rojas de sus ojos, se vio impotente para detener la oleada de deseo que rompió sobre él. Ese pelo azul exigía ser acariciarlo. Las mejillas lo llamaban para que las besara.
-Ternura… – susurró –: ¿Ternura?
-¿Shinji? – repuso Rei, sin saber qué otra cosa hacer. Arqueó el cuello levemente. Él bajó la cabeza y el roce de sus labios fue como el contacto de una pluma.
-¡Miau! – Isabel eligió ese momento para lanzar un ataque sobre la espalda de Shinji. Usó las garras delanteras para arañarle la espalda a través de la camisa de algodón. Al parecer no le gustaba la idea de que alguien atacara a su ama… aparte de si misma, desde luego – ¡Miau! – rugió con furia.
-¡Su Alteza Real! Vamos – reprendió Rei, aunque no supo si se sentía agradecida, enfadada o frustrada por la interferencia de la gata.
Con un gemido, Shinji se puso lentamente de costado para proporcionarle a la gata la oportunidad de saltar. Esta lo hizo y se alejó feliz al saber que su ama se hallaba fuera de problemas.
-¿Qué acaba de pasar? – quiso saber él.
-¿Qué te parece si cenamos? – sugirió Rei, sin prestar atención a la pregunta. Tenía la voz tensa y aguda. Se incorporó de la cama y corrió al cuarto de baño –. Me muero de hambre. ¿Por qué no buscas un restaurante en la guía del hotel? – pidió desde la otra habitación.
-Ternura… – comenzó Shinji, sin saber muy bien qué decir. Quizá la cena era la mejor idea. Tenían toda la noche para hablar de la atracción que había brotado entre ellos. Toda la larga noche con las camas separadas solo por unos centímetros. "Sí, primero la cena", se dijo. Luego… ¿Quién sabía qué podía aportar la noche? Sin embargo, iba a tener que hacer algo con esa gata. Con que hubiera una en la cama era suficiente.
Con movimiento fluido, saltó de la cama y aguardó que Ternura terminara en el cuarto de baño. En ese momento se sintió como un descarado. Ella le había proporcionado transporte, cobijo e iba a alimentarlo. Era un hombre rico y anticuado. No correspondía a su estilo dejar que una mujer se encargara de la cuenta. ¿Y si a cambio de alimentarlo le exigía favores sexuales?
Rio entre dientes y se dijo que no podía pasar del día siguiente disponer de dinero en efectivo. Total, todo podía pasar se sentía como si fuera uno de los personajes de Narnia, en otro mundo.
Debía llamar a Nayako si quería tener el dinero al día siguiente. La mejor solución sería pedir que le hiciera una transferencia a su siguiente parada. Trató de recordar el número de la casa de Nayako y se dio cuenta de que lo más probable era que aún estuviera en la oficina trabajando en la puja por del tema en la orquesta de Barcelona.
Ternura salió del cuarto de baño con el pelo aún revuelto y las mejillas más rojas que de costumbre. Aparte de eso, parecía recuperada de la situación que había estado a punto de vivir.
Esperó que Shinji volviera a preguntarle lo que había sucedido en la cama. En esa ocasión estaba preparada para darle una respuesta.
Era una reacción natural después de toda la tensión que habían vivido durante el día. Ambos buscaban una liberación de tantas discusiones. "Y vaya si la estás buscando", se burló una voz en su cabeza.
"Para", le advirtió su conciencia.
Eso no formaba parte de la respuesta. Eran dos adultos. No había pasado nada. No podía pasar nada, ya que regresaba a Gifu. No era una chica de una noche. En ese instante él le preguntó hacia dónde se dirigirían al día siguiente.
-¡Desde luego, no a la cama! – exclamo de manera indignada.
Shinji soltó una carcajada hasta que le dolió el estómago. Lo que sirvió para que Rei se sonrojara más y terminara por ponerse morada de furia.
-Lo siento… lo siento – se disculpo él entre jadeos –. Es que te habías puesto tan seria.
-Estoy seria – plantó el pie con fuerza sobre el suelo para demostrarlo.
-"Creo que la dama protesta demasiado".
-Citas muy mal a Shakespeare – desdeñó –. Si no te referías a lo que creía que te referías, entonces, ¿a qué te referías?
-Me refería a cuál iba a ser nuestro destino mañana. Voy a llamar a mi manager para que me envíe algo de dinero. Le diré que lo transfiera a nuestra siguiente parada, para tenerlo cuando lleguemos en vez de vernos obligados a esperar toda la mañana.
- Tokyo Big Sight. En Tokio al sur, no muy lejos de Ueno Parque Situado en Tokio-3, parte de Taito City.
