Capítulo VIII.
La noche cae y las palabras de Iván seguían sonando en mi cabeza como la más violenta de las tormentas, y una violenta melodía, al ritmo del 3er movimiento de la sonata #23 ''Appasionata'' que interpretaba con maestría, aquella ira vuelta arte se expresaba a través de mis manos a una increíble velocidad, apasionado, el cielo a oscuras que se ilumina con un rayo, un destello sobre el hermoso piano y mi silueta. Cada nota, precisa y agresiva, como fluida y delicada, creo haber visto fuego en cada toque contra las teclas, cerré mis ojos y deje que mi alma se expresara salvaje, más aquel ambiente que me envolvía se rompió con el llamado de su voz.
- Prussiya.. –
No respondí y continué moviéndome como la lluvia que asotaba el enorme cristal del salón.
- ¡Prussiya! –
De nuevo le ignoré, desde la entrada principal del lugar, los que con Rusia formaban uno me observaban en silencio.
Lithuania mira con miedo y asombro al mayor ante su tan pronta llegada.
- S…señor Rusia. –
- ¿Qué está pasando, nee Lithuania?...¿qué es todo esto?. –
Apenas escuchaba lo que hablaban.
El joven se queda atónito y pálido mientras la pieza llega al momento en que sus notas se vuelven calmas… y una vez más se libera con fuerza.
- Detente ahora Prussiya, tengo que decirte algo. –
No quería escuchar lo que estaba de más, una realidad que conocía desde aquel día que me llevaron con ellos.
La música corría por mis venas y en ese momento, una vez más aquel buitre, bajaba y bajaba, cada día estaba más cerca al igual que el final de la pieza, los gritos del ruso poco me importaban, no quería escuchar, silencio todos, déjenme tocar la sonata de mi muerte, déjenme sentir que en mi féretro sigue latiendo mi corazón, cállense todos y déjenme en paz, déjenme terminar.
- ¡Prussiya! –
- … -
- ¡Prussiya se acabó!...¡PRUSSIYA ESTÁS ACABADO! –
Terminé la pieza y me quedé mirando mis manos…temblando, Rusia se acercó a mi, tomándome de los hombros y yo seguía frío.
- Descuida…de lo que posees…me he quedado con lo más valioso. –
- ¿Qué sería eso?... –
Respondí con seriedad.
- Contigo. –
- ¡…..!
Al final de la Segunda Guerra Mundial, el reajuste de las fronteras en Europa oriental supuso la anexión por parte de la Unión Soviética de los territorios polacos al Este del río Bug. Como compensación, Polonia se anexionó las regiones alemanas de Silesia y Pomerania oriental. A su vez, la Prusia Oriental fue dividida en dos partes: la meridional se adjudicó a Polonia, mientras que la septentrional fue anexada por la Unión Soviética, incluyendo Königsberg.
