Cap.7
Si esta fuera una cita
-Eran las once de la noche – le dijo Shinji al camarero.
Era una respuesta extraña teniendo en cuenta que el camarero le había preguntado si quería beber algo.
-¿Disculpe, señor?
Shinji intento recuperar la concentración.
Rei intervino con una excusa.
-Tendrá que disculpar a mi amigo. Hoy ha recibido un fuerte golpe en la cabeza. Y su coche quedó destrozado, además de que le robaron la cartera y…
Con una mirada de advertencia, Shinji intentó silenciarla. Sin éxito.
-En realidad, desconocemos si ha sufrido algún daño permanente – continuó ella, ajena a la desaprobación de Shinji –. Las heridas en la cabeza pueden ser engañosas.
El camarero asintió con gesto de simpatía, pero no fue complicado ver que lo único que quería era conocer su pedido.
-Para, Ternura – le dijo Shinji –. Tomaré una cerveza, una hamburguesa con queso, patatas fritas y una ensalada, con aliño de roquefort.
Rei lo aprobó.
-Suena estupendo. Yo quiero lo mismo. Pero sin las patatas. Y en vez de una hamburguesa, me apetece un sándwich de pollo. Y en lugar del aliño de roquefort, preferiría algo bajo en calorías, si tienen. Y si no, un aliño de mostaza de dijon.
Shinji movió la cabeza de un lado como si se le callera.
-No se parece en nada a lo que he pedido yo.
Rei le devolvió los menús al camarero mientras miraba a Shinji en un intento por descifrar a qué se refería. No se dio cuenta de que el camarero prácticamente huyó de la mesa.
-¿De qué hablas? Yo también he pedido cerveza.
-Olvídalo – musitó, sabiendo que no valía la pena que gastara la poca energía que le quedaba ese día.
-Hablando de no saber de qué hablas, ¿qué querías decir con eso de las once de la noche?
-Nosral dijo que Asuka había salido a comprar un vestido – tras calcular la diferencia horaria, se había dado cuenta de que en Kioto eran las once de la noche pasadas durante la llamada–. ¿Qué clase de tiendas abren a las once? Mintió. No quería que hablara con Asuka. No soporto que viva con ella en esa casa. De ese modo ejerce demasiado control sobre mi hermana, Asuka.
-Me sorprendes Shinji, si no es por que te he escuchado decir primero la palabra hermana hubiera pensado que estas celoso. ¿Qué clase de control?
-Para empezar puede filtrarle las llamadas. Y segundo a Asuka la he llegado ha apreciar como si de verdad fuera mi hermana.. – comenzó a decir y pensó claro Dios sabe que a veces me gustaría matarla.
-Tiene que hacerlo. Teme que la convenzas de que no se case. De hecho, es una jugada arriesgada por parte de Ecreip. Si Asuka averigua que le oculta las llamadas que recibe, ella misma podría cancelar la boda.
-Hace bien en tener miedo. Estoy seguro de que si lograra hablar con Asuka, podría convencerla o por lo menos de que dude de la locura que representa este súbito matrimonio – al menos eso esperaba. No quería pensar en la posibilidad de que su amiga que es casi como si fuera su hermana estuviera realmente enamorada de ese farsante.
-¿Crees que hará lo que has pedido? Porque si de verdad es un estafador, para sus planes será mejor que no llegues a la boda.
No lo sabía.
-No creo que Ecreip logre que Asuka acepte casarse sin que yo esté presente. Y con un poco se suerte no importará. Mi plan… nuestro plan sigue siendo estar en Kioto a tiempo, ¿Verdad? No hay nada que él pueda hacer para detenerme.
Los ojos de Shinji irradiaban una ferocidad que avivó algo muy hondo en Rei. Imaginó lo que seria que un hombre la amara con la misma intensidad con que Shinji quería a "su hermana Asuka". Sabía que un hombre como él sería protector al igual que posesivo. Pero también sería generoso e indulgente, como lo era con Asuka. Como lo era sus hermanos con ella. Sin tan solo Rioko pudiera parecerse más a Shinji. Pero era Rioko. Dulce, adorable y pusilánime.
Les sirvieron los platos y durante la siguiente hora saciaron sus apetitos e intentaron no confundir más al camarero. Fue durante el té cuando Shinji decidió que había llegado la hora de hablar de lo sucedido en la habitación del motel.
-Escucha, Ternura, hemos de aclarar algunas cosas.
Rei lo miró a los ojos por encima del borde de la taza y al instante supo a qué se refería. Había adelantado el torso para crear una atmósfera más íntima.
-¿Te he contado la historia de este restaurante? – no podía decirle con un mínimo de credibilidad que no estaba interesada en él, ya que en unos días iba a prometerse a otro hombre.
-Evitas el tema – informó Shinji. Lo cual resultaba irónico, ya que por lo general era él quien eludía las conversaciones personales. Razón por la que jamás había salido más de un par de meses con una mujer. Había un tope para el sexo del que se podía disfrutar y las conversaciones superficiales que se podían mantener, En cuanto una mujer comenzaba a hablar de un futuro y una familia, Shinji huía. No tenía interés en volver a formar parte de una familia. No cuando sabía por experiencia que el dolor de perder a una podía mutilar a un hombre. Protegería a Asuka, pero ahí se acababa sus obligaciones familiares como supuesto hermano.