-¿No podemos ir directamente a Taito City? Es más grande y nos costará menos encontrar una oficina de Tokio Sur Unión – era una sugerencia lógica, pero Ternura movía la cabeza y lo miraba como si estuviera loco –. Deja de mover la cabeza. ¿Por qué no podemos ir a Taito City?
-Por que entonces pasaríamos por alto el Museo Elizabeth Alexandra Mary, Mayfair, tonto. Ya sabes, donde están las efigies de la realeza esculpidas en cera… Enrique VIII, Tudor y…
-Isabel II – concluyó Shinji.
-Pero pasaremos por Taito City al día siguiente, así que puedes decirle a tu agente que te envíe el Dinero allí.
-Demasiado tarde. No quiero esperar dos días. Tendremos que aguardar aquí mañana. Siento todo esto – alzó el auricular del teléfono y marcó el nueve para obtener línea con el exterior.
Con otro movimiento de cabeza, Rei descartó la disculpa.
-Te robaron. No había nada que pudieras hacer.
Shinji se lo agradeció con una sonrisa. La conversación con Nayako fue breve y al grano. El dinero llegaría al día siguiente. Colgó y se volvió para ver a Rei con la mano en el mentón, como si reflexionara en algo.
-¿Qué? – preguntó él.
Ella se encogió de hombros.
-Estaba pensando si Asuka puede permitirse el lujo de la esperar. A mí no me importa, pero, ¿y a ella?
Toda la tarde, mientras conducía el escarabajo de Ternura, Había pensado en el problema de llegar a tiempo a la boda. El viejo utilitario no podía pasar de cien kilómetros por hora sin ponerse a temblar como sacudido por un huracán. No era un vehículo preparado para un viaje largo. Quizá lo mejor era ganar algo de tiempo.
-Se me ocurre una idea.
-Mmm.
-¿Y eso que diablos significa? – espetó Shinji.
-Nada.
Satisfecho, volvió a levantar el teléfono.
-Significa que tu última idea de tu acerca de tu hermana "Asuka", ofreciéndole un soborno al novio, salió tan mal que quizá deberías dejar a partir de ahora pensara yo.
De la garganta de él salieron unos gruñidos lobunos.
Rei no pareció oírlos.
-Por ejemplo, estaba pensando que tal vez podrías llamar a Asuka para comunicarle que vas a llegar tarde. ¿Es una boda importante? Ya sabes iglesia, recepción, esas cosas. No me veas con esa cara ya se que para Asuka todo lo de ella es súper importante, pero dime.
-No, dijo que Ecreip no quería esperar. Se van a casar en el registro civil.
-Pídele si puede postergar la boda unos días. De ese modo ganaremos un poco de tiempo.
-¡Esa era mi idea! – explicó irritado.
-Vale, vale no hace falta que te enfades. Haz tu llamada. Luego comeremos.
Después de marcar los números con más fuerza de la necesaria, Shinji espetó un saludo.
-Oh eres tú, Nosral. Dile a mi hermana que se ponga, es una emergencia.
Rei esperó y escuchó.
-¿Qué quieres decir con que no está? ¿Dónde se encuentra? Ha ido a comprar un vestido… comprendo… ¿Cuándo volverá?... No lo sabes. ¿Es tu novia pero no tienes ni idea de cuando regresara a casa?... ¿Qué diablos se supone que significa esa bromita?... No soy demasiado posesivo… Escucha…
Rei lo observó agitarse cada vez más. Como no controlaba el temperamento, bajo ningún concepto Ecreip iba a considerar postergar la boda. Se interpuso para pararlo antes de que dijera algo estúpido. Le quitó el auricular de la mano y habló con quien dio por hecho que era Ecreip Nosral.
-Hola, señor Nosral. Usted no me conoce, pero soy amiga de Shinji.
-No sabía que tuviera amigos – fue la respuesta del otro lado de la línea.
-Sí, bueno los tiene. Ha tenido un pequeño problema con el coche, y también con su cartera, aparte de sufrir un golpe en la cabeza. Lo que quiero decir es que va por detrás del tiempo establecido. Pensábamos que como es tan importante que asista ala boda de su propia hermana, si podrían postergarla durante unos días.
-No lo sé. Ya hemos planeado todo – respondió Ecreip.
-Los va a casar un juez de paz, ¿verdad?
-Sí.
-Entonces, no deberían tener ningún problema para solicitar otra cita. Shinji es su hermano. Debe estar presente.
Le diré lo que haré. Se lo comentaré a Asuka. Si ella está de acuerdo, postergaremos todo hasta que llegue Shinji.
Rei le sonrió con gesto triunfal a este, que aún intentaba controlarse.
-Eso es perfecto. Estoy segura de que Asuka se mostrará de acuerdo. Adiós.
¿Qué les pareció este capítulo?, por alli ya sale el siguiente :D
