Capítulo IV.

Ya no quise volver a comer, tiraba esta por el inodoro o se la daba al fofo minino que, de vez en vez se colaba a mi prisión, por más cómoda que esta pareciera. Todos esperaban mi recuperación, se suponía que tomaba mis medicamentos y me terminaba el alimento, pero era obvio que no había mejora, estaba colmándole la paciencia a Rusia...me lo dejó muy claro en esa ocasión.

- Tu crees que me haces el tonto pero ¡NYET!, me doy cuenta de que no comes Prussiya, pero solo te diré, ¡que no dejaré que desaparezcas!. ¡Eres mío!, ¡¿se te olvida?. -

- ¿...? -

Ahora, ¿a que venía esa escena?, no entendí nada mientras me gritoneaba, solo se que le sonreí y dije.

- Tráeme a mi hermano. -

- ¡NYET!, no le llamaré. -

- ¿Qué puedo hacer para que me concedas mi voluntad?. -

- ...No te mueras. -

- ... -

Esa misma noche, mientras dormía, recibí una visita que marcaría mi futuro...mi final.