Pero Ternura era diferente. Con ella quería hablar de los temas íntimos. De lo que iban a hacer con la atracción que sentían el uno por el otro. Y el instinto le decía que se trataba de algo mutuo.
-Es en honor del primer hombre que logró atravesar la sierra Nevada. Luchó contra los aborígenes. Contra los animales salvajes. Cartografió tierra inexplorada…
-…sedujo a vírgenes – concluyó Shinji con la esperanza de llamar su atención.
-No creo que hiciera eso.
-Yo sí. Debe de ser por la calidad del aire a esta altitud – explicó. Captada su atención, continuó –: Bien, volviendo a lo que pasó antes en el hotel…
-¡Estoy prometida! – exclamó Rei, lo que hizo que los otros comensales giraran la cabeza en su dirección.
-No, no lo estás. Además eso no tiene nada que ver con nosotros.
-Claro que sí – repuso con voz igual de suave.
-Esto es entre tú y yo. Rioda no pita nada con nosotros.
-Es Rioko, y espero que no des a entender que soy el tipo de mujer que podría prometerle a un hombre que va a casarse con él y luego acostarse con otro días antes de ver a su novio – por que era eso exactamente lo que quería hacer. Además, poco importaba lo que ella quería. No podía traicionar a Rioko. Estaría mal. No, no estaban casados. Tampoco prometidos. Jamás había sido amantes. En realidad, solo eran buenos amigos.
Pero había decidido que se casaría con él, lo que significaba que debía serle fiel. Deseaba a Shinji. ¿Estaba mal desear a alguien cuando se suponía que debía desear a otro a pesar de no desear a ese otro? Eso creía. Costaba distinguirlo.
A veces se confundía así misma.
-No he dado a entender nada – replicó Shinji irritado. Pero la verdad era que sí lo había hecho. Deseaba a Ternura y lo crispaba saber que no iba a llegar a tenerla porque otro hombre la esperaba en Gifu. Un hombre que ella ni siquiera deseaba–. ¿Por qué te vas a casar con ese hombre?
-Ya te lo he dicho – le recordó. De pronto no le pareció posible que solo se conocieran desde hacía veinticuatro horas.
-Ah, sí, ya lo recuerdo. Por seguridad.
-Si no recuerdo mal, coincidiste conmigo.
Él se encogió de hombros como si no pudiera recordar lo que había dicho al respecto. Había sido un día largo. ¿Solo un día?
-Los dos estuvimos de acuerdo en que el amor no era más que una palabra bonita para figurar en poemas, canciones e historias románticas – continuó ella –. En la vida real no acontece como afirma la gente. No surgen chispas – aunque al parecer entre ellos había algunas –. No existe el amor a primera vista. Y tampoco el "fueron felices y comieron perdices" – y eso era verdad. Y aunque decidieran investigar la atracción mutua que sentían, solo serviría para romperles el corazón. Él se iba a Kioto y ella junto a su familia en Gifu. Desde luego, no era un final de cuento de hadas.
Shinji se preguntó en qué pensaría ella que hacía que sus ojos se apagaran. Supongo que en su argumento de que el amor verdadero, el amor mágico, no existía. Se preguntó por qué esa idea lo deprimía.
-Ve a casa y cásate con Roko. Para lo que me importa – indicó con tono desagradable.
-Es exactamente lo que pienso hacer – repuso con arrogancia –. Nada va ha detenerme – "por favor, detenme. Por favor". "Cállate", le dijo a su conciencia.
Estaba haciendo lo correcto. Había esperado toda la vida a alguien como Shinji. Alguien atractivo, inteligente, gentil, por que aun en el fondo estaba el viejo Shinji y divertido. Aunque debía reconocer que era un poco altivo. Y quizá de vez en cuando perdía los estribos. Pero probablemente solo después de estropear su coche o de que le robaran la cartera. Por algún motivo insondable, quiso llorar.
La cena había terminado, pero Rei no se hallaba preparada para retirarse ala pequeña habitación donde las camas prácticamente se tocaban. Se le ocurrió una idea mejor para divertirse.
-¿Qué te parece un duelo?
-No seguirás enfadada por lo de la habitación, ¿verdad? – preguntó un poco preocupado.
-No, tonto, es una atracción turística. La representación de u duelo real. Dos hombres se enfrentan cara a cara en el crepúsculo con dos espadas que apuntan a su corazón. Ninguno sabe si van a vivir o morir. Es muy intenso – tenía el rostro acalorado por la excitación ante la idea de poder presenciar un enfrentamiento de verdad. Representado, desde luego.
-Y muy dramático – añadió Shinji –. Has visto demasiadas películas.
-¡Esa es la clave! Además es diferente de cómo eran las batallas a las que nos enfrentábamos nosotros, protegidos dentro de los Evas, ellos están en persona. Sera como ver una película, pero en directo.
Shinji supo que no podría apagar su entusiasmo, de modo que ni lo intentó.
Abandonaron el restaurante para ir a buscar la atracción. No tuvieron que andar mucho. Se celebraba en el centro de la ciudad.
Daiichi Hotel, a pesar de sus tiendas elegantes y restaurantes caros que servían a los esquiadores, aún mantenía una auténtica atmosfera del antiguo Japón. Todas las fachadas estaban hechas de madera oscura, y como a la calle principal la enmarcaba una acera de madera, se podía imaginar que había caballos atados a postes. El efecto era de un Daiichi del siglo XIX, y atraía turistas durante las temporadas tanto de verano como de invierno.
No resultó fácil encontrar un sitio desde el que observar la representación. Shinji pudo abrirse paso hasta la primera fila y arrastro a Rei.
Los actores aparecieron en la calle de enfrente y se observaron desde una distancia aproximada de veinte metros. Uno comenzó diciendo que la ciudad no era lo bastante grande para los dos. El otro respondió que lamentaba que tuviera que morir. El diálogo tópico continuó durante unos minutos. Luego ambos callaron. El ruido de la multitud y las espadas descendió. Rei agarró la mano de Shinji y la apretó con fuerza. Se estaba convirtiendo en un patrón. Él no pudo evitar pensar si sería una amante igual de entusiasta. Pero desterró el pensamiento de su mente. No iba a suceder. No mientras Rada se interpusiera entre ellos.
De pronto el hombre de la izquierda dio un grito y salto asía delante descendiendo y entonces el de la derecha hizo lo mismo. Se oyeron varios ruidos sordos y secos, tras los cuales ambos cayeron muertos. Un hombre con traje oscuro y sombrero alto salió para medir los cuerpos.
-El sepulturero – susurró Rei por si él aún no lo había deducido.
El sepulturero cubrió a los dos hombres con unas sábanas y la multitud estalló en un aplauso sonoro. Luego, los dos hombres bajo las sábanas se incorporaron y dedicaron una inclinación al público. A Shinji le resultó más bien anticlimático.
-Deberían haberse quedado muertos hasta que todo el mundo se hubiera marchado – se quejó como un niño decepcionado al enterarse de que Papá Noel no existe.
Regresaron al motel.
-Eres poco realista. Habrían tenido que permanecer bajo esas sábanas demasiado tiempo. Además, merecían el reconocimiento como cualquier otro actor – respondió Rei, aunque con la mente en otra parte. Una vez terminado el duelo, no había nada que les pudiera impedir regresar a su diminuta habitación.
Llegaron a la puerta del cuarto del motel. Era evidente que ambos eran reacios a entrar.
-Si esta fuera una cita – apuntó ella –, aquí es donde te diría gracias por una velada deliciosa.
-Lo fue, ¿verdad? – parecía ligeramente aturdido. No recordaba una cita en la que se hubiera divertido tanto de manera tan sencilla e inocente. Había sido casi perfecta. Casi–. Sabes que si esta fuera una cita – continuó –, y tú hubieras pasado una velada tan agradable como acabas de reconocer, no sería tan horrible que te pidiera un beso, ¿cierto?
-Shinji, ya te he dicho que no puedo… – comenzó ella.
Esta historia continuara…
… Aquí mismo :-D …
Shinji apoyó dos dedos sobre sus labios para detener sus excusas.
-Un beso, Ternura. Un beso, luego lo dejamos, nos acostamos y nunca más volveremos a sacar algo así.
No podía negarle un beso. Tampoco podía negárselo a sí misma. Ladeó un poco la cabeza y permitió que él pegara los labios sobre los suyos. Al principio se mostró gentil, luego juguetón, sacando la lengua para acariciarle los labios. Después atrevido, pegando el cuerpo contra el de ella hasta dejarle la espalda presionada contra la puerta, y a los brazos no les quedó más alternativa que rodearlo. Introdujo la lengua en su boca y la conquistó con intensidad.
Rei lo probó y fue maravilloso. Gimió al pensar que él hacía lo mismo. Esperó resultarle igual de placentera. Todas las buenas intenciones que alguna vez había albergado estaban a punto de salir por la ventana, ya que no era capaz de recordar el nombre de la persona a quien dedicaba esas buenas intenciones.
Shinji eligió ese momento para finalizar el beso. Prácticamente tuvo que arrancar los labios del contacto establecido con ella. Durante un momento se miraron y sintieron el palpitar de sus respectivos pechos. Rei quiso decirle que olvidara a Rioda, o Rolan, o como quisiera que se llamara, y que la tomara allí mismo, contra la puerta, con tanta velocidad y profundidad que nunca pudiera olvidarlo.
-Vaya – fue lo único que pudo articular.
-Sí, vaya – repitió él. Luego retrocedió y dejó sus brazos vacíos –. Un trato es un trato – le quitó la llave de la mano, abrió la puerta y entró.
Aturdida, ella solo pudo clavar la vista en la puerta abierta.
